POV Candy
Sentí una mano en mi hombro y que alguien pronunciaba mi nombre, débilmente abrí los ojos y la visión fue perfecta… Terrence seguía dormido y yo aun estaba entre sus brazos, sus cabellos castaños cubrían una parte de su rostro y sus labios estaban entreabiertos… Su torso seguía desnudo y yo estaba tan cerca de él que no evite el sonrojarme, que guapo se veía. Me gire entonces librándome de su dulce abrazo y me encontré a Albert…
-Candy el doctor Torres debe revisar a Terry- Me senté y estire mis extremidades, en las que sentí un leve aporreo…
-Dame unos minutos, yo lo despierto- Me sonrió y salió rápidamente… pensé que Terry estaría cansado, quizá aun más que yo, después de haberme buscado seguramente no había ni comido como debería, entonces mi estomago gruño… diablos. Me gire nuevamente hacia él e inclinándome comencé a dar delicados besos desde su mandíbula hasta los parpados. Sonrió y supe había despertado, abrió esos grandes mares y me sentí avergonzada. Me levante y alise mi vestido.
-Buenos días señor- Hice una pequeña reverencia –El doctor desea verle- Se incorporo y vi un gesto de dolor en su rostro… me preocupe.
-¿Estás bien?- Me acerque y él solo asintió, de un momento a otro me atrajo con sus rápidas manos fundiéndonos en un inesperado abrazo.
-Buenos días- susurro tan cerca de mi oído que me causo un escalofrió. –Me alegro de que no haya sido un sueño- Nos separo y acaricio mi rostro.
-¿Descansaste?- Pregunte ansiosa ¿por mi culpa habría dormido mal?
-Gracias a tu compañía si lo hice, de no haberte tenido aquí me hubiese pasado dando vueltas en la cama- Contesto a mi pregunta no articulada. Me beso fugazmente y la puerta se abrió. A tiempo de haberme derretido a solas con su presencia.
-Lo siento Candy, no podemos esperar más- Dijo Albert con un señor de cabellos canosos y bata entrar en la habitación.
-Debo irme, pórtate bien, volveré pronto-
-Te estaré esperando- Entonces solté por completo sus brazos.
Cuando salí me encontré con Jhon Boswell recostado en un sillón con la corbata medio anudada. Cuando me vio se levanto inmediatamente.
-Señorita Candice, buen día-
-Buen día señor Boswell-
-Llámeme Jhon- Me sonrió amigablemente con sus rizos oscuros alborotados
-Un placer, llámeme Candy si le parece correcto entonces. Lamento no haberle prestado mucha atención anoche, debe comprender que me sentía sumamente preocupada-
-No se preocupe, yo estaría igual o peor si se tratase de mi Marina-
-¿Disculpe?
-No nada- Sonrío avergonzado.
-¿Cómo es que conoció a Terry? Parecen ser buenos amigos, he de reconocer que no es muy amigable con todos-
-Me he dado cuenta de ello señorita, pero es una buena persona que se oculta detrás de una fea coraza, Terrence me busco a mí para irónicamente buscarla a usted-
-Comprendo… ¿Es policía entonces?-
-Oh no, no para nada. Soy un simple investigador privado, el señor Robert me recomendó cuando Terry lo busco desesperado- Me desplome en el sillón que anteriormente ocupaba Jhon y me sentí cansada. El pobre de mí mocoso debió haberse sentido tan impotente…
-Me alegra que Terry haya tenido en quien confiar-
-No fue muy fácil ganarnos su confianza- Se sentó a mi lado
-¿Ganarnos?-
-Si… la joven que estaba a mi lado, ella es Marina, mi socia y mi… -Se detuvo de repente
-¿Novia?-
-Algo así- Se ruborizo como si fuera un chiquillo –Fue muy extraño encontrarnos con su hermana gemela, de verdad no nos lo esperábamos-
-Me lo imagino… ¿Así que son Marisa y Marina?-
-Sí, Marina es la mayor por diez minutos, y la casualidad en los nombres es eso, una casualidad, su abuela se llamaba Marina y no quería que la niña se llamase así, ella deseaba se llamara Marisa pero bueno, su madre ya había tomado la decisión y todos creían que solo sería una niña, pero en el parto se sorprendieron mucho, en los ultrasonidos no se había visto Marisa porque parecía ser que Marina la ocultaba detrás de sí, después a Marisa le pusieron así porque se dio la oportunidad- Si que hablaba con rapidez… y luego parecía como si recordase algo... ¿Acaso nunca dejaba de sonreír? –Lo siento, no sé ni siquiera porque le he contado esto, supongo que debe estar cansada- Se levanto –Ha sido un placer señorita Candy pero debería retirarse a descansar-
-Tiene razón, y no se preocupe, he llegado a apreciar a Marisa… Si me disculpa- Estreche su mano y recorrí los pasillos que había caminado con tanta urgencia la noche anterior. Llegue a la puerta indicada y entre. Abrí el closet y me encontré con un nuevo cambio de ropa, si que Albert se había preparado. Estaba por desnudarme cuando unos golpes en la puerta sonaron.
