DEDICADO A: Flor, mi beta y amiga, a "Sarai GN" a la que aprecio mucho, a "janalez", Zujeyane", "kimjim" por su apoyo a este primer proyecto de mi parte y a Jess Saldarriaga (diseñadoras FFAD)

Miles de gracias a Flor Carrizo, quien evita que aparezcan incoherencias, siempre al pendiente de todo, poniendo su esfuerzo en corregir y por supuesto siempre me apoya :*, este trabajo también le pertenece. Capítulo beteado por ella.

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Disclaimer: Los nombres de los personajes y su creación le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia NO es mia y le pertenece a Carole Mortimer


Capítulo 10

— ¡Exacto! —reconoció Alice con entusiasmo—. Ahora, va mos a tomar una taza de té y los niños pueden abrir sus re galos.

Sólo cuando todos estuvieron sentados en la sala, con una taza de té en la mano y los niños en el suelo divirtiéndose con sus nue vos juguetes, Bella se atrevió a mirar de nuevo a Edward. Lo que vio la asustó. Él parecía frío y distante, con los ojos duros y la boca apretada. ¡Seguía creyendo que trataba de comprar a Jasper!

—Creo que ya es hora de que me vaya —dijo Bella con gesto nervioso, en cuanto terminó de beber el té—. Tengo mil cosas que hacer antes de poder irme a trabajar mañana.

—Oh, pensamos que los dos se iban a quedar con nosotros a ce nar —comentó Alice desilusionada.

—No esta vez —dijo Bella con dolor, sabiendo que no habría otra vez.

—No, me temo que debemos irnos. —Edward se puso de pie tam bién.

Bella lo miró de pronto pero deseó no haberlo hecho. Parecía tan frío y remoto, que se sintió segura de haberlo perdido para siempre.

—No hay necesidad de que tú también te vayas... querido —añadió, para que sus palabras no sonaran bruscas, consciente de que el viernes Alice se fue pensando que las cosas entre ellos anda ban mal. Edward podría decir a Alice en otra ocasión que su relación había terminado—. Después de todo, ambos tenemos nuestro coche aquí.

—Tengo que irme ahora, de cualquier modo —dijo él mirándola con fijeza—. Tengo cosas que arreglar en Londres esta misma no che.

Bella se dio la vuelta diciendo:

—Voy a traer mi equipaje.

—Yo te ayudaré —se ofreció Jasper antes de que Edward tuviera la oportunidad de hacerlo.

—Gracias. —Le sonrió ella agradecida.

Jasper esperó hasta que estuvieron en el dormitorio de Bella para hablar.

—Siento mucho lo que pasó —dijo haciendo una mueca.

—No te preocupes —lo tranquilizó ella—. Si yo hubiera estado en el lugar de Alice, tampoco habría podido contenerme.

—Olvidé pedirle que no dijera nada frente a los demás —admi tió él con tristeza.

—Dudo que ella hubiera incluido a Edward en la advertencia.

Jasper frunció el ceño.

— ¿Habéis reñido vosotros dos? Os veo muy nerviosos.

—Todo marchó a pedir de boca —contestó ella y se inclinó a tomar su bolso de mano para disimular el rubor de sus mejillas—. Y la Casa Shevton es, por fin, tuya —le dijo con satisfacción y lo siguió al salir de la habitación y bajar por la escalera.

— ¡Eso es maravilloso! —La excitación brilló en los ojos de Jasper.

Ella asintió con la cabeza.

—Te llamaré hacia fines de la semana, para hacer los arreglos ne cesarios.

—Pero no el viernes —dijo Edward en tono suave al oírla. Él y Alice esperaban en el vestíbulo. Bella tragó saliva.

— ¿Por qué el viernes no?

Él no le contestó y se volvió a mirar a Alice.

—Olvidé mencionarlo antes, pero Bella y yo hemos ya decidi do la fecha de nuestra boda.

—No... ¡no me digas que se casan el viernes! —protestó Alice.

— ¿Por qué no? —preguntó él asombrado.

—Bueno, porque... —Alice miró con desesperación a Bella—. ¡Dile que no hay tiempo para preparar una boda en la iglesia!

