Aclaración: Harry Potter pertenece a J.K. Rowling
Capítulo 10- Futuro conflictivo.
Ginny había mejorado con los años. Hermione casi le consiguió acorralar en el pasillo para que hablaran pero, como siempre, se las ingeniaba para escabullirse con alguien. Aquello terminó con la paciencia de la castaña, quien ya no iba a hacer más esfuerzos por explicarle que su relación con Tom no era un capricho ni se basaba en el aspecto físico del mago, ni mucho menos era por "ganar" a Ginny. De verdad que le quería y de verdad le hacía feliz. Así que tendría que ser la pelirroja quien le pidiera perdón.
-¿Sabes que tu valor en el mercado masculino se ha disparado?- inquirió Harry salvándole de caminar sola a Aritmancia.
-¿Qué? ¿Por qué?- Hermione le miró anonadada.
-Es la consecuencia de salir con uno de los magos más poderosos de la historia. Otros alumnos quieren comprobar por qué Riddle ha decidido estar contigo.
-Qué tontería- masculló la chica- Sigo siendo la misma que antes de estar con Tom.
Harry no ocultó la mueca al escuchar la familiaridad del nombre del mago.
-Esperemos que eso siga así- masculló. A pesar de colocar la parte superior del abrigo delante de su boca, la bruja le pudo oír. No se lo tomó demasiado personal ya que aquello era entre Harry y Tom.
-Gracias por acompañarme a clase, Harry- le sonrió llegando a la puerta. Era mejor que cambiaran de tema.
-No me las des. Mira,- se giró sobre sí mismo señalando a la ventana- la primera capa de nieve del año.
Ambos se acercaron a mirar a través. Efectivamente el suelo estaba empezando a ser cubierto por una fina capa de nieve. Más y más copos se estrellaban contra los árboles y el tejado del castillo. A ese ritmo iban a tener unos cuantos centímetros para esa noche. Por contemplar la belleza del paisaje se perdió la mirada preocupada de su amigo.
-Buenos días, señorita Granger- la profesora Vector se encontraba sola en el aula. Hermione le mandó una sincera sonrisa. Era agradable que no todos los profesores le trataran como Snape. Se sentó en su sitio en primera fila a esperar al resto de clase.
-Hace un año la profesora McGonagall me informó de su deseo de convertirse en investigadora de esta materia- dijo de pronto la profesora, sobresaltando a Hermione aunque lo disimulara- Me preguntaba si su deseo sigue siendo así.
-Sí, profesora- asintió extrañada- Junto con Runas Antiguas me gusta como área de estudio.
Septima Vector se pensó la respuesta:
-¿Minerva mencionó que también había considerado el área docente?
Hermione volvió a asentir con emoción.
-Me pareció la mejor forma de compaginar la investigación con mi estudio.
-Esta conversación no ha sucedido nunca entre nosotras, señorita Granger, pero quizás yo haya mencionado que en unos cercanos años me gustaría jubilarme. Si sigue siendo tan aplicada seguro que le da tiempo a relevarme.
Hermione le miró con la boca abierta.
-¿P-Por qué me dice esto, profesora?- no pudo evitar preguntar. Septima observó la puerta por si algún alumno se acercaba antes de responder.
-Es usted una de las alumnas más brillantes que he tenido, y no me gustaría que la reacción de sus compañeros por su relación con el profesor Riddle le perjudicara. Espero que teniendo su objetivo un poco más claro le ayude. Después de todo, no ha sido la primera alumna en salir con un profesor ni será la última- rió. Hermione rió feliz con ella.
-Muchas gracias, profesora Vector, de verdad.
La profesora le restó importancia con un gesto de mano. Hermione se alegró más que nunca de haber elegido esa asignatura. Todo el mundo consideraba a la profesora como una mujer estricta e injusta con los trabajos, pero Hermione sabía que esa apariencia era sólo para mantener a los alumnos a raya.
Le mandó una última sonrisa antes de que comenzaran a llegar sus compañeros. Todavía se seguía formando un silencio a su alrededor, como si no supiera ya de por sí que cuándo susurraban hablaban de ella. No es que fuera egocéntrica, es que inconscientemente le señalaban de vez en cuando.
