CAPITULO 10.- REVELACIONES

La niña se aproximó hasta el menor, las heridas sangraban en abundancia y al parecer tenía la muñeca rota, pese a ello ninguna lágrima emanaba de sus ojos, estos perdidos en la nada, no parecían tener emociones humanas.

-No debes hacer enojar a papá- Le dijo ella limpiándole el rostro sucio y sudado- Él te quiere, pero…

-Victoria, ven conmigo- Ordenó una mujer que permanecía al pie de la puerta.

-Si, mamá.

Sebastián le reconoció, era Ángela, la esposa del hombre que se hacía llamar su padre; la pequeña que gustaba de llamarlo hermano, acudió al lado de su madre, le tomó de la mano y como todas las noches cerraron la habitación con llave.

Sin importar cuanto lo intentará, no podría escapar, ni esa, ni ninguna otra noche.

Odiaba ese lugar, odiaba a ese maldito que se hacía llamar su padre y que le golpeaba todos los días sólo porque no era el mejor en todo. Golpeó con furia la pared lateral del oscuro cuarto sin ningún mueble. No lo entendía. ¿Por qué quería que fuese el mejor todo el tiempo?, simplemente no podía, no había podido asesinar a esos niños, eso era malo, pero matar también lo era…

No importaba cuanto se esforzara, el jamás se convertiría en lo que debería… un demonio, de negro corazón.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

Ciel abrió los ojos, primero el izquierdo, después el derecho…la cabeza la dolía, tenía nauseas y…las imágenes le vinieron en oleada, Ángela, seguramente le había llevado hasta ahí.

Ese lugar le era conocido, era un cuarto cerrado sin ventilación, tan oscuro que no podía ver siquiera su mano, aunque escuchaba su respiración, el silencio lo volvería loco en poco tiempo, de niño casi lo consiguieron…

¿Pero qué hacía allí?, ¿Por qué le habían llevado?; era la primera vez que le atacaban desde que se unió a la Organización, eso significaba que…

-Ese infeliz…- Seguramente Lau le había traicionado, y ahora iba a morir.

Recordó las razones por las que se unió a la Organización que el dirigía, no había sido porque quisiera, simplemente no había tenido elección. Incluso cuando consiguió escapar de ese lugar, ellos le siguieron e intentaron matarle en el hospital en el que la policía le había internado, un médico y dos enfermeras murieron en esa ocasión; durante los siguiente días vagó por la calles sin rumbo fijo, la noche de Navidad estuvo a punto de morir, pero entonces ese muchacho lo mantuvo caliente con su cuerpo, al día siguiente el chino llegó a recogerlo, le cuidó antes de enseñarlo todo lo que actualmente conocía.

Le dieron clases de computación, sicología, arte, ciencias, matemáticas, venenos, actuación…prácticamente no hubo campo que no exploraran, todos y cada uno de ellos le fueron enseñados. Le explicaron de que se trataba aquello, primero practicó con animales, asesinó perros, gatos, ratones… hasta que llegó un momento en el que la muerte no tenía sentido, al menos no para él. La primera vez que mató a una persona debía de tener 7 años…la besó, ese era el método más sencillo; los venenos eran su especialidad, estaba consciente de que no era un chico fuerte ni nada que se le pareciere, así que se valía de métodos sutiles.

Ese fue el primero de muchos, luego sólo sentía indiferencia…

Juró venganza contra aquellos que le habían llevado al borde de la desesperación y durante años trabajo bajo tal idea, si él moría, no le importaría a nadie, no tenía nada que perder y mucho que ganar…

Pese a sus múltiples esfuerzos, su progreso fue casi nulo… no conocía los rostros o siquiera las razones detrás del asesinato de su familia, tenía algunas teorías, pero nada que le diera verdaderas esperanzas. Hasta que llegó Sebastián, Lau le dijo que quizás encontraría algo que le beneficiara, así que se entregó al trabajo como siempre… Ahora, sabía que él era parte de todo, una red de mentiras se había tejido a su alrededor, y tontamente él fue atrapado en ésta.

