ANHELOS X

Quiero vivir, quiero gritar,
quiero sentir el universo sobre mí.
Quiero correr en libertad,
quiero llorar de felicidad.
Quiero vivir,
quiero sentir el universo sobre mí
como un náufrago en el mar.
Quiero encontrar mi sitio,
sólo encontrar mi sitio.

Amaral, El universo sobre mí

Los tres caballeros caminaban en silencio hacia el octavo templo donde curarían las heridas de Kamus. Shura no pudo dejar de observar el detalle que mostraban las manos de sus amigos. La mente de capricornio voló unos cuantos años atrás, cuando Atenea aún no había vuelto a ellos y los caballeros todavía podían comportarse de vez en cuando como lo que realmente eran, jóvenes ávidos de sensaciones.

Un día en concreto era el elegido. Toda la orden dorada se encontraba reunida al fin tras varios años de entrenamientos en diferentes puntos del planeta; todos menos el maestro de libra que permanecía en los cinco picos custodiando el sello de Hades, claro que por aquel entonces eso nadie lo sabía. Los ojos de Shura recorrían al resto de compañeros con mirada crítica, bien sabido por todos era la absoluta seriedad y devoción con que el español se conducía en combate pero, como todo buen latino, también sabía disfrutar del momento cuando la situación lo ameritaba. Por desgracia estos momentos era escasos en el Santuario y pocos, salvo quizás Milo y Aioria, habían contemplado el cambio que se producía en él a llegar a una fiesta o reunirse con los amigos en su propio templo.

Esa noche era una de aquellas ocasiones especiales y Shura se sentía bien, en familia. Para alguien que poseía tan arraigada la creencia y necesidad de vivir en un núcleo familiar no era nada fácil pasar la mayor parte del tiempo en la soledad del entrenamiento, por lo que podría decirse que en cierto modo adoptó a los caballeros más jóvenes, convirtiéndose así en su compañero, mentor y paño de lágrimas en contadas ocasiones.

Cenando a su lado se encontraba el joven lemuriano, aún no había superado la muerte de su maestro incluso cuando ya habían pasado años desde su partida. ¿Cuántos? Realmente nadie lo recordaba, le parecía asombrosa la capacidad física de Mü para seguir pasando por un veinteañero cuando realmente era el mayor de todos ellos más, cuando alguien le preguntaba su verdadera edad él se limitaba a sonreír serenamente y cambiar de tema de forma tan sutil que cedías gustoso al engaño.

Virgo era harina de otro costal. Se hacía realmente difícil conectar con él pues se entregaba completamente a su entrenamiento físico y mental desechando el resto por considerarlo innecesario para un semi dios como él. Más Shura podía recordar sin esfuerzo el rostro cubierto por las lágrimas de Shaka cuando llegó al Santuario, ya por aquel entonces mostraba serenidad en sus actos, sabiduría en sus palabras y un enorme poder en batalla. Pero no dejaba de ser un niño por mucho que hablase con el mismísimo Buda. Quizás por el momento fuese mejor dejar que se alejase, más estaba completamente seguro de que cuando fuese necesario Virgo se uniría a ellos en cuerpo y alma para defender un fin común, Atenea.

Continuó un rato igual hasta que sus ojos se toparon con dos esmeraldas llenas de vida. Milo le indicaba que saliese del salón, seguramente quería planear la escapada nocturna, habría hablado ya con el león? En cualquier caso se levantó en cuanto lo vio salir para reunirse con él. El pasillo se encontraba completamente a oscuras y en silencio, capricornio sonrió y agudizó sus sentidos para hacerse a un lado justo en el momento oportuno esquivando así al escorpión que en ese momento caía al suelo al perder pie por la sorpresa ante la rapidez del español.

-Jajajaja…Los bichos como tú deben estar en el suelo, cuándo vas a aceptarlo? - Le tendió una mano para ayudarle a levantarse.-

-Algún día cabra…en cualquier momento te pillaré desprevenido y te haré tragar tus palabras.

Rechazando su ayuda para ponerse en pie se irguió con gesto orgulloso y arreglándose el pelo, provocando de inmediato una carcajada en Shura.

-No lo conseguirás mientras dediques más tiempo a tu cabello que a los entrenamientos.

-Cállate…hablas igual que él.

-Que quién?

-Quién va a ser? Ese estúpido y presuntuoso pelirrojo que vive en la onceava casa y que se cree incluso superior a Shaka.

-Ah si…! –Se hizo el despistado para seguirle el juego- Esa belleza que no te deja dormir cada vez que te rechaza….A lo mejor tiene razón y no te lo mereces mientras no mejores tu técnica, y no me refiero al arte de seducir precisamente.

-Estupideces, una cosa no tiene nada que ver con la otra, es más, esta noche conseguiré que sea mío. Eso era lo que quería decirte, llegaré tarde a nuestra cita así que tendrás que divertirte solo con el león durante un rato.

-No hay problema con eso, pero Milo….-Seguía encontrando imposible que Kamus cayese en su juego pero con el escorpión nunca se sabía-….No olvides que ante todo es tu compañero y que tiene unas fuertes convicciones referentes a…..

-Shura….-Le interrumpió pues de sobra conocía lo que venía a continuación-…él no es un capricho.

Pensó en decirle mil cosas, enumerarle una vez más la larga lista de inconvenientes que conllevaba intentar seducir a Kamus, acuario se tomaba los votos de celibato con total convicción; a veces era tan estricto consigo mismo que ni siquiera se permitía ir a tomar unas copas con sus compañeros. Así que lo más lógico era pensar que incluso si Milo conseguía meterse entre sus piernas al desaparecer, porque finalmente ocurriría como siempre, Kamus habría dado la espalda a muchas creencias y tabúes para nada.

-…..Te esperaremos en la taberna de siempre….

Se sintió incapaz de decirle todo aquello pues realmente se admiraba un brillo diferente en sus ojos al hablar de Kamus. Se separaron provisionalmente y Shura se dirigió al templo de leo deseando estar equivocado con ellos dos.

La noche comenzó con una tranquila charla mientras saboreaban las delicias del dios Baco. Varias jarras de vino coronaban ya su mesa cuando Escorpio apareció en la taberna y Shura recibió un ligero codazo de parte de Aioria.

-Ey! Mira eso….

A capricornio le costaba enfocar la vista en el punto que le indicaba por lo que leo tomó su barbilla haciéndole girar la cabeza hacia el lugar por donde Milo caminaba hacia ellos.

-Santa Atena…..

El escorpión llevaba el pelo mojado y se le pegaba al rostro, una fina película de escarcha daba a conocer el origen de tanta humedad. Por si no fuera obvio que Kamus le había atacado con su Polvo de estrellas, el ojo en diferentes tonalidades violeta no dejaba lugar a dudas. Ambos caballeros estallaron en sonoras carcajadas mientras le hacían señas para que fuese hacia ellos. Pero había algo en Milo que no cuadraba con el aspecto que presentaba.

-Por qué demonios sonríes hermano? –Aioria se hizo a un lado para dejarle sitio- Kamus ha vuelto a darte la patada y tienes una expresión de bobalicón de campeonato. No sabía que te fuese el rollo masoca.

-Eooo….-Shura pasó la mano abierta frente a Milo intentando hacerle reaccionar sin muchos resultados-…Esta vez sí que le ha pegado fuerte, lo ha dejado más idiota de lo que ya era.

Leo volvió a acompañarlo en sus carcajadas durante un buen rato, Milo de pronto tomó la copa de vino que tenía más cercana vaciándola de una sola vez, y tras dejarla sobre la mesa pasó los brazos por los hombros de sus amigos acercándolos a él con la actitud de quien va a contar algo importante.

-Lo he besado….-Susurró-

-Vaya novedad…-Aioria volvió los ojos con indiferencia-…ya lo has hecho otras veces y siempre termina pateándote y congelando tu trasero.

-Ajá…pero esta vez me congeló por una razón diferente.

