EQUIPO CUERVO

Capítulo 10: ¡Grazna, croa, aúlla! II

Por Okashira Janet

Hinata dejó que el aire le alborotara el cabello mientras veía a su padre fijamente, el rostro de Hiashi era grave y no transmitía emociones, como siempre.

—Sígueme. —Su padre echó a andar y ella lo siguió a unos cuantos pasos de distancia. Aun le dolían los dedos y sentía los pulmones fatigados, empezaba a amanecer, Hinata observó el cielo que se pintaba bellamente de azul.

Hiashi siguió caminando sin volver a hablarle, Hinata no necesitaba de palabras de todas maneras aunque se preguntaba dónde estarían Sasuke y Naruto, ¿sería que ellos también tendrían un entrenamiento con alguien en específico?, a lo mejor Shisui estaba entrenando a uno de los dos, seguro que sería divertido.

Su padre caminó con elegancia un sendero empinado y ella intentó seguirle el ritmo aunque no podía deslizarse con la facilidad con la que él lo hacía. De su padre siempre le había llamado la atención esa capacidad de mantener los hombros erguidos y la espalda firme sin importar la situación. Cuando ella era muy niña y su madre había muerto al dar a luz a Hanabi él no había llorado, Hinata recordaba su espalda recta y sus ojos que no decían nada mientras le daban sus condolencias, a ella le dijeron que su madre ya no volvería y ya está.

Tampoco es que Hinata fuera muy cercana a su madre, no recordaba muy bien casi nada de ella, solo que lloraba mucho y con frecuencia se sentaba a ver los jardines con los ojos perdidos en algún punto a la distancia, si Hinata se sentaba a su lado y se le acurrucaba en el regazo se entretenía acariciándole el cabello, Hinata no recordaba que la hubiera regañado nunca, pero sí que recordaba cuando le acariciaba el cabello, nunca decía nada pero a Hinata le gustaba cómo se sentían sus dedos delgados contra su nuca, recorriendo suavemente su cabeza.

—Hinata, —su padre comenzó sin girar a verla—, ¿alguna vez has visto una técnica de invocación?

—No. —Aunque sí que había oído que Uchiha Itachi, su capitán, la usaba.

—¿Alguna vez has oído que alguien del clan pueda invocar?

—No. —La niña parpadeó, de hecho su padre había sido muy claro en decirle hace algunos días que los miembros del clan Hyuuga se especializaban únicamente en el Byakugan.

—Eso es porque solo un miembro Hyuuga por generación puede invocar. —Su padre la miró de reojo—. Tu abuelo y ahora yo.

—Uh. —Hinata realmente nunca había visto a su padre invocar.

—Entra. —Habían llegado a una especie de cueva, el lugar estaba oscuro y soplaba un viento frío que le volvía pálidas las mejillas, su padre llegó hasta una piedra en el centro, parecía algo así como un altar y había una bonita luz que daba vueltas en espiral en la parte de atrás, Hinata se preguntó de dónde salía.

—Uchiha Itachi me pidió que te enseñara a invocar. —Hinata dio un respingo observándolo aturdida—. Pero para los Hyuuga eso no es tan sencillo, el animal que nos ha protegido por tantos años no nos deja elegir, nos elige a nosotros. —Era la primera vez en su vida que su padre le hablaba tanto acerca del clan, la primera vez que le hablaba tanto en realidad—. Solo si resultas ser capaz podrás invocar, es lo único que puedo decirte. —Hinata volvió a apretar el papel que marcaba "fuerza" en su mano.

—Entiendo. —Aunque no tartamudeó su voz fue débil, aun así su padre no le llamó la atención por eso.

—Cuando hice el pacto tenía quince años, —Hiashi respiró hondo—, tú tienes nueve pero sobreviviste al Camino de la Serpiente así que voy a dejar esto en tus manos. —Y cuando su padre decía algo así fallar no era una opción—. Escucha, debes hacer los sellos del jabalí, perro, pájaro, mono y oveja, luego pondrás tu mano sobre esa piedra y gritaras "Kuchiyose no jutsu". —Eso era sencillo, aunque no sabía exactamente lo que iba a pasar. Con pasos cortos se dirigió hasta la piedra, realizó los sellos concentrando chakra y finalmente gritó tan alto como pudo.

—¡Kuchiyose no jutsu! —Al instante sintió que era arrastrada, vio por última vez los ojos de su padre, severos y firmes, como lo habían sido toda su vida. Dio vueltas en una inmensidad que no tenía forma y finalmente cayó rodando en medio de un pasto verde y húmedo.

—¡Ah! —Jadeante levantó la cabeza, al parecer había hecho un jutsu de transportación, alrededor había montañas, bosques y una luna llena rodeada de nubes rojas. Si le preguntaran diría que era bastante escalofriante.

—¿Ottou-san? —A pesar de que sabía que era ridículo llamarlo no pudo evitar susurrar, aunque era evidente que su padre se había quedado en la cueva mientras ella era arrastrada a aquel sitio. Bien, ¿qué había dicho su padre?, el animal que protegía a los Hyuuga debía elegir a su invocador. Ella debía ser capaz.

—Humano. —Una voz ronca y agresiva le provocó girar, el corazón se le desbocó al percibir aquella enorme bestia bajo la luz plateada de la luna—. ¿Qué haces aquí? —Sin poder evitarlo cayó de sentón al suelo con los ojos horrorizados, había frente a ella un lobo tan grande que podía comerla entera de un mordisco. Sintió que los brazos le temblaban, nunca había visto algo tan aterrador y tan hermoso al mismo tiempo.

—Un Hyuuga. —Otro lobo llegó caminando lentamente, tenía el pelaje rojo y los ojos dorados—. ¿No es muy pronto para que quieras hacer contratos humanito?

—¿Nos lo comemos? —El primer lobo, blanco y con ojos rojos se sentó en las patas traseras.

—No sirve ni siquiera como postre. —El lobo rojo le pegó la nariz al pecho y olfateó largamente—. Además creo que es humanita.

—Las humanitas me gustan. —El lobo blanco ladeó la cabeza—. Saben mejor. —Hinata apretó los dientes y como pudo se puso de pie.

—S-soy Hinata Hyuuga. —Intentó que la voz no le temblara tanto—. Mi padre me ha enviado aquí.

—Ese padre tuyo no debe quererte demasiado. —El lobo rojo se acicaló una pata con la lengua.

—N-no, creo que no. —Hinata apretó los puños—. Pe-pero dijo que dejaría esto en mis manos y él… realmente él nunca había dicho algo así.

