Lamento mucho mi tardanza en actualizar, han sucedido tantas cosas que la verdad me han dejado sin ganas de actualizar. Agradezco que aún me hagan comentarios y me incentiven a retomar la historia, la cual no voy a abandonar así ya no la lea nadie. Infinitos agradecimientos a Gwiniver Morgan, Lucy, Stern-Rosenkreuz, Akira Nishikawa, Kuu de Cefiro, jessicacefiro, AdiaSkyFire, Serena Ryuuzaki
Espero lo disfruten, les recuerdo que los personajes no son de mi autoría pero la historia sí. Parte de su contenido no es apto para menores ni para personas sensibles.
Si tú supieras que tu recuerdo
me acaricia como el viento
que el corazón se me ha quedado
sin palabras para decirte
que es tan grande lo que siento...
Tendido en la cama miraba por la ventana hacia la oscuridad de la noche, y por unos momentos se dejó llevar por su creciente preocupación hacia su amigo. Lo había notado distante y distraído, muy poco conversador y sumamente reservado antes sus sentimientos. Muy a su pesar, cuando quería entablar una conversación acerca de todo lo nuevo sucedido hasta ahora, el Gurú simplemente lo evadía y desviaba la conversación hacia asuntos más seguros como el bienestar de Céfiro.
Perdido estaba en sus pensamientos cuando sintió sus pequeñas manos que hacían arder su cuerpo en cada parte en que lo tocaban, cada caricia, cada contacto lo volvían loco de placer, de excitación y lamentablemente su amigo pasó a segundo plano. Nunca algo como aquello le había sucedido, ni en sus más locas fantasías con ella. Tanto placer, tanta pasión, tanta entrega. Ninguna mujer antes lo tuvo ante sus pies, ninguna otra mujer podría hacerle sentir lo que ella. Quería tenerla así para siempre, desnuda y enredada entre las sábanas de su cama, sudando y jadeando por el ejercicio realizado. No era un sueño, ella estaba ahí en carne y hueso. Sus labios besando cada parte de su ser llegando hasta su corazón, derritiendo el hielo a su alrededor y haciéndolo estremecer como a un cachorro indefenso.
Había sido así desde hace unos días después que llegara con sus amigas, que tuvieron tiempo para estar solos, cada noche era un choque de voluntades y pasiones desbordadas, como si quisieran recuperar cada año, cada mes de separación forzada. Recuperarlo todo en cada beso, en cada caricia, en cada mirada.
-No vuelvas a dejarme- dijo con urgencia- Promételo
-Jamás- A la pelirroja le encantaba ese tono grave y serio de su voz, la exigencia detrás de sus palabras, y la intensidad con la que las decía.
- Nunca podría además- Con una sonrisa juguetona miró profundamente los ojos de su amado, nunca podría dejarlo, era verdad, estaba atada a él para siempre. Lo amaba demasiado como para soportar alguna separación. Volvió a besarlo con una necesidad abrasadora, sus manos volvieron a acariciar cada músculo del pelinegro y prometió para sí, que cada centímetro de su cuerpo ella lo exploraría, conocería cada lunar, cada cicatriz que Latis pudiera tener y los declararía como suyos en cada encuentro. De repente sintió cómo su cuerpo era empujado por unas hábiles manos que eran tan grandes y firmes como su dueño. Cayendo de espaldas en la suave cama, sintió la cálida promesa de una nueva colisión de amantes. Entre sábanas y almohadas escuchó lo que nunca dejaba de emocionarla, lo que siempre deseaba escuchar.
-Te amo- Esas palabras siempre la dejaban sin aliento, era como si cada vez fuera la primera vez, por uno segundos no dijo nada, solo saboreó ese sentimiento, para luego besarlo suavemente correspondiendo con su cuerpo lo que con su voz no alcanzaría.
