Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a content1. Yo solo traduzco con su autorización.
.
Capítulo diez
BPOV
Una calidez me envolvía, pero mi cabeza dolía, como la vez que me escapé con amigas y me emborraché. Era un dolor fuerte en la parte trasera de mi cráneo, y quería permanecer perfectamente quieta con esperanza que, con el tiempo, se pasara. Desafortunadamente mi vejiga no me permitió eso. Fue cuando me moví para salir de la cama que me note la fuente de calor que me había cuidado.
Cole.
Vestido en una camiseta y bóxers, él se encontraba acurrucado contra mi espalda, su mano suavemente posada sobre mi cadera. El borde de una venda se asomaba por debajo del cuello de su camiseta, y el verlo me recordó de lo que había pasado.
Bajándome rápidamente de la cama, miré alrededor del cuarto y me dirigí hacia la primera puerta abierta. Por suerte, era la correcta. Envolviendo mis brazos a mi alrededor, mi pecho intentó no despedazarse mientras entraba al baño, vaciando mi estómago en un cesto mientras usaba el inodoro. Pero al momento que me vi al espejo, todo tipo de control se había ido. Círculos oscuros hacían parecer mis ojos moreteados, y me encontraba blanca. No pálida, sino blanca. Lucía muerta.
Muerta.
Tiroteo.
Chorros de sangre.
Mi mamá cayendo.
El dolor agonizante que estalló en mi corazón fue incapacitante, y me deslicé al suelo, apoyándome contra la pared. Mis venas se helaron, hasta que sentí los brazos de Cole envolverme. Levantándome en sus brazos, me llevó de vuelta a la cama, colocándome debajo de las mantas y hacia el calor que me había envuelto antes.
—¿Mi mamá? —Mi voz era fuerte pero pequeña.
Él me dio un apretón gentilmente.
—Lo siento mucho —dijo.
Los sonidos que salían de mi pecho no eran humanos.
Ella no podía estar muerta. Simplemente no podía. Mi mente se llenaba de recuerdos; los juegos de futbol que ella entrenaba, rodillas que ella había vendado, momentos de ella cepillando mi cabello, y la charla que ella tuvo conmigo sobre sexo, sobre cómo aceptar ser marimacho mientras que al mismo tiempo ser una dama. Recuerdo tras recuerdo me asaltaba mientras Cole me mantenía envuelta en sus brazos. Aferrándome a su camiseta, a penas dándome cuenta cuando él sostiene unos pañuelos para sonar mi nariz y secar mis lágrimas.
En algún punto, me hizo sentar, sosteniendo una botella contra mis labios.
—Nena, toma algo de agua, por favor. —Cuando lo hice, me acercó unas pastillas—. Un analgésico también. —Mi cabeza me palpitaba. Simplemente era demasiado.
Me observó cautelosamente mientras metía las pastillas en mi boca y terminaba el agua. Me incliné contra su mano cuando él pasó su pulgar por mi mejilla.
—¿Dónde estamos? —Me encontraba entumecida, cansada, adolorida, e incapaz de aceptar lo que estaba pasando, pero finalmente estaba notando que no estaba en los dormitorios, ni en el hospital al que nos habían llevado.
—En un motel a las afueras de Atlanta.
Ambos nos sobresaltamos cuando una puerta se abría. Con el teléfono al oído, los ojos de Evan se encontraron con los míos y luego con los de Cole. Ambos se miraron por varios segundos antes que Evan asintiera suavemente y cerrara la puerta. Mi confusión incrementó.
—Isabella, yo… —pausó Cole.
Observé mientras él tomaba aire profundo y parecía armarse de valor.
—Tengo mucho que decirte, y no sé dónde comenzar. —Pasó sus dedos por mi mejilla otra vez, dando un golpecito a mi labio inferior antes de bajar su mano. Enlazó nuestros dedos—. Me vas a odiar cuando termine.
Jadeé, sintiendo el miedo luchar contra la frialdad dentro de mí.
—Mi nombre no es Cole Braedon. Es Edward Cullen.
¡¿Qué?!
—Trabajo para el FBI, y me enviaron para cuidarte.
Me envolvió la ira. Me había mentido y engañado. El chasquido de mi mano contra su rostro hizo eco por la habitación y un dolor apareció en mi brazo.
—¡Hijo de perra!