—Podemos liberarte de una vida tan triste. —El lobo blanco la rozó con el colmillo, Hinata chilló cuando la chamarra se hizo un girón y la piel le sangró—. Un par de segundos de dolor y listo.

—N-no quisiera morir, no aun. —Aun así intentó permanecer firme, la sangre empezó a gotearle desde el hombro hasta el abdomen.

—Este cachorro es muy curioso. —El lobo rojo la aplastó con una enorme garra contra el suelo, Hinata sintió que se le iba el aire—. Supongo que es hija de Hiashi-sama.

—Debe ser. —El lobo blanco soltó una risita burlona—. Cuando su padre estuvo aquí perdí la cuenta de las veces que estuvo a punto de morir.

—Una vez sí se murió. —El lobo rojo ladeó la cabeza, Hinata aun presa bajo su pata—. Esa vez cuando cruzamos el río.

—Ah sí, —el blanco movió la cola contento—, pero Hachi le pegó en el pecho hasta que vomitó el agua.

—Es que Hachi se encariña pronto.

—Sí.

—¿Te acuerdas cuando lo enterramos en la tundra?

—O cuando Haruko lo piso sin querer.

—Esa vez casi se muere también.

—Decidido, —el lobo rojo retiró su garra y la cogió con los colmillos del cuello de la chaqueta, Hinata tuvo que sujetarse fuerte para no asfixiarse—. Vamos a llevarte a la manada, como eres un cachorro vamos a ver, la prueba será…

—¿Un mes sin morir?

—¡Eso!, un mes sin morir, ¡suerte! —Mientras los lobos echaban a correr Hinata encogió las piernas y se dio cuenta con angustia que aquello iba a ser más difícil de lo que había imaginado.

..

.

..

.

Hinata despertó al sentir una lengua húmeda mojándole la mejilla, la luz de la luna la bañaba con suavidad, pero para esas alturas ella sabía que en aquel lugar siempre había luna, siempre era de noche.

—Hinata-hime. —Un lobito tan pequeño que era casi un muñeco de peluche se revolvió a su lado contento—. Vamos a jugar.

—Ahora no Yahiko-chan. —La niña se frotó los ojos—. ¿Dónde están los demás?

—Jugando en el río, ¿quieres venir? —La primera semana estando allí el entretenimiento de los lobos había sido arrojarla al río helado y sacarla cuando estaba a punto de ahogarse, al final Hinata había terminado aprendiendo a nadar. Los lobos también la habían obligado a soportar bajas temperaturas y por días había jugado con ellos desnuda, deslizándose por el agua con ayuda de chakra. Para los lobos lo normal era andar solo con "pelaje" así que no entendían por qué ella debía llevar ropa encima.

—"Eres un cachorro bastante patético, ¿sabes?". —Pero al final había aprendido y lo había hecho bien. Deslizarse en el agua y usarla para entrenar sus puntos de chakra había sido una constante desde los primeros días, su entrenamiento había ido a la par de la de los cachorros de la manada, Hinata y los lobitos habían aprendido casi al mismo tiempo a leer los mensajes de la luna y la dirección del viento.

—"Hinata-chan, tienes los ojos como la luna, ¿eres la princesa de la luna?" —Los lobos tenían una leyenda en la que había un hombre viviendo en la luna que algún día iría por su princesa de la tierra, se suponía que la princesa era una Hyuuga así que los lobitos creían que era ella (aunque a ser sincera los lobos mayores se burlaban bastante de esas pretensiones).

—"¡Hinata-hime!" —Las lobitas eran las más entusiasmadas con la idea y trataban de ayudarla en su misión de supervivencia porque querían ser invocadas cuando Hinata volviera a su mundo.

—"¿Me invocaras a mí, verdad?"

—"¡No, a mí!" —De no ser por el entusiasmo que tenían los cachorros por ser invocados Hinata ya se habría muerto muchas, pero muchas veces, como la vez que los habían dejado a todos en la cima de una montaña nevada sin comida ni agua diciendo que su misión era bajar por sí solos. Al principio fue difícil, pero no imposible, Hinata y los cachorros entraron en calor corriendo y sorteando la nieve, pero a medio descenso una tormenta de nieve les impidió ver más allá de sus narices, Hinata había sentido que todo el cuerpo se le entumecía y había perdido el conocimiento. Cuando despertó se dio cuenta de que los lobitos habían cavado en la nieve hasta formar una cueva, la habían metido dentro y se arremolinaban a su alrededor dándole calor con sus peludos cuerpos.

Ese día Hinata había llorado muchísimo.

En otra ocasión los lobos adolescentes habían realizado "combates de practica" contra ellos, a Kenshin le habían dejado una fea cicatriz en la cara, a Misao le habían quebrado un par de costillas y a ella la habían dejado como un colador, era una suerte que Megumi los hubiera curado a todos mientras los regañaba por ser tan endebles.

Sus mejores amigos eran cuatro lobos y dos lobas, todos cachorros, Yahiko era tan chiquito que su único entretenimiento por el momento era jugar, Kenshin era un lobo rojo muy amable con enormes ojos violetas, Sanosuke era un lobo café tan revoltoso que la mitad de las veces se metían en problemas por su culpa, Aoshi era un lobo bastante frío y tan negro como la noche, pero era muy inteligente y a Hinata le recordaba un poco a Itachi-taichou, Kaoru y Misao eran dos lobitas blancas, la primera de ojos azules y la segunda de ojos verdes, eran alegres, entusiastas y divertidas por lo que Hinata siempre disfrutaba estar con ellas.

El jefe de la manada era Saito que siempre encontraba nuevas maneras de atormentarlos, era tan enorme que podía aplastar a cualquiera de ellos con una sola pata, los lobitos decían que hasta ese momento solo un Hyuuga había sido capaz de invocarlo, su poder era inmenso.

—"Hinata-hime, ¿me invocaras a mí?"

—"¡No, a mí!" —Por las noches Hinata prendía una hoguera y los lobitos se arremolinaban a su alrededor, dormían hechos un ovillo unos encima de otros. La manada era absoluta y todos servían a la manada, Hinata había aprendido eso rápido.

Los lobos eran especialistas en jutsus que manejaran hielo así que Hinata había combinado su jutsu de agua con la ventisca de Aoshi, el resultado había sido bastante bueno. Celosos los otros lobitos se habían lanzado encima de Aoshi y entre todos habían armado tal trifulca que Saito los había tenido colgando de la rama de un árbol de cabeza por tres horas. Hinata había estado a punto de desmayarse.