Entre besos Lucy sintió que sus piernas eran abiertas mientras el cuerpo de Latis se acomodaba entre ellas. Sus manos subían y bajaban por su espalda, acariciando, explorando, marcándolo como suyo, los besos de su amado fueron descendiendo con insufrible lentitud, pero con destreza y más tarde que temprano como lo pensaría ella, llegó ante sus dos montículos, besó y lamió el valle entre ellos para después escoger el de la derecha y llevarlo a su boca mientras su mano se encargaba de juguetear con el pezón libre, la excitación comenzó a subir de nivel, sus gemidos aumentando por el placer y su cadera elevando tratando de encontrarse con aquello que la llevaría de nuevo al cielo. Pero Latis no se lo dejaba fácil, excitaba sus senos pero aún no la complacía con lo demás.
-Latis- Dijo entre jadeos la pelirroja- Por favor-
-¿Por favor qué, amada mía?- Una risilla juguetona se asomaba a sus labios
-Te necesito- Decía mientras trataba de embestirlo desde abajo sin ningún éxito
-Aquí me tienes-
-Así no- y frunció el seño en actitud seria pero excitada
-¿Y entonces como quieres?- Le encantaba hacerla hablar de lo que quería en la cama. Lucy era una mujer extremadamente sexy pero le costaba mucho hablar sobre su sexualidad, y él quería, no, necesitaba que se abriera ante él, que viviera con él lo que nunca ni en sueños imaginara vivir con alguien más.
-¿Por qué siempre me haces esto?- E inmediatamente introdujo sus uñas en la piel del pelinegro, por obvias razones esto ni lo inmutó pero sí que lo excitó, a regañadientes, ella sabía que si no decía lo que quería él no se movería, y por consiguiente no obtendría lo que deseaba, así que solo lo escupió:
- Adentro, te quiero adentro mío ya- La sonrisa del pelinegro se ensanchó, pero sus ojos prometían otra cosa, se volvieron profundos, misteriosos, y sin aviso alguno cogió sus caderas con esas grandes manos, las levantó y en un solo movimiento la embistió introduciéndose entero en ella. Fue tanto el placer que estrellas adornaron su vista y un jadeo salió sin permiso. Su amante continuó con eficiencia lo que tanto ella quería.
-¿Esto es lo que querías?- Susurrando en su oído y sin parar de embestir le preguntó
-Si….Si- Fue lo máximo que salió de sus labios, se aferró a su cuerpo como si de ello dependiera su vida. Mientras él la penetraba cada vez con más fuerza, más profundo su cuerpo invadido por el placer más envolvente se dejaba llevar y por fin estallaba en llamas incandescentes el orgasmo más delicioso hasta ahora probado, siguiéndola por poco su amado, quien cayó en sus codos a los lados de ella, besándole delicadamente el cuello mientras las pulsaciones de ambos se normalizaban.
-Te amo-
-Te amo- Por fin pudo responder, y entre la bruma de la noche se abrazaron para caer tendidos entre los brazos de Morfeo.
. . .
si tú supieras como te ansía
cada espacio de mi cuerpo
como palpitan tus recuerdos en el alma
cuando se queda tu presencia aquí en mi pecho.
De pequeña pensaba que su vida sería como la de las princesas, las cuales vivían esperando a su príncipe azul que finalmente llegaba montando su blanco corcel y las llevaba lejos hacia su castillo para vivir felices por siempre.
Nunca se imaginó que su vida cambiaría tan drásticamente, que en su camino se encontraría con príncipes, princesas, guerreros, espadachines y magos. Nunca pensó que en parte, todo lo que había soñado sobre castillos y príncipes se había hecho realidad, todo excepto por la parte en la que es elevada para ser montada sobre un blanco corcel y casarse con un apuesto príncipe que le juraría amor eterno. Nunca pensó que todo sería tan complicado, que lo que había esperado por más de una década, más que una fantasía se convirtiera en un mal sueño, un mal chiste interpretado por algún pésimo bromista. Pero al menos para sus amigas ese sueño si se había hecho realidad, y eso compensaba todos sus pesares. Ellas se lo merecían después de tantas cosas vividas. Las cosas muy pocas veces salían como se deseaban y eso estaba bien, ahora estaba con un apuesto hombre que aunque no era un grandioso mago ni mucho menos un príncipe, sabía que la quería, que tal vez la amaba y si todo saldría bien, quizás la llevaría lejos en uno de sus animales invocados para así vivir su propia fantasía. No estaba segura pero quería creerlo, quería un final feliz, uno que estaba segura se merecía, aunque las cosas ahora no estuvieran tan claras.