Sebastián era el hijo de Albert Michaelis, su madrastra se llamaba Ángela y el había sido una de las personas que le lastimaron desde el principio, no fue mas que una mentira. Eso decía la carta que Lau le había enviado, tras una pequeña investigación por su cuenta lo había confirmado.

Cuando estaba junto a Sebastián se sentía seguro, incluso feliz…le hacía sentir como si realmente valiera la pena vivir, que alguien le necesitaba; quizás por ello dolía tanto saber la verdad. Morir estaba bien, se lo merecía, además estaba cansado de luchar por una venganza que nunca estuvo siquiera cerca de conseguir, estaba verdaderamente cansado.

Cerró los ojos y se abrazó a si mismo, lo que tuviera que pasar, lo esperaría, tenía muchas preguntas, pero al parecer tendría que quedarse con las dudas.

-¿Por qué yo?- Inquirió hacia la nada.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

Sebastián se dejó llevar por la joven que pese a que no existía ningún tipo de lazo sanguíneo se decía llamar su hermana. Esta misma le sonreía todo el tiempo, le apretaba la mano y de vez en cuando le daba uno que otro beso.

-Lamento tanto que seas mi hermano- Le comentó, mientras ambos bajaban del auto.- De lo contrario ambos…

-No somos hermanos- Negó contundentemente- Si esa mujer fuera mi madre, sería mejor no haber nacido- En su voz se reflejaba la apacibilidad, no deseaba mostrarse impulsivo; no era el mismo que años atrás.

-No seas tan duro con mi madre, ella sólo quiere lo mejor para nosotros a su manera, además todo esto es por culpa de ese niño, ¿Verdad?

-Ciel.

-¡Lo sabía!- Exclamó emocionada aplaudiendo con alegría- Te llevo a donde él, así que sólo queda esperar un poco más antes de reunirse. Ten calma, querido.

El automóvil siguió avanzando, pronto la vista de los edificios fue reemplazada por la de los bosques del campo, el invierno estaba a punto de llegar a su fin, pese a ello la escarcha aún decoraba los árboles.

-¿Dónde lo tienen?

-A unos cuantos kilómetros de la ciudad, si quieres esconder algo, hazlo en el último lugar en que esperen encontrarlo.

-La familia Christin- Murmuró, era un matrimonio anciano sin hijos; ocupaban los primeros lugares en las subastas a favor de obras caritativas, dirigían diversos orfanatos y apoyaban causas benéficas, no sólo a nivel nacional, sino a nivel mundial.

-Ellos desean ver el despertar del demonio. Su casa es segura. Después de todo, ¿Quién sospecharía de una respetable pareja de ancianos?

Los había visitado en una que otra ocasión, sabía que estaban próximos a llegar. Examinó con detenimiento la situación, no tenía ningún arma consigo, no le había avisado a nadie a donde iría, tendrían un fuerte sistema de seguridad…prácticamente no tenía ninguna oportunidad de rescatar a Ciel, ni siquiera la certeza de que él estuviera ahí. Sin importar que todos los factores estuvieran en su contra debía continuar, no se consideraba tan estúpido como para creer en las corazonadas del, pero algo dentro de si le decía que esa sería quizás la última oportunidad de volver a verle.

El automóvil se estacionó, el chófer les abrió la puerta y siendo sostenido por el brazo de la menor entraron a la propiedad, por dentro la casa transmitía una sensación acogedora, muebles de roble con acabados finos, adornos exquisitos, objetos de incalculable valor, sirvientes preparados para recibirlos. Pero tras pasar por el salón principal, fue guiado hasta un sótano o al menos eso parecía, debajo de esta se encontraba un segundo piso, y aunque Sebastián no lo supiera, también había un tercero, cuarto y quinto. Dentro del segundo la decoración sufría un cambio radical, paredes de un inmaculado blanco, cuartos resguardados mediante fuertes sistemas de seguridad, cámaras que vigilaban hasta el menor movimiento; nada nuevo hasta el momento, es decir conocía que había lugares como esos por todo el mundo.

