Hola! jeje Otra vez siento el retraso :S
Gracias a todos (antiguos y nuevos seguidores) por seguir aquí y ser pacientes conmigo. Sois geniales :D
Aquí tenéis el siguiente cap. Espero que os guste! :)
Capitulo 10
Pasaron varios largos minutos antes de que Regina lograra recomponerse de nuevo y sus temblores y llantos cesaran.
La amazona, que en todo momento había estado a su lado tratando de calmarla, no había vuelto a hablar desde entonces. Sabía a ciencia cierta como se sentiría la morena y cuan desordenado seria su interior, por lo que quiso concederle todo el tiempo que necesitara para poder reordenar sus pensamientos.
- Llevo meses sin entrar en las caballerizas. - rompió el silencio Regina.- Allí fue donde… donde perdí mi corazón y me convertí en lo que soy ahora. Allí fue donde nació la mujer que todo el mundo teme y odia… - suspiró.
- No todo el mundo te teme y te odia, joven reina. - intervino Hippo. - Tu hijo te ama, Regina.
- Mi hijo ama más a Emma que a mí. Todos los años en los que le crié y cuidé fueron borrados en el momento en que se entero de quien era y de lo que había hecho. Sobretodo a su familia.
- Y aún así siempre trató de protegerte y evitar que te ocurriera algo malo. Quiso protegerte cuando aún seguía creyendo que eras la Reina Malvada y confió en que podrías cambiar cuando el resto no lo hizo. - dijo la guerrera.
- Y volví a fallarle… - susurró la morena.
- Cuando pasas tanto tiempo rodeada de tinieblas y oscuridad, es normal cometer errores. - intentó tranquilizar la guerrera. - Mi camino hacia la redención fue bastante tortuosa. Tardé muchos años en conseguir ser una persona capaz de controlar más o menos la oscuridad que trataba de controlarme. - una mirada triste se apoderó del rostro de la amazona antes de que continuara hablando. - Gabrielle. Ella fue la primera persona que confió en mí sin juzgarme. Fue como una hermana para mí. - la voz de la guerrera tembló ante el recuerdo de la que fuera su mejor amiga. - No se separaba de mí en ningún momento. Era mi pilar, mi red de seguridad. Siempre estuvo conmigo incluso cuando la oscuridad se apoderaba de mi y trataba de hacerla daño. - la guerrera trago saliva intentando eliminar el nudo que se le había formado en la garganta. - Jamás me abandonó cuando me consumía la ira y la venganza. Jamás se rindió. Siempre creyó que podría cambiar…
- ¿Que la pasó? - preguntó Regina, temerosa por la respuesta.
- La mataron. - un destello de ira brilló n la mirada de la amazona. - Fue asesinada por la misma persona que me convirtió en lo que era. Su sed de poder era tan grande que me arrebató el único trozo de tierra que me mantenía firme con tal de conseguir que volviera con él y así aumentar su poder y sus conquistas. - cogió aire antes de continuar. - No era más que su títere de mayor valor en su camino hacia la gloria.
Regina escuchó atentamente la historia de la guerrera. Una historia que la recordaba mucho a la suya propia.
- Cuando perdiste a Gabrielle… - comenzó tímidamente la morena. - ¿Cómo… Cómo conseguiste no volver a caer en las sombras?
Todo rastro de dolor o ira en el rostro de Hippo se perdió en el momento en que Regina hizo esa pregunta, dejando paso a una de las más brillantes y dulces sonrisas.
- Amor. - Regina la miró confundida. - Como dije, joven reina, Gabrielle fue la primera en confiar y creer en mí, pero no fue la última. Cuando encontré a Gabrielle comenzamos un largo viaje en el que traté de devolver, recomponer y restaurar todo lo que había sido destruido por mí. - la sonrisa de la amazona se profundizó cuando añadió: - Fue en uno de esos viajes en donde encontré el amor. Pensé que no era capaz de amar ni ser amado ya que ¿quien podría amar a alguien con tanta maldad como yo?
Regina bajó la mirada hacia sus manos que se encontraban de nuevo en su regado. Cuando la joven guerrera la había dicho que ambas tenían mucho en común jamás pensó que se trataría de tanto. Regina hubiera pensad que la joven amazona había estado estudiando su historia y leído sus pensamientos si no fuera por la sinceridad no solo de sus palabras, sino también de los sentimientos que cruzaban por su cara.
- Ella me enseño a amar y a confiar de nuevo. Me enseñó a no tener miedo a la vida ni a perder. Curó mis heridas y cosió mi corazón roto. Me trajo la luz. - explicó Hippo. - La oscuridad jamás se ira, Regina, porque todo corazón posee tanto luz como oscuridad pero el amor será quien te guíe siempre. - la joven guerrera le tomó la mano a la alcaldesa antes de continuar. - Aprende a amar de nuevo Regina, y podrás recuperar todas las cosas que una vez tuviste y las que jamás te concedieron tener.
Ya era más de medio día cuando Antíope anunció a la rubia que podrían descansar e ir a comer algo.
Salieron del campo de entrenamiento y se dirigieron hacia la cabaña que compartían Regina y Emma. Cuando llegaron allí, Hippo y Regina ya se encontraban allí terminando de preparar la comida.
- ¿Preparar la comida también forma parte del entrenamiento? - preguntó Emma mientras se sentaba en la mesa y ponía los pies encima. - Por cierto, ¿Que hay de comer? ¡Me muero de hambre!