Estaba demasiado nerviosa como para pensar con claridad. Caminaba de lado a lado de la nave, paseándose como un león enjaulado esperando una muerte silenciosa. El chico a un lado de la cabina la miraba con inquietante expectación y eso la ponía mucho más nerviosa. No sabía cómo iba a reaccionar cuando lo viera, quería verse tranquila, pero por dentro era un mar de dudas e incertidumbres por el futuro próximo. Pronto llegarían a Céfiro, los días habían pasado tan rápido que ni cuenta se había dado de que el día más temido se aproximaba. Aunque no todo podía ser malo, tal vez si había algo positivo en todo esto y era que podría verlo todos los días por varias horas solo para ella sin interrupciones, sin esposas ni novios. Sabía que iban a trabajar juntos y eso era lo que quería hacer por el bien de Céfiro, pero podría sacar un beneficio extra en toda esta parodia de vida.
-¿Estás bien?- Preguntó con voz calma el castaño. –Has estado un poco rara desde antes de que saliéramos de Cizeta.
La peliazul detuvo su andar y lo miró un poco desconcertada pensando que quizás, para su mayor desgracia él ya haya descifrado todo el asunto y lo miró fijamente a los ojos, en los cuales no vio más que preocupación.
-Solo estaba pensando en lo que nos depara el futuro- Odiaba decir mentiras, así que únicamente difuminó un poco la realidad. Sonrió como toda buena novia podría hacerlo y le acarició la mejilla cuando estuvo junto a él. Aún seguía pensando que si pasaban suficientes cosas entre ellos, podría amarlo lo suficiente como para olvidar al gurú.
El castaño le cogió la mano entre las suyas y las acarició, calmando un poco sus ánimos. Marina se sentó junto a él un poco más relajada y esperaron juntos a que la nave aterrizara. Cuando la puerta principal de la nave se hubo abierto, Marina pudo ver en primera fila a sus dos más grandes amigas las cuales corrieron como locas hacia ella alcanzándola cuando ni si quiera había podido salir, cubriéndola en un emotivo abrazo.
-Te extrañamos- Dijo la rubia
-Pensamos que no ibas a volver- Dijo la pelirroja.
-No sean tontas, ¿Cómo podía dejar a mis mejores amigas?
Cuando se separaron, la peliazul pudo ver a los demás. Latis que llegaba junto a su amada, Cladina que venía directo hacia ella después de haber casi ahogado al invocador, Paris junto a Aanaís y por su puesto al Gurú. Sólo fue un segundo en el que sus ojos se cruzaron, pero bastó para que se le erizara toda la piel y oscuros pero prometedores pensamientos cargados de deseo se adueñaran de su mente. Como siempre estaba maravilloso, alto y gallardo, lo vio acercarse con lentitud pero muy seguro de lo que hacía.
Ven...! entrégame tu amor...
para calmar este dolor de no tenerte
para borrar con tus caricias mis lamentos
para sembrar mil rosas nuevas en tu vientre...
-Estamos muy felices por tu llegada guerrera mágica- Ya no era el cómplice de sus miradas, sino que era el gurú de Céfiro hablándole a algún súbdito. Sintió una puñalada en el estómago cayendo de nuevo en la realidad, esa que no quería aceptar, que él había tomado otro camino junto a alguien más y ella se empeñaría en olvidarlo.
-Muchas gracias Guru Clef- Atinó a decir muy acertadamente Marina mientras se deshacía del abrazo de una muy emocionada Caldina.
