Capítulo 10

Las cartas de Hogwarts habían llegado justo el día en que cumplían once años, por lo que Draco había sido el primero en obtener su carta, burlándose de Harry y Dudley durante varias semanas, hasta que llegara la carta de Dudley, y un mes más tarde, llegara la de Harry. Los señores Malfoy habían tenido que soportar estoicamente a los tres niños hablar por horas de Hogwarts y todos los rumores falsos que habían escuchado de otros niños, pero finalmente, el día para ir de compras al callejón Diagon había sido fijado.

Harry, Dudley y Draco habían conseguido convencer al señor Malfoy de ir de compras con los Weasley, lo cual significaba que habían tenido que agasajar a Lucius para conseguirlo. Al final, la señora Malfoy había dicho que irían con los Weasley pero que Lucius y ella se mantendrían alejados de los señores Weasley en todo momento por el bien de los muchachos. Draco había murmurado algo acerca de pelear a lo muggle y el odio estratosférico de su padre hacia Arthur Weasley, pero Harry no había prestado verdadera atención.

Seguía carteándose con Percy, incluso a veces con los gemelos Weasley, gracias a la Lechuza Real que tenían los Malfoy; un pájaro pardo muy grande y pesado, con ojos naranjas y rayas verticales negras en la cara. Era un poco imponente, pensaba Harry, aunque también era tan elegante como los Malfoy. Harry sonrió, esperando el momento de ir al callejón Diagon con los Weasley mientras recordaba las palabras de la señora Malfoy: 'Podemos comprarte una lechuza, si ésa es la mascota que tú quieres, Harry'.

Por fin tendría su propia mascota, pensó con ilusión. Y sería nada más y nada menos que una lechuza. Dudley había estado hablando de un gato, diciendo que Harry y él podían compartir la lechuza para los mensajes y así Dudley conseguiría el gato que no había podido tener antes porque tía Petunia era alérgica a los felinos. Draco, como Harry, ya había decidido comprar una lechuza también para él, porque según las marcas en sus manos, la Lechuza Real no era muy afectiva con el niño de pelo rubio.

—Podemos esperar a los Weasley en el Caldero Chorreante, ¿no? —se quejó Draco, mirando la chimenea de mármol blanco con ansiedad. Estaban sentados en la sala de estar: Lucius y Narcissa leían sus respectivos libros, completamente relajados. O no tan completamente, se dijo Harry al ver a los señores Malfoy levantarse, dejando sus lecturas de lado.

—Bien, una cerveza de mantequilla te ayudará a relajarte, Draco. —Harry y Dudley rieron mientras Draco les daba sendos codazos, con las puntas de las orejas enrojecidas.

Estuvieron esperando un buen rato en el Caldero Chorreante, pues además de haber llegado pronto, los Weasley llegaron tarde. Harry estaba secretamente nervioso: Percy le había comentado en una de sus últimas cartas que había encontrado un libro en la biblioteca de Hogwarts que era simplemente espectacular. Harry quería escuchar más sobre ello, porque además el libro era de Transformaciones, que parecía ser una de las asignaturas más difíciles de primero.

Cuando por fin llegaron los Weasley, se pusieron en camino hacia las diferentes tiendas, todos armados con su lista de útiles y libros. Harry miró a los Weasley, un poco rezagado: había algo en ellos que no le gustaba. Ron parecía encontrarse en un perpetuo enfado debido a la presencia de Harry Potter en el grupo (no dejaba de mandarle miradas de odio), mientras que Ginny, a su lado, se limitaba a mirar a todos lados. Cada poco, Ron murmuraba algo, haciendo que su hermana pequeña le diera un codazo y se girara a reñirle.

Los señores Weasley estaban definitivamente tensos: tenían unos andares rígidos y caminaban al principio del grupo, acelerando el ritmo cada vez más. Incluso desde detrás de ellos, Harry podía apreciar la cara roja del señor Weasley. Percy, que en seguida se acercó a Harry para empezar a hablar de libros, parecía un pavo real, con el pecho tan inflado, aunque Harry no sabía la razón. Por último, los gemelos Weasley actuaban como si nada estuviera ocurriendo, charlando con Draco y Dudley y enseñándoles un artículo de broma. Harry lo dejó estar, guardando sus sospechas en su mente:

—Entonces, Percy, ¿por qué sonríes tanto?, ¿es que ha pasado algo? —preguntó Harry, sin querer hacer sufrir a Percy, que parecía llevar un cartel en su espalda con enormes letras de neón brillando y la señal de 'Pregúntame' escrita en ellas.

