A las siete de la tarde, Ichigo se encontraba ante la mesa de trabajo de su laboratorio evaluando el dilema de cómo transformar a una amante en esposa. Era un problema sobre el cual jamás había meditado. En comparación, el diseño de los mecanismos de relojería, telescopios y depósitos hidráulicos de las plumas parecía bastante simple.
Apartó el cuaderno de tapas de cuero que hacía unos momentos había abierto, se recostó contra el respaldo de su sillón y apoyó los pies calzados en sus botas sobre la atestada mesa. Sombrío, contempló el mayordomo mecánico que había construido el año pasado. Estaba de pie y en silencio, con la bandeja de plata en una de sus manos de madera. Por capricho, Ichigo había pintado la chaqueta negra y la camisa blanca a este autómata. Jamás tuvo intenciones de capturar la expresión desdeñosa, de aire aristocrático y los fríos ojos de Dan, ni tampoco aquella boca que jamás mostraba una sonrisa.
La vida había sido simple hasta que Orihime irrumpió en su universo cuidadosamente regulado. Como una estrella fugaz que surcaba el cielo oscuro de la noche, así Orihime había iluminado el firmamento. Pero si él no encontraba la forma de retenerla, bien podría desintegrarse en una lluvia estelar o llegar a caer a la tierra.
Un golpe en la puerta del laboratorio hizo que Ichigo saliera de sus pensamientos.
-Adelante.
-¿Ichigo? -Hitsugaya asomó la cabeza por la puerta-. Pensé que podrías estar aquí. ¿Estás trabajando?
-No, pasa.
Hitsugaya entró en la habitación con paso lánguido y cansado, cerró la puerta y se acercó a la mesa de trabajo de su hermano. Ichigo le echó una mirada e hizo una mueca. Su hermano tenía hoy aquel tormentoso aire de poeta. Se había cepillado el plateado cabello hasta formar a propósito una descuidada maraña. Su camisa estaba abierta y no llevaba corbata ni chaleco.
-Confío en que te pongas una corbata antes de salir -murmuró Ichigo-. Esta noche no podrás asistir a ninguna fiesta con esa cara de sueño.
-Aún no me he vestido para la noche. -Hitsugaya fue hasta la ventana y se apoyó contra el marco, era la personificación del tedio. Se quedó allí observando el jardín con expresión malhumorada.
-¿Deseas hablar sobre algo en particular? -preguntó finalmente Ichigo.
Hitsugaya lo miró con ojos entrecerrados. -He venido para decirte que he tomado una decisión.
-¿Irás de viaje al continente? -preguntó Ichigo sin mucha esperanza.
-Le pediré a Hinamori la mano de Momo en matrimonio.
-Maldición.
-Ichigo, debo hacerlo ahora. Por el amor de Dios, ¿no comprendes? Si espero a regresar de mi viaje por Europa, Hinamori la habrá casado con otro.
-Eso sólo si tiene la suficiente suerte.
-Maldita sea. -Hitsugaya se volvió hacia su hermano con una expresión apasionada-. Sé que no te gusta Hinamori, pero ¿por qué debes también condenar a su hija? Ella no es como él.
-¿Lo crees de verdad?
-Es toda una dama. Una belleza inocente cuyo espíritu es puro y sin mancha, tal... como...
-¿La nieve recién caída quizás?
-Te lo advierto, no toleraré tus bromas absurdas sobre su persona, Ichigo. -Hitsugaya cerró los puños-. Tengo intenciones de pedir su mano, ¿no lo comprendes?
-Dios nos guarde.
-¿Sabes cuál es tu problema?
-Tengo dudas pero tú me dirás cuál es.
-Eres un maldito cínico, eso es lo que eres. Sólo porque has decidido divertirte con esa pequeña aventurera de la señora Inoue no presumas de juzgar a una criatura inocente.
Ichigo ahora se había puesto de pie y se plantó delante de Hitsugaya, incluso antes de que éste se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Con sólo dos pasos rodeó la mesa y cruzó la habitación. Tomó a Hitsugaya por los hombros, lo llevó contra la pared y allí lo mantuvo acorralado.
-No la llames pequeña aventurera -dijo Ichigo suavemente.
-Pero, Ichigo... -Los ojos de Hitsugaya se abrieron llenos de asombro-. Ella no es más que otra de tus amantes, por el amor de Dios. Todo el mundo sabe eso.
-Ella es una buena amiga -dijo Ichigo-. Si la insultan a ella, me insultan a mí. ¿Comprendes lo que quiero decir, hermano?
-Sí, maldita sea. -Hitsugaya lo miró preocupado-. Sí, por supuesto que lo comprendo. No tenía idea de que el tema te importaba tanto.
Ichigo mantuvo a Hitsugaya contra la pared durante un momento y después lo soltó de golpe. -Tal vez sería mejor que te fueras. Debo trabajar y tú obviamente también tienes planes.
Hitsugaya alisó sus arrugadas solapas y se ajustó los puños de la chaqueta. -Discúlpame si te he ofendido.
-Acepto tus disculpas. Ahora, por favor, márchate.
-No me puedes culpar por haberme equivocado. Tus sentimientos hacia la señora Inoue parecen ser mucho más fuertes que lo que generalmente sientes cuando sales con tus amiguitas -observó Hitsugaya.
-Será mejor que desaparezcas de esta habitación antes de que pierda totalmente mi paciencia.
Hitsugaya lo miró de soslayo. -Sabes que lo haré. Iré a pedir la mano de Momo en matrimonio.
Ichigo se encogió de hombros. -Has dejado claro que nada de lo que yo te diga te hará cambiar de parecer.
-¿No me deseas suerte? -Había una nota de expectativa en la voz de Hitsugaya.
-Me temo que no puedo hacerlo. -Ichigo se quedó de pie mirando al mayordomo mecánico-. No creo que encuentres la felicidad junto a Momo Hinamori.
-¿Qué sabes tú de la felicidad al Iado de una mujer? -le preguntó amargamente Hitsugaya-. Te has impuesto tantas malditas reglas que ya no puedes encontrar ninguna felicidad en la vida.
-Sal de aquí, Hitsugaya.
-Ya me voy. No te pediré que me desees suerte. -Hitsugaya se dirigió altivo hacia la puerta. Se detuvo con la mano apoyada en el picaporte-. ¿Sabes una cosa, hermano? Creo que de verdad siento lástima por ti.
-No gastes tu lástima conmigo. La necesitarás para ti si sigues adelante con el proyecto de casarte con Momo Hinamori.
Hitsugaya salió de la estancia sin decir palabra. Pegó un portazo tan fuerte que el generador de electricidad se estremeció. Ichigo extendió la mano y le dio un golpe al interruptor que soltaba los resortes que había dentro del hombre mecánico. Las ruedas y engranajes chirriaron y traquetearon cuando el mayordomo mecánico se puso en acción.
El autómata tambaleante se dirigió hacia delante con la bandeja de plata extendida. Ichigo observó el avance de la criatura muda mientras cruzaba el laboratorio. Qué fácil era ser un autómata, guiado sólo por resortes mecánicos. El hombre artificial miraba fijo hacia delante, sin girar la cabeza ni a izquierda ni a derecha, impasible acerca de lo que pudiera haber delante o detrás suyo. No tenía pasado ni futuro. Su presente estaba gobernado por las inflexibles reglas del universo mecánico. No conocía el dolor, pero tampoco la alegría.
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-Hay un pequeño artículo en el diario de la mañana referente a la muerte de la señora Wycherley -dijo Nelliel-. Por supuesto, no hace mención alguna al tema del chantaje. Dios mío, ¿quién iba a creerlo? -Se dejó caer contra la elegante curva de su sofá de terciopelo de estilo romano-. Realmente es asombroso.
-Es la única conclusión a la que Kurosaki y yo pudimos llegar -Orihime tomó una taza de té.
-Casi no puedo dar crédito a eso -dijo Nelliel-. Simplemente es demasiado fantástico.
Las cejas hirsutas de lord Ukitake se juntaron en un gesto adusto. -Si uno lo medita cuidadosamente tiene algo de lógica.
-Sí -dijo Tatsuki-. Explica por qué Orihime no podía descubrir una vinculación clara entre el círculo de amigos de Oldeshawk y el de lord Kurosaki. No existía tal vínculo.
-Tanto trabajo hecho en esas investigaciones clandestinas en busca de la cera negra y del sello con el grabado del ave fénix. -Orihime dejó escapar un leve suspiro de remordimiento-. Estaba tan segura de que allí habría algo.
-¡Qué brillante la idea de Kurosaki de hacer preguntas sobre nuestras ex damas de compañía! - dijo Nelliel con tono de gran admiración.
Orihime miró hacia el techo. -Su hipótesis original no fue totalmente correcta. Ninguna de las damas de compañía resultó ser la chantajista.
-No, pero su teoría nos condujo directamente hasta el verdadero chantajista -observó Ukitake-. Un hombre de un intelecto excelente.
Orihime hizo una mueca. -Sí, y él tiene plena conciencia de eso.
Tatsuki le ofreció una sonrisa que no era frecuente. -Me parece, Orihime, que sientes algo de celos.
-Bueno, yo fui bastante parcial con mis propias hipótesis -admitió-. La idea de Kurosaki, sin embargo, es fascinante. Y Ukitake tiene razón, es muy lógico todo. Durante todos esos años la señora Wycherley estuvo utilizando a institutrices y damas de compañía para reunir una cantidad infernal de información sobre algunas de las mejores familias.
-Jamás en realidad me preocupé por la señorita Keiko -dijo Nelliel-. Tenía unos ojos que me hacían recordar a una pequeña rata. No la tuve empleada durante mucho tiempo.
-Deberías haberla despedido antes de lo que lo hiciste -le señaló Tatsuki-. Obviamente, estuvo por aquí lo suficiente como para llegar a la conclusión de que Yachiru no era la hija de Oldeshawk.
-Obviamente. -Nelliel meneó la cabeza-. Me pregunto cuántas otras víctimas tenía esa mujer. ¿Están todas las casas de Londres invadidas de espías?
-Lo dudo. -Orihime torció los labios-. Todo indica que la señora Wycherley era de lo más selectiva y cautelosa, al menos hasta hace poco. Sin duda escogía a sus víctimas con sumo cuidado.
-¡Ah! -Las cejas de Ukitake se crispaban-. Hizo algo muy desafortunado cuando decidió ampliar la lista de sus víctimas para incluir a Nelliel y a la buena amiga del conde Kurosaki, desde luego.
-Sí -dijo Orihime-. Así es.
-Bueno, gracias al cielo, todo esto ha terminado.. -Nelliel se sirvió un pastel de la mesita de té-. Ahora podemos seguir con la temporada. Confieso que he tenido algunas dificultades para planificar la boda de Yachiru, con todo este asunto del chantaje en mi cabeza.