-Señorita White, vengo a prepararle el baño- Una señora mayor de cabellos grises apareció frente a mí.
-Oh no es necesario, justamente lo iba a hacer yo-
-Permítame hacerlo por favor, son ordenes del señor- Sin más la deje pasar…
-El baño está listo- Parecía tener un acento… ¿Italiano?
-Gracias señora…
-Abella- Me sonrió maternalmente, entonces no estaba tan equivocada sobre el acento.
Tome un baño y muchas cosas pasaron por mi mente, ya no estaba tan preocupada por el asunto del tal Jhon, pero ahora me preocupaba que sería de Marisa… y me daba curiosidad por saber que había sido de Patrick ¿Qué demonio abría poseído a aquel hombre? Vamos, se veía decente y durante los primeros momentos fue muy dulce conmigo… Pero tenía razón, hay necesidades que un hombre tiene… Igual no tenía derecho de obligarme, de encerrarme y mucho menos de atarme. Cerré los ojos y me hundí en el agua. Ahora estaría más tranquila, Terry no moriría, todo estaría bien.
Entonces lo vi nuevamente entre mis brazos, lleno de palidez y con la sangre brotando de su abdomen, en ese coche con un también desesperado Albert a mi lado.
-VAMOS A UN HOSPITAL- Grite muchas veces, entonces todo desapareció, solo quedábamos él y yo en medio de una brutal oscuridad, en lo que lo único que podía ver y sentir era su cuerpo delirante y el olor metálico de su sangre. Entonces su cuerpo de entre mis brazos también desapareció.
-¡TERRY!- Su sangre, mi sangre comenzaba a inundar la oscura habitación, que parecía más pequeña de lo que pensaba. Ahora todo era rojo carmín, ya no oscuridad. Un rojo que me asfixiaba y que no me dejaba respirar -¡TERRY!- Grite nuevamente ya sin aire… Entonces salí fuera de la bañera escupiendo agua y sujetándome de la orilla, quite el cabello de mi rostro y respire agitada. Dios mío… sí que estaba cansado… pero debía ser fuerte.
Cuando salí la señora Abella ya tenía listo mi vestido, me ayudo a vestirme y cepillo mi cabello, peinándolo en una sencilla y larga trenza, con algunos rizos escapando de ella.
-Me imagino que está hambrienta ¿Quiere bajar a desayunar o prefiere hacerlo aquí?-
-Antes debo ir a ver a alguien- Me sonroje… la verdad es que quería desayunar con él.
-Comprendo ¿Le gustaría algo en especial?-
-Lo que sea está bien-
-Con permiso- Entonces se retiro y después de verme una vez más en el espejo salí corriendo.
-¡Señorita Candice!- Me grito desde el final del pasillo una joven, me detuve.
-¿Qué pasa?-
-El joven Terrence ya ha badajo a desayunar si es que se dirigía hacia haya- Me sonroje
-Entiendo, gracias- Di media vuelta y busque las escaleras, las encontré y las baje corriendo, justo cuando me faltaba un escalón para llegar al primer piso mi pie decidió doblarse provocando que cayera. Unos fuertes brazos detuvieron mi caída.
-Deberías tener más cuidado- Dijo Albert tomándome de la cintura.
-Lo siento-
-Tenias prisa ¿no?- Asentí aun mas avergonzada
-Alguien me ha dicho que necesitabas hablar conmigo- Quite sus manos de mi cintura, comenzaba a incomodarme su toque.
-Ah sí, sígueme- Parecía haberse sentido mal por aquel gesto… quizá sentía que lo rechazaba.
Caminando detrás de él pude observar su andar, siempre tan elegante, con sus cabellos sueltos, parecía que se lo había cortado recientemente, la camisa blanca de manga larga que traía arremangada le hacía ver una espalda ancha y fornida. Llegamos a una gran puerta de madera que abrió con facilidad.
-Siéntate- ¿Era una orden?
-¿Qué pasa Al?- Me asustaba su tono tan serio.
-Quiero disculparme- No me miro, se dirigió hacia un ventanal que mostraba un bello jardín. Como si temiera que al ver sus ojos descubriera una verdad no gustosa.
