Realmente perdón por no actualizar, ha sido muchos cambios en algunas cosas, y bueno como recompensa les dejare un par de capitulos, pero porfavor no sean un poco fantasmines, y dejen algo, ya mínimo un tomatazo :)

disfruten.

Ginny se estremeció. ¡Él tenía razón! Pero no tenía intención de reconocerlo...

Ginny: No me agradan las aventuras de una noche (protestó, luchando con el increíble impulso de apoyarse contra ese cuerpo duro)
Harry: Para nosotros jamás podría ser una aventura de una noche (le aseguró con voz ronca y como si hubiera perdido la paciencia. La estrechó con fuerza contra su pecho, atrapando sus manos unidas entre ellos mientras le rodeaba la cintura con el brazo libre) Una vez fuimos amantes y lo seremos de nuevo. Creo que he tratado de ser razonable (murmuró) Es un milagro que haya podido abstenerme de tocarte durante esos últimos días. No quiero apresurarte, Ginny (con la otra mano alzó la de ella hasta su propio hombro y la dejó ahí antes de que la suya descendiera hasta el escote de la blusa) Y por lo que veo, tu tampoco (tenía la mirada fija en ella y su voz era ronca) No trates de negarlo, me deseas.
Ginny: No...

Murmuró sin convicción, incapaz de resistir ese contacto íntimo e invadida por una oleada de deseo. Harry movió los muslos contra ella y el calor de su masculinidad palpitó contra su abdomen. El hecho de que pudiera excitarlo con esa facilidad intensificó su propia excitación. Ginny arqueó el cuerpo hacia él, pero cuando Harry buscó su boca, un último vestigio de su instinto de conservación la hizo esquivar el beso. ¿Era tan tonta que de nuevo se dejaría seducir por unas palabras sugerentes y ese cuerpo firme?

Harry: No juegues conmigo (le advirtió con frustración) Soy demasiado experimentado para esos juegos.
Ginny: No estoy jugando (replicó con voz temblorosa)
Harry: No? Entonces vamos a la cama

Le exigió, arrogante. Fue esa arrogancia la que al fin le dio a ella la fuerza necesaria para apartarse de sus brazos y correr al vestíbulo. Harry la siguió y la sujetó de las muñecas antes de que pudiera llegar a la puerta.

Harry: Qué diablos te pasa? (le preguntó, furioso) Tienes el hábito de provocar a los hombres? ¿Es algo que has aprendido durante los últimos diez años? (la miró sombrío) No soy un tonto y tampoco me agrada que me frustren...
Ginny: Vaya un descaro el tuyo (estalló y la cólera venció sus emociones apenas) Crees que unas invitaciones a cenar te dan derecho sobre el cuerpo de una mujer... pues bien, déjame decirte que no sobre el de esta mujer. Los últimos diez años me han enseñado a ser más sensata que la joven a la que sedujiste. Cuando tenga un amante, espero tener mucho más que un par de citas antes de irme con él a la cama.
Harry: Mil disculpas (el tono era amenazador) Olvidé por un momento que todas las mujeres tienen un precio. ¿Cuál es el tuyo... una pulsera de brillantes? ¿O tal vez prefieres un collar? No me sorprende que tengas una casa en Londres; has usado bien tu cuerpo. Pero si lo que quieres es el matrimonio, pierde la esperanza.

Harry recuperó el control con una facilidad insultante que la enfureció, y subrayó el mal concepto que tenía de ella. Ginny movió el brazo en un veloz arco y le dio una cachetada.

Ginny: Y pensar que creí que te había juzgado mal, que tal vez no eras un imbécil.

Temerosa de lo que pudiera revelar, y consternada ante la rapidez con que había estallado la cólera entre ellos. El silencio que siguió a su estallido se prolongo hasta que la tensión fue casi tangible. Ginny observó el rostro sombrío de Harry y la huella de su mano en la piel bronceada.

Harry: No te pagaré con la misma moneda, no esta vez (la estrechó contra su pecho, le rodeó la cintura con un brazo y con la otra mano le alzó la barbilla para obligarla a mirarlo) Porque creo que al fin estamos llegando a la verdad (declaró en voz baja, pero implacable) Eres una mujer distinguida, una deliciosa compañera, y no obstante he percibido cierta enemistad bajo la superficie de tu encantador exterior. Por desgracia…

Ginny no pudo evitarlo y se ruborizó, sintiéndose culpable; él estaba más cerca de la verdad de lo que creía.