Kenshin, por otro lado, podía crear nieve, pero hasta el momento solo habían usado esa habilidad para jugar a lanzarse bolas, el resto de los lobitos solo sabían morder, aunque al lado de ellos Hinata había desarrollado bastante el olfato y el oído (ellos seguían ganándole por mucho, pero por lo menos ya era capaz de olfatear una tormenta a kilómetros de distancia o escuchar el crujido de las hojas ante la pisada de un enemigo).

—"¿Mi padre sabe hacer todo esto?" —Hinata le preguntó a Saito un día que parecía estar de buen humor.

—"Tu padre es un tonto". —Había una historia que decía que su padre había querido salvar a su esposa con la ayuda de los lobos, o algo así, pero los lobos no habían podido o no habían querido, desde entonces su padre había roto los lazos con ellos, por lo menos eso le había contado Misao y no es como si los lobos mayores quisieran hablar del tema.

—"Hinata-hime, vamos a jugar". —Aunque los lobos eran violentos y sus juegos eran bruscos (solían hacerle daño sin querer) junto a ellos Hinata sentía que formaba parte de algo, que podía ser importante para alguien.

—¡Hinata-hime! —Misao y Kaoru se acercaron corriendo, lenguas de fuera y ojos brillantes—. Saito te llama.

—¿Saito-san? —No es que le hiciera demasiada gracia, cada que el enorme lobo guía le hablaba era porque tenía un nuevo reto para ella.

—¿Crees que nos enseñe a lanzar aullidos? —Misao brincoteo, la técnica del aullido lastimaba el oído y el equilibrio del contrincante, ninguno de los cachorros sabía usarlo.

—No creo. —Kaoru fue más realista—. Le habría hablado a todos. —Yahiko correteó tras ellas, tan emocionado que era una ternura. Saito estaba esperando en lo alto de una colina, su enorme cola daba bandadas barriendo el pasto alrededor.

—¿Saito-san?

—Ey cachorro deprimente. —Saito arqueó una ceja y Hinata lo vio allá en lo alto, siempre se sentía intimidada cuando se paraba frente a él y no medía ni siquiera la mitad de lo que medía una de sus patas.

—¿Me llamó?

—Sí. —El lobo la empujó con una de sus patas e inmediatamente Hinata cayó al piso, alguien como Saito nunca medía la fuerza—. Necesito que escribas con sangre en éste pergamino. —Dejó caer un pergamino frente a ella, el papel se abrió y Hinata pudo ver el nombre de su padre a un lado de donde debía estar el suyo, la letra era elegante a pesar de que la había escrito con su pulgar.

—Yahiko, los honores. —Enseguida el pequeño cachorro se lanzó a su pulgar hiriéndola con un colmillo, la sangre salió fresca y roja, pese al dolor Hinata se concentró y se acuclilló frente al papel.

—Hi-na-ta-Hyuu-ga. —Su caligrafía seguía siendo infantil y bastante pobre al lado de la letra elegante de su padre, pero no se veía del todo mal.

—Hecho. —Saito bajó la cabeza hasta que el aire caliente que salía de su nariz le pegó en la cara—. Ahora vuelve a hacer los sellos que hiciste cuando viniste aquí.

—¿Los sellos? —Hinata intentó recordar, pero solo podía pensar en la última mirada que le había dado su padre.

—Jabalí, perro, pájaro, mono y oveja. —Kaoru enunció alzando las patas delanteras—. Son los sellos para invocarnos.

—¡Y luego…! —Misao chilló, pero Hinata acababa de recordarlo, sus manos se movieron solas y sintió que el cabello le flotaba alrededor del rostro.

—¡Kuchiyose no jutsu! —Para su horror cayó, Misao, Kaoru, Yahiko y Saito desaparecieron, alrededor todo fue oscuridad, asustada soltó un jadeo y cuando levantó la mirada su padre estaba frente a ella, tenía la mirada severa de siempre.

—Hecho. —Sin decir nada más Hiashi echó a andar esperando que Hinata lo siguiera, pero la niña se quedó ahí, el corazón apretado. ¿Es que acaso había pasado un mes y no lo había notado?, ¿por qué Saito no le había dicho nada?, no quería dejar la tierra de los lobos, no quería volver con el clan y su padre que la miraba siempre como si no valiera gran cosa, no quería que todo el mundo la viera y la criticara por formar parte del Equipo Cuervo, no quería seguir esforzándose por alcanzar las metas que Itachi le marcaba sin conseguirlo y haciéndolo sentir decepcionado.

—N-no quiero… —Era la primera vez en su vida que rechazaba una orden directa de su padre—. Quiero vo-volver con… —Con la manada, con su familia, con el único lugar en el mundo donde había sentido, de verdad había sentido que formaba parte de algo.

—En mis tiempos yo tampoco quería volver. —Su padre la sujetó fuertemente de la muñeca y la arrastró tras él. Hinata nunca se hubiera imaginado que algún día su padre y ella coincidieran en algo.

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Sasuke, de rodillas, sucio, sudado y agotado colocó ambas manos en el suelo.

—¿Vi-vio Itachi-taichou? —Itachi estaba sentado frente a él en una roca y su mirada era suave.

—Eso fue impresionante Sasuke. —Había logrado invocar a uno de los cuervos más grandes que existían, era un animal tan enorme que cuando lo había invocado por un momento todo se había vuelto oscuridad bajo sus enormes alas. Por supuesto, el gasto de chakra era inmenso y Sasuke tenía que absorber energía natural desesperadamente para no desmayarse, ¡pero lo había logrado!

—Ottou-san estará orgulloso. —Lo dijo despacio, aun así Itachi alcanzó a escucharlo.

—Seguramente. —Una sonrisa enorme apareció en el rostro de Sasuke. Durante su entrenamiento con Itachi había cumplido diez años, su hermano le había regalado unos sellos explosivos que podían programarse con un rango de hasta un minuto, ¡eran geniales!, cuando Naruto los viera iba a morirse.

En ese tiempo había extrañado bastante a Naruto y a Hinata, es decir, estar con su hermano era genial y amaba que se durmieran los dos en bolsas de dormir al amparo de las estrellas, nunca había estado tan cerca de Itachi durante toda su vida y ver el orgullo en los ojos de su hermano simplemente lo hacía sentir pleno. Pero admitía que había llegado a acostumbrarse a los canturreos de Hinata o a sus historias (porque Hinata había leído muchos libros y a veces cuando Itachi estaba lejos les contaba la trama de algunos), también extrañaba las bobadas de Naruto y su cabello dorado por las mañanas.

En ocasiones habría querido preguntarle a Itachi de sus amigos, pero luego recordaba que era un ninja y se ataba con más decisión el protector de Konoha en torno a la frente. Naruto y Hinata terminarían su entrenamiento y cuando se reunieran los tres serían más fuertes.

