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CHAPITRE NEUF
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A la mañana siguiente el ojiazul se alistaba para ir a trabajar. Se sentó en el baño, mirando el espejo roto mientras fijaba la peluca en su cabeza. Samuel estaba de pie en la puerta, observando el maquillaje que su amigo llevaba puesto. Éste cubría la mayoría de sus heridas perfectamente, y si no era examinado muy de cerca, la hinchazón pasaba desapercibida.
Los ojos de Kurt se conectaron con los de Samuel a través del espejo, y se miraron el uno al otro durante unos segundos.
- Lo siento. – Dijo el rubio suavemente y Kurt lo miró.
- Deberías. – Murmuró mientras se arreglaba la peluca. Se sentía culpable por haberlo botado de la habitación la noche anterior, pero no lo admitiría.
Samuel asintió y desvió la mirada. El tono agudo de Kurt le dolió en lo profundo de su corazón, y se preguntaba si no debería decir nada cuando alguien llamó a la puerta. Miró y se detuvo por unos segundos antes de acercarse a abrir.
Como se predijo, era un buen día fresco de febrero con un sol iluminando la calle en la que estaba Blaine Anderson vestido con un chaleco de color gris pálido, cuello alto ajustado sobre una camisa blanca y pantalones de color marrón oscuro con botas altas casi hasta la rodilla de color negro, similar a las de un jinete de carrera. Sus zapatos negros de Oxford estaban pulidos, y llevaba un bastón y una chaqueta oscura de Norfolk doblada en su brazo. Sobre su cabeza había una gorra gruesa de goma tricotada y su cabello caía sobre sus ojos.
- Buen día… Samuel. – No era que realmente estuviese luchando por recordar el nombre del muchacho sino más bien que luchaba para decirlo. Su tono estaba lleno de envidia hacia el joven que vivía con Simone.
- Buenos días. – El rubio se aferró a la puerta bloqueando la entrada con su gran cuerpo. Blaine y él se miraron el uno al otro durante algún tiempo. – ¿Puedo ayudarlo?
- Tenía la esperanza de ver a Simone. – Miró fijamente al joven que se mordió el labio y consideraba cómo hacer para alejarlo.
De repente Samuel se dio cuenta de las flores que el joven sostenía en su mano. – Lo siento señor Anderson, pero… – De pronto sintió una mano en el hombro y Kurt apareció, su maquillaje cubriendo sus heridas, la peluca luciendo impecable pero no elaborada. Llevaba una larga bata de baño que se extendía hasta sus pies. Tenía una mano en la cintura y la otra cerca de su cuello para cubrir la nuez de Adán.
- Blaine… – Dijo en un tono femenino, quedándose sin aliento.
El diseñador miró a la mujer, sorprendido por la falta de visibilidad de las contusiones. Simone parecía muy tranquila, pero sus ojos se abrieron cuando vio las flores, así que estiró el brazo hacia ella.
- Para usted.
El ojiazul se quitó la mano de la cintura, tomando el hermoso ramo de calas y tulipanes franceses y lo sostuvo contra su pecho, casi como haría la ganadora de un concurso. Ella era lo suficientemente bonita para ser una competidora, incluso con la pequeña hinchazón que Blaine notaba.
- Merci. (Gracias) – Respondió suavemente, mirando las flores.
Hubo algo de silencio. Samuel no se fue y Kurt estaba realmente contento por ello. Quería que su amigo estuviera cerca por el momento.
Blaine miró a su alrededor, en realidad no estaba cómodo en ese barrio. – Sólo quería comprobarlo. – Admitió mirando fijamente a la castaña – Asegurarme de que se estaba recuperando.
- Estoy perfectamente bien, gracias. – Respondió con una inclinación de cabeza. – Samuel cuidó muy bien de mí.
Blaine asintió con la cabeza y miró al valiente coreano. – Así me doy cuenta. – Afirmó volviendo a mirar a la bella dama. – Tenía la esperanza de que si tal vez usted estuviera lo suficientemente bien me permitirá llevarla en una cita como una disculpa por lo sucedido ayer.
Kurt se aferró al camisón más cerca de su cuerpo y el cuello, y miró a Blaine
- Monsieur, eso no fue su culpa en lo absoluto. – Afirmó, pero él, negó con la cabeza.
- No, no insisto. – Dijo con firmeza, mirándola – Me gustaría llevarla a una cita, darle un día que nunca olvidará… pero por las razones correctas esta vez.