Con la marca roja impresa en su piel, Edward se mantuvo quieto. Sus ojos recorrieron mi rostro, analizando.
—Mi trabajo fue prescrito. Lo que siento por ti no lo fue.
Me moví ligeramente, como si sus palabras fueran golpes. Sin poder mirar su rostro suplicante, me aparté antes de que lo fuera a golpear nuevamente. Puede que no sea capaz de ver su reacción, pero escuché su suspiro.
—Te encuentras en grave peligro y has sido puesta en custodia. Jasper y yo fuimos ordenados que te llevemos de vuelta a Seattle.
—¿Jasper?
—Evan.
Por supuesto. Ambos habían estado mintiendo. Genial. ¡Pobre Isabella Rossi, demasiado estúpida como para darse cuenta que la única razón por la cual el dios sentado del otro lado de la cama estaría interesado era porque era su trabajo!
—¡Detente! —Gritó, y mis ojos volvieron hacia él. Sus ojos verdes estaban llenos de emoción—. No importa lo que creas después que todo esté dicho y hecho, tienes que saber que nunca fingí un momento de atracción, afecto, o deseo.
Incapaz de enfrentarlo, me aparté mientras mi pecho comenzaba a soltar sollozos.
—Bella, por favor.
¿Bella otra vez?
—Mi nombre es Isabella. —Mi voz era ruda y fría.
Lo escuché tomar aire profundo otra vez.
—Tu nombre es Isabella Marie Swan. Eres la hija de Charles y Renée Swan. Ellos te llamaban Bella. Desapareciste de Forks, Washington cuando tenías cinco años. Renée, tu madre, fue asesinada, y se asumió que tú también.
Otra vez, captó mi atención, y lo observé. El zumbido en mis oídos iban a ser un problema.
¡Buena atrapada, Bells! Ahora, toma el pescado por debajo de las branquias o sino se va a escapar. ¡Renée! Mira lo que nuestra hija atrapó.
Un hombre de cabello castaño con ojos marrones como los míos. Una mujer que lucía mucho como yo sostenía un libro y sonreía desde una silla.
Bella, cariño, corre por mami, ¿okay? Corre, linda, tan rápido como puedas y escóndete. Te amo…siempre recuerda que te amo.
—Mi papi.
El rostro de Edward se llenó de dolor.
—Félix también murió, Bella. Lo siento mucho.
¡NO! Comencé a ver borroso. ¿Mi papi había muerto? Félix, o el hombre de ojos marrones. Era demasiado. La oscuridad se asomó rápidamente.
.
EPOV
Quería llorar como un niño cuando vi lo quién nos esperaba en el avión. Mi papá se puso de pie inmediatamente al ver la mujer inconsciente en mis brazos. Jasper se había ofrecido a cargarla por lo de mi hombro, pero Bella no pesaba mucho, así que fue fácil usar mi brazo derecho para cargar la mayor parte de su peso. Su mejilla estaba presionada contra mi pecho y su cabeza acurrucada debajo de mi mentón. Me había deleitado por el contacto.
—¿Qué pasó? —preguntó él, mientras la colocaba en un pequeño sillón.
Jasper se dirigió hacia la parte frontal del avión para hablar con el piloto. Se había pasado. Un pequeño aeropuerto justo a las afueras de Carrolton al que Jacob nos había dirigido solo tenía unos pocos aviones y una muy pequeña autopista. No quería saber cómo había aterrizado el avión o cómo íbamos a despegar, así que me concentré mi atención en mi padre.
—Mierda.
Él sonrió, y quise llorar cuando colocó su mano en mi hombro. Mi padre era mi héroe.
—Te echaré un vistazo después de ella, ¿okay? Quiero ver si ese doctor de sala de emergencias te cosió bien. Tu madre estaba enfurecida cuando Jacob nos informó de lo que había pasado y que era necesitado. Pensé que iba a estrangularlo cuando él le dijo que ella no podía venir. —Sus ojos azules brillaron de felicidad—. No estoy muy seguro de en qué tú y Jasper nos metieron, Edward, pero estoy disfrutando la investigación, incluso si las vacaciones fueron forzadas.
—¿Dónde están todos?
—En una pequeña isla no muy lejos de Ben Ure. Un amigo de un amigo del primo de Jacob es dueño de la isla y tiene una cabaña allí. Él es una de esas personas que están preparadas para el fin del mundo. Hay un bunker detrás equipada con suficientes suministros para que vivamos por años. Es hermoso. Nada más que arboles, el océano, y paz absoluta. Está volviendo loca a Alice.