Los soltó a ambos recostándose con gesto autosuficiente en el asiento y disfrutando de la creciente intriga que se perfilaba en los rostros de sus amigos. Los hizo sufrir un buen rato sin decirles nada como venganza a las constantes burlas que había tenido que soportar de su parte desde que posó su mirada por primera vez en Kamus. Pero finalmente él mismo moría de ganas por contarlo, así que tras una última y extensa pausa que usó para humedecer sus labios con algo de vino, al fin lo soltó.

-Esta vez me ha atacado justo al darse cuenta de que respondía a mi beso...de hecho estrechaba tan fuertemente mi cintura que creí morir asfixiado…-Pasó un par de dedos por sus labios en una suave caricia-…hermosa muerte sin duda alguna.

-No me lo creo –Su tono de voz reflejaba la incredulidad que sentía hacia sus palabras-

Aioria pensaba que el escorpión se estaba riendo de ellos y que Kamus jamás haría algo así, pero Shura no pensaba lo mismo, y sin embargo….

-Queremos pruebas.

-Ah…mes amies….-Milo levantó la copa a modo de brindis mientras chapurreaba el idioma del seductor francés- Un mes, dadme solo un mes más y lo comprobaréis con vuestros propios ojos….

No fue un mes sino muchos más los que necesitó antes de aparecer ante todos junto a acuario en el desayuno. Pero aún así una buena mañana lo llevó casi a rastras con una gran sonrisa en el rostro que, junto a las marcadas ojeras en ambos, hicieron murmurar a más de uno. El pelirrojo aún se mostraba bastante reticente a dejarse ver en público y no hacía más que zafarse del abrazo con que Milo intentaba rodearlo por la cintura. Pero cuando Escorpio entrelazó sus manos acariciándole el dorso con el pulgar, acuario se dio por vencido comprendiendo al fin que era un precio bastante pobre a pagar si a cambio podía seguir viendo en sus ojos aquella infantil felicidad tan sumamente contagiosa.

Durante toda la mañana todos se abstuvieron de hacer comentario alguno, ni siquiera Shura o Aioria dijeron nada pues estaban tan boquiabiertos como el resto. Y mientras Kamus fijaba la vista en su plato para evitar ver a nadie, Milo no paró de hablar en toda la mañana con un entusiasmo tal que nada tenía que ver con el excelente desayuno que tenía frente a él. En ningún momento soltó la mano de su pelirrojo.

No, no la había soltado durante años. Todos habían podido comprobar el cambio que paulatinamente se iba produciendo en él. Comenzó a entrenar con ahínco, las juergas pasaron a un segundo plano aunque Kamus jamás consiguió que las dejase totalmente, sin perder un ápice de su humor éste fue dando paso a bromas más enrevesadas y llenas de ironía, sutiles…mostrando así su nueva madurez. Pero más increíble fue el cambio de Kamus, llegando incluso a esbozar una tierna sonrisa ante alguna travesura del bicho cuando en el pasado habría estallado de furia.

Sí, ver sus manos entrelazadas mientras ascendían los peldaños de cada templo le traía gratos recuerdos…pero Shura sabía que solo eran eso, recuerdos. Y el pasado nunca vuelve, por mucho que se desee.

El hecho de que prácticamente todas las casas que conformaban el recinto para los caballeros de bronce en el Santuario estuviese casi deshabitado, solo aumentaba el eco producido por las voces de dos hombres discutiendo.

-Te he dicho que ya estoy bien y quiero levantarme.

-Olvídalo.

Hyoga se encontraba frente a la cama de Jabu con una bandeja en cada mano. Una de ellas estaba repleta con todo lo necesario para curar heridas profundas; la otra despedía un delicioso aroma pues contenía una opípara cena. El unicornio estaba medio recostado en la cama con la espalda apoyada en la pared, los brazos cruzados sobre el pecho, mirando a otro lado y mal disimulando un gesto de dolor. El cisne se hizo un sitio a su lado y dejó las bandejas en un mueble estable y cercano.

-Deja de hacer el idiota, has perdido mucha sangre así que tienes que comer para recuperar fuerzas.

-No ha sido para tanto, solo un par de rasguños…..

-Ah si? –Levantó la manta que cubría a Jabu dejando al descubierto el aparatoso vendaje que llevaba de cintura para arriba y que comenzaba una vez más a mostrar un tono amarronado en el costado.- Vuelve a sangrar…iré a avisar a alguien.

-No lo hagas….-Levantó el brazo derecho para poder observarse bien-…no quiero que nadie sepa de esto, además, tampoco es tan profunda.

-Deja de decir eso…he tenido que sacarte una piedra que te atravesaba de lado a lado, sangrabas como un maldito cerdo, y todavía sigues pensando que es solo un rasguño?

El ataque que Shura usó para evitar que su enfrentamiento contra Kamus tuviese un final desastroso iba cargado de buena intención, pero las secuelas no fueron tan provechosas; al menos para el unicornio. La onda expansiva que produjo el ataque de capricornio lo había lanzado con una fuerza impresionante hacia unos montículos de rocas filosas y con el brazo congelado le había sido imposible menguar el impacto. Como consecuencia cayó de espaldas sobre ellas sintiendo de inmediato un lacerante dolor en el costado derecho antes de caer semi inconsciente de cara al suelo.

Solamente la rabia e impotencia que sintió cuando vio a Kamus alejarse con su andar elegante, sin una sola muestra que indicase que por pequeña que fuese había logrado infligirle alguna herida le dieron la fuerza necesaria para levantarse e increparlo tratando que volviese para terminar con todo de una vez. Pero acuario no solamente continuó su camino sin vacilación, sino que lo hizo de la mano de Milo. Y aquella imagen le quemaba más que mil heridas en su cuerpo.

Fue lo último que sus ojos contemplaron antes de que una oscura cortina los cubriese y cayese desvanecido en los brazos de Hyoga que lo llevó corriendo a su casa para intentar parar la hemorragia. Cuando al fin lo tuvo desnudo para poder examinarlo observó con incredulidad un enorme trozo de roca incrustado en su piel y que al parecer se había desprendido de la original por la violencia del choque. El cisne no poseía conocimientos médicos, tan solo unas nociones básicas sobre primeros auxilios, pero si de algo estaba seguro era de que si no sacaba la piedra de inmediato el unicornio moriría irremediablemente por la infección que le produciría.

Tomar la decisión fue infinitamente más fácil que ponerla en práctica. En el momento en que intentó retirarla, la sangre comenzó a salir a borbotones ya que la hemorragia era parada hasta aquel entonces por la presión que ejercía la propia piedra. Dando gracias a los dioses por su capacidad para cubrirse con una capa de indiferencia comenzó a extraerla muy lentamente al tiempo que usaba su poder de congelación para cauterizar las heridas, terminando así con la pérdida de sangre.

Finalmente, agotado pero satisfecho aunque las mejillas de Jabu se mostrasen pálidas y sus labios azulados, se dedicó a descongelarle el brazo pero no conseguía que la temperatura de su cuerpo aumentase. Recordó entonces la forma en que Shun logró que volviese a la vida en la casa de libra, así que sin dudarlo se desvistió y se metió bajo las mantas apretando el cuerpo del unicornio contra él. Pasados unos minutos la situación en que se encontraban le golpeó de pronto. Estaba abrazado a Jabu, ambos completamente desnudos en la caricia más íntima que habían gozado desde que comenzaron su relación, y el unicornio no era consciente de ello. El rostro de Hyoga se volvió incandescente al notar la incipiente erección en su entrepierna, se sentía avergonzado por estar tan excitado en un momento así, pero su cuerpo no atendía a razones; tan solo respondía a la suavidad de la piel que rozaba, de su cercanía tras tanto tiempo de deseo y espera. Comenzó a acariciarle con timidez por la cintura, la piel era igual de suave que en el cuello, brillante por el sudor que la cubría y que le daba un aspecto mucho más seductor al natural tono bronceado de su piel. Su mano bajó muy lentamente, llegando a rozar el rizado vello al final del vientre y que marcaba el comienzo de la hasta ahora zona prohibida para él. Todos sus sentidos le gritaban que no dejase pasar aquella oportunidad, lo había esperado por mucho tiempo por fin estaba a su alcance poder saborearlo por completo…Sin embargo no fue capaz de hacerlo y se retiró de él con un gemido frustrado. Más al contemplar la tranquilidad que mostraba el rostro del unicornio supo que hacía lo correcto.

