Hola chicas, estoy muy feliz con sus comentarios de apoyo y críticas constructivas. Son geniales :D Muchas me han preguntado qué pasa con Sasuke y demás. Déjenme explicarles:

Este fanfic es laaaaaaaaaargo, voy escribiendo el capítulo 27 y creo que necesitaré de 10 más mínimo para terminarlo, MÍNIMO, por lo tanto hay espacio para todo, no se impacienten. La estructura de mi fanfic es así: ItaSaku - SasuSaku - ItaSakuSasu Como ven estamos en el ItaSaku aún, luego se dará el resto. Les gustará, es como una torta de capas de sabores *-*

Ryrica-Gokuto Hiogari sama: La diferencia es que Itachi tiene 18 por ahora y Sasori es más viejote XD Subo rápidamente los capítulos y con regularidad pensando en lo que me gustaría de un fanfic y también en mis lectoras para que no se estresen y que disfruten leyendo :)

sakuritax-genitax: Jeje, mcuhas gracias, me contagias ocn tu ánimo n.n

marijf22: Tus dudas serán contestadas en este capítulo. En verdad sé que son muchas emociones XD por eso pongo un capítulo tenso y luego lo relajo XD por ustedes siiiiii.

sakurita-1491: Emmm, prefiero no contarte para no arruinarte nada, pero te aviso que quedarás con ganas de más al terminar de leer el capítulo XD

Alvebia: Lo sé, es un perro abusador y yo lo hice así XD Me pregunto qué harías si lo tuvieras en frente, deberías ser defensora de Sakura chan XDD gracias por el cumplido. Disfruta el capítulo.

Sadness-Doll: Arigato gozaimasu n.n Ojalá te impresione el avanzar de la historia.

Hatsune-san: Muchas gracias amiga. Lamento decirte que esperar 4 días más te será más complicado con este capítulo que con el anterior XD Espero que te agrade tal como los otros.


Esmeralda Ermitaña

Capítulo X

Un viento sorprendente impedía a la muchacha avanzar. Su cuerpo era muy liviano y hacía esfuerzos por combatir la lluvia y el intenso soplo del aire, pero era inútil.

Fue tanta la fuerza de la naturaleza que una de las rocas de la cascada cayó con fuerza sobre la cabeza de la kunoichi, no tan potente como para hacerla sangrar, pero sí para desmayarla. Nefasta fue su fortuna cuando perdió la conciencia cayendo al agua.

—"¿Es este… mi fin?" —se preguntaba mientras caía al fondo.

Como cuervos resonaban las gotas de lluvia en la cabeza de Itachi. No era la primera vez que su alumna salía de la guarida por los alrededores, pero tenía una sensación de ardor en el pecho que no lo dejaba en paz, como si su cuerpo le estuviera hablando, advirtiéndole secretamente. Se hacía tarde, casi de noche y nada ocurría. Su orgullo no le permitía ir a buscarla, porque si llegaba a ser miembro de Akatsuki no se permitirían tales faltas como perderse o ser capturada por un grupo de bandidos, como era lo común con las mujeres desprevenidas.

—No la vimos en el camino—dijo Deidara entrando a la guarida después de haber salido con Sasori— tendrá que volver sola.

El pelirrojo sonreía disimuladamente, para que nadie notara su participación en el asunto, no quería provocar peleas innecesarias. Sin embargo, dentro de sí se deleitaba sabiendo que había tenido un gran efecto en la más joven de la guarida.

—¡Tobi quiere de vuelta a Sakura Chan! —sollozaba exageradamente el enmascarado.

—No te pongas a chillar—se quejaba el rubio— ya me estás poniendo nervioso.

Itachi también se estaba poniendo así, pero como él jamás expresaba sus emociones, los demás no lo notaban. Por fuera era todo lo que un gran ninja reservado era, pero por dentro su coraza se quebraba lentamente contra su voluntad.

Pasó una hora más o menos cuando la vista de todos, especialmente la del Uchiha voltearon a la entrada recientemente abierta, dejando pasar a un individuo. Era Zetsu, quien volvía de su ronda de vigilancia cargando algo en sus brazos.

—La encontré por casualidad a la orilla de un lago en un oasis—dijo el hombre que imitaba a una planta carnívora— no puede sostenerse en pie.