Dieron paso a una última habitación, y le vio...

Entonces recordó lo que desde hace mucho sabía, la primera vez que le había visto hacía tanto tiempo...

La sangre le escurría por los dedos al sostener el cuchillo con las manos temblorosas se había producido numerosos cortes, cada vez que conseguía que uno cicatrizara, se abría otro más.

-Lo has hecho bien, Sebastián- Le dijo su padre a modo de felicitación, habría esbozado una sonrisa, sino le odiará tanto.

-Lo impuro debe ser eliminado- Corroboró su madrastra Ángela, vendándole la mano; si la hubiese apartado tal y como era su deseo le hubiera abofeteado, así que sencillamente se dejó curar con expresión indiferente.

Tenía quince años, había tenido muchos tiempo para aprender lo que sus padres esperaban de él. Continuó caminando al lado de ellos, no sabía a donde se dirigían; era la primera vez que rompían la rutina...al menos aquella en la que tenía que asesinar un niño por semana.

-¿A dónde vamos?- Se atrevió a preguntar, un tanto temeroso.

-A verle…a uno de los elegidos, de los 7 elegidos…- Le contestó Ángela

-Siete.

-Sólo uno será el correcto- Agregó su padre-. El que sobreviva y sea capaz de cualquier cosa por su vida será el elegido.

Guardó silencio, no comprendía, pero bien sabía que no tenía caso preguntar, de todas formas no le responderían. Simplemente continuó al lado de ellos. Llegaron hasta una habitación oscura, tan oscura que no podía ver siquiera sus manos, las luces fueron encendidas…los quejidos por el inesperado resplandor del ocupante atosigaron sus oídos.

-Éste es uno de los elegidos- Le dijo su padre señalando a un pequeño y delicado niño que yacía en el suelo abrazado al cadáver de un muchacho no mayor de 13 años, la cara no podía vérsele oculta entre el pecho del muerto. Sebastián le observó fijamente, era especialmente delicado y estaba tan delgado.- El primero que hemos elegido- Continuó su progenitor pegándole al pequeño un bastonazo para que levantara la cabeza por puro instinto este lo hizo- Es un descendiente directo de los Phantomhive, sus padres lo sabían pese a ello intentaron mantenerle oculto.

-No… no me hagan… daño- Musitó el pequeño llorando con efusividad. Sebastián se sintió conmovido ante la imagen, tenía tantas heridas y era tan pequeño, cuatro a lo sumo cinco años le calculó, tendría que matarlo… el tendría que…

-Aún no ha llegado el momento, antes que nada debemos comprobar que sea el adecuado- Le escuchó decir a Ángela.- Sólo hemos venido a presentarte a tú presa y llevarnos esta cosa…- Observó con repugnancia el cuerpo inerte al que aún se aferraba el pequeño, con una seña le indicó a un guardia que se ocupará del mismo.

-¡No se lo lleven!- Gritó el chiquillo cuando le patearon, arrojándole hasta un extremo de la habitación- ¡Él tiene que despertar… él tiene que…!- Una serie de certeros golpes lograron acallarle, aunque sus gemidos ahogados indicaban cuanto se esforzaba para no llorar.

La última imagen que Sebastián se llevó fue la del niño abrazándose a si mismo, cerraron la habitación nuevamente encerrando con ello no sólo al pequeño, sino también sus desgarradores gritos.

-Lo que has hecho bien hasta ahora, querido- Ángela le pasó la mano por el cabello en un gesto maternal- no ha sido más que practicar, cuando el momento llegue, te daremos al niño elegido y entonces…

-Le mataré.- Concluyó mirando por un segundo el cuarto cerrado- Yo le mataré.