Y ahora volvía a excitarse solo al recordarlo teniendo que concentrarse para mantenerse frío.

-Está bien…intentaré comer algo….

No dijo más, el cisne colocó la bandeja de comida sobre sus piernas con la firme intención de darle de comer él mismo.

-Qué te crees que haces? –Fruncía el entrecejo realmente molesto- No soy ningún inválido así que no me vas a dar de comer como a un niño desvalido…estás muy equivocado si piensas que…..

-Jabu…cállate de una puta vez.

Abrió la boca para replicar pero algo le dijo que no era buena idea, los ojos de Hyoga mostraban un sentimiento que era incapaz de descifrar, quizás porque nunca antes lo había visto, desespero.

Mientras comía obediente se paró a pensar por primera vez en cómo debía sentirse el cisne con toda aquella situación. Se había encontrado de pronto en medio de un fuego cruzado entre dos personas importantes para él. Comenzaba a ser consciente de que, sin quererlo, le había puesto ante un complicado dilema haciéndole elegir prácticamente entre su maestro y su amante. ¿Tan cegado había estado por el odio que ni cuenta se dio del dolor que la situación provocaba a Hyoga? Peor aún, lo sabía y le dio exactamente igual.

-Por qué me miras así?

-…Lo siento….

-Lo sé –Sus facciones se suavizaron un poco-

-Te quiero Hyoga.

-Sí –Sonrió derrotado por su simplicidad y ternura- Eso también lo sé.

Mientras Milo peleaba con Kamus para que consintiese en sentarse y quitarse la capa para poder mirarle la herida, Shura continuaba cavilando sobre los últimos acontecimientos.

La situación no mejoraba en absoluto, más aún, empeoraba con cada día que pasaba. No tenían entre sus manos ninguna pista, no sabían siquiera quien era su enemigo y qué perseguía con todo aquello. Por qué no atacaba? Ni siquiera daba señales de vida o mostraba intenciones de aprovechar la situación en que tanto el Santuario como el mundo se encontraban. Eran débiles sin Atenea.

Pero aún más preocupante era la ruptura entre sus filas. Kamus estaba tan obcecado por la ira que no miraba más allá de esta, Milo solo veía a través de los ojos de Acuario con la leve esperanza de que eso marcase alguna diferencia, absurdo. Afrodita ni siquiera mostraba algo de interés por la situación, se pasaba el día durmiendo o entre sus rosas; y él mismo se limitaba a hacer continuos análisis de todo pero sin llegar a ninguna conclusión que les fuese útil.

Seguía sin entender realmente lo ocurrido con el Unicornio, ni el por qué Hyoga se mostraba tan leal a él. El simple hecho de que el cisne se mantuviese a su lado le daba que pensar, los caballeros de bronce ya demostraron en más de una ocasión su gran intuición, no solían equivocarse al juzgar a las personas y era posible que en esta ocasión tampoco lo hicieran.

Desde un primer momento las pruebas que condenaban a Jabu se le hacían débiles e insuficientes y no dejaba de sospechar que había motivos más personales que reales mezclados en todo aquello. Era el momento de reaccionar, tomar la iniciativa para solucionar los problemas internos, y si el enemigo no iba a buscarlos ellos saldrían a por él, pero todos unidos.

-Kamus, deja de refunfuñar, voy a quitarte la camiseta lo quieras o no.

Milo peleaba con Acuario pues este se negaba a reconocer que la herida recibida por Jabu fuese tan fuerte como para prestarle atención siquiera. Pero quisiera o no la aguja le perforó el hombro de lado a lado y debía ser atendida. Escorpio le obligó a levantar los brazos para poder quitarle la camiseta por la cabeza y tras retirarle el cabello sobre el hombro sano comenzó a desinfectarle.

-Kamus se razonable, has estado a punto de matar a ese chiquillo.

-"Ese chiquillo" como tú lo llamas, Shura, no se ha quedado quieto precisamente...

-No esperarías que esperase sin moverse mientras lo congelabas, ni el más idiota de los caballeros haría algo así.

-Si no hubieseis aparecido se habrían terminado nuestros problemas, solo le estaba dando una lección y...

-Basta Kamus! –Milo dejó las vendas y se puso frente a él mirándolo con severidad- No te reconozco, qué demonios te ocurre? –El interpelado quiso decir algo pero la actitud de Escorpio le asombró tanto que no fue capaz de hacerlo- Jamás, en todos los años que te conozco te había visto anteponer tus deseos o frustraciones al deber de un caballero.

-Milo...

-No! Llevo demasiado tiempo viendo como te hundes a ti mismo y ahora vas a escuchar lo que te tengo que decir. Me tienes hasta la coronilla con tanto lloriqueo, nunca has sentido compasión por nadie y no voy a consentir que te tengas lástima a ti mismo.

Shura se mantuvo al margen de momento, sabía que Kamus necesitaba que le dijesen las cosas a la cara y con dureza pero también sabía del efector devastador que esa verdad tendría al salir de labios del escorpión. Por algún milagro Acuario se mantuvo en silencio y con la mirada baja, solo el guardián de la octava casa tenía ese poder sobre el caballero más temido de los doce por su mal carácter.

-Llevas dos años intentando borrar cualquier recuerdo de ese mocoso de tu mente sin éxito, formaste una vez más una barrera impenetrable incluso para mí, y te dio resultado hasta el momento en que volviste a verlo. Te aseguro que cuando Shion me pidió que lo entrenase para sucederme como caballero de Escorpio se me revolvieron las tripas, pero lo hice. –Se acercó a él tomándolo por la barbilla y obligándolo a mirarlo- Tú me enseñaste que por encima de nuestros sentimientos está el deber, tú hiciste de mí un caballero mejor...

-No entiendo a donde quieres llegar con todo este discursito Milo...-Intentaba mantenerse firme pero sus palabras estaban resultando dolorosamente ciertas, no podía rebatir la realidad más que con negaciones o mentiras.

-Quiero llegar a que te estás volviendo un ser patético y débil por culpa del unicornio y que o vuelves a comportarte como el caballero imparcial que eres o te excluiremos a la hora de tomar una decisión sobre él.

-No te atreverás.

-Oh! Sí que lo haré, vas a arrepentirte de todas y cada una de las veces que me regañaste cuando éramos simples aprendices por mi falta de objetividad, por dejarme llevar por los sentimientos. Bien, ahora mismo ni siquiera recuerdo las razones por las que me fascinabas tanto que terminé enamorándome de ti. –Volvió a tomar el mentón de Kamus con tanta presión que dejó las marcas de sus dedos en la pálida piel- Así que si digo que te dejaré a un lado, créetelo…

-Vaya…el escorpión clava su aguijón con más fuerza que nunca. Y eso que ni siquiera estás tirándote a alguien…Enhorabuena, ya eres todo un caballerete adulto y decidido. –Apartó la mano de Milo con un gesto brusco- Si no te importa deja de tocarme como si tal cosa, Caballero de Escorpio.

Las palabras de Milo sonaron decididas y a Kamus no le quedó la menor duda de que las llevaría a cabo sin vacilar un instante. Las miradas de ambos dorados se sostuvieron en una lucha muda, hacía muchos años que no se embarcaban en una discusión de tal calibre y la agresividad que ambos despedían era impresionante para cualquiera que asistiese a tal situación. Al fin Shura se acercó de nuevo a ellos y apoyando una mano conciliadora en el hombro de acuario tomó la palabra.

-Sinceramente, no creo que Jabu haya sido capaz de alzar la mano contra la Diosa. –Recibió una mirada furibunda por parte de Kamus- Milo, tú mismo me dijiste lo en serio que se tomaba su aprendizaje, lo agotado que quedaba tras ellos y que aún así no se dejaba vencer.