Pero la profesora había conseguido su objetivo. Teniendo un futuro más definido, la bruja pudo ignorar todo a su alrededor y centrarse en aprender. Tomó unos de los mejores apuntes de su vida y la clase se le pasó volando. Al terminar apenas se creía que ya hubiera pasado la hora. Se esperó a que todos los alumnos se fueran, saludando a Luna y recogiendo tranquilamente para que así no le molestaran con preguntas indiscretas, y salió despidiéndose de la profesora Vector.
Al parecer su día iba de bien en mejor.
-¡Tom!- exclamó radiante. El mago suavizó la mirada al ver esa alegría sincera en Hermione por verle.
-Buenas tardes, Hermione- se acercó a ella y en apenas un paso le quitó los libros con los que cargaba y con el otro brazo le rodeó para besarla profundamente, saboreando su cálido sabor- Ven a comer a mi despacho- susurró separándose lentamente. La bruja asintió sin saber siquiera lo que había dicho. Tom sonrió de lado, encantado de provocar ese efecto.
-Veo que has tenido una buena clase- sin separarse del todo y sin soltar su agarre observó las mejillas sonrojadas y la alegría irradiar de ella.
-Muy buena. Me ha servido para comprobar que sí que quiero ser investigadora.
Tom asintió.
-He estado leyendo tu último trabajo, Hermione- su voz se tornó seria- Esta tarde, después de tu clase de Runas Antiguas me gustaría que vinieras a mi cuarto. Quiero hablar contigo en privado.
-¿A t-tu cuarto?- repitió un poco sobrecogida- ¿Qué le sucede a tu despacho?
-Mi cuarto es uno de los lugares más seguros de Hogwarts. Ni siquiera Dumbledore sabe dónde se encuentra. Me gustaría hablar de tu trabajo allí.
Hermione no podía cerrar bien la boca. Aquello tenía tantos significados que era algo abrumador. ¿Le estaba enseñando el lugar más privado que tenía por ella o por su trabajo? De todas formas, ¿por qué se lo iba a enseñar? Podían haber ido fuera de Hogwarts, a algún otro país. Era tan fácil como desaparecerse en Hogsmeade. Así que eso podía indicar que le iba a enseñar el cuarto por ser ella, ¿no? Y ahora la verdad es que era mucha presión de golpe. No estaba preparada. Tom había dado un gran paso y ella no lo tenía previsto hasta dentro de mucho tiempo. Había subestimado a Tom Riddle. Él le dijo que no había vuelta atrás y lo decía en serio.
-Hermione, respira- su mano en su espalda consiguió que se tranquilizara poco a poco.
-¡ ¡Hermione! !- se volvió a poner tensa de golpe. Tom giró la cabeza con una mirada asesina hacia el mago que iba corriendo por los pasillos como poseído, gritando el nombre de Hermione. Se detuvo al encontrarse de bruces allí a Tom.
-¿Qué ocurre, Harry?- preguntó la bruja preocupada. Harry no apartada la mirada confusa del profesor.
-Un… ataque- contestó lentamente tomando rápidas respiraciones- Acaba de suceder hace apenas unos minutos… dentro del castillo. ¿Riddle… ha estado aquí mucho tiempo?
-Ten cuidado, Potter- advirtió el profesor. Sus pupilas se habían vuelto tan afiladas como las de una serpiente. Hermione tragó saliva. A Tom no le gustaba nada que le ignorasen. Si Harry le acusaba de nuevo las cosas se podían complicar.
-Llevaremos unos diez minutos aquí- calculó Hermione, entre lo que se habían estado besando y su casi ataque de pánico.
-Entonces no ha podido ser él…- Harry lo susurró para sí pero ambos lo pudieron escuchar perfectamente.
-¿Pero qué ha pasado? ¿Ha habido algún herido? ¿Estáis todos bien?- quiso saber Hermione, sacando a relucir su lado de Premio Anual.
-Un par de chicos de quinto curso han aparecido desmayados con varias lesiones. Estaban en frente del Gran Comedor, rodeados de todos los alumnos que no tenían clase. En cuanto les vi vine corriendo a buscarte. Esta vez las heridas parecían más graves y nadie sabe cómo ha podido realizarse el ataque en pleno castillo, en una de las zonas más concurridas.
