Nota de autor:
Bueno hola de nuevo a todos los lectores y lectoras, que siguen la historia. Primero que nada agradecer a los que seguís la historia y decir que ya he terminado el primer año de Harry en Hogwarts, aunque no me quedo muy satisfecho de cómo me ha quedado el capítulo.
Espero que no haya muchas faltas de ortografía, lo he intentado lo mejor que puedo con el corrector ortográfico de Word.
Espero que tampoco haya fallas en la historia, si las hubiere, una notificación sería bien apreciada.
Aquí dejo el capítulo, espero que les guste.
Un cordial saludo a todos y todas.
CAPITULO 9
Cuando iban a aterrizar, Harry se preparó para caer al suelo, hecho un ovillo, después de todo era su primera vez en un traslador, pero mirando como Titus movía sus piernas, copio el acto y aterrizaron sin problemas en un suelo de verdes pastos, en el cual al frente de ellos, pudieron ver unas enormes piedras colocadas en un círculo. Cada una de las piedras estaba tallada con múltiples runas, runas que Harry no reconoció.
- Bienvenido a Stonehenge y al concilio Druida-Hechicero, Harry Potter Emrys.- Dijo un hombre vestido con una túnica negra, esperando la llegada de amos hechiceros.
Stonehenge, era impresionante con sus grandes rocas, haciendo un círculo amplio en medio de la llanura. Los pilares de roca gruesa haciendo de soporte para un tercero que estaba tumbado encima de éstos, haciendo parecer una puerta.
Según Titus, había runas escritas en las piedras, runas que los muggles no podían ver debido a las fuertes protecciones de los druidas y hechiceros.
Normalmente Stonehenge se utilizaba para hacer rituales mágicos, oficiar bodas, funerales, etc.
Ahora servía más como reuniones del concilio, aunque se tenían que poner de acuerdo para venir y que obviamente no hubiera muggles. Aunque se tomaban la precaución de poner salas especificas anti muggle.
Según los muggles Stonehenge era formado por grandes bloques de rocas metamórficas distribuidos en cuatro circunferencias concéntricas. El exterior, de treinta metros de diámetro, está formado por grandes piedras rectangulares de arenisca que, originalmente, estaban coronadas por dinteles, también de piedra, quedando hoy en día solo siete en su mismo sitio. Dentro de esta hilera exterior se encuentra otro círculo de bloques más pequeños de arenisca azulada. Este encierra una estructura con forma de herradura construida con piedras de arenisca del mismo color. En su interior permanece una losa de arenisca micácea conocida como «el Altar».
Todo el conjunto está rodeado por un foso circular que mide 104 m de diámetro. Dentro de este espacio se alza un bancal en el que aparecen 56 fosas conocidas como los «agujeros de Aubrey». El bancal y el foso están cortados por «la Avenida», un camino procesional de 23 metros de ancho y 3 kilómetros de longitud, aproximadamente. Cerca se halla la «Piedra del Sacrificio». Enfrente se encuentra la «Piedra Talón». Está compuesto de un gran círculo de grandes megalitos cuya construcción se fecha hacia el 2500 a. C.
El círculo de arena que rodea los megalitos está considerado la parte más antigua del monumento, habiendo sido datada sobre el 3100 a. C.
En su comienzo era un monumento circular de carácter ritual rodeado por un talud y un foso, de modo similar a muchos otros situados en el sur de Inglaterra. Hasta ahí era más o menos correcto con la contraparte mágica, una buena parte de la historia que ambos mundos tenían en común, dado que antiguamente muggles y mágicos convivían en paz, o una paz intermitente. Disputas entre ambas partes siempre han ocurrido y siempre ocurrirán.
Finalmente el monumento tomó su aspecto actual, para lo cual transportaron 32 bloques de arenisca desde las montañas de Preseli, al suroeste de Gales y la piedra del «Altar» fue traída desde una región cercana a Milford Haven. Se especula actualmente con la posibilidad de que se hubieran movido utilizando bolas de madera o piedra o cojinetes a modo de rodamientos, y no con troncos como se pensó originalmente.
Esa parte por suerte o desgracia, estaban equivocados. La arenisca no fue transportada con troncos ni rodamientos, sino con magia de la antigua religión, evocándola desde las montañas a Stonehenge. Lo que tampoco se decía, era que por debajo de Stonehenge, se encontraban poderosas líneas ley.
Las líneas ley, se dice que son fuentes de energía que corren por todo el planeta, convergiendo en diferentes puntos cardinales, haciendo que la magia en esos puntos sea fuerte y poderosa.
Al parecer, según cuentan las historias de los magos, Hogwarts es un lugar donde por debajo de ella hay varias líneas ley convergiendo.
Actualmente en la magia nueva no hay hechizos de diagnóstico para probar la teoría, solo en la magia de la antigua religión, tiene tales hechizos.
Hechizos que se les enseñan a los niños pequeños como magia primaria. Harry nunca había probado la teoría de que Hogwarts tuviera esas líneas ley y no lo haría ahora en Stonehenge debido al respeto que empezaba a sentir por el lugar.
Un respeto lleno de historia y magia, algo que pocos monumentos tenían. Donde estaban parados, se llevaron a cabo numerosos rituales por todas las razas mágicas, batallas llenas de sangre entre muggles y mágicos. Se hicieron la guerra y se firmaron tratados de paz en numerosas ocasiones.
En fin Stonehenge era un sinfín de conocimiento antiguo y presente que Harry quería tener para sí mismo, pero dudaba que el encantamiento del conocimiento, como empezó a llamarlo, le daría la historia de tal monumento.
Al parecer el druida o hechicero delante de ellos le habló dándole la bienvenida, pero como estaba fascinado ante lo que veía, no se enteró demasiado.
- Pido disculpas, señor…- Dejó en el aire, esperando para que le diera un nombre por el cual dirigirse.
- Puedes llamarme Maestro Kendrick.- Contestó el hombre con una sonrisa.
- Gracias, Maestro Kendrick, siento no haberle hecho demasiado caso, pero me encuentro fascinado por el lugar.
- Es comprensible, muchos de nosotros en el concilio, todavía nos encontramos fascinados y venimos a estudiar las runas que decoran las piedras. Bienvenido Maestro Ollivander, espero que el viaje traslador haya sido agradable.
- Tan agradable como se puede esperar de un traslador. Prefiero la aparición o los portales de agua, pero, como dicen algunos muggles, a falta de pan, bunas son tortas.
- Cierto.- Harry miró en el término muggle, pero giró la cabeza al escuchar que se refería a Titus como Maestro.
Suponía que Titus era un maestro artesano para focos, no se esperaba que fuera parte del concilio.
- Sorpresa Harry Emrys, soy una parte del concilio.- Dijo dando una sonrisa descarada.
- No me lo esperaba. Espera, ¿Por qué me llamas Emrys? Es Potter mi apellido.
- Eso, querido Emrys, es un título que los druidas damos a los que son dignos de llevarlo y tú Harry Potter, te has ganado esa dignidad. Espero que lo lleves con honor y veamos grandes cosas en el futuro. Ahora si eres tan amable de seguirme, el concilio está a punto de comenzar.- Dijo Maestro Kendrick, volviéndose hacia los pilares y tocando unas pocas runas con su mano, haciendo que brillaran brevemente de dorado y una especie de cúpula se alzara por el lugar, revelando una entrada secreta, como la del Callejón Diagon.
Cuando entraron, Harry no se dio cuenta de que Maestro Ollivander había desaparecido de su compañía y que estaba a solas con Maestro Kendrick.
- Antes de que se me olvide, Emrys. Para dirigirte al concilio, sería mejor eso de señor, dejarlo de lado. Es mejor si no sabes el apellido o el nombre del que te diriges, llamarlo "Maestro Druida o Maestro Hechicero". Es algo que ver con el respeto y honor de cada cual. Para mí, me parece algo anticuado y ridículo, pero así son las costumbres.
- De acuerdo, Maestro Kendrick, gracias por advertirme. ¿Por qué esta información no aparece en los libros de historia?
- Supongo que esos libros de historia son del rincón del Druida, ¿Verdad?
- Si, como…
- Los libros de historia están escritos para contar lo básico a aquellos que se preocupan en mirar más allá de los prejuicios. Para saber completamente nuestra historia, es mejor que la aprendas directamente de un Maestro. Es algo así como Maestro, Aprendiz.
- Entiendo.
- Me alegra que entiendas tan rápido, Emrys. Ahora te dejo aquí solo y cuando te llamen, entras por este otro portal. El portal sirve para ver que no lleves nada peligroso ni encantamientos de seguimiento, no nos gustaría que nos traicionen o que descubran donde nos reunimos. Pura precaución.
- Yo haría lo mismo, no se preocupe.- Dijo Harry, haciendo que el hombre diera un asentimiento con la cabeza y luego marchara hacia el interior del Concilio.
Harry no tuvo que esperar mucho tiempo a ser llamado y agarrando firmemente su báculo entró por el portal que le examinaría.
El portal no respondió a su entrada, lo cual significaba que estaba limpio. De tan largo y ancho que era el círculo de piedra, lo era mucho más el terreno en el que estaban. Suponía que tendría encantamientos de expansión o hechizos de la magia antigua, para dar cabida a tantas personas.
- ¡Bienvenido al Concilio Druida-Hechicero, Harry Potter Emrys!- Gritó la bienvenida un hombre de aspecto canoso, supuso Harry que sería el más anciano y portavoz del Concilio.
El hombre llevaba túnicas de color gris oscuro, sus ojos de color gris tormenta, hacían juego con las túnicas, irónicamente. La piel la tenía arrugada y marchita, pareciera que tenía el hombre quinientos años por lo menos, pero eso era imposible, ¿Verdad?
Mirando, hacia izquierda y derecha, los demás en el Concilio iban parecidos con las túnicas. Las de unos eran azules claro, otros las llevaban más oscuras, pero el contexto era el mismo para los diferentes colores. Rojo, azul, amarillo, morado, naranja, verde, lila, plateada, blanca, etc…
Aunque Harry no se imaginaba un blanco más oscuro, con un encogimiento de hombros mental, decidió responder al anciano.
- Es un honor estar en vuestra presencia, Maestros Druidas y Maestros Hechiceros.- Dijo Harry, dando un arco, inclinando la espalda hacia delante, levemente. Tampoco se quería inclinar de rodillas como hacían los mortífagos hacia su "Maestro" Voldemort.
- Según nos informó Maestro Ollivander, parece ser que has hecho una elección.
- En efecto Maestro Druida.- Tanteo, viendo un asentimiento de cabeza para que continuara. Harry estaba un poco nervioso, dado que estar entre un centenar de personas que te están evaluando, era un poco intimidante, si a ese hecho se le añade, de que estaba en el centro de todos, hablando con el anciano que estaba en el podio.
Tragando saliva y reforzando sus escudos, para librarse de los nervios recién adquiridos, alzó la cabeza y con su báculo firmemente sujeto en su mano derecha, habló con voz fuerte y segura. – He elegido estar al lado de mis hermanos y hermanas, hechiceros, hechiceras y druidas. Elijo la magia de la antigua religión, por encima de la magia nueva. Pero también elijo, no dejar de utilizar la magia nueva. Elijo ambos mundos, pues estoy obligado a vivir en ambos. Elijo dar lo mejor de mí mismo para traer la igualdad a las razas mágicas, tanto en el gobierno mágico como en la escuela de Hogwarts y hacerla una vez más un bastión de aprendizaje, un bastión donde nuestros antepasados aprendían junto a magos, brujos, hechiceros y druidas, todos juntos. ¡Elijo ser el que traiga Albion nuevamente entre nosotros! ¡Elijo que la magia de la antigua religión me guie y me indique por los peligrosos caminos del hombre! ¡Así sea!- Gritó su elección Harry, haciendo estallar su aura verde oscura, con tintes dorados, protegiéndolo y calmándolo. Sus ojos dieron también ese tinte preparativo para la batalla y su magia zumbaba en la anticipación de lo que estuviera por venir.
Los druidas y hechiceros alrededor de Harry se quedaron medio boquiabiertos. Al parecer sin darse cuenta o dándose cuenta de ello, Harry hizo un juramento mágico en el que traería Albion nuevamente entre los seres sintientes mágicos. Algo que nadie había sido capaz de hacer, desde que Myrddin casi lo consigue, con Camelot junto al Rey Arturo.