Ciel yacía acostado sobre una mesa atado de pies y manos, estaba imposibilitado para moverse; entonces lo supo, ese niño no era el arrogante pequeño que recordaba hacía un mes atrás, sus ojos carecían de brillo, su cuerpo de orgullo y su voz…

-Sebastián… - Pronunció el chiquillo como si esperase verlo- Has venido…- Y le sonrió, sus labios denotaban la tristeza y amargura de las cuales sus ojos no eran capaces de expresar.

-Ciel…yo…

-Ella me lo ha dicho todo, ahora entiendo por qué me paso esto a mí o al menos lo que ellos creen.

-¿Acaso no es un niño encantador? – Concluyó Ángela.

Estaba de pie al lado de Ciel con el cuchillo que sostenía le abrió una pequeña herida en el brazo derecho.

Ciel se quejó, en realidad era todo lo que podía hacer, le habían aplicado una droga que le impedía moverse. Podía observar y escuchar…sólo eso.

-¿Sabes cuánto tiempo me ha llevado preparar todo esto, sobre cuando asesinaste a tú propio padre y echaste abajo su trabajo de años. Pero hemos trabajado muy duro y los hemos encontrado…7 niños que llevan la sangre de los Phantomhive, diferente edad, sexo, religión, condición social…los encontramos a todos; a cada uno de ellos hasta él - La mujer le pasó las manos por la mejilla a Ciel produciéndole escalofríos que el menor no se esforzó en disimular.

-¡¿Entonces por qué encerrar a tantos?! ¡¿Por qué me obligaron a matarles?!- Gritó Sebastián exasperado corriendo hacia la mujer-Yo maté a tantos niños por nada…

-Práctica- Le contestó Victoria reuniéndose con el resto- El demonio más poderoso no necesita de sentimientos ni emociones humanas, sólo requiere de…

-Las almas de personas malvadas- Completó su madre- No, de niños cuyo corazón sea impuro y, ¿Qué alma es más sucia que aquella que sólo vive para vengarse consumida por el odio…?

-Esos niños…-Musitó el mayor abrazando a Ciel, no podía permitir que él también muriera, no pudo hacerlo en ese entonces ni podía hacerlo ahora.

Ya lo había salvado hace ocho años, podía hacerlo otra vez.

Dos noches después de ver a aquel pequeño mató a su padre, le ayudó a escapar e hizo todo cuanto pudo por mantenerlo a salvo. Hasta este día continuaba preguntándose el por qué se había esmerado de esa manera por salvar la vida de un niño al que sólo vio un par de segundos, ¿Compasión, piedad, culpa, lástima… o amor? Quedó prendado de Ciel desde el primer momento… y ahora…

-Sólo estaban siendo preparados- Refutó Victoria.

-Fueron un ensayo- Prosiguió Ángela, extasiada de la emoción.- Siete es el número que representa la perfección, lo completo, lo limpio…Y éste es el séptimo Phantomhive, aquel ser cuya existencia esta destinada a morir, un descendiente directo de esa deshonrosa familia. Y con esta daga debes matarlo- La mujer tomó las manos de Sebastián y le colocó la daga- el demonio que esta dentro de ti despertará cuando le hayas dado muerte, un renacer puro, limpio, blanco… ¡El sueño de tú padre! ¡No! ¡Nuestro sueño!

-Si no lo haces…tú habrás de morir- Acusó Victoria apuntándole con una pistola a una corta distancia- Hay mas personas dentro de esta habitación que tienen la orden de disparar, sino le matas en tres minutos. Es todo, hermano. Tú vida o la de él. En caso de que no seas capaz, significa que tú no eras aquel al que buscábamos, todos nuestros esfuerzos habrán sido en vano y entonces le daremos muerte a Ciel y a ti también. Pero confío en que tu eres aquel demonio al que buscábamos, eres…- La voz se le quebró a la joven en ese punto impidiéndole continuar.

