Harry tenía la mirada perdida, con la cabeza apoyada en sus manos, sentado en una silla sin dejar de castigarse.
Había sido su culpa, estaba seguro, todo aquello tenía que ser por él. Su mente vagaba más allá del tiempo y numeraba una por una todas las tragedias en las que se había visto envuelto.
Primero sus padres, luego Cedric Diggory. Más tarde su padrino, Albus Dumbledore, Ojo Loco, Fred, Lupin, Tonks, y Dobby.
Todos habían estado para él cuando lo necesitó. Lo habían ayudado desde un primer momento, sin dudar un solo segundo.
Ahora, Andrómeda y Ted habían sido asesinados.
Un ardor le recorría el cuerpo y su estomago solo quería vomitar la nada. Quería correr, patear e insultar a todo lo que se le cruzara.
Necesitaba romper algo, para luego darse cuenta que eso no lo ayudaría en nada. Pero lo necesitaba.
La ira y la tristeza se chocaban en su mente, peleando el primer lugar en su lista de sentimientos. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos, pero no caían. No lograba conseguirlo.
A su alrededor, las caras no eran mejores.
Pese a necesitarlo, Ginny no se animaba a acercarse a Harry. Los ojos de la chica estaban rojos y en su cara se veía el dolor que sentía por el chico.
Ella sabía lo que pasaba por su mente, pero no podía decirle nada. No la iba a escuchar. No en ese estado. Simplemente podía estar allí, a su lado, sufriendo en silencio por él.
Arthur y Molly, no cabían en sus cabales, con respecto a lo que había sucedido. Si bien nunca habían compartido demasiado junto a los Tonks, sentían un gran cariño hacia el matrimonio. Y su pérdida les dolía profundamente. Sobre todo, porque las circunstancias en que había sucedido aquello, eran horrorosas.
A unos metros de donde estaban Harry y los Weasley varias personas conversaban con un tono de voz casi inaudible pero acalorado. Entre ellos resaltaba Kingsley Shacklebolt, Ministro de Magia, Diane Jones y Robert Grinn, ambos aurores ya entrados en edad.

La noticia había llegado al Ministerio unas horas después del acontecimiento. Una vecina había oído los ruidos y dio aviso. Cuando los miembros del Ministerio llegaron a la casa de los Tonks, lo único que encontraron fue una escena espantosa.
El matrimonio muerto y el llanto de un pequeño a todo pulmón escaleras arriba. Nadie entendía como era que había sobrevivido.
Cuando Kingsley fue notificado del homicidio, puso al niño al cuidado de Arthur y Molly Weasley, y envió un grupo de Aurores a trasladar a Harry y Ginny hacia la Madriguera sin que se les informara que era lo que había sucedido.
Al aparecerse en la casa, Harry vio que había mucha más gente de la que esperaba y un bebé le llamó la atención. Su corazón dio un vuelco cuando reconoció a su ahijado, durmiendo en brazos de Molly.
La comprensión de lo sucedido tardó en llegarle a su cerebro unos segundos. Arthur fue quien le dio la noticia.
Harry explotó en un ataque de ira hasta que Ginny logró calmarlo antes de que alguien le lanzara un hechizo.
Y allí estaba, sentado tratando de comprender, mareado, y enfermo de lo que estaba sucediendo.

Kingsley dejó de conversar con los aurores y giró sobre si mismo para caminar hacia Harry. El ministro se veía agotado, donde antes había una cara amistosa y jovial, ahora solo podían verse signos de cansancio.
Harry sintió una mano que se apoyó sobre su hombro, pero no pudo identificar de quien era hasta que escuchó una voz profunda y segura.
-Harry, ven conmigo – le dijo Kingsley desde atrás con su mano apoyada en el hombro del chico. A veces, un simple contacto sincero infunde mucha mas confianza que las palabras, y Kingsley sabía eso. – Necesito hablemos un momento.
El chico no dijo nada pero se levantó de la silla y siguió al ministro hacia el living de los Weasley.
Allí estaban sentados los dos aurores, en silencio, por lo visto aguardando a que Kingsley hablara primero.

