-Vale...-dije cerrando la puerta detrás de mí. ¿Y ahora qué? ¿Vamos avanzando hasta llegar arriba?
Alistair me asintió y nos pusimos en camino con rapidez, pero alerta. Entramos en una sala grande, a los lados con madera amontonada e incinerada. Alistair iba delante de mí; pero cuando iba a adentrarse le grité que parase. Se volvió confuso y me agaché a su altura tomando una cuerda atada a los lados que había ahí puesta. Saqué la daga de mi cinto y la corté; lo que ocasionó que unas flechas se clavasen unos metros delante de nosotros. Alistair tragó saliva y me miró brevemente.
-Gra...gracias.- me dijo. Yo le sonreí levemente.
-Te lo debía, ¿recuerdas? Ahora estamos en paz.- le contesté. Me volví hacia nuestros acompañantes.- ¿Vosotros estáis bien? De ahora en adelante tened cuidado con los engendros. La boca bien cerrada y si tenéis alguna herida lo más alejada posible. Si os infecta su sangre podríais morir. - Alistair me miró inquisidor, como regañándome por lo que acababa de decir. Sí, puede que eso fuera parte del ritual; pero me importaba más que consiguiésemos sobrevivir ahí que guardar un secreto.
Avanzamos con rapidez y pronto aparecieron tres hurloks armados con espadas. Nos quedamos combatiendo contra ellos cuando algo me dio con fuerza en la espalda. Le clavé la espada con fuerza al hurlok que tenía frente a mí antes de volverme. Junto a la puerta de salida había un genlok con...¿un báculo? ¿Eso era posible?...antes de poder seguir preguntándomelo, aquel ser creó una bola de magia con su báculo y lo lanzó contra mí, así que me tiré hacia un lado para evitarla. Vale, ahora no tenía dudas al respecto...
Mientras creaba otra bola, tanto el guerrero del que desconocía el nombre como yo nos acercamos a él con rapidez; pero mi compañero tuvo tan mala suerte de que la otra bola le dio en un costado y cayó al suelo. Me coloqué tras el genlok sin que se diese cuenta y cuando iba a clavarle mi espada noté que esta se enfriaba considerablemente; hasta que pude ver cómo trozos de hielo caían del filo. Miré confusa a Alistair, y al guerrero en el suelo; a quienes también les había ocurrido lo mismo. El mago me miró y asintió con la cabeza. Yo murmuré un gracias y le rebané el pescuezo al monstruo.
Me acerqué después al guerrero y le tendí la mano para ayudarle a levantarse.
-¿Todo bien?
-Sí...aquello que me dio en el costado duele un poco y me arde; pero puedo continuar...- no hacía falta que me dijese eso. Yo misma notaba aquel quemazón en mi espalda. Le hice un gesto al resto para seguir adelante y casi lloro de alegría al ver las primeras escaleras. En fin...planta baja completada...esperaba que, aun que fuese con más heridas llegar hasta arriba de una pieza...
No voy a extenderme con cada piso simplemente diré que unos cuantos pisos más fueron similares. Algunos cortes, magulladuras, espadazos...pero nada que una buena noche con unos cuantos ungüentos no pudiesen curar.
-¿Crees que Duncan y el rey estarán bien?- dijo de repente Alistair cuando estábamos subiendo al penúltimo piso. Yo me giré hacia él y vi que me estaba mirando esperando una respuesta afirmativa. Yo me froté el cuello con incomodidad.
-Yo...n...no lo sé...eso espero...- no quería mentirle. No lo sabía y ocultarle la verdad no serviría de nada. Suspiró y siguió hacia delante, pero le cogí del brazo para que se volviese.- Oye...sé que estás preocupado por Duncan...pero si de verdad quieres asegurarte de que está bien; lo mejor será terminar aquí, buscar a Loghain y preguntarle si podemos unirnos a la batalla. ¿De acuerdo?- le mantuve la mirada hasta que el asintió.
-Sí...tienes toda la razón...acabemos con ésto.- Le dí un golpe de ánimo en el brazo y seguimos avanzando.
Nos adentramos en una sala con unas 5 jaulas con un perro en cada una. En las otras salas entré con precaución, pero en esa no me entretuve y me cercioré de que los perros estaban bien. Y al momento del pasillo del fondo aparecieron varios hurloks y otro de esos genloks con báculo (cómo odiaba a esos malditos bichos. Había luchado solo con uno, pero el moratón que se me iba a formar en la espalda para mí ya era suficiente). Uno se abalanzó sobre mí y mi tiró al suelo mientras yo le empujaba con las piernas. Miré hacia atrás y ví junto a la puerta algo que me llamó la atención.
-¡La palanca!.- le dije al mago, ya que era el que más cerca estaba de la puerta. El chico miró hacia donde yo le decía y con rapidez se acercó hacia la palanca y tiró de ella. Las jaulas se abrieron y los perros comenzaron a ayudarnos a luchar contra ellos.- Ahora si empieza a ser una pelea más justa.- le dije al ser. Reuní todas las fuerzas posibles; le empujé alejándome de mí y le segué las piernas. Me levanté y le clavé con fuerza la espada en el corazón ( si es que aquellas cosas lo tenían).