Tomó la daga entre sus manos, no podría matarlo, ambos habrían de morir si ese era el caso, pero él no le mataría.

Sintió la punzante mirada de Ciel fijamente, giró hasta él enfrenándose a esos ojos cargados de lágrimas y nuevamente el niño le sonrió con amor.

-Esta bien- Le dijo en voz baja, un murmullo que apenas y rasgaba el silencio- No esta bien que ambos muriéramos, conmigo es más que suficiente. Ya me salvaste dos veces, ahora lo recuerdo.

Era cierto, le había olvidado por mucho tiempo...preferían encerrarse sólo en los recuerdos dolorosos y enterrar aquellos que le daban cierta esperanza, pero ya no tenía tiempo para eso.

Se lo habían llevado, a ese chico que durante días había estado en la misma habitación con él; supo que estaba muerto desde el instante en que dejó de responderle, pero no quería aceptarlo. Cuando las personas morían, simplemente cerraban los ojos y no respondían mas, por más que les llamaras, incluso a gritos, ellas no escuchaban… Había llamado a gritos a sus padres, pero ellos jamás acudieron con él… no quería morir, no quería dormir por siempre… Lloró y se abrazó a si mismo en un intento de darse el calor que le habían arrebatado.

-¡Vámonos, rápido!- La puerta se abrió como en ocasiones anteriores, el miedo le paralizó y cerró los ojos en espera del inminente golpe que siempre le daban, mas nunca llego. Alguien le tomó en brazos y cargó, tenía miedo… esa persona le dijo que se tranquilizara, que todo iba a estar bien; asustado oculto el rostro en el pecho de quién le transportaba, no sabía por qué, pero sentía que no le haría daño, con él podía estar a salvo... perdió la conciencia segundos después.

-¿Quién eres...?- Inquirió con la garganta reseca, estaba recostado en una superficie suave, sin duda alguna no era el frío y duro suelo al que se había acostumbrado.

-Yo soy Sebastián.- Le contestó la silueta que cada vez comenzaba a borrarse más.

-Tengo miedo de cerrar lo ojos…si los cierro jamás despertaré.

-Vas a despertar, te lo prometo.- La sombra le acarició la cabeza, le agradaba…

-Cuando despierte… ¿Vas a estar junto a mi?

-Por supuesto- Le dio un beso en la mejilla- Yo siempre voy a estar junto a ti.

-Yo soy Ciel…- Alcanzó a decir por último antes de caer en los brazos de Morfeo.

-Me mentiste- Comentó ironizando las palabras- Cuando desperté en el hospital, ya no estabas ahí… te habías ido.

-Tenía cosas de las que encargarme, como asesinar a mi padre- Contestó con sarcasmo besándole la frente.

-Entonces… Aquel chico que me salvó en Navidad…

-También era yo, te perdí el rastro por unos días, pero…- Las lágrimas mojaron el rostro de Ciel, ese idiota estaba llorando otra vez por él.

-¿Siempre supiste quien era yo?- Cuestionó el pequeño tomando con esfuerzo la daga entre sus manos, la colocó en manos de Sebastián y junto a las suyas la aproximó hasta su corazón- Siempre…

-Quería protegerte, pero…

-No se puede proteger a quién no quiere ser protegido, yo no lo habría entendido, aún si me lo hubiera contado, yo… ¡Mátame! No quiero que sufras más por mí. ¡Hazlo! Incluso creo que me harías un favor.

-Ciel ¿Sufres tanto como para…? - El niño le sonrió una vez más.

-No digas tonterías y hazlo. Toma venganza en mi nombre, aun cuando este muerto no olvidaré lo que ellos me hicieron…

-¡No lo haré!- Arrojó lejos de si la daga, cayendo a los pies de Ángela.- ¡Si debo de morir, lo haré contigo!- Abrazó con fuerza al pequeño cuerpo.