Ukitake miró a Orihime preocupado. -¿Está seguro Kurosaki de que es éste el fin de todo el problema?
Orihime dudó. -Parece estar bastante satisfecho con eso.
-Bueno, entonces, es el fin -declaró Ukitake.
-Sí. -Orihime se puso de pie y tomó su sombrero blanco-. Tatsuki y yo debemos irnos. Tenemos una cita con nuestro hombre de negocios. Tal vez nos veamos en el teatro hoy por la noche.
-Muy probable -dijo Nelliel alegremente-. ¡Qué alivio será poder sentarme en mi palco sin preguntarme si los ojos de algún chantajista están clavados en mi persona!
-Hay sólo una cosa más -Orihime miró a cada uno de los tres con una mirada deliberada-. Confío en que todos os daréis cuenta de que a pesar de que el chantaje ha concluido, el resto sigue igual.
-¿De qué hablas, Orihime? -preguntó Nelliel con asombro.
-En la práctica, a los ojos de la sociedad, yo sigo siendo la señora Inoue.
-Maldición -exclamó Ukitake-. Tiene razón. No puede cambiar de identidad. Sería la ruina para ella.
-Estuvimos de acuerdo desde el principio en que cuando el problema fuera resuelto, yo desaparecería discretamente de la escena -dijo Orihime-. Pero he cambiado de parecer.
Nelliel la miró con serio interés. -¿Terminarás la temporada como la amante de Kurosaki?
-Sí.
Nelliel intercambió miradas intranquilas con Tatsuki y Ukitake. Después se volvió hacia Orihime. -¿Kurosaki está de acuerdo con esto?
-Más o menos -dijo Orihime.
No tenía sentido decirles que Ichigo en realidad había insistido en casarse con ella. Temía que todos se pusieran del lado del conde. Y Orihime sabía que ella no podía casarse con Ichigo, a menos que pudiera encontrar la forma de hacer que él se enamorara de ella. Descubrir la identidad del chantajista había sido una cuestión simple si se comparaba con este nuevo problema.
Se enfrentaba ahora con la difícil tarea de persuadir a Ichigo de que cambiara sus tontas reglas.
Orihime tenía conciencia del profundo silencio de Tatsuki mientras bajaban la escalinata de entrada de la casa de Nelliel. Su compañera no dijo nada hasta que ambas estuvieron acomodadas en el blanco carruaje de Orihime.
-Dilo de una vez, Tatsuki. -Orihime se recostó en los almohadones de terciopelo blanco y comenzó a alisarse la falda-. ¿Qué es lo que te preocupa?-. Tatsuki la observó con detenimiento. -Tengo la sensación de que dudaste cuando le dijiste a tu tía y a lord Ukitake que estabas segura de que el asunto del chantaje había concluido. Hay algo que te preocupa.
El pequeño carruaje comenzó a avanzar. Orihime miró por la ventanilla. Eran casi las cinco de la tarde. Las calles estaban pobladas de carruajes suntuosos que se dirigían al parque.
-Lo que a mí me molesta -dijo lentamente-, es que Kurosaki y yo revisamos el escritorio de la señora Wycherley antes de irnos.
-¿Y?
-No descubrimos el sello con el fénix. Ni tampoco encontramos ningún rastro de cera negra.
-Puedo asegurarte que Constance Wycherley pudo haber sido muchas cosas, pero no una tonta. Debía de vivir con un miedo constante de que la descubrieran. No debía dejar ninguna prueba de su culpabilidad a la vista.
-Eso fue lo que Ichigo dijo. Pero si era tan inteligente, lo suficientemente astuta como para llegar a hacer una extorsión, ¿por qué cometió el serio error de extorsionar a una amiga de Kurosaki? Ella debía de saber que corría el serio riesgo de atraerlo a su negocio.
-Tal vez había hecho demasiadas extorsiones y se había vuelto muy confiada -sugirió Tatsuki - O tal vez había crecido su codicia. Es posible que necesitara más dinero para cubrir deudas de juego o algo por el estilo. ¿Quién puede decirlo?
-Supongo que jamás tendremos todas las respuestas.
-Vamos, Orihime. Acabas de admitir que lo que en realidad ahora te molesta es que fue la hipótesis de Kurosaki la correcta.
-Tú sabes que la mía era bastante buena.
-Lo era. Sólo que era la equivocada. Ahora que el asunto está cerrado, ¿qué intenciones tienes para con tu otro problema?
-¿Qué otro problema?
-Oí lo que dijiste en la sala de la tía Nelliel, pero ambas sabemos que no puedes continuar con esa farsa de ser la amante de Kurosaki para siempre.
-Puedo seguir con ella hasta que termine la temporada -Orihime se aclaró la voz con delicadeza-. Y tú tal vez sepas que esto no es, estrictamente hablando, una comedia.
Tatsuki la estudió con los ojos llenos de interrogantes. -Eso me temía.
Orihime tomó las cintas blancas de su manguito.-No te preocupes por mí, Tatsuki.
-Tú no sólo eres mi única prima, tú eres mi mejor amiga. No puedo sino preocuparme por ti.
-Preocúpate por los negocios que haremos en Inoue Place. Resultará infinitamente más rentable.
-Él te dejará sin ningún remordimiento cuando se canse de ti. Tú sabes eso, ¿no es así?
-Tal vez yo me canse de él primero -dijo con ligereza Orihime.
-Desearía poder creerte. Supongo que no puedo decir nada que te haga cambiar de parecer para no continuar con este asunto tan imprudente.
-No. Pero puedes tener por seguro que cuando finalice la temporada, mi relación con Kurosaki también terminará.
-¿Qué es lo que harás entonces?
-Supervisar la construcción de Inoue Place. Dedicarme a mis planes de hacer un libro de diseños clásicos. -Orihime sonrió melancólica-. Tengo una enorme cantidad de proyectos para el futuro, Tatsuki. Te aseguro que no caeré en una depresión cuando mi relación con Kurosaki concluya.
-Soy consciente de lo fuerte que eres, Orihime. Sin embargo, no deseo que te lastime.
-Es demasiado tarde para salvarme. Estoy decidida a disfrutar de una gran aventura, Tatsuki. No habrá otra ni remotamente similar a ésta, ya lo sabes. Kurosaki es único.
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Ichigo inclinó levemente la cabeza cuando aquella noche vio a Unohana y a su marido en el vestíbulo del teatro. Kenpachi lo miró con rencor, asintió rígido para devolver el saludo y después, de forma deliberada, se volvió para saludar a otra persona. No fue un desprecio directo, pero estuvo muy cerca de serIo.
Unohana miró a Ichigo nerviosa. Sus ojos estaban llenos de algo parecido a la desesperación. La brillante multitud de asistentes actuaba como si estuviera a la caza de los palcos. Eso le permitió a Ichigo acercarse a Unohana durante unos pocos segundos vitales sin levantar la sospecha de Kenpachi.
-Todo ha terminado -le susurró Ichigo mientras pasaba junto a Unohana-. El chantajista era la señora Wycherley. Está muerta.
Unohana miró interrogante el rostro de Ichigo. -Vi las noticias en los diarios de la mañana y me pregunté qué había sucedido. -Los ojos de ella de pronto se abrieron-. Ichigo, tú no habrás...
-No. Creo que una de las víctimas lo hizo.
-¡Santo cielo!
-Ven, querida. -Kenpachi tomó del brazo a su mujer. Entrecerró los ojos cuando vio a Ichigo pasar muy cerca de Unohana-. Te iré a buscar un vaso de limonada.
Ichigo simuló no notar cómo alejaba a Unohana entre la multitud. Sentía remordimiento por la animosidad que Kenpachi sentía hacia él, pero en realidad no podía culparle por esa actitud vigilante. Ichigo reconocía que él sentía una sensación de posesión similar hacia Orihime en esos días.
Recorrió el vestíbulo del teatro y subió la escalera alfombrada de rojo. Estaban en el entreacto. El corredor detrás de la primera fila de palcos estaba casi tan atestado de gente como la entrada. Los caballeros caminaban prestos por todas partes en busca de refrescos para sus señoras. Otros caminaban por los pasillos para intercambiar los últimos chismes o hacer breves visitas a los palcos vecinos. Un puñado de jóvenes pasaron junto a Ichigo. Obviamente iban a visitar a las elegantes cortesanas que exhibían todo su esplendor en los palcos más costosos.
Ichigo hizo pequeñas reverencias a unos pocos conocidos mientras caminaba por el pasillo que rodeaba todos los palcos. Cuando llegó al palco del final, hizo a un lado la cortina y entró. Hinamori, su esposa, de mirada aguda, y la adorable Momo se volvieron para mirar con asombro.
-Buenas noches -dijo Ichigo-. ¿Disfrutan de la función?
La expresión de sorpresa de Hinamori se tornó en una expresión de gran cautela. -Kurosaki. No sabía que usted vendría esta noche.
-Mi lord, ¡qué gusto de verlo! -Tomoyo Hinamori se sintió claramente sorprendida por la aparición de Ichigo en el palco, tal como si se tratara de un fantasma-. Momo saluda a su excelencia…
Momo se puso de pie como si hubiera sido impulsada por un resorte. -Mi lord.
-Señora Hinamori. Señorita Momo. -Ichigo las contempló brevemente-. Ambas están espléndidas esta noche.
-Gracias, mi lord. -La señora Hinamori casi se sintió aliviada por la educación de Kurosaki-. ¿No desea sentarse un instante? Por favor, tome asiento junto a Momo.
-Gracias. Creo que aceptaré-. Se sentó con cuidado en una de las pequeñas sillas del palco y ésta crujió.
-Tengo entendido que Kean está excelente esta noche- dijo Tomoyo con animosidad.
-Sí, por supuesto. Ese hombre desde luego sabe actuar, aun con unas copas de más –dijo Hinamori con aire de buen humor.
-Sí, teniendo en cuenta que pasa la mayor parte del tiempo borracho como una cuba –dijo Ichigo.
-Sí, usted bien sabe lo que sucede con esos actores -murmuró Hinamori-. Son muy inestables anímicamente.
-No son los únicos que son inestables. -Ichigo estudió el teatro lleno de público. No prestó atención a la platea ni a las galerías, y se concentró en los palcos. De inmediato, pudo ver a Orihime.
Brillaba con su clásico vestido blanco. Unas plumas blancas adornaban con gracia su cabello, que estaba peinado con raya en el medio y cuidadosamente rizado por encima de las orejas. Un collar de cristal brillaba en su delicado cuello. No estaba sola en el palco. Tatsuki estaba sentada a su izquierda.
Mientras Ichigo observaba, las cortinas del fondo se abrieron. Uryuu Ishida entró, vestido como siempre con una chaqueta azul, un chaleco a rayas y pantalones rectos. Llevaba limonadas para las dos damas en sus manos enfundadas en guantes.
