Hola a todos! Está vez me tardé menos en actualizar, estaba muy inspirada! jaja me estoy poniendo al día poco a poco y tan rápido como puedo, sin bromas, ahora no sé cuando podré subir la siguiente porque comienzan los exámenes y probablemente tenga la mente ocupada en eso, no quiero asegurar nada, así que espero pronto poder ponerme con eso. Bueno! Me encantaría leer sus opiniones en vista de que desvelamos casi por completo el misterio! Si no han entendido o cualquier cosa pueden preguntar :D
Sin nada más que decir los dejo con la historia! Un saludito :D
Se deslizó debajo del peso de su padre oprimiéndola, tenía que salir para respirar mejor. Cuando estuvo libre se acercó al hombre y lo sacudió para que despertara, tenía unos cuantos raspones en el cuerpo, producto de haber recibido el impacto de la magia de su hermano.
Su hermano...
—Papá— lo llamó. —Papá, despierta...
Shaoran se rebulló unos instantes antes de abrir los ojos, para encontrarse con los preocupados de Shiori. Se sentó soltando un quejido y le acarició la cabeza, ella no tenía ninguna herida superficial para su alivio.
— ¿Estás bien papá?— preguntó la infante.
—Sí, sí, yo estoy bien Shiori...
Ambos se dieron vuelta para mirar al niño que continuaba siendo envuelto por doradas ondas salvajes. Se arremolinaban a su alrededor y arremetían de vez en cuando contra los objetos que allí había. Había destruido gran parte del parque e incluso parecía que continuaría haciéndolo.
— ¿Por qué le pasó esto a Teo?
—Está furioso— explicó el castaño. —Su magia ha despertado por esas emociones.
—No lo entiendo...
—Nuestros sentimientos son los mayores impulsos para la magia, Shiori, se ocupan de fortalecernos, pero depende de cuál sea el que estás experimentando las cosas se pueden salir de control, justo como ahora.
"Sin mencionar que esta presencia es absolutamente poderosa" pensó, no queriendo preocuparla más, ya comenzaba a contener el llanto y detestaba verla sufrir. A toda su familia. Sin embargo, dudaba de que fuera capaz de acercarse siquiera, aquel poder estaba enloquecido y estallaría las veces que quisiera hasta agotar a su hijo.
Y además debía ocuparse de que no lastimara a Shiori.
— ¿Dónde está Hanami?— preguntó Nya apareciendo frente a la pequeña.
— ¡Nya! ¿Dónde estabas?
—Shiori, para que podamos ayudarlos a controlar sus poderes tienen que hacer ciertas cosas antes, no puedo decirte, si lo hago no servirá, tienes que probarte a ti misma y entonces Hanami y yo haremos nuestra parte— volteó a ver al niño. —Hanami tiene que ir con Teo lo antes posible, pero dudo que nos podamos acercar.
— ¿Solo tengo que llevarla con él?— Shaoran se había acercado hasta la criatura y lo había preguntado con una expresión seria.
—No será tan sencillo, pero sí.
— ¿Qué hago una vez con él?
—Hanami se encargará, déjelo en sus manos.
Shaoran asintió y se aproximó a donde la pequeña criatura yacía tirada, su pequeño cuerpo se tambaleaba cuando quería levantarse, sus ojos no dejaban de buscar a Teo y la manera de llegar hasta él.
El castaño la levantó del suelo y la sostuvo firmemente, cabía a la perfección en una mano suya.
— ¿Lo puedes controlar?— le preguntó, impotente, nada podía hacer para recuperar a su hijo.
—Si me rechaza no podré hacer nada, su magia ahora está invadida por el terror y fuera de sí, sin mí Teo no recuperará su paz y lo consumirá el odio que está sintiendo.
—Pues no dejaré que eso pase— soltó. —Espero que estés dispuesta a hacer lo mismo.
Hanami sonrió, el pequeño era bastante parecido a su padre y pudo comprobar que había heredado esa misma mirada protectora, deseó con todas sus fuerzas que se convirtiera en un adulto igual de íntegro. Pero antes de eso debían atravesar esa magia dorada que lucía aterradora.
Shaoran se detuvo cuando lo vio levantarse de donde estaba arrodillado, sus ojos se habían convertido en dos monedas doradas. Notó que su amiga estaba en el suelo y resopló al darse cuenta que ese había sido el causante: Impotencia.