-Lo lamento hermano, en verdad lo lamento- Fueron las últimas palabras en salir de los labios de Victoria antes de apretar el gatillo. Cerró los ojos con fuerza en espera de lo irrevocable, lamentaba el que Ciel tuviera que sufrir más al verlo morir, pero lo protegería hasta el final, a costa de su vida.

-Eres un idiota…- Le susurró el chiquillo al oído apretando también los ojos, pero más allá del sonido del arma al ser disparada no pasó nada…

-Los humanos son en verdad interesantes…

-¡Cállate!

Esas voces eran las suyas, sin lugar a dudas… una pertenecía a Sebastián y la otra a Ciel.

-Como humano si que pierdes agilidad – Comentó entretenido ante aquel Sebastián tan débil.

-¿Usted cree? – Respondió el demonio.

Ciel abrió los ojos, apartó a Sebastián para explicarse lo que pasaba.

-Esto es…- La droga que le habían dado realmente tenía efectos secundarios graves.

A su lado no sólo estaba Sebastián vestido con un peculiar traje negro, sino también él mismo con una indumentaria extraña. Eran ellos, sin duda alguna.

-¿Qué pasa aquí?- Cuestionó Sebastián bastante sorprendido, se puso de pie para verles de cerca- Ustedes son…

-La esencia que reside dentro de ustedes…- Comentó Ciel o al menos la figura de él, la que mantenía el gesto altanero que desde siempre le había caracterizado, pero mucho mas imponente que la del niño sobre la mesa- Somos la parte condenadas a estar malditas por toda la eternidad, naciendo una y otra vez hasta que…- El Ciel vestido al estilo victoriano camino hasta el chiquillo, se sentó a un lado, sobre la mesa y le lanzo una mirada de indiferencia.- Esta es mi actual reencarnación, es la primera vez que renazco dentro de un descendiente, bastante curioso...

-Yo no tengo descendientes directos- Opino el hombre vestido como mayordomo- pero este hombre realmente se parece a mi- Tomó el mentón de Sebastián examinándole con una sonrisa, el segundo le reconoció, aquella forma que usaba para engañar a las personas- En definitiva tiene mi perfil.

-Me alegra escuchar que te guste tú "yo" actual; con que no sea tan cobarde como tú; me doy por satisfecho.

-Eso no es muy amable de su parte, Joven Amo.

-¿Quiénes son ustedes?- Cuestionó Ciel lanzando un manotazo a su otro "yo", siendo contenido por este mismo.

-Todas las piezas están puestas- Se limitó a decir, ignorándole por completo- El rey, la reina, el caballo, el peón, el alphil… todas y cada una de ellas. Quizás esta sea la oportunidad más importante que tengamos… la única real de acabar con la maldición de redimir nuestro pecado.

-¿De qué hablas?- Sebastián tomo al niño por los hombros, pero pronto fue detenido por el hombre vestido como mayordomo.

-No es correcto tratar de esta manera al anfitrión- Añadió interponiéndose entre ambos; Sebastián optó por regresar al lado de "su" Ciel, el chiquillo sobre la mesa.

-Tu padre los descubrió, no sé cómo lo consiguió…- Pasó explicar el Ciel al estilo victoriano con una sonrisa de total satisfacción- Pero él sabía que la leyenda era cierta, y los encontró a ambos…les unió.

-¿Quieres decir que esa leyenda es cierta?- Preguntó Sebastián.

-En parte, casi en su totalidad. Los humanos le han hecho más modificaciones de las que puedo tolerar. – Refutó el mayordomo

-¿Hasta qué punto?- Ahora era Ciel quien preguntaba, su voz seria competía contra la de su reflejo.

-Sólo aquella parte que dice que la reencarnación del demonio debe matar a su Amo para volver a su forma original. No se necesita de más sacrificios, ni algún ritual de por medio… con que le mate basta.