Simone se rió y bajó la mirada. Blaine sonrió. Estaba tan emocionado con esa sonrisa en su rostro.
Samuel miró a su mejor amigo, con el ceño fruncido. ¿Por qué estaba sonriendo? ¿Por qué no había alejado al diseñador?
- Bueno. – Dijo mirando a Blaine y sonriendo. – Pase y… déjeme alistarme.
Tanto Sam como el diseñador sintieron como si una ráfaga los hubiese golpeado.
Blaine se sorprendió de que esta mujer preciosa finalmente le estaba permitiendo entrar en su vida, fuera del negocio.
Samuel quería agarrar su mejor amigo, sacudirlo y decirle que obviamente eso era un gran error. Pero Kurt sonrió y entró.
Blaine la siguió, contento de no seguir en esa terrible calle, pero se horrorizó al descubrir donde vivía una dama como Simone.
Las paredes estaban húmedas a causa de una gotera en el techo y la casa estaba desordenada y hecha un lío. Ella merecía algo mucho, pero mucho mejor. Se merecía riquezas más allá de sus sueños. Se merecía todo lo que él podía darle.
Se sentía muy incómodo sentado en un sofá lleno de bultos, con las manos en su regazo y con el bastón tendido sobre sus piernas.
Samuel miró a Kurt entrar en el dormitorio, y se mordió el labio cuando la puerta se cerró detrás. Esto no era una buena idea. Había una clara falta de toque femenino en la casa, y el diseñador estaba mirando todo a su alrededor.
- Me disculpo por el desorden. – Sam dijo, sentado frente a Blaine. – Es mi culpa por completo.
El pelinegro asintió y se sentó mirando hacia la puerta. – ¿Cómo conoces a Simone? – Preguntó con suavidad.
Samuel lo miró, mordiéndose el labio. – E… Ella es… mi mejor amiga.
La mirada de Blaine se detuvo en él durante algunos segundos, y levantó una ceja gruesa. – ¿Mejores amigos? – Sam asintió al igual que el otro hombre. – ¿Y nada más?
El joven sintió un rubor cruzar sus mejillas. Simone no era nada para él, Kurt era su mejor amigo, pero simplemente negó con la cabeza. – No Monsieur (Señor)… nada más.
Blaine sonrió y asintió cuando Simone clamó por Samuel para que entrase a ayudarla.
El hombre fornido dio un salto y se tambaleó en la habitación para ayudarlo a transformarse.
Blaine sentía como si hubiese estado esperando desde hace bastante tiempo antes de que la joven surgiera, y se quedó sin aliento.
Estaba vestida con un hermoso conjunto, llevaba un traje de tres piezas con una camisa blanca de cuello alto, las mangas se extendían justo debajo de sus codos. También llevaba una pequeña chaqueta crema que estaba atada por sólo dos botones sobre su pecho, llevaba mangas sueltas y cortas, mientras que una falda larga de cremallera coincidía con la altura del tobillo, cayendo graciosamente a lo largo de sus elegantes caderas.
En sus manos había dos pequeños guantes blancos y delicados, y sostenía una sombrilla de marfil que coincidía con los encajes blancos y recortándose a lo largo de la tela. Su maquillaje era impecable y en su cabeza llevaba sombrero color crema de correa de espagueti con algunas flores frescas y plumas de faisán que lo decoraban.
Se veía increíble, y el hombre mayor se puso de pie con su bastón bajo el brazo mientras le sonreía y le tomaba la mano enguantada.
Se ve impresionante. – Dijo con una sonrisa. Le fue devuelta una sonrisa tímida a través de los labios esbeltos y rosados.
Samuel salió de la habitación, mirándolos a los dos, convencido de que no era una buena idea en absoluto.
Sin embargo, Kurt estaba seguro de que sólo el tiempo diría si podía revelarle a Blaine la verdad sobre sí mismo y… maldita sea, iba a darle una oportunidad a éste hombre.
- Merci (Gracias). – Simone sonrió, permitiendo que Blaine sostuviera una mano mientras miraba a Samuel, su sombrilla cerrada y sobre su hombro.
Samuel simplemente asintió, sus ojos advirtiendo, diciéndole que tuviera cuidado.
Pronto la hermosa pareja dejó el pequeño hogar y Sam se pasó la mano por la cara, gruñendo en descontento, lleno de inquietud.