Impresionados estaban todos de que el chico tuviera las agallas y pelotas de hacer tal juramento. Tenía toda una vida para llevarlo a cabo, ciertamente, pero aun así, casi nadie que hacia su elección, hacia un juramento.
- Tienes agallas chico, ¿Sabes lo que acabas de hacer?
- Si, acabo de hacer un juramento en el nombre de Albion.- Dijo Harry confirmando los temores de muchos, sobre todo los de Titus y los de Erik, que se encontraba entre el público que quería ver la elección de Harry.
- El foco que llevas Harry Potter, ¿Es el foco que utilizarás para llevar a cabo tu juramento?
- Es, Maestro Druida.
- Entonces, Harry Potter, yo Emeric Powell, sumo sacerdote Druida, te bautizo como Hechicero en la magia y el alma. Que tu juramento selle tu elección y que la magia de la antigua religión te guie y aconseje. De rodillas Harry Potter Emrys.- Dijo el sumo sacerdote Druida.
Harry, haciendo caso, se arrodilló junto al Sumo Sacerdote Druida Powell. Un título demasiado largo, pensó por un momento, antes de obligarse al presente.
El hombre que estaba enfrente, cogió un cuenco con lo que parecía sangre, pero no podría poner el dedo en la llaga.
- Con esta sangre, te convertirás a partir de ahora en uno con la magia antigua.- Con eso dicho le salpicó un poco de sangre a Harry.
Evocando otros tres cuencos, volvió a Hablar.
- Con esta agua, tendrás el control de la magia de la antigua religión, sobre el elemento agua. Con esta tierra, tendrás el control de la magia de la antigua religión, sobre el elemento tierra. Con este fuego, tendrás el control de la magia de la antigua religión, sobre el elemento fuego.- Esta vez sin evocar un cuenco, para lo que suponía Harry el cuarto elemento, escuchó atentamente. – Con este aire que respiramos, tendrás el control de la magia de la antigua religión, sobre el elemento aire. Y con las sombras de la noche y la oscuridad, tendrás el control de la magia de la antigua religión, sobre el elemento sombras. Ahora ponte en pie Harry Potter Emrys, porque aquí en el Concilio Druida-Hechicero, te bendecimos con la unión a nosotros y nos ponemos nuestras esperanzas y fe, sobre ti. Haz honor en llevar el nombre Emrys como los que hicieron antes que tú. ¡En pie y alza tu foco hacia el cielo, para que los dioses te bendigan también!- Y Harry obedeció medio en trance, con sus ojos brillando dorados completamente y su aura mezclándose con su verde oscuro habitual. Harry levantó el báculo y una explosión de magia antigua salió disparada de él, cegando levemente a todos los presentes, inundando Stonehenge, donde el Concilio se encontraba actualmente. Cuando el haz de luz se desvaneció, Harry se encontraba yaciendo en el suelo acostado, con tatuajes rúnicos, como los que tenían los antiguos druidas y hechiceros, tras hacer el ritual de iniciación. Al parecer su propia magia no podía esperar más y en el mismo Stonehenge, bendecido por el sumo sacerdote y por la propia magia, Harry Potter Emrys, se convirtió en un Hechicero completo.
Ahora Harry podría manipular correctamente su magia, sin tener que depender tanto de la Oclumancia, para calmarse y que no saltara a la más mínima provocación. Ahora Harry tendría un mejor control cuando estuviera en un duelo, todavía sentiría como si la magia le guiara a veces, pero estaría en control y presencia de su cuerpo, sería como si tuviera a alguien dándole consejo silenciosamente.
Los hombres y mujeres del Concilio no se atrevían a recoger a Harry, pues no sabían si lo que había sucedido era normal o no, tal vez los sanadores druidas deberían hacerle el chequeo, que se hacía tras los rituales. O tal vez no, como vieron que Harry se fue moviendo y levantando lentamente del suelo, apoyándose en su báculo para un mejor control de sus movimientos, levantó la cabeza hacia el concilio, con los ojos verde bosque de vuelta, pero con vetas doradas en ellos.
Con un suspiro cansado se fue poniendo en pie lentamente, recogiendo su aura, ahora con vetas doradas, de nuevo en sí mismo.
Harry estaba y se sentía cansado, pero era necesario un último esfuerzo para indicar sus planes al concilio, todavía no había terminado con ellos. Los necesitaba a todos, necesitaba que estuvieran unidos y juntos para llevar la alianza Albion a nuevas alturas.
Con otro suspiro y un pequeño bostezo, se dirigió nuevamente al Maestro Druida Powell.
- Debo, pedir unos momentos de su atención Maestro Druida, y la atención del Concilio también. Como indiqué antes en mi juramento, ahora necesito compartir una parte de mis planes a largo plazo.- Empezó cansadamente, apoyándose casi todo su cuerpo en su báculo, que permanecía firme contra el suelo. Podía jurar oír el canto de un ave fénix por un momento, en el cual sus fuerzas se recuperaron, pero lo atribuyó al cansancio de la elección y el medio ritual. Un ritual que tendría que acabar en algún momento pronto, pero podría hacerlo en la mansión, solamente se necesitaba un maestro y un testigo. Tenía ambos, pero decidiría que sería mejor coger a uno de cada raza mágica, para que lo presenciaran correctamente. Si en caso de que no podría hacer eso, les pediría a sus más allegados que fueran los testigos. Erik, sería el que oficiara el Ritual, mientras que Titus y los Black y Gaunt, oficiarían de testigos. También llamaría a su gerente de cuentas y amigo Gornuk, si podía venir. Mandaría una carta con invitación para Griphook y Ragnok. Esperaba que pudieran venir todos.
- Tranquilo Hechicero Emrys, toma aliento y cuéntanos sobre tus planes.- Indicó el sumo sacerdote, con el ceño un poco fruncido. Él también había jurado oír el canto de un fénix, pero eso era imposible.
- Necesito volver a Hogwarts a terminar la educación en la magia nueva. Pero también necesito un maestro que me guie en la magia de la antigua religión, por ello, para hacer tal cosa, creo que en la Carta de Hogwarts está permitido contratar un tutor, al que por supuesto puede hacerlo, así pues tenía pensado invitar a un Maestro del Concilio o a alguien que vosotros mandéis a Hogwarts conmigo.- Dijo en las últimas, cerrándosele los ojos poco a poco. Su visión nublándosele debido al agotamiento. Antes de que se desmayara, pidió que por favor lo reconsideraran, que para que Albion, una vez más estuviera presente, se necesitaba en Hogwarts que todas las razas mágicas de los seres sintientes, confraternizaran y aprendieran su derecho de nacimiento en cuasi total armonía.
Se dice cuasi total armonía, debido que a un colegio o escuela de tal envergadura, siempre habrá conflictos entre los alumnos. Debido a la edad, amores que nacen, amores que mueren, odios entre alumnos, etc.
Ya no podía más, Harry había hecho lo que podía para mantenerse consciente, sus manos que aferraban el báculo, lo dejó caer lentamente al suelo y él con el báculo.
Cuando los Hechiceros y Druidas del Concilio, vieron que Emrys, título que le dieron gustosamente, se desmayó y cayó al suelo dormido, algunos se levantaron de sus asientos para ir a recogerlo, pero el sumo sacerdote se acercó primero a él y con un hechizo de la antigua religión, un hechizo que servía como diagnóstico, le dijo lo que suponía, al haber terminado la elección, su magia había reaccionado a Harry positivamente uniéndosele para no dañarle más de lo que estaba haciendo, y el ritual se completó a medias, de ahí los tatuajes que se podían vislumbrar.
Asintiendo positivamente, el Concilio consideraría la petición de Harry, una petición un tanto extraña, porque ellos no le negarían estudiar magia donde quisiera, parecía que se lo estaba tomando demasiado en serio, eso de llevarlos nuevamente a la sociedad mágica, a una sociedad de libertades y libre de persecución por parte de los magos o los que intentaban erradicarlos por temor a que fueran más poderosos.
Un temor que tanto Dumbledore y Voldemort infundieron en sus seguidores. Dumbledore por el valor de los años que llevaba como profesor en Hogwarts y Voldemort desde que ascendió al poder, hace todas esas décadas atrás.
- Titus.- Llamó Emeric Powell, al maestro artesano de focos y Jefe de Magos del Wizengamot, algo que no creían posible muchos de los hechiceros y druidas presentes, que alguien como ellos, llegara tan lejos nuevamente. Algo que esperaban con ansiedad era verse libres por primera vez en años, del yugo auto impuesto por esa vieja cabra de Dumbledore. – Llévate a Harry Emrys a su casa y cuida de que termine su ritual, algo me dice que te va a pedir que estés como Maestro del Concilio y dirijas la última parte del ritual de iniciación.- Instruyó Emeric, mientras tanto, ellos, el Concilio deliberarían lo que les había dicho Harry.
Titus recogió primeramente el báculo de Harry y se lo echó a la espalda, atándoselo como si fuera un cayado o una espada. Después recogió en brazos a Harry y se dirigió a las afueras de Stonehenge para llamar a Cronos, el elfo doméstico de Harry.
- Cronos.- Llamó en voz baja para no despertar al chico que llevaba en brazos. El elfo llamado se apareció en un instante al oír la llamada de Titus.
- Maestro Ollivander, llamó. ¿Qué puede hacer Cronos por usted?- Pidió el elfo amablemente, pero preocupado al notar a Harry en los brazos de Titus.
- Él está bien, Cronos o lo estará al menos, una vez que descanse. Me gustaría que nos llevaras a ambos a donde viva Harry, por alguna extraña razón, no puedo saber dónde vive.
- Eso se debe al encantamiento Fidelius familiar, Maestro Ollivander.
- Entiendo, ¿Puedes llevarnos entonces a vuestra casa?
- Por supuesto Maestro Ollivander, coja mi mano.- Dijo ofreciendo una mano callosa al hechicero.
Con un movimiento para acomodar a Harry para que este no se cayera, dio la mano al elfo y en un parpadeo de ojos, aparecieron en un gran salón. Había muchos retratos y una gran mesa con diversas sillas. En otra parte había unas butacas y unos sofás que se veían muy confortables a Titus.
Colocando a Harry en uno de esos sofás y dejando su báculo a su disposición, Titus se disponía a marcharse, cuando el mismo elfo habló nuevamente.
- Maestro Ollivander debe quedarse a cenar y dormir, ya es tarde para que se marche y a Maestro Potter, le gustara que lo reciba por la mañana.
- Me encantaría Cronos, pero no puedo, tengo cosas que hacer en mi casa y en mi tienda…
- Insisto Maestro Ollivander, el maestro Potter podría castigarme sin trabajo un mes, si no insistiera lo suficiente.- Dijo dando un estremecimiento de miedo ante la idea de no trabajar.
Suspirando cansadamente y pensando que no sería una mala idea, accedió a la extraña petición del elfo.
Otro elfo, uno que parecía más excitado y preocupado al mismo tiempo, apareció y se llevó báculo y Harry, hacia lo que suponía Titus, la habitación del nombrado.
Titus cenó carne estofada esa noche, con fruta y pescado. Vino para la bebida y un buen Whiskey de fuego para terminar.
Cronos le llevó a su habitación más tarde, donde podría meditar lo acaecido del día y por primera vez, pensar correctamente que la iniciación había sido la más interesante que había visto en mucho tiempo.
Por suerte para Harry, la festividad de Yule era celebrada por trece días, así que no perdió muchos de ellos al estar durmiendo.
Tradicionalmente Yule empezaba el 21 de diciembre, pero como en Hogwarts, solo dejaban partir a partir del día 22 de diciembre, pues se empezaba desde ese día hasta el día 3 de enero, en el que los estudiantes volvían a las clases y los adultos a trabajar.
Algunos adultos trabajaban todo el año, esos eran los que no se podían permitir un día de descanso.
Afortunadamente para los Gaunt, ahora que tenían dinero en las bóvedas Gaunt, gracias a Harry, la tienda que tenían en el Callejón Aurum, la llevaba un nacido de muggles que no encontraba trabajo en el ministerio.
Salazar todavía era el propietario de la tienda, pero le dejaba la mayor parte del trabajo al chico que tenían para que la llevara en su ausencia. La esposa de Salazar iba de vez en cuando a la tienda, ya que le gustaba atender a los clientes que tuvieran. Salazar no le importaba, sabía que las costumbres de levantarse temprano para ir a trabajar no podían quitarse tan fácilmente. A él todavía le costaba acostumbrarse a la idea de que tenía un asiento que mantener en el Wizengamot, nuevamente.
