Adicto a la adrenalina define muy bien a Draco...le gusta pelear, tener sexo con extraños, volar como un loco, mete dragones en los trenes de pasajeros...y está intentando llevarse a la cama a Sylvain!
Pero pese a todo lo que le ha hecho, Sylvain no es rencoroso…
Algunos preguntáis si Draco no se estará liando en su propia trampa…en fin, me temo, que los gatitos, de tanto jugar con el ovillo, acaban enredándose en la madeja… aunque para darse cuenta de eso aun le falta…
PASEANDO POR EL BOSQUE PROHIBIDO
Durante el resto de la semana, trabajaron codo con codo e incluso volvieron a combatir de nuevo varias veces. Sylvain pareció dejar atrás cualquier rencor por lo sucedido y el rubio Slytherin respiró aliviado. Definitivamente, el otro estaba más que dispuesto a perdonarle el desliz. Otra sorpresa fueron las ideas del moreno sobre las clasificaciones absolutas de la magia en blanca o negra. Sus opiniones eran cuando menos singulares y el rubio se sorprendió cuando ambos se enzarzaron en una acalorada charla sobre el temario, ya que el joven defendía un punto de vista cuando menos…poco ortodoxo…y ciertamente mucho mas semejante al suyo propio de lo que había esperado. No era de extrañar que hubiese pasado por alto con tanta facilidad su maldición…de hecho, había propuesto entrenar en rechazar y practicar las dos no letales a los alumnos de 6º y 7º, e incluir la teoría del Avada Kedabra para los de 7º… las dos primeras con fines defensivos, la tercera…como último y desesperado recurso ante un ataque de igual índole.
-¿Acaso dudarías en usar otra maldición, cualquier maldición, para defender a tu familia de un peligro inminente? No es que esté a favor de permitir su libre uso indiscriminado, pero si no puedes defenderte de un Avada con un escudo, al menos, deberías tener el derecho de contraatacar. Los muggles consideran que el asesinato es un delito, pero si la única opción que te queda es matar a tu agresor o morir…
Y Draco tuvo que darle la razón, por supuesto. A él le importaba muy poco, casi nada, en que categoría entraba el hechizo o la maldición que podía salvarle la vida… solo las posibles repercusiones legales si alguien le acusaba. También descubrió que los ataques de Sylvain eran siempre imaginativos y sorprendentes, aunque favorecía la defensa inicialmente. Era un muy buen duelista, mejor de hecho, que la mayoría de aurores que conocía… El joven había desarrollado versiones propias de varias maldiciones y encantamientos, muy difíciles de neutralizar con las contra maldiciones habituales, lo que le daba cierta ventaja en la lucha. Era algo que solo expertos se molestaban en realizar, Aurores y cuerpos de defensa de élite similares, cuyas vidas podían depender de ello. Las variaciones ordinarias de hechizos y maldiciones solían ser suficientemente similares como para responder al mismo contrahechizo, pero Sylvain había realizado una autentica labor de recreación con algunos de ellos, separándoles lo suficiente del original. Lo que mas le sorprendió a Draco fue que el joven parecía ignorar decididamente a cualquier criatura que el rubio llamase en su auxilio - un truco muy empleado como táctica de distracción - y que estas, le amenazaban, pero no le atacaban nunca. Era una forma velada de su labor de desmenuzamiento del otro, pero los resultados eran frustrantes.