Hermione se sintió segura bajo el brazo de Tom. Alzó una mano, agarrando su capa en busca de más seguridad. El profesor lo notó, apretando el agarre a su alrededor. Eso era, Hermione le tenía que buscar a él.
-Gracias por venir a buscarme, Harry- sonrió la chica con algo de tristeza y agradecimiento.
-Tendremos que ir al Gran Comedor- el tono de Tom era asesino, su comida con Hermione estaba cancelada- Dumbledore ordenará que todos los alumnos vayan allí. Vamos.
Con el brazo rodeándole, obligó a Hermione a caminar a su lado. Harry mantuvo el paso al otro lado de la bruja. Fue un camino un poco tenso. Sólo faltaba Nagini para terminar de encuadrarlo. Se respiraba en el ambiente el estado de ánimo de los dos magos, uno irritado y el otro rencoroso. No se encontraron a nadie por el camino, ya fuera fantasma o alumno. Era difícil tener miedo con el –a falta de una palabra no muggle más descriptiva– cabreo que llevaba Tom. Hubiera estado bien que se hubieran encontrado a los Mortífagos en ese momento porque tanto Harry como Tom y ella se habrían desahogado de lo lindo, cada uno de un sentimiento bien diferente.
Sintiendo que la bruja no quería dejarle, Tom apretó su agarre antes de soltarle en el Gran Comedor. No faltaba mucho para que se graduara como alumna y se pudieran dejar de esas estúpidas formalidades delante de los otros habitantes del castillo. Él sólo era paciente cuando era necesario y cada vez veía menos importante el seguir ciertas palabras privadas de Dumbledore.
Al menos no tuvieron que aguantar otro discurso del director. Mientras Harry había ido a buscarles todos los alumnos se habían reunido en el Gran Comedor mientras que no quedaba una salida del castillo sin vigilar y se esperaba la llegada de funcionarios del ministerio para buscar a los atacantes dentro del castillo.
-Van a venir aurores- susurró Harry emocionado. Hermione negó con la cabeza, ignorando las miradas de Ginny y Ron. Como había decidido ignorarles ahora ellos estaban que echaban humo tratando de que les mirase.
-Eso no es una buena noticia, Harry- regañó su amiga- Ya viste que los mortífagos eran poderosos. Que lograran entrar en el castillo… quién sabe cuánto tiempo han podido estar aquí.
-Pero tal vez consiga que algún auror me entrene- Harry seguía en sus trece- Incluso puede que me digan algún truco para los exámenes de admisión.
La chica asintió decidida a tener paciencia y no romper la ilusión de su amigo. Recorrió la mirada por todo el Gran Comedor por si acaso faltaba alguien allí. Todos parecían estar bien. Disimuladamente pasó la mirada también por la mesa de Slytherin. No les conocía a todos pero parecía que no faltaba ninguno. Se fijó en el grupo de cierto rubio. Estaban todos envueltos en una especie de calma nerviosa, la misma que se tiene cuando se está esperando algo. Entrecerró los ojos desviando la mirada antes de que se dieran cuenta de sus observaciones. Se encontró con los ojos rojos de Tom mirándola fijamente. Le sostuvo la mirada hasta que las puertas del Gran Comedor se abrieron con un estruendo. Algún alumno cercano a ellas soltó un grito del susto. Un número abundante de aurores liderados por Dumbledore entraron en la sala con paso militar. Los aurores se dividieron sin una palabra en grupos y se colocaron por parejas en las esquinas, en las puertas y alguno recorriendo las mesas. El director siguió su camino con un rostro indescifrable. Subió el escalón que separaba las mesas de los profesores de los alumnos y se dirigió hacia estos últimos.
-Debido a la gravedad de los dos últimos ataques el Ministerio ha decidido intervenir- anunció con voz cansada- Como podéis ver, una brigada de aurores se ocupará de la vigilancia del castillo. Deberéis obedecerles y tratarles como a vuestros profesores. Están aquí para velar por vuestra seguridad y atrapar a aquellos que se hacen llamar Mortífagos- explicó- Se han comprometido a no interferir con vuestras clases y no os podrán interrogar sin que antes yo les conceda permiso- añadió desviando la mirada desafiante ante los aurores- Esperemos que puedan atrapar a los atacantes y que Hogwarts recupere su… calma- los más fuertes pudieron sonreír con la pequeña broma del director. Hogwarts nunca había sido un lugar donde reinara la calma, hubiera psicópatas sueltos o no.
