Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y para los que ya han leído las novelas que adapto, aclaro que esta historia no es mia. Yo sólo me limito a compartirla con ustedes cambiándole ciertos detalles para que se adapte mejor a los personajes que tanto amamos. Al Final mencionaré quien ha sido la excepcional y magistral autora de modo que podamos mantener el misterio. Espero lo disfruten mucho, como yo lo hice.
Capítulo 10: Consecuencias de una Gala
Para Edward la casa nunca le había parecido tan vacía. Después de su desquite durante la subasta, Bella había desaparecido literalmente. Debía de haberse pasado por allí, porque faltaban varias de sus cosas, pero no le había dejado ninguna nota, sin embargo él se imaginaba muy bien adonde se había ido y con quién.
Edward se había pasado todo el día siguiente tirado en el sillón, mirando el techo, detestándola a ella y a sí mismo por haberse engañado, recordando cómo se quedó de una pieza cuando Bella se había parado allí mismo en el escenario y había gritado frente a todo el mundo que él no valía nada. Qué se creía?, se preguntaba; si fue ella quien estaba besándose apasionadamente en el pasillo de aquel lugar tan solo unos minutos antes con su "Matthew", que podía reclamar, acaso el que lo haya hecho en un pasillo tenía mucha diferencia con que él lo haya hecho sobre el escenario.
Eran esos cuestionamientos los que rondaban por su cabeza en el instante posterior en que Bella le había gritado frente a todos y se había dado la vuelta saliendo del lugar por aquellas grandes puertas, pero a pesar de eso, no pudo evitar las enormes ganas de salir tras ella. Su cavernícola interior había amenazado con emerger, dictaminándole que corriera hasta alcanzarla, la suba sobre sus hombros, ignorando los posibles gritos que ella emitiría en desaprobación, y se la llevara lejos para obligarla a que lo ame, a que se enamorara de él, de la misma forma en la que él estaba perdidamente enamorado de ella.
Pero todos esos eran sueños y fantasías. La realidad fue que Edward se quedó parado allí mismo, absorto, sorprendido, como un verdadero idiota.
*Volviendo a aquella noche*
-Wow mil dólares! –había escuchado Edward en la voz del subastador, sacándolo de su ensoñación.
-Mil dólares a la una, mil dólares a las dos, mil dólares a las tres! –El estruendoso golpe del mazo subastador, se escuchó como un sonido seco en su cerebro –Eso es señores, una noche perfecta con el perfecto y más codiciado soltero Edward Cullen, ha sido vendida por nada más y nada menos que mil dólares a la Señorita Tanya Denali.
En ese momento la cara de Edward había sido todo un poema, los aplausos de la gente no se dejaban de escuchar, como que aquel incidente con Bella jamás hubiera sucedido y una Tanya enrojecida de la vergüenza lo miraba con esperanza y anhelo enamorado hacia un lado del escenario.
Esto no podía estarle pasando, la que pensó que sería una de las mejores noches de su vida se había convertido en un infierno. Emmett había corrido en su auxilio como uno de los mejores amigos que siempre fue y lo había sacado de la escandalosa fiesta para brindarle su apoyo, en lo que sea que estuviera pasando. El chico musculoso no entendía nada.
La noche para el pobre Emmett fue bastante agotadora, sabía que no podía dejar solo a su amigo. Rosalie le había dicho que no se preocupara por ella, ya que se regresaría con sus padres, los Hale, ahora era imperativo que su esposo acompañara a Edward.
-Porque Emmett? Dime amigo por qué, dame una razón que valga la pena… si yo lo único que hago es amar a esa mujer con mi vida –le decía Edward después de haberse tomado casi todo el alcohol de Riley´s, el viejo bar del pueblo.
-Ya no bebas más Ed, yo soy tolerante al alcohol pero esta vez no puedo llevarte el ritmo. Estas bebiendo como un poseso! Ya déjalo! –le aconsejaba Emmett quien lo acompañaba con una cerveza mientras Edward bebía un whisky tras otro.