Estaba acostumbrado a lidiar con esa sensación molesta, sin embargo su hijo no, aún era muy pequeño para eso pero comprendía perfectamente cómo se sentía.
Recomiendo escuchar: "See what I've become" de Zack Hemsey.
Una onda de magia tomó la forma de una inmensa garra y arremetió contra el ánima que anteriormente lo había atacado. La aplastó cuanto pudo contra el tronco de un árbol, deseaba asfixiarla, sí... acabaría con ella lentamente...
— ¡Teo!— lo llamó su padre.
—Nadie interferirá...
Abrió una división entre ellos destrozando el suelo que los separaba, Shaoran saltó y fue empujado por una fuerza desconocida hacia atrás. Era muy fuerte y no podía hacer uso de su magia, lo empeoraría todo.
El infante se fue acercando poco a poco hasta el espectro que tenía atrapado. Justo como los había atrapado a ellos.
—Podría arrojarte justo como hiciste con ella, tantas veces como quiera...
Y lo hizo. Con solo levantar una de sus manos el ánima también se levantó y la golpeó contra el suelo varias veces.
Ese niño no tenía pensado exorcisarla, ni nada, él quería destruirla y, lo peor de todo, era que tenía poder más que suficiente para hacerlo.
Se sintió desesperar hasta que vio a su hermano Takuto llegar al lugar. Lo primero que hizo fue intentar capturar al niño.
—Takuto ¡No!
Shaoran realizó un movimiento de manos y sacó su espada a partir de su brazo, un conjuro que llevaba siglos en su clan. Deslizó la filosa hoja por los aires y lanzó una inmensa llamarada invocando al dios del fuego.
Se enfrascaron en una pelea en donde los puños del ánima estaban al nivel de la espada del castaño. Para su desgracia no podía acercarse a Teo.
Shiori sintió la presencia de las dos ánimas restantes un momento antes de alejarse para evitar que la atraparan.
Estaban heridos. Y recordó lo mucho que quería a Kasai, el familiar de su madre, lo mucho que le gustaba jugar con él y que preparan té juntos.
—No quiero pelear...— balbuceó, retrocediendo unos pasos.
—Pues ya no hay vuelta atrás— Botan arrojó miasma pegajoso para que quedara inmovilizada.
Sin embargo un campo de energía dorada rodeó a la niña y no recibió daño alguno. Las ánimas voltearon a ver hacia todas partes hasta que se encontraron con Sakura, Ryu, Mei Ling, Eriol y los guardianes.
—No te atrevas a tocar a mi hija— dijo la de ojos verdes, amenazante.
— ¡Mami! ¡Teo está...!
Cuando voltearon a mirar al niño Jun apoyó las manos en el suelo y unas lianas oscuras nacieron de él, para atraparlos. Kero y Kasai quemaron todas las que pudieron, sin embargo algunas envolvieron a Yue y a Mei Ling. Eriol las destruía con su báculo, pero se dio cuenta de que eran demasiadas, cuantas más rompían más aparecían.
Sakura corrió hacia él con algunos pergaminos y lo obligó a alejarse un poco, pero el efecto del conjuro no desaparecía.
Algo había pasado mientras no estaba con sus hijos, el hecho de ver al niño envuelto en magia dorada se lo decía. No podía perdonarse no haber estado allí, pero esas criaturas tenían habilidades que superaban las que había visto con anterioridad en los enemigos a los que se habían enfrentado. Eran inmunes a sus poderes espirituales. No sabía cómo exorcizarlos.
Shiori, que se había alejado de todos, miró desde su escondite cómo se habían enfrascado en la batalla. No le gustaban, no quería que nadie saliera lastimado. Nadie.
¿Por qué no querían hablarse? ¿Por qué tenían que luchar? Aguantó las lágrimas para no llorar, no le gustaba llorar cuando más la necesitaban.
Miró a Teo una vez más. Su hermano también estaba peleando, de hecho se ocupaba de golpear con sus poderes al ánima que había lastimado a Chiara.
También estaba enojada con ella por eso, sin embargo, no se creía capaz de herirla.