Hermione no habló mucho en la comida. Sus amistades se habían reducido a apenas Harry, Neville y Luna. A su lado sólo estaba el primero y éste estaba embobado observando cada movimiento que realizaban los aurores a su alrededor. Por otro lado, Tom no parecía para nada contento. Mostraba su habitual aire de indiferencia y superioridad, pero notaba que la presencia de los aurores era algo que no le hacía nada de gracia. Incluso Snape parecía matarles con la mirada. Ningún profesor agradecía la intromisión del Ministerio en la Escuela.
Como Harry no tenía clases por la tarde y ella sí, le acompañó hasta Runas Antiguas. La verdad es que se estaba comportando como un verdadero amigo. Estaba madurando poco a poco sin que se diera cuenta, aunque era difícil de apreciar con todas las miradas que lanzaba a los aurores que se iban encontrando hasta la clase.
-Gracias Harry, y trata de no pedir ningún autógrafo a un auror. De lo contrario, cuando trabajes con ellos tendrán con qué hacerte bromas.
Harry rió encantado con los ánimos de su amiga. Aunque no era tanto una broma. Si conseguía ser auror, el haber pedido un autógrafo al que podría ser su compañero podía ser motivo de muchas burlas.
La profesora Bathsheda Babbling era una profesora un tanto peculiar. Parecía estar abstraída de todo aquello que sucedía a su alrededor. Tal vez por eso no mandó ninguna mirada curiosa a Hermione cuando ésta pasó al aula. La profesora Babbling vivía su vida en el castillo prácticamente sin llamar la atención, inmersa en su vida y sus libros. Había incluso algún alumno que no sabía qué hacía sentada en la mesa de los profesores a las horas de la comida. Pasando tanto desapercibido, a nadie le extrañaba que terminara enseñando Runas Antiguas. Lo que no pasó desapercibido fue la auror apostado en un lateral del aula durante toda la clase. La profesora le había saludado educadamente al pasar a su lado, como si fuera normal tener allí a una bruja vigilando cada movimiento de pluma. En realidad no sabía qué estaban haciendo en esa aula. Deberían estar buscando a los mortífagos por el castillo, no asistiendo a una de las pocas clases de un viernes por la tarde en Hogwarts.
Terminaron un poco más pronto que de costumbre. Al parecer la presencia de la auror no era tan invisible para lo profesora como hacía aparentar. Cualquier cosa que rompiera su tranquilidad solía afectarle, así que por ese día terminarían antes para que no siguiera sufriendo en silencio. La auror fue la primera en salir de la clase. Si no quería estar allí no sabía por qué le habían asignado ese inútil puesto.
Hermione cogió el pesado número de libros sin apenas registrar el tamaño. Ya realizaba el hechizo que les desproveía del peso de forma casi inconsciente.
-No me gusta que estés sola con esos aurores merodeando por aquí.
Pegó un bote del susto. Una mano rodeó su cintura y la apegó a lo que se podía notar que era un firme pecho a través de la capa.
-No pensé que me vendrías a buscar otra vez- sonrió de oreja a oreja alzando la cabeza para poder mirar a su profesor. Éste tenía los ojos tan rojos como la primera vez que sus miradas se cruzaron. Un temblor le recorrió al recordar el día.
-No te ibas a escapar- sonrió de forma algo siniestra.
-¿Escapar?- repitió nerviosamente. Sabía de qué estaba hablando pero siempre había una ligera esperanza de que no se refiriera a lo que estaba pensando. Tom parecía leer su pensamiento.
-No te hagas la tonta, Hermione, no es algo que aprecie.
La bruja entrecerró los ojos.
-Pues yo no aprecio que me insulten.
-¿Ocurre algo?