-¿Y ustedes son…?- Ciel había tomado la delantera, no demostraba temor o siquiera inseguridad en su voz.

-El Conde Ciel Phantomhive y él es- Señalo al Sebastián vestido con el traje de pingüino- Sebastián Michaelis.

-Yo soy un demonio que servía como mayordomo.- Añadió pasando por detrás del pecho de Ciel sus brazos.

-Cuando mi familia fue asesinada y caí en la mas profunda desesperación.- Explicó el Ciel vestido al estilo victoriano, echándose sobre los brazos de Sebastián- A cambio de venganza invoqué a un demonio, hicimos un contrato donde le prometí mi alma a cambio de acabar con las personas que me humillaron; obtuve lo que quería, pero cuando llegó el momento de que él tomara mi alma…- Se rió, parecía divertido con la escena- No fue capaz de hacerlo, al verse incompleto el contrato, ese demonio murió.- Ese mismo Ciel giró hasta Sebastián y le besó en los labios.- Yo no podía soportar el deberle algo a alguien, además yo…supongo que al final me había enamorado- Lanzó un suspiro largo, como si se arrepintiera de sus acciones- Me entregué a la búsqueda de volverlo a la vida o al menos a alguna existencia y tras mucho trabajo lo hice, pero a cambio condené a mi alma a una existencia peor que la misma muerte o el infierno.

-Lo que se ha perdido una vez… jamás podrá ser recuperado- Agregó el Sebastián que le sostenía en brazos- O al menos eso creía.

-Le recuperé, pero también fui maldecido a renacer hasta que él tome mi alma y nos fundamos en una, como debió ser desde el principio y será hasta el final; lo arrastré a mi lado, condenado a reencarnar hasta la eternidad en un débil humano…

-En verdad lo hace parecer bastante dramático.- Se burló la esencia del demonio.

-El amor te lleva a tomar acciones realmente tontas…- Ese Ciel se alejó del elegante mayordomo y avanzó unos pasos, se agachó para recoger la daga que Sebastián había arrojado instantes atrás- Si ese demonio que me servía como mayordomo no me hubiera amado de esa manera, jamás me habría visto obligado a recurrir en artes tan negras y si mi deseo de verle nuevamente no hubiera sido tan fuerte, no lo habría condenado a esa forma tan miserable- Su voz no sonaba como la de un niño, cargada con la melancolía y el pesar de quien ha vivido muchos años, destrozó el corazón de Sebastián. Llegó hasta él y le extendió la daga- Siempre que Sebastián y yo nos encontremos… uno de los dos debe morir, la maldición nos impide ser felices. Cuando sellé el contrato, me condené a un destino peor que la misma muerte. He estado tantas veces tan cerca de ti- Pasó las manos por el rostro de Sebastián, aquel cuyas emociones humanas eran capaces de hacerle llorar- y te he visto morir tantas veces… en ocasiones, yo soy quien muere… Hasta que me una a ti y renazcas no podremos estar juntos. En 1918 moriste a causa de la gripe española, la tuberculosis me mató en 1933, en 1944 te vi morir en un campo de concentración, en 1978 un auto me atropelló… Ya basta, hemos sufrido lo suficiente. ¡Mátame! Además, él… es decir, mi "yo" actual no vivirá mucho tiempo más, a lo sumo 6 meses más y sin importar lo que pase su vida se extinguirá… - Dirigió su mirada hacia donde Ciel, él chico quedó prendado de si mismo, pero no era él, esa mirada y ese porte no eran propios de un niño, aunque se tratara de su imagen-¡Mátame!- Concluyó el niño vestido con elegancia y colocó la daga en manos de Sebastián.