Si sus ancestros levantaran la cabeza y vieran que los Gaunt eran nuevamente una familia que volvió a la sociedad, seguramente aplaudirían, pero si vieran que fue sobre todo, gracias a un niño, que decía ser un pariente lejano, cosa que era verdad, lo mismo ya no aplaudirían tanto. Sobre todo Marvolo y Morfin Gaunt, esos dos en opinión de Salazar, estaban como una cabra, incluso peor.
Pero bueno, hoy al parecer había recibido una carta de Harry, pidiendo que él, su esposa y sus hijos fueran a la mansión Potter a ser presentes de un ritual, los quería como testigos al parecer.
Salazar no se opondría, sobre todo porque era una idea excelente enseñar a sus hijos la base de cómo se hacían los rituales druidas.
Se prepararía las cosas que tendrían que llevarse e irían a través de traslador hacia Gales. Era irónico que casi al lado de la mansión Potter estuviera Hogwarts y Dumbledore no se enterara. Pero bueno, eso daba igual de momento.
Una carta similar fue recibida también por Regulus y su esposa e hijos. Debían ir a mansión Potter a presenciar como testigos el rito de iniciación de Harry.
También la mandó a sus otros allegados, séase, Marius Greengrass, Gornuk, Ragnok, Griphook y Erik.
Los elfos domésticos de la mansión también estarían presentes, lástima que no pudo convencer a ningún centauro para que asistiera, pero no todo podía ser perfecto. Era bueno que se rodeara de amigos y aliados en un momento tan especial para Harry, dado que la segunda mitad del rito, debía hacerse lo más pronto posible y eso fue el día 24 de diciembre, también cuenta que en ese día, o eso creían los magos, la magia era más abundante que en otros días, salvo Samhain.
Así pues a las doce de la mañana los trasladores se empezaron a activar en las casas de los Gaunt, Black, Greengrass y Eric.
Titus ya estaba allí junto con los tres gobblins preparando el altar del ritual y Harry ya estaba en túnicas limpias listo y preparado para comenzar en cuanto llegaran sus testigos.
Esta parte del ritual, era más como un bautizo o comunión muggle. El druida empezaría un cántico en un idioma desconocido para los presentes, mientras Harry se tumba en el altar, junto con su foco mágico.
Una vez que el cántico terminara, unos pocos cortes para hacer magia de sangre y la magia se encargaría del resto.
En el caso de Harry, la magia haría que sus tatuajes fueran invisibles nuevamente. Aun los llevaría, pero nadie los vería. Al parecer las cicatrices que le hicieron los muggles, aun persistirían, no había magia que las quitara, solo las ocultara. Eran una parte de él, tanto como el color de sus ojos de ahora y su aura mágica.
El ritual duró aproximadamente una hora y media y los presentes se maravillaron cuando el aura de Harry estalló fuera de él, rodeándolo y bañándolo en la iniciación. Al parecer su magia reconocía que ya estaba iniciado en la magia de la antigua religión y lo aceptaba como tal.
Después de eso, Harry intentó nuevamente permanecer despierto, pero Erik le dijo que descansara, que sería mejor para él y su magia conocerse unos a otros mejor.
Lo decía como si la magia de Harry fuera consciente y la verdad sea dicha, muchos pensaban que así lo era.
Una vez que hubo descansado lo suficiente, Harry se levantó para encontrar que amigos y aliados permanecían en su mansión, unos hablando en el salón, otros jugando fuera en los jardines, sobre todo los niños. Las mujeres estaban en la cocina hablando tranquilamente con las elfas que se encargaban de hacer las comidas.
Harry fue a su despacho y se sentó detrás de su escritorio. Debería de conseguirse un pensadero o algo parecido para poder reordenar sus recuerdos o verlos posteriormente. No es que se quitara los recuerdos, eso no lo podía hacer, el pensadero era utilizado, para copiar recuerdos y ponerlos dentro para su examen posterior. Era mucho mejor y más rápido que entrar constantemente en el paisaje mental, que se tenía cuando se practicaba la Oclumancia.
Cuando finalmente Harry salió de su despacho, se dio cuenta que no se había cambiado y con un movimiento leve de su mano, sus túnicas de iniciación cambiaron por unas un poco más formales y decentes de color verde, negro y dorado, haciendo honor a su aura.
Fue directamente al salón donde pudo encontrar a todos reunidos esperando por él a que se despertara.
- ¡Por fin! Parece que no somos los únicos que se nos pegan las sabanas.- Dijo Alphard burlándose levemente de Harry.
- Claro, si cuentas con que he hecho un ritual a medias en el Concilio y otro aquí en el lapso de menos de 24 horas, creo que es normal que se me peguen un poco las sábanas.- Contestó Harry a las burlas de Alphard, haciendo que éste mirara incómodo.
- Tranquilo Harry, lo que mi querido hermano, aquí pretende es que tienes que haber gastado una gran cantidad de poder mágico para no despertarte a las horas intempestivas, en que los despiertas, normalmente.
- ¿Cómo es eso, Harry? ¿Levantas a mis hijos temprano? ¿Cómo lo haces? Para poder hacer lo mismo en casa.- Intervino la esposa de Regulus con una sonrisa, la cual se unió también la esposa de Salazar y los niños Black y Gaunt con gemidos lastimeros, sobre si Harry desvelaría su secreto.
- Temo señora Black, señora Gaunt, que si… desvelo el secreto, mi piel corra peligro en Hogwarts.- Dijo haciendo que los niños dieran suspiros de felicidad, al menos las vacaciones las tendrían aseguradas en no madrugar.
Las madres solo miraron en lo dicho por Harry y quedaron entre ambas que descubrirían el método para despertar a sus hijos a que se levantaran más temprano.
Después de unas charlas riendo todo el mundo, Harry les invitó a todos a que se quedaran a celebrar al menos el 24 de diciembre o que vinieran a comer el 25, como desearan.
Viendo que sería una cena informal, decidieron que no tenían problemas en quedarse a comer y cenar.
Los elfos domésticos ese día se esmeraron en prepararles las mejores comidas que podían proporcionar, después de todo la casa Potter nuevamente estaba en funcionamiento.
Descubrieron que Harry quería aplazar hasta el verano la reunión con la alianza, algo que Marius estaba totalmente de acuerdo, mientras que el Concilio deliberaba.
Titus que pertenecía al Concilio, se unió alegando que no creía que le fueran a decir que no, pero que tendrían que votar entre todos, si el peligro de exponerse todos ellos valía la pena.
También discutieron temas sobre Dumbledore y McGonagall. Mientras que Harry estuviera en la mira del director, los demás estarían protegidos de Dumbledore, pero que sería prudente si hacían algún ritual o tomaban alguna Poción para que no les administraran dichas pociones.
Le preguntaron por el tema de Severus, y Harry contestó que no se fiaba totalmente del hombre y que se lo dejaran a él. Si traicionaba el voto de confianza que le había dado, entonces la deuda de vida que le debía a su padre, James Potter, se la cobraría Harry, quitándole la vida en el proceso, aunque sería un activo muy valioso para la alianza, para poder espiar a Dumbledore y Voldemort cuando regresara.
Titus estaba preocupado por Harry por otra parte, ahora que era un hechicero completo, que había hecho el ritual de iniciación y todo, no podría utilizar una varita mágica, como tal, tendría que utilizar su báculo, que fue el foco elegido para hacer dicho ritual. Pero lo que estaba preocupado era que Dumbledore le prohibiera la entrada en Hogwarts por no utilizar una varita.
- No te preocupes Titus, si Dumbledore o McGonagall son tan estúpidos como para expulsarme, la Carta de Hogwarts o al menos una copia de ella, se verá en el profeta, publicada al día siguiente de mi expulsión y tanto el Wizengamot como la junta de Gobierno pedirá la expulsión de Dumbledore como director. No le conviene realmente atacarme por esa parte.- Tranquilizó Harry a Titus y al resto de comensales.
El resto de las vacaciones de Yule, pasó normalmente para Harry. Entre sus libros de magia nueva y magia de la antigua religión, pudo avanzar mucho más. También leía al modo normal ciertos libros para niños como los cuentos de Beedle el bardo, el cual le resultaba fascinante, el relato de los tres hermanos.
Más fascinante le resultó por el retrato de Ignotus, que la historia era verdadera, al menos hasta el punto en el que se encontraron a la muerte misma. En ese punto Ignotus le explicó que no era la muerte, sino un Señor Oscuro que se hacía llamar a sí mismo Muerte. Dicho Señor Oscuro tenía tres poderosas reliquias que le hacían invencible y los hermanos con la ayuda de la magia elemental, pudieron detenerle lo suficiente, al menos para arrebatarle dichas reliquias.
Una vez desarmado, Antioch que no se fiaba ni un pelo, del gobierno mágico, decidió matar al Señor Oscuro Muerte, con la maldición asesina. Por ello fue el hermano que se llevó la varita de saúco, la cual no se sabía cuándo fue creada, pero se podía trazar su línea de destrucción y construcción desde el antiguo Egipto hacia adelante.
Luego fue el segundo hermano, Cadmus estaba investigando por aquellos momentos la Nigromancia, que no estaba prohibida, y recogió la piedra de resurrección, una reliquia similar a la varita, en cuanto a la historia.
Ignotus fascinado por la túnica que llevaba el Señor Oscuro, decidió quitársela para experimentar con ella y ver qué tan lejos podía llegar. Y así fue como realmente los tres hermanos del cuento se hicieron con las reliquias.
Sus muertes fueron más bien un tema delicado, puesto que todos tenían familias cuando sucedió. Las reliquias siempre fueron buscadas por los seres mágicos, para poder hacerse con el título de maestro de la muerte.
El primero en morir no fue Antioch, como el cuento relata, sino Cadmus, al ser asaltado por Nigromantes en busca de la piedra, pero al no encontrarla, lo mataron.
La varita de sauco fue otro tema, uno particularmente complicado, debido a que a Antioch se la robaron mientras dormía, pero no le mataron en ese mismo día, sino al siguiente en un duelo, un mago que estaba celoso de lo que tenía. Viéndose sin varita de sauco y sin tanto poder, sucumbió a su oponente.
Ignotus que era más listo y oía con interés los rumores sobre como acabaron sus hermanos, consiguió reunir a las familias de sus hermanos y acordaron entre todos cambiarse el apellido.
Por parte de Cadmus, salió el apellido Slytherin, lo que sería hoy en día el fundador de dicha casa y sus descendientes la familia Gaunt.
Antioch solo tuvo hijas y éstas se casaron entre las Familias Black, Longbottom y Gryffindor. La familia de Ignotus acordó cambiarse el apellido a Potter y así fue como todos más o menos sobrevivieron con nuevos apellidos, escondiéndose de los que buscaban destruir a la familia Peverell.
- Una historia fascinante, abuelo Ignotus, pero la capa de invisibilidad, ¿Me dices que es una reliquia de la muerte? Y que el anillo de los Gaunt, ¿Reside la piedra de resurrección? Increíble, la verdad, lo que podría hacer con esas dos reliquias…
- Si no recuerdo mal, Harry, la capa la tienes en algún cuarto de esta mansión protegida por numerosas salas de magia antigua, ¿Porque no la usas?- Preguntó Ignotus, curioso.
- Debido a que puedo hacer lo mismo con la magia antigua, puedo volverme invisible sin que nadie me detecte y la capa la tengo que llevar conmigo siempre puesta, eso es algo que no es bueno. Se podría perder o peor, me la podrían robar.- Dijo haciendo entender a Ignotus de la gravedad de la cuestión. Sin embargo llevar un anillo colgando del cuello o en el dedo, con la piedra de la resurrección, era mucho mejor activo, sobre todo para la nigromancia, si las sospechas de Harry eran ciertas.
La varita de sauco no le interesaba tanto, él mismo tenía en su poder un báculo que le era muy leal y fiel. Un báculo que era poderoso en su mismo derecho, porque debería preocuparse por una varita. Si, el título de maestro de la muerte era tentador, pero ser inmortal, era mucho tiempo, aunque podría conseguir las reliquias juntas, una vez que hubiera fundado su familia, entonces, la inmortalidad valdría la pena, debido al hecho de que se había asegurado que el apellido Potter perdurara otro par de generaciones.
Moviendo la cabeza un par de veces, se quitó de esas ideas tontas y se preparó para ir al tren en la estación de Kings Cross. Hoy era día tres de enero y ya tenían que volver a Hogwarts.