Una veela sentía una aversión casi instintiva y se sentían amenazadas por las serpientes, los elfos odiaban a los orcos y a los wargs o huarcos, sus lobos gigantes; las hadas huían de cualquier clase de criatura acuática y temían el fuego…los vampiros son enemigos naturales de los hombres lobos… La primera prueba con los cabellos le llevaría tiempo, tenía que elaborar varias pociones… Su curiosidad se avivó y le desafío veladamente a enfrentarse a las criaturas reales del bosque prohibido. Con una sonrisa Sylvain contestó enigmático:
-No hay nada que temer para mí en ese bosque, pero si quieres dar un paseo…
Draco aceptó, y ese sábado, después de la cena, se internaron bajo los árboles. Sylvain y él recorrieron los senderos, internándose en el oscuro bosque, sin cruzarse con una sola bestia. El moreno se sentó en un claro, y Draco le imitó, en silencio. Durante un rato, solo la brisa arrancó murmullos a las copas de los árboles, y el rubio recordó repentinamente su primera visita al Bosque Prohibido, reprimiendo un escalofrío. El moreno sonrió vacilante, quizás esperanzado, y ofreciéndole la mano para levantarse, le ayudo a ponerse de nuevo en pie. Caminaron atravesando el bosque, sin otro encuentro más que un pequeño grupo de unicornios que divisaron a lo lejos, entre los árboles o ruidos de bestias desconocidas alejándose de ellos. El rubio pensó fugazmente en la suerte del extraño dragón al que había bautizado como Emerald y suspiró. Con cierta vacilación el joven alzó la vista hacia su silencioso compañero y murmuró con cierta reticencia:
-¿Sylvain?¿Realmente necesitas la sangre? ¿Qué animales entran en tu…dieta?
El moreno alzó una ceja con curiosidad ante la extraña pregunta, pero tras mirarle en silencio un rato, encogiéndose de hombros, murmuró su respuesta, una pieza más de información:
-Si, la necesito. No tan acuciantemente como un vampiro puro, pero prefiero tomarla a diario, para evitar riesgos. Y siempre que puedo, cazo personalmente mis presas, grandes mamíferos Draco. No tiene sentido perseguir a un conejo o a una ardilla, no tienen suficiente sangre para ofrecer. Aquí hay bastantes ciervos, gamos, corzos y jabalíes; también cabras y ovejas asilvestradas, algunos bueyes salvajes, e incluso gatos monteses, lobos comunes y zorros, aunque realmente a estos últimos no me atrae mucho morderles. Tengo presas más apetecibles en abundancia y también puedo buscar sangre en animales de granja. También hay thestrals, un pequeño número de hipogrifos, caballos alados de varias clases, unicornios…pero no suelo alimentarme de criaturas mágicas, aunque en muchos casos sería posible. Me gusta cazar, realmente me gusta más la caza que la sangre. Perseguir al animal, acorralarle, y finalmente, hacerme con él. Solo los mato ocasionalmente, para conseguir la carne que más me apetece.
El rubio asintió silenciosamente y tras unos momentos volvió a preguntar insistente:
-¿Has visto algún animal… extraño, en el bosque? ¿Uno que no debiera estar tal vez?
Sylvain rió suavemente y miró con ojos divertidos al muchacho rubio y murmuró:
-Es una muy extraña pregunta, Draco…Todo lo que he visto dentro de este bosque, a mi entender, si está ahí, pertenece a él…
Draco refunfuñó por unos instantes y de mala gana, le contó la historia de Emerald y de cómo había desaparecido en el bosque antes de llegar a la estación. Mirándole a los ojos, el joven susurró:
-Es que no me gustaría pensar que puede pasarle algo malo en el bosque… Emerald es una criatura realmente especial, única, sabes?
Sylvain asintió gravemente y miró hacia la espesura de los arboles.
-Los dragones son criaturas extremadamente astutas e inteligentes, Draco. Además de resistentes y adaptables. Lo que me has contado…parece el comportamiento de un joven subadulto en busca de un territorio para instalarse…Y este bosque se extiende hasta las montañas… el fragmento que está dentro de los terrenos de la escuela es solo una pequeña parte de su extensión. Hay buena caza y muchos lugares para esconderse…si tu Emerald se ha quedado aquí finalmente, estará bien, estoy seguro. Y yo nunca le haría daño a algo o alguien importante para ti, Draco.