-Lo necesito hermano! Necesito borrarla de mi mente, necesito sacarla del corazón. No ves que no entiendo nada, no entiendo una maldita cosa. ¿Por que permitió que me engañara a mí mismo, por qué si seguía amando a Matthew dejó que me ilusionara con ella?. Es que no lo entiendes hombre? Bella es la mujer por la que daría mi vida! Maldito Matthew, Maldito yo por haber sido un verdadero imbécil, maldita la vida.
La noche recién comenzaba y las interrogantes sin respuesta de Edward se hacían cada vez más crueles de aguantar para el mismo. Su amigo dejó que se desahogara, que botara hasta el último sentimiento que podría tener enjaulado dentro de su corazón y cabeza, pues no sabía que más hacer aparte de escucharlo y darle su apoyo. No entendía a ciencia cierta lo que había pasado con Bella, ni comprendía porque Bella había besado a Matthew, pero no era el momento de averiguarlo.
-Yo la amo Emmett, yo la amo! –balbuceaba Edward en medio de gruesas lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
Con la cabeza casi inconsciente y apoyada en la barra del Bar, Emmett consideró que había sido suficiente y lo llevó a casa casi al amanecer. Pero lo más duro llegó al día siguiente, y al siguiente y al siguiente. Bella se había ido, se había ido para siempre.
*****o*****
Al cabo de una semana tenía un aspecto terrible, y aquella mañana de sábado, cuando llamaron a la puerta, ignoró el timbre. No quería saber de nada ni de nadie. Es que no había persona en el mundo que entendiera o que aliviara ese sentir de pérdida que albergaba su corazón. Quería detestarla, no pensar en ella, pero solo podía extrañarla como un pobre diablo.
Fueron más de diez las veces en que el timbre sonó intermitentemente y no fue hasta cuando se prendieron de forma permanente en aquel botón de la entrada logrando que el estruendoso sonido hiciera vibrar la casa entera, que Edward al fin se levantó para abrir la puerta, encontrándose con aquella rubia.
—Vaya, hola —murmuró él, esforzándose por sonreír
—Puedo saber porque no abrías?
-Lo siento, no… este… no escuché el timbre? –fue dicho casi en forma de pregunta. Ella sonrió y en un segundo él le devolvió una pobre imitación de aquel gesto.
-De verdad lo siento –dijo Edward apenado –pero ven, pasa adelante –Se hizo a un lado y la dejó pasar, ofreciéndole asiento en el salón.
Ella se sentó en el sillón donde minutos antes había estado Edward y se limitó a mirarlo fijamente a los ojos con la intención de intimidarlo. Esa mujer era de armas tomar y estaba dispuesta a conseguir lo que quería.
-y bien? –dijo la rubia en voz de reproche.
-y bien qué? –respondió Edward tratando de esquivar su mirada –Te apetece un trago?
-Oh vamos Edward! –dijo ella cansinamente. El se retiraba hacia la cocina.
-Esta bien, esta bien te traeré sólo agua, casi lo olvido, es que cuanto tiempo más pretendes llevas ese bulto ahí? —inquirió mirando su hinchado vientre y tratando de ser divertido, aunque lo único que quería era desviar el tema.
—Ya no falta casi nada, y no creas que no tengo ganas de salir de esto –dijo Rose señalando su barriga- Estoy tan grande que casi me parece que cuando dé a luz va a salir el niño con mochila y todo para irse a la escuela —Edward se rió sin demasiadas ganas ante la ocurrencia.
—Iba a preguntarte cómo estás, pero viéndote puedo decir que estás pasándolo fatal —le confió socarrona—. Sé que no está bien que lo piense, pero, si quieres mi opinión, en parte te mereces un poco de sufrimiento.
—Estupendo —gimió Edward, hundiendo el rostro entre las manos—un sermón, justo lo que necesitaba.
—Bueno, alguien tenía que decírtelo —se excusó Rose, sin parecer arrepentida en absoluto.
—Ya pero, ¿podrías dejarlo para cuando esté un poco más deprimido? Así podrás aprovechar y aplastarme como a una cucaracha —le espetó él con ironía. Rose suspiró. –Voy por el agua.
Así Edward se escabulló a la cocina, no quería hablar de ella. Rose era su amiga, pero no necesitaba recordar su miseria. Estaba decidido que al regresar con el vaso de agua le pediría a Rose de la mejor forma que no la nombrara, que agradecía su presencia pero que no hablaría de ese "tema". Y con esa decisión cuadró sus hombros para volver a la sala.