-Así es pero eso solo significa que es una persona constante.

-Pero también alguien que sabe lo que quiere y que acata las órdenes que se le dan, la hostilidad entre vosotros era más que evidente, así que no vayas a negarlo ahora. Antes de que ocurriese esta tragedia tuve un par de conversaciones con él y aunque se mostraba muy reservado en ningún momento me sentí incómodo a su lado….

-Sí, es su mayor virtud, parecer un chico bueno...-Interrumpió el aguador.

-Si no eres capaz de decir nada provechoso mejor cállate Kamus –Shura ignoró al perplejo y cada vez más indignado caballero y continuó dirigiéndose a Escorpio- Dejando a un lado su carácter analicemos lo que nos contó acerca de ese día y como llegó hasta allí.

-Para empezar es obvio que mintió al decir que estaba con Hyoga.

-Por qué estás tan seguro Milo? –Preguntó acuario.

-Sencillo, pasé toda la tarde con el cisne en mi templo...

Kamus se arrepintió de inmediato por formular aquella pregunta, egoístamente en el fondo aún pensaba en Milo como algo de su propiedad, incluso siendo él mismo quien terminó con su relación sin explicación alguna de la noche a la mañana, quién se negaba constantemente en retomarla allí donde terminó. Aunque en esos instantes lo odiase un poco por obligarle a enfrentarse con la realidad, porque le hubiese dicho que ya no lo amaba. Su orgullo no aceptaba que algo así pudiese ocurrir, Milo le había amado siempre y así debía seguir siendo, verdad?

-Si eras consciente de que ambos mentían por qué no dijiste nada en su momento? –El caballero de Capricornio se negaba a creer que todo fuese tan sencillo y buscaba algún dato favorable al unicornio, sin embargo su deber era no dejar ningún cabo suelto para bien o para mal del muchacho- Si se buscó una coartada significa que tiene algo que ocultar.

-Razón? –Milo hizo un gesto de indiferencia con los hombros- Sencillamente me guié por mi instinto. Cuando Jabu supo que Kamus no tomaría parte en el juicio por considerarlo culpable su temperatura corporal sufrió grandes altibajos debido a sus emociones. Ya conocéis mis habilidades en ese aspecto. –Ambos caballeros asintieron en silencio- Sin embargo, mientras era interrogado la temperatura se mantuvo siempre igual lo que quiere decir que estaba seguro en sus respuestas y no creo que sea tan buen mentiroso como para confundir a mi poder de percepción.

-Me estás diciendo que tengo que cambiar de parecer sobre él solo por tu intuición? –El aguador se puso en pie sin poder ocultar más su irritación ante tales argumentos que para él valían poco o nada.

-No, te estoy diciendo que si unos pocos meses siendo su maestro me han bastado para conocerlo lo suficiente como para darle el beneficio de la duda, tú deberías tener las ideas aún más claras. Aunque eso no será posible mientras no adoptes una postura más objetiva.

-Kamus…-Shura se acercó a él-…Dime algo. Si hoy lo tuvieses de nuevo frente a ti, si volviese a suplicarte que lo apoyases. Cuál sería tu respuesta? La verdadera, libre de prejuicios u odios del pasado.

En los labios de Kamus comenzaba a formarse un rictus tenso debido a las dudas de su mente y corazón. Si aquel día hubiese sido sincero con todos, incluso consigo mismo, principalmente con él mismo, sabía que su respuesta solo podría ser una.

-Deseo con toda mi alma que no sea culpable pero realmente mi mente está llena de demasiadas dudas, tantas como para no poder dar una respuesta sin dejarme llevar por la confusión que me provocan sus acciones.

Tras su pequeña confesión caminó a la ventana más cercana apoyándose en ella y dejando vagar la vista, no le apetecía seguir con todo aquello y en esos instantes deseó con todas sus fuerzas ser capaz de olvidar a Jabu. Le costaba reconocerlo, y jamás lo expresaría en voz alta, pero incluso para él era obvio que había perdido el norte en sus acciones. Desde el momento en que fue devuelto a la vida todo lo que hacía era un completo sin sentido, dando saltos de una situación a otra como un autómata y dejando de lado todo lo que hasta ese momento significaba algo para él, incluso a Milo. Solo reaccionó durante los breves meses en los que convivió con el unicornio, sus ganas de vivir eran sumamente contagiosas, pero cuando se marchó se llevó también su alegría. Siempre igual, siempre viviendo a través de las emociones de otros por no ser capaz de expresar las propias. Y ahora estaba tan sumido en el negro foso que él mismo cavó que no era capaz de ver la salida.

Escorpio y Capricornio respetaron su silencio durante unos minutos, lo conocían de sobra como para entender la lucha interior que libraba Acuario en aquellos instantes. En tal situación continuar con la reunión no les llevaría a ningún sitio; mejor descansar un poco antes de seguir. Así se lo hizo saber a Milo y tras despedirse de Kamus y recibir de este un escueto adiós, abandonó el octavo templo con la firme y desalentadora convicción de haber retornado al punto de partida. No tenían nada, tan solo conjeturas.

Milo podía sentir como propio el dolor del pelirrojo, no soportaba verlo así por muy enfadado que estuviese con él. Así que le concedió un poco más de tiempo antes de acercarse a Kamus y rodearle la cintura desde atrás apoyando la barbilla en su hombro. Su contacto no fue rechazado y eso le dio alas para seguir tentando a la suerte besando el cuello de Acuario con pequeños roces. Aún recordaba todos y cada uno de los puntos que estremecían a su antiguo amante y no necesitó demasiado para constatar que no había perdido el toque con él. Sorpresivamente, Kamus tomó las manos de Milo entrelazándolas con las suyas y ladeó la cabeza quedando totalmente expuesto a sus deseos. La lengua del escorpión trazó pequeños círculos, besó y mordió hasta arrancar pequeños suspiros de satisfacción del pelirrojo. Sin embargo, lo notaba tenso bajo sus caricias, soltó una de sus manos para acariciarle el vientre pasando un dedo por la cintura del pantalón, dejando que se deslizase en forma natural por su ingle, terminando con una sutil caricia por el interior de los muslos. No pudiendo soportarlo más, volteó a Kamus buscando saciar con sus labios la sed acumulada con los años.

Acuario respondía tal y como se esperaba de él, pasó una mano por la cintura de Milo pegándolo a él y usando la otra para tomarlo por la nuca. Más al abrazo le faltaba fuerza y sus dedos no se entretenían jugando con el cabello de Escorpio como en sus uniones de antaño. Lo deseaba, quería que ocurriese realmente, necesitaba que Milo le arrancase el dolor a base de gemidos. Pero el alivio anhelado no era encontrado por más que lo intentase.

-..Kamus..., mírame...

Abrió los ojos lentamente encontrando los de Milo que le observaban con una dulzura que le chocó, pues normalmente para esos momentos la lujuria hacía mella en él, convirtiéndolo en un depredador seductor. Sin embargo, recibió un nuevo beso lleno de ternura y se encontró arropado entre sus brazos mientras se dejaba conducir a la cama sin poner objeción alguna.

Milo buscaba la forma de hacerlo reaccionar, todo su cuerpo deseaba poseerlo de nuevo tras tanto tiempo, pero quería tomarlo por completo, que Kamus se rindiese a sus caricias como años atrás, abandonando cualquier pensamiento que no lo ocupasen él o sus besos. Lo tumbó en la cama haciéndose un hueco entre sus piernas, besándole el vientre justo allí donde comenzaba la ingle. Subió poco a poco hasta los pezones, atrapándolos con la lengua y humedeciéndolos antes de darles pequeños mordiscos y succiones que le arrancaron gemidos controlados. Sonrió, iba por buen camino.