—Soy Prefecto. — Percy hizo un gesto extraño sobre las puntas de los pies; casi parecía estar bailando. Harry rió por lo bajo, sabiendo que a Percy le molestaría que le dijera que eso se había visto como si bailara ballet.

—Enhorabuena. Ahora sólo tienes que patrullar los pasillos del tren y ser un mini auror en Hogwarts, ¿no?

—¡No lo pintes tan mal! —soltó una carcajada. —Además, mamá y papá me van a comprar una lechuza por conseguir ser prefecto, además de por las notas del curso pasado.

—¿Y ya sabes cuál vas a coger?

—No presupongas que me he estudiado todos los tipos de lechuza sólo porque me van a comprar una, Harry. —le riñó Percy. El leve rubor en sus mejillas le confirmó a Harry que mentía: Percy y él coincidían en su obsesión por conocer todo antes de elegir. Harry también había pecado al leer sobre lechuzas, incluso sobre algunas que ni siquiera se vendían en el Emporio de la Lechuza.

—Vamos, Percy, que yo también me he leído libros sobre eso. —Percy gruñó fingidamente, lanzándole una mirada divertida a Harry. Ambos podían dar una conferencia acerca de las lechuzas.

—Mi ideal es un búho real, realmente son impresionantes, aunque si todos tienen el mismo carácter que el de los Malfoy, prefiero abstenerme. —comentó Percy. —Ni siquiera creo que los vendan en el Emporio de las Lechuzas, pero la buscaré.

—Dudo que esté; el señor Malfoy me ha dicho que su Lechuza Real la trajeron directamente de Asia. —Percy y Harry hicieron una mueca.

—Así que lo más probable es que mire por un Autillo. Quiero que sea grande, pero joven, para que pueda durarme mucho tiempo y pueda llevar todos mis encargos, sin importar lo pesados que sean. Incluso he pensado en el nombre: Hermes. —Percy miró al infinito, dando a su discurso una sensación falsa de dramatismo. Harry le sonrió:

—No hay nombre más apropiado para una lechuza, Percy. —le palmeó la espalda mientras Percy miraba al frente de nuevo y preguntaba:

—¿Y tú en qué has pensado?

—Estuve pensando en un Cárabo Lapón, pero al final veré si hay búhos nivales. Una lechuza blanca estaría bien.

—Los búhos nivales tienen mal genio, Harry.

—Bueno, la lechuza real de los Malfoy me adora, ¿por qué no iba a sucumbir a mis encantos una lechuza nival? —bromeó Harry, guiñándole un ojo a Percy. Entraron en Madame Malkin y Harry, Dudley y Draco se subieron a tres taburetes. Madame Malkin comenzó a medirles, paseando la varita por aquí y por allá. Ron, desde abajo, miraba celoso a los tres muchachos mientras su madre buscaba para él una túnica de segunda mano.

Después de conseguir las túnicas, capas, sombreros y ropa que necesitaban los tres chicos, marcharon a por los libros. Ron se había comprado su ropa de segunda mano, mientras que los gemelos y Percy utilizarían las túnicas del año pasado, que todavía no les iban cortas. Harry no dijo nada ni dejó que la tristeza traspasara su cara: sabía que los Weasley no aceptarían la lástima de nadie. Los señores Malfoy tampoco comentaron nada.

—Bueno, y respecto al libro que me dijiste, cuéntame más. —pidió Harry, de nuevo al lado de Percy. Iban peligrosamente cerca de Ron, que bufó por lo bajo. Harry lo ignoró; habían acudido a la Madriguera un par de veces tras la victoria de los Malfoy en el juicio, pero Ron no había dejado de lado las burlas veladas y su actitud enfadada hacia Harry. Lo curioso, pensó el niño de pelo negro, era que no había habido hostilidad hacia Dudley.

—¡Oh, cierto! Es el libro perfecto para los alumnos de primero: no explica ningún encantamiento de Transformaciones, sólo la teoría pura y dura. Incluso habla de la distensión de músculos, a pesar de que las transformaciones en uno mismo no se dan hasta tercero.

—Entonces, si me sé la teoría, ¿sabré hacer los hechizos? —preguntó Harry. Aquella era la duda que había tenido desde que empezara a estudiar: tenía miles de hechizos, encantamientos, maldiciones y demás en la cabeza, pero nada más que ahí. Si agitaba la varita y decía el encantamiento, ¿funcionaría o se convertiría en una voluta de humo?