Bella se había quedado petrificada al oír mencionar la boda. Era evidente que Edward decidió que ahora, más que nunca, Jasper necesitaba ser salvado.

—Hemos decidido descartar la idea de la iglesia —dijo Edward a la desconcertada Alice, en tono alegre. Le besó la mejilla y después estrechó la mano de Jasper—. Se me va a hacer una eternidad de aquí al viernes. Vámonos, nena. —Tomó con firmeza el brazo de Bella y la guió hacia la puerta.

Ella se sentía atontada mientras caminaban hacia sus coches. Comprendía que lo de la noche anterior no había significado nada para Edward, después de todo.

— ¿No vas a decir algo? —preguntó él con voz gentil cuando lle garon al coche de ella—. Comprendo que fui un poco atrevido al anunciar nuestra boda de ese modo, pero...

—Entiendo bien tus razones —contestó ella con frialdad.

—Entonces, ¿por qué no puedes mirarme?

Ella lo miró entonces, con el dolor pintado en el rostro.

—La confianza es una cosa frágil, Edward, pero anoche confié en ti. Es una lástima que tú no puedes hacer lo mismo.

— ¿De qué estás hablando? —preguntó él.

Ella arrojó sus maletas en el asiento de atrás del coche.

—Pensé que para estas fechas ya te habrías dado cuenta de que no tengo designios diabólicos con respecto a tu amigo —suspiró ella.

—Ya lo sabía —le dijo él sin titubear—. Supe anoche que tú y Jasper nunca habían sido amantes.

—Entonces… ¿por qué?

— ¿Quién de los dos sobrevivió al choque, Bella? —preguntó él con gentileza—. Debe haber sido Elizabeth. Jamás te habrías senti do así si hubiera sido James.

— ¿Cómo lo supiste? —preguntó ella en voz baja.

Él se encogió de hombros.

—Después de que Alice dejó caer la bomba, traté de sumar dos y dos, sin que me dieran los acostumbrados cinco. ¿Fue a Elizabeth a quien Jasper trató de salvar?

—Sí —confirmó ella con voz ahogada. Él asintió con la cabeza.

—Voy a seguirte, de regreso a tu apartamento —le dijo con fir meza—, donde vamos a aclarar todos estos malos entendidos. En tonces haremos planes para nuestra boda el viernes.

— ¿Entonces, dijiste eso en serio? —Sus ojos se agrandaron.

—Bueno, yo te propuse matrimonio anoche y aunque no recibí una respuesta verbal, creo que tus acciones subsecuentes fueron una aceptación —dijo él, entre burlón e indulgente.

Ella se ruborizó al recordar las veces, durante la noche, en que se habían hecho el amor.

—Edward...

—Mi amor, no podemos hablar aquí —murmuró él, haciéndole notar que estaban todavía en el sendero de la casa de Alice y Jasper—. Te voy a seguir a tu apartamento. Y, por favor, conduce con cuidado.

Bella sabía cómo se sentía él. Ella misma se consideraba al borde de la felicidad y estaba temerosa de que le fuera arrebatada de nuevo. ¡Le había sucedido con tanta frecuencia en el pasado!

—Bella —dijo y le tocó la mejilla en un gesto amoroso—, voy a estar a tu lado los próximos cincuenta o sesenta años.

Ella sonrió, con los ojos llenos de lágrimas ante la habilidad de él para adivinar lo que la estaba angustiando.

— ¿Tan poco tiempo?

—Bueno, yo tuve una tía abuela que vivió hasta los ciento tres años. Supongo que podría intentar imitarla.

—Hazlo, por favor —dijo Bella, sonriendo a través de sus lágri mas.

Él le rodeó el rostro con las manos.

—Te amo, Bella Swan.

—Yo... yo...

—Puedes hacerlo, Bella —dijo él en tono alentador.

Ella sonrió.

—Te amo, Edward Cullen.

—Será más fácil para ti, en el curso del tiempo. —Él rió y se incli nó a besarla con pasión—. Conduce con cuidado, pero rápido, ¿eh? —agregó, con el deseo brillando en sus ojos.