La señora Hinamori comenzó una conversación totalmente trivial. -¡Qué días tan agradables! ¿No lo cree así, mi lord?
-Sí -dijo Ichigo.
-Momo y yo estuvimos paseando por el parque esta tarde, ¿no es así, Momo? -continuó la señora Hinamori con premeditada determinación.
-Sí, mamá. -Momo tomó fuertemente su abanico como si temiera que Ichigo pudiera arrancárselo de la mano-. Fue muy agradable -dijo radiante-. Vimos a su hermano, señor.
-¿Oh, sí?
Momo se estremeció por el tono de voz de Ichigo. La señora Hinamori miró a su marido con alarma. Hinamori, mostrando serenidad intentó cargar con el peso de la conversación.
-Confío en que se encuentre bien, señor.
-Muy bien -dijo Ichigo.
-Excelente, excelente -dijo Hinamori con fingido entusiasmo-. Me alegro de oír eso.
Ichigo observó cómo Orihime tomaba un sorbo de limonada del vaso que le había alcanzado Ishida. -En realidad, me encuentro en un excelente estado de salud. Tan bien que he decidido casarme.
Un pesado silencio siguió a tal comentario. Hinamori abrió la boca. Le llevó varios segundos volver a cerrarla. -Pensaba que estaba decidido a no volver a casarse, señor. Creía que tenía una regla en contra del matrimonio.
-He cambiado de parecer -dijo Ichigo-. Un amigo mío me convenció de que algunas reglas están hechas para ser quebrantadas.
-Ya veo. -Hinamori se recompuso-. Bueno, entonces, reciba mis más fervientes felicitaciones. Yo siempre digo que estas noticias provocan cierto revuelo.
Momo miró a su padre y a su madre y después sonrió trémula a Ichigo. -Le deseo toda la felicidad en su matrimonio, señor.
Ichigo arqueó una ceja. -Gracias, señorita Hinamori.
La señora Hinamori entrecerró sus mezquinos ojos. -¿Anunciará pronto las nupcias, señor?
-Dentro de muy poco -le aseguró Ichigo.
Hinamori habló con autoridad. -¿Quién es la afortunada dama, si puedo preguntarlo y no ser atrevido?
-No puedo anunciarlo todavía. Aún existen pequeños detalles que hay que arreglar. Acuerdos y cosas por el estilo. Usted comprenderá, estoy seguro.
-Por supuesto -dijo Hinamori con debilidad-. Acuerdos... Eso es muy importante.
-Así es. -Ichigo se puso de pie-. Pido que me excusen, debo retirarme. En estos días he estado sumamente ocupado. Los preparativos de boda llevan mucho trabajo.
-¿Sí? -La señora Hinamori lo miró interrogante.
-Sí, por supuesto -dijo Ichigo-. Uno debe volver a rehacer su testamento, por ejemplo, a fin de proveer a la futura esposa y a los posibles herederos.
-¿Herederos? -La señora Hinamori repitió con tono de asombro.
-Se debe cumplir con el deber cuando se tiene un título nobiliario -le recordó Ichigo-. Y también existe el problema de ajustar los ingresos de los otros miembros de la familia.
-¿Ajustarlos de qué manera? -preguntó rápidamente la señora Hinamori.
-Reducirlos, naturalmente -dijo Ichigo-. La fortuna de la familia debe concentrarse en manos de mi heredero, a fin de preservarla y protegerla.
-Creí que su hermano era su heredero, señor -dijo Hinamori.
-Sí, bueno, eso ahora cambiará y soy yo el que se casa, ¿o no? Con suerte tendré un hijo que heredará mi título y mi fortuna.
La señora Hinamori pareció profundamente conmovida. -Ya veo.
-Mi hermano continuará recibiendo una mensualidad razonable, naturalmente. De la forma que siempre ha sido. -Ichigo abrió la cortina y salió del palco. Se volvió para sonreírles a los tres-. A menos, por supuesto, que se case sin mi aprobación.
-¿Perdón, cómo dice? -Hinamori se mostró impresionado.
-Creo firmemente que para salvaguardar su futuro, Hitsugaya debe encontrar una heredera. Después de todo, tendrá que considerar el futuro de su propia descendencia.
-¿Descendencia? -Hinamori se mostraba claramente anonadado.
-Siempre se llega a eso, ¿no es así? -Ichigo salió al pasillo. Las pesadas cortinas se cerraron tras él.
Siguió la curva del pasillo hasta el extremo del teatro donde estaba situado el palco de Orihime. Uryuu Ishida salía justo cuando Ichigo extendía la mano para abrir la cortina.
-Oh, disculpe. -Ishida se apresuró a hacerse a un lado-. Buenas noches, Kurosaki. No tenía intenciones de chocar contra usted. Hay muchísima gente ahí fuera, ¿no es así?
-Sí. -Ichigo se introdujo en el palco y dejó que la cortina se cerrase. -Buenas noches, Orihime. Señorita Tatsuki. -Ichigo tomó una de las pequeñas sillas sin esperar a ser invitado.
-Mi lord -murmuró Tatsuki amable. Se volvió para observar la actividad de la platea.
A Ichigo se le ocurrió que Tatsuki lo despreciaba de la misma manera sutil en que lo hacía a menudo Kenpachi. No era una persona muy popular en la actualidad. Orihime sonrió dándole la bienvenida. Sus ojos brillaban de curiosidad.
-Buenas noches, mi lord. Creí verlo sentado en el palco de los Hinamori hace unos minutos.
-Tuve una pequeña conversación con ellos. -Ichigo extendió las piernas y a continuación protestó levemente-. ¿Por qué diablos siempre me tropiezo con Ishida? Parece que pasa gran parte de su tiempo junto a vosotras.
Orihime se encogió de hombros. Los cristales de su collar destellaban en su cuello. -El señor Ishida es un amigo. Y bastante inofensivo. Usted sabe eso, mi lord.
-Es una verdadera molestia.
Las cejas de Orihime se arquearon denotando sorpresa. -Parece que hoy está de un humor no muy bueno, mi lord.
-Así es. -Ichigo miró hacia el escenario cuando las luces se atenuaban-. Tal vez la actuación de Kean mejore mi ánimo.
-Esperemos que así sea. -Orihime lo miró interrogante antes de volverse para concentrar su atención en el escenario.
Kean estuvo excelente en su papel de Macbeth, pero a pesar de ello no logró mejorar el ánimo sombrío de Ichigo. Lo que en realidad él deseaba hacer era hablar con Orihime. Deseaba hablarle sobre la obcecada decisión de Hitsugaya de casarse con Momo Hinamori. Necesitaba confiarle su intranquilidad, tener su opinión, preguntarle si ella pensaba que había hecho lo correcto al tratar de desalentar a Hinamori aquella noche.
Sin embargo, su capacidad para compartir los problemas con otra persona era una característica que hacía años se había desvanecido. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que pidiera consejo, que confesara incertidumbre o simplemente pidiera la opinión de otra persona que ni siquiera sabía cómo hacerlo. De cualquier modo, sus reglas no le permitían exhibir debilidad.
En medio de la última escena de Macbeth se abrió de repente la cortina del palco. Hitsugaya irrumpió en el lugar. Tenía los puños cerrados a los costados de su cuerpo. Su rostro era la imagen de la furia.
-Maldito seas, Ichigo. Jamás te perdonaré esto, jamás. Sé lo que piensas hacer y no funcionará. ¿Me oyes? No podrás detener mi decisión de casarme con Momo.
Ichigo se volvió lentamente, consciente del asombro de Orihime y de Tatsuki. -Parece que has olvidado tus modales -dijo Ichigo suavemente-. Permíteme presentarte a la señora Inoue y a la señorita Tatsuki.
Hitsugaya echó una mirada de disgusto a Orihime. -¿Por qué debería molestarme con buenos modales en presencia de tu amante cuando tú no te tomas la molestia de ejercitarlos delante de mi futura esposa y de los miembros de su familia?
-Es suficiente -Ichigo se puso de pie-. Te lo advertí, Hitsugaya. Hablaremos de esto más tarde.
-No hay nada de qué hablar. Debería haber sabido que harías cualquier maldad para arruinar mi felicidad. Pero aunque parezca mentira, no se me ocurrió que llegarías hasta este extremo. Entiendo que tienes intenciones de desheredarme.
-Hablaremos de eso cuando estemos en privado -dijo Ichigo en un tono de voz inexpresivo.
-¿Piensas que a mí me importa algo si me desheredas o no? Yo puedo hacerme mi propio camino en la vida, y Momo lo sabe. Ella tiene fe en mí, incluso cuando no esté bajo la tutela de su padre.
-Si has decidido hacer una escena, entonces nos encontraremos en la calle.
-No hay necesidad, ya me voy. -La boca de Hitsugaya se torció en una mueca de odio-. Por cierto, permíteme felicitarte, hermano. Tengo entendido que pronto anunciarás tu propia boda.
Ichigo oyó la leve expresión de asombro que salió de los labios de Orihime. No la miró. Tenía toda su atención concentrada en su hermano. -Así es.
-Ya todo el teatro sabe la noticia. Debes haber estado verdaderamente desesperado para detener mis planes de casarme, para llegar tan lejos como para quebrantar una de tus normas.
-Hitsugaya, ya es suficiente.
-Pero esa parte del plan tampoco funcionará. Momo se casará conmigo, independientemente del hecho de que herede o no tu maldito título. Ya lo verás. Ella me ama, no ama mi herencia. Todo eso es mucho más de lo que tú puedes decir de tu futura esposa, sea quien sea-. Hitsugaya dio media vuelta y salió bruscamente del palco.
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Orihime estaba sentada muy quieta sobre los negros asientos del carruaje de Ichigo. Los farolillos del interior no estaban encendidos. Ichigo ocupaba la mayor parte del asiento con su imponente figura. Tenía una de sus piernas extendidas sobre los almohadones y la otra sobre el piso del coche. Mostraba un aire cargado de tensión y amargura.
No había pronunciado más que una docena de palabras desde que habían abandonado el teatro hacía pocos minutos; la mayoría habían sido órdenes dirigidas a Dinks. Orihime no había podido ver el final de la obra de teatro. Ichigo había mencionado algo sobre evitar el amontonamiento del tránsito, pero ella sabía que aquélla no era la razón por la que quería irse más temprano.
Cuando con brusquedad le había ordenado que lo acompañara, Orihime había visto la duda y la desaprobación reflejadas en los ojos de Tatsuki. Pero había aceptado en silencio. Tatsuki se había quedado en el palco de Nelliel y Ukitake. Se encontraría más tarde con ellos en casa.
También leyó miles de preguntas en los ojos de Nelliel cuando Orihime e Ichigo acompañaron a Tatsuki hasta su palco. Orihime no les prestó atención. Sabía que su tía había oído ya los rumores acerca de la boda de Ichigo, pero no tenía explicaciones ni respuestas que darle.