El viaje en tren de regreso al castillo se realizó sin incidentes aparentes. Daphne y Tracy seguían sin hablarle a Harry, los padres de Daphne se disculparon por ella, diciendo que no entendía que a veces había que hacer decisiones difíciles en la vida y que le diera tiempo. Por supuesto las protecciones en el cuarto de las chicas estarían disponibles, aunque ellas no le hablaran. No era porque estuvieran compartiendo dormitorio con Celeste y Cassiopeia, sino porque era un tema completamente diferente y no por ello, las iba a poner en riesgo, además de que los padres de ambas chicas eran de la alianza de Albion.
Cuando llegaron al castillo, parecía que los ánimos se habían calmado un poco, ánimos desde el incidente en el despacho de Dumbledore. Ahora el hombre parecía más relajado que antes, algo que no le cuadraba a Harry. No era un problema realmente, dado que esperaba tener el resto del año lo más normal posible, pero con el intento de control del viejo a todas horas, se podría volver candente.
Los rostros de Severus y Filius no indicaban que nada malo hubiera sucedido en la ausencia de éste en Hogwarts.
Más tarde Severus le daría a Harry un informe de los planes de Albus, con respecto a Harry para que estuviera preparado, pero no hiciera nada al respecto antes de que sucediera, no querían revelar que Severus había ido a Harry y traicionado a Albus.
En la cena de bienvenida, Albus dio un discurso dándoles la bienvenida de nuevo al castillo y diciendo que las clases se reanudarían en dos días, séase el 5 de enero. *
Eso le daba a Harry dos días libres para re familiarizarse otra vez y adaptarse a los horarios del castillo nuevamente.
Cuando todos estaban en la sala común de Slytherin, Severus sin falta fue a buscar a Harry para hablar con él.
- Señor Potter, sígame a mi despacho un momento.- Dijo en su tono habitual de burlas y desprecio.
- Por supuesto, profesor Snape.- Levantándose del asiento, siguió a su profesor de Pociones al despacho, que estaba situado fuera de la sala común de Slytherin, pero en las mismas mazmorras.
Una vez dentro del despacho, Harry solo dio un golpecito con su báculo en el suelo y pronto salas de privacidad surgieron a la vida.
Severus miró con una ceja levantada, en modo interrogación. Al parecer su estudiante había mejorado mucho más en el poco tiempo que había estado de vacaciones, tendría que preguntarle a que se debía eso, pero como si le leyera la mente, algo que no le gustaba que hiciera, Harry le contó parcialmente, que había hecho la elección y el ritual de iniciación.
- Y eso ahora en que nos sitúa.- Dijo Severus no muy seguro de la posición que los situaba.
- A la alianza en ninguna nueva posición. A mí, me hace un hechicero al completo, ahora mi magia está más… en sintonía, por así decirlo y ya no perderé tanto los estribos, como antes.
- Vaya, eso a Filius, puede que no le guste, se había acostumbrado a tus picos de poder.
- ¡Ja! Si, Maestro Flitwick se llevará una decepción, pero si puede aguantar hasta verano, puede que le dé una buena batalla, algún día del verano.
- Cambiando a otros temas, Harry, ahora que eres hechicero, no necesitas una varita, ¿Verdad?
- No, ¿Por qué?
- Debido a que Albus, sabe o sospecha a dónde has ido estas vacaciones y está mirando legalmente para poder expulsarte de Hogwarts, por no utilizar una varita.- Dijo un poco preocupado.
- No te preocupes, Severus. No puede hacerlo. La Carta que escribieron los fundadores, explica explícitamente que cualquier ser mágico sintiente puede entrar en Hogwarts, utilizando cualquier tipo de foco mágico. Sea varita, bastón, cayado, báculo, vara, etc… él no puede saltarse esa norma a la ligera. En el caso de que lo hiciera, la magia del colegio, puede que no lo reconozca como el director de la escuela y las propias salas le expulsen. Que intente cualquier otro medio para que me expulsen, no me extrañaría, eso nos hace llevar a todos con la cabeza gacha, algo que me temo, no podremos hacer algunos, no con los gemelos Weasley intentando asesinar a la gente con sus bromas.
- Entiendo lo de la Carta de los fundadores, todo Cabeza de Casa tenemos una copia de ella, pero los planes que tiene para ti, creo que podrían tener que ver con lo que se esconde en el tercer pasillo del tercer piso…
- Ah, sí, el asunto de la muerte horrible a todos aquellos que fueran allí. Dumbledore es muy valiente al esconder un Cerberus crecido en una escuela llena de niños curiosos. Imagínate que el perro se escapa y le da por dañar a los estudiantes, eso sería muy mal visto a su dirección. Por supuesto no estoy diciendo que es una buena idea dejarlo libre, solo hacer una suposición.
Hablando del perro, dime ¿Sabes lo que esconde?
- Si, la piedra filosofal. Ese era otro punto que quería discutir contigo y advertirte de no ir a por ella. Es una trampa para que te enfrentes al Lord Oscuro…
- Estás diciendo que Voldemort está aquí, ¿En Hogwarts?
- Obviamente, si quiere que te enfrentes a él por la piedra, es que está aquí. A ver si aprendemos a escuchar Potter.
- Cuidado Severus, yo escucho muy bien. De hecho tengo oídos en todas partes, de la Casa de Slytherin. U olvidas que nuestro querido fundador estaba obsesionado con las serpientes.- Amenazó Harry, sabiendo que Severus se retractaría inmediatamente. Por suerte para él, Harry no tenía deseos de matarle, de momento al menos.
Muchas de las cosas que hizo en el pasado, quedaron en el pasado por Harry, pero no por ello quería decir que podía olvidarse de ello y no estar preparado para una posible traición. Después de todo, gente como Severus Snape, tenían lealtad a ellos mismos.
- Lo siento Harry, no quería llegar tan lejos, pero…
- Si, lo sé. Tranquilo Severus, de momento no me interesa esa piedra. Si en el hipotético caso de que me interesara, creo que se la devolvería al señor Flamel, en señal de amistad.
- Puede que te interese saber, que Nicholas Flamel, es un poco parecido al pensamiento de Dumbledore…
- Lo dudo, el hombre tiene más de 600 años, habrá visto y oído de todo, sin contar que dudo que sea un mago.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Crees en serio que el creador de la piedra filosofal, sea un mago y no un hechicero o un druida? Cuando sobre todo en aquella época mi gente no estaba siendo perseguida y eran muy respetados, en los temas de alquimia.
- Interesante información Potter. Por otra parte debo decirte que Hagrid tiene un huevo de dragón recién eclosionado.
- ¿En serio? Pero si eso son fabulosas noticias, Severus.
- Creo que no quiero saber el porqué.
- Y harás bien, si no la emoción de saber de más, se puede ir al garete. Imagino que Dumbledore irá al rescate de su peón. Gracias por la información Severus, has hecho un buen trabajo.- Dijo Harry adulando un poco al maestro de pociones.
Severus dio solamente una inclinación de cabeza en señal de agradecimiento y reconocimiento que la reunión había terminado.
Disipando las salas de privacidad, Harry marchó nuevamente hacia la sala común de Slytherin, pensando en lo que le dijo Severus. Tendría que informar a los chicos y chicas sobre lo que se avecinaba y que tuvieran extremo cuidado alrededor de Quirrel a partir de ahora.
Sabía que había algo raro en ese profesor tan miedoso de su propia sombra, ahora tenía la sospecha que estaba actuando de alguna manera. Bueno, no era demasiado bueno de un actor si lo que quería evitar era que sospecharan de él.
Llegando a la sala común de Slytherin dio la contraseña para entrar, pero el retrato no se movió. Frunciendo el ceño, pensando que había dado la equivocada, miró al retrato y la volvió a dar.
- Muchacho, han cambiado la contraseña mientras estabas fuera. Deberás esperar al profesor Snape.
- Que te lo crees tú, estanos en la sala común de la serpiente y por ende, el Pársel puede ayudarme.
- Pero para ello tendrías que ser un hablante…- Se vio interrumpido el retrato cuando Harry siseó la contraseña en Pársel. Mejor dicho, más que sisear la contraseña, le ordenó que se abriera y como tenía razón, a un hablante de la noble y antigua lengua, no se le podía dejar atrás y prohibir la entrada, por ello el retrato se abrió un poco sorprendido de que encontrara a otro hablante en el castillo.
A partir de lo que sabía, los hermanos Gaunt eran hablantes de Pársel también, a parte del propio retrato, uno de los hijos de Salazar Slytherin.
Los cuatro fundadores de Hogwarts, se dice que estaban en el despacho del director, para poder aconsejarle en tiempos de crisis, pero era solo eso, pura especulación, puesto que en ese despacho, había cientos de retratos de directores y directoras.
Entrando Harry en la sala común, miró a ver quién fue el tonto que cambio la contraseña sin decirlo a nadie, pero no pudo encontrar en las caras de sus compañeros de casa nada raro. Tendría que especular más adelante sobre ello, ahora le interesaba hablar con los ocho, sobre el secreto que escondía el pasillo del tercer piso.
Dirigiéndose hacia Corvinus, que estaba conversando animadamente con Cassiopeia, le dijo susurrando para que no se enterara nadie, que buscara o avisara a los demás para ir a su habitación común, que tenían cosas de las que hablar, a Cassiopeia le dijo lo mismo, pero refiriéndose a las chicas.
Dándose media vuelta inmediatamente, fue a su habitación a escribir un par de cartas informativas, una a Marius, para que como su abogado estuviera preparado para una demanda contra Dumbledore. Otra al Concilio, para preguntar cómo iban las deliberaciones. Y la última a Regulus, informando que tal vez, pudieran tener un activo mucho más interesante a finales de año.
Mientras que estaba escribiendo la última carta, la puerta de la habitación se abrió y entraron los ocho amigos de Harry, unos con ganas de saber porque habían sido reunidos y otros como Tracy y Daphne, no queriendo estar en la misma habitación que el moreno de ojos verde bosque, con tinte dorados ahora. Algo que las gustaba en exceso sus ojos, pero que se mantenían impasibles, debido a las acciones pasadas de Harry, con respecto al padre de la fallecida hija de muggles, Granger.
- Harry, ¿Qué pasa? ¿Por qué nos has llamado? ¿Es algo malo?- Preguntó Celeste un poco preocupada y ansiosa ante el silencio incomodo que se había producido al ver a Daphne y Tracy.
Celeste no entendía a esas dos chicas porque estaban enfadadas y cabreadas con Harry. Tras pedir a sus padres por una explicación sencilla, ambos padres Gaunt dijeron a sus hijos que Harry estaba haciendo todo lo posible para ponerse en el punto de mira de Dumbledore y los suyos para que, chicos como ellos, de familias antiguas que no pueden ir a Hogwarts debido a las antiguas políticas del mundo mágico, fueran sin problemas actualmente y recibieran una educación y los padres que tenían asientos por derecho propios en el Wizengamot, que pudieran reclamarlos como suyos.
Muchos de esos padres e hijos, eran brujos, hechiceros y druidas, que al año que viene, asistirían a Hogwarts a por una educación.
Por ello se enteró que Harry tuvo que madurar muy temprano, también está de su parte, que tuvo que sobrevivir con muggles que abusaban de él y estar en guardia la mayor parte de su vida, eso era un bono añadido.
Por ello cuando sus padres le explicaron que si el muggle no moría, lo haría después por haberle atacado, más aun, habría ciertas políticas mucho más estrictas en contra de los hijos de muggles o mágicos de primera generación, como se les llamaba realmente o antiguamente. Depende de quién se lo preguntaras.
En definitiva sus padres les contaron a ella y su hermano que Harry, habría momentos que tuviera que hacer decisiones difíciles y que seguramente a ellos les pediría ayuda, una ayuda que no dudaran en dar.
Después de todo, Harry les había ayudado mucho y se lo debían. No se imaginaban donde estarían ahora sin la ayuda recibida.
- No Celeste, no ha pasado nada malo, todavía.- Dijo Harry con una sonrisa sincera. – Os he llamado para informaros de lo que se esconde en el tercer piso. Según una fuente mía fiable, el tercer piso esconde la piedra filosofal…
- ¡La piedra filosofal! ¡La de Flamel!- Interrumpió Draco, haciendo que Harry se molestara un poco, ahora entendía porque el profesor Snape se molestaba con obviedades tan tontas.
- Claro, Draco, ¿De quién si no? ¿A quién conoces que tenga una piedra filosofal, a Merlín?- Dijo sarcásticamente Cassiopeia a su primo, haciendo que el rostro de este adquiriera un tinte colorado.