Me acerqué hasta el genlok, que estaba apuntando a Alistair; el cual ya estaba peleando contra dos. Le arrebaté el báculo de las manos y le dí un fuerte golpe en el cráneo con él. Después le corté la cabeza. Decidí guardarme el báculo. Quizás me sirviese más adelante. Me giré hacia mis compañeros y ví que estaban cansados y magullados, pero no podíamos parar ahora.
-Un piso más chicos y todo esto habrá acabado.- les dije. Me acerqué a uno de los cajones que había y encontré varios huesos. Los cogí y se los dí a los perros. Se lo habían ganado. Pensé en Grolten y suspiré esperando que estuviese vivo y bien. Duncan me lo había pedido prestado, sabía que era un fiel sabueso. Y yo acepté...pero esperaba que no hubiese sufrido la misma suerte que el otro al que vi morir. Tomé aire y abrí la puerta que daba a la última planta de la torre.
Oímos un gruñidp grave y un sonido como de mascar bastante repugnante. Les hice un gesto a ellos para que mantuviesen silencio y nos adentramos intentando no hacer ruido.
Ahí delante de nosotros estaba un ogro gigantesco disfrutando de un soldado que debía de ser su merienda o su cena. Le estaba sacando los órganos mientras se los comía haciendo bastante ruido al masticar. Puse un gesto de asco. Si no estuviese tan nerviosa y enfadada estaría vomitando. Eran estos momentos en los que prefería volver a mi casa, a mi vida anterior y deseaba que nada de ésto hubiese pasado.
Oí un chasquido a mi derecha y me volví con rapidez. Ví al guerrero que nos acompañaba mirar hacia abajo y seguí su mirada. Había pisado unos huesos. Levantó de nuevo la mirada hacia mí y ambos nos volvimos hacia el ogro; el cual ya se había percatado de nuestra presencia. Solo había vuelto la cabeza, pero estaba claro que nos veía perfectamente. Soltó al soldado que estaba degustando y lo tiró a un lado. Se volvió por completo quedando frente a nosotros y soltó un fuerte rugido; lo que ocasionó que parte de nuestras armaduras quedasen bañadas por la sangre y las partes de cuerpo que aún quedaban entre sus dientes,
Saqué la espalda y la daga con rapidez a la vez que me imitaba Alistair. El guerrero fue con rapidez contra el monstruo antes de que pudiésemos advertirle, y prácticamente con el dorso de la garra lo mandó hasta el otro lado de la habitación. Pudimos oir el chasquido de sus huesos al chocar contra la pared y no pude evitar girar la cabeza para no verle.
El mago por su parte había estado retrocediendo hacia la puerta. Y tomando aire nos dijo:
-¡Id a por él. Yo trataré de frenarle, pero no prometo nada!.- nos dijo. Alistair y yo nos miramos una última vez mientras el chico lanzaba un hechizo congelante al ogro. Éste se quedó unos segundos quietos, pero en seguida siguió dando golpes con los brazos hacia donde estábamos nosotros. Segundos después quedó otros segundos convertido en roca, lo cual nos sirvió para seguir con los ataques.- ¡Apartad de ahí!.- oíamos al mago y al momento nos apartamos. Lanzó un hechizo que parecía un camino de fuego que salía directamente de su bastón y que impactó de lleno en el ogro. Éste con ira rugió, tomo carrerilla anteponiendo sus cuernos y se abalanzó contra el mago mientras el chico gritaba aterrorizado. Mientras se levantaba, yo le dí varios espadazos en las piernas; hasta que, aun cansado, me dió un manotazo y me lanzó unos metros lejos de él en el suelo. Me incorporé lo justo para ver como Alistair cogía su escudo y le daba varias veces a la garra de aquel animal, hasta que la dejó caer. Aprovechó para subirse a él y clavarle la espada con violencia en el pecho mientras que con el escudo le daba entre sus cuernos causándole ahí una herida abierta. Finalmente cayó al suelo.
Juraría haber visto todos esos últimos movimientos en cámara lenta; pero seguramente sería por todos aquellos entrenamientos que tuve con Roland donde me enseñó a distinguir cada uno de ellos detalladamente.
-Vamos, date prisa y enciéndela.- me dijo Alistair mientras recuperaba la espada del ogro. Yo me levanté, me acerqué hacia la hoguera y me apresuré a encenderla. Oímos algunos gritos provimientes de la batalla y Alistair y yo nos miramos sonrientes. Nuestros compañeros no habían tenido la suerte de salir con vida, pero nosotros habíamos concluido nuestra misión. O eso creíamos. Oímos como de un portazo abrían la puerta y observamos a varios genloks alfa (sí, esos que tan bien me caen), con algunos engendros más. Lo último que recuerdo fue recibir más de 6 flechazos antes de ver cómo un pájaro gigante entraba en la torre y de ver cómo nuestras tropas se retiraban antes de caer inconsciente.