De hecho cuando vio que iba a asestarle el golpe final al crear una inmensa cuchilla brillante supo que no podía permitírselo. No, no quería que Teo lastimara a nadie. Él era un buen niño y un buen hermano.
Corrió tan rápido como pudo, sintiendo la presencia de Nya dentro suyo, parecía darle fuerzas. Hasta llegó a pensar que no llegaría a tiempo para impedirlo pero sentía que volaba en lugar de correr, por la velocidad que había alcanzado a tomar.
Teo estaba allí, tenía que alcanzarlo, que su voz lo alcanzara.
Rápidamente tomó a Hanami del suelo.
Los padres de los infantes sintieron como sus corazones daban un vuelco al verlos a punto de lastimarse. Tanto que se quedaron inmóviles.
No tuvo miedo de que la lastimara, tenía plena confianza en su hermano, incluso cuando se interpuso en medio de los dos con sus brazos abiertos y la magia de él a centímetros de su estómago no temió.
Se miraron. Él estaba dominado por su poder.
—No te metas...— lo oyó decir y negó con la cabeza.
—Primero tendrás que destruirme a mí, Teo.
—Estás traicionándome.
— ¡Jamás lo haría! Yo no quiero que hagas esto.
—Es el enemigo.
— ¿Le harías lo mismo a Kasai?— soltó la pequeña, deseperada porque la escuchara. —Kasai... ella es como él.
—La lastimó...
—Y tú le quieres hacer lo mismo a ella.
—Tú no entiendes nada, tú tienes el poder para protegerla...
Shiori dejó salir las lágrimas que estuvo conteniendo. No por miedo, sino por tristeza. Por supuesto, ese era el problema.
La magia siempre había marcado una brecha entre ambos, desde que tenía sus poderes. Teo se había sentido inferior todo ese tiempo, y ella no se había dado cuenta, incluso siendo su melliza. ¿Cómo no lo había notado? Bajó la mirada, pensando en qué contestar. Debía decirle algo, tenía su atención no podía desperdiciarlo.
Quería que volviera a ser el dulce hermano de siempre.
Fin de la canción.
—Tú siempre has cuidado de mí...— fue lo único que se le ocurrió. —Desde que puedo recordar... ¿Cómo dices que no puedes proteger a nadie?
—Cállate.
—Teo...
— ¡No quiero escucharte!
— ¡Pues lo harás!— le gritó. — ¡Tápate los oídos todo lo que quieras pero no te voy a dejar hacer algo tan malo! ¡Hanami!
— ¡S-Sí!
Shiori corrió hacia el niño y... lo tacleó.
Cayeron más atrás y Shiori aprovechó el desconcierto de Teo para sostenerlo y que la pequeña criatura se adentrara en él.
Su magia dorada estalló por todas partes tanto que los presentes salieron despedidos por la fuerza con la que los empujaba.
Teo sintió las pequeñas manos de Hanami tocarle el rostro. Lo miraba con sus ojos llenos de afecto y él se sentía avergonzado. No quería verla. La había defraudado. Quiso esconder el rostro en sus rodillas.
Alrededor de ambos solo había oscuridad y destellos dorados flotaban por doquier.
—No así Teo... no es así cómo vas a lograr volverte más fuerte.
— ¡No sé cómo Hanami! ¡Solo soy un inútil!
—Claro que no, ¿De dónde sacas eso?
— ¡No pude proteger a Akisuki! La hirieron por mi culpa, no puedo hacer nada porque soy débil.
— ¡Ya te dije que no!— oyeron.
Shiori apareció frente a él de repente, pareció traer luz a todo el sitio ya que se volvió iluminado y bonito. Se acercó hasta el niño y lo abrazó, contenta de que estuviera bien.
— ¿Shiori?
—Te lo dije, tú siempre me protegiste hasta ahora— contuvo el llanto una vez más. —Antes... tú eras quien lloraba todo el tiempo ¿Recuerdas? Éramos pequeños, y siempre que te caías al suelo o no podías hacer algo te ponías a llorar.
— ¿Q-Qué dices tonta?— balbuceó el niño rojo como una manzana.