- Como bien a expresado Draco, si, es la de Flamel. Al parecer se la ha dejado a Dumbledore para su custodia.
- La robaremos ¿No?- Dijo nuevamente el rubio.
Harry lo miró como si fuera estúpido.
- No somos los únicos que irían tras ella. Por desgracia Dumbledore tiene planeado que vaya tras la piedra para poder enfrentarme a Voldemort, que también va tras ella, actualmente.
- Estas diciendo que el Lord Oscuro, está aquí, en Hogwarts… ¿Dónde?- Dijo nuevamente Draco mirando incómodamente alrededor suyo, por si acaso el Lord aparecía por detrás gritando ¡Sorpresa, Draco!
Los demás estaban irritándose por la falta de seriedad en el tema y Celeste empezó a sisear en Pársel para asustar a Draco, para que cerrara la boca.
- Si, Draco, nuevamente el Lord Oscuro, como tú lo llamas está en Hogwarts. No de forma física y el que me vuelva a interrumpir, lo convierto en una silla de madera.- Dijo Harry evitando que le interrumpieran, al menos sacando sonrisas de los que no lo harían y un estremecimiento de parte de Tracy, Daphne y Draco.
Algo que Harry notó y le apenó, dado que había descubierto que le gustaba un poco Daphne, pero si ella no podía estar con alguien como él, peor para ella. Seguro que había muchas chicas que darían lo que fuera para tener a Harry hacerlas caso, cogerlas de la mano e ir en citas románticas con ellas a cualquier parte, pero quitándose esos pensamientos de la mente y ocluirlos en otro lugar, para "fantasear" más tarde, volvió al tema que les incumbía.
- Bien, como iba diciendo, Voldemort se encuentra poseyendo a Quirrel, al menos de forma voluntaria, no sé cómo lo estará permitiendo Quirrel o si sabe lo que está haciendo, per sabed que ahora tendréis que protegeros más contra él. Usad lo aprendido de Oclumancia y tened mucho cuidado si os quedáis a solas con el hombre. Cambiando de tema, es posible que en un futuro no muy lejano, vuelva a tener problemas con Dumbledore y tal vez, me ausente un par de días de Hogwarts, eso no quiere decir que las protecciones en ambas habitaciones desaparezcan, ni que mis elfos os asistan en lo que necesitéis. Ahora, es el momento de que preguntéis lo que queráis.- Dijo Harry haciendo reír a Celeste, Corvinus, Alphard y Cassiopeia. El resto no reía tan abiertamente. Al parecer las bromas de Harry tenían un tinte oscuro que no sabían si se cumplirían.
- No entiendo algo Harry, si Dumbledore quiere que te enfrentes a Voldemort, ¿Por qué tanto paripé en controlarte? ¿Por qué te antagoniza tanto?- Preguntó Corvinus, haciendo asentir a Alphard.
- Lo que yo me pregunto, es ¿Por qué Dumbledore realmente esconde la piedra filosofal aquí? Nicholas Flamel podría esconderla en su casa tras un Fidelius, después de todo es lo mejor para esconder algo.- Intervino Cassiopeia, mirando a su hermano con el ceño ligeramente fruncido.
- ¿Y si tu informante está equivocado? ¿Y si es todo mentira? ¿Por qué tendríamos que creerte?- Pregunto una asustada Tracy, después de todo ella era mestiza y actualmente estaba protegida en Slytherin debido a su afiliación junto a Celeste y Cassiopeia, también era muy amiga de Daphne, pero ella también estaría en problemas de no ser por las protecciones en la habitación de las chicas.
Si había oído los rumores de Parkinson y Bulstrode, algunos de los chicos de quinto, sexto y séptimo año, tenían las intenciones de atacarlas, para hacer sufrir a los padres. A Tracy por ser de nacimiento, lo que era y a Daphne, por ideologías políticas.
- Cree en lo que quieras Tracy, pero yo creo en Harry y si él dice que podemos estar en peligro o al menos nuestras mentes, de Quirrel, entonces es que debemos mejorar en Oclumancia.- Contestó Cassiopeia volviéndose a mirar a las chicas que estaban enfadadas con Harry.
- Pero Harry es conocido por sus decisiones precipitadas y si lo que quiere es que espiemos para él, para así poder matar a otro inocente…- Ahí, tanto Alphard como Corvinus, interrumpieron alzando la voz, de que Harry no mataría inocentes por querer hacerlo. Sin querer Tracy, había comparado a Harry con Voldemort, diciendo o dejando en el aire que ambos se dedicaban a lo mismo.
- Tracy, Daphne.- Comenzó Harry con voz tranquila, pero en el fondo estaba muy decepcionado de ellas. - ¿No es gracias a mí, que vosotras estáis protegidas? ¿No soy yo quien se ha puesto en el punto de mira de Dumbledore y sus secuaces, para que no os toquen? Decidme, ¿Qué os hubiera pasado si no os hubiera dado mi protección?
- Muy valiente de tu parte Potter, pero no me convence…
- ¿Ahora soy Potter, Daphne? ¿Debo llamarte también Greengrass?
- Si, Potter.
- Muy bien señorita Greengrass, si eso es lo que deseas. Dices que es valiente de mi parte el ponerme en la mira de Albus Dumbledore. Yo lo llamo astucia, mientras que él está ocupado planeando como hacerse con el control de nuevo, las familias que no se habían visto por generaciones y que se creían extintas, están saliendo a la luz pública de nuevo y moviendo sus hilos dentro de sus respectivas casas. Tanto en Hufflepuff, Ravenclaw y Gryffindor, la opinión pública de los estudiantes está cambiando. Puede que eso no lo veas todavía, pero es importante, porque las familias menores o menos importantes, tienen padres en la junta de gobierno y sus hijos informan periódicamente a éstos de lo que sucede en Hogwarts.
- No veo que tiene de importancia, lo único que veo, es que quieras para ti la piedra filosofal, para tus estúpidos planes en el Wizengamot.- Dijo despectivamente Daphne, haciendo que muchos levantaran las cejas en clara señal de sorpresa.
Si así era como ella pensaba que iban a limar las asperezas con Harry, estaba muy equivocada. Harry le daría el espacio prometido, que dio a sus padres, pero nada más. Tampoco saldría de la protección de la habitación de las chicas, debido a que Celeste y Cassiopeia estaban con ellas, pero no las volvería a reunir para informarlas.
- Veo, señorita Greengrass, que por lo que sea, estas enfadada conmigo, junto a su amiga, la señorita Davis. Por favor, salgan de nuestra habitación y espero que por vuestro bien, mantengan la boca cerrada…
- O sino qué, ¿Vas a matarnos, como al padre de Granger?- Preguntó cruelmente Daphne.
- No, vuestros padres se verán afectados, pues ellos están dentro de la alianza Albion. Si queréis que vuestras familias sufran por vuestro despecho infantil, que así sea. Ahora salid y volved únicamente cuando hayáis crecido, de lo contrario, no os molestéis en venir a nosotros.- Dijo Harry fríamente, despidiendo a las chicas afectadas.
Con ojos llorosos por el despido de Harry y viendo que su cara no revelaba ninguna emoción, ni siquiera de traición, Daphne y Tracy salieron de la habitación de los chicos y se fueron a la suya.
Celeste y Cassiopeia se veían asesinas y muy molestas con las dos. Por respeto a Harry no las harían nada, pero ganas no les sobraba.
Draco se veía confundido a la cuestión del despido de Daphne y Tracy, ahora habría un vacío de poder o estaría todo normal, como siempre, se preguntaba internamente.
- Bueno, respondiendo a vuestras preguntas, Alphard, Cassie.- Empezó, llamando por el apodo cariñoso que le dio Neville al principio, algo que hizo sonrojar a la mencionada, pero que Harry no se dio cuenta. – Tengo solo pura especulación al respecto. Creo que Dumbledore quiere que me enfrente a Voldemort, para así poder medir de qué pasta estoy hecho. O convertirme en su arma para con él. No estoy seguro. Por qué esconde la piedra filosofal en Hogwarts, creo que es pura manipulación de Dumbledore, para ver de hasta donde soy capaz de ir, por detener a Voldemort. Pero lo que no sabe, es que me da exactamente igual sus planes y manipulaciones. En algo que sí que estaban en lo cierto Greengrass y Davis, era en que la piedra podría resolver muchos problemas económicos en el futuro para la alianza.- Dijo Harry, informando a los presentes.
Con asentimientos de cabeza, indicando que entendían más o menos, Harry les pidió un último favor.
- Necesito que investiguéis por mí las protecciones que hay alrededor del pasillo del tercer piso y también que encontréis un lugar en el que nos podamos reunir, sin tener que levantar constantemente protecciones. Se vuelve pesado después de un tiempo.
- De acuerdo Harry, déjanos a mí y mi hermana la búsqueda del lugar.- Se ofreció voluntario Corvinus, pensando claramente en la cámara de los secretos de Salazar Slytherin.
- Entonces yo, Cassiopeia y Draco, nos informaremos de las protecciones. ¿Cuánto tiempo tenemos…?
- Hasta Abril.- Dijo Harry, haciendo que algunos vieran con sorpresa. Cuatro meses para investigar en el tiempo libre, era muy poco tiempo, pero intentarían no defraudar a Harry. – También necesito que investiguéis la Carta de Hogwarts. Es importante para planes futuros. Y estudiad lo que os vaya dando, no es magia antigua, pero es más avanzada de la magia nueva.- Ofreció Harry la posibilidad de que fueran avanzando con él. Pronto los requeriría para duelos de práctica, si bien quería llevar sus planes pacíficamente, sabía por experiencia, que los cambios no venían solos, sin un tipo de guerra o guerrilla.
Con esas últimas palabras, se quedaron discutiendo que sería lo que aprenderían de Harry. Hasta el momento había cumplido con su promesa y les había ido enseñando Oclumancia y sus bases más avanzadas, para poder protegerse. También les enseñó el encantamiento que el utilizaba y les dijo que lo utilizaran una vez a la semana, hasta que el paisaje mental estuviera listo. Les instó a que solo aprendieran el temario que se daba en Hogwarts de momento, al menos hasta aprender los siete años que darían en la escuela, después, si querían ir de manera tradicional, podrían hacerlo.
Harry les daba la opción de decir que no, algo que no muchos tenían y se veían obligados a obedecer, como los secuaces de Dumbledore y algunos de los mortífagos de Voldemort.
El resto del mes de enero pasó sin mucha ceremonia en Hogwarts. Al final se descubrió que Hagrid tenía una cría de Dragón en su cabaña, por Draco Malfoy y gracias a la influencia de su padre, el dragón fue llevado a una reserva y Hagrid amonestado y pendiente de una multa por intentar criar tal bestia.
Por desgracia Draco, junto con Longbottom y Weasley, tuvieron que cumplir una detención junto a Hagrid en el bosque prohibido. Algo había estado matando unicornios desde un tiempo y Hagrid no era capaz de encontrarlo, por eso pidió la ayuda de los chicos. Dumbledore que sospechaba que era Voldemort, intentó incluir a Harry en la detención, pero no veía como castigar al muchacho sin levantar sus sospechas, por ello se tuvo que morder la lengua y dejar a los tres chicos que cumplieran su detención.
Al final no encontraron nada que les llevara a las pistas y lo único que consiguieron es que los tres muchachos estuvieran muy cansados por el resto del día siguiente.
Febrero, también empezó bien, Harry y los ahora seis, siete si se contaba a veces Theo o Blaise, dependiendo del día, estaban cumpliendo muy bien en sus respectivas clases. Eran los primeros de todo en cada una de las clases. El primero para poca sorpresa de nadie era Harry, siguiéndole los talones Alphard, Corvinus, Draco, Theo y Blaise.
Las chicas lo tenían un poco más disputado. Celeste estaba en completo empate con Cassiopeia, siguiéndolas Daphne y Tracy. Parkinson, Bulstrode y otras iban por detrás.
Lástima que Granger ya no estuviera, ella era una buena competencia para muchas de las chicas de su año, un poco insoportable a veces, pero no se merecía el destino que sufrió.
Al terminar febrero, Dumbledore quiso hacer el movimiento de la expulsión de Harry, pero una visita de su abogado, antes de que Harry hubiese salido del castillo, hizo reconsiderar las cosas y Harry fue rápidamente readmitido, junto con una disculpa en público por las molestias causadas en cuanto a la expulsión.