Ginny: No sé lo que quieres decir (trató de soltarse, pero él la sujetó con más fuerza y deslizó la mano hasta su nuca)
Harry: Oh, creo que sí lo sabes (su sonrisa era helada) Has tenido otros amantes a lo largo de los años, ¿por qué entonces fingir una virtud ultrajada? Eso no te va. Puedes engañarte, pero a mí no me engañas. Puedo reconocer a una mujer sexualmente excitada y sé que ardes con el mismo deseo que yo siento. «Si él supiera», pensó Ginny, impotente y atemorizada por la reacción de su propio cuerpo.
Harry: Mencionaste a tu padre (continuó él despacio) Y mi conducta de seductor.

Ginny lo miró y desconfió de su expresión, pero él rió con suavidad, relajó los dedos y le acarició el cuello.

Harry: Ahora lo entiendo (Por lo visto, había llegado a una evaluación satisfactoria de la situación) Crees que aún le guardo resentimiento a tu padre, ¿verdad? Pues bien, olvídalo; no me importa el pasado, y además, él ha muerto (inclinó la cabeza para besarle el cuello) Vamos, tú sabes que me deseas; acéptalo y apuesto a que disfrutarás... No voy a hacerte daño, por lo menos, no intencionadamente...

Ginny se quedó paralizada. Era el colmo que le sugiriera eso. Se ruborizó y echó la cabeza hacia atrás, luchando con la intensa oleada de placer que corría por sus venas bajo las caricias de Harry.

Ginny: Tú resentido conmigo? (exclamó, desdeñosa) Debe de ser una broma. ¿No debería ser al revés? Según recuerdo, tú me abandonaste después de contarme una sarta de mentiras acerca de que eras un pescador. Tú... el poderoso Harry Potter... te divertías unas semanas con una ingenua adolescente, mientras tus abogados manchaban el nombre de una pobre inocente, una ex-amiga tuya, en Estados Unidos. «Habría sido divertido si no fuera tan trágico», pensó Ginny cuando Harry retrocedió y dejó caer los brazos a los costados con expresión de desconcierto. Por lo visto, jamás había pensado que ella pudiera encontrarlo culpable y eso la enfureció.

Ginny: Vamos, tienes una memoria muy selectiva. Me calificaste de algo peor que una prostituta, ¿y de verdad esperabas que yo olvidara y perdonara así de fácil?

Harry giró, cruzó la habitación y se detuvo frente a la ventana, donde se quedó de espaldas a Ginny. Tiró con fuerza con un cordón y las pesadas cortinas de terciopelo de color crema se abrieron para revelar el resplandor de las luces de la calle. Ginny lo vio mover la cabeza y también percibió la tensión en sus hombros. Sabía que era su oportunidad de alejarse de ahí y no volver a verlo jamás, pero sus pies se negaban a moverse.

Con la mirada recorrió la habitación y en la mesita vio las copas y la botella de vino que habían compartido y que sugerían cierta intimidad. Un ruido la hizo volver su atención al hombre de pie cerca de la ventana. Harry golpeaba con el puño la palma de la otra mano.

Harry: Jamás comprendí...

Se detuvo, pero Ginny sabía que no hablaba con ella. De pronto, se dio media vuelta y la miró a los ojos. Por un segundo, Ginny habría asegurado que había una expresión de dolor en sus atractivos rasgos, pero se desvaneció cuando Harry frunció las cejas mientras observaba la palidez del rostro de ella. Ginny, nerviosa, deslizó las palmas húmedas sobre sus caderas e, incapaz de sostenerle la mirada, fijó la vista en el suelo.

Harry: Ahora lo entiendo. Esta semana pasada fue tu manera de vengarte, porque es obvio que piensas que te traté muy mal en el pasado.
Ginny: No, por supuesto que no.
Harry: Cuánto tiempo creías que podrías retenerme con la promesa de tu cuerpo? ¿Un mes? (Ella irguió la cabeza, por qué había dicho «un mes»?)
Ginny: No... nunca pensé... yo...(se detuvo y lo miró cautelosa cuando él se le acercó y apoyó las manos sobre sus hombros)
Harry: Nunca pensaste... sí, lo creo (Ella casi suspiró aliviada, pero se sorprendió cuando él continuó) Hasta esta noche, nunca comprendí que tal vez te había herido con mi furioso estallido hace años (la guió al sofá y le hizo sentarse a su lado. Le pasó un brazo por los hombros. Ella se puso rígida bajo esa forzada intimidad, pero se relajó cuando siguió hablando) Es necesario que hablemos... Tú eras muy joven y tal vez yo fui un poco duro contigo. Quizá te traté mal, pero era una época difícil para mí.