—Sé que te acuerdas— lo miró, seria. —Desde que obtuve mis poderes solo te has enfocado en desarrollar los tuyos y ahora la que llora soy yo... y eso es porque no tengo tu fuerza Teo— el niño se quedó atónito. —Tú siempre logras mantener la calma en todo momento, en cambio yo me asusto mucho, papá y mamá siempre nos han enseñado que no debemos temer, que la confianza nos da fuerza pero... la magia puede hacer muchas cosas malas... y yo no quiero hacerlas, así que siempre te he admirado por tu valor, siempre quise ser como tú— le sonrió, contenta de ver que sus ojos iguales a los suyos volvían poco a poco a mirarla de la misma manera que antes. —Volvamos, nos están esperando.
Recomiendo escuchar: "You say run" OST de Boku no Hero Academia.
El niño sintió cómo un calor muy agradable le recorría el cuerpo, se preguntó si acaso eso sería la fuerza de la que antes hablaba Hanami.
— ¿Qué haremos nosotros?
—Juntos somos más fuertes.
Los adultos presentes avistaron y sintieron la magia de ambos, desde donde yacían tirados. Chispas doradas los cubrian pero llegaban a vislumbrar sus siluetas. Iban tomados de las manos.
Las ánimas que antes los habían atacado con tanta ligeresa ahora no parecían estar tan dispuestos a dar el primer paso, se veía la cautela en sus miradas.
Entonces los niños comenzaron. Se movían con una sincronización perfecta, sea cual fuere el movimiento que realizaran. Comenzaron capturando a Botan y a Jun en un campo de oro, el cual parecía querer purificarlos mientras los atrapaba. Takuto por otro lado intentó realizar un ataque frontal, sin embargo, por más que asestara sus golpes más fuertes jamás conseguía alcanzarlos. Solo golpeaba magia que los cubría a modo de escudo.
Ambos niños tenían sus ojos completamente dorados, pero no estaban fuera de sí, por el contrario, en ese instante dominaban por completo el gran poder que poseían. Ahora comprendía por qué su amo lo anhelaba tanto.
Teo y Shiori brincaron sobre el ánima y, colocando sus manos sobre su espalda, liberaron un conjuro que ni siquiera conocían. Dejándolo totalmente paralizado.
"Eso es, esta es la respuesta a todas sus dudas" oyeron que les decían las voces de Nya y Hanami en su interior. Parecía como si se hubiesen fusionado.
Los dos que habían encerrado se liberaron destruyendo su barrera pero no se atrevieron a atacar directamente, como si les temieran. Ellos solían escuchar de su madre que las ánimas, por estar en medio de la vida y el más allá, eran seres sumamente perceptivos, que pocas cosas se les escapaban a sus sentidos, probablemente sentían el poder que en ese momento controlaban a la perfección.
—Solo son dos mocosos— resopló Botán. — ¿Por qué no puedo moverme?
—Ese poder... es lo que quieren ¿Cierto?— contestó Jun.
Shiori guió a Teo durante unos momentos, tirando de su agarre, durante un segundo le pareció que perdería la sincronización con él pero la siguió a la perfección. Teo no sabía de magia espiritual, él no poseía esos dones por lo tanto no supo si realmente iba a funcionar su idea sin embargo sentía en su interior que sí.
Colocaron las palmas de sus manos que tenían libres en posición vertical, extendiendo sus brazos hacia adelante, luego cerraron los ojos y, colocando dos dedos a la altura de sus narices, recitaron unas palabras al mismo tiempo.
Entonces dibujaron una estrella con su magia en el aire.
Botan y Jun percibieron la purificación justo cuando les alcanzaba el cuerpo, quisieron evadirla pero no respondían. Unas descargas los cubrieron, rechazando el exorcismo.
"Teo, esto es lo que nos han enseñado papá y mamá... no destruimos a las personas, las ayudamos"
"Sí Shiori, ahora comprendo lo que quisieron decir."
Botan tomó la mano de su hermano para llevárselo pero le tomó tanto tiempo que, pensó, no podrían escapar. Hasta que Susune los tomó y los arrastró lejos.
Los niños quisieron volver a intentarlo pero percibieron una punzada de dolor en sus estómagos, antes de oír las advertencias de las criaturas que llevaban en su interior.
Apoyaron sus rodillas en el suelo destruido del parque para buscar algo de aire fresco, estaban cansados. Era demasiado para sus pequeños cuerpos.