-Ay chica pero que guapa te ves, te sentó muy bien el viaje- Dijo sonriendo la ilusionista- Y mira como te queda de bien la ropa de mi planeta, vas a dejar a más de uno con la boca abierta querida-
-No hagas ese tipo de comentarios Caldina, no son de bueno gusto- Dijo el ahora muy serio Gurú de Céfiro, quien dio media vuelta y se alejó, dejando a más de uno con una incógnita en su cabeza.
-¿Y ahora a este qué bicho le pico?- Puntualizó la pelirrosa mientras escoltaba a los recién llegados al castillo.
-Déjalo Caldina, ha estado un poco estresado con el trabajo, ya que alguien que debía ayudarle se fue de viaje- Fue el comentario ponzoñoso de una rubia que aparecía como de las sombras- Aunque es todo un gusto volverte a ver- Corrigió la estrategia Presea para que no se notase el profundo resentimiento que cada segundo aumentaba más y más por la Guerrera del Agua.
Ven...! entrégame tu amor
que esta mi vida en cada beso para darte
y que se pierda en el pasado este tormento
que no me basta el mundo entero
para amarte...!
La pareja recién conformada por Ascot y Marina llegaron a tiempo para la cena, así que dejaron sus maletas en sus respectivas habitaciones, descansaron un poco, cambiaron sus ropas y se reencontraron de nuevo en el salón comedor. Marina intentó por todos los medios quedar lo más lejos posible del Gurú, pero para su mala suerte, los puestos de cada comensal ya estaban reservados para siempre como lo dictaba el protocolo Cefiriano. En cada punta se encontraban Paris y Guru Clef, como máximos representantes del gobierno, el uno manejando asuntos políticos y el otro, los menesteres referentes a la magia y el bienestar del planeta. A sus derechas sus esposas o futuras esposas, es decir, al lado de Paris Anaís y al lado del Gurú Presea. A sus izquierdas se encontrarían sus manos derechas, Ascot y Latis junto a sus parejas Marina y Lucy y así sucesivamente hasta terminar la mesa con los invitados y miembros más destacados del concejo. Dada la descripción es obvio que Marina estaba condenada a comer toda la vida a dos puestos del gurú y sin poder ser salvada por sus amigas que estaban al otro lado de la mesa. Mala suerte, muy mala suerte. Lo positivo del asunto era que el Gurú no aparecería como lo había hecho saber uno de sus mensajeros. Pero él no podía desaparecer por siempre, en especial cuando al otro día debían empezar el trabajo los dos juntos.
-Dime Marina ¿cómo estuvo tu viaje?- Mirándola a los ojos y de una forma muy enigmática le preguntó la armera real.
-Yo diría que fue muy productivo- A decir verdad, aunque la mayoría de su viaje fue como unas vacaciones, la otra parte fue dirigida a lo que podrían lograr los dos planetas si trabajaban por un bien común, Cizeta tenía mucho potencial para comerciar muchas más cosas de las que ya lo hacía con Céfiro.
-¿Cómo es Cizeta? Estoy muy curiosa porque fuentes muy confiables me dicen que es demasiado liberal en sus leyes- Y era cierto, Cizeta por ser un planeta liderado por mujeres, era bastante feminista en el sentido positivo de la palabra. Las mujeres podían acceder a altos cargos dentro del gabinete real, podían tener hijos sin necesidad de casarse, en realidad no se veía mal dentro de la sociedad que una mujer decidiera no casarse o si ya lo había hecho, tampoco era mal visto una separación. Era en muchas cosas, muy diferente a Céfiro que se enorgullecía de ser más tradicional en sus normas. En Céfiro, tanto ella como Guru Clef se condenarían al ostracismo social si decidieran estar juntos. Él lo perdería todo cuanto ha logrado si se imaginara tan siquiera el divorcio.
-Si, en realidad es bastante liberal en muchas de sus leyes, pero la cultura y la gente son maravillosas, aquí mismo tenemos un ejemplo de ello- Señalando a Caldina unos puestos más adelante. Una voz masculina se dejó escuchar en la habitación dejando sin posibilidades de seguir con la amena discusión
-A decir verdad, tenemos otra cosa que decirles-El castaño se levantó de su sitio y se dirigió a los demás.