Al parecer el muchacho y los suyos iban un paso por delante de Dumbledore, algo que tendría que investigar más para el futuro. De momento acordó con Minerva y Severus, dejarlo estar y encargarse de la escuela, algo que debían de hacer como Director y Subdirectora.
Así fue como Harry y sus aliados y amigos, tuvieron una larga temporada de respiro en el colegio.
Harry sabía que Dumbledore no se iba a rendir tan fácilmente y que estaba planeando a largo alcance, pero esperaría pacientemente al movimiento del director.
Mientras tanto, se concentraría en otros estudios como la magia de la antigua religión, el concilio, que llevaba tiempo sin saber de él y por supuesto las protecciones y el lugar de reunión para los amigos de Harry.
Marzo llegó con algún problema por parte de los gemelos Weasley, algo que le llamó la atención a Harry fue que siempre al parecer, sabían dónde encontrarle y arrinconarle.
Solo había algo por el estilo, para hacer tal cosa y eso fue perdido hace mucho, al menos eso decía el retrato de su padre.
Lo que Harry se refería era, el mapa de los merodeadores, un mapa que mostraba a toda la gente de Hogwarts y la mayoría de pasadizos secretos, que tenía el castillo.
Si los gemelos habían encontrado ese mapa, debería hacerse cargo de él de inmediato. Tenían un arma de incalculable valor con ellos y Harry no quería que eso sucediera, tanto porque consideraba a los Weasley matones sin cerebro, como porque el mapa, era una reliquia familiar compartida, entre las familias Potter y Black.
Aparte de ser una pieza de magia de incalculable valor. Sería bueno conseguirlo de alguna forma, pero eso no dio resultado hasta finales de marzo, en la que una confrontación en la biblioteca con los gemelos Weasley y el chico afroamericano, llamado Lee, dio lugar.
La confrontación no fue con Harry, sino con Alphard y Corvinus, los cuales se defendieron bastante bien. Celeste viendo que el mapa estaba descuidado lo convocó con un encantamiento convocador en silencio, su primer encantamiento exitoso en silencio, eso la llevó a fardar de su éxito y entregarle el mapa a Harry.
Con el mapa, las cosas salían mucho mejor para Harry y sus amigos, al menos lograron avanzar en el tema de la búsqueda de un sitio para reunirse.
Al principio iba a ser la cámara de los secretos, pero estaba el inconveniente de que había un basilisco en estasis en la cámara, algo que no quería ninguno, tener que ver. Después alguna clase abandonada, iban a pedir a Harry que pusiera un encantamiento Fidelius, pero sería sospechoso.
Un día, antes de que empezara la segunda semana de abril, la situación se resolvió por sí sola, a la insistencia de Corvinus de seguir a un elfo doméstico hasta el séptimo piso y espiarlo para ver que hacía.
Eso lo hacía por puro aburrimiento, debido a que no tenían que hacer tarea y se estaban quedando sin ideas para los sitios de reuniones.
Por suerte tenían el mapa con ellos ese día y pudieron observar el nombre de uno de los elfos del castillo, dirigirse al séptimo piso y andar tres veces por los alrededores de la pared y esconder algo, detrás de una puerta que apareció de la nada.
Cuando se quedaron solos, hicieron varias pruebas a ver si funcionaba, hasta que Celeste pudo hacer aparecer la puerta.
- ¿Cómo lo has hecho, humana?- Pidió Corvinus con el ceño fruncido.
- No lo sé, solo he pensado como unas tres veces seguidas en lo que quería que apareciera.
- ¿Un baño?
- ¿Qué? Me estoy haciendo mis necesidades, si me disculpas hermano…
- Por supuesto, no tardes, creo que ya hemos encontrado el sitio perfecto.- Dijo Corvinus, dándole privacidad a su hermana para usar el baño, recién aparecido.
Cuando le dijeron a Harry sobre las nuevas noticias, los felicitó a más no poder y les dijo que estaba orgulloso de ellos.
Los Black y el chico Malfoy también tenían noticias sobre las protecciones del tercer piso.
Al parecer a parte del Cerberus, había también una planta del diablo, unas llaves voladoras, un tablero de ajedrez gigante, un troll y un acertijo. La última de las protecciones no pudieron adivinarla.
Harry quería saber cómo consiguieron la información a lo que Draco de mala gana dijo, que su padrino era Severus Snape y sabía de las protecciones y les dijo en un momento dado para hacerles desistir de la idea de intentar pasarlas.
También se les felicitó por un trabajo bien hecho y Harry les aseguró de premiarlos con algo, lo que se le ocurriera en un futuro.
Draco solo pidió que no fueran despertados más con agua fría, que por lo demás no le importaba, aunque sí que le gustaría ver por sí mismo como actuaba la piedra al convertir los metales en oro.
Era normal que quisiera ver algo así, Harry mismo tenía curiosidad también, al igual que todos los que estaban involucrados, salvo Greengrass y Davis, que todavía estaban fuera de los planes y de la amistad de Harry. No por ello significaba que los demás les dieran la espalda, sino que no hablaban con ellas como antes, ahora solo las hablaban lo justo, al menos los chicos, las chicas todavía querían limar las asperezas y hacerlas entender porque Harry era como era. No iba bien, solo el tiempo diría si volvían.
Al final Harry puso en marcha sus planes para que Dumbledore y McGonagall no estuvieran presentes en Hogwarts, cuando decidiera robar la piedra e inculpar en el proceso a Quirrel, algo que todavía no estaba claro en hacer.
Lo primero era hacer que salieran del castillo, algo que era fácil, debido a los planes de emancipación que tenía y Dumbledore todavía se aferraba a la idea de ser el guardián mágico de Harry.
Un sábado por la mañana de abril, tanto Dumbledore como McGonagall salieron del castillo, observados por Harry en el mapa de los merodeadores. Con la petición de que sus amigos le cubrieran por cualquiera que preguntara en donde estaba, Harry se hizo invisible gracias a un hechizo de la magia antigua.
Subió rápidamente hacia el tercer piso, encontrándolo vacío de vigilancia y echó varios encantamientos de detección de salas y protecciones sobre la puerta, encontrándola vacíos de ellos. Abriéndola con un simple Alohomora, entró dentro y puso a dormir al Cerberus bajo un encantamiento estasis. A continuación abrió la trampilla, haciéndose "levitar" o volando sin escoba, como a él le gustaba dar la idea, bajó hasta posarse suavemente sobre el lazo del diablo.
Haciéndose nuevamente visible, solo para que con el báculo diera una luz fuerte y potente, el lazo se retrajo en sí mismo, intentando protegerse. Y abriendo el camino para la siguiente prueba.
Las llaves voladoras eran un poco más… difíciles de manejar. La puerta tenía varias salas que impedían abrirla por arte de magia, también era indestructible a hechizos destructores. Tenía dos opciones en el momento, buscar la llave a la antigua usanza, volando o desactivar todas las salas una por una.
Pero también había una tercera opción y era usar la magia de la antigua religión, algo que ninguno de los profesores previó.
Llamando a su magia, hizo que la llave correcta, volara en contra de su voluntad a la cerradura. Gracias al elemento del aire, pudo hacer el hechizo correctamente. Tenía que tener bastante cuidado de no pasarse o de lo contrario podría destruir las otras llaves y dar claramente indicación de que estaba allí.
Abriendo la puerta y liberando a la llave voladora, pasó a la siguiente habitación, volviendo a volar, para no despertar las piezas de ajedrez mágico, fue por encima de ellas a la siguiente prueba, el troll.
Esa parte era fácil, también lo puso a dormir bajo un encantamiento estasis. No quería tener que matarlo.
Hasta ahora, la única prueba que le había dado en algo que pensar, fue la de Flitwick, las demás eran cosa de risa.
Cuando pasó y vio de qué se trataba la de Severus, dio un asentimiento de compresión ante lo que el hombre hacía. Pociones junto un enigma de lógica, claramente era inteligente y podía ver el valor de mantenerlo como espía, pero aun así utilizaría la magia antigua para congelar las llamas conjuradas, llamas que se parecían a Hellfyre, pero que solo eran eso, un parecido simbólico.
Llamando a la magia elemental del agua, congeló las llamas y las destruyó en el proceso, dejando el paso libre a la última prueba, la de Dumbledore.
Aquí tendría que tener extremo cuidado para no dar alarmas silenciosas o cualquier otra cosa que el viejo tuviera.
Por ello desde la habitación de las llamas negras, lanzó los encantamientos de detección de salas silenciosas, más poderosos que conocía. También lanzó varios hechizos fuertes de la magia de la antigua religión, encontrando solo un par de encantamientos de aviso rápido y alguna sala de escucha, utilizada para espiar si había conversación.
Pero el premio de todas los hechizos de diagnóstico y detección que echó fue lo que había en el centro de la sala, un espejo mágico, pero no cualquier espejo, no era el famoso espejo de Oesed, un espejo que mostraba lo que más quería tu corazón, algo que podría atrapar a los incautos, se decía que el espejo fue creado para tomar la vida del griego conocido como Narciso.
El pobre hombre, que se creía el más hermoso y digno de verse a sí mismo siempre con un espejo en la mano, cayó en los poderes de éste y sucumbió a la muerte por inanición al no separarse de lo que reflejara su reflejo.
Dumbledore era listo, si Harry o Voldemort caían, podrían quedar atrapados para siempre, pero había maneras para conseguir la piedra, por ello con extrema precaución, canceló temporalmente las salas y protecciones de la habitación y entró en ella.
Al entrar en la habitación, caminó con cierta cautela, parándose a unos pocos pasos del espejo y fortaleciendo sus escudos de Oclumancia al máximo para solo verse reflejado él, en el espejo.
El espejo funcionaba de manera similar a la Legeremancia, veía lo que más anhelaba tu mente y lo utilizaba en tu contra, haciendo que tus sentimientos entraran en juego, para evitarlo, se debía de tener fuertes escudos de Oclumancia.
Por ello, aguantando todo lo que podía y más, Harry echó hechizos de la antigua religión para ver si podía sacar la dichosa piedra del espejo, sin tener que romper dicha pieza de arte mágico.
Pasó un tiempo hasta que consiguió dar con la solución y era bajar los escudos para que el espejo le dijera lo que más quería en esos momentos.
Había una trampa sencilla, pero difícil de conseguir a la vez. Era que tenías que desear no querer utilizar la piedra para tus fines, sino protegerla de aquellos que tenían malas intenciones, todo ello, claro engañando al espejo para que viera lo que querías. No era fácil, lo primero que Harry vio fue que tenía una familia a su alrededor.
Harry apartó brevemente la mirada, preocupado de que alguien más estuviera con él, pero era todo un espejismo del espejo.
El espejo, le estaba mostrando a sus padres con él y lo que creía que era Daphne y él cogidos de las manos, sonriéndose mutuamente.
Los padres de Harry parecían estar vivos detrás de él sonriendo alegremente y con un tinte de orgullo en sus miradas.
También pudo observar muchas más personas detrás animando alegremente a Harry y felicitándolo por sus esfuerzos de traer Albion de nuevo.
Era impresionante el poder de alcance, pero Harry se daba cuenta de que era falso, de que todavía no había sucedido y de que sus padres estaban muertos, por ello concentrándose más duro en ocultar ese deseo infantil, en el que claramente triunfaba sin esfuerzos ni perdidas, Harry se vio a sí mismo reflejado en el espejo de Oesed nuevamente, pero esta vez solo.
Con la fuerza mental y de voluntad, fue capaz de conseguir engañar al maldito espejo de que le entregara la dichosa piedra, por ello su mismo reflejo, sonriéndole afablemente, sacó la piedra filosofal de su bolsillo, para mostrársela y volvérsela a meter en el bolsillo de la imagen, pero con la clara diferencia, de que ahora la tenía Harry en su propio bolsillo.
Apartándose con cuidado del espejo sin mirarle directamente y reforzando sus escudos, notó la piedra filosofal en el bolsillo. La sacó lentamente para poder observarla por primera vez, desde que empezó esta aventura en solitario.
La piedra era del tamaño de su puño, de color rojo sangre con vetas negras fluyendo. Parecía que en su interior tenía líquido, tal vez fuera el elixir de la vida, el que te daba cierta inmortalidad.
Volviéndola a colocar en el bolsillo, pero de su túnica, decidió salir por las mismas habitaciones, volviendo a colocar tanto encantamientos y salas por donde había pasado.