Simone caminó con Blaine para ver su nuevo auto, y sonrió suavemente. Él se acercó al vehículo y abrió la puerta del pasajero.
Era un buen día. El sol estaba brilando, y aunque había una brisa fría, era bastante cálido en comparación con días anteriores. Aunque la joven no estaba segura si era el tiempo o el calor en el pecho lo que la mantenía tibia.
Caminó hasta el hermoso auto y tomó la mano de Blaine, sentándose en el asiento del pasajero y mirando al asiento posterior donde había una cesta tejida.
Blaine vio su mirada curiosa y la abrió para revelar un hermoso picnic. Ella sonrió y se sonrojó.
- Me tomé la libertad de asumir que vendría. – Dijo con una gentil risa, corriendo hacia el frente, levantando la palanca y luego dirigiéndose al asiento del conductor. Subió al interior mientras Simone se arreglaba el sombrero sobre la cabeza y le sonreía.
- Y… ¿qué tal si lo hubiese rechazado? – Preguntó con un tono de broma en su voz que hizo que el diseñador sonriera y la mirara.
- Sabía que no lo haría. – Le guiñó.
Ella luchó para no desmayarse físicamente mientras él conducía por el empedrado de las calles parisinas.
Había algo emocionante sobre el viaje ya. Kurt estaba acostumbrado a ser empujado en un pequeño vehículo con chofer y llevado a algún lugar remoto, de modo que cuando Blaine le preguntó a dónde le gustaría ir, se sorprendió por algunos largos segundos.
- ¿Q-Qué? – Tartamudeo, sosteniéndose el sombrero. El techo estaba abajo así que podía sentir el viento azotando a través de las cerraduras reales de la peluca. – Em… – Se sonrojó y lo miró. – Dondequiera que esté dispuesto a llevarme.
Salieron de París, la brisa fresca causando un color rosa sano en cada una de sus mejillas. Se rieron y hablaron por el sonido del viento zumbando.
Simone estaba sentada con el abrigo ondeando al viento. Mantenía el sombrero en la cabeza y la sombrilla ahora a sus pies, con un pie sobre la barra para mantenerlo en su lugar mientras se dirigían al campo. Edificios y fábricas transformándose en campos y animales.
El olor rancio de la ciudad fue cambiado por el de aire fresco del campo, mientras que Simone adoraba los lugares de interés al ir por los caminos de tierra. Los campos se extendían por hectáreas y acres a ambos lados del camino. Podría haber sido horas, días o simplemente minutos, el tiempo sólo pasó.
La bufanda blanca que Blaine se ponía cuando se sentaba en el coche, estaba ahora flotando en el viento, y él tenía una amplia sonrisa en su rostro cuando Simone se rió, casi perdiendo su sombrero ante una ráfaga.
- Puedo detenerme y levantar el capó. – El joven diseñador dijo a través del viento, pero Kurt sonrió y negó con la cabeza.
- No, ¡Me encanta! – Respondió. Nunca había estado en un auto como ese. En cierto modo le recordaba a casa, especialmente cuando el viento se precipitaba mientras montaba en los caballos, pero esta vez estaba Blaine. El hombre que amaba a su lado y no a Liam, su amor de la infancia.
Blaine condujo durante algún tiempo, ahora era el mediodía y ambos empezaban a tener hambre, así que decidió detenerse por algunos grandes viñedos que cubrían lo que parecía ser miles de acres.
Simone sentada en el coche contemplaba los campos abandonados de uvas mientras Blaine se detenía.
- ¿Está seguro de que debemos quedarnos aquí? Ésta es la tierra de alguien.
Blaine sonrió y tomó la canasta, así como una manta a cuadros de colores rojo y blanco.
- Estoy seguro de que a nadie le importará. – Dijo con una sonrisa. Tenía la manta bajo el brazo y la cesta ahora en el suelo mientras se acercaba y abría la puerta de la joven, extendiendo su mano, la cual ella tomó con una sonrisa torcida.
- Merci (Gracias). – Sonrió, saliendo del vehículo y alisando la falda que llevaba. El pequeño tacón de sus botas ligeramente se hundió en el suelo, y se detuvo mirando hacia abajo antes de levantarlo con un pequeño resoplido que causó que Blaine riera suavemente, quien recogió la canasta y extendió su brazo doblado para que ella lo tomase.