—Edward, Bella te ama- le lanzó Rose sin anestesia, definitivamente Edward en ningún momento esperó aquellas palabras. Ahora el "tema" volvía a estar allí.
—Sí claro, bonita forma de demostrarlo, primero la encuentro besándose con Matthew de lo más apasionada, después la ofendo por pagarle con la misma moneda y a continuación sale corriendo, huyendo de mí como de la peste y haciéndome sentir como un canalla —farfulló Edward, dejándose caer en el sofá frente a ella.
—Edward Cullen, no pienso permitir que le eches la culpa a ella. Tiene tanta culpa el uno como el otro, por no haber afrontado este asunto como adultos.
—No es verdad —se defendió él—, yo quería habérselo dicho desde un principio a Matthew, fue ella la que no quiso hacerlo. Todo para proteger al «pobre» y «sensible» Matthew.
—De acuerdo, pero lo que hiciste sobre ese escenario fue de lo más infantil —replicó Rose— La heriste y la avergonzaste frente a todo el pueblo. Ella no se merecía eso. -Edward puso una cara de dolor, el sólo ya se había recriminado su absurda actuación. Rose lo notó y no quiso hacer leña del árbol caído -De todos modos eso ya da igual. ¿Qué es lo que piensas hacer?
—¿Y qué es lo que quieres que haga? —Exclamó él, lanzando los brazos al aire—. ¿Que vaya a Seattle a reventar a palos a Matthew, cosa que estoy deseando hacer y me la traiga a ella a rastras? Mira, Rose, sé muy bien que me he portado como un imbécil y me siento tan mal que me pasaría el día dándome cabezazos contra la pared, ¿satisfecha?
—No –dijo ella firmemente.
—¿Y entonces qué diablos quieres que diga? —bramó Edward fuera de sus casillas.
—Que admitas que estás enamorado de ella.
Edward dejó escapar una risa amarga.
—¿Eso es todo? ¿Eso es todo lo que quieres que diga? –se carcajeó nervioso y sin humor –Por favor Rose esto es de niños. Por supuesto que la amo, estoy tan loco por ella que es como si me faltara el aire cuando ella no está. Ella lo es todo para mí, siempre lo fue. La amo, la amo con todas mis malditas entrañas, la amo tanto que duele y ahora que no está, me siento perdido, sin su cercanía, sin ver sus hermosos ojos, sin percibir su envolvente aroma, simplemente sin escuchar su voz. Porque aunque no me ame, lo más duro es saber que la he perdido por completo y que nunca más podré estar cerca de ella. Que si la amo? Rayos! Ella es toda mi vida Rose! –Espetó Edward con el corazón en la mano.
—¿Y por qué no pruebas a decírselo? –Preguntó la rubia. Él la miró como si le hubiera salido un tercer ojo en medio de la frente.
—¿Que por qué…? Porque llevo diez largos años tratando de decírselo y nunca me ha escuchado, ¿por qué iba a hacerlo ahora que Matthew ha vuelto a escena? Dímelo! –dijo halándose el cabello como hacía cada vez que se sentía desesperado -Bella lo es todo para mí, Rose, no puedo arriesgarme a perderla para siempre. Tal y como están las cosas, tal vez al menos podamos seguir siendo amigos en algún momento futuro, pero perderla para siempre, solo el pensarlo me carcome, me mata por dentro. Déjame guardar la esperanza de que algún día podré estar de nuevo cerca de ella, así sea como su amigo. Solo eso, déjame tener esperanza –terminó Edward quebrándose con lágrimas atormentadas.
-Pero Edward! Bella te… –Rose no pudo continuar por el cortante No! Que espetó Edward.
-No! No lo digas Rose, por favor si de verdad me quieres como amigo ya no me hables más de ella, por favor!
-Pero Edward!
-Por favor Rose, me hace demasiado daño –la volvió a interrumpir, ciertas lágrimas traidoras seguían bajando por el rostro de su amigo. Rose bajó la cabeza, su intención jamás fue que él se pusiera así. Edward realmente estaba sufriendo, pero la rubia sabía que ese no era el mejor momento para hacer algo.