Ella condujo mal y con lentitud. Comprendió, después de que estuvo a punto de arrollar a un hombre que iba en bicicleta, que su concentración no funcionaba de forma debida. Si quería que los dos llegaran a Londres de una sola pieza, era mejor que se calmara.

Sin embargo, no podía controlar la excitación que la invadía. A cada momento se sentía más segura de que todo saldría bien.

Tan pronto como la puerta de su apartamento se cerró, cayeron uno en brazos del otro, uniendo sus bocas llenas de ansiedad, co mo si hubieran estado separados por días enteros y no por minu tos.

— ¡Basta, mujer! —Edward, por fin, la alejó de él, respirando jadeante y con los ojos oscurecidos—. ¡Deja de tratar de seducirme!

Ella rió y se preguntó quién seducía a quién.

— ¡Dios mío, eres hermosa cuando ríes! —Sus brazos la rodearon y la estrecharon—. Quiero que rías mucho cuando estemos casa dos. ¡Quiero que seas tan feliz que no puedas dejar de reír!

Ella se aferró a él, no podía imaginar que pudiera ser más feliz.

—Ahora, vamos a hablar. —Él la alejó—. Yo hablaré —le dijo con firmeza—, tú interrúmpeme si me equivoco. ¿Te parece?

Se sentaron juntos en el sofá. Edward le rodeó los hombros con un brazo y empezó a hablar.

—Cuando tus padres murieron, te sentiste solitaria y confusa. James Whitherdale se aprovechó de esa soledad y se casó contigo para ob tener todo el control de las Industrias Swan-Dale.

—Yo pensé que lo amaba —admitió ella con voz ronca.

—Lo que quieres decir es que él quería que tú pensaras eso —la corrigió Edward con expresión sombría—. No fue un matrimonio feliz... Hay que corregir aquí algo... tuvo un único aspecto feliz: Elizabeth —dijo él con gentileza—. Después de años de permitirse nume rosos idilios pasajeros, Whitherdale decidió que quería casarse con tu pri ma, pero no quería perder la compañía, ni siquiera una parte de ella, consideraba entonces que le pertenecía toda a él, así que usó el amor que sabía que tenías por Elizabeth para presionarte a aceptar sus condiciones. Ambos sabemos lo que sucedió cuando te negaste: Elizabeth estuvo enferma en el hospital mucho tiem po...

—Dos meses —confirmó ella.

—Tú y Jasper se hicieron amigos durante ese tiempo. Él era el médico de Elizabeth, ¿verdad?

—Ella nunca recobró la conciencia.

— ¡Mi pobrecito amor! —Esta vez la oprimió con fuerza contra él—. Y porque viste cómo se preocupaba Jasper, y cuánto deseaba que Elizabeth viviera y se pusiera bien, decidiste proporcionarle un hospital para que se especializara en ese tipo de pacientes. Por me ses buscaste el edificio adecuado, lo bastante grande para que fue ra un hospital, pero con el ambiente necesario para que los ahí encamados lo consideraran como un hogar mientras se recupera ban...

— ¿Cómo sabes eso?

—Te conozco, mi amor. —Sonrió él—. Y también sé la opinión que Jasper tiene de cómo se debe atender a esos pacientes. Pero cuando encontraste la Casa Shevton, descubriste que tenías un ri val en su adquisición, un arrogante canalla cuyos pensamientos so bre ti estaban siempre metidos en una cloaca.

—Edward...

—No te culpo de que no hayas deseado que yo supiera para qué querías la casa Shevton —le aseguró—. Aun amándote como te amo, antes de anoche probablemente habría pensado lo peor.

—Yo pensé que seguías haciéndolo —admitió ella con voz aho gada.

—Me di cuenta de eso —asintió él—. Pero, después de anoche...

— ¿Qué tuvo de especial anoche?

— ¿Me quieres decir que no lo sabes?

—Bueno, por supuesto que yo lo sé, pero...

—Mi amor, anoche te entregaste a mí una y otra vez, expusiste tus emociones y tus necesidades interiores. Eso era algo que nunca hubieras hecho, a menos que me amaras. Además, hice el amor a una mujer que no había sido tocada por un hombre en mucho tiempo... si es que había sido tocada alguna vez. Oh, yo sé que te acostaste con tu esposo, tuviste a Elizabeth, después de todo... Pero no fue semejante a lo que tú y yo tuvimos anoche.