¡Tal vez! No había la menor duda de ello... ¿Y él había tenido una época difícil? ¿Y ella?, quiso preguntarle. No creía que la vida le hubiera parecido difícil alguna vez a Harry; avanzaba por ella con dinero poder y un franco machismo que impedía que nada ni nadie lo hiriera... Lo miró de soslayo.

Ginny: Tú en dificultades... no lo creo posible.
Harry: Lo sé. Yo tampoco lo creía posible, pero te aseguro que así fue.

Ginny sonrió burlona al oír esa arrogante afirmación. Debió adivinar que Harry no era la clase de hombre que reconocía una debilidad propia de los mortales. Por lo menos, no durante mucho tiempo.

Harry: Jamás le doy a nadie una explicación de mis acciones, pero en tu caso, estoy dispuesto a hacer una excepción, y después de eso espero que podamos volver a lo que en realidad deseamos... el uno al otro.
Ginny: Eres un idiota (se burló)
Harry: Sí, eso creo

Replicó, sarcástico, y Ginny sintió un gran deseo de golpearlo. Pero él adivinó su atención y le sujetó la mano

Harry: Por favor, escúchame. No sé hasta qué punto sabes del juicio en el que me vi involucrado, pero para empezar, te diré que la mujer en cuestión no era una jovencita inocente (sonrió, cínico) Por otra parte, yo tenía veinte años, había ido por primera vez a Estados Unidos... porque mi padre decidió ponerme al frente de nuestros negocios ahí. Conocí a Daniela en un antro, era cantante y unos diez años mayor que yo.

Harry: Fuimos amantes, pero yo sólo la veía en mis viajes a California, como mucho un mes o dos al año. Hacía casi dos años que la conocía cuando me comentó que la habían echado de su departamento, porque una compañía había comprado el edificio. Me compadecí de ella y le dije que podía ocupar el departamento de la compañía Potter hasta que encontrara algo que le conviniera. Ése fue mi error (se encogió de hombros) Pensé que eso no me costaría nada, de hecho, era más barato que las joyas que le regalaba. Para aquel entonces no era tan rico, porque mi padre aún estaba al frente del negocio.

Declaró con una franca actitud. Ginny lo miró al rostro y la sorprendió el duro cinismo reflejado en sus ojos, pero no podía negar el tono de verdad en sus palabras.

Harry: Un año después, en una de mis raras visitas, me enteré por el guardia de seguridad del edificio de que Daniela no sólo recibía a muchos hombres, sino que la habían sorprendido con droga. Los periódicos sí tenían razón, la eché de ahí en el acto... pero también le entregué el dinero suficiente para que alquilara otro departamento. Sin embargo, Daniela era codiciosa, y con la complicidad de un abogado nada honesto, trató de sacarme más dinero y para ello me demandó. La única vez que actué como un caballero me costó muy caro... no en dinero, eso no importa, sino en problemas. El periódico de tu padre publicó la historia y durante varios meses mi vida se alteró...

Se alteró. Ginny no pudo menos que sonreír. Cualquiera se habría quedado traumatizado, pero no Harry...

Harry: Por fortuna, el tribunal falló en mi favor y le concedió un dólar a la dama...
Ginny: Un dólar!

Nunca había leído los artículos que publicó el periódico; de hecho, excepto en esa noche en Playa, su padre y ella jamás volvieron a mencionar el tema: era demasiado doloroso para ella. Pero ahora, instintivamente, creía en lo que Harry decía.

Harry: Sí, pero el daño fue mucho mayor. Difamaron mi reputación y eso hirió a mi familia. Yo no permito que nadie le haga daño a mi familia

Apretó los labios y miró por encima del hombro de ella con una expresión remota. Ginny se estremeció. Nadie podría engañar a Harry y vivir para contarlo, lo sabía y ella había sido una tonta al intentarlo. Harry contempló a Ginny en silencio unos minutos y luego sonrió.