Sebastián tomó la daga entre sus manos, le vio por unos instantes antes de lanzarla nuevamente, no alcanzaba a comprender si aquello era una prueba de que había enloquecido de verdad o ese niño realmente le decía la verdad; jamás podría hacerle daño a Ciel, le amaba… la sola idea de lastimarlo le hacía estremecerse. Abrazó a "su" Ciel, este era real, podía sentirlo, estaba consigo y le protegería.

-No lo haré.- Negó en el momento justo en que Ciel correspondía al abrazo.

-Ya veo- Objetó el otro regresando al lado de su mayordomo - En verdad me amabas- Le dijo mientras entrelazaban sus dedos.

-Joven Amo…

-Sólo quería devolverte lo que por mí hiciste, nada más… Perdóname – Dijo el pequeño Ciel enamorado de su mayordomo.

-Nos retiramos – Dijo el hombre elegante de negro.

-Espera, tengo una última propuesta que hacerle a ese niño – Interrumpió Ciel victoriano.

-¿Se refiere a su actual "yo"?

-Si.

Caminaron hasta donde la pareja, Ciel colocó la mano en el ojo derecho del chiquillo desnudo sobre la mesa, este la apartó de inmediato con molestia.

-¡No me toques!

-Realmente si hubieras reaccionado de otra manera me habría decepcionado. ¿Deseas venganza, todavía? – Le preguntó a su actual ser.

-Hasta la muerte.

El otro Ciel rió y agregó:

-Esos mismos pensamientos fueron los que me condujeron hasta la destrucción, pero si tanto lo deseas, así será.- Lo enfocó, Ciel se sintió desvanecer, sino fuese porque estaba sentado habría caído- Nunca antes se nos había permitido intervenir, esta oportunidad es única… jamás se repetirá. Ordénale a Sebastián que maté a aquellos que te causaron dolor y humillación, ordénale y el obedecerá.

-Yo sólo existo para seguir sus ordenes- Agregó el Mayordomo arrodillándose ante Ciel, el que Sebastián sostenía en brazos.

-¡Sebastián… Mátalos!- Pronunció el pequeño con vigor- ¡Mata a aquellos contra los que juré venganza!

-Si, Mi Señor.- Dijeron ambos a la vez.

Un punzante dolor atravesó el ojo de Ciel, la oscuridad que les había rodeado, se desvaneció y víctima del dolor cayó inconsciente.

-Una existencia destinada a morir desde antes de nacer- Fueron las últimas palabras que escuchó salir de boca del Conde.

-Todo ha acabado…-Susurró con la última pesquisa de conocimiento.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

-Despierta…

Alguien le llamaba, no podía ser otra persona que Sebastián. Estiró la mano para palparle el rostro, era real, en verdad había venido, pero ¿En qué parte la cruel realidad se había mezclado con la inhóspita fantasía?

-No veas esto- Las manos del adulto le cubrieron la vista.

-¿Qué pasa?- Cuestionó apartándolas…Abrió la boca, pero ningún sonido salió de su garganta. Decenas de cadáveres a su alrededor, la sangre cubría cada rincón de ese lugar, y el olor a muerte flotaba en el aire.

-¿Tú lo hiciste?- Cuestionó poniéndose de pie, dejando caer la manta roja que le cubría- ¿Les mataste?

-Sí.- No había emoción en su voz, tampoco sentimientos.

-¿Sientes culpa?

-No.

-Eso esta bien, yo tampoco.

Y recordó la frase que durante toda su vida, le había acompañado:

Lo que se ha perdido una vez… Nunca más podrá volver…

CONTINUARÁ…

Este capitulo se lleva el trofeo como lo más raro que he escrito, XD. El próximo será el final, al fin…El misterio se ha desvelado y quién mejor para revelarlos que "ellos".

Si tienen dudas háganmelas saber, será comprensible y creo que al final las piezas han cuadrado dentro de lo que caben, desde un principio estuvo relacionado y aquí se muestra el porque del afecto de Sebas hacia Ciel.

Bueno, gracias por leer.

Cualquier duda, crítica o comentario será bien recibido.