Rosalie, se había quedado por un rato más, aunque no volvieron a tocar el tema y el ambiente se relajó un poco. Los siguientes días siguieron pasando y Edward seguía siendo un zombi, aunque trataba de sobrevivir, vale recalcar que con mucho esfuerzo.
El Jueves por la noche el teléfono de casa sonó y sin ganas Edward se acercó a contestar.
-Alo?
-Edward Cullen?
-Si, con quien hablo?
-Que tal Edward? Te saluda Catherine Cope, una de las organizadoras de la noche de Gala de Forks.
-Oh, como está Sra. Cope? En que puedo Ayudarla? –preguntó intrigado Edward, siempre pensando en alguna cosa que podría hacer en pro de la comunidad y en consideración a la vieja amiga de su madre.
-Bueno Edward –dijo incómoda la mujer- la verdad es que te llamo un poco preocupada. Como sabes, la Gala tuvo lugar hace casi dos semanas, y las recaudaciones fueron estupendas –hizo una pausa para continuar- pero los compromisos adquiridos también tienen su lugar importante. Tú siempre has colaborado desinteresadamente con todo el pueblo, pero dadas las circunstancias es mi deber pedírtelo.
Edward no lograba entender nada de lo que la señora Cope tan delicadamente trataba de explicarle.
-Señora Cope, perdóneme usted, pero en realidad no se a que se refiere.
-Hijo, lo que sucede es que aunque ya recaudamos los mil dólares por parte de la señorita Denali –al escuchar ese nombre recién los engranajes del cerebro de Edward funcionaron a la perfección, con todo el asunto de Bella, lo había olvidado por completo –estamos al tanto que la cita no se ha dado. No es que la señorita Denali lo haya pedido, al contrario, pero como ciudadanos de palabra y principalmente por salvaguardar el buen nombre del evento en el pueblo, es imperativo para la directiva que esto se lleve a cabo.
-Entiendo completamente Sra. Cope, es más, quien se siente avergonzado soy yo. Créame que lo olvidé totalmente, no es excusa lo sé, pero estos días he tenido llena la cabeza de mil cosas –se escuchó un suspiro de alivio al otro lado de la línea –Por favor discúlpeme y haga extensiva mi disculpa a toda la directiva. No tiene de que preocuparse, la cita se llevará a cabo lo antes posible, primordialmente por mi compromiso con la comunidad y ante todo porque como usted lo ha dicho, somos personas de palabra.
-Gracias muchacho, yo ya sabía que no podría ser de otra manera. Esme estaría orgullosa de ti, bueno, siempre lo estuvo. Eres un gran chico Edward! –el joven sonrió al escuchar el nombre de su madre- Y no te inquietes hablaré con la directiva, era claro que debía tratarse de algún olvido. Que tengas una buena tarde hijo.
-Mil gracias Señora Cope! Igual para usted. Hasta luego.
Al cerrar la llamada, Edward casi quiso pegarse de golpes contra la pared. ¿Cómo había olvidado la bendita subasta? Que canalla había sido con Tanya, se reprochó. Si bien es cierto después de aquel breve romance que tuvieron años atrás, no habían quedado como amigos cercanos, pero al menos mantenían una relación cordial y de respeto. Total, ella siempre dio todo de sí para que la relación saliera adelante, aunque nada había resultado debido a la supuesta incapacidad de Edward para amar, lo que no descubría el joven en aquel tiempo, es que eso se debía a que su corazón hace más de una década ya había sido ocupado por una persona, sin opción a devoluciones, su corazón le pertenecía a Isabella Swan.
Sin embargo el haberla dejado esperando por una cita que debió darse hace más de una semana atrás, teniendo como testigo al pueblo entero, definitivamente no era de un caballero, sin mencionar siquiera que se sentía ya bastante miserable con haber utilizado a Tanya para hacerle daño a la que en ese momento consideraba su pareja.
En ese mismo instante el joven hurgó entre sus pantalones para sacar su móvil, no tenía ni el más mínimo deseo de cenas románticas ni mucho menos, pero era lo que tenía que hacer.
Desempolvando de su agenda telefónica, ubicó el teléfono de Tanya al que en mucho tiempo no había llamado y presionó la tecla verde. Era ahora o nunca.