-No tienes que hacerlo- Me acerque a él
-Te abandone Candy, de la peor manera en la que pude hacerlo-
-No es así-
-Me necesitaste y no estuve ahí para ti. ¡Incluso yo fui el que ocasiono tu sufrimiento!- Parecía que aquel ángel rubio lloraría en cualquier momento. Lo abrace por la espalda y él pareció aceptarlo, tomo mis manos por delante y acaricio mis dedos.
-Ya no importa el pasado, si las cosas no hubiesen sido así… tal vez yo no me hubiera reencontrado con Terry…- Soltó mi abrazo y se alejo.
-Terry….Respecto a eso yo…- Su inseguridad al hablar me hizo preguntar.
-¿Qué tiene él? ¿Está enfermo? ¿Qué pasa?- Me preocupaba.
-No es nada linda, olvídalo, él está en perfectas condiciones- Sonreí a pesar de que Albert se encontraba raro, extraño. Salimos entonces al comedor y me encontré con mi mocoso malcriado caminando con la ayuda de unas muletas. Me lance a sus brazos con cuidado. Ambos reímos, Albert sonreía detrás de nosotros.
De alguna manera el desayuno fue algo incomodo, parecía ser yo la única que notaba la extrañeza de Albert.
-Albert, amigo, quiero tu autorización-
-¿Para qué?- Dirigió su mirada hacia mí y sonrió traviesamente.
-Quiero llevarme a Candy- Se llevo entonces un enorme bocado de pan
-¿A dónde? Y ¿Para qué?-
-Creo que es hora de estar un tiempo a solas- Extendió a lo largo de la mesa su mano, la cual tome con gusto. -Después de todo dentro de poco nos casaremos ¿No es así Candy?-
-¡¿Qué?!- Albert casi escupe el café. Yo solo entre en algo parecido a un shock.
-Anoche ella menciono algo…- Recordé con dulzura la noche anterior.
-¿Yo?-
-Parece que hablas entre sueños- Maldición
-Yo… yo necesito procesar esto ¿sí?- Dijo Albert retirándose de la mesa –Con permiso-
-¿Terry?- Solté su agarre
-¿Qué pasa?-
-¿No notas a Albert algo… extraño?-
-Quizá ha cambiado un poco, solo eso pecas. No te preocupes. Pero no me cambies de tema ¿Si te vas a casar conmigo no?- Me sonrío de una forma muy inocente, no pude evitar reír.
Después de el desayuno el doctor Torres llego con Albert pidiéndome le permitiera revisarme. Enseguida acepte sin protestar, después de todo imagine la preocupación de Albert al encontrarme en una situación tan desfavorecedora y terrible. El viejo hombre me receto algunos analgésicos y nada más, todo iba bien.
-Gracias doctor Torres-
-Cuídese señorita White, cuídese- Pronuncio saliendo acompañado por una sirvienta.
-Candy- Albert tomo mi brazo –Antes de que te vayas… yo… ¿Estás segura?-
-¿De qué?-
-De Terry-
-Estoy muy segura Albert ¿Por qué lo preguntas?-
-No quiero que vuelvan a hacerte daño- Acaricio los cardenales de mis muñecas ¿Se sentía tan culpable?-
-Vamos, estaré bien, lo prometo- Suspiro y soltó mi mano. – ¿Qué es lo que te sucede?-
-Nada… te veo luego- Salió de la habitación dejándome con muchas preguntas en mente. La verdad es que me daba miedo, miedo de que supiera algo que me dañaría tarde o temprano.
Busque nuevamente a Terry, ahora me parecía casi imposible estar lejos de él. Lo busque en la habitación pero no estaba, salí al jardín y lo encontré debajo de un árbol, parecía pensativo.
-¿Terry?-
-Hola pecosa- Sonrío de medio lado.
-¿Sucede algo?-
-¿Por qué lo preguntas?-
-Albert parece extraño y ahora te veo pensativo, algo me da mala espina-
-No pasa nada, ven aquí- Me sentó a su lado y acerco mi cuerpo al suyo. Pose mi cabeza en su pecho y cerré los ojos. –El doctor Torres me ha dicho que dentro de una semana ya no necesitare las muletas, dice que es solo por precaución, no quiere que haga mucho esfuerzo. Me preguntaba si, te gustaría volver a la cabaña, por lo menos unos cuantos días. –
-Terry me encantaría, pero suenas muy extraño ¿No me estarás ocultando nada verdad?-
-Nada pecas, nada-
La semana paso algo rápido a mi parecer, Terrence se había recuperado por completo y me sentía más tranquila. Albert seguía con su extraña actitud, pero lo deje pasar. Llegue a la conclusión de que se sentía culpable. De verdad deseaba que Albert fuera feliz.
Tome mi maleta y baje las escaleras de aquella casa desconocida a la que Albert nos había llevado, quizá era una de las tantas propiedades que tenia la familia, pero la verdad era que ignoraba donde estábamos y tampoco era como si me importara mucho.
