Lluvia.
"Quiero ser ese nombre que escribes en el vidrio cuando esta empañado…"
Saori disfrutaba de una silenciosa tarde con sus pensamientos, recordando cada instante de sus últimos años, dejando que los sentimientos se filtraran con libertad por cada centímetro de su cuerpo mientras tomaba una taza de té caliente.
Sonríe ampliamente al escuchar el escándalo que suena en el piso inferior, sus compañeros de vida han llegado nuevamente a casa, retardados seguramente por la fuerte lluvia que cae en el exterior, se levanta elegantemente para irse a reunir con ellos, una vez entrando a la sala se encuentra con que todos están reunidos alrededor de una de las ventanas, esa justamente donde está el sillón contra la pared.
Se burlaban de un apenado Seiya que intentaba defenderse a los gritos de los constantes comentarios de sus hermanos que disfrutaban un montón al verlo en esa situación.
-¿Qué sucede? –Preguntó en voz alegre, solo para ganar la atención de sus miradas, su curiosidad aumento al ver el rostro de su querido Seiya sonrojarse aún más, trato de formular una respuesta para casi inmediatamente lanzarse contra la ventana siendo detenido por los demás.
-Déjenme. –balbuceaba tratando de soltarse.
Entonces ella levanto su vista –muy lentamente para Seiya –hasta enfocarse en el susodicho vidrio empañado donde su nombre estaba escrito en japonés, su corazón se aceleró casi instantáneamente al verlo, sus mejillas sonrosándose delicadamente.
-Gracias. –Pronuncio suavemente al inclinarse sobre Seiya para dejar un beso en su frente para luego salir corriendo, demasiado emocionada como para permanecer más tiempo ahí.
Seiya se dejó vencer por el peso de los demás sonriendo tímidamente al verla reaccionar así, había visto ese destello de amor, de cariño infinito en su mirada, esa alegría impronunciable que destilaba cada vez que tenía una atención con ella.
Le agradaba la idea de dejarle saber que siempre estaba en sus pensamientos y que sin duda siempre sería el nombre que escribiría en el vidrio empañado de una tarde lluviosa.
Aunque no fue planificado ¡ellos no debía verlo! Y tampoco esperaba que ella lo viera, al menos no había escrito el "te amo" que pensaba poner cuando ellos llegaron, no porque no lo sintiera sino porque era ¡vergonzoso! Un chico de catorce años babeando por la chica de sus sueños.
¡Seiya no era baboso! Ni podría dejar que sus hermanos lo vieran como un bobo enamorado.
Es decir, la única que tenía derecho de verlo cumplir todas las cursilerías que se creaban en su mente era ella.
A Seiya no le gustaba particularmente el frío, por eso no disfrutaba de los viajes a Siberia para visitar a Hyoga, usualmente terminaba usando varias capas de ropa que no evitaban que su nariz se pusiera roja y helada, tenía que aguantar las bromas del rubio sobre su incapacidad para manejar las bajas temperaturas y casi constantemente terminaba atrapando un resfriado.
Él era más del tipo que disfrutaba los días soleados, sintiendo la calidez del sol sobre su piel, observando el brillo del mundo y dejándose refrescar por la brisa.
Lo único que podría decir que disfrutaba de los viajes a Siberia, del frío era lo que estaba observando en esos momentos, a su lado la chica más hermosa del mundo miraba perdidamente por la ventana empañada, garabateando diversas figuras hasta que inconscientemente la vio deletrear su nombre, sus mejillas se sonrojaron violentamente al mismo tiempo en que giraba su rostro para verlo de frente.
Sus miradas, azul y chocolate se juntaron mientras que ambos sentían sus corazones latir aceleradamente.
Con su mano enguantada, Seiya dejo que su dedo índice corriera también por el vidrio hasta dejar escrito el nombre de ella, englobados los dos en un corazón.
-Quiero ser el único nombre que escribas en el vidrio empañado. –Susurro en su oído íntimamente, logrando que ella sonriera esplendorosamente.
Muchas gracias a todos los que leen y dejan comentarios.