Cuando finalmente volvió al pasillo del tercer piso, lanzó un rápido tempus y vio con cierto horror de que eran las cuatro y media de la tarde, se le había perdido la mañana entera en sortear las protecciones.
Decidiendo volver invisible a su cuarto, para que nadie notara su ausencia, o al menos algo de la ausencia dada, Harry se hizo nuevamente invisible y con mapa en mano, fue sorteando a los estudiantes que había por los pasillos.
Logró colarse en la sala común, justo cuando Corvinus entraba, estaba tentado a avisarle o gastarle alguna broma, pero mejor sería prevenir.
Cuando finalmente estuvo en su habitación, esta estaba ocupada solamente por Alphard y Celeste, los cuales estaban hablando sobre la magia Pársel y lo que le encantaría poder estudiarla a Alphard.
Celeste se ofreció a ayudar a Alphard al menos en comprender que era una rama de la magia un poco más fuerte y servía para muchos motivos.
Quitándose el hechizo de invisibilidad, Harry dio un susto a ambos, haciéndolos saltar ligeramente.
- ¡Harry! ¡Que susto me has dado!
- ¿Qué estabais haciendo, aquí escondidos, chicos?- Preguntó con una sonrisa maliciosa.
- No es asunto tuyo, Harry, además no es lo que parece.- Se apresuró a añadir Alphard, tomando un poco el color rojo en su cuello y mejillas.
- Tranquilos, chicos, no voy a decir nada a vuestros hermanos, de que estabais los dos solitos.- Dijo burlándose un poco más, estaba claro para Harry que solo estaban estudiando la capacidad Pársel de Celeste, pues había una serpiente conjurada.
Decidiendo que era hora de salir, preguntó si alguien había preguntado por él y si Dumbledore había regresado.
Al recibir respuestas negativas a ambas preguntas, Harry dio un suspiro profundo de alegría. Yendo hacia su baúl, sacó una caja de terciopelo negra, vacía y sacó de su bolsillo la piedra filosofal.
- ¿La has conseguido?
- ¿Cómo lo has hecho?
- ¿Podemos verla? ¿Ha sido difícil?- Esas y otras muchas preguntas fueron hechas, pero Harry tenía que terminar lo que estaba haciendo antes de responder, por ello, les hizo un ademan a los chicos para que guardaran un momento de silencio, mientras se concentraba en poner hechizos de protección y un encantamiento Fidelius sobre la piedra, actuando él mismo como guardián secreto.
Al parecer funcionó, ya que tanto Celeste como Alphard, estaban mirando en confusión. Llamando a Cronos, le desveló el secreto y le dijo que la llevara directamente a su despacho de la mansión y la guardara junto a su varita.
Alphard y Celeste se veían molestos de que no se la enseñara, pero comprendieron después, que no habían puesto salas de privacidad.
Más tarde, en la sala de los menesteres, como se la conocía realmente, Harry les explicó como la había conseguido, las pruebas que eran, las últimas protecciones de Dumbledore y el espejo. También les explico que para que su última parte del plan surtiera efecto y deshacerse de Quirrel-Voldemort, era necesario recrear una falsa y hacer como si la destruyó en el intento de escapar con ella.
Sería un plan peligroso y se necesitaría la ayuda de todos y todas en el asunto. Un plan que irían haciendo a lo largo del mes, de momento, descansarían y se centrarían en otros temas, para finales de mayo, principios de junio, actuarían.
Mientras que pasaban los días de mayo, Harry y los seis, como fueron apodados nuevamente en la sala común de Slytherin, se preparaban para tomar los exámenes de fin de año, era un proceso tedioso, ya que estaban mucho más avanzados que sus pares, pero tenían que hacer aparentar que estudiaban al mismo ritmo. No querían levantar sospechas.
Entre los estudios, también venían los planes para hacer caer a Quirrel-mort, como algunos de los amigos lo apodaron graciosamente. A Draco no le hacía ni pizca de gracia que se burlaran de un mago tan poderoso, olvidando por completo que Harry tal vez venciera a Voldemort en cuestión de poder mágico. Todavía le faltaba la experiencia, pero estaba casi seguro, de que podría ganarlo en un duelo de poder mágico puro.
De momento se atendrían al plan original de Harry, que era esperar y ver a como reaccionaba ante ciertas burlas en la clase.
Harry se burlaba sin piedad del estatus de sangre de Quirrel alegando que tal vez fuera un hijo de muggles o algo por el estilo, pero siempre cuando la clase terminaba, y Harry estaba más o menos a solas.
A veces funcionaba, otras no tanto, solo se ganaba una pérdida de puntos sustancial, por lo que tuvo que dejar ese tipo de burlas e ir con otras un poco más directas.
A principios de junio, cuando los exámenes estaban a la vuelta de la esquina, Harry se cansó de que Quirrel no hiciera caso y decidió que lo mejor sería emboscarlo en su propio despacho.
Un despacho que estaba fuertemente salvaguardado con salas de protección y evitación de miradas indiscretas.
Gracias al mapa del merodeador, se pudieron dar cuenta, de que el nombre de Tom M Riddle aparecía al lado de Quirrel siempre y a todas partes que iba el hombre del turbante.
Harry, mandando lo mismo que la vez que fue a por la piedra filosofal, hizo salir a Dumbledore, pero no McGonagall de la escuela.
Cogiendo la piedra falsa, fue invisible hacia la oficina del mencionado profesor, que estaba poseído y entrando sin llamar en el aula, lo cerró con un hechizo de la antigua religión, asegurándose que solo Harry pudiera salir.
Girándose visible nuevamente y agarrando con fuerza su báculo, mandó un hechizo de destierro a la puerta del despacho del profesor, para llamar su atención.
Minutos después, el profesor Quirrel salió de su despacho, mirando pálido como una sábana y vio al chico Potter, allí de pie, con báculo en mano.
- ¿Qué quieres ahora Potter?- Dijo despectivamente y sin tartamudear.
- Quiero hablar con tu amo, Quirrel.
- Ten cuidado con lo que deseas Potter, podrías acabar como la sangre sucia de tu asquerosa madre y el bastardo traidor a la sangre de tu padre…- Se vio interrumpido brevemente al tener que esquivar una maldición de corte, bastante fea.
- Cuida tus palabras, Quirrel, no creo que sepas a quien te enfrentas. Ahora haz salir al mestizo de tu amo.- Ordenó Harry fríamente y con un dejo de amenaza oscura en su voz.
- ¡Avada Kedavra!- Lanzó Quirrel la maldición asesina, haciendo que Harry solo la tuviera que esquivar por un poco.
- Así que maldiciones oscuras, entonces un duelo será.- Dijo Harry moviéndose en posición de batalla, con el báculo apuntando en la dirección de Quirrel. - ¡Defodio! ¡Expulso! ¡Crucio!- Fue lanzando la cadena de maldiciones que Quirrel tuvo que evitar para no ser dañado. La ultima casi le toca, haciéndole saltar de la sorpresa al ver que un niño de once años era capaz de evocarla.
- ¡Sectusempra!- Lanzó de vuelta Quirrel, una maldición de Severus Snape, muy utilizada en la guerra.
Harry evocó un escudo azulado de hielo, el cual se llevó por completo la maldición de corte, haciendo caer algunos pedazos en el suelo. Con un movimiento de su mano, los pedazos se convirtieron en picas y fueron directamente hacia Quirrel.
Entonces sucedió, los ojos de Quirrel se tornaron de un color rojizo, tomando posesión Voldemort y con un movimiento perezoso de su varita, un fuego mágico salió, destruyendo las picas de hielo.
- Muy bien Potter, veo que lo haces perfectamente.- Dijo Voldemort sin pizca de tartamudez de Quirrel y sin nerviosismo. – Deberías unirte a mí, juntos podríamos conquistar el mundo. Déjate de estupideces, de un mundo mejor o lo que tu llamas Albion- Escupió con una risa loca.
- Veo que has salido de tu escondrijo, Voldemort, o prefieres Tom.- Contestó Harry, evocando más lanzas de hielo con lo que quedaba de su escudo y lanzándolas a matar.
Mientras tanto, sacó la piedra falsa y la tiró a una parte que estuviera más cercana a Voldemort, sin que este se diera cuenta, acto seguido lanzó un bombarda a la piedra, haciéndola destruir y en el proceso enviando metralla a Voldemort, el cual tuvo que transfigurar un escudo de piedra para no ser dañado.
- ¿Cómo te atreves sangre sucia?- Gritó Voldemort enfurecido, lanzando una cadena de maldiciones asesinas que Harry tuvo que parar, transfigurando las mesas y sillas o poniéndolas en el camino. De momento, el plan original funcionó, la piedra falsa fue destruida y una batalla fue librada en el interior, como si el mismo Voldemort hubiese luchado contra alguien. El problema sería que Dumbledore sospecharía que fue contra Harry, en vez de contra Quirrel, debía pensar en algo rápido para acabar con el lío causado, sino estaría en problemas.
¡Claro! El encantamiento de sueño que utilizó Flitwick con él, pero esta vez sería dirigido hacia Voldemort, lo utilizaría para dormir a Quirrel y ordenar un poco la sala de clases, después mataría el cuerpo que poseía Voldemort, haciendo que éste se fuera, pero antes quería ver de que estaba hecho este Lord Oscuro, un poco más.
- Àirde na gaoithe Shear.- La magia de la antigua religión salió disparada de su báculo, haciendo que un aire cortante fuera disparado hacia Voldemort, sin que éste lo pudiera detener o esquivar. Voldemort fue capturado en medio del aire, haciéndose cortes profundos por éste y chillando maldiciones o encantamientos para poder salir del bucle en el que estaba metido sin mucho éxito.
Con un rugido de furia sin contener, el aire se disipó provocando una onda expansiva que casi tira a Harry al suelo. Los fragmentos de sillas y mesas que había alrededor, salieron volando por todas partes, incrustándose en las paredes y puertas de la sala y el despacho.
El cuerpo de Quirinus Quirrel, estaba cortado, sangrante y sudoroso de toda la magia exhibida en la sala. El cuerpo de Harry estaba fresco como una lechuga, listo para más, haciendo brillar sus ojos dorados, lanzó fuego mágico a través de su báculo, haciendo que toda la metralla de madera y astillas se prendieran fuego inmediatamente, un fuego que intentó controlar Voldemort, pero no podía.
- Haber si eres capaz de manejar esto Voldemort.- Dijo Harry sonriente y contento con el duelo estallado, la verdad cuando se enfrentó a Flitwick, sudó un poco más, tal vez fuera que el cuerpo que habitaba Voldemort era prestado y no un cuerpo propio, pero ya no quería seguir con el duelo y acabar de una vez por todas. Olvidándose por completo de lanzar la maldición del sueño. - Bruthaidh uighean.- La maldición hizo que los huesos de Quirrel dieran un sonoro crujido, como estallando dentro de su propio cuerpo. El cuerpo que habitaba Voldemort, dio un chillido de agonía al caer al suelo, temblando de dolor. No era para menos, el hechizo-maldición que lanzó Harry, servía para aplastar los huesos del cuerpo humano, cuando el afectado estaba vivo y consciente. Lo peor de todo es que los huesos reventarían casi todos al mismo tiempo, salvo los de la cabeza, que lo harían más tarde, para causar el mayor dolor posible.
Tal dolor era, que de repente una nube o un espectro salió de la cabeza de Quirrel y se fue volando antes de que Harry la pudiera desterrar, con un hechizo de exorcismo.
Respirando profundamente, dirigió su atención a Quirrel, para rematarlo, pero se dio cuenta de que no tenía por qué hacerlo, al haber abandonado el cuerpo Voldemort, el hombre había muerto.
Al parecer su alma estaba muerta ya, cuando accedió a compartir su propio cuerpo, solo el cuerpo estaba entrando en descomposición por la pérdida de vida. Harry estaba seguro, que éste fue el que estaba matando a los unicornios del bosque prohibido.
Mirando alrededor de la habitación, apagó las llamas negras del Hellfyre y fue a devolver a la habitación su estado normal, cuando de repente las puertas se abrieron y los profesores Snape, McGonagall y el director Dumbledore irrumpieron dentro. Al parecer la parte del plan que sería mantener a McGonagall y Dumbledore ocupados no había funcionado.
Dumbledore al parecer había vuelto al castillo, sin que Harry lo supiera, tal vez el hombre nunca lo había dejado, no se había molestado en mirar mucho en el nombre de Dumbledore en el mapa de los merodeadores.