-Lamento que mi maestro no esté, pero quiero darles la noticia lo más rápido posible- Unos momentos de expectativa hacían mas tenso el ambiente en Lucy y Latis, ambos pensando en un futuro tormentoso para la guerrera del agua mientras que los demás miraban con maravillada paciencia lo que el invocador tenía para decir aunque ya lo supieran
- Marina y yo hemos decidido darnos una oportunidad como pareja- cogiendo así entre sus manos las de su amada, y mirándola lo más amorosamente posible. Marina no supo qué decir, en cambio solo sonrió e intentó verse feliz. Todos los presentes se levantaron ante la "buena noticia" y se dedicaron a colmarlos de frases festivas y de abrazos animosos. Lucy y Latis se miraron entre sí con excesiva preocupación, pero decidieron no intervenir, sabían muy bien que tanto Marina y Ascot estaban conscientes de la situación pero no podían anticipar la reacción de cierto Mago ausente.
. . .
Si tú supieras que es como un grito
que se estrella en el silencio
este vacío de tenerte sólo en sueños
mientras me clama el corazón
por ser tu dueño/a...!
Una partícula de polvo revoloteaba ociosamente entre el rayo de luz matutina que entraba por la ventana que daba al balcón de la oficina y se colaba al escritorio en el cual se esparcían papeles y pergaminos distribuidos a lo largo y ancho de la mesa, botellas de distintos colores, libros y una pluma con su respectiva tinta terminaban de adornar tal espacio además de unas manos inmóviles puestas perezosamente sobre la superficie de madera, su dueño permanecía quieto observando aquella partícula pero sin ver nada en particular, sus ojos azules se perdían más allá, absorto en su mente recordando los sucesos de la noche anterior.
Recordó sin remordimientos cómo utilizó el espejo mágico de su oficina para fisgonear, porque no había otra palabra para ello, lo que la peliazul hacía en el comedor mientras él se negó a participar de tal reunión. Vio y escuchó la gran noticia y recordó cómo empuñaba sus manos, fruncía su ceño y tensionaba su cuerpo. Estaba al tanto de la situación, pero el hecho de hacerla pública por parte del castaño le hacía estremecer su cuerpo, y no por rencor sino por temor, si, temor a perderla del todo, porque aunque no pudiesen estar juntos, al menos podría saber que le amaba, ahora ya ni eso estaba claro. Ella lo dejaría de amar y lo olvidaría mientras que él no tenía nada más que su amor por ella y se preguntaba si así serían las cosas, si se volvería un loco acosador acechándola entre las sombras mientras ella se divertía con su nuevo amor. Perdería la cabeza y terminaría en alguna caverna alejado del mundo con nada más que su espejo para verla solo a ella.
Perdido en sus pensamientos estaba que no sintió la puerta abrirse ni escuchó unos pasos acercarse, ni mucho menos vio la esbelta figura enfrente de su escritorio hasta que una voz dulce ahora muy familiar tanto en sueños como en la realidad, se dejaba escuchar por toda la habitación.
-Hola Clef- Levantó inmediatamente la cabeza para verla. Maldita fuera la naturaleza por hacerla tan bella. Tenía un vestido vaporoso que le llegaba hasta mas arriba del muslo, sin mangas y de color azul turquesa. Su cabello recogido en una media cola le daba un aire juvenil y sus ojos, sentía como pudiera perderse para siempre en ellos.
No dijo nada, así que ella siguió con la conversación –Lamento haber llegado tarde- vio como frotaba sus manos nerviosamente, y se reconfortó al saber que no era el único con el mismo inconveniente.
-No hay problema- Su voz salió un poco brusca, llevó su mano derecha a su boca y tosió un poco con disimulo –Buenos días.- Dijo con una media sonrisa para amenizar un poco el ambiente y no sentirlo tan frío tan tenso. No quería indisponerla desde ahora.