-Toma asiento – le dijo Kingsley a Harry señalándole el sofá donde años atrás había recibido la herencia de Dumbledore. Harry se sentó pero siguió en silencio. No sabía que decir. – Realmente sentimos lo que sucedió con los Tonks Harry. Pero lamentablemente no tenemos tiempo para lamentarnos en este momento.
Harry miró a los tres, con un dejo de confusión en su rostro.
-¿Qué significa eso? – inquirió el chico.
-Significa que debemos tomar algunas decisiones, bastante importantes. Y como ahora eres miembro del departamento de aurores, y este caso te influye demasiado debemos aclarar algunas cosas. – Kingsley hablaba pausadamente – El primer punto que quiero tocar y que realmente me preocupa, es el destino del pequeño Teddy.
-Se va a quedar conmigo – Harry casi rugió las palabras. No quería que su ahijado pasara lo mismo que él había sufrido. Toda su vida alejado de su padrino.
-Era lo que pensaba – dijo tranquilamente el ministro, pasando por alto el exabrupto de Harry – Ten en cuenta, que no es solo una decisión tuya Harry, creo que deberías conversarlo con la señorita Weasley.
Por primera vez en el último tiempo Harry sintió que había algo que tenía mas valor que su novia. No por ello, Ginny era menos importante, pero pasara lo que pasara, Teddy iba a tener un un hogar como el que se merecía.
-Bien, ahora Harry, si me permites, tengo una noticia que quizá no te alegre, pero al menos nos va a mantener ocupados un tiempo. - Kingsley lo miraba a los ojos – Por este horrible suceso, se han puesto en alerta muchas personas, entre ellas la orden. Y gracias a eso hemos obtenido información de donde se encuentra actualmente el señor Malfoy.
-¿Qué? - preguntó Harry – ¿Lo encontraron?
-Sabemos dónde está, pero lo tenemos vigilado. - Ahora Grinn era el que hablaba. El aurro miró a Kingsley – Insisto, debemos capturarlo ahora y ver qué es lo que sabe. Si se llega a ir vamos a quedarnos con las manos vacías.
-¿Por qué aún no lo han capturado? - Harry estaba comenzando a sentirse mínimamente mejor. El hecho de tener algo de que aferrarse, tener un objetivo, lo ayudaba a no desmoronarse.
- Porque estábamos esperándote a ti Harry – le dijo Dianne – En este momento lo tenemos vigilado, no se va a escapar. Y nos gustaría que nos acompañes.

El momento de comenzar a actuar había llegado, así lo veía Harry. Desde el primer ataque en Grimmauld Place, sentía que necesitaba hacer algo. Ahora iba a poder hacerlo.
Los dos aurores y el Ministro conversaron con Harry al respecto de cómo serían las cosas de ahora en adelante. Si bien el departamento de Aurores estaba más que atareado, los dos Aurores iban a trabajar junto a Harry y algunos miembros de la Orden para llegar al fondo de todo eso. El primer objetivo era capturar a Draco Malfoy para saber quién lo había enviado ese día a Grimmauld Place y por qué, ya que la Hermana de Nott no les había dado ninguna información útil.

-Ginny, necesito hablar contigo. – Le dijo Harry a su novia un rato después de la conversación con Kingsley y los Aurores. La chica lo miró y vio con cierta alegría que Harry tenía un brillo nuevo en los ojos.
-Vamos a mi habitación – le dijo ella señalando la escalera.
Subieron dejando a los Weasley con Teddy y los miembros del Ministerio.
-¿Qué sucede? – le dijo ella mientras cerraba la puerta tras de sí.
Harry tenía cierto temor a como ella reaccionaría a lo que el tenía que decirle.
-Es sobre Teddy – le dijo él. No tuvo que decir mucho más, por lo visto Ginny había comprendido la pregunta antes de que el la hiciera.
-Se quedará con nosotros, supongo. – le dijo ella. Por su mente pasó una imagen de ellos dos paseando con Teddy por el callejón Diagon – No tienes que preocuparte por eso Harry, es lo mejor para el niño y sabes que yo lo adoro. Va a estar bien con nosotros.
-Gracias – realmente Harry estaba agradecido por como Ginny solia entenderlo. A veces ni siquiera debía hablarle para decirle las cosas. Ella de alguna forma ya lo sabía.
-Hay algo más ¿No es así? – Ginny levantó una ceja al decir eso e hiso que Harry viera a Molly reflejada en su rostro – ¿Qué es Harry?
-Voy a trabajar con el Ministerio, eso ya lo sabes – le dijo el – Y vamos a ir a buscar a Malfoy.
-¿Malfoy? – Ginny no entendía.
-Por algún motivo estuvo esa mañana en Grimmauld Place, y si algo sabemos es que no fue a buscar ayuda. Estaba asegurándose de que estuvieras allí. – le contestó Harry. Estaban los dos sentados sobre la cama – Alguien lo debe haber enviado, y queremos saber quién ha sido.
-¿Cuando irán?
-Esta misma noche – Harry vio el miedo dibujarse en la cara de Ginny – No te preocupes, vamos a estar bien. Iré con dos aurores experimentados, y alguien de la orden. No debes preocuparte.
-Eso significa que no vamos a seguir escondidos – Si bien representaba cierto peligro, Ginny estaba contenta de que sea así.
-Nos quedaremos en la Madriguera por unos días, luego volveremos a Grimmauld Place. Con Teddy – Harry no supo que fue la expresión de Ginny, por un momento dudó. - ¿Estás segura sobre esto?
-¿Sobre qué? – le pregunto Ginny, pero no lo dejó contestar – Si te refieres a que vayamos a vivir juntos, nos casemos, y adoptemos a tu ahijado, si, estoy segura. La pregunta sería si tu estás seguro. Y si confías en que puedo hacerme cargo de Teddy.
Harry sonrió al escuchar eso.
-Si, estoy seguro. – No dudaba en lo más mínimo.