Se preguntaba que estaban aprendiendo a invocar sus amigos, ¿sería algo tan guay como los cuervos?, seguro que no. Además si invocaba un cuervo lo suficientemente grande Sasuke podía montarse arriba de él y volar, ¡volar de verdad!, jamás en la vida se había sentido tan asustado y emocionado al mismo tiempo.

—Es hora de regresar Sasuke. —Itachi lo llamó con dos dedos y Sasuke asintió con firmeza, luego de caminar un par de metros Itachi le colocó una mano sobre la cabeza y desordenó su cabello—. La misión acabó, por cierto.

—¿En serio? —Sasuke se le colgó del brazo—. ¡Me muero de ganas de contárselo a Ottou-san!

—Yo también. —Bueno, no parecía que Itachi se muriera de ganas por hacer nada, pero Sasuke ya se había acostumbrado a las expresiones neutras de su hermano. ¡Apenas llegar a su casa se daría un baño larguísimo! Y le pediría a su madre que hiciera onigiris, a lo mejor hasta había jugo de tomate. Sintió que el estómago le gruñía en protesta.

—¡Apúrate Nii-san! —Con energía jaló a su hermano de la mano e Itachi se dejó hacer sin oponer resistencia. Estaba atardeciendo así que mucha gente los miró de reojo, pero a Sasuke no le importaba, ¡tenía diez años y sabía invocar!, esta vez su padre tenía que decir algo, seguro le sonreiría como lo hacía con Itachi y diría que estaba orgulloso de él, estaba seguro que esta vez alcanzaría sus expectativas.

—¡Más rápido Nii-san! —Pasaron la zona Uchiha casi como una exhalación y apenas entrar en la casa Sasuke tiró fuera sus sandalias ninja mientras Itachi se tomaba su tiempo sacándose adecuadamente el calzado. Apenas Sasuke iba a reñirlo por ser tan lento cuando su padre apareció por el pasillo, llevaba los brazos cruzados y el rostro serio de siempre.

—¡Ottou-san!, —el gozo se pintó en las mejillas de Sasuke—, ¡Itachi-Niisan me…!

—Ahora no Sasuke. —Su padre le puso una mano en el hombro y lo hizo a un lado como si se tratara de una molestia—. Itachi, tenemos que hablar. —Su hermano levantó la mirada y vio a su padre fijo a los ojos, luego se sacudió la playera como si lo que su padre fuera a decir no tuviera la más mínima importancia.

—Sasuke quiere decirte algo, deberías escucharlo. —Sasuke no pudo evitar enrojecer de humillación, que su hermano tuviera que pedir atención para él…

—Sea lo que sea no debe ser importante. —Con el ceño fruncido su padre giró a verlo, Sasuke sintió que su mirada lo aplastaba—. Ahora vete Sasuke, debo hablar con tu hermano. —Hubiera querido decirle que él también tenía algo que decir, hubiera querido decirle que había entrenado mucho y ahora podía invocar un enorme cuervo, decirle que ya podía volar sobre él en el cielo, pero de pronto todos esos logros le parecieron ridículos.

¿Desde hacía cuanto tiempo que Itachi ya podía hacer todo eso?, ¿a su edad no era su hermano un ninja de elite en el que la aldea podía confiar?, ¿podía él compararse con los logros de Itachi?

Se escabulló corriendo antes de que a Itachi se le ocurriera volver a abogar a su favor, se sentía ridículo. Aturdido entró a su habitación y se hizo un ovillo en su futón tapándose con las sabanas hasta la cabeza.

Si él hacía algo Itachi ya lo había hecho antes y mejor.

Si lograba algo los logros de Itachi eran más impresionantes.

Si conseguía un nuevo poder Itachi conseguía dos más.

Nunca iba a poder superar a su hermano, esa era la verdad. No importaba que tan fuerte lo intentara, no importaba que tanto se esforzara, rabiara o gritara. Itachi siempre estaría por delante de él, siempre un escalón más arriba.

—Kuchiyose no jutsu… —Susurró mientras un par de lágrimas traicioneras escapaban de sus ojos, un cuervo pequeño con las alas tan negras que parecía que se las habían frotado con aceite apareció frente a él, picando a su alrededor con desgano.

Ojala le sacara los ojos.

Ojala le picara la lengua.

Ojala le causara tanto daño que su padre tendría que verse obligado a verlo.

Ojala y se muriera.

Pero el cuervo se ocupó en picarle suavemente la cabeza y graznar débilmente de vez en cuando. Cuando la invocación se terminó Sasuke había dejado de llorar, sus ojos negros estaban fijos en la nada. Era cierto, si no esperaba nada no volverían a lastimarlo, si dejaba de esforzarse por la aprobación de su padre ya no tendría que volver a preocuparse.

Si tan solo pudiera lograrlo.

Si tan solo Itachi no existiera.

Si su hermano no existiera.

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Que no lo malinterpretaran, Naruto se había divertido muchísimo con Jiraiya, ¡de veras que sí!, lo había llevado a unas termas donde Naruto había jugado de lo lindo haciendo bucitos y tirándose de una roca, aunque al final habían sacado al viejo tachándolo de fisgón e inmoral.

Naruto sabía que ser fisgón es cuando te metías en lo que no te llamaban, pero no estaba muy seguro de lo que quería decir inmoral, se lo preguntó al viejo, pero él solo le agitó una mano frente a la cara.

—"Nada que debas saber por ahora".

Jiraiya también lo dejaba comer tantos fideos instantáneos como quisiera y no estaba ahí forzándolo a comer verduras y frutas como lo hacía Itachi, también lo dejaba desvelarse y dormir hasta tarde, como una vez que habían estado despiertos mirando por la ventana con un telescopio, Naruto se había divertido mucho mirando las estrellas y Jiraiya seguro también porque estaba rojo, babeaba y hacía ruidos raros cuando miraba por el telescopio, ¡qué hombre tan raro!, pero era divertido.

Por supuesto, también entrenaban, Jiraiya lo había obligado a escribir su nombre con sangre en un pergamino (aunque primero no quería porque Itachi había dicho algo acerca de que firmar con el nombre era peligroso y que le consultara primero, pero luego Jiraiya había dicho que si no no lo entrenaba y pues bueno). El caso es que Jiraiya le estaba enseñando a invocar renacuajos, ¡era de lo más guay!, al principio no habían tenido patas y Naruto se había reído demasiado, pero luego Jiraiya le había enseñado la Enciclopedia Salvat de los sapos y Naruto se había puesto creativo.