Cuando el carruaje comenzó a moverse por las calles, Ichigo finalmente rompió el silencio. -Lamento que hayas sido objeto de una escena tan desafortunada en el teatro. -Miró por la ventanilla-. Mi hermano parece estar pasando por una fase turbulenta de su vida.
-Ichigo, creo que me debes una explicación.
-Mmm…
Orihime esperó unos segundos. Ichigo no decía nada. -¿Y bien? -dijo finalmente ella.
-¿Y bien, qué? -Ichigo no apartaba los ojos de la ventanilla.
Orihime hizo un estoico esfuerzo por mantener la compostura y la paciencia. -Bien, ¿qué explicación tienes para lo que acaba de suceder en el teatro?
Ichigo dudó, confundido.
-Soy consciente del hecho de que tienes una norma que te prohíbe dar explicaciones sobre tus acciones -dijo Orihime-. Pero creo que en este caso...
-Hitsugaya cree estar perdidamente enamorado de Momo Hinamori.
-¿Y tú no apruebas esa boda?
Ichigo finalmente la miró. -¿Cómo lo adivinaste?
-No fue difícil.
-Es el más preciado de los deseos de Hinamori sacar a flote la decaída fortuna de su familia casando a su hija con alguien de dinero. El principal objetivo de la señora Hinamori es lograr un título nobiliario para la familia. Hace dos o tres temporadas que han intentado por todos los medios que Momo conquistara a todos los caballeros con fortuna y título de sociedad.
-¿Eso te incluye a ti?
-La temporada pasada fui su objetivo durante algún tiempo. -La luz del carruaje que pasó junto a ellos iluminó por un instante los rasgos marcados y sombríos del rostro de Ichigo-. Hinamori llegó tan lejos como para intentar obligarme a comprometer mi posición con su propia hija.
-Santo Dios. ¿Qué sucedió?
-No entraré en detalles. Fue un plan miserable, mal concebido y transparente en extremo. Por suerte, resultó un intento fallido.
-Ya veo. -El aire era frío. Orihime envolvió sus hombros desnudos con el chal blanco de encaje-. Supongo que pudiste salir ileso de la situación.
-Sí, por supuesto.
-No como la otra noche en el Templo de Vesta de los Ichimaru, cuando descubriste la verdad demasiado tarde.
Se produjo una pausa leve y tensa. Ichigo finalmente se movió de la forma que lo haría un animal de presa en busca de una posición más cómoda. Apoyó la cabeza contra el almohadón del respaldo, cerró los ojos y se cruzó de brazos.
-Le dejé claro a Hinamori que yo no me casaría con Momo, aunque nos descubriera a los dos desnudos en su cama -dijo Ichigo deliberadamente.
-¡Oh! -Orihime no supo qué más decir.
-Le recordé que yo tenía una regla contra el matrimonio. Hinamori aparentemente creyó en mi palabra y dejó de arrojar a Momo en mis brazos. Pero esta temporada parece haber llegado a la conclusión de que mi hermano sería un sustituto adecuado.
-De modo que esta noche tú volviste a intentar disuadirlo de su objetivo -concluyó Orihime-. Pero esta vez te encontraste con un problema adicional: tu hermano está enamorado de
Momo.
-Mi hermano ha sucumbido a los efectos de la atracción física y a la prosa romántica de Byron. Él no está enamorado.
Orihime se estremeció ante el disgusto que percibió en aquella voz. -¿Cómo puedes estar tan seguro de los sentimientos de tu hermano hacia Momo?
-Por el amor de Dios, si ni siquiera tiene veinte años. Ha caído en las garras de la pasión, eso es todo. Es típico de los hombres jóvenes, desea dignificar ese puro deseo carnal llamándolo amor.
-Tal vez sus sentimientos por Momo sean más profundos de lo que tú crees.
-Lo dudo mucho -murmuró Ichigo.
-¿Qué es lo que deseas lograr anunciando, como has hecho esta noche, una boda ficticia?
-La boda no es ficticia. Nosotros nos casaremos, Orihime.
-Volvamos a ese tema en otro momento -dijo ella-. Por ahora estamos hablando de tu hermano. Tú esperas arruinar los planes de Hinamori haciéndole creer que has cambiado de parecer respecto a volver a casarte.
-Y es verdad, he cambiado de parecer.
Ella no le prestó atención. -Es posible que hayas logrado persuadir a Hinamori de que Hitsugaya ya no es un buen partido para su hija, pero ¿qué sucede con Hitsugaya y Momo?
-¿Que qué pasa con ellos? Los padres de Momo no permitirán que se case con mi hermano si creen que yo lo desheredaré. Su objetivo es poner sus sucias manos en parte de la fortuna de los Kurosaki. Y yo soy el que controla esa fortuna, no Hitsugaya.
-Ichigo, no creo que sea tan fácil como eso. Vi el rostro de tu hermano esta noche. Él cree estar enamorado de Momo.
-Pronto se dará cuenta de que eso no es bueno para él. Hinamori retirará a Momo de la presencia de mi hermano y la lanzará hacia otro objetivo, ahora que yo he eliminado el incentivo principal que tenía.
-Tonterías. Tú y Hinamori sois dos idiotas si verdaderamente creéis que podéis controlar las vidas de los demás de esa forma. Momo y Hitsugaya son jóvenes, pero no tontos. No hay que ser muy inteligente para imaginar lo que podrían hacer si tú y Hinamori vais en contra de su voluntad.
Ichigo la observó desde la penumbra. -¿Qué dices? ¿Que podrían escaparse a Gretna Green?
-Es una posibilidad, ¿no?
-No, admito que Hitsugaya con su estado de ánimo actual podría ser lo suficientemente tonto como para sugerir algo así, pero Momo es una mujer muy racional. Es altamente improbable que haga algo tan poco práctico como casarse con un hombre cuyas finanzas son inciertas.
-¿Quieres decir que ella se casaría por dinero y no por amor?
-Precisamente. No te olvides, la vi actuar la temporada pasada.
-Sospecho que a quienes viste actuar fueron a sus padres. La pobre Momo sin duda simplemente intentaba obedecer instrucciones.
-No hay ninguna diferencia.
-Ichigo, dudo si decirte esto -dijo Orihime-, pero tú no eres un muy buen juez cuando se trata de evaluar cuestiones sobre la naturaleza humana. Por lo menos, no cuando se trata de asuntos del corazón.
-Los asuntos del corazón deben manejarse de la misma forma que los asuntos de negocios. Deben ser abordados con cuidado y seriedad.
-Quieres decir con cinismo, ¿no es así? Comprendo lo que tratas de hacer -dijo Orihime con delicadeza-. Deseas proteger a tu hermano de un matrimonio desdichado. Pero no creo que lo estés haciendo de la manera correcta.
-Eso a ti no te importa, Orihime.
-Tonterías. Tú me has arrastrado a esto. Si deseabas mantenerme ajena a la situación, jamás deberías haberle dicho a Hinamori que estabas próximo a anunciar tu propio matrimonio. Ahora ambos debemos enfrentarnos a muchísimas preguntas de la gente. Todo será muchísimo más difícil.
-Yo no veo el problema. Tengo una regla para no contestar preguntas de orden personal.
-Pero Ichigo, la gente espera que anuncies tu compromiso con alguna de las jóvenes que se presentaron en esta temporada. No con tu amante, por el amor de Dios. Incluso tu propio hermano supone que elegirás a alguna de las candidatas entre las tantas que hay en la sociedad.
-Yo no me casaré con ninguna jovencita que tenga su primera temporada social -dijo Ichigo-, me casaré contigo.
-Eres el hombre más obcecado que jamás he conocido en toda mi vida.
-Es mejor que vayas acostumbrándote a eso porque no tengo intenciones de cambiar.
Orihime respiró profundamente llena de desesperación. -Volvamos al tema que estábamos tratando. Te aconsejo no tomar una posición tan dura e inflexible con respecto a Hitsugaya y a Momo. Me temo que al hacerlo sólo lograrás que los dos se unan todavía más.
-No recuerdo haberte pedido consejo sobre el tema.
-Entonces ¿para qué estamos hablando de esto?
-Maldición, sí, lo sé -murmuró-. No es asunto tuyo. Hitsugaya es mi hermano y yo haré lo que crea conveniente.
-Ichigo, comprendo lo que tratas de hacer. Deseas protegerlo.
-¿Qué hay de malo en ello?
-Nada. Comprendo tus intenciones. Tú lo criaste. Sospecho que de alguna forma tú fuiste más un padre que un hermano para él. Es una situación similar a la que yo tengo con mi hermana. De alguna forma, yo casi fui una madre para ella.
-Soy consciente de eso -dijo él tranquilo.
-Tú y yo fuimos padres antes de que tuviéramos la oportunidad de madurar. Y nos sentimos protectores, como cualquier padre se siente respecto de su hijo. Pero por más que deseemos protegerlos para siempre, no podemos hacer eso.
-Yo sí puedo y protegeré a Hitsugaya de Momo Hinamori.
-Equivocas el camino.
-¿Qué me sugieres que haga? -dijo Ichigo en tono de protesta-. ¿Qué bendiga esa unión?
-Sí.
-¡Jamás!
-Escúchame. -Orihime se inclinó hacia delante llena de ansiedad-. Dile a tu hermano que tú consentirás ese matrimonio si él acepta que pase un período razonable para el compromiso.
-¿Qué es lo que consideras un período razonable?
-Muchas parejas se casan al cabo de un año. Con seguridad convencerás a Hitsugaya de que acepte tal requerimiento. Puedes pedirle por lo menos seis meses.
-¿Y qué sucederá cuando finalice el período del acuerdo?
-Un año es mucho tiempo, Ichigo. También lo son seis meses. Si Momo no es la mujer para Hitsugaya, él tendrá muchas posibilidades para descubrirlo.
-Romper un compromiso no es un asunto ligero.
-Es verdad, pero puede hacerse y se hace. Tú puedes arreglar que todo se lleve a cabo en secreto.
La expresión de Ichigo se ensombreció. -¿Qué sucede si Momo logra casarse con Hitsugaya antes de que termine el año?
-Tú ya te enfrentas a ese riesgo. En realidad, la amenaza es mayor en este mismo momento ya que los dos se deben sentir desesperados. Si a Momo le interesa verdaderamente Hitsugaya, de la misma forma que ella le interesa a él, es posible que se sientan maltratados por el destino. Pueden decidir desafiar a la familia y a la tradición, a fin de poder estar juntos.
-¡Maldición! Lo que dices es cierto, si es que yo estoy equivocado con respecto a los sentimientos de Momo. Pero si estoy en lo cierto, el tema estará concluido. Los Hinamori, con Momo incluida, decidirán que Hitsugaya ya no es un buen proyecto de matrimonio.