Con sus brazos entrelazados compartieron una pequeña sonrisa y caminaron a lo largo del suelo blando del viñedo hasta llegar a un lugar donde las plantas los aislaron. No había brotes en las grandes viñas, pero las hojas estaban creciendo.
En la fresca sombra, Blaine colocó la manta y se apartó para permitir que Simone se sentara en la tela. Ella sonrió cuando el joven se arrodilló con su bastón asentado al lado de su sombrilla y preparó el día de campo.
Kurt estaba impresionado. El picnic consistía en vinos finos, uvas y frutas, quesos, galletas, paté. Era hermoso incluso ver cómo Blaine distribuía la comida, presentando los comestibles perfectamente.
- Uno pensaría que entretiene a las mujeres de ésta forma muy a menudo. – La hermosa mujer dijo con una pequeña sonrisa, luego se extendió y tomó una fresa.
Blaine contempló como ella presionaba la fruta suave entre sus labios y tomaba un bocado, el jugo rojo dulce goteaba bajo su barbilla.
La joven rió con la boca llena de fruta carnosa mientras se frotaba los jugos, manchando su guante ligeramente, pero no le importó. Blaine observó ansiosamente, deseando poder haber limpiado el pequeño lío a su manera.
Él sólo miraba a la magnífica dama, y cuando sus ojos se conectaron, sonrió suavemente. No pudo evitar mirar descaradamente, amando cómo el rubor suave y rosado se extendía por sus mejillas.
Ella se estiró hacia adelante, tomando una galleta con paté de ganso y sujetándola contra los labios de él.
- Coma. – Sonrió suavemente, y Blaine abrió la boca, permitiendo que la joven le diera de comer la golosina que era mucho más dulce porque era ella quien lo alimentaba.
-.-.-.-.-.-.-
- De acuerdo… – Blaine sonrió, sentándose adecuadamente en su sitio. – De acuerdo… Le diré algo. – Estaban todavía en el viñedo, ya disfrutando su segunda botella de vino, uno rosado esta vez.
Él había estado acostada de lado, mirando a la joven que estaba sentada con los tobillos cruzados y la copa de vino en la mano, riendo ligeramente.
- Deje de hablar y dígame lo que sea. – Ella rió suavemente y se estiró para tomar una de las jugosas uvas rojas.
- Anderson es mi segundo nombre. – Le dijo y ella lo miró.
- ¿Oh? – Ella sintió un secreto ahí. Blaine Anderson era un nombre de renombre mundial, ¿iba a descubrir algo que casi nadie conocía sobre el joven diseñador? – Bueno, ¿cuál es su nombre completo, entonces?
Él se sentó correctamente y tomó un pequeño trozo de brie del tejido que descansaba encima.
- Blaineri. – Le dijo a la joven que lo miraba con una suave sonrisa en su rostro. Las mejillas de Blaine eran de un rosado saludable. – No mucha gente sabe eso. – Dijo bebiendo más vino y cerrando los ojos mientras lo hacía. – En realidad… probablemente solamente mi amigo Wesley. Sentí cuando me estaba dando a conocer que Blaine Anderson sonaba mucho más profesional.
- ¿Así que sé algo acerca del gran Blaine Anderson que nadie más sabe? – Preguntó cepillándose el cabello de su hombro y sonriendo al hombre mientras asentía. Su sonrisa era suave. – Bueno… estoy segura que no muchas personas tienen ese placer.
Blaine sonrió y se estiró por uva al mismo tiempo que Simone. Sus dedos se rozaron y ambos se detuvieron, las manos en el aire, las puntas tocándose. Él sonrió, sus ojos corriendo a lo largo de los brazos bastante fuertes de ella hasta que la miró al rostro. Sus ojos se detuvieron durante mucho tiempo y Kurt bajó la mirada, sintiéndose ruborizado locamente.
- Así que… – Blaine sonrió suavemente, moviendo su mano para que en lugar de sólo tocar los dedos de la joven, cubrirle la mano con la de él.
- ¿Así que? – Preguntó con un rubor profundo. Deseaba demasiado que las circunstancias fueran diferentes. Que fueran Blaine y Kurt quienes estuvieran ahí. Si así fuera, sabía que lo dejaría hacer lo que quisiera con él, pero Simone tenía que mantenerse a distancia.