Hasta el momento había logrado invocar hasta veinticinco sapos al mismo tiempo, pero Jiraiya decía que no contaban porque el más grande apenas le rozaba la rodilla, Naruto no entendía, para él era un sapo enorme, después de todo los sapos normalmente eran del tamaño de la mano.

—"¡Que no mocoso sin talento!" —Itachi siempre le decía que tenía mucho talento y que lo estaba haciendo muy bien, pero Jiraiya decía que no, que no sabía hacer nada y era un cabezota.

Prefería a Itachi a ser sincero.

Un día Jiraiya no había querido entrenarlo porque le dolía mucho la cabeza, Naruto no estaba seguro, pero quizás tenía que ver con ese montón de botellas que se había tomado el día anterior y que lo habían puesto tan feliz. El rubio había intentado tomar un poco pero estaba tan amargo que lo había vomitado, ¿por qué al viejo le gustaba eso?, para que no lo molestara Jiraiya le había dado un libro que se llamaba "Icha-Icha Paradise", a Naruto realmente no le gustaba demasiado leer, pero Itachi ya le había dicho que tenía que practicar así que con un suspiro de resignación empezó.

La historia era muy confusa, había una chica muy guapa y un hombre muy atractivo y al parecer se querían pero había mucha gente metiéndose en medio, al final habían terminado los dos desnudos en la cama y se habían metido muchas cosas por muchos lados que Naruto no entendía del todo. De todas formas el libro había sido muy aburrido y prefería leer los mangas que le daba Itachi.

Otro día Jiraiya lo había llevado a entrenar al río y le había dicho que se quitara la ropa, contento Naruto se había quedado en bóxer pensando que irían a nadar, pero no, Jiraiya le pegó en la panza, Naruto sintió que algo extraño se removía dentro de él y por un momento le había dolido tanto que había terminado quejándose ruidosamente.

—"Deja de chillar mocoso. Invoca un sapo". —Aun quejándose Naruto lo había hecho y para su sorpresa el sapo de esa ocasión era de su tamaño ¡y además hablaba!, el rubio casi que se había caído de la impresión.

—"No es suficiente". —Aunque el viejo había seguido teniendo mala cara, ¿quién lo entendía?

En las noches a veces volvían a su departamento, pero en ocasiones dormían donde los encontrara la noche, a veces en un árbol, sobre el pasto, en una cabaña abandonada e incluso una vez se habían colado en la oficina Hokage (eso había sido divertido).

Con Jiraiya no había reglas así que Naruto se la pasaba muy bien, aun así extrañaba a Sasuke riñéndolo por atolondrado y a Hinata haciéndose un ovillo a su lado en la noche.

Un día se puso a hablarle a Jiraiya de Sasuke y Hinata, habló tanto de ellos que al final el viejo se lo quedo viendo fijo.

—"Amas a esos dos, ¿eh?" —Naruto nunca se había preguntado exactamente qué significaba amar así que no estaba del todo seguro—. "Te daré un consejo", —Jiraiya se inclinó hacia él y le susurró en el oído—. "Elige a la chica, se nota que será bonita, además no estoy seguro de que te siga apreciando si eliges al chico". —Sinceramente Naruto casi nunca entendía lo que Jiraiya le quería decir cuando le hablaba y él se negaba a explicarle.

—"Pregúntale al mocoso Uchiha cuando vuelvas a verlo". —Pero Naruto estaba seguro de que olvidaría la mitad de las cosas que tenía que preguntarle.

Ese día despertó porque Jiraiya lo meneó de un lado a otro con el pie.

—¿Qué? —Adormilado había intentado dormirse de nuevo, pero Jiraiya había sido inflexible.

—Vamos mocoso, hoy vamos a hacer un par de cosas.

—¿Qué cosas? —Somnoliento Naruto se frotó un ojo.

—Primero vamos a comer lo que tú quieras.

—¡Ramen!

—Me lo imaginaba. —Jiraiya gruñó—. Pero le voy a descontar todo esto al Sandaime. —Los dos salieron con rumbo a Ichiraku y Jiraiya le dejo pedir cinco tazones seguidos, ¡cinco!, por supuesto, quedó tan gordo como un sapo y Jiraiya no estaba en mejores condiciones.

—¿A dónde quieres ir ahora? —No entendía por qué Jiraiya estaba haciendo esas cosas por él, pero tampoco es que tuviera un sitio que le gustara en específico.

—No hay ningún sitio. —Estaba siendo honesto.

—Que tal algún amigo que quieras visitar.

—Sasuke y Hinata están entrenando también. —Naruto parpadeó—. No estarán en sus casas.

—Supongo que eres muy pequeño para que te guste una niña. —Jiraiya resopló y Naruto simplemente lo vio fijamente—. ¿Solo tienes dos amigos?

—Sí. —Naruto se pasó las manos tras la nuca.

—Que tal una persona que haya sido buena contigo y que tengas ganas de ver.

—¿Una persona buena? —Naruto intentó hacer memoria, quizás Itachi había sido bueno, pero él también estaba entrenando y el viejo Hokage había hecho un par de cosas por él pero tampoco es que tuviera ganas de verlo—. No, no hay nadie. —Negó con firmeza y para su asombro Jiraiya le dio una mirada que se parecía bastante a la lastima.

—¿Qué tal algo que te haga feliz? —Incluso su voz había cambiado, ya no era la arrogante y despreocupada de siempre.

—¿Feliz? —Naruto nunca se había cuestionado lo que era la felicidad—. Creo… tal vez sería estar con Hinata y Sasuke… —Bueno, eso era lo más feliz que había tenido en toda su vida, no podía equivocarse.

—¿Alguna otra cosa?

—¿Ramen? —Naruto preguntó dudoso y Jiraiya soltó un suspiro.

—Bueno, que no digan que no lo intenté, quizás esto es lo mejor.

—¿Qué es lo mejor? —Pero Jiraiya no contestó, lo tomó de la mano y tiró de él. Durante todo el tiempo que llevaban juntos Jiraiya nunca lo había tomado de la mano, de hecho a excepción de una que otra ocasión en que Itachi lo había hecho los adultos no solían tomarlo de la mano (no solían tocarlo en realidad). Primero Naruto se sintió abochornado, ¡ya era un chico grande!, estaba por cumplir diez años, pero luego dio miradas de reojo alrededor, algunas madres también llevaban a sus hijos de la mano, las mejillas de Naruto se sonrojaron.

—¿Qué? —Jiraiya giró a verlo, Naruto se encogió entre sus hombros. Quizás fue su imaginación, pero le pareció que el agarre de Jiraiya se volvía más gentil. Siguieron caminando, un paso y luego otro, Naruto no se preguntó a dónde lo llevaba igual que nunca se preguntaba a donde lo llevaba Itachi.