Se puso a la luz y reveló que se creía completamente perdida. La mayoría se sorprendió del estado en que venía la muchacha. Estaba toda empapada, de los pies a la cabeza, tiritaba de frío y sus labios se encontraban casi lilas por la misma razón.

Itachi de inmediato se acercó a su compañero y observó un par de segundos el semblante de la chica, no era favorable. Decidió cargar con la responsabilidad.

—Dámela—pidió el joven— yo veré qué ocurre con ella.

Le fue concedida su petición y ante la mirada desconcertada de todos, el Uchiha llevó a su alumna que temblada a su habitación. Cerró la puerta tras de sí y la recostó en su cama. La kunoichi respiraba agitadamente y no abría sus ojos, era una imagen desoladora para quien la viese y también lo fue para el mozo, quien tuvo que poner una de sus manos en su rostro para abstenerse de conmoverse con la visión ante sus pupilas.

Soltó su mano cuando sintió la de la chica de ojos esmeralda apretando su pecho con fuerza. No abría sus ojos y seguía respirando fuertemente, pero su parte inconsciente todavía era sólida, lo suficiente como para actuar sin su consentimiento.

—Sálvame… Itachi—susurraba apenas la chiquilla.

¿Lo estaba llamando dentro de su cabeza?, parecía que sí. Siguió a esa sensación que no se iba de su pecho y dedujo que algo no iba bien, estaba asquerosamente mal. Lo que le pareció inusual fue que no lo llamara con formalidad como lo hacía cotidianamente, sino que había olvidado el "sensei" y lo llamó por su nombre, ¿lo vería a él como un igual realmente?

Eso lo vería después, pero lo importante del momento era averiguar qué era lo que la había llevado a ese estado tan deplorable.

—Sakura, quiero que me escuches—decía levantando su espalda— ¿qué causó esto?

La chica hizo un esfuerzo por abrir sus ojos, pero era infructuoso, sólo podía escuchar las palabras de su sensei e intentar contestarle.

—Y-yo…

No alcanzó a decir más, puesto que terminó desmayándose por el frío y el cansancio. Itachi quedó con ella en sus brazos, sin poder reanimarla. Pensó en qué hacer. Ella estaba helada y mojada, debía quitar sus ropas antes de que le hicieran peor.

A pesar de su profesionalismo, no tenía la osadía para remover la ropa empapada de su alumna, pero tenía que hacerlo de alguna manera, porque si se quedaba con ella más tiempo le haría peor.

Se puso de pie mientras cubría el cuerpo de su alumna con una frazada y se retiró momentáneamente de la habitación.

Se dirigió a la sala principal, en done estaban casi todos reunidos, buscaba a alguien en particular.

—Konan—llamó— ven un momento.

La fría joven se levantó de su lugar y siguió al Uchiha por el pasillo. Inmediatamente supo que se trataba de Sakura, era lo suficientemente intuitiva como para saberlo. Entraron adonde la muchacha estaba y hablaron un par de palabras.

—Tú viste que está toda mojada—introdujo el joven— necesito que la cambies de ropa.

—Estás exagerando—dijo la fría azulada—pero entiendo por qué lo haces, yo me encargo.

Se retiró de la habitación esperando que Konan hiciera lo que él no se atrevía. Sabía que en el mundo en el que vivía no podía dar lugar a aprensiones como esas, pero era su alumna, de trece años y se hubiera sentido culpable de haberla cambiado él mismo. No lo sentía bien por el hecho de él tener dieciocho años y ella aún ser una niña.

Salió Konan a los minutos y quedó frente a él.

—Ya está—anunció— le puse su camisón para que durmiera, pero no sé si se mantenga así toda la noche.

—Arigato—agradeció Itachi.

Asintiendo con su cabeza, se retiró dejando al prodigio con sus pensamientos. Sabía que la moza tenía que descansar, pero él conocía cómo reaccionaba su cuerpo, pues lo había visto en los entrenamientos durante cinco años y no podía pasarlo por alto.

A pesar de todo, entró al cuarto. Como lo sospechaba, no había parado de respirar tan irregularmente como la había dejado. Pude ver que su compañera de Akatsuki no solamente la había cambiado de ropa, sino que también la había secado completamente en áreas delicadas como su cuello. El color que estaba tomando no lo tranquilizaba para nada, así que se acercó y se sentó en la cama para colocar su mano sobre la frente de la muchacha.