Harry: Entonces, un día de verano te conocí en la playa. Eres una joven inocente y encantadora. No te mentí, Ginny, nunca te dije realmente que era un pescador, pero era nuevo para mí conocer a una joven que no sabía nada de los detalles de mi pasado. Fuiste como un bálsamo para mi orgullo herido.

Así que eso era lo que había significado para él. Una joven que había aliviado su orgullo herido, nada más. Mientras que ella imaginaba que estaban enamorados.

Harry: La noche en que llegó tu padre, lo vi todo rojo. Era el editor del periódico que publicó primero la historia. Tú eras su hija y una periodista novata. Estaba tan furioso, que salí de ahí.
Ginny: Lo recuerdo (murmuró, entristecida) Nunca tuve la firme intención de ser periodista...
Harry: Ginny, tu trabajo no me importa. Cuando volví a verte en la fiesta de Hermione, sólo vi a una mujer muy bella, y te invité a salir simplemente porque te deseo. Sólo esta noche, cuando me has atacado, he comprendido que tal vez en el pasado te herí sin querer. Así que, ahora que hemos colocado ese pasado en su perspectiva adecuada, ¿crees que podremos seguir con el presente… e irnos a la cama?

Harry había sido brutalmente sincero con ella y ahora comprendía por qué se había comportado como lo había hecho. Debió de ser difícil para un hombre con la suprema confianza de Harry reconocer que lo habían engañado. Incluso podía comprender por qué se había desquitado con ella hacía años. ¡Pero lo que le resultaba difícil de aceptar era su suposición de que, una vez que le había dado una explicación, lo cual para Harry era lo que más se acercaba a una disculpa, ahora podrían irse a la cama

Ginny se irguió y volvió a mirarlo. Estaba recostado en el sofá, con las piernas estiradas y las manos sobre los muslos; su rostro no revelaba ninguna emoción.

Harry: Qué va a pasar entonces, Ginny? La decisión es tuya.

Ginny observó su rostro. Era un hombre orgulloso y le había hecho una gran concesión al explicarle su pasado. La deseaba, y si era sincera, ella también lo deseaba. ¿Pero podría ser tan madura como Harry y olvidar su resentimiento y su amargura? ¿Tomar lo que él le ofrecía, unas semanas de satisfacción sexual, y jugar conforme a las reglas de él? ¡Le diría que no! Pero, en ese momento, Harry le delineó con el pulgar una vena en la muñeca, Ginny vio el destello de pasión en sus ojos y supo que la misma emoción se reflejaba en los de ella. La decisión ya no estaba en sus manos; su temblor interno le había dado la respuesta..

Ginny: A quién trato de engañar? Además, creo que prefiero a un magnate que a un pescador

Sabía que eso sólo confirmaría la opinión nada halagadora que Harry tenía de ella, pero era mejor que reconocer que lo había amado hacía años y le sería fácil volver a amarlo. Él sólo le ofrecía una breve aventura; además, tal vez ganaría la apuesta, pensó con amarga ironía. Harry estrechó las manos de Ginny entre las suyas y con un gesto erótico le besó las palmas.

Harry: Sabía que eras una mujer sensata (murmuró él sobre su piel mientras con la boca trazaba su muñeca) No te arrepentirás.

No era sensata, reconoció Ginny, pero ya no podía negar el anhelo de su cuerpo. Fijó la mirada en la sensual boca de Harry y se pasó la lengua por los labios resecos. Harry le soltó las manos y hundió los dedos en su sedoso pelo, obligándola a mirarlo.

Harry: Ginny, ¿qué me haces?

Murmuró antes de besarla en la boca. Ella hizo una leve mueca de protesta antes de entreabrir los labios. De inmediato, la lengua de él empezó a saborear, investigar y provocar, hasta que Ginny respondió con la intensa excitación que sólo Harry podía provocar. Alzó los brazos y le enredó el pelo con los dedos cuando el beso se prolongó. Sintió la presión del cuerpo de él, pero ya nada le importaba. Entonces Harry alzó la cabeza, la miró triunfante y declaró:

Harry: Esta vez no podrás retroceder, Ginny.