Después de tres timbradas, una temerosa y sorprendida voz se escuchó al otro lado de la línea.
-Hola?
-Hola Tanya, como estas? –dijo Edward tratando de hablar con normalidad.
-Edward, que tal? –respondió aún más sorprendida por el tono casual del chico
-Muy apenado contigo en realidad. Perdona no haberte llamado antes, tuve –hizo una pausa sin saber que decir –bueno, algunos inconvenientes.
-No, no te preocupes. Entiendo de verdad –dijo la joven sinceramente.
-Tanya el motivo de mi llamada era saber si estarías libre mañana Viernes por la noche, tu sabes la cita? – Se escuchó un silencio al otro lado de la línea hasta que la joven se animó a contestar.
-Por favor Edward, en realidad no tienes que hacerlo. Ambos lo hemos hecho por el bienestar de Forks. No tienes que obligarte a nada, yo entiendo –dijo Tanya triste aunque intentó disimularlo en el tono de su voz, pero Edward había llegado a conocer lo suficiente a la joven en el pasado como para darse cuenta que se sentía herida por la actitud que él había tenido con ella. Cosa que el jamás permitiría.
-Que pasa Tanya, acaso no quieres salir conmigo, tan feo me he puesto? –Trató de bromear Edward al respecto, él sabía que tendría que mentir pero no podía dañar a aquella chica -Vamos, si te lo estoy preguntando el porque realmente quiero pasar un momento agradable contigo. Es cierto que está lo de la subasta, pero hey, no somos unos extraños o si? Por favor sal conmigo, te prometo que la pasarás bien, ya no suelo ser tan aburrido.
Esta última ocurrencia hizo reír a la joven y aún sin quererlo Edward, el corazón de ella se llenó de algarabía. Los sentimientos de la muchacha no habían cambiado en lo absoluto y en ese momento se permitió soñar nuevamente. No sólo había sido un beso, se dijo y se entregó a la llamada esperanza.
-Por supuesto que acepto entonces –dijo entusiasmada.
-En ese caso paso por ti mañana a las siete para llevarte a cenar, te parece bien?
-Me parece perfecto, y Edward –pasaron algunos segundos antes que continuara -me alegra que hayas llamado.
-Yo también me alegro de haber llamado Tanya –mintió. –Nos vemos entonces.
-Adios Edward!
Cerró la llamada y se sintió más canalla si fuera eso posible. No tenia deseos de salir con Tanya, pensaba que hasta sería incomodo, pero él era un caballero antes que cualquier cosa. Esme y Carlisle lo habían criado de esa forma, no había manera de que se desentendiera de sus compromisos, aunque su cabeza estuviera en otro lugar y con otra persona.
Un nuevo amanecer había llegado sobre Forks y allí, al otro lado del pueblo, Bella no se había sentido tan vacía en toda su vida. Antes, cuando se había sentido sola, siempre había tenido a su lado a Edward; cuando había estado asustada, allí había estado Edward; cuando se había sentido confundida, allí había estado Edward… ¿Cómo podría seguir viviendo sin él?
Tras recoger sus cosas de casa de Edward aquella madrugada de la Gala, se había ido a la que estaban construyéndole. Después de todo estaba prácticamente acabada y tenía lo poco que podía necesitar para empezar a vivir allí.
El primer día, lo había pasado alternando pensamientos de odio hacia Edward e hinchándose a llorar, al cabo de una semana tenía un aspecto realmente terrible y ya no le quedaban lágrimas que derramar. ¡Aquella estúpida apuesta…! Tal vez debería haber vuelto a Inglaterra, huir nuevamente pero sabía que del dolor no se puede escapar y si antes creyó que un desamor dolía, no había comparación a la magnitud de lo que ahora sentía. Edward lo era todo para ella.
Por otro lado, el más racional, le decía que no podía marcharse ya que debía atender asuntos más realistas, se decía a sí misma. Días antes de aquel episodio en la Gala, ella estaba trabajando en un importante proyecto para hacer unas fotografías del parque natural y debía entregarlas en esos días y por supuesto también estaba su amiga Rose quien estaba a punto de dar a luz, no podía dejar la tienda desatendida por más tiempo y…
En realidad sabía que todo eran excusas, que la verdad era que no quería, que no podía volver a marcharse. «El hogar está donde esté tu corazón», le había dicho siempre su madre, y el corazón de Bella estaba en aquel pequeño rincón del mundo donde estaba Edward.