Tanto Tom como Hermione se giraron hacia la puerta, una con una mirada sorprendida y el otro asesina. Un auror bastante alto, con la capa cerrada hasta la altura del cuello y el pelo largo castaño perfectamente peinado tenía toda su atención centrada en ellos.
-¿Señorita?- volvió a preguntar el auror.
-¿Insinúa que un profesor haría algo a un alumno?- habló Tom con un tono helador. Hermione tragó saliva. La verdad es que la mano en su cintura era reconfortante.
-No insinúo nada pero no me negará que ésta es una situación anormal entre un profesor y una alumna- con un gesto señaló a la mano del profesor.
-Dumbledore ya les informó de nuestra relación a pesar de mi negativa a ello- ahora entendía el por qué de su mal humor. Siendo así, era un milagro que le hubiera ido a ver. Una sensación cálida inundó su cuerpo. Que le buscara en esas condiciones era algo que nunca habría esperado.
-Una relación extraña, sobre todo después de ver esta escena… es por eso que le pregunto a la señorita si todo está bien.
-Todo está perfectamente- intervino Hermione.
-Ya lo ha oído- Tom apretó más a la chica contra él.
¿Cómo era posible que el auror no se encogiera ante la magia que estaba desprendiendo el profesor? Junto con Dumbledore se le consideraba uno de los mejores magos de la historia. ¿No estaba siquiera nervioso de haberle enfadado hasta el punto de que su magia dificultara la respiración de los de su alrededor?
-Si usted lo dice, señorita, seguiré con mi ronda- con un asentimiento/despido el auror dio se la vuelta sobre sí mismo, lentamente, como si quisiera incitar a que le atacaran. No sabía que estaba reteniendo la respiración hasta que finalmente salió por la puerta del aula. Aun así la presión no disminuyó.
-¿Tom?- llamó la atención dudosa. El mago estaba inmerso en sus pensamientos, que por su rostro no prometían nada bueno. La bruja maldijo interiormente. Sabía lo que tenía que hacer para que pensara en otra cosa.
-¿Me enseñarás tu cuarto?- Tardó un poco más de lo que se había pensado en reaccionar.
Sabía lo que la bruja estaba intentando hacer. No por ello dejaba de apreciarlo ni se le iba a olvidar el rostro de ese auror. Pero se tenía que controlar delante de Hermione. Todo llegaría a su tiempo si jugaba bien sus cartas.
-Vamos- asintió. El aire volvió a ser respirable, provocando un suspiro interno de alivio en ella- No estés nerviosa- ¿es que no le podía ocultar nada?
-¿Cómo no lo voy a estar?- murmuró. Volvió a recoger los libros sin dejar que él los llevara. Se mandaron miradas asesinas por ello.
-Señorita Granger.
-Profesor Riddle.
Dijeron amenazadoramente al mismo tiempo y con ese tono de voz medio burlón. Hermione soltó una carcajada que terminó de tranquilizarle. Negando con la cabeza y dejando que ganara aquella pequeña batalla le siguió siendo obligada a caminar pegada a él por los pasillos. Los alumnos todavía les miraban con la boca abierta, no terminando de acostumbrarse a verles juntos. Ahora había que añadir las miradas indiscretas de los aurores. Con toda la gente con la que se encontraron no sabía cómo podía mantener su cuarto en secreto. Bien era cierto que Tom parecía tener la habilidad de saber por dónde no encontrarse con gente por los pasillos. A medida que avanzaban se iban cruzando con menos y menos gente hasta que terminaron ellos solos. Se preguntaba cómo podía ser si se suponía que los aurores vigilaban el castillo. Además, por la ruta que seguían todavía no había podido adivinar hacia dónde se dirigían.
No estaban muy lejos de la Torre de Gryffindor, tan solo un piso por debajo. Se detuvieron en una esquina de un pasillo sin salida. Todos los cuadros de esa zona parecían estar relacionados entre sí. Todos se caracterizaban por ser magos o brujas rodeados de lujo, aire indiferente y superioridad. Tom se detuvo frente a uno de los magos ataviado con una capa de terciopelo, de un color verde oliva muy oscuro. La pintura desvió sus ojos hacia Tom y luego hacia ella. Elevó una ceja volviendo la vista hacia el profesor.