—No —reconoció ella con franqueza.

—Lo de anoche fue amor de verdad, por parte de ambos. Así que cuando Alice te agradeció el dar a Jasper la oportunidad de tener su propio hospital para especializarse, comprendí que nada tenía que ver con una relación íntima entre vosotros dos. Por unos mo mentos me sentí desconcertado, pero una vez que comprendí qué casa le estabas dando a Jasper, las cosas empezaron a aclararse. —Hizo un gesto—. ¡Adiós a mi idea de que iba a ser un nido de amor para vosotros dos! Tengo que admitir que al principio resentí un poco que no hubieras confiado en mí para decirme la verdad, pero, cuan do medité un poco más, me pregunté por qué diablos ibas a hacer lo. Eras una mujer de la que su marido abusó y tenías muy pocas razones para confiar en alguien. ¿Por qué ibas a hacerlo en un hombre que no hacía más que insultarte?

—Ahora confío en ti, Edward.

— ¡Entonces, es tiempo ya de que empiece a ganarme esa con fianza!

—Mi cielo, no fue tu culpa. —Ella tocó su mejilla en un gesto ca riñoso—. Pude aclarar muchos de nuestros malentendidos si hu biera querido. Pero no deseaba involucrarme de nuevo, así que en forma deliberada dejé que pensaras lo peor de mí. Y cuando comprendí que te amaba, parecía que era ya demasiado tarde para rectificar las cosas.

—Nunca será demasiado tarde para nosotros —le aseguró él—. Aunque vamos a tener que empezar por confiarnos las cosas un poco más.

—Acerca del viernes...

— ¿Sí? —Él se puso tenso.

— ¿No podemos casarnos antes?

— ¡Nena! —Los ojos de él se oscurecieron—. Por lo que a mí se refiere, estamos casados desde anoche.

Era la forma en que ella se sentía también. Sabía que la noche anterior, cuando se habían entregado en forma total una y otra vez, se convirtieron en las dos partes de un todo.

— ¿Estás seguro de que no te importará tener una esposa que tra baja?

—No me hubiera gustado que fuera de otra manera —contestó él en forma instantánea.

Ella debía haber comprendido que esa iba a ser su respuesta. Edward era un hombre que nunca la suprimiría ni la ahogaría, que la amaría por y como lo que ella era.

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EPÍLOGO

—Tú fuiste la que dijo que no era el momento para estar ha blando de hijos —le recordó Edward lleno de ansiedad. Bella descansó un momento entre dos fuertes contraccio nes. Llegaron al hospital tres horas antes, porque ella insistió en permanecer en su casa hasta el último momento.

Ya no tardaría mucho tiempo para que naciera su bebé. Enton ces Edward dejaría de estar tan preocupado.

—Mi amor... —Ella se interrumpió cuando otra contracción le hizo gemir. Su mano apretó la de él hasta que los dedos masculi nos parecieron quedarse sin sangre. Él no hizo ningún movimiento de protesta, porque quería compartir el dolor de ella de alguna manera. La contracción había sido más fuerte esta vez y más rápida también, ya no faltaba mucho—. No quise decir que no pensára mos en ellos para nada —bromeó ella.

Ahora, casi nueve meses después de su boda, iba a nacer su pri mer hijo. Ambos estaban convencidos de que fue concebido ese fin de semana en la casa de Alice y Jasper. Edward estuvo involucra do de manera muy activa en los preparativos del nacimiento, des de un principio, sin embargo, ninguna de las clases a las que asis tieron parecía haberlo preparado para este momento.

Bella lanzó una exclamación ahogada cuando otra contrac ción se apoderó de ella. Comprendía que el nacimiento era ya inminente porque el dolor continuó en forma indefinida, mientras ella hacía todo lo posible para ayudar a su hijo a hacer su entrada en el mundo. Sintió un emocionante alivio cuando el bebé nació, y la expresión en el rostro del doctor fue suficiente para revelarle que él bebé estaba bien.

— ¡Es un niño, Bella! —exclamó Edward con voz ahogada cuando se levantó para ver a su hijo—. ¡Dios mío, es un varoncito!