Orihime suspiró. -Mi lord, dudo que tengas razón en la evaluación que has hecho de esta situación. Tú eres un hombre de ciencia, probablemente el hombre más inteligente que conozco, pero eres ciego en cuanto a estos temas. El amor hace que las personas hagan cosas desesperadas.
Ichigo la miró de soslayo. -¿Qué es lo que te hace una experta en el tema?
Orihime se contuvo de hacerle ver que ella estaba viviendo un ejemplo de los extremos desesperados a los que el amor puede llegar a conducir a una persona. -Fui testigo de cómo mi hermana se enamoró.
La mirada de Ichigo se hizo más intensa. -¿Del hombre que tú creíste que te amaba?
Orihime contuvo la respiración. -¿Conoces tú a Shunsui Kyōraku?
-Sí. -Ichigo miró por la ventanilla.
-Tú crees saberlo todo, ¿no es así, mi lord?
-He sabido por experiencia que es mejor tener toda la información necesaria antes de tomar una decisión.
-Bueno, entonces, como pareces ser un sabelotodo, no necesitas más explicaciones referentes a mí y a Shunsui.
Los ojos de Ichigo se clavaron un instante en los de Orihime. Después, volvió a mirar por la ventanilla. -¿Lo amabas?
-La respuesta carecería de sentido para una persona que no cree en el amor.
-Evades la pregunta.
-Simplemente estoy siguiendo tu propia regla respecto a dar explicaciones a los curiosos-. Orihime hizo una pausa-. Pero haré un trato contigo, mi lord.
-¿Qué clase de trato?
-Yo aceptaré contestar a tus preguntas si tú consientes en contestar a las mías.
-Muy bien -dijo Ichigo-. Pero tú contestarás primero. ¿Creíste estar enamorada del joven hacendado Kyōraku?
Orihime luchó por dar una respuesta honesta. Era extraño lo difícil que le resultaba recordar las emociones de aquellos días, cuando ella había creído que Shunsui la pediría en matrimonio. Sus sentimientos hacia Shunsui habían sido vagos y poco profundos si se los comparaba con los que ahora sentía hacia Ichigo.
-Creía que podía aprender a amarlo -dijo con calma.
-¿Creíste que podrías aprender a amarlo? -se burló Ichigo-. ¡Qué tontería!
-No creo que sea una tontería. En mi corazón soy una mujer de letras. Ex directora de un colegio. Creo en los poderes del intelecto. Estoy convencida de que donde existen los factores adecuados y donde haya decisión, voluntad e inteligencia, es posible que uno pueda aprender a amar.
-Los poetas se reirían al oírte hablar de aplicar la inteligencia racional al amor.
-Tú no eres un poeta, mi lord. ¿De qué te ríes?
-Es que todo lo que dices es para reírse. -Ichigo le echó una mirada irónica-. Tú dijiste que debían estar presentes los factores adecuados a fin de que uno pueda aprender a amar. ¿Estaban esos factores presentes en Shunsui Kyōraku?
-Así lo creo. Shunsui es un buen hombre. Un hombre amable, fuerte, gentil y fiel. Sí, podría haber aprendido a amarlo.
-Parece un hombre modélico. ¿Honestamente crees que habrías sido feliz con él?
-Sí.
-¿Le habrías sido fiel?
Ella frunció el ceño. -Por supuesto.
-¿Aún cuando hubieras conocido a otro hombre estando casada? ¿Un hombre que te hiciera sentir el fuego de la pasión? ¿Un hombre que te hiciera comprender las obras de los poetas? ¿Un hombre que te alzara hasta las estrellas?
-¿Te refieres a si yo te hubiera conocido a ti, Ichigo?
Ichigo quedó paralizado.
Orihime sonrió melancólica. -Es altamente improbable que tú y yo nos hubiéramos conocido si me hubiera casado con Shunsui Kyōraku. Pero en respuesta a tu pregunta debo decirte que sí. Aun habiéndote conocido, le habría sido fiel. Es posible que no me importen las reglas, pero sí poseo un profundo sentido del honor.
-La pasión no siempre está sujeta a lo que dicta la voluntad, señora.
-No estoy de acuerdo. Y creo, muy profundamente, que tú piensas igual que yo. Somos seres inteligentes. Las tentaciones y las pasiones pueden mantenerse bajo control, si uno está dispuesto a ello.
Ante la sorpresa de Orihime, Ichigo sonrió levemente. -Es posible que tengas razón. ¿Qué tiene que ver eso con nosotros dos, Orihime? ¿Qué, hay falta de voluntad?
-No. -Orihime abrió lentamente el abanico y luego lo cerró-. Dice que ambos somos libres para consentir nuestras pasiones y hemos decidido hacerlo. Es nuestra prerrogativa, nuestro derecho como adultos independientes. Si no fuéramos libres, el honor nos limitaría a caer en cualquier tentación.
-Ah. Ya veo. Sucede que somos libres de permitirnos caer en la tentación, y así, nos tentamos. Una lógica muy interesante.
-Tal vez deberíamos volver sobre el tema de las pasiones de tu hermano, más que hablar de las nuestras. Tú no puedes ni debes controlar la vida de Hitsugaya, Ichigo.
-¿Y crees que no lo sé? Yo no deseo controlar su vida. Deseo protegerlo.
-Él amará a quien quiera. Todo lo que tú puedes hacer es tener la esperanza de negociar algo de tiempo para que él considere el paso que va a tomar. Con un poco de suerte, él usará ese tiempo para asegurarse de que siente por Momo Hinamori verdadero amor y no una simple pasión pasajera.
-Aún creo que lo que hice sería lo mejor para él -dijo Ichigo-. No me sorprendería en absoluto si no hubiera echado por tierra todo el asunto esta mismísima noche.
-Creo que lo que piensas hacer provocará un desastre.
-Maldita sea, detesto las tonterías emocionales.
-Tú, señor, careces de paciencia para cualquier cosa que no esté conforme con las leyes de la ciencia.
-Las cosas eran mucho más simples cuando Hitsugaya era más joven -dijo Ichigo en voz baja-. Entonces él respetaba mis consejos, me pedía ayuda cuando la necesitaba, buscaba mi aprobación antes de emprender una tarea importante.
-Comprendo. -Orihime le sonrió melancólica-. Fue lo mismo entre mi hermana y yo, cuando ella era niña. Pero todos acabamos creciendo, Ichigo.
-¿Deben ellos destruir la oportunidad que tienen de ser felices durante su proceso de crecimiento?
-A veces.
-El precio de equivocarse es demasiado alto. No puedo permitirlo, Orihime.
Orihime apretó el abanico. -Señor, he enseñado durante muchos años. Descubrí que no siempre los demás aprenden la lección que uno cree estar enseñando. Muy, pero muy a menudo, entienden otra cosa.
-¿Qué es lo que se supone que quieres decirme con ese ejemplo?
-Debes creerme cuando te digo que estás manejando esta situación con mucho riesgo. Hitsugaya aprenderá mucho de cómo manejes tú la situación.
-Le pido a Dios que lo haga -dijo Ichigo con fervor.
-Pero dudo que aprenda la lección que tú crees estarle enseñando. En resumen, mi lord, cuando todo esté dicho y hecho, existirán todas las posibilidades de que él termine siendo como tú, si este asunto tiene un final desastroso. ¿Deseas eso para él?
Ichigo la miró con frío asombro. -¿Qué quieres decir?
-Tú le enseñas cosas que muy probablemente lo transformen en una copia de ti mismo.
-¿Y qué clase de hombre es ése? -preguntó con un tono suavemente peligroso.
-Un hombre que vive según reglas tan rígidas e inquebrantables que no le dejan lugar para el amor.
Un silencio terrible se estableció entre los dos. Ichigo no se movió ni un centímetro, pero Orihime casi quedó encerrada entre las olas silenciosas de su rabia.
-Mi lord, no pretendo saber mucho de tu primer matrimonio. Pero no puedo evitar sino llegar a la conclusión de que fue un matrimonio desdichado.
-Fue un infierno.
-Desearía reclamar la mitad de nuestro trato. Deseo que me contestes a esta pregunta. ¿Pudo alguien que te conoció haberte impedido casarte?
Por un momento ella no creyó que él fuera a responder.
-No. -Aquella única palabra sonó tan pesada como una piedra-. Probablemente no. Creí saber lo que hacía. Creí que estaba enamorado. -Su sonrisa era salvaje-. Creí que Rukia me amaba.
-Tal vez fue así -dijo Orihime.
-No. -La mano de Ichigo se cerró en un puño-. Ella necesitaba un padre para el bebé que iba a tener.
Orihime quedó paralizada. -No me di cuenta...
Ichigo la miró a los ojos. Su expresión era fría. -Nadie se dio cuenta. Yo jamás le conté a nadie que Rukia se acercó a mí después de quedar encinta de otro hombre.
-Oh, Ichigo. ¡Qué terrible debió de ser eso para ti!
Ichigo quedó en silencio por un instante. Orihime no podía pensar qué decir. Se sentía anonadada por aquella revelación que había sido guardada durante tanto tiempo.
-La familia de Rukia vivía en una finca vecina -dijo finalmente Ichigo. Sonaba como si estuviera desenterrando las palabras de la tumba en donde las había sepultado hacía muchísimo tiempo- La conocía de casi toda la vida. Yo era un año mayor que ella y había creído estar enamorado desde el día en que cumplí dieciséis años.
-Ichigo, por favor, no tienes por qué contarme.
Él actuó como si no la hubiera oído. -Ella me encontró divertido, creo. Y útil. Aprendimos a bailar en las reuniones del pueblo. Yo le enseñé a pescar. Ella era la primera mujer que yo había besado.
Orihime no deseaba oír más. -Por favor...
-Pero yo era un simple granjero. En aquel momento el título estaba en manos de un tío lejano. Jamás esperé heredarlo. Rukia deseaba más de la vida que lo que yo podría darle alguna vez. Y era tan hermosa que ella y sus padres se convencieron de que podría encontrar un candidato más encumbrado en la esfera social que un hacendado del lugar. Cuando Rukia cumplió los dieciocho, su familia la llevó a Londres para presentarla en sociedad.
-¿Qué sucedió? -preguntó Orihime, temiendo la respuesta.
-Ella regresó en junio de ese año y todo había cambiado. Ya no era la jovencita encantadora, seductora y feliz que era cuando se había ido. Prácticamente se arrojó a mis brazos y me dijo que finalmente se había dado cuenta de que me amaba.
-Ya veo. -Orihime bajó la mirada. Oleadas de aquella vieja pena, de aquella vieja furia de Ichigo la golpeaban sin cesar.
-Y yo era tan inocente y tan inexperto que le creí. -Ichigo mantuvo la mirada fija en la ventanilla del carruaje-. Me dijo que había descubierto que no le importaba la vida de la ciudad. Deseaba que nos casáramos lo antes posible. Sus padres estuvieron totalmente de acuerdo. Su padre me llevó aparte y me sugirió que nos fuéramos a Gretna Green.