La noche cayó y en la casa solo estaban Los Weasley y Harry.
Grinn le había dejado instrucciones de cómo llegar a un pequeño pueblo en las afueras de Londres donde se suponía se encontrarían para ir en busca de Draco Malfoy. Debía aparecerse, a las 11 de la noche por medio de un trasladador que le había dejado. Era una lata de atún oxidada casi por completo.
Ginny se había llevado a Teddy a su habitación donde estuvo jugando un rato hasta que el sueño comenzó a vencerla, por lo que intentó dormir al pequeño Teddy.
Una hora después Ginny estaba completamente dormida junto a Teddy que miraba hacia el techo, completamente despierto pero sin moverse, como si no quisiera perturbar a la pelirroja.
Harry se acercó a ambos, le dio un pequeño beso a Ginny y otro a Teddy.
-Nos vemos más tarde – les dijo en un susurro. Teddy le sonrió y cerró los ojos.

Harry bajó las escaleras y caminó haciendo el menor ruido posible hacia la cocina.
Arthur estaba allí con una taza de café en la mano y miró al chico.
-¿Duermen? – le preguntó el Weasley.
-Pareciera que Teddy durmió a Ginny – Harry se sonrió al decir eso. Pese a todo eran una familia, no convencional, pero una familia al fin.
-Ten cuidado Harry. Ginny es fuerte, pero si te sucediera algo no creo que pudiera seguir adelante. – Harry nunca hubiera creído que Arthur dijera algo así de su hija. No solía hablar de esa forma.
El chico asintió gravemente y tomó la lata que estaba sobre la mesa. El aire lo tragó y lo llevó a varios kilómetros de distancia.