—"Está ardiendo" —pensaba con mirada de malestar— "está empezando a inquietarme"

Así, Itachi decidió quedarse el resto de la noche junto a Sakura, de todos modos no lograría dormir si es que iba a acostarse. En vela pasó toda la jornada nocturna, enfriando la amplia frente de la enferma para bajar la fiebre. A veces deliraba entre sueños y hasta pesadillas, pero siempre decía palabras sueltas o frases sin sentido.

—Iie, suéltame—deliraba la moza— Sas… u… ke.

No se le entendía una palabra de lo que quería decir con eso. Seguramente no decía mentiras, sólo estaba desordenada, pero no podía dialogar nada con ella en ese estado deplorable, tendría que esperar a que estuviera lúcida.

Su alumna volteaba la cabeza a ambos lados hiperactivamente, por lo que para tranquilizarla, Itachi colocó su mano sobre su frente. De esa manera detuvo su ciclo tortuoso y se calmó un poco. Sería una larga noche.

Amaneció. La lluvia se había detenido, pero aún no salía el sol, de seguro las gotas volverían al trascurrir del día. Sakura se sentía mejor, pero seguía afiebrada. Abrió sus ojos con lentitud, estaban muy pesados, pero logró su objetivo por completo.

Miró a su alrededor, estaba en su pieza sin duda, pero no era ahí en donde había acabado la otra noche, ¿qué había pasado? Solo recordaba que estaba en el oasis después de hablar con Sasuke y había comenzado a llover torrencialmente. Ahora se acordaba, el viento feroz y la lluvia habían logrado que una de las piedras de la cascada se desprendiera e impactara contra su cabeza. No recordaba más.

Sintió un peso en su cama que no era usual. Miró hacia abajo, a los pies de su cama y con los ojos cerrados se encontraba durmiendo Itachi. ¿Él en su habitación?, debía haber pasado algo realmente preocupante para que se quedara ahí toda la noche. A su lado, su velador se encontraba lleno de paños húmedos y pude ver que anoche había estado mal de alguna manera. Sintió su propia frente con su mano y notó que aún estaba caliente, pero ya se encontraba distante de lo sufrido la noche anterior, al menos ahora estaba consciente.

Su sensei había estado cuidándola toda la noche. Él, el de carácter arrogante, distante y frío había demostrado empatía por ella. No estaba en una posición cómoda, sólo estada ahí tirado a los pies de su cama, carente de abrigo más que su propia ropa. Se acercó lentamente a la figura pasiva del shinobi y lo meció con cuidado.

—Itachi sensei—llamaba despacio— despierte.

Sobresaltado, el joven abrió los ojos y se incorporó súbitamente. Siempre alerta, ¿ah? Le dedicó un vistazo a la recién despierta antes de pronunciar palabra alguna.

—Veo que ya despertaste—observó el joven intentando no parecer somnoliento— ¿no te sientes mal?

—Estoy un poco subida de temperatura, pero creo que está bajando. Estaré bien—dijo Sakura, pero entretando pensó en otra cosa— "¿Por qué estoy aquí?, ¿no me había hundido en el agua?"

Fue un respiro para quien no había pegado un ojo en toda la noche.

—Un pregunta. ¿Estuvo aquí toda la noche?

Lo decía con un tono de tanta alegría que él no la miró a los ojos, sólo hizo su típico sonido cuando no quería decir las cosas por su nombre.

—Hn—dijo simplemente.

—¿Hice que te preocuparas? —continuó la muchacha.

Nuevamente lo trataba de "tú", pero estaba creciendo y no tenían mucha diferencia de edad. Él era cinco años mayor y a medida de que pasara el tiempo la diferencia se notaría menos, más aún cuando dejara de ser su sensei y presentía que no faltaba mucho tiempo para dejarla libre como una kunoichi completa.

No le gustaba sentirse al descubierto, por eso era frío con quien fuera, pero su reciente acto dejaba a relucir esa parte humanitaria que tenía hacia quienes les importaba. Intentó disimularlo lo más posible.

—No podemos continuar con el entrenamiento si estás débil de salud—dijo distantemente.

—Siempre contestas así—dijo Sakura revelando que conocía esa parte de él—Podrías aprender a decir lo que realmente sientes.

—Hn. Eso no es para mí.