Si a Kamus le hubiesen preguntado en ese instante cómo sobrevivió tantos años sin hacer el amor con Milo no habría sabido responder. Todo su cuerpo se estremecía con el más leve toque al saber lo próximo que estaba el placer para ambos. Por qué entonces sus labios se negaban a pronunciar su nombre? En vez de enredar los dedos en la larga cabellera se asían con fuerza a las sábanas, y sin buscar sus labios simplemente se dejaba hacer. No podía decir nada, no se atrevía, porque si se equivocaba de nombre y en vez de Milo pronunciaba otro sería el fin de la paz que comenzaba a sentir.

-Glaçon?

Los azules ojos se abrieron lentamente, intentando controlar las emociones, ocultarlas. Pero desde mucho tiempo atrás le era imposible simular poco o nada ante el hombre que tenía sobre él.

-No te atrevas…-Los labios de Escorpio se veían tensos, temblando indignados- No te atrevas a pensar en ese infeliz mientras abres las piernas para mi. Por un demonio! –La mano del escorpión se estrelló en la almohada junto a su cara con el puño cerrado por la frustración- Cuántas veces tienes que destrozarme para quedar satisfecho?

El griego se levantó de la cama separándose lo máximo de él, dejándolo allí desnudo, paseando su propio cuerpo al natural sin mostrar el más mínimo pudor. Iba de una esquina a la otra de la habitación mascullando maldiciones al aire durante un buen rato, no entendía cómo podía estar pensando en un niñato como Jabu cuando lo tenía a él a sus pies dispuesto a idolatrarlo hasta la extenuación. A él, Escorpio, el caballero más solicitado por todos en el lecho. Cómo se atrevía a jugar con él de esa forma? Pasaron varios minutos más en la misma situación antes de que terminase parándose y voltease a verlo por primera vez, más lo que encontró no era al frío y orgulloso Acuario ya vestido y mirándole con indiferencia. Kamus continuaba en la misma posición en que quedó cuando se fue de su lado, tan solo uno de sus brazos se había movido para ocultar el rostro bajo él. Toda la indignación acumulada hasta el momento se desvaneció en pocos segundos. No importaba lo cansado que estuviese, el daño que le provocase su actitud o saber que incluso teniéndolo en su propia cama Kamus estuviese más lejos de él que nunca, la realidad era que su hermoso pelirrojo sufría y que ni con el mejor polvo del mundo conseguiría calmar su dolor. Lentamente volvió a su lado, recostándose junto a él boca arriba y en apenas un susurro le dirigió las primeras palabras libres de rabia en toda la noche.

-Necesitas descansar, así que tranquilo, yo velaré tu sueño.

El colchón se hundió al recibir el peso de Milo y Kamus sintió como se acomodaba lejos de él sin entender muy bien la situación. Él esperaba que le hiciera el amor, que volviese para terminar lo que había empezado aunque solo fuese con intención de desquitarse y no que le diese palmaditas en la espalda como un buen amigo. Pero Escorpio se mantuvo junto a él en la cama sin mostrar ninguna intención de ir más allá.

-Bicho...-Hacía muchos años que no le llamaba por aquel cariñoso apodo-...te importaría abrazarme mientras duermo?

No esperó a recibir otra invitación, esta había tardado más de tres años en llegar aunque no fuese realmente la que quería, y con una leve sonrisa se acercó más a él recibiéndolo en sus brazos. Siempre odió que las facciones de Kamus se mantuviesen herméticas a sus sentimientos, pero por mucho tiempo que transcurriese, nunca estaría preparado para los breves instantes en que le mostraba todo su dolor. Aprovechando que descansaba la cabeza en su pecho, tomó unos cuantos mechones rojos enterrando los dedos en ellos, deslizándolos una y otra vez, lentamente, confirmando que seguían tan sedosos como siempre.

-Estás más tranquilo? –Preguntó al rato-

-Sí, siempre me gustó estar así, me relaja. Llevo acumulando tensión desde hace meses –Como para reafirmar sus palabras se pegó un poco más al cuerpo de Milo.

-Porque eres un maldito testarudo que nunca cambiará, tanto que ni siquiera ahora serás capaz de decirme qué pasa por esa linda cabeza tuya.

-Tú sí has cambiado.

-En serio? –Sus labios formaron un mohín esperando una mala crítica que no le apetecía recibir-

-Sí, se me hace extraño que estés tan tranquilo en la cama conmigo sin esperar nada a cambio, no entiendo que hayas parado cuando ya me tenías más que dispuesto. Es que ya no te atraigo como antes?

-No digas idioteces, -Se sorprendió realmente por aquel ataque de vanidad de parte de acuario, de la inseguridad que mostraba- los años te han dotado de un gran atractivo que aumenta aún más si cabe tu extraordinaria belleza. Pero temo que no haya ocurrido igual con tu inteligencia.

-Entonces por qué? –Obvió a posta el último comentario- Eres consciente de que ahora mismo podrías estar entre mis piernas? De que casi lo necesito más que tú...? –Pasó las manos por su sexo seductoramente y sonrió al comprobar cómo respondía de inmediato, intentado provocarlo hasta que no se pudiese controlar y saciase la necesidad de evasión que sentía sin importarle nada más.

-Santa Atena! No me lo pongas más difícil...-Su voz sonó dolorosamente excitada- Si sigues diciendo esas cosas voy a olvidar mis buenas intenciones y dejaré de controlar la terrible erección que me has provocado. Así que no me tientes Kamus, no me tientes.

-Jajajaja...-Dejó de acariciarlo para taparse la cara con la mano- Sí que es cierto que has cambiado, menos mal, pensé que los años me empezaban a pasar factura.

-Si serás...-El sonido limpio de su risa le cortaba el aliento- Duérmete de una vez –Le besó en la frente- Me gusta verte sonreír, pero sigues siendo el mismo egocéntrico presuntuoso de siempre, no te importa que me vaya a doler la entrepierna toda la noche mientras tu vanidad sea saciada.

-Y eso te encanta, reconócelo.

-Sí, pero odio la sensación de perder…-Comenzó a sonreír con aquella picardía tan propia de él- Se me está ocurriendo una forma bastante jugosa con que ambos quedaremos satisfechos…-Se colocó de nuevo sobre Kamus besándole en la comisura de los labios al tiempo que impedía que atrapase los suyos. Al hablar su voz sonó algo más ronca, prometiendo a Acuario sin palabras una memorable experiencia que atesorar junto al resto- No voy a hacerte el amor porque eso te haría más daño que bien…pero no creo que un poco de juego sea negativo para ninguno de los dos.

-Qué estás tramando? –Lo miró entre divertido y desconfiado, los juegos de Milo siempre eran excitantes-

-Nada, solo una buena despedida…-Dibujó todo su cuerpo en un solo movimiento de muñeca haciendo que se estremeciese- Tú solo confía en mi, como antes….

Se apretó más a Milo, completamente exhausto tras recibir el mejor sexo oral de toda su vida. El bicho llevaba razón, aquella era una despedida digna de recordar, sin llegar hasta el final gozó igualmente, sin tener que soportar a la mañana siguiente sentimientos encontrados por lo sucedido. Para otro podría resultar algo totalmente fuera de lógica pero no para él, porque Milo siempre le comprendió mejor que nadie. Relajando su mente se pegó al fuerte y cálido cuerpo que volvía a arroparlo hasta caer dormido, le hubiese gustado pasar de otra forma la noche con él pero debía reconocer que aquella tranquilidad no estaba nada mal.

Milo se quedó observándolo durante horas, realmente había extrañado aquellos momentos de intimidad junto a Kamus. Tan sencillos, tan importantes. Por eso se preguntaba por qué no saciaba totalmente su deseo por el pelirrojo, sería que realmente sus sentimientos comenzaban a cambiar? Esbozó una mueca resignada, lo único que le faltaba para aderezar su ya de por sí desastrosa vida era empezar a tener conciencia.

-No entiendo muy bien lo que sucede conmigo, ni la naturaleza de este cambio...-Susurró-...Pero siempre me tendrás a tu lado porque te amo, siempre serás el primero en mi vida, aunque nada pueda volver a ser como antes.