-¿Qué demonios? – Harry lo dijo en voz alta, aunque su intención había sido solo pensarlo. Miro sus pies que estaban sobre un pequeño arroyuelo donde el agua estaba estancada rodeada por pastizales que casi lo cubrían por completo.
Miró hacia todos lados, pero la oscuridad no lo dejaba ver más allá de unos pocos metros y eso gracias a que todavía quedaba un vestigio del cuarto de luna del dia anterior. Buscó entre su ropa y sacó la varita.
-¡Lumos! – Con una sacudida el lugar donde estaba parado se iluminó.
A su alrededor solo había pastos altos, pero ninguna señal de vida. Algo en su cerebro le dijo que no había estado bien encender la varita. Volvió a moverla y la luz se apagó.
Si ese era el lugar donde debía aparecerse, se dijo Harry, allí iba a esperar. No quería cometer errores desde el primer momento.
A los pocos minutos, cuando Harry estaba empezando a impacientarse una voz susurró desde algún lado.
-Harry, ven. – Era una voz femenina – Sígueme
Detrás de el, Dianne había aparecido en completo silencio haciéndolo sobresaltar, Harry apuntó con su varita hacia la Auror.
-Te desarmaría solo mirándote Harry – le dijo con una sonrisa de costado – No tenemos mucho tiempo, vamos.
Harry la siguió caminando detrás de ella entre los pastizales, hasta que la mano de Dianne cerró su puño indicándole que se detuviera. Ella apagó la luz de su varita y tomó al chico por la muñeca.
-¿Por qué no nos aparecemos? – preguntó Harry mientras era guiado en la total oscuridad por Dianne.
-Hay hechizos detectores por todos lados. Por lo visto o nos están esperando o son una parva de paranoicos- Dianne caminaba más rápido en dirección a unas sombras altas que parecían una arboleda.
-¿Están? – Harry susurraba lo más bajo que podía, el silencio a su alrededor lo aturdía – ¿Hay alguien más con Malfoy?
-Dos personas más. Grinn y Charlie los están vigilando a unos metros – le contestó Dianne. Ya estaban llegando al linde del bosque. Casi unos doscientos metros mas allá podían verse unas tenues luces que salían de una casa. – Por aquí.
Ambos siguieron caminando hasta llegar al otro lado del bosque. A Harry le llamó la atención la ausencia de animales, solo podía escucharse el viento mover algunas hojas, pero en ese lugar, no había nada vivo. Solo ellos.
Al llegar al otro limite del bosque, Harry distinguió dos figuras agachadas que observaban una pequeña casa en el medio de la nada misma. Ni siquiera la cubría un árbol. Era un descampado, con pastos que no se cortaban hacía bastante tiempo, en el cual la casa resaltaba por las luces de una vela en el interior. Entre las sombras pudo distinguir dos que se movían.
- Hola Harry – Dijeron a coro Grinn y Charlie sin mirarlo.
-¿Pasó algo? – preguntó Dianne a sus dos compañeros.
-Aún nada, siguen discutiendo. – le respondió Charlie. En el interior las dos figuras movían los brazos y de vez en cuando se podía ver la silueta de una varita en las manos de una de las figuras.
-¿Cuál es el plan? – preugntó Harry. En su interior, saber que las respuestas estaban a unos metros de él lo ponía ansioso.
-Esperar a que salgan. No pueden quedarse allí por siempre. Cuando se separen iremos por ellos – Respondió Grinn autoritario.

Pasaron dos horas en las cuales los cuatro compañeros no quitaron la vista de la casa. La discusión que tenían las figuras dentro no había cesado, sino que estaba más acalorada. Ahora podían verse a tres personas, de las cuales Harry creyó reconocer a Malfoy por su barbilla puntiaguda.
El tedio de la espera los estaba venciendo cuando varias cosas sucedieron en unos segundos.
Un resplandor escarlata brilló en el interior de la casa. Se escuchó un grito de furia y luces rojas y azules comenzaron a brillar en el interior.
-¡Vamos! – Gritó Grinn a sus compañeros – Antes de que se maten entre ellos.
Grinn corrió directo hacia la puerta de entrada seguido por Charlie, Harry y Dianne a lo último. Cuando estaba a unos dos metros de la puerta Grinn sacudió su varita y las bisagras volaron en pedazos haciendo que la puerta cayera hacia dentro.
-¡Desmaius! – Fue el primer hechizo pronunciado por los Aurores. Draco Malfoy cayó en el lugar donde estaba parado con la varita apuntando hacia una persona que estaba en el piso.
Falta uno, pensó Harry. Miró hacia todos lados mientras Dianne y Charlie corrían escaleras arriba en busca de el que faltaba. Grinn buscaba con la vista hacia todos lados, al igual que Harry cuando una figura apareció detrás de ellos.
-¡Avada Ked…! – El hombre no pudo terminar el hechizo. Estaba tan cerca de Harry, quien al no tener posibilidad de levantar su varita, hiso lo primero que se le cruzo por la mente. Su puño se incrustó en el rostro del mago que estaba por asesinarlo y lo hiso caer hacia atrás tambaleándose. Harry pudo levantar su varita y el hechizo le dio de lleno al mago que seguía caminando mareado hacia atrás.
-¡Desmaius!- la varita de Harry brilló y el mago cayó inerte.