—Naruto. —De pronto Jiraiya se volvió hacia él, su movimiento fue rápido, tanto que no lo vio venir, jaló de su mano, lo tomó del cuello de la chaqueta y lo arrojó, Naruto ni siquiera tuvo tiempo de chillar, antes de darse cuenta había empezado a caer en un abismo profundo y oscuro, un lugar tan aterrador que como pudo se dio la vuelta solo para descubrir que abajo había un montón de picos dispuestos a matarlo de la peor forma posible.

¿Es que iba a morir?

Pero si aún no había comido todos los tipos de ramen instantáneo del mercado.

Aún no había invitado a Sasuke y a Hinata a la mejor tienda de ramen de Konoha.

Aun no le enseñaba a Itachi que ya podía invocar renacuajos.

—¡Kuchiyose no jutsu! —Ni siquiera lo pensó, sus ojos azules brillaron con el deseo de vivir, un deseo que era tan fuerte que lo había mantenido por nueve años cuando todos los números estaban en su contra.

Un enorme sapo apareció bajó él, Naruto soltó un jadeo.

—Ey mocoso, ¿aquí es donde se te ocurre llamarme? —Naruto hubiera querido abrazarlo por la emoción, saltar de alegría y enseñarle inmediatamente a Jiraiya que había invocado algo de verdad enorme. Para su desgracia no pudo, sintió que el mundo se volvía negro y que su cuerpo perdía fuerza.

—"Úsame mocoso" —Dentro de él escuchó una voz fría, macabra y oscura—. "Úsame" —Luego ya no supo más de sí.

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Shisui se había reincorporado a las filas de la policía de Konoha, Fugaku decía constantemente que era un desperdicio y él se reía en consecuencia.

—"¿Quieres que arriesgue mi vida como ANBU tío?, sabes qué puedo hacerlo". —De cualquier manera los días en la policía eran divertidos y sin Itachi en ANBU no es que Shisui tuviera muchos deseos de regresar a la organización.

Además se obtenía más información desde adentro…

Shisui se ocupaba de estar en todos los sitios. Ab-so-lu-ta-men-te to-dos.

Ya por ahí se habían soltado algunas bromas acerca de que se estaba duplicando y que acosaba a la gente con clones, Shisui se reía con ganas.

—"Me ves, pero ahora no me ves". —De cualquier manera pese a su inteligencia e ingenio en el clan solían verlo como una especie de hijo prodigio; ser huérfano y un genio había provocado que todos en el clan lo apadrinaran, Shisui podía meterse a cualquier casa Uchiha con la certeza de que le ofrecerían comida (y a su hija si se daba el caso). En eso se diferenciaba de Itachi, su primo era la clase de genio solitario que nunca encontraba un sitio al cual pertenecer. Itachi no pertenecía al clan Uchiha, pero tampoco le pertenecía a la aldea, si Shisui tuviera que dar un veredicto lo cierto es que lo más cercano que Itachi había tenido a un hogar era el Equipo Cuervo.

Triste que un trio de niños de nueve años fuera su único cable a tierra. Y más triste aún que estuviera más solo de lo que él mismo creía.

De cualquier manera a Shisui le sobraba el tiempo, tiempo para hacer clones, tiempo para vagar por la zona Uchiha, tiempo para trastear en la comandancia, tiempo para ver pergaminos que se suponía que no debía ver, tiempo para seguir a tres niños…

A ser sincero a Hinata Hyuuga no pudo seguirla hasta que su entrenamiento terminó, su padre la arrastraba de una mano y la niña estaba hecha unos zorros, con la ropa mal oliente y rota, el cabello hecho un desastre y más heridas y cicatrices de las que una señorita de su status debía tener, así fuera muy ninja.

Vigilar a Sasuke e Itachi fue más fácil, su primo nunca había sido muy bueno detectándolo, le alivió comprobar que eso no había cambiado, por mucho que Itachi hubiera entrenado en el Camino de la Serpiente había cosas que aún no aprendía, jutsus oscuros a los que no se acercaría y lo más importante; aún era lo suficientemente ingenuo para mantener las defensas bajas cuando se encontraba en su aldea.

Para su sorpresa cuando intentó seguir a Naruto Jiraiya lo percibió al instante y se le plantó enfrente con cara de pocos amigos.

—"¿Qué quieres?" —Shisui salió con el cuento del genio Uchiha aburrido y que quería ver el avance de Naruto-kun, pero Jiraiya no le creyó—. "Hay algo raro en tus ojos". —Luego le había dado la espalda—. "No te acerques a Naruto". —Bueno, un padrino no podía ir y ponerse muy chulo después de abandonar por tanto tiempo a su ahijado, además Jiraiya solo estaba de paso, cuando se fuera Itachi volvería a entrenarlos e Itachi no le diría que se mantuviera alejado.

Además, ¿qué era eso de que había algo raro en sus ojos?, era un maldito Uchiha, por supuesto que sus ojos eran raros, los de los Hyuuga también lo eran (mucho más si le dejaban explayarse) y nadie andaba por ahí quejándose. Encima de eso Jiraiya había removido el sello del Kyuuby de Naruto y luego lo había arrojado a un acantilado, ¿quién era el peligroso en todo ese asunto?

Pero en fin, el resultado es que Naruto había terminado en el hospital, Sasuke parecía deprimido y Hinata melancólica. Definitivamente a Itachi le quedaba un largo camino para madurar a esos tres.

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Itachi reunió a su equipo dos días después de que Naruto salió del hospital, para esas alturas Jiraiya se había ido de nuevo diciendo "Trabajo hecho" sin importarle que el rubio llevara tres días sin despertar y conectado a una bolsa de suero. Siendo sincero Itachi estaba un poco alterado por los resultados de esa nueva técnica, había creído que los niños estaban listos para invocar, pero no había imaginado que el proceso para invocar de los Hyuuga y de Jiraiya distaran tanto de lo que él había vivido con Sasuke.

Con Sasuke había entrenado todos los días, constante y continuo, pero permanecer tanto tiempo juntos había creado un lazo aún más fuerte entre los dos. Itachi había creído que el proceso ayudaría a Hinata a comprender a su padre y esperaba que Jiraiya recuperara el tiempo perdido con Naruto; pero ahora se enteraba que Hinata y su padre apenas habían interactuado, ¡peor aún!, Hinata había realizado la técnica sin haber sellado el pacto y como consecuencia había terminado en el reino de los lobos, ¡de los lobos!, que podían despedazarla en cualquier momento si se encontraban de mal humor. Y Naruto había aprendido a invocar debido a que su vida había estado en un riesgo mortal, no solo eso, Jiraiya se había comportado de lo más inmoral e incluso le había dado un libro para adultos para que leyera.