Finalmente lo consiguió, allí tumbado con Kamus entre sus brazos, Milo cerraba por fin un capítulo de su vida que le permitiría comenzar otro. Si lo escribiría junto a Acuario o no era algo que descubriría solo con el tiempo.

Despertó con un leve dolor en el brazo contrario sobre el que descansaba todo el peso del cuerpo, notaba los dedos algo hinchados y hormigueantes así que finalmente se decidió a abrir los ojos para averiguar el por qué. El Cisne era el causante, agotado tras toda una noche de cuidados y tensión, había terminado por ceder ante el sueño, y pensando en dar solamente una breve cabezadita se recostó acurrucándose contra su cuerpo. El Unicornio se acomodó con cuidado de no despertarlo, y tomando una posición más cómoda se dedicó a observarlo.

Hyoga se veía realmente hermoso mientras descansaba, su blanca piel solo resultaba manchada por la sombra que creaban las largas y espesas pestañas sobre las mejillas. Jabu sonrió mientras le dibujaba las cejas con un dedo, desviándose por la sien, dejándolo caer por las mejillas y el mentón hasta terminar en el cuello. El cisne protestó entre sueños al sentir un cosquilleo en la nuca y se apretó más contra él, confiado. Y eso le hizo plantearse una vez más si estaba haciendo lo correcto.

Los cuidados que le propició tras caer herido, el cariño de estos y la verdadera preocupación que vio en sus ojos le hicieron sentir como el más mísero de los egoístas. Durante el tiempo que llevaban juntos, cada vez que Hyoga intentó avanzar físicamente en su relación, Jabu siempre había encontrado una u otra excusa para no dar el paso definitivo. Siempre se escudaba diciendo que no estaba preparado, que no era el momento, que necesitaba más tiempo….Pero no podía seguir negando lo evidente, nunca encontraría el momento adecuado, jamás llegaría a reponerse de su breve pasado junto a Kamus y solo le quedaban dos opciones. Olvidar y seguir adelante de la mano de alguien que apreciaba, o estancarse en un pasado que no podría volver a hacer suyo.

La luz empezaba a clarear con la aparición del sol, un nuevo día daba comienzo y Jabu decidió que llegaba la hora de tomar decisiones.

-Ruso….-Le acarició la nariz con la punta de la sábana sabiendo lo mucho que eso le molestaba-….despierta dormilón…

-mmmm…..-Hyoga, dio media vuelta dándole la espalda, intentando seguir durmiendo aunque fuese solo un poco más-

-Vamos precioso….necesito hablar contigo…-Con algo de esfuerzo y aguantando las punzadas en el costado, se recostó en la espalda del cisne pasando un brazo por encima para encontrar la mano del otro y entrelazar los dedos con fuerza-…..ruso….

-Ya te he oído….-Aún con los ojos cerrados respondió al apretón con otro de igual intensidad-...pero pienso ignorarte un rato más.

-Jajaja...tonto...-Retiró el rubio cabello a un lado y recorrió su cuello con suaves besos que le erizaron la piel-...Voy a despedirte como enfermera, no atiendes las demandas de tu enfermo favorito.

-Nunca he visto quejarse tanto a nadie ni dar tal cantidad de problemas así que por mí dejas de serlo ahora mismo.

-Acabas de partirme el corazón, no sé cómo puedes ser tan cruel. –Bromeó, le mordió el lóbulo de la oreja apretándose más a él, y descansando la cabeza en la almohada suspiró presto a dar el siguiente paso- En serio Hyoga, sabes que no podemos evitar este momento durante más tiempo. No quiero seguir poniéndote en situaciones difíciles, así que necesito que me digas qué es lo que tú quieres hacer de ahora en adelante. Creo que este es el momento adecuado.

El Cisne no respondió de inmediato, toda una noche en vela daba para pensar en muchas cosas, demasiadas. Se le hacía curioso estar tan seguro de lo que Jabu quería decirle, le entristecía pensar que justo tras encontrar tanta compenetración con alguien sucediese algo así. Se negaba a aceptar lo que estaba ocurriendo, no se lo merecía, no después de todo el apoyo que le dio en todo momento. En lo más recóndito de su ser una voz le gritaba que lo detuviese, que no le permitiese abandonarlo antes de darse una oportunidad formando una verdadera pareja. Pero una voz proveniente de un lugar mucho más profundo y que creía ya olvidado se alzaba por encima de cualquier otra voz lanzando una súplica desesperada.

No me dejes, si lo haces volveré a lo mismo de antes, a los mismo brazos una y otra vez, a su indiferencia….a sentir aquel dolor constante que me estaba matando. No tienes derecho a darme esperanza para arrebatármela sin más cuando ya te has cansado del juego….No tienes derecho

-Hyoga? -Jabu esperaba pacientemente alguna reacción por parte del ruso pero solamente recibía su silencio.

Finalmente, el cisne volteó para mirarlo a los ojos con una extraña expresión en los suyos. Podría jurar que entre tantas emociones juntas se percibía una pequeña parte de odio y decepción, pero era opacado por el deseo que manifestaba por Jabu en aquellos momentos. Bien, le daría la libertad que con tanta ansia parecía querer el unicornio, pero no sin antes recibir algo a cambio.

Hizo que Jabu se recostase de espaldas en la cama con cuidado de no dañarlo y comenzó a besarlo. Los labios del unicornio se entreabrieron aceptando la invasión de su lengua como algo natural, y afianzó su conformidad rodeándole el cuello con ambos brazos. Su decisión de hablar con Hyoga no tenía como meta terminar en la situación en que se encontraba pero realmente sentía que se lo debía. Si entregándole una noche su cuerpo podía paliar el dolor del cisne, lo haría. Pero no era esa la única razón para hacerlo, de ser así jamás habría continuado, la verdadera razón era que él también lo deseaba desde hacía algún tiempo y por fin llegaba la hora en que podía liberarse de sus cadenas para darle a Hyoga lo que anhelaba.

Las piernas de Jabu se separaron para dejarle acomodase entre ellas, despertando un sentimiento de alarma nada agradable. El rubio se preguntaba las razones para obtener justo ahora lo que por tanto tiempo se le negó. Lástima, culpabilidad? Abrió los ojos buscando una respuesta en los de su amante, encontrando tan solo una sonrisa, sencilla, cálida. Hyoga sonrió. Durante mucho tiempo pensó que cuando finalmente se uniesen físicamente terminaría de enamorarse del unicornio, más algo fallaba. Faltaba aquel sutil cosquilleo en el vientre que le hacía temblar cuando otras manos le tocaban, el rubor en sus mejillas o la sensación de nerviosismo por el deseo de sentirse lleno del otro. Se sentía como un pobre iluso que recién descubre la imposibilidad de huir de sí mismo y sus sentimientos. Jabu no era como ÉL, y jamás llegaría a serlo.

-No tienes derecho a abandonarme ni yo a retenerte, ambos somos dos egoístas que buscamos en el otro una forma de escape….Pero antes de decidir nada quiero saber lo que se siente entre tus brazos, porque quizás en ellos consiga al fin olvidar. Olvidar para poder seguir adelante….-Se inclinó buscando los labios de Jabu, uniéndolos en un largo beso que se prolongó durante gran parte de la noche mientras sus cuerpos se unían completamente antes de que llegase el alba, y con él el momento para decidir el camino a seguir.

El ascenso por los templos se le hizo mucho menos tedioso de lo esperado. No resultó nada fácil salir de entre los fuertes brazos del cisne que ahora le parecían más acogedores que nunca, mucho menos tener que enfrentarse a la toma de una decisión que definiese de una vez la relación que los uniría de ahora en adelante. Pero una vez hecho podía decir sin lugar a dudas que la sensación que ahora ocupaba su pecho podría llamarse felicidad.

Se volvió a echar un último vistazo a su cabaña, formándose una imagen mental del ruso que aún continuaría enroscado entre sus sábanas tratando de conciliar el sueño. Y una pequeña sonrisa se formó en sus labios antes de continuar subiendo, al fin llegaba la hora de transformar las palabras en acciones, y lo haría con contundencia, sin dudas que le atasen al pasado.