-Te presssento a Hermione- habló Tom en parsel logrando un salto en la bruja- Podrá passsar ssiempre que ella quiera. Ssu contrasseña ssserá Anima Aeternum.
El cuadro miró por unos segundos más de la cuenta a la bruja.
-Luego hablaremosss- asintió desviándose hacia un lado. Tras él quedó abierto un hueco lo suficientemente alto para que entraran sin problemas.
-Impresionante…- se había quedado sin palabras. Sus raíces muggles todavía le hacían asombrarse ante lo que podía hacer la magia, incluso en Hogwarts.
Se encontraban ante uno de los cuartos secretos más amplios que nunca había visto. Tom soltó su agarre de la cintura femenina sin quitar la vista de ella. Contempló cómo miraba anonadada la gran cama con dosel, la extensa chimenea con dos sillones frente a ella dando a una mesita a la altura perfecta para tomar las bebidas. Al otro extremo había unas puertas abiertas que daban a un baño por el que se podía apreciar unas bañeras similares a la de los prefectos. Fuera y cerca de los armarios había un gran escritorio con plumas y pergaminos apartados, perfectamente recogidas.
También tenía papeles amontonados en una de las mesitas pegadas a la cama. Fijándose mejor vio que se trataba de un trabajo bastante familiar. Se sonrojó de golpe. ¿Tom había estado leyendo su trabajo antes de dormir? Era una tontería, pero que lo último que hiciera antes de dormir fuera algo relacionado con ella le llenaba de alegría.
-Veo que el cuarto no te desagrada.
-Es perfecto- murmuró con una gran sonrisa.
-Podrás venir aquí siempre que lo necesites, tu contraseña es Anima Aeternum - informó caminando hacia la cama al mismo tiempo que se desproveía de la capa. Por costumbre apartó la vista. Memorizó la contraseña, enterrándola en lo más profundo de su mente.
Mientras ella estaba enfrascada en su mundo el profesor ya se había sentado y había cogido el trabajo de la mesilla. Alzó una ceja observando la concentración de su alumna. Se aclaró la garganta para sacarle de sus pensamientos. Como esperaba, un sonrojo de vergüenza cubrió sus mejillas.
-Ven.
Tenían que arreglar eso de las órdenes, pero esa noche, a pesar de lo que tratara de aparentar, estaba un poco intimidada por la situación. Si apenas hace unos días se había imaginado que podría estar saliendo con alguien, ahora era un poco sobrecogedor encontrarse en el cuarto de uno de los mayores magos de toda la historia, alias, su profesor, alias su novio.
Se sentó a su lado en la cama rezando porque no se escuchara el latir de su corazón. Tom elevó una ceja ante la distancia que había dejado de él. Apartando la mirada se acercó sin decir nada hasta que él se dio por satisfecho.
-¿Has hablado con alguien de este trabajo?- la chica negó con la cabeza- ¿Cómo se te ocurrió entonces buscar Runas de Nueva Zelanda?
Hablar de estudios siempre hacía que recuperara su confianza y tranquilizara su cuerpo. Olvidándose de su incomodidad respondió sin dudar.
-En clase de historia de la magia me sonaba que el profesor Binns había hablado alguna vez de la comunicación y los tatuajes en Oceanía. Busqué por la biblioteca acerca de ello y encontré ciertos hechizos antiguos que usaban los tatuajes como formas de llamada. Aplicando Aritmancia pude cambiar un poco la fórmula del hechizo para ajustarlo al tema.
Después de todo, si los gemelos Weasley conseguían crear diariamente hechizos para sus bromas, ella podía recrear un poco de magia antigua. Aunque tuvo que admitir que no había sido nada fácil. Desde que había terminado ese trabajo en particular veía a los gemelos con otros ojos.
Tom le tendió el trabajo para que le echara un vistazo. Asombrada, vio que el número de anotaciones había disminuido drásticamente. Le miró con duda.
-Es un hechizo casi perfecto- asintió logrando que la sonrisa en ella se ensanchara.
-Buenassss nochesss amo, Hermione.
La bruja dirigió la sonrisa hacia la serpiente recién llegada. Tom asintió hacia ella en señal de reconocimiento.