Aquella tarde del Viernes, Rose había ido a visitarla, así que Bella hizo té y se sentaron las dos en el porche trasero.
—¿Cómo va la tienda? —inquirió Bella.
—Bien, va bien. El chico de los Forrester aprende muy rápido.
—Estupendo. ¿Y cómo llevas el embarazo?
—Bien, aparte de las patadas, el dolor de espalda y todo lo demás, lo llevo de maravilla.
Bella se rió un poco.
—¿Y cómo le va a Emmett con…?
Finalmente Rose explotó.
—¡Por amor de Dios, Bella!, ¿es que no piensas preguntarme por Edward?
Bella la miró con tristeza y agachó la cabeza.
—¿Cómo está Edward? —musitó.
—Oh, tiene mejor aspecto que nunca… si es que se puede decir eso de los zombis.
Bella se levantó y fue a apoyarse en la barandilla del porche, dándole la espalda a su amiga. Creía que ya había llorado todo lo que tenía que llorar, pero según parecía no era así, por que las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas.
—Bella, ¿no crees que es hora de que pongan fin a esto? –preguntó la joven amiga con preocupación.
—¿Vas a hablarme como mi madre?, ¿que esto es culpa mía por haber salido corriendo en lugar de haber hecho que se explicara? ¿Es que no cuenta para nada que besara a otra mujer delante de todo el pueblo para vengarse de mí por algo que ni siquiera le había hecho? —alzó la vista hacia los arboles que colindaban su casa—. Edward le dejó el camino libre a Matthew, Rose, decidió que no merecía la pena luchar por mí. Si me hubiera amado la mitad de lo que yo lo amo a él, jamás se habría dado por vencido de ese modo, y yo no puedo conformarme con que solo me quiera al cincuenta por ciento, Rose… —su voz se quebró—. Yo quería… yo quería que se enamorara de mí… tan perdidamente como me he enamorado yo de él.
—Tal vez esté asustado, Bella. No lo sabes, porque no dejas que él te lo diga.
—¿Asustado? ¿Edward Cullen, el superhéroe? —le espetó Bella, soltando una risotada amarga—. Lo dudo.
—Quizá tenga miedo de que en el fondo sigas enamorada de Matthew, o de que vuelvas a marcharte a Inglaterra y le rompas otra vez el corazón.
—Yo nunca le rompí el corazón por irme a Inglaterra —replicó Bella girándose hacia ella.
—¿Eso crees? Pues déjame decirte que estás bastante equivocada amiga mía. -Bella la miró sorprendida.
-De que hablas Rose? -preguntó cautelosa.
-Bella, cuando te fuiste tres años atrás, el se puso como loco. Lo sé, porque Edward habló con Emmett para decirle que por favor lo cubra en la construcción que estaban supervisando al momento. No lo pensó ni un segundo para correr detrás de ti y atravesar hasta el otro continente, desesperado.
-Si, eso lo sé Rose. Pero eso se puede hacer por los amigos, no? -Rose elevó una de sus cejas incrédulas y era obvio que Bella sabía que eso no lo hacen los amigos, solo amigos como ellos, como Bella y Edward.
-Pero cuando regresó -continuó Rose- vino apagado, sin la alegría que siempre lo caracterizaba. Muchas de las mujeres de este pueblo intentaron por todos los medios posibles que Edward se fijara en ellas, pero él fue incapaz de dar cabida al amor. Todas decían que simplemente él no podría amar porque al parecer su corazón se había quedado en otra parte. Se lo vio roto por mucho tiempo, poco a poco fue superando el dolor que a simple vista parecía padecer. Inclusive cuando Tanya Denali entró a escena –Bella sintió un hincón en el pecho con solo imaginarse a Edward en brazos de otra- ella puso todo de su parte para hacerlo feliz, a simple vista parecía que lo estaba superando pero jamás él la vio como te veía a ti amiga y a los pocos meses eso terminó. Desde hace tres años, él nunca volvió a ser el mismo de siempre, no, hasta que tú regresaste meses atrás, fue como si nunca hubiera existido aquel hombre triste y sombrío, tú regresaste y él volvió a estar inyectado de energía, de vitalidad. Se lo veía feliz amiga. -Bella escuchaba a Rose con los ojos como platos- No quiero decirte que se hizo un ermitaño ni mucho menos, todo este pueblo lo adora porque el siempre ha sido bueno con todos los que lo rodean pero era evidente que faltabas tú para completarlo.