—Hanami... no me dejes ahora— dijo Teo. —No podemos dejar que lastimen a nuestra familia...
"Estoy contigo Teo."
—Shiori, ahora sígueme tú a mí, confía, no voy a lastimar a nadie.
—Confío, Teo.
El niño, sin soltarla, iluminó la punta de dos de sus dedos, con magia. Shiori hizo otro tanto con los ojos cerrados. Se sentía como si su mente estuviera conectada a la de su hermano, como si pudiera ver y hacer todo lo que él.
Con a penas algunos movimientos de sus manos hicieron que brotaran ondas doradas de la tierra, las cuales capturaron a las cuatro ánimas enemigas, envolviéndolas como cadenas, pero no era solo eso.
Parecía como si estuvieran debilitándose, como si fueran a quedarse inconscientes. Aunque luchaban, no eran capaces de liberarse. Eso les daría tiempo suficiente para exorcizarlos de una vez por todas.
— ¡Shiori, purifícalos ahora!— ordenó.
— ¡De acuerdo!
Se concentraron para realizar la labor, ambos eran conscientes de que estaban agotando sus fuerzas pero sentían la obligación de hacer algo para ayudar a sus padres, finalmente podían.
Corrieron alrededor de ellos dibujando un círculo sagrado con los pies. Tan solo debían apoyar las manos en él y dejar salir su energía. Si resistían aquello entonces no habría forma de purificarlos.
Cuando lo hicieron las fuerzas les fallaron, como si estuvieran finalmente agotados. Intentaron realizar el conjuro hasta que las ánimas lograron tomarse de las manos y desaparecer de sus vistas.
Continuaban a salvo por un tiempo más.
Shiori y Teo se dejaron caer al suelo, necesitaban dormir un poco y recuperarse. Se miraron el uno al otro antes de cerrar los ojos.
Y con ello, todo rastro de su magia desapareció.
Hiyoriko permaneció de pie después de ver a Atsushi alejarse de ella.
Recordaba muy bien el día en que él había rechazado sus sentimientos. Lo había hecho con mucho respeto e incluso pidiendo disculpas con una reverencia. ¿Por qué era el que se estaba disculpando? No había hecho nada malo, y aún así continuaba comportándose como si así fuera.
"¿¡Por qué sigues haciendo eso!? ¡Ya levanta el rostro!" le había gritado aquella vez. Tenía el orgullo y el corazón heridos, y la ponía furiosa que fuera tan bueno incluso en ese momento, porque no era capaz de enojarse como, estaba segura, se merecía.
Y se había volteado para llorar, porque no aguantaba más. Sí, lo recordaba más que bien.
Con voz quebrada le había dicho que no importara lo que le costara haría que se enamorara de ella. Porque él le debía su vida y solo podría pagarlo con ella.
—Atsushi...— lo llamó, y lo vio voltearse. —Te amo, aún sigo luchando por el día en que me correspondas.
No estaba segura si el lugar en el que se encontraba fuera el mundo real, o él el verdadero Atsushi. Pero estaba segura que aún así sus palabras le llegarían.
—No lo he olvidado, y espero que tú tampoco, no me voy a rendir hasta que me digas que amas a alguien más.
Lo vio asentir, y desaparecer.
Todo a su alrededor se volvía blanco, excepto por su cofre de usuario. Se encontraba justo frente a ella y se abría lentamente, para dejar ver una luz multicolor brillar.
"Hiyori Natsumemishi, has demostrado tener el corazón acompasado que buscaba para mi tercer usuario, tu desempeño aquí lo demostró, tú mejor que ninguno de los tres sabe que las coincidencias no existen, todo esto estaba premeditado, y por eso sabía que llegarías justo cuando más te necesitara. Todo ha caído donde debía, puedes ir con los demás y decírcelo, pronto nos volveremos a ver."
Abrió los ojos. Su guardaespaldas estaba a su lado tomando su mano y apoyando su frente en ella. Lucía más que preocupado, probablemente le había dado un susto.
—No me ha pasado nada malo...— balbuceó, agotada. — ¿Por cuánto he dormido?
—Un par de horas.
—He... visto a mi madre...
—Me alegra oírlo— se miraron. — ¿Se siente bien?
—No puedo mover un músculo.