- ¿No va a decirme algo acerca de usted? –Ella se mordió el labio, mirando hacia abajo a su falda, suavizando algunas arrugas con la mano que el joven no sostenía. – ¿Bien?
Kurt lo miró y se mordió el labio. Oh dios, ¿era ahora? ¿Era el momento que había estado esperando? El momento en que le contaría.
- Yo… – Se detuvo. No, ¿cómo podría hacerlo? ¿Cómo podía decirle a Blaine? La mirada en los ojos del joven era de adoración absoluta. ¿Cómo lo miraría si supiera? Con asco posiblemente, pensando que era el ser más horrible que jamás había conocido.
No podía cambiar cómo eran las cosas entre ellos, era demasiado cobarde para hacerlo. – Siempre he querido… ser cantante profesional.
Blaine le sonrió. – ¿De verdad? – Ella asintió y él sonrió, soltando su mano haciéndola suspirar, deseando que no lo hubiera hecho. – Bueno… cante para mí.
Sus ojos se abrieron enormes. – ¿Qué? – Preguntó, temeroso de cantar en su voz femenina y que sonaría horrible.
- Estamos solos. – Dijo con una pequeña sonrisa. – Vamos, estoy seguro de que va a sonar increíble.
Kurt se sonrojó y colocó un mechón de cabello detrás de su oreja, sonriendo suavemente. Él le había confiado un secreto y lo menos que podía hacer era darle lo que pedía.
- E-está bien. – Dijo con una sonrisa y miró a su alrededor. Estaban verdaderamente aislados. Sólo podía esperar no sonar horrible. Tragó con fuerza y cerró los ojos, el corazón golpeando contra su pecho, y se puso a cantar.
Al final del arco iris hay felicidad.
Y para encontrarla, lo he intentado con frecuencia…
El tono era bajo y sensual, todavía sostenía su raspa natural pero con un borde más femenino. Mantenía los ojos cerrados.
Pero mi vida es una carrera,
sólo una búsqueda inútil,
y todos mis sueños han sido negados.
Blaine se mordió el labio, escuchando la asombrosa voz que seguía los vientos a su alrededor mientras Simone se metía más en la canción.
¿Por qué he sido siempre un fracaso?
¿Cuál puede ser la razón?
Me pregunto si el mundo tiene la culpa…
Me pregunto si podría ser yo.
Ella abrió los ojos, dejando al descubierto sus matices en los de Blaine y con las mejillas encendidas. – Em… – Recogió su copa de vino rosado. – Pensándolo bien, tal vez no debería ser cantante.
- Simone… – Miró a la mujer con asombro escrito en su rostro. – Eso fue increíble.
- Sólo está siendo amable. – Rió suavemente y bebió de su vino con un profundo rubor.
Blaine se estiró y tomó su mano, besando sus nudillos, y le sonrió.
- ¿Podría yo mentirle? – Preguntó, y la joven volvió la cara para combatir la intensa vergüenza. Blaine lo había enamorado por completo.
- G-gracias…
Ella tartamudeó y él soltó su mano, inclinándose hacia su costado nuevamente, pero algo duro en el bolsillo hizo que se levantara.
- Oh. – Dijo olvidándose de la pequeña caja.
Simone lo miró, confundida y preocupada. – ¿Ocurre algo malo? – Preguntó, dejando el vino, y Blaine la miró.
- P-por supuesto que no. – Sonrió, frotando su costado donde la caja se había clavado en su muslo. – Me di cuenta de que… se está haciendo un poco tarde.
No era tarde, no en lo absoluto, sino que probablemente sería de noche cuando llegasen a París.
La cara de Simone cayó, había estado disfrutando mucho y se había olvidado por completo el incidente del día anterior.
- Sí, tiene razón. – Suspiró, pero sonrió amablemente estirándose para recoger la sombrilla, dejando suavemente su vaso vacío en la cesta. Blaine hizo su parte de la limpieza y antes pronto tuvo la manta bajo un brazo, a Simone en el otro y llevaba el cesto de vuelta al coche.
-.-.-.-.-.-.-
En el momento en que llegaron a París ya era de tarde. Una ligera luz del sol brillaba en el cielo, un orbe pálido juagaba a esconderse entre las nubes. Kurt había estado bajo la impresión de que Blaine lo llevaría a casa y su maravilloso día habría terminado, en lugar de eso éste le propuso dar un paseo.