Había sido un necio al confiar sus discípulos a otras personas.

Ciertamente no podía enseñarles a los tres a invocar cuervos y Hinata, como Hyuuga que era, tenía que pasar por el ritual de su clan, pero si lo hubiera pensado con más detenimiento hubiera aplazado por más tiempo aquella situación.

Sin embargo el "hubiera" no existía y ahora tenía un Naruto con un sello modificado, un Sasuke cabizbajo y una Hinata tan melancólica que parecía que fuera a perderse en el aire.

—Bien. —Pese a todo intentó sonar firme—. Los tres han aprendido una nueva técnica ahora.

—¡Sí!, —como siempre fue Naruto quien le tendió un cable—, ¡ahora sé invocar sapos Itachi-taichou! —El rubio saltó alegre—. ¡Un verdadero sapote! —En cualquier otra situación Sasuke habría alardeado de que el cuervo que podía invocar era mucho más grande y que encima había volado por los aires, sin embargo su hermano seguía con los puños apretados y la vista fija en alguna parte del suelo. Itachi no era tonto, sabía que Sasuke se sentía despreciado por su padre, aplazado por él.

—Muy bien Naruto-kun. —Itachi inclinó la cabeza amable—. ¿Qué tal usted Hinata-dono? —La niña alzó la mirada hacía él, Itachi descubrió marcas de heridas en su cuello, ahí donde los lobos la cargaban con los dientes como si fuera uno de sus cachorro, Shisui le había dicho que también tenía una fea cicatriz que le cruzaba el pecho. Intentó no pensar en eso.

—N-no sé… —Hinata parecía apocada.

—¿No sabe? —Era una respuesta que Itachi no esperaba—. ¿No le enseñó su padre a invocar?

—Creo que no… —Hinata hundió la cabeza entre sus hombros, Itachi se obligó a ir por pasos.

—Hinata-dono, ¿firmó un acuerdo con su sangre con algún animal?

—Sí. —Eso pareció animarla un poco—. Saito-san me dijo que lo hiciera.

—¿Tú también firmaste con sangre? —Naruto saltó emocionado—. ¿Tú también Sasuke? —Él rubio le pegó con el codo en el hombro, pero Sasuke apenas se movió como un muñeco inerte, sin contestar.

—¿Ha intentado invocar algún lobo aquí? —Itachi trató de que su voz fuera suave para con ella, a pesar de que pocas veces lo lograba.

—No. —Los ojos de Hinata se iluminaron—. ¿Puedo hacerlo? —Se veía tan emocionada que Itachi no pudo evitar una pequeña sonrisa.

—Por supuesto. —La niña tomó aire con fuerza, cerró los ojos, hizo los sellos y gritó:

—¡Kuchiyose no jutsu! —Al instante surgió un montón de humo blanco y un cachorro de lobo salió disparado—. ¡Yahiko-chan! —Hinata chilló emocionada, pero el lobito parecía tener demasiada energía y corrió sin tino hasta las piernas de Sasuke obligándolo a caer.

—¡Ay! —Debido a que se encontraba dentro de sus tétricos e introspectivos pensamientos Sasuke no pudo defenderse cuando el lobito se tiró sobre su abdomen y lamió desesperadamente su cara—. ¡Ey! —Sasuke intentó enojarse, pero luego fue obvio que la dinámica y peluda criatura era demasiado carismática para hacer algo así—. ¡Jaja, ya bájate!

—¡Qué bonito! —Naruto chilló extasiado, luego puso mala cara—. Mis sapos no son tan bonitos.

—Yahiko-chan. —Hinata se palmeó las rodillas—. ¡Soy yo!

—¡Hinata-hime! —El lobito gritó con energía y usando a Sasuke como trampolín brincó a los brazos de Hinata.

—¿Por qué te dice Hinata-hime? —Naruto ladeó la cabeza, pero Hinata estaba demasiado emocionada abrazando al lobo como para notarlo.

—Exijo una disculpa de esa bola de pelos. —Sasuke extendió los brazos—. ¡Me ha dejado lleno de pelusa!

—¡Disculpas! —Yahiko chilló y Naruto se río tanto que casi se atragantó. Mientras tanto Itachi observó la escena sin saber bien a bien cómo sentirse, ciertamente la aparición del cachorro de lobo había aligerado el ambiente, pero que Hinata apenas estuviera apareciendo crías cuando Sasuke ya lograba invocar cuervos que podían cargarlo y Naruto era capaz de invocar a Gama-bunta… la diferencia de habilidades era tremenda.

Sin embargo le resultaba incomprensible que Hiashi no la hubiera presionado para que invocara lobos más poderosos, tomando en cuenta lo estricto que era el jefe Hyuuga no parecía haber razón para aquello. A no ser que estuviera saboteando a su propia hija… No quería pensar en esa posibilidad pero podía ser probable.

—¿Son tus amigos Hinata-hime? —Yahiko brincó de los brazos de Hinata y se colocó muy derechito en el suelo, como si imitara a algún lobo mayor.

—Sí, —Hinata parecía tan contenta como una niña con una muñeca nueva—, son Sasuke-kun, Naruto-kun e Itachi-taichou.

—Un gusto. —Yahiko sacó el pecho—. Soy Yahiko del clan Shinsengumi, protector y compañero de Hinata-hime hasta que logre invocar a mi siguiente hermano, ¡gracias por cuidar de mí!

—¿Nosotros vamos a cuidar de ti? —Naruto preguntó con sospecha.

—¿Vas a quedarte conmigo? —Hinata sonrió encantada. Itachi se puso en cuclillas para estar más cerca del lobito.

—Buenas tardes Yahiko-san.

—Yahiko-chan está bien. —El cachorro se rascó con una pata la cabeza.

—Yahiko-chan. —Itachi concedió con un asentimiento—. Yo soy Itachi Uchiha el instructor de Hinata.

—Ah, —Yahiko se lamió al descuido una pata—, el que le hizo tener miedo del río. —Itachi supuso que Hinata les había contado, aunque era un tanto deprimente saber que ella tenía esa idea generalizada de él—. No te preocupes, —Yahiko soltó un bostezo—, ya le enseñamos a nadar, ¿a que sí Hinata-hime? —La niña asintió avergonzada, seguramente no esperaba que el lobito contara tan libremente sus secretos.