-Supongo que no hubo un compromiso prolongado.
-De alguna manera todos llegaron a la conclusión de que no tenía sentido perder tiempo ni dinero. Y yo estaba tan impaciente por ella que no puse ninguna objeción. Rukia y yo partimos para Gretna Green. Pasamos nuestra noche de bodas en una posada. No podía esperar ni un momento más para tenerla entre mis brazos.
-De verdad, no creo que desee oír más.
-¡Yo la deseaba tanto! Estaba decidido a ser lo más gentil que pudiera. Pero ella lloró toda la noche. Parecieron horas eternas. Me dijo que la había lastimado terriblemente. Me dijo que era rudo, que tenía las manos toscas de un granjero. -Ichigo se miró los anchos puños cerrados-. Era cierto. Sí, tenía las manos de un granjero. Era un granjero.
Orihime se estremeció ante el recuerdo de aquellas manos sobre su propio cuerpo. Eran manos buenas. Manos hechas para hacer que una mujer se sienta deseada, necesitada, y segura. Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas.
-A la mañana siguiente había una buena cantidad de sangre en las sábanas. Me enteré más tarde de que su madre le había dado una pequeña botella de sangre que había recogido en la cocina el día que partimos para Gretna Green. No debía haberse molestado.
-No comprendo -susurró Orihime.
-Aun cuando no hubiera habido sangre, yo no habría sospechado jamás que Rukia había estado con otro hombre. Yo era virgen el día de mi boda. Era mucho más igRukiante que ella en ese tema.
-¿Cómo te enteraste de que ella había estado con otro hombre? -preguntó Orihime suavemente.
-Ella perdió el bebé un mes después de casarnos. Casi enloqueció. No tenía noción de lo que estaba sucediendo. Yo pensé que se moría.
-Dios mío.
-Llamé a un médico. Cuando todo terminó él me dijo lo que había ocurrido. Deseaba tranquilizarme. Él suponía que yo era el padre, por supuesto, y que el bebé era la razón de nuestra apresurada partida hacia Gretna. Me dio unas palmaditas en el hombro y me dijo que pronto tendríamos otro bebé.
-¿No le dijiste la verdad?
La boca de Ichigo se torció en una mueca. -Por supuesto que no. ¿Qué hombre admitiría que había sido engañado de esa manera? Y después estaba Rukia. Ella era mi esposa.
-Y tú sentiste que debías protegerla también, ¿no es así? -preguntó Orihime.
Ichigo se encogió de hombros y no dijo nada.
-Cuidaste de tu hermano durante años. Proteger a alguien más joven y débil que tú era propio de ti. ¿Qué le dijiste a Rukia?
-Cuando me enfrenté a ella con la verdad, volvió a llorar. Después, me contó toda la sórdida historia. Había sido seducida por uno de sus admiradores en Londres, un joven aventurero en busca de una heredera, que no tenía intenciones de casarse con ella. Ni siquiera había dudado en hacer alarde de su conquista.
-¡Pobre Rukia!
-Los chismes fueron su ruina. No había esperanzas de boda. Su familia no tenía el poder social que se necesitaba para forzar una situación.
-¿De modo que regresó rápidamente a su casa y te convenció de que te casaras con ella?
-Ellos llegaron a la conclusión de que era improbable que un palurdo hacendado vecino del lugar descubriera la verdad. -Ichigo volvió a echarse una mirada a las manos-. Tenían razón. Hasta ahora me he preguntado si yo alguna vez hubiera sabido lo estúpido que fui, en caso de que Rukia no hubiera perdido al bebé.
-Con seguridad habrías descubierto la verdad cuando el niño naciera varias semanas antes de lo previsto.
-Lo dudo. Ya te dije que sabía pocas cosas acerca de tales materias. Me hubieran dicho que el niño había nacido prematuro y yo lo habría creído.
-Los rumores que escuché fueron que Rukia murió de una fiebre.
-Así es. Seis meses después de perder al bebé.
-El duelo -dijo en voz baja Orihime-. De eso es de lo que se trata el duelo, ¿no es así? Poco después de que Rukia muriera, tú fuiste a Londres y desafiaste a duelo a su seductor.
-Él me dijo que yo era un tonto, lo que sin duda era cierto. Me preguntó qué diferencia podía haber ahora que la ramera había muerto. No le di ninguna respuesta ya que no la tenía.
-Defendiste el honor de tu esposa aun cuando ella te había engañado. Aun cuando ella ya no vivía. -Orihime sintió que una lágrima corría por su mejilla-. Ichigo, eso te describe perfectamente.
Ichigo habló con enojo. -Maldición. ¿Lloras?
-No. -Se enjugó la nariz.
-Espero que no. El tema no es para derramar lágrimas.
-Pero sí que lo es, Ichigo. Siento pena por los dos, por ti y por Rukia. Ella debió de sentirse aterrorizada cuando descubrió que estaba arruinada y esperando un hijo.
-Sí.
-Era joven y estaba desesperada. Era una niña inocente que se dejó seducir. Había roto una de las reglas más estrictas de la sociedad. Ella sabía que tendría que pagar un precio terrible. De modo que acudió a ti, su amigo de la infancia.
-Lo cierto es -dijo Ichigo- que yo la deseaba tanto que la habría aceptado de todos modos. Le habría dado mi nombre a su hijo y lo habría reconocido como propio. Si ella no me hubiera engañado. Eso fue lo que no pude perdonar.
-Porque cada vez que piensas en su engaño, te ves en el papel de tonto.
-Sí, fui un tonto.
Orihime sintió un frío terrible en la boca del estómago. Ella también lo había engañado. Sin duda Ichigo creía que había hecho el tonto con ella también. Extendió una mano y la colocó sobre su pierna.
-Rukia no te hizo hacer el tonto, Ichigo. Nadie podría hacer eso. Tú te comportaste como un noble caballero. Vengaste su honor y mantuviste el secreto.
-Tenía poco donde elegir. Difícilmente hubiera podido revelar su deshonra sin hacer que yo mismo quedara como un inocentón idiota.
-Sí, creo que era la idea de aparecer como un inocentón ante los demás lo que más te molestaba y te molesta de tu pasado -dijo Orihime-. Creo que fue el hecho de que tú le abriste tu corazón y ella no te amo a cambio. Sientes que ella te usó para salvarse.
-Y así fue.
-No discutiré contigo sobre la conclusión -dijo Orihime-. Rukia era poco más que una niña y sin duda se sintió presa de la histeria y por el miedo en aquel momento. Sus padres debieron de estar asustados y desesperados por salvar a su hija de la ruina.
-Sí.
-Tu matrimonio comenzó bajo una nube de terror. Tú dices que eras virgen el día de tu boda, pero yo creo que eras muchos años mayor que Rukia en los aspectos que importan en la vida. Te viste obligado a crecer rápidamente, después de todo. Rukia, por el contrario, era casi una niña.
Ichigo no dijo nada.
-¿Sabes lo que pienso? -dijo Orihime-. Creo que si ella hubiera vivido, habría crecido y se habría enamorado profundamente de ti. Habría aprendido a amarte cuando fuera lo suficientemente madura como para comprender tus cualidades como persona.
Ichigo la miró fijamente. -Para ser una mujer inteligente, a veces dices las tonterías más inverosímiles. ¿Cómo demonios puedes llegar a creer una cosa tan ridícula?
Orihime sonrió. -Porque yo sé lo fácil que es enamorarse de ti, mi lord. En realidad, eso es lo que a mí me ha sucedido.
Ichigo tuvo la sensación de que el universo había girado a su alrededor, dejándolo en un lugar distinto del que había ocupado hacía sólo un instante. La luz de las estrellas parecía provenir de un ángulo diferente. La luna había cambiado su posición en el cielo.
Orihime había dicho que lo amaba. Nuevamente. Bien claro. Ichigo la estudió con detenimiento. No parecía estar tan excitada como aquella noche en el Templo de Vesta al creer que lo había matado.
-¿Ichigo? -Orihime se mostró preocupada-. ¿Te encuentras bien, mi lord?
-No... -Pero no podía explicar por qué estaba mal, qué es lo que había cambiado o qué es lo que era diferente. Ni siquiera podía formar una frase coherente.
Extendió una mano y tomó a Orihime por la cintura. La acercó a él y la abrazó fuertemente. Ella dejó escapar un leve y delicioso suspiro de sorpresa y después dejó caer su abanico cuando él posó su boca sobre la de ella. El chal cayó también al suelo del carruaje.
-Ichigo. -Los brazos de Orihime lo rodearon. Ella suspiraba suavemente y se acurrucaba entre sus brazos.
Sin quitar los labios de la boca de Orihime, Ichigo cerró las cortinas del carruaje. El coche se llenó de sombras. Ichigo besó a Orihime profundamente, con ardor, con toda la necesidad que lo consumía y que había estado guardando desde aquella noche en el Templo de Vesta.
A Orihime no parecía importarle aquella desesperación ni aquella falta de sutileza. Se abrazaba con fuerza a él. Las manos se deslizaban por su cabello. Apoyó su cabeza contra el hombro de Ichigo. Él colocó una mano en su pierna enfundada en una media de seda. Deslizó la palma hasta la rodilla, pasó las ligas y prosiguió acariciando aquella piel de seda que había debajo.
Las enaguas delicadas se amontonaron alrededor de su brazo y caían en cascada sobre su pierna. Buscó un camino hasta la entrepierna y profirió un gemido de placer al descubrir que ella ya estaba húmeda. Olía a rosas y a deseo femenino. Era una fragancia embriagadora. Todo su cuerpo se sacudió por la pasión.
Ichigo se dio cuenta de que le temblaban las manos. Luchó por encontrar aliento y controlarse. No se arrojaría sobre ella de la misma forma que la última vez, se juró para sí. No actuaría como un torpe y tosco granjero. Haría que ella sintiera placer.
Deseaba complacerla. Estaba desesperado por complacerla. Debía complacerla. La hizo sentar sobre sus rodillas, abriéndole los muslos. Las blancas faldas caían sobre los almohadones de terciopelo negro. Bajó una mano y comenzó a abrirse los pantalones. Orihime separó sus brazos de los hombros de Ichigo.
-Ichigo, ¿qué haces?
-El amor. -Su miembro erecto quedó a la vista.
-¿En tu carruaje? -Un rayo plateado de luz que se filtraba entre las cortinas dejó al descubierto la expresión de sorpresa en el rostro de Orihime.
-Debe ser aquí o en el umbral de tu casa. No puedo esperar a que encontremos la comodidad de una cama. Tócame.
-Sí... ¡Oh, sí! -Suavemente ella retiró una mano de sus hombros. Tomó la punta de uno de los dedos del guante y con los dientes tiró de ella. Después siguió con el otro dedo. Lentamente se deshizo del guante de satén blanco.