—Necesitarás práctica, por supuesto, pero te será más fácil una vez comprendas los entresijos de transformar una aguja en una cerilla. La profesora McGonagall no suele hablar de estas cosas en clase porque ni entra en el temario ni suele ayudar al alumno promedio. De hecho, el libro lo encontré en la sección de Transformaciones Avanzadas, y eso es para los de séptimo.

—Tengo la sensación de que me será de mucha utilidad, Percy. Por lo que he leído hasta ahora de Transformaciones, es todo muy vago y poco explicativo.

—La profesora McGonagall dice que las explicaciones se dan cuando te preparas para la Maestría de Transformaciones. —Percy alzó las cejas, tratando de hacerle ver a Harry lo difícil que era el libro.

—Parece más difícil de lo que esperaba.

—Es que es mucho más difícil de lo que estás esperando ahora. —aseguró Percy. —Si fuera tú, me centraría en leer sobre objetos inanimados; en cuando entra con animales, plantas o ciertamente el ser humano, todo se vuelve demasiado complejo y deja de tener sentido.

—Seguiré tu consejo; no quiero terminar con el cerebro frito tratando de entender cosas que no se dan ni en séptimo. —rió Harry.

Después de comprar los libros (Ron y los gemelos utilizarían los utilizados por sus hermanos), fue el momento en comprar el caldero de peltre 2 y, finalmente, la varita. Pasaron por delante de la tienda de Quidditch, que estaba atiborrada de gente mirando el escaparate. Todos los niños menos Harry y Percy saltaron con rapidez al ver la tienda de quidditch. Se hicieron paso a través de los demás pequeños magos a empujones y llegaron hasta el escaparate.

—¿Qué pasa ahí?

—La nueva Nimbus 2.000, la acaban de sacar en junio y están todos como locos por probarla. —dijo con cierto desprecio Percy.

—¿No te gusta el quidditch?

—Prefiero disfrutar de una jornada en la biblioteca. De verdad, no entiendo por qué tanta afición por montarse en escobas y golpearse los unos a los otros pudiendo hacer algo más productivo. —se quejó. Harry comenzó a reír, cogiéndolo de la manga y arrastrándolo hacia el escaparate.

—¿No será que es un juego demasiado desordenado, Percy? —le miró por un momento por el rabillo del ojo, sin hacer caso a sus murmullos gruñones.

La Nimbus 2.000 expuesta en el escaparate tenía grabado su nombre en letras doradas al principio del mango de caoba pulido. Las ramitas de su cola eran de abedul, recogidas y seleccionadas a mano, según el cartel explicativo. Harry entendió en seguida porque los chicos babeaban: la maniobrabilidad, la velocidad, la aceleración… Era la mejor escoba del mercado, superando al resto por millas. Después de llegar a esa conclusión, Harry dejó de entender por qué la gente continuaba mirándola: no era como si fuera a volar la escoba hacia el cielo azul.

En seguida tuvo que darle la razón a Percy: aquello era fanatismo. Draco, al lado de Dudley, le comentaba todo lo que sabía sobre la Nimbus 2.000 en susurros; los ojos de los niños brillaban fuertemente mirando la escoba. Incluso los señores Malfoy se acercaron a echar un vistazo rápido a la escoba, aprovechando para enganchar a Dudley y a Draco y sacarlos de la marabunta extasiada. Fue entonces cuando todo se fue al traste:

—Si sólo los de primer año pudiéramos llevar nuestra propia escoba a Hogwarts. —se quejó Dudley. Draco le secundó en seguida, añadiendo:

—Entonces podríamos entrar al equipo de quidditch. Seguro que si entráramos a un equipo, papá nos compraría la Nimbus 2.000. —Ron, que había escuchado desde detrás la conversación, se metió, buscando pelea:

—Oh, claro, cómo papá nos compra todo. —los ridiculizó. —No entraríais a un equipo de quidditch si no tuvierais a tu padre sobornándole al capitán. —atacó. Harry frunció el ceño en un gesto idéntico al de Percy. Se estaban quedando atrás, se fijó, lejos de los oídos de los señores Malfoy y Weasley.

—Mira quién fue a hablar, Weasley, ni siquiera sabes montar en escoba. —le devolvió la pulla Draco, con los ojos entrecerrados. Dudley se removió incómodo en su sitio.

—¡Sí que sé montar en escoba!

—¡Mientes! —Draco le miró por un momento y Harry lo vio contenerse. Había escuchado al señor Malfoy decirle a Draco que dejara de alardear sobre su dinero, lo que el niño quería hacer en ese momento. Su padre le había dicho algo así como 'Alardearás de nuestro dinero cuando pruebes tu valía para mantener a la familia, Draco'. Era la clase de cosas ceremoniosas que decía el señor Malfoy. Harry creía que tenía su propio cuaderno con todas esas frases apuntadas y se las memorizaba una a una. —Eres un árbol subido a una escoba. —dijo Draco finalmente.

