Capítulo 10

Por la noche, Regina y Henry estaban en la mesa de la cocina cenando.

«¿Has ido a ver a Emma?» preguntó el muchacho

«Sí, fui» respondió la morena

Henry esperó unos segundos y al ver que su madre no iba a añadir más, preguntó

«¿Y? ¿Cómo está?»

«No está muy bien. No he podido saber lo que tiene, estaba todavía…ida»

«¡Oh!»

Bajó la cabeza hacia su plato, desilusionado y triste, pensaba que su madre habría podido encontrar una solución para curar a Emma. Regina, por su parte, sentía pena de ver a su hijo en ese estado. Apoyó su mano en la suya para que la mirara

«Mañana, volveré a verla, ¿de acuerdo? Voy a resolver esta historia, te lo prometo»

«Gracias mamá, eres la mejor» dijo el bajando de la silla para abrazarla.

Cuando acabaron de comer, Regina retiró los platos mientras que Henry subía a tomar una ducha. Después vieron un dvd y se fueron a acostar. Regina se acostó pensando en el día que acababa de pasar. La actitud de Emma era realmente extraña. La joven le había confesado que pensaba en ella sin cesar y Regina se había sentido turbada y se preguntaba por qué. Suspiró y cerró los ojos esperando que Emma le diera respuestas en su próxima visita.

A la mañana siguiente, después de haber llevado a su hijo al colegio, Regina se dirigió al hospital. Como el día anterior, se transformó en Snow para tener libre acceso a la celda de la sheriff. Esta vez entró sin tocar y lo que vio la hizo temblar. Emma estaba echada en la cama, totalmente drogada. Sus ojos estaban rojos y vidriosos. Regina se acercó lentamente a la cama y se sentó cerca de la rubia

«¡Oh, Dios mío! Pero, ¿qué le han hecho?»

«Mary…»

La reina miró a la joven, evidentemente, había olvidado deshacer el hechizo de transformación, lo que hizo inmediatamente. La mirada de Emma se iluminó y la morena sintió su corazón encogerse

«Regina, estás aquí…»

«Sí, ¿qué ha ocurrido?»

La voz de Emma no era sino un murmullo y la morena tenía que acercar la oreja para escuchar lo que le decía

«Me han hinchado a medicamentos…»

Ella cerró lentamente los ojos, su cabeza le dolía, los recuerdos de Regina la asaltaban desde todas partes. Las lágrimas descendían por las mejillas. Regina las enjuagó con la punta de los dedos

«Emma, ¿qué le pasa? ¿Por qué está en este estado?»

Y sin reflexionar, las palabras salieron de su boca

«Precio a pagar…»

Regina se tensó. ¿De qué hablaba?»

«¿Qué quiere decir?»

«Magia…»

«¿Qué pasa con la magia?»

Pero Emma no le respondió, había caído en un sueño profundo. La reina la dejó y decidió hacerle una visita a Rumpelstiltskin…

Veinte minutos más tarde, paró el Mercedes delante de la tienda de Gold. Entró deprisa y vio que el hombre estaba en plena conversación con Belle. Al ver a la reina, Rumple se separó de su mujer y le pidió que lo esperase en la trastienda.

«Majestad, ¡qué placer verte por aquí!» dijo con una sonrisa hipócrita

Regina no se dio por aludida

«¿Qué le ha pasado a Emma?»

La sonrisa de la bestia se alargó

«No lo sé»

«No te has el inocente conmigo. Me ha hablado de magia y de un precio a pagar y ¡solo tú hablas de precio a pagar!»

Rumple se echó a reír

«¿Conoces el secreto profesional, querida?

«Así que, ¿admites que Emma vino a verte?»

«Quizás sí, quizás no»

La morena estaba molesta por el comportamiento de su enemigo. Sabía algo, estaba segura.

«¡Habla o arrancó el corazón de tu bien amada!» dijo la reina con voz fría

«No te atreverías a hacerlo» respondió él tono amenazador

Y antes de que Gold reaccionase, Regina se encontró en la misma habitación que Belle. Hundió su mano en su pecho y sacó el corazón puro y rosado de la chica.

«Incluso puedo decirle que te mate con sus propias manos»

Rumple observó la escena horrorizado. Belle sufría llevándose las manos al pecho, lo miraba con mirada suplicante.

«¡Para! Devuélvelo a su sitio, te lo contaré todo» cedió él

«Bien, me gusta más eso»

Regina colocó de nuevo el corazón en el pecho de Belle que echó un gran suspiro, buscando retomar aire. Se dejó caer en el sofá y Gold corrió hacia ella para sostenerla

«¿Estás bien?» preguntó con voz dulce

La joven asintió abrazándose a su amante.

«No tengo todo el tiempo del mundo» dijo Regina con mirada de hielo

La bestia suspiró y se enderezó con dificultad sobre su bastón

«Emma vino a verme hace unos días porque quería utilizar la magia para conocer tu pasado»

Regina se quedó sin voz, ahora comprendía mejor lo que la sheriff había querido decirle en el hospital. La cólera se apoderó de ella, ¿cómo Emma había tomado esa decisión sin haber hablado con ella? Es verdad que la había mandado a paseo cuando le había hecho sus preguntas sobre su pasado, pero nunca hubiera pensado que Emma utilizaría un hechizo para logar sus fines. Entonces, el precio a pagar era la locura, la rubia estaba encerrada porque se lo había buscado. Finalmente el destino hacía bien las cosas. Emma se había metido en la trampa ella sola, lo que dejaba el campo libre a Regina para tener a Henry. Henry. Se quedará devastado cuando sepa la noticia y sin duda nunca perdonará a Regina no haber hecho nada para salvar a su madre biológica. La reina suspiró, a pesar del odio y de la cólera que sentía hacia la sheriff, debía salvarla

«¿Cuál es el remedio?»

«No hay ningún remedio, querida, es un hechizo prohibido, se lo advertí a Miss Swan, le advertí de los riesgos, pero aparentemente, no me escuchó»

«Entonces, eso quiere decir…»

«Que tú serás su obsesión toda la vida…»