- Ya preparé todo para que empieces a trabajar- Se levantó de su silla y le señaló el lugar de trabajo de la peliazul –Éste será tu lugar de trabajo y esta -señalando una pila interminable de libros que dejó estupefacta a la guerrera del agua- será tu primera tarea-
Hizo una pausa para que Marina se acercara a su escritorio y observara el montón de libros que debía leer, mientras ojeaba el primero el mago continuó
-Están en orden para que puedas leer desde el principio la historia de Céfiro- El gurú miraba con orgullo a la pila que contenía todo lo sucedido en Céfiro desde el principio de los tiempos. A Marina no le desagradó la encomienda, pues por experiencia propia sabía que se debía conocer el pasado para no repetir los errores en el futuro. Le había conmovido enormemente el que GuruClef le hubiese preparado todo para su reciente asignación. Pensó que tal vez las cosas no serían tan malas como ella lo pensaba. Sintió un alivio y tal vez una esperanza no muy sana dentro, muy dentro y la dejaría sólo para ella. Sus cavilaciones terminaron cuando esa voz grave y seductora le habló
- Creo que esto te llevará algunos días, tómate todo el tiempo que necesites, sin embargo quisiera algunas conclusiones y algunas sugerencias cuando termines, aunque si deseas argumentar algo antes, con gusto podemos discutirlo-
-Está bien, muchas gracias Clef- nadie nunca, jamás lo llamaba por su nombre, ni lo ni lo trataba con tanta confianza, ni siquiera su esposa. Siempre había gozado de formalismos, reverencias y deferentes atenciones. Con Marina todo era diferente y esperaba que siguiera así.
Los dos tomaron asiento en sus respectivos escritorios y se dedicaron a sus labores, no sin dedicarse una que otra mirada furtiva.
Si tú supieras como desangran
en tus ojos mis anhelos,
cuando me miran sin saber que estoy muriendo
por entregarte la pasión que llevo dentro.
Llegado el almuerzo, los dos compañeros de trabajo se acompañaron hasta el comedor en silencio que aunque no era del todo cómodo, ninguno de los dos se atrevía a romperlo. Aún había muchas cosas que decir pero no sabían cómo afrontarlas y la mejor manera era el silencio. Se acomodaron en sus respectivos puestos y saludaron a sus acompañantes. El invocador le dedicó una mirada embelesada mientras besaba su mano mientras que la armera se dedicó mirarlo con desprecio
-Me imagino que quedó satisfecha- Dijo en susurro con disimulada ironía
-No hables sandeces-
-Es lógico que si no fue hoy no tardarán en hacerlo- Dijo clavando su tenedor en la carne de su plato
-Igual no es tu problema- Sus palabras salían con desprecio. No quiso decirlas pero simplemente cobraron vida en la boca del mago
-Claro que lo es-
-¡No lo es! Y sabes por qué- Lo sabía, claro que lo sabía. El ya no quería nada que ver con ella y todo por culpa de esa. La miró con odio, con un rencor que nunca había sentido, que no sabía que podía concebir, ni mucho menos que se pudiera apreciar tan bien, como un bálsamo para sus heridas.
Un grito se escuchó desde el otro lado de la mesa, era la futura reina que llamaba con angustia a su amiga
-Marina, dijiste que tú te encargarías del pastel- Su amiga la miró con un suspiro y respondió
-Lo sé, lo sé, aún no he hecho ningún experimento, ya sabes que la comida de este mundo no es como la nuestra. Tengo que considerar muchas cosas
-¿Pastel, qué quería decir con eso?- su curiosidad le ganó y sin pensarlo preguntó
-¿Qué es un pastel?- Marina lo miró sorprendida, pero respondió con una sonrisa
-Un pastel es un tipo de masa que suele formarse con agua, mantequilla y harina, que puede rellenarse con alimentos dulces o salados.
-No suena muy apetitoso- Respondió el mago
-Claro que lo es, y lo sé porque soy experta preparándolo. El problema es que no sé cómo puedo reemplazar tales ingredientes con lo que hay aquí en Céfiro - El brillo en sus ojos demostraba que era algo que le gustaba mucho hacer, así que el gurú propuso lo siguiente
-¿Qué te parece si dedicas unas horas de la tarde a hacer tus experimentos y a ayudarle a preparar todo para el matrimonio de los reyes a Caldina?