—De todas formas, no te hemos pedido tu opinión, Ron, así que déjanos en paz. —intervino de repente Dudley. Tenía una mirada fiera en la cara: todas las veces que habían estado cerca de Ron, habían acabado discutiendo, y ése no era día para discutir.

—Me meteré en lo que me apetezca, gordito. —le insultó Ron con tono altanero. Tenía la cara muy roja. —Y tú no eres nadie para decirme lo que debo hacer.

—Ron, cesa tu comportamiento ya. —Percy avanzó unos pasos y se colocó entre Ron y los niños de Malfoy. —Y discúlpate con Dudley.

—¿O qué? ¿Se lo dirás a mamá? —le ridiculizó también a él. Dudley bajó la mirada al suelo y se fue, siguiendo al grupo. Harry sintió la ira subir por las venas: ¡Había insultado a Dudley! —No me pienso disculpar, Percy, porque no he dicho ninguna mentira. Dudley es gordo, Malfoy un imbécil petulante y Potter tiene la cara deforme por la cicatriz.

Harry saltó repentinamente sobre Ron, cayendo ambos al suelo. Draco no tardó en unirse, forcejeando mientras atraían más y más la atención. Harry recordó como algo lejano lo que el señor Malfoy le había dicho acerca de pelear a lo muggle y montar un escándalo en la vía pública, pero lo retiró de su mente sin dedicarle un segundo pensamiento. Ron se había pasado insultando a su familia: Draco se tenía demasiada autoestima como para que algo de lo que Ron había dicho le hiciera verdaderamente daño, y a Harry hacía tiempo que le había dejado de importar lo que saliera de la boca del pelirrojo, pero Dudley, pese a su complexión fuerte y sus maneras rudas, era muy sensible a las críticas.

—¡Retira lo que has dicho, Ron! —Ron alcanzó a darle un manotazo en la cara antes de que Harry le clavara la rodilla en el estómago. —¡Retíralo, he dicho!

Y de repente, se sintió empujado hacia atrás con fuerza. Salió disparado y aterrizó en el suelo empedrado sobre su espalda, haciéndose un poco de daño. Se recolocó las gafas, mirando a su alrededor. Draco también estaba tirado en el suelo, aunque Percy había logrado cazarlo parcialmente, manteniéndolo asido por la túnica negra que vestía para esa ocasión. Ron, con la cara roja, se levantaba del suelo, recolocándose la túnica.

De repente, una mano le cogió de la túnica y le levantó. Por lo fuerte que parecía, Harry temió que fuera el señor Malfoy. Giró la cabeza hacia arriba, descubriendo efectivamente al señor Malfoy. Tenía una cara de enfado monumental, como cuando se había roto el jarrón chino. Harry temió que fuera a gritarles en medio del callejón Diagon: ya se habían acercado los primeros curiosos a mirar. Harry y Draco se miraron con pena: el señor Malfoy siempre era más estricto que los demás padres.

—Harry, Draco, ¿qué hablamos sobre pelear? —la voz del señor Malfoy era tan suave que daba incluso más miedo que cuando les gritaba en la intimidad de su casa. A fin de cuentas, los Malfoy siempre se comportaban de forma respetable fuera de casa.

—Lo sentimos mucho. —dijeron al unísono Harry y Draco. Miró de reojo a Ron, que sonreía satisfecho al verlos en problemas. El señor Malfoy les traspasó con la mirada durante unos segundos hasta que los muchachos dijeron, —No volverá a ocurrir.

—Eso espero. Dudley parece ser el único capaz de comportarse dignamente de los tres. —Harry y Draco se sonrojaron hasta la punta del cabello. El señor Malfoy soltó la túnica de Harry y avanzó a grandes pasos hasta Ron, que palideció de un momento a otro, pero mantuvo su pose desafiante. —Respecto a usted, señor Weasley, si sabe lo que le conviene se disculpará de inmediato con Dudley y dejará de molestar a mi familia.

—¡No tengo por qué- Au! —se quejó Ron al recibir una colleja de Percy.

—No se preocupe, señor Malfoy, Ron ya va a disculparse. Lamento mucho lo ocurrido; Ron dijo algunas cosas ofensivas sobre Draco, Harry y Dudley. No castigue muy severamente a Draco y a Harry, —le pidió Percy. — ellos sólo se dejaron llevar por el momento.