Reí, incluso cuando no se sentía bien.
—Acomódense —anunció Jasper, pasando su cabeza por la puerta—. Estamos por despegar.
Solo llevó unos minutos para estar en el aire. Fue unos minutos de pánico total, preguntándome si el avión iba a despegar antes que terminara la autopista, pero Jasper y el piloto lo consiguieron. Sostuve a una Bella aún inconsciente en todo momento.
—Okay, cuéntame todo desde el principio —dijo mi papá, arrodillándose a un lado del sillón.
—¿Jacob te permitió estar al tanto? —pregunté.
Él rió, poniendo los ojos en blanco.
—Aún retirado, sigo siendo su superior, hijo. —Apartó el cabello de Bella hacia atrás gentilmente, inclinándose para abrir sus parpados. Vi el arma en su cadera. Mierda…mamá iba a matarme.
Él notó lo que estaba mirando y rió.
—Tu madre ha estado algo enérgica los últimos días.
Golpeé mi frente con mis manos.
—Okay, no necesito la imagen.
—Comienza con lo que le pasó a Bella.
Y lo hice, dándole el punto esencial del caso. Hice una mueca cuando su mano se detuvo sobre ella cuando admití que había sido ordenado por Jacob a seducirla para obtener información.
—Oh, amigo. Lo que te espera. —Sacudió su cabeza mientras estiraba su brazo hacia el bolso médico a su lado. Sacando un estetoscopio, escuchó el corazón de Bella, entonces tomó su pulso.
—Físicamente, ella está bien, Edward. La mente es un órgano increíble. Puede limitar la circulación de la sangre a extremidades heridas, producir epinefrina para pelear o escapar, y manufacturar las hormonas para transformar una niña en una mujer, o niño en hombre. Tantos milagros, incluyendo protegernos del trauma. Podemos dejar que despierte cuando ella esté lista… —Sostuvo una capsula de amoníaco—…o podemos acelerar el proceso.
Quería que ella estuviera bien, y aunque estaba nervioso al verla inconsciente, no había razón verdadera para forzar su despertar.
—Déjala descansar.
Él sonrió y se puso de pie suavemente, llevando la capsula de vuelta a su bolso.
—Ahora, tu turno.
Intenté no hacer una mueca mientras me quitaba la camiseta. Pensarías que mi padre sería gentil conmigo, pero no tenía tanta suerte. Él pinchó y tocó, haciéndome sisear en dolor.
—Deja de ser un bebé.
Puse los ojos en blanco hacia él, ganándome un golpe en la parte posterior de mi cabeza. Era una interacción tan familiar con mi padre que no pude evitar sonreír.
—El doctor hizo un trabajo decente —murmuró, pinchando las puntadas en mi costado—. Aunque va a dejar una fea cicatriz.
—Dios no permita que él no sea lindo —bromeó Jasper desde la cabina.
Quería mandarlo a la mierda y lo hubiera hecho si no hubiera levantado la mirada para encontrar unos ojos marrones confundidos observando a mi padre y yo.
.
BPOV
Unas suaves voces me despertaron, y vi a un hombre apuesto inclinándose sobre Cole —no, Edward— chequeando su costado. Sin su camiseta y sus vendas, pude ver las contusiones alrededor de las dos zonas cosidas, y lucían feas. No sabía ni como comenzar a lidiar con lo que él me había dicho, la traición, pero no había duda que él se había puesto en peligro por mí.
Peligro que había matado a mis padres.
Cerrando los ojos ante el dolor, ni siquiera tenía la energía para sollozar. Me sentía tan entumecida que sería fácil simplemente darme vuelta, jalar la manta sobre mi cabeza, y desaparecer.
El sonido de un golpe me hizo abrir los ojos rápidamente de nuevo, y vi al apuesto hombre rubio sonriendo hacia Edward.
—Deja de ser un bebé. —Entonces añadió—. El doctor hizo un trabajo decente. Aunque va a dejar una fea cicatriz.
—Dios no permita que él no sea lindo. —Estaba bastante segura que era la voz de Jasper viniendo desde otra habitación.