Con un suave gemido, ella le echó los brazos al cuello, le hizo inclinar la cabeza y sus labios le dieron la respuesta que él quería. Harry apartó la suave seda de la blusa, le desabrochó la blusa y sus pechos firmes quedaron libres bajo sus manos. Ginny gimió y Harry deslizó sus manos sobre su cintura. Cuando dejó de acariciarla, Ginny sentía su cuerpo dolorosamente sensible.

Con movimientos hábiles, Harry le quitó la blusa y le alzó las piernas del suelo para colocarlas sobre su regazo. Despacio, acarició un muslo y ella gimió cuando los dedos de él encontraron la carne desnuda encima de las medias.

Harry: Una agradable adición desde la última vez (Se irguió, se quitó la camisa y se inclinó para mirarla y sonrió mientras estudiaba los muslos desnudos) Pero todo en ti me excita..

Sus ojos verdes se oscurecieron al ver los senos desnudos y las puntas rígidas que suplicaban sus caricias. Ginny admiró el rostro desnudo, el vello oscuro y la piel bronceada, y sus manos impacientes se tendieron hacia él. Deslizó los dedos sobre el pecho de él, hasta que Harry dejó escapar un gemido y le bajó la cremallera de la falda para deslizar una mano sobre su estómago.

Ginny: Harry

Pronunció su nombre en voz baja, sin aliento. Ginny deslizó las manos a lo largo de su espalda mientras él encontraba el borde de su ropa interior para deslizar los dedos por dentro y acariciar el centro y cálido de su ser... Estremecida, Ginny se aferró a los hombros de él. ¡Santo cielo! ¿Cómo pudo vivir sin ese hombre, sin esas sensaciones, durante tanto tiempo? Volvió la cabeza y le clavó los dientes en el hombro. Harry seguía besándola, desde el cabello hasta el cuello, mientras le apartaba los muslos con mano firme.

Harry: Estás lista para mí, Ginny; sé que también me deseas (miró su rostro sonrojado y sus labios entreabiertos) Y Dios sabe que te he esperado demasiado tiempo..

Exclamó antes de volver a cubrirle la boca con la suya, mientras sus dedos seguían obrando su increíble magia. Ginny gimió al sentir que aumentaba la tensión en su cuerpo. Deslizó una mano sobre el pecho de Harry, porque quería proporcionarle el mismo placer, y luego a lo largo del muslo y sobre su virilidad, por encima de la tela del pantalón. Se oyó el gemido sofocado de Harry y su propio cuerpo vibró de placer.

Harry: Ginny

Murmuró Harry, y le cubrió la mano con la suya. Ella sintió que trataba de bajar la cremallera del pantalón y quiso ayudarlo. Harry alentaba sus esfuerzos, y los suspiros y gemidos de ambos se mezclaban con los largos besos. Ginny se sentía perdida en la intensa pasión de él, oía un ruido como de campanas que resonaban en sus oídos y sentía que Harry la dejaba sin aliento.

Harry: No puedo creerlo

Murmuró Harry con voz ronca. Reacio, alzó la cabeza, se apartó de ella y se sentó en el borde del sofá. Sus anchos hombros se estremecían mientras trataba de recobrar el aliento, y fue entonces cuando Ginny comprendió que las campanas no resonaban en su mente, si no que era el sonido del teléfono…

Ginny: No contestes..
Harry: No puedo... es de la compañía, así que debe de ser una llamada de negocios (la besó en los labios antes de contestar)

Harry colgó el teléfono y se volvió hacia ella.

Harry: Tengo que irme Ginny, será mejor que te vistas.

Ginny: Sí
Harry: Lo siento. Creo que voy a morirme de frustración, pero por desgracia la llamada era de la oficina en Atenas. Uno de los trasatlánticos está en problemas en el Pacífico. Debo volar de inmediato a Estados Unidos y averiguar cuál es el problema. El jet de la compañía me espera.
Ginny: Harry, lo siento

¿Pero realmente lo sentía?, se preguntó mientras se vestía. Tal vez necesitaba más tiempo para aceptar la clase de relación adulta que le ofrecía Harry, y esa llamada telefónica, de cierta forma, era un respiro temporal. Pero el clamor de frustración de su cuerpo no parecía aceptar eso, pensó con ironía.

Harry: No tanto como yo (le alzó la barbilla con un dedo y le pidió con voz ronca) Prométeme que cuando regrese continuaremos en donde nos quedamos.
Ginny: Sí

Le aseguró y lo besó en la punta de la nariz. «Es lo mejor», se dijo. «No debes concederle demasiada importancia». Él la estrechó con fuerza en sus brazos.