El joven estaba de pie unos pasos por delante de Simone, extendiendo la mano a la joven quien la tomó, haciendo una pausa y jadeando. Oh Dios mío, no era más que la mitad del camino.
Blaine les había llevado a Montmartre, estacionándose en la calle. Caminaron a lo largo de los muchos cientos de escalones hacia la catedral. Simone estaba jadeando con la mano en el estómago, el corsé le dificultaba la respiración. Maldijo sus zapatos en voz baja mientras tomaba la mano de Blaine y permitía que éste la llevara lejos.
Finalmente llegaron a la cima de los escalones y Simone apoyó una mano sobre el hombro de Blaine, sin aliento.
- Oh por… – Dijo con el pecho agitado mientras apoyaba una mano sobre los senos prostéticos. – Eso fue… exasperante.
Blaine se rió entre dientes, ni siquiera remotamente sin aliento mientras le quitaba la mano de su hombro y la sostenía entre las suyas.
- ¿Tal vez un descanso? – Sonrió, y ella le devolvió la sonrisa, asintiendo.
Caminaron alrededor de la catedral, fueron a una de las bulliciosas calles laterales, pasando por tiendas de baratijas y prendas de vestir hasta que llegaron a una pequeña cafetería con una mesa libre en el exterior, bajo el toldo.
Blaine sonrió, recordando haber visto hace más de un mes a esa pareja sentada por el Sena en un café de ese tipo, preguntándose cómo sería sentarse en ese lugar con Simone.
Ella estaba paseando con su sombrilla abierta, apoyada en su hombro mientras se acercaban a la cafetería.
Blaine oyó su suspiro de felicidad absoluta mientras se sentaba.
Al instante ella se estiró para frotar la sensación de dolor debido a las botas bien ajustadas que llevaba puestas. Cerró el paraguas y sonrió a Blaine cuando un camarero salió a tomar sus órdenes.
Ambos estaban todavía prácticamente llenos del hermoso picnic, así que cada uno pidió sólo un café, y el diseñador apoyó sus manos encima la mesa, sonriendo.
- Se ve hermosa hoy. – Dijo, y la mujer se sonrojó, murmurando en voz baja en un tono halagado, siendo modesta. Kurt tenía contusiones y cortes por debajo de esa peluca y el maquillaje, ¿cómo podría Blaine incluso considerar la palabra hermosa? – Pero tengo algo aquí que creo sumaría sólo un poco más belleza a una magnífica criatura.
Kurt estaba sonrojando locamente ahora, con las mejillas de un rojo brillante mientras Blaine sacaba un estuche de joyería pequeño de color blanco y se lo entregaba. Tomó el estuche y lentamente lo abrió para ver el más bello relicario. Era de plata, plata real, y tenía un pequeño medallón oval con revestimiento iridiscente de perla en la parte frontal. Era perfecto y el tono marfil de la piedra coincidía perfectamente con su vestido.
- Oh Blaine… – Simone jadeó, mirando el regalo que él había comprado hace unos días. Le dio la vuelta en su mano y abrió el medallón para ver un espacio para una foto en un lado del interior, y una escritura pequeña pero clara tallada en el otro: 'Ma Muse' (Mi Musa). Kurt se mordió el labio. Esto debía haber costado mucho, o al menos para los estándares americanos. – Y-Yo no puedo aceptar esto…
- Disparates. – Blaine sonrió, caminando hacia ella. – ¿Puedo?
Simone asintió y sonrió cuando él tomó la caja y sacó el collar. Deliciosamente recogió su cabello, permitiéndole extenderse y cerrar el broche alrededor de su cuello. Kurt miró hacia abajo al medallón que descansaba sobre su pecho, y sonrió suavemente al tocarlo.
- Es precioso… – Se quedó sin aliento, mirando a Blaine sentarse al otro lado mientras la orden de café estaba saliendo. – Merci. (Gracias).
- El placer es todo mío, Mademoiselle (Señorita). – Sonrió suavemente, bebiendo de su taza mientras se sonrojaba con locura, mirando hacia abajo al medallón, con el corazón casi tan caliente como sus mejillas. Su mano enguantada tocó la pieza de joyería, y Blaine sonrió. – Luce casi tan hermoso como la mujer que lo lleva. – Dijo con una amplia sonrisa mientras la castaña miraba su taza, levantándola hacia sus labios y mordiéndose la lengua, todo para ocultar la amplia sonrisa que amenazaba con romper su rostro.