—He educado a mis hijos para que se comporten mejor que eso, señor Weasley, pero agradezco su sinceridad. —respondió el señor Malfoy. La mirada peligrosa continuaba en sus ojos, después de unos momentos de perforar a Ron, cayó sobre Harry y Draco, que se removieron incómodos. —Por ahora, continuemos con las compras.

Los señores Weasley, junto a Fred, George y Ginny aparecieron en ese momento, con Ginny tirando de su madre para que fuera más rápido. Por suerte, se habían perdido todo el espectáculo y sólo alcanzaron a ver al señor Malfoy sermoneando a los tres niños. La señora Malfoy permanecía con Dudley a un lado, que miraba con hostilidad a Ron, aunque también con algo de tristeza. En cuanto vieron al señor Malfoy dirigirse a Ron, la señora Weasley se adelantó y cuestionó con voz peligrosa:

—¿Qué ha pasado, señor Malfoy? —llevaba las manos en las caderas. Ron se protegió detrás de ella, avergonzado, mientras Percy se adelantaba al señor Malfoy:

—Ron empezó a molestar a Harry, Draco y Dudley y a insultarles, mamá. Luego se empezaron a pegar a lo muggle. —la señora Weasley miró a Ron, detrás de ella, que le envió una mirada angelical. Frunció el ceño y, antes de que pudiera decir nada, el señor Malfoy se giró y le dijo:

—Espero que castigue a su hijo como es debido, señora Weasley. Manténgalo alejado de mi familia hasta que sepa controlar esa lengua venenosa que tiene.


Nota: ¡Ah, simplemente adoré la pelea! ¿Ustedes no? Fue bastante buena, creo :/ Bueno, que nadie culpe a Ron, si yo hubiera sido él, lo más probable es que también hubiera hecho. ¿No es injusto que unos puedan tener todo y los otros nada? Si después de comprar todo de segunda mano aparece un niño quejándose de no poder llevar escoba a Hogwarts en primero y algo sobre comprar una Nimbus 2.000, yo al menos le pegaría XD

Este capítulo en especial me agradó. Ya ven que Harry no se va a quedar tristón por todo lo que va a pasar con el Señor Oscuro; y también es un poco come-libros, pero no tanto como Hermione, creo (no va a intentar lucirse en las clases como ella hacía).

Los señores Malfoy siguen siendo los señores Malfoy, a pesar de que ahora están en el mismo lado que Dumbledore y sus aliados y 'deberían' llevarse bien con los Weasley. Obvio, no se están pateando traseros entre ellos, pero se nota la tensión en el abiente, ¿no? Y Percy anda por allí de mediador y angel de la paz, intentando mantener el día en la caracterización de 'bueno'.

Respecto a Dudley, me gusta la idea de que sea muy fuerte físicamente, pero que sea tan sensible a las críticas. Todos tienen que tener su punto débil, y me gusta que Dudley se muestre así de humano, sin dejarse llevar por la ira. Es algo que he visto que pasa: gente que es insultada y en vez de insultar de vuelta se sienten mal y se marchan. Una reacción peculiar, pero una reacción a fin de cuentas.

Bueno, ahora sí, reviews:

liziprincsama: quedan dos o tres capítulos para que lleguen a Hogwarts :D
¡Gracias por leer! :D

Guest: ¡NOOOOO! Los señores Malfoy estarán juntos hasta el fin de los tiempos, no quiero hacer algo tan... Romántico y todo tan enrevesado, es decir, nada de todo el mundo con todo el mundo ni de poner a todas las chicas de Hogwarts en una relación fugaz con Harry. Ya sabes, anda de mujeriegos en mi historia.
¡Gracias por leer! :D

Mary: ¡Oh, gracias por pasarte por mi perfil! Demuestra que te gusta la historia, ¿no? No te preocupes que este fic va a durar muuuuuucho tiempo...
¡Gracias por leer! :D

mar91: No puedo decir si estás o no equivocada, me haría sentir mal tanto si tienes razón como si no XD Y así se le añade más emoción a la trama, ¿no crees?
¡Gracias por leer! :D

Bueno, antes de terminar, por favor, dejen lo que sea que va a pasar entre Snape y Lucius de lado, no va a suceder hasta después de muchos capítulos y no merece la pena que se destruyan la cabeza pensando en esas cosas porque no les voy a dar respuesta de 'sí, tu teoría es correcta' o 'no, tu teoría es incorrecta'. Cuando llegue el capítulo, les remitiré a lo que pasó en el capítulo 9 y les haré un resumen si no tienen tiempo o ganas de volver a leerlo, para que todos lo pillen :D

Saludos,

Paladium