Bella tan sólo comenzó a llorar abrazando a Rose cuando esta terminó de hablar.
-Oh Bella! –Rose le respondió el abrazo a su amiga.
-Rose lo amo, lo amo con toda mi alma, pero estoy tan confundida. No sé qué creer, nunca dijo que me amaba. No sé qué creer, no sé qué pensar, solo quiero que este dolor se vaya. Ya no más!
Rose se sentía frustrada, hace algunos días había estado visitando a Edward y de la misma forma que en ese momento, sólo había logrado que sus amigos rompieran en llanto. Era claro que se amaban pero ambos eran tan cabezotas que se cerraban a cualquier explicación. Pero esa sería la misión de Rose y cada vez que algo se le ponía entre ceja y ceja tendía que llevarlo a cabo. Sin embargo debía ser paciente por la salud mental de dos de las personas a las que más quería, el par de tontos que hacían llamarse sus amigos.
Después de varios minutos en los que Bella pudo tranquilizarse, se separó de su amiga rubia y se disculpó por haber pedido la cordura por ese lapso de tiempo.
-Bella no pasa nada! –dijo en tono de reproche- y entonces para que están las amigas, sino para estropearse el vestido con las lágrimas de la otra? –preguntó Rose haciendo ademán de asco para con su vestido supuestamente estropeado. Ambas rieron ya un poquito más relajadas.
-Es más, te propongo algo –dijo emocionada Rose- ando con unos enormes antojos de comer mariscos en alguna salsa gourmet. Vístete como una verdadera princesa, que esta noche saldremos a cenar y no acepto ningún no como respuesta!
Esteeeee... que será que pasa ahora? de seguro que ustedes ya lo sospechan jejeje pero me gustaría leerlo en los reviews jajajjaa
Bueno y que opinan... insisto este par son unos cabezotas... yo que esperaba que Edward saliera atrás de Bella... ay mi chiquitito! a veces como que prefiero al cavernícola en vez de al caballero.. uy no mi baba comienza a caer jaja OMG y que se diga de la llamada a Tanya... es que no hay forma de verlo... no quiero al caballero.. que pena por la Denali... pero mi chiquito es mio mio mio, solo lo compartiria con ustedes y con Bella... pero de la Denali nada jajaja
Como sufren este par de tontos *lagrimitan amenazan con salir* será que todo esto se arregla? No se ustedes pero yo casi me desmayo cuando me enteré como sufrió Edward cuando Bella se fue a Inglaterra... por eso es que amo a Rose... esa mujer si que es de verdad jajaja
Bueno mis agradecimientos como siempre a todaslas que me leen, pero especialmente a las comentadoras maravillosas como Yasmin-Cullen, Silves (siempre presente si si si) Christti, Sayuri1980, Maya Cullen Masen, .Cullen, Monii -lunadawn (bienvenida y me alegra que ya estés al día :)), Marym25, LiiQuanlu, Stardropper (lindaaa), Mary de Cullen, Chuvi1489 (bienvenidaaaa), Joli Cullen, Alimago, a mi tan especial y maravillosa Yeya Cullen, Kristal Rathbone, Lurix, Luisa Black Whitlock, Clauida Cullen XD, Silvia, Lesliok, Miss Gaby (que lindo recibir tu mensaje mi Gaby... volviendo al mundo fanfiction ah jaja) graciaaaasss gracias... ah pero no puedo terminar sin enviar señales de humo a mi cloncito Meli 8114... donde estaaaas amiga? ahora tu te me has perdido... extraño tu review jejejeje
Bueno chicas... espero lo disfruten, gracias, mil gracias a todas de verdad!
Vivitace