- ¡Que ha pasado aquí!- Chillo la profesora McGonagall en estado de shock y miedo al encontrar el cuerpo roto del profesor Quirrel.
- Lo que a mí me interesa, Minerva, es ¿Por qué el señor Potter está al lado del cuerpo muerto del profesor Quirrel?- Preguntó Severus.
- Por otra parte, creo que Minerva y Severus tienen razón, ambos, me pregunto qué es lo que ha sucedido señor Potter y espero que me diga la verdad o su estancia en este colegio, será corta.- Amenazó el director Dumbledore, a lo cual solo consiguió una ceja alzada de Harry.
Evocando sillas para que se sentaran todos, Harry fue el primero en sentarse en su propia, un poco de estilo propio.
La silla de la profesora McGonagall era de color rojo y oro, pareciéndose a la bandera de Gryffindor, la del profesor Snape de plata y verde, como la bandera de Slytherin. La de Harry de un verde oscuro, con franjas doradas, haciendo juego con su aura y la que evocó a Dumbledore, una silla de madera, que se veía completamente incómoda para estar sentados.
- Una pizca increíble de magia, señor Potter, pero mi silla no se ve… muy cómoda que digamos.- Dijo cambiando su silla por una parecida al trono que tenía en el gran comedor. – Así mucho mejor.
- Disculpe Director, pensé que le gustaría la simplicidad de su silla.- Dijo Harry burlándose un poco. – Pero veo que me equivoqué, la próxima vez, procuraré hacerla más cómoda.
- Si bien, quitando el hecho de que hace muy buenas transfiguraciones y evocaciones, señor Potter, ¿Qué es lo que ha pasado aquí?- Volvió a recordar la profesora McGonagall.
- Es simple profesora, estaba caminando por los pasillos y de repente vi al profesor Quirrel entrar en el aula de defensa contra las artes oscuras. Rápido y muy agitado, como si tuviera mucha prisa. Por desgracia me picó la curiosidad y no pude evitar acercarme…- Se vio cortado por un bufido oportuno del profesor Snape y una burla.
- Como su padre, que no puede evitar meter las narices donde no le llaman.- Dijo con un poco de mala intención, para dar énfasis al hecho de que Harry estuviera curioseando.
- Severus, por favor, compórtate, necesitamos oír lo que ha pasado. Por favor, señor Potter, continúe.
- Como iba diciendo antes de la interrupción, me acerqué por desgracia haciendo caso a mi curiosidad. Me di cuenta de que el profesor Quirrel hablaba con alguien bastante excitado, diciendo que la tenía, que la había conseguido y que sería de su maestro.- Dijo haciendo todo lo contrario, debía mentir y parecer veraz en sus mentiras, de lo contrario estaría en problemas. – Cuando me disponía a marcharme, me parece que fui oído por el maestro de éste y me vio, no me quedó más remedio que entrar en el aula. Fíjense mi sorpresa, cuando Quirrel feliz, empezó una diatriba de como su maestro le iba a premiar, por entregarle, no ser que de una piedra filosofal, y de matarme a mí.- Continuo con la historia inventada, mientras en una parte de su mente iba recreando lo que no había sucedido pero que si había sucedido a la opinión de Dumbledore.
Abriendo un poco los escudos, guio a Dumbledore, sin que este lo supiese a donde estaba recreando los recuerdos falsos, haciéndole ver que Voldemort tuvo la piedra filosofal en sus manos por un breve momento, hasta que el duelo estalló.
De todas formas Harry continuó contando la no mentira de como se había batido en duelo contra Quirrel y después Voldemort.
Todos los profesores presentes sabían de su capacidad de magia antigua, así que no dudo en decirles que le lanzó un quebrantahuesos a Voldemort, antes de que éste huyera en su forma espectral.
- Debo decir, señor Potter que es una historia increíblemente complicada y reversada. Pero le creo. Eso no cambia el hecho de que ha matado a un profesor de Hogwarts y tendrá que pagar por ello, por ese motivo me veo obligado a expulsarle…
- Claro, puede expulsarme, pero deberá explicar tanto a la junta de gobernadores, al Wizengamot y al mundo mágico en total, que me ha expulsado por salvar su escuela del espectro de un Señor Oscuro supuestamente ido, como usted dijo.- Mencionó Harry de pasada, como si estuvieran hablando del tiempo y no la inminente expulsión del chico.
- Veo señor Potter, que juega a un juego peligroso. Le voy a dar este consejo, no se haga el listo conmigo, porque está a punto de comenzar una guerra política que jamás podrá ganar, entiende señor Potter.
- Perfectamente director Dumbledore, pero si me expulsa, la guerra política que le llevaré será hasta ver su completa destrucción, política, social y económica, señor Dumbledore. No se equivoque, no soy pobre, exactamente.
- No, no lo es. Está bien, hagamos una pequeña tregua, por unos años en Hogwarts.
- Cree que soy estúpido, su tregua es para ir planeando nuevamente como hacerse con el control de mí, se lo voy diciendo a partir de ahora Dumbledore, no soy el arma de ¡NADIE!- Gritó la última palabra haciendo estallar su aura y disipando todas las sillas, haciendo caer a la vez a los tres profesores al suelo. Y dejando a Harry levitando unos centímetros del suelo.
- Si quiere una tregua, será a mi modo. En Hogwarts se nos tratará neutralmente a mí y mis amigos y aliados, de lo contrario habrá repercusiones, entiende.
- Muy claramente señor Potter, no quería darle a entender que es usted el arma de nadie.- Dijo Dumbledore con un aura pedregosa, compitiendo con la de Harry, levantándose del suelo y quedando a la misma altura que el chico.
- Bien, Dumbledore. Nos veremos en el juicio de los Dursley.- Dijo Harry haciendo que éste palideciera ante lo que iba a venir, se había olvidado por completo que las salas que puso hace tantos años atrás, habían caído al ser los Dursley atrapados por los aurores y encarcelados en celdas de detención.
También estaba el juicio pendiente de Sirius Black y eso sería un suicidio político, porque él Albus Dumbledore, había echado personalmente el encantamiento Fidelius a la casa del valle de Godric.
¡Mierda! Con todo el lio de Potter en Hogwarts había olvidado por completo el mundo exterior y lo peor es que no podía hacer nada políticamente de momento.
Necesitaba volver al Wizengamot como sea, tal vez sus aliados políticos o lo que quedaba de ellos podrían votar para darle un asiento con honores… ya lo vería.
- Bien señor Potter, puede retirarse y… tome 150 puntos a Slytherin por su actuación de hoy.- Dijo Dumbledore reinando en sus emociones y haciendo que sus ojos brillaran, con la intención de penetrar en la mente de Harry, pero no funcionaria. Harry había blindado nuevamente su mente contra las futuras intrusiones del viejo.
- Gracias profesor Dumbledore. Que tengan un buen día, profesores.- Dijo Harry inclinando ligeramente su cabeza al profesor Snape y dándole la espalda al resto.
Con pasos tranquilos y no apresurados, salió del aula y cuando ya estaba lo suficientemente lejos, soltó un suspiro de alivio que no sabía que estaba conteniendo.
Días más tarde se dio a conocer el destino del profesor Quirrel, diciendo que había sufrido un terrible accidente con un experimento que estaba haciendo. Los rumores decían que el vampiro que había insultado, se había tomado su vida, en cualquier caso, la vida en Hogwarts volvió a la tranquilidad de otros años, al ver todos como Dumbledore soltaba un poco de la correa en el juego del tira y afloja que se traía con Potter.
En el tema de la piedra filosofal, Dumbledore dijo la verdad a Nicholas, algo que el alquimista no se tomó a bien. Es cierto que tenía suficiente elixir, como para poner en orden sus asuntos, pero no quería dejar todavía este mundo. Secretamente quería ver como el nuevo Emrys alzaba de nuevo Albion.
Los exámenes de junio llegaron a los alumnos del castillo y con ellos los nervios y algunos ataques de ansiedad.
Sobre todo aquellos que tenían sus TIMOS y EXTASIS en defensa contra las artes oscuras y no tenían idea de que hacer, dado que el profesor Quirrel no había enseñado nada en todo el año. Iba a ser un desastre, muchos de ellos dependían de la nota que sacaran para meterse a la carrera de Auror.
Harry ofreció la ayuda junto a sus amigos de dar alguna clase, pero la mayoría se rió de ellos, salvo los Slytherin y algunos Hufflepuff que agradecían el esfuerzo al menos.
Al final se aceptó la ayuda de Harry y gracias a eso, muchos de esos alumnos podrían ver cumplido sus sueños de convertirse en aurores o rompe maldiciones de Gringotts.
Lo malo de ofrecerse como voluntario para enseñar a algunos de quinto y séptimo año, era que no había tiempo suficiente para prepararlos correctamente, pero los propios compañeros de Harry entendían que no era culpa suya.
Al final de los exámenes de primer año, Harry y los seis aprobaron todo con muy buenas notas, Daphne, Tracy y el resto de primeros años de la casa de Slytherin los siguió.
Al final del año se hizo una fiesta de despedida, celebrando la copa de las casas y la copa de Quidditch.
Ambas copas fueron para la casa de Slytherin empatando con la casa de Gryffindor en la de Quidditch. Al parecer fue el primer empate en el deporte sobre escobas en siglos. Aun así se celebró que un año había acabado lleno de aventuras y tramas entre dos titanes poderosos, ambos de ellos en posiciones distintas, ocupando asientos con amigos y aliados distintos. Se trataban de Albus Dumbledore y Harry Potter Emrys y solo el futuro se aseguraría de traer más aventuras y dramas a la comunidad mágica.
La estación de King Cross estaba llena de padres y tutores que irían a recoger a sus hijos y pupilos del tren que los traía de Hogwarts. Entre la multitud se hallaban las familias de lo que se conocía cono la alianza Albion, familias que estaban en la luz del publico nuevamente y se quedarían por mucho tiempo.
Cuando Harry y sus amigos se bajaron del tren se dieron sus despedidas e invitaciones a pasar unos días de verano en las distintas casas y mansiones de ellos.
Por desgracia para Daphne, su tío Marius invitó a Harry a su casa a pasar una semana, después de que se adaptara al verano en la mansión Potter.
Draco quiso hacer lo mismo, pero su padre no le dejó diciendo que se iban a ir el verano entero a pasarlo a España, a las islas Baleares, donde tenían una pequeña villa.
La razón por la que se iban era porque el juicio de Sirius Black iba a celebrarse y no querían estar presentes, tanto Narcissa como Lucius, ambos tenían que responder mucho a la familia Black por sus acciones.
Titus fue visto para recoger a Harry y llevarlo el mismo día que llegó ante el concilio que se reunía nuevamente en Stonehenge, donde le darían el veredicto de la decisión, de si Harry podía llevar para el siguiente año, un druida o hechicero a Hogwarts.
- Bienvenido de nuevo, Harry Emrys.- Dijo Titus en voz alta para que se oyera entre el público, algo que el Concilio quería que se difundiera por la comunidad mágica, para dejar en claro, que Harry era un hechicero y que tenía la bendición de los Druidas al poseer el título Emrys.
Con ello, partieron hacia un verano lleno de aventuras y peleas en el Wizengamot. Un verano lleno de emoción, que Harry esperaba con ansiedad, un verano en el que Harry estaría libre de los muggles, por primera vez y para siempre. Harry no contaba cuando el verano anterior se enteró de que pertenecía al mundo mágico, debido a que cuando empezó ese verano, todavía estaba viviendo en Privet Drive. Pero este verano, lo pasaría entero con amigos y lejos del mundo muggle, pudiendo aprender un montón de magia y hechicería, como debería de haber sido, desde siempre.
* Nota de autor:
No sé si en Inglaterra se celebra el día de Reyes, pero contando los 13 días de Yule, desde el 22 de diciembre al 4 de enero, imagino que lo normal sería empezar las clases el 5. En el caso de que en Bretaña se celebren las festividades de los reyes magos, pido disculpas por no incluirlas.
Los siguientes capítulos serán más cortos que éstos dos últimos, más que nada me gustaría hacer como un interludio de las experiencias y opiniones de los amigos de Harry.
Una vez que acabe con el verano, nos meteremos en el segundo año, donde habrá todo tipo de aventuras, por desgracia, creo que el profesor Lockhart no aparecerá, nunca me ha gustado ese personaje, es odioso, siento a los que le gusten el personaje, creo que lo mejor sería poner un instructor bueno de defensa, como, no sé, Remus Lupin. Aunque eso todavía no estoy seguro.