-He estado siguiendo al pelirrojo y al de las gafasss, amo- informó Nagini- En efecto el pelirrojo va a ssser un problema. Creo que quiere a sssu bruja para él.
Hermione no sabía qué estaba diciendo Nagini pero por la pinta no eran buenas noticias.
-Hoy dormirás aquí- dijo de pronto Tom.
-¡Pero no puedo!- respondió al momento.
-¿Por qué? Mañana es sábado y no tienes ninguna clase.
Ahí le había ganado. La cuestión es que no sabía cómo dormir. Nunca había dormido con un hombre y no sabía qué tenía que hacer. La ignorancia era un enemigo al que temía mucho. No sabía qué esperar ni cómo actuar así que prefería irse a dormir a la Torre de Gryffindor e investigar sobre ello.
-Tienes que aprender Oclumancia.
La bruja le miró indignada. ¿No habría…?
-Sólo tienes que cambiarte por una camiseta que te dejaré y meterte en la cama. Eso es todo lo que tienes que saber. No haremos nada más.
Entrecerró los ojos de forma amenazadora, haciendo reír en siseos a la serpiente, quien observaba muy divertida las miradas asesinas cruzarse. Hermione levantó los muros de Oclumancia necesarios para saber si alguien estaba invadiendo su mente. Era muy cansado y por eso normalmente no los llevaba. Tom le estaba demostrando a su manera que era necesario.
De repente su rostro asesino cambió a uno de sorpresa cuando su vista desapareció y en su lugar estuvo el techo para a continuación verse ella tumbada en el colchón y Tom sobre ella.
-¿Q-Qué…?- los labios del mago silenciaron su exclamación. Ya que esa bruja no obedecía como el resto de los magos, trataría otras tácticas con ellas. La seducción era un arte, después de todo. Y con su bruja cobraba un nuevo sentido.
Hermione se trató de liberar sabiendo lo que tramaba. Era más difícil pensarlo que hacerlo. Sus labios se apretaron insistentemente contra los suyos, demandando un paso que no iba a ceder con facilidad. Su cuerpo se apoyó contra el suyo, hundiéndolo en el colchón. Gimió sin controlarse, pasando a llevar sus manos al pelo del mago, lo que pareció gustarle.
Hermione por poco se derrite cuando sus lenguas se encontraron. Gimió profundamente, sin saber qué estaba haciendo su cuerpo. Sus manos iban y venía, tocando cada parte sin descanso, sintiendo sus formas sin poder detenerse. Pegó un pequeño grito de sorpresa cuando Tom le mordió el labio inferior. Al momento aprovechó para volver a dominar su boca, apegándola contra el colchón y por tanto contra él, siendo partes de su cuerpo que había olvidado.
Terminaron respirando agitadamente, con todo el peso de Tom sobre Hermione. Cuando pudo recobrar la respiración Hermione cerró los ojos disfrutando del momento. No sabía que estaba tan cansada hasta que sin darse cuenta se quedó dormida ahí mismo. Tom se incorporó cuando notó la respiración calmada de su bruja. Después de todo no le había costado tanto quedarse dormida. Apartó los rebeldes rizos de su rostro. Estaba aguantando mucha tensión entre los ataques, ser Premio Anual, él mismo y sus compañeros de castillo. Lo extraño era que no se hubiera dormido antes.
Dejó el trabajo sobre la mesita y con un simple hechizo les cambió por ropa de dormir. Para ella eligió una simple camiseta suya y por fin pudo taparles con las mantas. Acercó su cuerpo hasta cubrirla. Había oído hablar de Hermione antes de su vuelta al castillo. Corrían rumores de que una bruja hija de muggles iba a llegar al nivel que él obtuvo en su etapa en Hogwarts. La curiosidad había podido y había investigado de quién se trataba. No había sido difícil tras corregir el primer examen que les puso. La mente de la chica era brillante, y sin saberlo le estaba ayudando como nadie. Además, su lealtad y su carácter era algo que no había esperado pero que tampoco se había encontrado en su recorrido por el mundo. Ya sin mencionar el asunto de la magia que le recorría cada vez que le tocaba. Había leído sobre ello en algún libro pero tenía que investigar. Todo aquello que aumentara su poder estaba destinado a permanecer a su lado.