Se despertó con la ingrata sensación de no estar solo en su templo, sin abrir los ojos apretó más contra si el cálido cuerpo de Acuario, comprobando que su respiración era profunda y sosegada. Se mantuvo en completo silencio, simulando que él también continuaba dormido mientras examinaba las ondas caloríficas del templo, de esta forma no tendría que alzar su cosmos ni descubrir su posición. Tal y como temía alguien se había colado en su morada pero su osadía no llegaba a tanto pues, por prudencia o miedo, su "invitado" le aguardaba pacientemente en la sala principal. Intentó mantenerse sosegado pero se le hacía tremendamente difícil ante una invasión de tal calibre en su lugar de descanso, su Santuario; mucho más cuando la intromisión daba un fin prematuro al encuentro con Kamus. No pudiendo retrasarlo por más tiempo, Milo tuvo que abrir por fin los ojos pero la visión que se formó ante él tras los primeros segundos borrosos por el sueño no tenían desperdicio. La cabeza de Acuario reposaba confiadamente en su hombro, su rostro se mostraba relajado y de entre los labios entreabiertos escapaban pequeños suspiros de satisfacción. Le gustaba sentir su peso sobre él, al igual que saberse envuelto por sus brazos y piernas, aquel gesto era tan común en sus primeros encuentros que le robó una pequeña sonrisa al recordar la forma en que, inconscientemente, Kamus trataba con tal abrazo por todo su cuerpo impedir que se marchase antes de que despertara. Sin embargo, no tuvo mayor dificultad en escabullirse con cuidado de no desvelarlo y con pesar reconoció que en el pasado desarrolló su habilidad para aquel movimiento demasiadas veces. Tomó un par de pantalones simples de los que usaba para los entrenamientos y los deslizó directamente sobre la piel. Sin molestarse en cubrir su torso y tras volverse una última vez a mirar hacia Kamus salió del cuarto sigilosamente. Entró a la otra habitación con cautela aún cuando ya había localizado al extraño, la estancia se iluminó brevemente con una luz escarlata que la atravesó formando un pequeño punto en la pared contraria. Siguió sin captar agresividad en el otro, sin lograr conocer su identidad a través de su cosmos dormido. Caminó lánguidamente hacia los altos ventanales cubiertos con gruesos cortinajes que mantenían sus dominios en la oscuridad hasta que él mismo lo desease.

-La próxima vez no fallaré.-Con un movimiento firme dejó que la luz del sol iluminase sus hermosos rasgos, disfrutando del espectáculo frente a él-

-Lo sé, un escorpión jamás erra...a no ser que él mismo lo desee.

Aquella voz, tanta seguridad y descaro en la misma, tan solo podía pertenecer a una persona, al único hombre que no deseaba ver en esos momentos. Lentamente dio media vuelta para encararlo pero eso no hizo más que aumentar su furia al ver la actitud que desprendía con todo su cuerpo, con su sonrisa de medio lado, con la forma insultante en que se presentaba ante él. Jabu se mostraba sentado sobre la urna sagrada que custodiaba a Scorpio en su interior como quien se apoya en una simple caja de cartón. Apoyando la espalda en la misma pared que Milo perforó instantes atrás con su ataque, una pierna contra el pecho sirviendo de base a los brazos cruzados y con la barbilla en estos mientras la otra pierna colgaba relajada tapando los anagramas de su signo.

- Es que no eres capaz de respetar nada?-Ambos hombres sostuvieron la mirada con intensidad pero mientras uno no podía disimular su indisposición el otro se limitaba a sonreír incluso más que antes-

-Por qué dices eso, maestro?

-Ya te dije que no volvería a tomarte bajo mis enseñanzas. Qué has venido a buscar aquí, Jabu?

-Verás, he estado consultando ciertos manuscritos antiguos bastante interesantes. –Los ojos del unicornio tenían un brillo especial, como si realmente estuviese saboreando aquel momento- Como ya no tenía que entrenar tanto empecé a aburrirme, así que le pedí permiso a Shura para entrar a la biblioteca del Santuario. Y a que no adivinas lo que encontré? –Milo hizo un gesto de impaciente indiferencia- Las reglas en que se ha basado desde tiempos mitológicos la selección de un caballero….

-Y qué tiene eso de excepcional? Cualquier caballero o aspirante conoce ese método, siempre es el mismo.

-Te equivocas. Hay algunos puntos que cayeron en el olvido debido al nulo uso que de ellos se ha hecho desde hace varios siglos. –Esta vez Milo demostró mucho más interés- Resulta que si un aspirante ha completado la mayor parte de sus entrenamientos y considera que está preparado, puede pedir que lo sometan a la última prueba incluso si su maestro se opone. No teniendo este más remedio que acatar las costumbres.

El aún caballero del Escorpión lo miró como si le hubiese caído encima un balde de agua fría durante un par de segundos antes de recobrar la compostura. El joven frente a él le estaba retando en su propio terreno, en su hogar, le retaba no solo por conseguir una armadura, no, era por mucho más.

-Entiendo, así que finalmente has decidido arrebatarme todo lo que es mío, pero te olvidas de algo, la Aguja Escarlata no es ninguna prueba fácil de superar. Podrías morir en el intento y créeme, en estos momentos no dudaría en hacer todo lo que esté a mi alcance para que eso ocurra.

-Deja de destilar veneno por la lengua y prepárate para el combate. –Con un ágil movimiento se colocó frente a él- Me enfrentaré a Antares y venceré, no te quepa duda de ello Milo, perdón, maestro…-Arrastró las letras burlonamente-

-Pagarás cara tu arrogancia. Solamente los dignos de Scorpio sobreviven a la prueba y tú jamás saldrás vivo de este lance. –Asombrado vio como Jabu le daba la espalda y se arrodillaba ante otra caja en la que no reparó antes, la custodia del unicornio. El joven recitó una plegaria en voz baja, acarició los filos con ternura y se levantó enfrentándolo con una expresión de decisión total. Un último tributo quizás a la armadura que le protegía hasta ahora? No era la primera vez que presenciaba un ritual igual pero, para él que siempre sirvió a Scorpio, no tenía significado real- Empecemos.

Su aprendiz se colocó frente a él con la espalda erguida y el mentón levantado en actitud desafiante por lo que, haciendo honor a sus prisas por morir, lanzó de inmediato la primera aguja. Jabu recibió el impacto con una mueca mínima de dolor, aquello no estaba tan mal, era soportable pero tan solo porque ya se había sometido antes a esta prueba para volverse inmune contra el veneno de su signo. Sin embargo jamás llegó a recibir más que 7 agujas seguidas, momento en el que siempre terminaba perdiendo el sentido incapaz de soportar el dolor que el veneno causaba en su cuerpo. Las siguientes cinco no lograron arrancarle mayores gestos de dolor pero el color de su rostro iba mermando lentamente, proporcionalmente a la aparición de sudor por todo su cuerpo. Milo también lo sabía, no deseaba prolongar durante más tiempo aquella situación así que sin previo aviso lanzó la séptima aguja contra Jabu. Más totalmente frustrado observó cómo, tras tambalearse dando un par de pasos hacia atrás, se mantenía en pie con la mirada triunfante. Pero más frustrante aún le resultaba saber que desde hacía un buen rato no estaban solos sino que una tercera persona presenciaba la escena desde las sombras. Elevando su cosmos al máximo lanzó otros tres ataques de una sola vez, quería acabar con aquello cuanto antes pero para su total sorpresa Jabu volvía a mantenerse en pie ayudado por una columna que sostenía la mayor parte de su peso.

Se fue acercando lentamente a él observando el más mínimo de sus gestos. Como tantas otras veces, un exiguo sentimiento de orgullo se fue apoderando de Milo ante el esfuerzo que realizaba Jabu, ante su fuerza mental y orgullo; sabiendo que todo ello era también fruto de su propio trabajo como maestro del muchacho. Poco a poco la sensación se fue evaporando para dejar paso a otra mucho más intensa y con la que no tenía ningún problema en sentir, odio.