Observarla cómo se quitaba el guante fue una de las visiones más eróticas que Ichigo jamás había presenciado. Orihime finalizó la tarea. El guante de satén quedó colgado de sus dientes. Se inclinó, se acomodó un poco y después con delicadeza cerró los dedos en torno de su miembro.
-Ichigo. -El guante cayó de entre sus dientes. Por un momento, Ichigo pensó que echaría todo a perder de la misma forma en que lo había hecho la otra vez. Contuvo la respiración y se preguntó si sobreviviría. -¿Ichigo? -Orihime parecía ansiosa-. ¿Te encuentras bien? No volverás a desmayarte, ¿verdad?
Ichigo casi se ahogó de la risa. Le sonrió con debilidad. -No. Por lo menos no todavía. Deseo estar dentro de ti, Orihime. Pero no quiero apresurarme. Esta vez tú debes guiarme.
-Muy bien. Pero te advierto que soy inexperta.
-Será suficiente, te lo prometo. -Con la palma de la mano la volvió a tocar y notó la humedad cálida que lo aguardaba-. Más que suficiente.
-¿Seguro? -Ella recorrió con el pulgar aquel miembro erecto.
Ichigo se puso rígido. -Bien seguro. -Movió los dedos entre el vello suave de aquel sexo caliente hasta dejar al descubierto la vulva inflamada. La acarició con suavidad.
-Dios mío, Ichigo.
Ichigo sintió el temblor que estremecía a Orihime. Era una dulce y poderosa señal de su respuesta a él. Una furiosa alegría se apoderó de él. Los dedos de Orihime se apretaron convulsivamente en su miembro. Ichigo se estremeció y contuvo la respiración.
-¿Te he hecho daño, mi lord?
-Tú serás mi muerte, Orihime.
-Oh, no, lo siento. ¿Te encuentras bien? No tenía intención de lastimarte. -Un leve tono de alarma cubrió la intensidad de la pasión en aquella voz ronca-. Te deseaba y no sabía qué hacer.
-Sólo estaba bromeando -la tranquilizó. Respiró profundamente-. No estoy en ningún lugar parecido a la muerte. -Continuó acariciándola con cuidado, bañando su mano en aquella humedad-. A decir verdad, no sé cuándo me he sentido más vivo que ahora.
Las caricias experimentales y tentativas de Orihime amenazaban con demoler sus defensas y destrozar sus sentidos a los cuatro vientos. Ahora estaba sudando, con cada uno de sus músculos en tensión. Ella se movió levemente en el regazo de él, acomodándose. Apretó las piernas. Su muslo interno rozó aquel miembro tan erecto. El cuerpo de Ichigo se estremeció. Los suspiros y la respiración acelerada de ella le indicaban que su excitación iba en aumento.
Después, cuando comenzaba a preguntarse si alguna vez terminaría con aquellas caricias, ella lo guió torpemente hacia aquel celestial lugar entre sus piernas. Con cuidado, lentamente, con cautela, ella se acomodó sobre él. Era tan estrecha. Ichigo se preguntó si evitaría acabar antes de llegar a su interior.
Orihime se acomodó hacia abajo, conteniendo la respiración en un punto. Después su vagina se cerró apretadamente alrededor del miembro de Ichigo. Ichigo se estremeció y se mantuvo quieto.
Una distante advertencia se produjo en algún lugar de su febril cerebro. Se recordó a sí mismo que debía retirarse antes de que derramara su esperma. No tenía puesto uno de sus famosos preservativos modificados.
Fue entonces cuando Orihime comenzó a moverse sobre él y todo lo que le quedaba de racionalidad desapareció de su atormentada cabeza. Más exigente que cualquier diosa del clasicismo, ella se apretaba a él, susurraba su nombre, suplicaba, rogaba, exigía. Ichigo la acarició con suavidad, atormentándose en el proceso. Y después, de repente, ella se convulsionó en sus brazos.
-Ichigo.
Cayó exhausta sobre él, dejando escapar un grito de sorpresa y placer. La advertencia volvió a repetirse en algún lugar, pero Ichigo no podía responder. Tomó a Orihime de los muslos y la penetró con fuerza. Se tragó el exultante grito de satisfacción que amenazó con salir de su garganta.
Minutos después, se dejó caer en una esquina del asiento. Orihime se tendió sobre él. Se produjo el silencio. Ichigo lo escuchaba mientras respiraba el perfume único y terrenal de la satisfacción sexual que había invadido el aire del coche cerrado.
El carruaje dobló la esquina y se detuvo unos instantes después. Ichigo se movió sin ganas y encendió una de las luces interiores. Se permitió unos segundos disfrutar de Orihime acurrucada contra él para después tomar conciencia de la situación.
-¿Orihime? Hemos llegado a tu casa.
Ella murmuró algo inaudible y se abrazó más a él. Las faldas se movieron suavemente. Ichigo se dio cuenta de que se había quedado dormida. Sonrió.
-Despierta, rápido, mi amor. -La sacudió con delicadeza, haciéndola sentar. Oyó al cochero bajar del pescante para abrir la puerta del carruaje. Ichigo con presteza extendió una mano y trabó el pestillo. -Orihime.
-¿Qué sucede? -Se cubrió la boca, que se abría en un bostezo, y parpadeó con gran languidez.
Las faldas del vestido estaban levantadas alrededor de sus muslos. Uno de los rulos del peinado se había soltado. La pluma que adornaba el cabello había caído hacia un lado-. ¿Ya ha amanecido?
-No. -Ichigo rápidamente se acomodó la ropa-. Es medianoche y estás descompuesta.
Orihime se rió. Ichigo se detuvo para meter su camisa dentro de los pantalones. La miró; estaba exultante de felicidad. Él era responsable de ello, pensó maravillado. La había hecho feliz. Era aquél un logro infinitamente más satisfactorio que la creación de su mayordomo mecánico o que mirar las estrellas a través del telescopio. El cochero tocó la puerta del carruaje.
-Mi lord, ¿desea usted descender?
-Un momento, Jenkins. -Ichigo se obligó a salir de aquella instantánea fascinación-. Vuélvete -murmuró-. El corpiño de tu vestido está torcido y la pluma parece estar a punto de caerse de tu cabello.
-Sí, mi lord. No puedo imaginarme cómo ha sucedido esto. -Orihime obedientemente le dio la espalda y se sentó paciente mientras él le colocaba el vestido.
-Bueno, ahora, déjame verte. -Ichigo la hizo volverse de nuevo y estudió los resultados con ojo crítico. Miró con enojo el bucle de cabello que caía sobre la oreja derecha de Orihime-. Dame una horquilla.
Ella le alcanzó una que se quitó de atrás. -Aquí tienes, señor. Por favor no te pinches.
-Deja ya de reírte. El cochero pensará que te estoy haciendo cosquillas.
-Sí, mi lord. -La dicha una vez más bulló en su interior. Ichigo colocó aquel bucle en su lugar.
-Con suerte lo mantendremos ahí hasta que entres en tu casa.
-Seguro que así será, señor. Tienes talento para todo lo mecánico.
Abrió la puerta del carruaje. Jenkins esperaba paciente afuera; se volvió con expresión impasible y colocó los escalones. Ichigo ocultó una sonrisa, mientras observaba a Orihime descender con gran dignidad, como si no hubiera estado haciendo nada más que mantener una conversación sobre antigüedades clásicas.
Cuando Orihime posó sus pies en la calle, le sonrió a Jenkins de tal forma que por un momento pareció dejar ciego al hombre. -Gracias -murmuró al cochero.
«Sería perfecta como condesa», pensó Ichigo.
La acompañó hasta la puerta y esperó a que entrara. Necesitó cada gramo de su voluntad para mantenerse fuera. Casi tuvo el deseo incontenible de tomarla en sus brazos y llevarla hasta su dormitorio.
-Tenías razón sobre una cosa, mi lord -susurró Orihime con una voz suave y soñadora mientras le cerraba la puerta. Ichigo se detuvo un momento.
-¿De qué se trata?
-Ha sido mucho mejor esta vez.
Él sonrió. -Sí, es verdad. En realidad, he sobrevivido a nuestro segundo encuentro. No fue necesario llamar a un médico para que me resucitara.
Orihime sonrió con satisfacción. -Obviamente, posees un cuerpo muy vigoroso, mi lord.
-Obviamente.
Ichigo cerró la puerta y bajó los escalones hasta donde esperaba su carruaje. Silbaba y aspiró profundamente el aire de la noche.
-Una noche hermosa, mi lord -dijo Jenkins mientras abría la puerta del carruaje.
-Así es. Dile a Dinks que me lleve a casa.
-Sí, mi lord.
Ichigo entró al carruaje y se tendió sobre el asiento donde él y Orihime habían hecho el amor. El satén blanco brillaba contra el terciopelo color ébano. Tomó el guante de Orihime. Era suave y brillante como las estrellas en su ancha y musculosa palma. Cerró la mano muy fuerte y lo aferró con devoción.
Ichigo fue directo a la biblioteca en cuanto llegó a su casa. Tenía tiempo para meditar sobre la decisión que tomaría mientras esperaba a que su hermano regresara de su noche en la ciudad. Eran casi las tres de la mañana cuando el carruaje de Hitsugaya se detuvo frente a la casa.
Ichigo tomó una copa de coñac y esperó a que se abriera la puerta de la biblioteca. No tuvo que esperar mucho. Hitsugaya irrumpió en la habitación.
-Dan dice que deseas hablar conmigo.
-Sí.
Hitsugaya fue hasta el hogar, apoyó un brazo sobre la repisa de mármol y adoptó una postura de serio desafío. -Bueno, ¿de qué se trata, entonces? No puedo imaginarme qué más tenemos que decirnos, hermano.
Ichigo miró el fuego. -Lamento mi intento de interferir en tus planes de matrimonio con la señorita Hinamori.
Hitsugaya lo miró fijamente. -¿Qué dices?
-Lo que oyes. -Ichigo bebió un sorbo de coñac-. No debería haber tratado de asustar a los Hinamori. No tengo derecho a amenazar con desheredarte de la fortuna de la familia, en especial porque jamás he tenido intenciones de cumplir esa amenaza. Fue sólo un alarde.
-Ichigo, ¿qué es lo que dices? ¿Se trata acaso de algún tipo de broma cruel?
-Si decides casarte con Momo Hinamori, quédate tranquilo, que podrás seguir manteniendo un estilo de vida adecuado. Continuarás teniendo pleno acceso a tus ingresos. Mañana haré que mi hombre de confianza se encargue de asegurar de forma documentada tu herencia.
Hitsugaya lo miró completamente alucinado. -No comprendo. ¿Me dices que darás tu aprobación a mi compromiso con Momo?
-Sí. -Ichigo hizo una pausa-. En su momento le dejaré claro a Hinamori que no pongo objeción alguna a que se anuncie el compromiso.