-La varita de adorno tienes hijo – le comentó Grinn sonriéndole. Luego gritó avisando a Dianne y Charlie - ¡Tenemos a los tres!
-¿Dónde demonios estaba? – Era Dianne que había bajado junto a Charlie y estaba parada al lado del cuerpo que Harry había golpeado - ¿Y por qué sangra así?
-Harry prefirió usar una técnica propia para quitarlo de combate – Grinn estaba ahora sentando a Malfoy, completamente desmayado sobre un pequeño sillón. – Va a tardar un rato en reaccionar. Aten a esos dos.
-A uno solo dirás – le dijo Charlie mientras se arrodillaba junto al mago más cercano a Grinn. Era joven, de unos veinte años y con su pelo negro recogido – Parece que lo han mandado lejos.
Harry ya había lanzado un hechizo al otro mago, al que reconoció como Nott, el ex Mortifago prófugo. Por suerte estaba vivo, pensó Harry.
Tanto Malfoy como Nott debían tener información que los llevara a algún lado. Por fín tendría respuestas a todo es embrollo.
La adrenalina estaba comenzando a bajar cuando el cansancio lo empezó a dominar. Buscando un lugar donde sentarse, Harry se acercó a la pequeña mesa donde había dos sillas de madera. Corrió una y se sentó con los brazos apoyados en la mesa y su cabeza sobre ellos.
En el centro de la mesa había una pequeña estatuilla negra, tallada en madera.
Era la figura de un ave, la cual no podía distinguir en actitud de vuelo. En sus garras tenia tallado al mas mínimo detalle una especie de piedra en forma de diamante. Su pico, similar al de un cuervo estaba abierto en señal de defensa o de intimidación, como suelen hacer los pájaros cuando se defienden.
-Es bonita… - dijo Harry en voz alta, pero como si hablara para el mismo.
-¿De qué hablas? – le preguntó Dianne que se había parado detrás de el. Mientras tanto Grinn había conjurado un Patronus para dar aviso al Ministerio y Charlie vigilaba a Malfoy y Nott que aún estaban inconscientes.
-La estatuilla – dijo Harry señalando con la cabeza – Parece un cuervo, pero no lo es.
Dianne vio de lo que Harry estaba hablando. Por un momento sus ojos se abrieron con asombro y acto seguido sacó de su túnica un pañuelo con el cual tomó la estatuilla, teniendo cuidado en no hacer contacto con su piel.
-Grinn… Mira esto – le dijo al Auror que estaba volviendo a entrar en la casa - ¿Es lo que creo que es?
-¡Por Merlín! No puede ser… Es una falsificación – Dijo Grinn poco convencido.
Harry miraba intrigado. El cansancio se había borrado de su cara. ¿De qué estaban hablando esos dos? Charlie que aún no había dicho nada observó la estatuilla en las manos de Dianne, luego miró a Harry.
- Debemos irnos – le dijo.
- ¿Qué es eso? – preguntó Harry ignorando a Charlie.
- Si, será mejor que se vayan. Un destacamento de Aurores está por llegar para que llevemos a estos dos al Ministerio. Mañana van a ser interrogados. – Le respondió Grinn sin sacar los ojos de la estatua. Luego miró a Harry – Excelente trabajo Harry, realmente impecable.
- Mañana tendremos tiempo de conversar al respecto – le dijo Charlie a Harry que estaba por protestar. – Es una larga Historia, pero nada relevante.
Por un momento Harry vio como Charlie dudaba al decir eso.
-Está Bien. – se dio por vencido el chico. Ya eran mas de las tres de la mañana y el sueño lo estaba matando. La adrenalina ya había desaparecido por completo.
-Nos vemos mañana a las cinco en el ministerio – les dijo Dianne.
-A las cinco estaremos allí – fue todo lo que le respondió Charlie. Luego apoyó su mano sobre el hombro de Harry – Hora de aparecernos.

El crack resonó en la habitación dejando solos a Grinn y Dianne que no paraban de observar la estatuilla con asombro.

-Robert, si esto es lo que creo que es… - le decía Dianne a Grinn una vez que estuvieron solos – Las cosas se pueden llegar a complicar mucho.
-Aún tenemos tiempo – le respondió Grinn – Esto es una falsificación, estoy seguro. Pero por alguien debe tener la original para poder hacerla. Aún tenemos nueve meses para prepararnos.
-¿Hablarás con Kingsley? – le preguntó ella.
-El ya lo sabe. A partir de ahora no quitaremos un ojo de encima ni a Harry ni a la chica Weasley. – Grinn miró por la ventana – Insisto, tenemos tiempo de prepararnos.
-¿Se lo vas a decir al chico?
-No es mi responsabilidad Dianne. Kingsley se encargará de eso. – Grinn se dio vuelta y la miró a los ojos – Mi responsabilidad, tal cual Dumbledore me lo pidió, es asegurarme de que esto no suceda.

A varios kilómetros de distancia, Harry entraba a la habitación de Ginny, donde ella dormía abrazada a Teddy.
Sin hacer ruido, se quitó sus gafas y se recostó sobre el piso, pensando en el día de mañana cuando interrogaran a Malfoy y Nott. Pero en su mente, la imagen de la estatuilla se dibujó unos momentos antes de quedarse completamente dormido en el piso de madera.