La superficie en la que estaba recostada se movió debajo de mí, y mi estómago se revolvió. Amenazaba con nauseas. Fue en ese momento que Edward levantó la vista y se topó con mis ojos. Se puso de pie, y la acción hizo que la atención del otro hombre fuera hacia mi dirección.
—Isabella, es bueno ver que estás despierta —dijo el hombre. Se movió agraciadamente hacia mí y se agachó—. Soy Carlisle. ¿Cómo te sientes?
—¿Cómo me siento? —Mi voz era dura, y me empujé para sentarme, aún incluso cuando era difícil encontrar la energía.
Edward había venido para estar de pie detrás del hombre y le dio una botella de agua por encima de su hombre. Carlisle quitó la tapa, ofreciéndomela. Sus movimientos eran lentos y mantuvo sus ojos sobre mí. En el fondo de mi mente, noté que era como si estuviera acercándose a un animal salvaje, intentando no sorprenderlo. Mi mirada volvió hacia Edward. Él no se había vuelto a colocar su camiseta, pero parecía no estar consciente de su falta de ropa.
—Hay un pequeño baño al fondo del avión por si lo necesitas —ofreció Carlisle.
Una vez que lo mencionó, mi vejiga comenzó a gritar. Espera, ¿avión?
—¿Avión?
Carlisle miró de vuelta hacia Edward, quién se colocó la camiseta con una mueca, y entonces se sentó a mi lado.
—Te desmayaste, Bella. Jasper estaba al teléfono con nuestro supervisor mientras nosotros hablábamos. Él hizo los arreglos para que un avión nos venga a recoger. Estamos de camino a Seattle.
Una furia quemó por mi piel, pero mi primer pensamiento fue de mi mamá y papá. Intenté contener las lágrimas.
—¿Mi mamá y papi?
Los ojos de Edward se nublaron.
—Estamos esperando para que nos digas que quisieras hacer.
No tenía idea. Nunca pensé que ellos fueran a morir. Solté un sollozo, y me puse de pie, moviéndome hacia el área que Carlisle había indicado.
Un suave golpe sonó en la puerta unos minutos después.
—Bella, te voy a dejar tu bolso aquí afuera en caso que quieras cambiarte.
Alguien, asumí que Edward, me había colocado un par de pantalones, pero estaba sin ropa interior, mi boca sabía a bilis, y mi cabello estaba flácido. Mirando al pequeño lavabo, sabía que no podía hacer mucho, pero quería estar limpia.
Abriendo la puerta, me sorprendí al ver que Edward había dicho la verdad, dejando el bolso allí y sin permanecer para enfrentarme. Estaba agradecida por los minutos para mi misma. Quise sonreír cuando vi el paquete, pero no pude encontrar la energía. Pequeñas botellas de shampoo y acondicionador, mis bragas y sostén limpios, y una esponja y dos toallas finas que debieron haber tomado del motel, un cepillo, un limpiador de rostro, tónico, crema humectante, y ropa limpia habían sido colocadas en el bolso. Lo más importante, había un cepillo de dientes y crema dental. Nunca antes había estado tan feliz de ver tamaños de viaje en mi vida.
Aprovechando el cepillo de dientes, cepillé mis dientes dos veces antes de sentirme humana otra vez. El vaso de papel que había sido colocado al lado del lavabo me dio una idea. Levantando el asiento del inodoro con mi pie, usé el vaso para derramar agua sobre mi cabeza dada vuelta, dejando que el exceso corriera por el tazon. Cuando mi cabello estaba lo suficientemente mojado, pasé shampoo por los mechones. Edward debió haber cepillado mi cabello, porque solo sentí unos pocos pedazos de cristal roto.
Enjuagarlo fue difícil, porque el vaso tenía que ser llenada y el inodoro jalado una y otra vez, pero finalmente, sentí que había quitado el jabón. No intenté el acondicionador. Después de quitarme la ropa que estaba usando, me limpié con la esponja y entonces lavé mi rostro. La loción quemó por todos los pequeños raspones, pero la crema hidratante alivió el ardor que corría por mi piel.
Era demasiado malo que no tuviera una cura para lo que estaba destruyendo mi corazón.
Salí del baño vestida con ropa limpia y pasando un peine por mi cabello enredado.
Devastada, traicionada, confundida, dolida, furiosa, triste…perdida.
Era hora de averiguar qué rayos pasó con mi vida y determinar a dónde iba desde allí.