-Deja de mirarle!...-Avanzó lentamente hacia él-...Qué ocurre Jabu, eres incapaz de concentrarte solo porque él está cerca? –Su voz se fue modulando hasta adoptar un tono suave, cargado de desprecio-...Si su sola presencia te impide seguir adelante no mereces que se te llame caballero, ni portar armadura alguna...mucho menos a Scorpio -Sin dejar de avanzar lanzó dos nuevos ataques que obligaron a Jabu a hincarse de rodillas y apoyar las manos en el suelo para evitar dar con la cara en él. Una vez a su lado Milo se puso en cuclillas acariciándole el cabello suavemente, enredando los dedos entre las cortas hebras y haciendo que las alarmas de Jabu se disparasen. Pero el cansancio era tal que tenía que concentrarse en algo tan simple como no caer- Déjame terminar con tu sufrimiento, sabes que nunca lo conseguirás...-Arrodillado ante su maestro, extenuado y humillado, Jabu tan solo fue capaz de negar con la cabeza, jamás se daría por vencido y con ello solo consiguió enfurecer a Milo que encrespó los dedos apretándolos, tirándole del cabello con tanta fuerza que lo dejó solamente apoyado en las rodillas- Obsérvale, te he dicho que lo mires Jabu! –Milo le agarró por el mentón obligándole a fijar la vista sobre Kamus mientras este permanecía impasible- No lo ves? Cuándo vas a comprender que hagas lo que hagas...-Un escalofrío recorrió el cuerpo de joven unicornio al sentir el cálido aliento de su maestro junto al oído susurrándole amenazador-...siempre será mío...

-Basta!

La violencia con que ardió el cosmos de Jabu fue tan grande que Milo salió despedido hacia las paredes del templo derrumbando un par de columnas en su camino. Tras unos segundos de confusión el escorpión se puso en pie y miró al origen de tal golpe quedando asombrado. La intensidad del cosmos que se alzaba en medio de la sala era tan intensa que solo pudo mirarla de reojo, pero algo llamó poderosamente su atención. El habitual color malva que despedía el caballero del unicornio estaba tornándose carmesí. El mismo Jabu no se precataba de la mutación que estaba realizando en su energía y se concentraba en hacer acopio de sus fuerzas hasta que estuvo completamente erguido dando la espalda a Kamus y dirigiédose a su mentor.

-No necesito de tus trucos baratos para que me de por vencido. No necesito que me enseñes una moral que tú no posees. Soy un caballero de Atenea, mi vida vale solo en la medida que me permita cuidar de su bienestar, y si para eso tengo que sacrificar cualquier otra cosa que no sea el orgullo de servirla a ella y a su causa, así será. Lo único que deseo de ti es el veneno de tus agujas, así que levántate y termina con esto.

Milo colocó sus ropas y cabello durante el tiempo que duró el breve discurso, más para darse tiempo a ordenar sus propias ideas que por necesidad. La situación definitivamente se le escapaba de las manos, tenía las emociones a flor de piel y eso no era bueno. Haciendo honor a su rango y experiencia dominó su cuerpo y alma hasta que ambos quedaron en sintonía. Kamus permanecía a un lado sin signos visibles de querer irrumpir en la batalla o ponerle fin, todo estaba en sus manos y tomase la decisión que tomase tendría consecuencias catastróficas.

-Accederé a tus deseos caballero.

Las piernas de Jabu se flexionaron, las manos a los costados del cuerpo con los puños apretados, su aura se mantenía llameante alrededor de su cuerpo. Una vez estuvo listo Milo no esperó más, al llamarle así le concedía su respeto como defensor de Atenea, sus dudas sobre su culpabilidad, quizás incluso el orgullo por haber formado a un hombre como él hasta convertirlo en un caballero poderoso. Y estaba cansado de la situación, muy cansado.

Una vez más alzó la mano invocando la Aguja Escarlata, terminaría lo antes posible pues incluso concediéndole todo lo demás estaba seguro de que no sería capaz de aguantar en pie hasta recibir a Antares. El impactó no provocó en Jabu el efecto esperado, en vez de palidecer y encorvarse todo su cuerpo permaneció en tensión y continuó mirándole de forma desafiante. Harto de la situación lanzó otras dos agujas de una vez, esta vez si percibió un cambio pero en su cosmos. Del aura malva que normalmente lo rodeaba no quedaba apenas nada, tan solo una delgada franja delineando su espigada figura, el resto se había ido tornando carmesí conforme asimilaba los golpes, signo inequívoco de que su cuerpo empezaba a aceptar el veneno. Pero milo sonrió para sí mismo, aún quedaba la mayor prueba de todas, Antares, y el poder de esta no se equiparaba ni siquiera al conjunto de todas las demás.

-Enhorabuena, me tienes realmente sorprendido, nunca pensé que lograses aguantar hasta aquí pero ha llegado el momento de transmitirte la última lección. –Caminaba con tranquilidad, llegó hasta la urna de Scorpio y pasó las manos por ella en un gesto íntimo como el que se puede dar entre amantes- Ya sabes que la Aguja Escarlata no te elimina con una sola picadura sino con quince, las cuales te causan sufrimientos tan insoportables que al enemigo no le queda más remedio que capitular o enloquecer. –Se volvió para mirarlo con gesto ausente, hacía no tantos años él mismo escuchó esa explicación de labios de su maestro- Las quince picaduras representan las quince estrellas de la constelación de Scorpio, tu enemigo solo tiene dos opciones, abandonar o morir antes de la picadura fatal, Antares. Lo más importante es la situación de esta última picadura que se encuentra en el corazón de la constelación, esto no es un capricho pues ella sola contiene mayor poder y veneno que las catorce anteriores.-Una vez más se encontraba junto a Jabu, separado de él por apenas unos centímetros- Es mi deber preguntarte una vez más si deseas abandonar o someterte a la última prueba, la que dictaminará tu destino.

-Creo que ya sabes mi respuesta maestro...

Esta vez no había burla en su voz. Sus ojos mostraba decisión y orgullo cuando se posaron sobre los de Acuario, pero la sonrisa que comenzaba a dibujarse en sus labios se quebró al recibir a bocajarro el último gran ataque de Milo, justo en el corazón. Durante unos segundos no sucedió absolutamente nada, el tiempo parecía haber quedado suspendido, de improviso Jabu tuvo una gran arcada y acto seguido expulsó tal cantidad de sangre que formó un charco a sus pies. Milo lo sujetó justo a tiempo para evitar que cayese de golpe al suelo y rodeándole la cintura lo dejó apoyado inconsciente en la pared, a primera vista muerto.

-No tienes nada que decir Acuario?

Miró al lugar donde se encontraba Kamus, durante todo el tiempo que duró la lucha no dejó de esperar su interrupción pero finalmente no había llegado. Lo que Milo jamás esperó encontrar fue el rostro cubierto de lágrimas de un hombre tan dueño se sí mismo y de sus emociones. Roto emocionalmente corrió a al lado de Acuario para estrecharlo entre sus brazos, el echo de que Kamus no intentase apartarlo le confirmaba lo profundo de su desazón por la pérdida del Unicornio

-Sabias que no lo lograría y aún así...

-Aún así hice lo que tenía que hacer, tardaste mucho pero finalmente hiciste de mí un caballero recto y digno...-Le agarró por la nuca obligándole a apoyar la cabeza en el hueco formado por su hombro y cuello sintiendo la calidez de las lágrimas que el hombre al que amaba derramaba por otro- Tú hiciste lo mismo con Hyoga, solo él...

Dejó de hablar y soltó a Kamus a la vez encontrando a Jabu en pie de nuevo, pero si la anterior explosión de su cosmos fue violenta, esta vez estaba cargada de tanta agresividad que todos sus sentidos vibraron dispuestos a defenderse de un ataque que, sin armadura, sería fulminante. Más antes de poder evitarlo Kamus le hacía a un lado poniéndose entre los dos escorpiones y rezando porque Atenea se compadeciese de todos ellos.

25