—Yahiko-chan. —Itachi le sonrió y al instante el lobo lo miró con sospecha, Shisui tenía razón al decir que no se podían engañar los instintos de un animal—. Si entendí bien, para que Hinata-dono pueda invocar a los lobos tiene que ir avanzando de lobo en lobo.

—Sí. —Yahiko movió de un lado a otro la cola—. Kenshin dice que es como ir subiendo de nivel. —Itachi no sabía quién era Kenshin, pero dejaría eso para otra ocasión.

—Eso implica que tú eres el inicio, ¿es así?

—Sí, soy el más débil. —Yahiko bajó la cabeza y alzó las patas traseras moviendo juguetón la cola—. Soy un cachorro.

—¿Puedo cargarlo? —Naruto tenía los ojos azules muy brillantes y los dedos le temblaban, como un niño ante el árbol de navidad.

—Yo también empecé invocando un cuervo chiquito. —Para sorpresa de Itachi Sasuke se acercó a Hinata luciendo condescendiente—. Era muy bonito.

—¿Es que solo los sapos son feos? —Naruto lloró.

—¡Soy lindo! —Yahiko canturreó dando vueltas alrededor.

—¡Kuchiyose no jutsu! —El rubio invocó y al instante apareció un sapo casi del tamaño de Yahiko.

—¡Naru-chan que es esa cosa! —El sapo retrocedió instintivamente.

—¡Kyaa! —Yahiko rodó sobre sí mismo.

—¡Kuchiyose no jutsu! —Sasuke también invocó y un cuervo adulto apareció en su hombro, vio a la cría de lobo y al sapo en el suelo y arqueó una ceja.

—¿Esos son tus compañeros Sasuke-chan?, que poco confiables.

—¡Poco confiables! —Yahiko cantó como si hubiera recibido un halago.

—¿A quién le dices poco confiable bola de plumas? —El sapo de Naruto sacó una navaja de sabrá dónde—. Voy a dejarte listo para asado.

—¡Listo para asado! —Yahiko se paró en dos patas brincando, luego miró fijamente al cuervo y luego de una larga contemplación se pasó la lengua por el hocico—. Tengo hambre.

—¡Ey! —Sasuke cruzó los brazos a modo de escudo—. No pueden comerse a mi cuervo.

—¡Eso! —El cuervo graznó.

—¡Entonces que se calle! —El sapo croo.

—¡Hambre! —Yahiko aulló berrinchudo.

—Yahiko-chan no te lo puedes comer.

—Sasuke, dile a tu cuervo que no sea tan creído, dattebayo.

—¡Ustedes son los ruidosos!

Pronto aquello fue como si les hubieran ordenado graznar, croar y aullar, Itachi sintió que algo en su cabeza punzaba y nuevamente fue consciente de lo joven e inexperto que era al haber juntado tres especies diferentes sin ponerse a considerar su compatibilidad. Con un suspiro avanzó hasta el cuervo y lo hizo desaparecer con un "pluff".

—¡Naruto-chan, no dejes que me pegue! —El sapo se escondió tras la pierna del rubio.

—Está bien, vete. —Naruto lo desapareció con otra bola de humo blanco.

—¿Yo también tengo que irme? —Yahiko miró a Hinata con sus bonitos ojos castaños.

—En la noche te invoco de nuevo. —Hinata le susurró quedito y el lobo saltó contento.

—¡De acuerdo! —También él desapareció al instante. Cuando solo quedaron los cuatro en el claro Itachi se colocó frente a ellos con las manos en las caderas, tomó aire y luego se inclinó hacía Sasuke.

—Se supone que tu invocación debe obedecerte. —Lo golpeó con dos dedos en la frente y Sasuke cayó al suelo con la frente roja y un jadeo de sorpresa.

—Y tu invocación no debe amenazar a tus propios compañeros, menos con armas. —Golpeó con dos dedos en la frente a Naruto quien cayó al suelo con un tremendo "Outch" acompañado de un "¡Ni porque acabo de salir del hospital dattebayo!".

—Y más importante aún, —Itachi giró a Hinata quien lo veía con los ojos bien abiertos—, sus invocaciones no deben intentar comerse a sus aliados. —Luego la golpeó con dos dedos en la frente y la niña cayó al suelo con los labios entreabiertos, como si no acabara de creer que lo hubiera hecho.

Siempre era más suave con ella, siempre se suprimía con ella, siempre la trataba diferente. Quizás ahí estaba el error.

Naruto y Sasuke la giraron a ver con la boca abierta y ella giró a ellos con la misma cara de incredulidad.

—Jaja. —Naruto la señaló—. Itachi-taichou también te pegó.

—Nos pegó a los tres tarado. —Sasuke gruñó.

—Su-su frente esta roja. —Hinata los señaló aun atónita.

—La tuya también. —Sasuke se cruzó de brazos—. Así es el amor de Itachi-taichou.

—¿Amor? —Naruto se estremeció—. Dile de mi parte que en el futuro trate de no querernos tanto.

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Notas de Okashira Janet: O qué diablos, me ha gustado éste capítulo (ya sé, soy una tonta).

Aclaraciones.

1 Sí, los lobitos con los que juega Hinata son la versión animal de los personajes de Rurouni Kenshin (no pude evitarlo, me gustan demasiado).

2 Por ahí se explica que si alguien sin un contrato con un animal hace la técnica de invocación termina en la tierra del animal que es más afín, en este caso los Hyuuga siempre van con los lobos porque ellos tienen el pergamino, por eso Hinata viaja hacía allá.

3 Bueno, para quien ya vio la película de Naruto ya saben de qué va la historia del hombre de la luna.

Los lectores preguntan

1 Sé que hay mucha expectativa en cuanto a Neji, pero por favor sean pacientes, es un personaje que tendrá bastante importancia en el futuro al igual que Shisui.

2 Por supuesto que no pienso dejar fuera a los otros novatos, pero por ahora siguen en la Academia así que no son materia demasiado interesante.

3 Sé que es difícil pedirlo, pero me gustaría que disfrutaran el fanfic sin matarse demasiado por las parejas, al igual que en la vida muchas cosas pueden pasar, disfruten del camino.

4 Lamento que el entrenamiento especializado sea tan corto, pero tampoco quiero pasarme veinte capítulos con niños de nueve años (aunque son adorables), tengo otros diez capítulos bien planeados en mi mente y de ahí las cosas van un poco al tum-tum, espero que les guste.

Y hasta aquí, muchas gracias por leer, muchas gracias por comentar, muchas gracias por estar ahí. Y ya saben, para estar al tanto de lo que escribo y cuando actualizo pueden seguirme en Facebook, me encuentran como Janet Gaspar, un beso.

7 de Noviembre del 2016 Lunes.