Harry: Debo advertirte algo: insisto en una relación exclusiva. .. Así que nada de otros hombres.
Ginny: Nunca hubo otro hombre

Pronunció esas palabras sin querer y se sonrojó. Harry arqueó una ceja y la miró…

Harry: No es necesario que vayas tan lejos, Ginny; sólo quiero que te comportes bien de ahora en adelante.

Ella no supo si debería alegrarse o entristecerse, porque él no creía en sus palabras, pero no tuvo oportunidad de pensar en ello, porque Harry pidió un taxi...

Harry: Te llamaré mañana por la noche.

Ginny se acurrucó bajo el edredón, decidida a apartar de su mente a Harry, pero no podía olvidar su fría explicación de la pasada relación entre ellos. No debería ser, pero aún le dolía saber que diez años antes él no la había amado, y eso era evidente por sus revelaciones de esa noche. El altanero y atractivo Harry... creía que Dios le había concedido el derecho a pisotear a los mortales, usarlos cuando los necesitara y luego descartarlos.

Por desgracia, el hecho de conocer el implacable poder de ese hombre no impedía que su cuerpo ardiera al evocar las libertades que le había permitido poco antes, esa misma noche. ¿A dónde había ido a parar todo el control que ella creía ejercer sobre su vida? Ningún hombre había logrado acercarse a ella en años, pero en una semana, Harry la había convertido en una mujer insensata y lasciva.

Si el teléfono no hubiera sonado, ahora serían amantes... de nuevo Deslizó un dedo sobre sus labios hinchados, con el recuerdo de sus besos aún fresco en su mente... En el fondo, sabía que deseaba a Harry y que lo esperaría. ¿Qué tenía eso de malo? A su edad ya no podía añorar las flores y las campanas de boda.

Debería ser más realista, se dijo, pero la voz de su conciencia le recordó que no era la clase de mujer que se conformara con menos. ¡Con suerte, tal vez incluso ganara la apuesta! Pensando en eso, se quedó dormida.

Dean: Esta mañana la veo muy contenta, señorita Weasley. ¿Puedo adivinar la razón?

Dean, el empleado de la oficina, estaba frente a su escritorio y sonreía maliciosamente.

Ginny: Gracias, Dean. ¿Necesitas algo?
Dean: No, nada. Sólo pensé que tal vez le gustaría ver mi periódico.
Ginny: Esa basura (sabía por experiencia que a Dean sólo le interesaban los periódicos más sensacionalistas) Debes de estar bromeando.
Dean: No, pero publican una buena fotografía suya. Está muy atractiva con el pelo suelto

Comentó, y la miró con burla. Ginny se puso en pie de un salto y le arrebató el periódico.

Ginny: Yo... en dónde? (exclamó, horrorizada)
Dean: Cayó en la trampa (rió Dean) Vea la página cinco.

Ginny hojeó el periódico a toda prisa y se detuvo. Con un gemido, se desplomó en su sillón y extendió el periódico encima del escritorio. Ahí, a todo color, había una fotografía de Harry y ella al salir del restaurante el sábado por la noche. Pero lo que hizo que se sonrojara fue el pie de la foto: Harry Potter, famoso por llevar siempre del brazo a una rubia y un tanto esquiva en los últimos años con la prensa, ha regresado con gran estilo al escenario.

La señorita Ginny Weasley, que compartió una cena íntima con el opulento magnate, no sólo es bella, sino que, según nos informan nuestras fuentes, tiene un gran futuro en la empresa para la que trabaja... incluso podría aspirar a la dirección. Es todo un cambio después de las mujeres frívolas que suele frecuentar Harry. Bien hecho, Harry. «Cerdo machista», pensó Ginny, y maldijo en voz baja al autor.

Ginny: Gracias, Dean (dijo bruscamente, y le devolvió el periódico) puedes llevarte tu basura

Estaba furiosa, y mucho tiempo después de que Dean salió de su despacho, aún seguía resentida. ¡Felicitar a Harry porque ella era una mujer inteligente! ¡Vaya un descaro! Lo que necesitaba era trabajar, así que concentró su atención en los documentos que tenía frente a ella y empezó a leer. Era un caso interesante.

Gracias por leerla.

NayPotter