El muchacho la levantó y la cargó en su espalda, a sabiendas que lo mejor sería llevarla a casa y que descansara. En cambio ella, al ver hacia donde era conducida, opuso resistencia como pudo.
— ¿Qué sucede?
—No me iré aún, tengo que ir donde están los demás...
—Podría ser muy peligroso, desde que llegamos se ha involucrado en una batalla que no es...
—Sí es— lo interrumpió. —Ahora lo es, así que por favor llévame, es una orden.
De mala gana pero lo hizo. Caminaron un rato por las calles congeladas en el tiempo de la brecha temporal, en silencio. Hiyoriko le había dado un amuleto purificado por ella para que no quedara detenido también, era bien sabido que las personas sin poderes no podían moverse en ellas.
Al llegar se encontraron con la mitad de sus conocidos sentados en el suelo o sobre los bancos del parque, lucían agotados pero relajados en fin.
Sakura y Shaoran envolvían a sus hijos en sus brazos mientras revisaban si tenían heridas de algún tipo, no encontraron nada más que un par de raspones. Un poco aliviados se permitieron suspirar, habían estado mucho más que cerca de perderlos. Se reprochaban al máximo haberlos dejado solos de esa manera.
—No volverán solos de la escuela ya...— murmuró Sakura, tomando la decisión.
—Me ocuparé de que Ryu vaya y vuelva con ellos cada día, y pondré algunos agentes del clan a que los vigilen mientras están en la escuela, no volverán a tocarlos— tomó su mano. — ¿Te encuentras bien?
—Me... me asusté mucho...— bajó el rostro para que no la viera llorar. Él la rodeó con los brazos para confortarla un poco, se sentía bastante inútil al no poder darle más seguridad que la promesa de que los protegería.
—Esas ánimas son mucho más poderosas que las anteriores con las que nos hemos enfrentado.
—No fui capaz de exorcizarlas... ¿Qué se supone que debo hacer?
—Tranquila Sakura— la tomó por los hombros para obligarla a que lo mirara. —No estás sola... estoy aquí y haré todo lo que pueda también, pero no estás sola.
Asintió pasado el rato de sorpresa. No acostumbraba a ver el ímpetu de Shaoran con esa expresión preocupada, eran demasiadas emociones acumuladas por esos días y, supuso, era normal verlo colapsar también, incluso aunque continuara intentando darle fuerzas. Aferró sus manos y le sonrió lo más que pudo, ambos estaban muy inquietos, juntos era más factible que se calmaran.
El resto se acercó hacia donde estaban, incluida la joven que recién llegaba, y rodearon al matrimonio que sostenía a los pequeños, algunos estaban más golpeados que otros, pero la mayoría no parecía tener heridas de gravedad.
— ¿Están todos bien?— preguntó ella mirándolos.
—Sí, podría haber sido mucho peor— contestó Eriol.
—Con el orgullo herido, pero sí— añadió Ryu y los demás asintieron. — ¿Y los niños?
—Están bien, se han quedado dormidos— suspiró. —Sí podría haber sido mucho peor...
—Tienen un potencial de miedo ¿eh? Fiu... quedé atónito, pensé que se me pararía el corazón si me seguía golpeando esa energía.
—Ahora tienen que aprender a controlarla— dijo Kerberos.
—Ciertamente...
Se pusieron de pie al oír aquella voz. Miraron hacia todas direcciones para divisar al desconocido que había hablado, sin resultados. Luego percibieron una enorme presencia que les quitó el aliento y muchos se arrodillaron en el suelo, buscando oxigenarse.
En el cielo apareció una luz cegadora y de ella surgió una un poco más pequeña, rodeada de destellos de todos los colores posibles. Shaoran, Eriol, Hiyoriko y Sakura se la quedaron mirando como si fuera la aparición más extraña que hubiesen visto jamás, recordaban perfectamente cuando la habían visto en sus pruebas.
—Eres tú— balbuceó la de ojos verdes. Fue la única que se quedó en su sitio, abrazando a sus hijos, protegiéndolos.
— ¿Has venido a explicarnos por fin lo que está pasando?— preguntó Shaoran, malhumorado.
—Sí, ya es hora de que ustedes sepan para qué los he elegido.
—Bien, me gustaría escucharlo.
