Capítulo 10: El plan

Uno de los inspectores del colegio agarra a Sarah por el brazo y le dice – Srta., si no entra ya mismo a clases tendré que dejarla afuera- Sarah camina en dirección a la entrada, voltea y se despide de Joe con la mano, él responde con la misma seña y se queda parado viéndola entrar. Sabía que esa tarde sería su gran oportunidad con ella, tenía que hacer algo para que fuera un día inolvidable, pero no quería moverse de donde estaba, tenía tantas ansias de verla de nuevo que sentía que podía esperar todas las horas necesarias en ese mismo lugar hasta que ella saliera del colegio. Pero Kevin interrumpe sus pensamientos, se acerca a Joe y le toca el hombro
-Bueno Joe, no te vas a quedar parado toda la mañana ahí, vamos- dice Kevin apurando a su hermano.
-Se me acaba de ocurrir una idea –le dice Joe con el rostro iluminado.
-¿Qué estás tramando ahora, hermanito? –le pregunta Kevin intercambiando una mirada cómplice con Joe.
-Necesito que me ayudes, quiero sorprender a Sarah- pide Joe con una cara de ternura imposible de rechazar. Kevin lo mira curioso y le dice -¡Qué loco te trae esa chica! Está bien, te ayudaré pero tenemos que estar de vuelta para cuando salgan de clases porque quiero ver a Anto- responde Joe poniendo cara de enamorado. Joe solo se ríe y le dice –Obvio hermano, esa es la idea.

Mientras, las chicas empiezan su prueba, muy nerviosas comienzan a contestar las preguntas, pero pronto se dan cuenta que no es difícil. Kevin y Joe les enseñaron todo lo que necesitaban saber para obtener una buena calificación. Eran los últimos días de clases y por la misma razón iban al colegio a rendir los exámenes y se retiraban a su casa. Cuando terminaron de contestar la prueba salieron al patio y se sentaron en una escalera.
-¿Cómo te fue en la prueba?- le preguntó Sarah a su amiga a lo que Antonella le responde –Bien, muy bien ¿y a ti?
-También, creo que son buenos profesores- respondió Sara riendo.
Pasaron unos minutos conversando animadamente de los chicos, de su música, de lo amables que habían sido con ellas y del episodio ocurrido con Sarah, Joe y el inoportuno inspector.
Sonó el timbre que anunciaba la salida de los cursos y las amigas se dirigieron a la puerta. Mientras caminaban:
- Voy a llamar a Joe para ver dónde está- dijo Sarah buscando su celular en el bolso.
-Kevin me dijo que nos volveríamos a ver- dijo Anto ilusionada, pero pronto su expresión cambió a tristeza cuando agregó- pero no me dijo cuándo.
-¿Joe?- dijo Sarah al teléfono
-Hola mi bonita ¿Cómo estás?- respondió Joe al otro lado de la línea.
-Bien, estoy saliendo del colegio ¿y tú dónde estás?- preguntó Sarah mientras agarraba a Anto por el brazo obligándola a seguirla hacia la salida.
-Mmm… ¿Por qué no me buscas y lo descubres?- le respondió Joe coquetamente.
-¡Ay, danger! Tu siempre tan misterioso- exclamo Sarah riéndose.
-No me llames así- respondió Joe con voz aguda- Ya te dije, dime mi vida, mi amor, mi sol, como quieras- terminó riendo. Sarah también rió - ¡Ya! Dime dónde estás –insistió Sarah.
-Busca un hombre con bigotes, vestido con un abrigo largo y negro, con gafas de sol oscuras y un sombrero- respondió Joe cortando la comunicación.
-¿Qué?- dijo Sarah al aire, algo confundida, salió por la puerta principal del colegio mirando hacia todos lados, hasta que lo vio. En una esquina estaba parado Joe, apoyándose contra una muralla de una casa. Sarah apuró el paso acercándose hacia él, pero un niño pequeño la detuvo agarrándola del brazo –Toma, esto te lo envía el hombre que está parado en esa esquina- dijo el muchacho apuntando hacia dónde se encontraba Joe. Sarah sonrió y agradeció al pequeño. Luego, leyó el papel que el pequeño le había entregado: "Preciosa, sólo sigue las pistas, no vengas hasta a mi aún, te esperaré en el final. Da la vuelta a la esquina y revisa el viejo roble. Joe". Sarah sonrío y miro al lugar donde estaba Joe, pero ahí ya no había nadie. Se asustó un poco, pero decidió seguir el juego. Se encaminó hacia la esquina y al llegar pudo ver el viejo roble, se acercó y lo examinó curiosa, le dio la vuelta y encontró una notita pegada en el. "Sigue caminando en línea recta, encontrarás una casa salmón y una señora estará esperándote en el jardín". Al arrancar la nota vio que el árbol tenía tallado un corazón y dentro de él las iniciales "S&J". Sonrió emocionada y siguió el camino hasta encontrar la casa salmón. En efecto, una señora arreglando el jardín se encontraba en ella. Sarah se quedó mirándola – Tú debes ser Sarah ¿no?-preguntó la señora mirando a la chica. Sarah asintió con la cabeza y la señora entró a la casa. Cuando volvió llevaba en las manos un enorme ramo de rosas y se lo entregó –Un muchacho de negro me pidió que te diera esto- Sarah le agradeció, tomó torpemente las rosas y encontró en ellas una nueva nota. "Espero que te gusten las rosas. Devuélvete dos calles y encontrarás un negocio, allí el dependiente te dará una nueva pista". Sarah ya se estaba cansando del juego, luego de este, todo el vecindario se enteraría de quién era ella y de que tenía algo así como un enamorado secreto, se sintió avergonzada y rogando porque esa fuera la última sorpresa emprendió camino. Mientras caminaba, iba pensando en la locura que estaba haciendo Joe, en realidad era bastante original, a ella no se le hubiese ocurrido convencer a tanta gente de hacerse partícipe de una sorpresa. Cuando llegó al negocio se acercó tímidamente al mostrador y le dijo al dependiente –Disculpe, me dijeron que viniera a recoger algo aquí- a lo que el dependiente le responde- ¿Sarah?- la muchacha sonríe asintiendo y el dependiente le devuelve la sonrisa- Espera un momento- le dice a la chica mientras busca en la vitrina- Toma, esto lo compró un chico vestido de negro y me dijo que te lo diera a ti- dijo el dependiente entregándole una caja de bombones con una nueva nota. Sarah, nerviosa, arranca la nota de la caja y la lee. "Supe por ahí que te gustaban los chocolates. Camina hasta la plaza y no olvides mirar hacia los juegos". Sarah pensó –La plaza… está a una cuadra de acá, veamos que sigue- y emprendió camino hacia el lugar propuesto por Joe. En cuanto llego a la plaza no vio nada extraordinario, habían muchos niños corriendo y de pronto recordó "no olvides mirar hacia los juegos" y dirigió sus ojos a ellos, en ese lugar se encontraban 11 niños con camiseta blanca, se acercó a ellos y mientras lo hacía uno de ellos gritó -¿Tú eres Sarah?- la muchacha sorprendida asintió con la cabeza y los niños se dieron la vuelta. Sarah no podía creer lo que estaba viendo, en cada una de las camisetas había una letra pintada, los niños estaban formados y se leía en ellos "Me encantas". Sarah estaba muy emocionada, no sabía si reír o llorar, Joe esta vez se había pasado, era tan adorable con ella, no quería despertar de ese sueño jamás. Estaba parada sin saber cómo reaccionar en cuanto siente que una manos cubren sus ojos y estremeciéndose al contacto pregunta -¿Joe?.