Albert no se veía muy contento, dentro de mi sentía un poco de culpa también, lo dejaría solo.
Partimos entonces hacia aquella cabaña donde pedí su ayuda en el pasado, el día estaba soleado a comparación con la vez anterior.
-¿Quieres salir a pasear pecas?-
-Pero Terry aun no terminas de recuperarte- Me recosté a un lado y me recosté en su pecho.
-Eso no tiene importancia- Comenzó a acariciar mis cabellos y un escalofrió recorrió mi cuerpo.
-Estoy muy cómoda aquí, además, estoy algo cansada-
-Eso me suena a excusa, pero la verdad es que yo también estoy muy cómodo- Suspiro y el silencio se hizo presente, comencé a sentirme adormilada cuando menciono
-¿Candy?-
-Amm-
-Cuando dije lo de casarnos, era verdad- Internamente me sonroje pero no pude responder
-Umju- De repente un sentimiento inmenso de cansancio se apodero de mí, no pude mantener mas los ojos abiertos y caí en un mundo de sueños.
Desperté en la cama, con él a un lado mío, observándome con la armónica entre sus dedos.
-Buenas noches bella durmiente- Me beso en la frente, ¿Cuántas veces me había relacionado ya con princesas Disney?...
-¿Cuánto tiempo me quede dormida?-
-Unas dos horas-
-Vaya-
-No te preocupes, fue mi culpa. Mis palabras te aburrieron y era lógico que sucediera-
-No es así- Me abrace a él.
-¿Candy?-
-¿Qué?
-¿Puedo besarte?- Tomo mi barbilla y la alzo, desvié la mirada, sentí la sangre subir a mi rostro. – ¿Debo suponer que es ese un sí?- Sonrió de medio lado y se acerco lentamente a mí. –Candice White, te amo- Susurro cerca de mi odio antes de dirigirse a mis labios. Coloco entonces una de sus manos en mi cintura, cada vez se colocaba más sobre mí. Tome su cabello entre mis dedos y jugué con él, mi boca fue abierta por una lengua impertinente y la mía la recibió. Ambas danzaron entonces al ritmo de los latidos de nuestro corazón. Ahora sus manos recorrían mi cuerpo también, sentí el ambiente arder. Entonces el sonido de la armónica contra el suelo nos despertó a ambos.
-Perdón- Dijo jadeando aun sobre mí.
-No… no te… preocupes-
-No quiero que te sientas presionada o algo así- ¿Era yo o ese hombre también se estaba sonrojando? Comenzó a levantarse pero lo tome de los brazos.
-Terry, no importa. Me gustas… yo, también te amo- Sonrió y fue hermoso. Siguió entonces un camino de besos por mi piel y sus manos traviesas no se quedaron atrás. La ropa poco a poco fue saliendo y entonces estábamos ya los dos bajo las sabanas. A punto de entregarnos. Yo amaba a Terrence y lo que más deseaba era ser uno con él, tanto física como emocionalmente. Pero entonces de la nada la imagen de Patrick apareció frente a mis ojos, sentí entonces las sogas en mis tobillos y mis muñecas, sentí sus manos tocándome y me dio asco nuevamente.
-¡NO!- Grite abriendo los ojos, Terry se detuvo al instante, parecía consternado. Sentí ganas de llorar, lo había arruinado. –Perdón- Tape mi boca y comencé a sollozar.
-Candy… no te hare daño- Intento tocar mi mejilla pero no lo permití, su cara de preocupación iba creciendo más.
-Perdón yo… yo… Patrick- Eso lo diría todo y supe no me equivoque cuando vi su rostro oscurecerse.
-Entiendo- Se levanto y se vistió –Perdóname a mi también Candy- Me paso mi ropa y antes de salir me miro una vez más.
-Estaré afuera por si me necesitas, no te preocupes, relájate y entonces, entonces… podre… consolarte- Me sonrió y cerró la puerta detrás de sí. Tape mi boca nuevamente y las lagrimas salieron ya sin temor. Lo había arruinado y lo más probable es que había hecho sentir una basura a Terry. Mi Dios… ¿Era enserio? Todo iba tan bien… uno él y yo…
Notas:
¡Hola! Aquí traigo una actualización, disculpen como siempre mi tardanza. Para las que leen "Tuya hasta el amanecer" comprenderán uno de los motivos que fue el accidente que tuve. Ahora les traigo un nuevo cap, como les decía. He de irles avisando que esta historia acabara de una manera… diferente por llamarlo así. De verdad espero que les guste. Cuídense mucho y si tienen vacaciones disfrútenlas al cien. Les quiero, muchísimas gracias por leerme.
Atte: Jennifer Hernández