Regina rodó los ojos antes de darle un manotazo a los pies de Emma y quitarlos de la mesa.
- No ponga los pies en la mesa en la que vamos a comer si no quiere comer en el suelo, señorita Swan. - regañó Regina. - Y levántese y ayude a poner la mesa.
- Si señora. - refunfuñó la rubia.
Emma se levantó de la silla y se dirigió a la cocina.
- Eso, señorita Swan, levántese y lleve su bonito culo a la cocina. - le susurró Antíope con un guiño cuando pasó a su lado.
La rubia puso los ojos en blanco y le dio un codazo en el estómago antes de emprender de nuevo su camino hacia la cocina.
Las cuatro mujeres pusieron la mesa y se sentaron a comer. Durante la comida, Emma bombardeó a preguntas tanto a Regina como a Hippo, siendo esta ultima la que respondió a todas.
Regina estuvo toda la comida en silencio, perdida en sus pensamientos y en la historia de Hippo. Escucharla de boca de la guerrera la hacia tener algo de esperanza en su propia redención aunque no estaba todavía muy segura de que fuera a conseguirla.
Hippo había tenido a su lado a Gabrielle y a la mujer misteriosa de la que no mencionó el nombre, que la ayudaron a ser libre y a redimirse. Pero ¿ella que tenía?
Henry había confiado en ella y le había defraudado. Y aunque el siguiera confiando y creyendo que era capaz de cambiar, no estaba a su lado en ese momento dándole el apoyo y la seguridad que necesitaba.
"Tengo a Hippo." Pensó Regina. "Pero aún así, la amistad no fue suficiente para Hippo. Ella necesitó enamorarse y que se enamoraran de ella para poder completar el cambio. ¿Y quien va a enamorarse de mí? Si Daniel viviese y viera en lo que se había convertido la odiaría como hacia el resto…" un pequeño suspiro escapó de la boca de la morena mientras, inconscientemente, dirigió la mirada a la rubia que tenía sentada justo en frente de ella.
Tenía el cabello recogido y una mirada cansada en el rostro. Pequeñas motas de polvo se situaban entorno a sus mejillas y sus labios estaban ligeramente cortados. Esos labios sonrosados que había envidiado besar cuando Antíope estaba tan cerca de la Sheriff. Esos labios que, ahora que lo pensaba, habían estado demasiadas veces a escasos centímetros de los suyos: cuando Henry se quedo atrapado en las minas, en el hospital, después de que la rubia venciera a Maléfica, cuando estaban en la tienda de Gold con su madre y Emma la amenazó con un puñal en la garganta, el otro día en el barco cuando casi los mata con el mástil…
Regina estaba tan perdida en sus propios pensamientos que no se dio cuenta de que seguía mirado fijamente a Emma hasta que la rubia se aclaró la garganta y la miro con una mirada interrogante en el rostro.
Avergonzada y con un rubor en sus mejillas, Regina se levantó de la mesa y se dirigió a la seguridad de la habitación para tratar de calmar su mente y su corazón.
Regina ya estaba sentada en la cama, de espaldas a la puerta, cuando la puerta se abrió mostrando a una preocupada Emma.
- Regina, ¿estas bien? - preguntó la rubia mientras se sentaba a su lado.
- ¿A caso le parece que no lo soy, querida?
- Has estado toda la comida muy callada y con la mirada perdida… - comenzó Emma. - No sé muy bien en que consiste tu entrenamiento espiritual y todas esas cosas pero creo que todo lo que requiera utilizar la mente conlleva mayor esfuerzo y agota más que dar vueltas a un estúpido rectángulo de arena. - Emma se detuvo considerando sus siguientes palabras. - Acordamos llevarnos mejor por Henry…
Regina levantó la mirada de su regazo y se reunió con los ojos esmeralda de Emma que la miraban con inseguridad, pero sobretodo con sincera preocupación por la morena.
- Se que no vamos a ser las mejores amigas del mundo. - continuó Emma con una pequeña risita. - Pero aquí me tienes para cuando necesites un saco de boxeo en el que descargar tu ira. ¡Solo verbalmente! - Se apresuró a añadir la rubia con una gran sonrisa en la cara.
La habitación volvió a llenarse por la risa de la alcaldesa igual que lo hizo la otra noche en la cubierta del Jolly Roger.
- ¿Solo verbalmente, querida? - preguntó juguetonamente la morena.
- Bueno, ya he descubierto dos veces que tienes un buen gancho. No creo que necesites practicar más. - respondió divertida Emma con un guiño de ojo.
- Sobre eso… - dijo Regina.
- No te preocupes. - la interrumpió la Sheriff. - Seguramente me lo merecía.
- Estaba dormida. - dijo Regina haciendo una mueca.
- Seguramente me lo merecía en algún momento y no pudiste golpearme en ese instante.- la sonrisa de Emma se profundizó.
Regina puso los ojos en blanco antes de volver a mirar a Emma con una sonrisa sincera en la cara.
- Gracias, Emma. - musitó mientras colocó su mano encima de la de Emma y le daba un pequeño apretón.
Justo en ese instante una voz sonó detrás de ambas mujeres haciendo que saltara en su sitio y se soltaran rápidamente de la mano mientras sus mejillas se sonrojaban.
- ¿Estáis listas para continuar con el entrenamiento? - preguntó Antíope ajena a lo que acababa de interrumpir.