-¿En serio?
-¿Por qué no iba a serlo? De todas maneras, por ahora puedes hacer tus deberes a cualquier hora del día- Marina se paró de la mesa emocionada y corrió hacia sus amigas
- El gurú sonrió como hace mucho no lo hacía y este detalle no pasó desapercibido por el castaño que ahora no sabía qué pensar.
. . .
Cuando terminó el almuerzo, Guruclef se encerró en su oficina pensando en lo que estaría haciendo ella. Sacudió su cabeza y se dedicó a trabajar a hacer lo que realmente sabía hacer.
Por su parte Marina parecía en una tienda de dulces al entrar a la cocina del palacio. Se maravilló con lo espaciosa que era, recordó su cocina, los días que pasaba haciendo galletas y pasteles, allí tenía todo lo necesario, su cocina era grande con muchos moldes y hornos para hacer lo que quisiera, pero nada comparado con lo que estaba viendo. La habitación era gigantesca, y podía utilizar una isla solo para ella con sus propios utensilios sin molestar a nadie, Clef le había asignado una ayudante, la cual le asistiría en lo que necesitara, principalmente para conseguir los ingredientes que requiriera y para el tiempo de cocción de dichos ingredientes. Rápidamente se puso manos a la obra, se puso su delantal lila y se encargó de preguntarle a su asistente sobre lo que podían utilizar para el pastel
-¿Cómo te llamas?
-Farisa mi señora-
-No me llames así, soy Marina-
-Si, señora, quise decir Marina- Respondió con timidez
-Bueno, ya que nos conocemos, ¿puedes decirme con qué puedo reemplazar mis ingredientes?
-Claro que sí señora- Farisa le acercó varios tipos de harinas hechas de diversos frutos dados en el planeta, siguió con lo que reemplazaría a la mantequilla, los huevos y demás. Entre las dos hacían los experimentos como los llamaba la guerrera del agua, la cual estaba muy cómoda con su ayudante que había resultado ser una chica bastante amable y eficiente, de buenos modales y con una voz dulce y clara. La chica le contó sobre su familia, su madre y sus hermanos, la pérdida de su padre durante el cambio de pilar y cómo admiraban todos los habitantes de Céfiro a las niñas venidas de mundo místico.
Así pasaron las horas hasta que tuvieron algo decente para mostrar.
-Para ser nuestro primer día no está nada mal- Exclamó una emocionada chica al probar el pastel -tienes razón, no está nada mal- replicó la ojiazul sonriente, las dos chicas habían quedado llenas de harina de pies a cabeza
-Hazme un poco de té, por favor Farisa, mientras voy a mi habitación me arreglo y vuelvo, quiero que Clef pruebe esto-
-¿Habla del gran Gurú?-
-¿Eh? Ah si, claro GuruClef. Fue él quien me permitió hacer todo esto, así que en agradecimiento quiero que pruebe lo que hicimos- Sin mirar a Farisa, Marina salió como un haz de luz de la cocina, fue a su cuarto se cambió de ropa, arregló su cabello y rostro y bajó de nuevo a la cocina donde ya la esperaba su asistente con una tetera llena, dos pocillos y dos porciones de pastel.
-Muchas gracias Farisa- Te agradezco por tu ayuda
-No hay de qué mi señora, quiero decir, Marina. Espero que al supremo mago le agrade lo que hicimos-
-Eso espero- sonrió la aludida y salió sonriente hacia la oficina del pelilavanda.
. . .
Ven...! entrégame tu amor
que sin medida estoy dispuesto a enamorarte
borra por siempre de mi vida
todas las lágrimas que habitan
y cada noche sin tus besos
en el rincón de mis lamentos.
De nuevo lo encontró sumido en sus pensamientos con la pluma de escribir en sus manos. Se veía tan apuesto, con su habitual túnica, su bastón apoyado a un lado, la tiara con gemas en su cabeza. Pensó por un instante que nada había cambiado, pero todo había dado un vuelco total en su vida y en la de él.