-Pero esta noche tú dijiste que jamás tolerarías eso.
-Dije muchas cosas esta noche. Lamento haberlo hecho. Te pido disculpas.
-Me pides disculpas. -Hitsugaya se mostró literalmente anonadado.
Ichigo levantó la mirada para encontrarse frente a frente con la de Hitsugaya. -Mi única excusa es que yo creí que te protegía de sufrir un destino similar al mío.
-Momo no es como Rukia.
-Tienes razón -dijo Ichigo-, no es Rukia.
Hitsugaya meneó la cabeza como para poner en claro sus ideas. -No sé qué decir.
-Tú eres mi hermano, mi única familia. Me cortaría la mano derecha, antes que separarte de mí. A decir verdad, desearía perder mi mano y no tu afecto y tu confianza.
-En verdad creo lo que me dices.
Ichigo hizo girar la copa entre sus manos y observó cómo las llamas bailaban en el hogar. -Puedes darle instrucciones a Hinamori para que su hombre de confianza se encuentre con el mío para comenzar a trabajar sobre los arreglos del matrimonio. Ya sabes que este tipo de cosas llevan su tiempo. Cuando se trata de mucho dinero hacen falta varios meses para dejarlo todo a punto.
-En realidad, Ichigo, aún no he pedido la mano de Momo.
-¿No? -Ichigo se encogió de hombros-. Bueno, creo que no hay mucha prisa ahora que sabes que no habrá objeciones por mi parte.
-Hablaré con ella de inmediato -dijo Hitsugaya ansioso-. Ella deseará, sin duda, hacer el anuncio antes de que finalice la temporada.
-Sin duda. -Ichigo tomó otro sorbo de coñac. Faltaba un mes y medio para que ésta finalizara.
-Ichigo, no sé qué decir. -Hitsugaya recorrió con los dedos su cabello cuidadosamente peinado-. No esperaba este cambio de actitud por tu parte.
-Ni yo tampoco -masculló Ichigo.
Hitsugaya frunció el ceño. -¿Qué fue lo que ha provocado este cambio?
-Actué con precipitación y desde entonces he tenido tiempo para evaluar mis acciones. Te ruego que me perdones.
-Sí, por supuesto -dijo Hitsugaya, dudando-. Gracias. No tengo palabras para explicarte lo que esto significa para mí. Ya verás que Momo es una verdadera dama, fina y llena de gracia. Será una excelente esposa.
-Supongo que desearás fijar la fecha de la boda para la primavera del año que viene.
-¿El año que viene? -Hitsugaya se mostró desconcertado-. Para eso falta mucho tiempo.
-Podríamos establecer un período de seis meses, pero creo que es mejor un año.
-Bueno, en cuanto a eso, en realidad no he considerado ningún período de compromiso. Para serte franco, Ichigo, deseaba alquilar un carruaje y marcharme con Momo a Gretna Green.
Ichigo casi se atragantó con el coñac. -Ya veo.
-¿Te sientes bien?
-Sí. -Ichigo se recuperó, respiró profundamente y después tomó otro sorbo de coñac-. Olvídate de Gretna. Estoy seguro de que la señora Hinamori deseará planificar una boda suntuosa para su única hija.
-Sin duda. Y Momo trata de ser una hija obediente. Ésa es una de sus virtudes.
-Es cierto.
-Bien, entonces. -Hitsugaya sonrió. Se veía que se había quitado un gran peso de encima-. Hablaré del compromiso con Momo y te haré saber cuánto esperaremos para casarnos.
-Por supuesto. Es tu decisión. Sólo asegúrate de que el hombre de confianza de Hinamori tenga suficiente tiempo para reunirse con Ikkaku.
-Lo haré, Ichigo. No tengo que decirte que me siento sorprendido por el giro que han tomado los acontecimientos.
-¿Sí?
-Debes admitir que no es una de tus características cambiar de parecer, en especial en un tema como éste. Tienes una regla en cuanto a cambiar una decisión ya tomada.
-Tal vez me esté volviendo viejo.
-Y más raro es el hecho de que pidas disculpas.
Otra de las reglas quebrantadas, gracias a Orihime Pensó Ichigo -Tengo conciencia de ello.
-¿Te importaría decirme lo que ha provocado tal transformación?
-He tenido tiempo para reflexionar. Pienso que me equivoqué.
Hitsugaya lo miró con detenimiento. -¿Qué hay del otro asunto?
-¿Qué otro asunto?
-Momo dijo que tú no sólo amenazaste con desheredarme, si yo me casaba sin tu aprobación, sino que también anunciaste tu intención de contraer matrimonio. -Hitsugaya inclinó la cabeza con gesto curioso-. ¿Fue eso también un alarde?
-No.
Hitsugaya sonrió. -Me complace oír eso.
-¿En serio?
-Por supuesto. Hace tanto tiempo que te vengo diciendo que ya es hora de que vuelvas a casarte. Te advertí que si continuabas con tu presente forma de vida, correrías el riesgo de transformarte en uno de tus autómatas.
-Confío en no tener ese final.
-¿Entonces? -Hitsugaya lo miró interrogante-. ¿Quién es ella?
-No estoy preparado para hacer un anuncio formal aún. Existen ciertos, digamos, detalles sobre los que hay que trabajar.
-Sí, sí, lo sé. -Hitsugaya hizo un gesto impaciente con la mano-. Si hay mucho que organizar para mi matrimonio, puedo imaginar cuánto debe de haber para el tuyo. Después de todo, debes considerar el futuro del título nobiliario.
-Sí.
-Pero seguramente podrías confiarme el nombre, Ichigo. Yo soy tu hermano. -Hitsugaya hizo una mueca divertida-. ¿Se trata de la niña Chizuru?
-No.
-Hiyori Sarugaki, ¿quizás?
-No.
-Veamos. -Hitsugaya golpeteó con los dedos de la repisa del hogar-. Ya sé, la hija de Dokugamine. ¿Cómo se llama? ¿Riruka?
-Me casaré con Orihime Inoue.
La boca de Hitsugaya se abrió por el asombro. -¡Al diablo con ello!
Ichigo frunció el ceño. -No debes decir una palabra de esto hasta que te diga que puedes hacerlo. ¿Está claro? Por ahora, es un secreto.
Hitsugaya abrió y cerró la boca dos veces antes de encontrar las palabras. -¡Maldita sea, Ichigo! No puedes estar hablando en serio con respecto a casarse con la señora Inoue.
-Pues claro que hablo en serio.
-Ella es tu amante, por el amor de Dios.
-Ella es la dama con la que tengo intenciones de casarme. Te dije que no toleraré que le faltes el respeto.
-Pero tú eres el conde de Masters. -Hitsugaya golpeó con la mano la repisa-. Una cosa es mantener una relación con una mujer como la señora Inoue. Otra muy distinta es casarse con ella.
-Dame una buena razón por la que yo no pueda casarme con ella -lo desafió Ichigo.
-¿Una? Puedo darte docenas. Se espera que un hombre de tu posición se case con una joven, no con una mujer madura. Alguien de buena familia, recién salida del colegio, sin mancha, intachable. Tu novia debería ser una mujer inocente y respetable, virgen, no una viuda de vida disoluta con quien has estado manteniendo una relación amorosa.
-Orihime Inoue tiene la edad perfecta para mí. -Ichigo apoyó los codos sobre los brazos de un sillón y juntó las manos-. Proviene de una buena familia. Es respetable. Puedes tener mi palabra que cualquiera que ose estar en desacuerdo con esto, es libre de hacerlo en el campo de duelo..
-Creo que tus objeciones por mi futuro matrimonio fueron tan irritantes como las mías con respecto al tuyo.
-Pero éste es un asunto diferente.
-No, no lo es.
-Buen Dios, esa mujer te ha embrujado.
-¿En serio crees eso? -Ichigo lo consideró-. Como hombre de ciencia, jamás he creído en los hechizos.
Hitsugaya se mostró furioso. -No lo habría creído si no lo hubiera visto con mis propios ojos.
-Ver para creer. Y eso, mi querido hermano, es la esencia de la investigación científica. Ahora que tú has sido testigo de mi decisión de casarme, puedes tenerlo por seguro. Y no dirás ni una palabra por ahora.
-Has enloquecido, Ichigo, tú heredaste el título. Tienes responsabilidades y obligaciones para con ello. No puedes permitir que la pasión domine tus acciones.
Ichigo esbozó una sonrisa. -¿Cómo has dicho? ¿Podrías repetirlo? Con seguridad que no he oído lo que pienso que has dicho. No esperaba que mi romántico hermano me aconseje darle la espalda a mis pasiones.
La boca de Hitsugaya se frunció. -Sabes a lo que me refiero.
-Sí. Deseas que no preste atención a mis emociones y que me guíe por mi pensamiento racional. Hablas exactamente como yo cuando te dije que no te dejaras llevar por los sentimientos hacia Momo Hinamori.
-Mi relación con Momo es muy diferente.
-No lo es. -Ichigo lo miró con dureza-. No debes olvidar que yo no deseo que esta noticia se sepa hasta que hagamos el anuncio formal.
-No te preocupes por ello -dijo Hitsugaya furioso-. No pienso humillarte ni a ti ni a mí diciendo tan siquiera una palabra de tu posible matrimonio con la señora Inoue.
-Gracias. Aprecio tu gesto.
-Es demasiado terrible la sola posibilidad de considerarlo, menos aún el hablar de ello en público. -Hitsugaya se dirigió hacia la puerta-. Ruego porque vuelvas a tus cabales antes de hacer nada apresurado como por ejemplo enviar la noticia a los diarios.
-Si yo fuera tú, no gastaría mis energías en ello.
-¡Maldición!, esto es abominable. -Hitsugaya abrió la puerta. Miró por encima del hombro-. Ella le ha hecho algo a tu cerebro. Sólo espero que te recuperes de esta fiebre tan extraña antes de que sea demasiado tarde.
-Tú eras el que temías que me convirtiera en un autómata si no me casaba pronto.
-La señora Inoue no era lo que yo tenía en mente como futura esposa para ti. -Hitsugaya salió rápido al pasillo y cerró la puerta de un golpe.
Ichigo se sentó tranquilo por un momento. Después se puso de pie, cruzó la habitación y fue hasta la mesa de licores. Se sirvió otra copa de coñac y se quedó junto a la ventana. Lo había hecho, pensó. Había seguido el consejo de Orihime y en consecuencia había violado otra de sus reglas: jamás dar explicaciones, jamás hablar del pasado, jamás cambiar una decisión o abandonar un objetivo.
¡Tantas normas quebrantadas en una sola noche! Tal vez Hitsugaya tenía razón. Orihime parecía haberle inspirado alguna clase de fiebre a su cerebro.
Por el contrario, pensó Ichigo, ya no se sentía como si se estuviera transformando en un autómata.