Esta chiquilla podía ponerse insolente cuando lo quería, pero al fin y al cabo, él también había formado parte de su crianza, por lo que dedujo que la parte de su personalidad que tenía más carácter la había adquirido de él y claro, también de los numerosos y distintos miembros de Akatsuki.

Se puso serio y se sentó nuevamente al lado de la chica de pelo rosado. Aún enferma conservaba el collar que le había regalado el día de su cumpleaños en su cuello, sin moverse de su lugar, era notable. Pero lo importante era saber qué la había llevado a ese estado.

—Ahora puedes hablarme. Quiero que me digas por qué te fuiste sin decir nada a nadie.

La expresión de ella se tensó, recordando el momento en que había corrido hasta prácticamente perderse en un oasis, acto que ni siquiera había pensado, había sido por instinto. ¿Deberías contarle?, porque podría reaccionar de todas las maneras. No debía olvidar que había asesinado a un clan entero, al suyo propio, por eso tenía que tener mucho cuidado con lo que le dijera.

—Sigo esperando.

—Yo… me sentía mal y quise irme por ahí un rato, es todo. No pensé que vendría una tormenta justo ahí.

Era una situación extraña. Recientemente había tenido su cumpleaños ese día y se había divertido, lo había visto. Luego habían ido a entrenar con el tan temido tsukuyomi, pero a pesar de haber sido una sesión pesada, no era suficiente para provocar todo lo que había ocurrido.

—No me engañes, si vas a mentir tienes que hacerlo mejor que eso.

Cómo iba a intentar burlar a su sensei, a alguien que se había convertido en anbu a los trece años y a la misma edad se había unido a Akatsuki. Conocía perfectamente las artes del engaño y con ella no era diferente. Tendría que sincerarse.

—Pasó algo después del entrenamiento. Fui a darme una ducha como lo dice, ¿recuerdas?

—Continúa.

—Estaba duchándome tranquilamente, no estaba haciendo nada malo. Luego alguien corrió la cortina y me tapé por fortuna con la toalla que tenía cerca.

Ahí el aire se volvió tenso, no tenía idea de cómo relatar la siguiente parte, porque también le dolía recordarlo y más relatarlo de manera que fuera entendible. Vino a su mente el momento en que Sasori intentó forzarla, cuando hacía de todo para que se desnudara ante sus ojos diciendo cosas desagradables y respirando tibiamente en su oreja mientras ella intentaba cerrar los ojos e ignorarlo. Sin darse cuenta, Sakura puso sus ojos vidriosos, pero sin alcanzar a llorar. El mozo presente lo notó y sujetó el rostro de la esmeralda en sus manos, tenía que hablarle mientras la miraba fijamente.

—Dime, ¿quién era y qué fue lo que pasó?

—Quería verme sin mi toalla puesta, yo no permití que lo hiciera. Se molestó conmigo y quería forzarme a mostrarme ante él, quise defenderme con mis huesos, pero el pastel… el pastel tenía algo que no me dejó defenderme.

Itachi se ponía tenso apretando sus labios, no dejaba de mirarla y ella tampoco a él, pero a la muchacha le daba angustia el ver cómo sus líneas se hacían cada vez más endurecidas. Sabía que lo que diría a continuación tendría consecuencias, pero ya no había vuelta atrás. Tendría que confiar nuevamente en los ojos de depredador que se encontraban frente a ella.

—Me dijo algo que me dio a entender que quería abusar de mí. Le juro Itachi sensei que no hice nada para provocarlo, simplemente vino hacia mí. Estuvo a punto de desnudarme cuando lo pateé entre sus piernas, sólo así pude correr, de otra forma me hubiera… tocado. Sólo quería estar lo más lejos posible de él, no medí cuán lejos podía llegar.

—Ya no importa qué tan lejos hayas ido—tranquilizó el varón.

No alcanzó a derramar lágrima, pero éstas se asomaban por sus ojos de color esmeralda de una manera impresionante. Eso no detuvo al Uchiha para indagar más en el asunto.

—Sakura. Dime… ¿quién fue?

Eso era todo, bastaba con que el joven al que era devota desde niña le hiciera esa pregunta tan definitiva para que no pudiera negar. No podía quejarse, puesto que ella misma se había autoimpuesto esa regla de fidelidad a su sensei.

—Fue Sasori—reveló la muchacha— él intentó abusar de mí.

….

CONTINUARÁ…