Ella sonrió a pesar de su cansancio. Se incorporó lo suficiente, con ayuda de Edward, para ver a su hijo por primera vez. Era suave y redondo, con un hermoso rostro y un mechón de cabello cobrizo.

—Pesa tres kilos con cuatrocientos gramos, muy saludable —dijo la enfer mera cuando le entregó a Bella el bebé, ya limpio y envuelto en una pequeña manta.

Bella acercó al bebé hacia ella. Estaba todavía un poco débil por el alumbramiento, pero se sintió asombrada por la perfección de su hijo.

—Es hermoso —dijo, con los ojos llenos de lágrimas.

—Casi tan hermoso como su madre. —Las mejillas de Edward esta ban también húmedas cuando ella le entregó al bebé—. Edward Anthony Matthew Cullen —murmuró con suavidad viendo al bebé que dormía en sus brazos—. Muchos nombres para un hombrecito tan pequeño.

—Ya crecerá, no te preocupes. —Sonrió Bella, conmovida al pensar en cuan hondo amaba a este hombre y en lo profundamen te amada que era ella por él. Ambos tenían raudales de amor que dar a su hijo. Los nueve meses de su matrimonio habían sido muy felices. Ella nunca pensó que pudiera existir tanta felicidad, que Anthony había hecho que llegara a la perfección total.

— ¡Felicidades! —dijo el doctor sonriendo—. Espero verlos de nuevo el año próximo —bromeó antes de marcharse.

— ¡Por supuesto que no nos verá! —protestó Edward furioso.

Bella sonrió con aire cansado.

— ¿No querías que tuviéramos tres o cuatro niños?

—He cambiado de opinión. —Entregó a Anthony a la enfermera, y se volvió hacia Bella, para oprimirle la mano—. Yo no tenía idea de lo que esto iba a significar para ti. Anthony es suficiente para mí.

—No creo en los hijos únicos —dijo ella en tono de broma.

—Pediremos prestados a Lucy, Tommy y Sara para los fines de semana —contestó él en forma instantánea—. Le servirán de com pañía a Tony.

—Cobarde. —Rió ella con suavidad.

La mano de él oprimió la de Bella con fuerza.

— ¿Tendrías valor para pasar por todo esto de nuevo?

—Sin titubeos —contestó ella, con una sonrisa triste.

—Ya hablaremos de eso cuando estés más fuerte.

— ¿Y vamos a limitamos a hablar? —bromeó ella.

—Enfermera, ¿son todas las nuevas mamás tan sexys como esta?

Se volvió hacia la otra mujer, que acomodaba a Tony en una cunita de lados transparentes.

— ¡Sólo cuando tienen esposos tan apuestos como usted!

Bella se unió a la risa de la enfermera cuando él se llenó de turbación.

—Te amo, Edward Cullen.

—Y yo te amo a ti, Bella Cullen. Por fin tienes el nombre que te corresponde —dijo con satisfacción.

Ella sintió que se le empezaban a cerrar los ojos.

—Bella Cullen suena muy bien.

—Así lo pensé yo —confirmo él orgulloso.

—Perfecto...

Ella se quedó dormida. Su mundo era perfecto al fin.

FIN


Hola! Aquí les traigo el ultimo capitulo de esta historia, les agregue el epilogo de una vez porque era muy chiquito,espero que sea de su agrado, me gusta que por fin Edward le de un nombre definitivo jajajaja, Les pido disculpas por el retraso y subir el capi tan tarde pero apenas voy llegando y esto es lo primero que hago :D…gracias en serio por el apoyo que le dieron a la historia por cualquier medio, ya sean reviews, a esas personitas que me ponen en alertas, favoritos a las chicas del face, del wats "twilighters"…solo me queda decirles que espero verlas en la siguiente adaptación :D

Agradecimiento especial por su apoyo:

Sarai GN, Rominaaaaaa, Rommyev, janalez, pili, Aimme 19, kimkim, Zujeyyane, loverobsten27, vale55, QUEEN, Lydia Zs Carlton, BellaNyxH, Saha Denali, antoooparamore…gracias, gracias, gracias :*