—Usuarios de dragón— dijo, e instintivamente dos dieron unos pasos al frente, Hiyoriko no, porque continuaba muy débil y Atsushi aún la cargaba. —Los he elegido para otorgarles momentáneamente una habilidad, ustedes tres: la ofensa, la defensa y el descanso, son los componentes que necesitaba para alcanzar el equilibrio que preciso para proteger esta ciudad y, con su ayuda, mantendremos la paz que aquí existe.
— ¿Qué es lo que va a pasar?— inquirió Eriol.
—Tomoeda será destruida para crear una ciudad en la que los espíritus serán los que habiten, y después expandirla hasta hacer desaparecer a la humanidad.
— ¿Quiénes son los que planean esto?
—Aquellos que hasta hace un momento los estaban atacando.
— ¿Por qué no podías contarnos todo esto antes?— quiso saber el castaño.
—Porque primero debía saber que eran ustedes a quienes buscaba, y además, me lo estaban impidiendo mediante un conjuro antiguo— silencio. —Para lograr este objetivo necesitan una cantidad de magia descomunal, por eso, con el paso de los años, fue primordial hurtarla de aquellos más fuertes en esta ciudad, que es donde habita un elevado número de ciudadanos con poderes mágicos, a ellos y a mí.
— ¿A ti? ¿Cómo que a ti?
—Yo soy la entidad responsable de otorgar magia a aquellos elegidos por mí— todos quedaron atónitos. —La fuente de poder que emana de mí es inagotable, por lo tanto, aquel que se haga con la manera de hurtarme será capaz de usar la magia a su antojo, como es el caso del enemigo que tenemos en común. Lentamente me voy debilitando, y para evitar que la magia desaparezca para siempre y solo la controle un único ser, es que los necesito a ustedes. Me utilizarán de la misma manera que ellos, les daré fuerzas que no creían que podrían llegar a poseer y, combinado con su magia, realizaremos un viejo hechizo para expulsar lo que me ha sido robado, ese es el plan.
— ¿Y qué debemos hacer?— preguntó Hiyoriko, comprendiendo un poco mejor la situación. —Porque estoy segura de que no será tan sencillo como lo planteas.
—No, no lo será.
— ¿Entonces?
—Antes necesito dos cosas: un enorme poder que los ayude a expandir el hechizo por toda la ciudad— su luz chispeó como si perdiera intensidad, luego se recompuso. —Shiori y Teo Li son quienes lo poseen, juntos son capaces de hacer cosas increíbles, y serán capaces de recibir tanta magia y expulsarla usando la suya propia, para ello deberán aprender cómo controlar sus poderes antes, o nuestros esfuerzos resultarán ser banales.
—Suponiendo que te deje usar a mis hijos como tú estás diciendo— dijo Shaoran, casi escupiendo las palabras y apretando los puños. — ¿Qué es lo segundo que necesitas?
Silencio. A los presentes les dio mala espina lo que escucharían. Sakura dejó que Yue y Kero se ocuparan un momento de los pequeños para acercarse a su esposo y tomar su mano, tenía un muy mal presentimiento y por un momento se asustó, miró fijamente hacia la luz que resplandecía a unos metros sobre ellos como si de esa forma fuera capaz de leer sus pensamientos, si es que tenía pensamientos.
—Lo segundo que necesito... es un corazón íntegro que además posea poderes poderosos...— otro silencio, pero más corto que el anterior. —Yo no puedo otorgarle mi poder a cualquiera a mi antojo, tengo una manera de proceder que no puedo contradecir aunque lo quisiera. Esta persona será el puente entre ustedes y yo, será quien se fusionará conmigo, entregándome toda su magia para así yo poder brindársela a ustedes.
—Si lo hace, morirá, las personas que se quedan sin magia colapsan.
—Se requerirá ese sacrificio.
Eriol, al ver que Shaoran bajaba la mirada al suelo de la impotencia que estaba sintiendo (aseguraba que estaba odiando al ser que tenían enfrente), se apresuró a preguntar él, aún tenía muchas dudas.
— ¿Ya has elegido a esta persona?
—Sí.
— ¿Y a quién pretendes usar como si fuera un juguete de tu propiedad?— soltó el castaño, su esposa lo miró, preocupada.
—A Sakura Kinomoto.
