10 besos
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"Para una mujer, el primer beso es el final del principio; para un hombre, el comienzo del final."
Helen Rowland (1875-1950) Periodista y humorista estadounidense.
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Mimi miraba de lejos a su amiga, Sora estaba en el centro de la pista bailando con T.K. La castaña se apartó de Tai que había estado con ella toda la noche en busca de Izzy. Éste se había escabullido del baile hacía un rato aprovechando que ella estaba distraída charlando con Tai y otros compañeros de clase. Mimi sabía perfectamente que a Izzy no le gustaban mucho aquel tipo de eventos o que tenía que acabar bebiendo mucho para empezar a disfrutar de la fiesta.
No tardó demasiado en encontrarlo, estaba sentado sobre uno de los bancos que había enfrente del gimnasio. Cuando se acercó la joven se dio cuenta de que Izzy tenía el portátil encima de las piernas y tecleaba en él a gran velocidad. Su trabajo lo absorbía de tal manera que ni siquiera se percató de la presencia de su amiga hasta que ella carraspeó cuando se encontraba a un escaso metro de él. Mimi colocó los brazos en jarras, infló los mejillas como una niña pequeña y le dirigió una mirada asesina a su pelirrojo amigo que la miraba con una sonrisa mientras se rascaba la cabeza con la mano.
─Ya te vale, Izzy – dijo la muchacha mientras tomaba asiento a su lado taladrándolo con la mirada.
─Lo siento pero sabes que estas cosas no son para mí.
─Bueno pero podríamos haber bailado juntos – replicó ella un tanto molesta.
─Había treinta mil chicos que querían bailar contigo, Mimi – susurró él.
─¿Y qué? Yo quería bailar contigo – dijo ella dibujando una sonrisa al pronunciar la última palabras. Izzy la miró, tragó saliva y casi se atragantó. No pudo evitar sonrojarse mientras Mimi le seguía sonriendo. Se llevó dos dedos al cuello para aflojar aunque fuera un poco el abrazo mortal de la corbata ya que le daba la sensación que cada vez lo estaba asfixiando más.
─Sabes que no sé bailar. Sabes que no se me dan muy bien muchas cosas.
─Tampoco es tan grave. Además, solo es un baile de instituto, ¿qué más da? Lo importante es estar con las personas a las que quieres, ¿sabes? Y yo…
─¿Qué? – dijo él al percatarse de que ella había dejado una frase a medias.
─Pues… nada…
─¿Qué ibas a decir?
─Que lo importante es estar con las personas a las que quieres.
─No, después de eso.
─No he dicho nada – susurró ella intentando evitar el tema, ya había hablado demasiado. Su corazón latía bastante desbocado y no quería hacer nada de lo que luego pudiera arrepentirse.
─Mimi…
─¡Y yo a ti te quiero mucho! – soltó ella de carrerilla. Los dos se sonrojaron violentamente, ella por haber dicho lo que había dicho y él por haber escuchado lo que había escuchado. Izzy bajó la cabeza, ya hacía tiempo que había notado que Mimi se comportaba de una manera mucho más cariñosa con él que con los demás, no era difícil darse cuenta incluso para alguien como él que siempre tenía la cabeza metida en algún que otro proyecto. Sin embargo, no estaba seguro de poder corresponder los sentimientos que ella parecía profesarle, él tenía dudas, muchas dudas. Nunca había sido una persona de tener millones de amigos pero los que tenía eran amigos de verdad y Mimi estaba entre esos amigos. No quería perderla. Aquella chica había llenado su vida de color y alegría y se negaba en redondo a renunciar a aquello…
Mimi suspiró con suavidad, lo había dicho y ahora se arrepentía de haberlo hecho. Su corazón latía desenfrenado cada vez que sus ojos se encontraban con los ojos negros de Izzy, no podía evitar sonrojarse cuando él le sonreía o reír como una tonta cada vez que él le decía algo gracioso. No obstante, era consciente de que su corazón estaba completamente dividido en dos partes. Una de ellas anhelaba que Izzy la correspondiera, tener una relación estable y duradera y ser feliz a su lado. Sin embargo, la otra de debatía entre echar a correr, buscar a Matt y lanzarse a besar sus labios.
Mimi sintió que Izzy le tomaba la barbilla con los dedos para mirarla a los ojos. En cuanto estos se cruzaron, la distancia entre ellos empezó a reducirse lentamente. Sus narices se tocaron durante unos segundos hasta que Mimi acercó su rostro al de él para tocar sus labios. Movió los labios con lentitud sobre los de él, Izzy la correspondió con delicadeza. Sin embargo, Mimi se dio cuenta de que aquello no significaba lo mismo para los dos. No. Para ella significaba que las puertas se abrían ante ella pero para Izzy aquello significaba el final de amistad que no quería perder.
Mimi se separó y lo miró a los ojos. Él intentó hablar pero ella le selló los labios con un dedo.
─No hace falta que digas nada, ya sé que no me quieres de esa manera. Lo sé.
─Lo siento.
Mimi negó con la cabeza y se levantó. Sería mejor dejar a Izzy trabajando con su ordenador de nuevo. Pero, antes de volver a entrar en el recinto, se volvió una vez más y con una sonrisa le dijo:
─Puede que no sepas bailar o hacer muchas otras cosas. Pero, besas de maravilla, Koushiro Izumi –. Le guiñó un ojo antes de desaparecer y él sonrió, no se sentía mal por haber tomado aquella decisión, quería muchísimo a Mimi y como amiga no la cambiaría por nada del mundo. Jamás.