-Hola- Con esta simple palabra su interlocutor dio un respingo y la miró aturdido. A Marina le dio gracia la situación y rio por lo bajo-
-Lo lamento mucho, espero no haberte dado un susto de muerte- El gurú frunció el ceño pero enseguida se relajó.
-Eres muy sigilosa, debo decir, nunca nadie pasa desapercibido por mi-
-Es una de mis virtudes- y sonrió, el mago la miró extasiado viendo como los colores del atardecer teñían su cuerpo, cuando se fijó en lo que traía en las manos
-¿Qué es eso?-
-Pues mi experimento-
-¿Y es comible?-
-Por supuesto que lo es- Respondió con fingida indignación- Ven, sal de ahí y salgamos al balcón para probarlo- El ojiazul simplemente se dejó llevar y cuando menos pensó ya estaba sentado en una silla del amplio balcón mientras que ella le entregaba un té con una especie de…
-¿Pastel?-
-Si, pastel. Anda pruébalo, yo ya lo hice y no me morí-
-Muy graciosa- llevó el tenedor a la masa y de ahí a su boca mientras la chica lo miraba expectante sentada en su silla. Clef saboreó el pastel y le sorprendió en gran medida encontrarlo simplemente delicioso, probó de nuevo para estar seguro y luego una tercera vez.
Marina estaba maravillada por la visión, nunca pensó que este momento pudiera ser tan perfecto
-Está delicioso, debo admitir-
-Hombre de poca fé, te puedo asegurar que este es sólo el principio- habló con picardía la peliazul. El gurú ya no respondió nada, simplemente se dedicó a saborear su postre y a ver el atardecer con una inigualable compañía.
El silencio se cernió entre los dos, pero al contrario del medio día, este silencio era acogedor. Los dos se dedicaron a sus pensamientos bebiendo su té deseando algún roce accidental, una mirada, una frase.
GurúClef cerró sus ojos e imaginó una vida entera al lado de la mujer que amaba. Qué fácil era imaginar, dejarse llevar por falsas esperanzas, por absurdas fantasías. Abrió de nuevo los ojos mucho rato después y la miró, aún estaba allí, junto a él. Faltaba poco para que cayera totalmente la noche y ya esas tonalidades azuladas bañaban su rostro. Hacía bastante tiempo no se sentía tan sereno, tan calmado a pesar de las circunstancias.
En ese momento sólo le atormentaba acostumbrarse a su presencia, a los atardeceres acompañados por té y algún postre inventado por ella, a las atenciones que ésta pudiera hacerle y a la incapacidad por retribuir cada uno de aquellos detalles.
-Muchas gracias-
-No es necesario que me agradezcas, bastante has hecho por mí -No quiso mirarlo, no quiso agregar nada mas, simplemente se levantó y antes de llegar a la puerta del balcón se giró viéndolo aún sentado - Ya casi es hora de la cena, llevaré esto a la cocina y te veré allá-
Se quedó unos segundos de pie mirándolo mientras éste solo miraba a la nada, una atmósfera de melancolía había llenado el ambiente de repente, la impotencia y la tristeza entre los dos había dejado un sabor amargo al final, y los dos, aunque no lo dijeran sabían muy bien la razón. El mago escuchó la puerta del despacho cerrarse, clara indicación de que estaba solo y dio un largo suspiro, se levantó de su asiento y fue por su bastón, lo agitó un poco y de éste salió un destello de luz que envolvió entero al gurú haciéndolo desaparecer de la estancia y reaparecerlo en el comedor. No iba a ser cobarde, mucho menos ahora, iba a enfrentar la situación como un hombre. Se sentó en su sitio y esperó a que ella llegara para admirarla así fuera desde lejos.
Ven...! entrégame tu amor
que esta mi vida en cada beso para darte
y que se pierda en el pasado este tormento
que no me basta todo el tiempo para amarte...!
(Alejandro Fernandez)
