Naomi: Se que me he demorado :c pero todo tiene una explicación :c Para no dar tantos rodeos, tengo una enfermedad que me lleva al cáncer, así que me debo cuidar, y no saben lo jodida que soy xD me enfermo hasta de gripa. Pero bueno~ No entrare en detalles, no hablo mucho de mi

Espero les guste, y hay partes ya del pasado de Kuroko con su padre y eso. Si, y eso es bullying a mi amado Ryuzaki xD

Enjoy!

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La peinilla paso por su cabello nuevamente, esta vez sin jalar con brusquedad su lacio pelo, terminando en las puntas, así terminando de desatar los nudos que se formaron en la noche.

Está listo, Kail. —Dijo el muchacho al terminar con el cabello del menor en la sala.

Gracias, Hiro. —Dijo Kail como respuesta, dándole unas palmaditas al hombro del muchacho de cabello rubio que había terminado de peinar a su hijo.

Uf, tengo que enseñarte estas cosas. —Le dijo al hombre que aparentaba menor edad de la que tenía, y sí que la aparentaba bien.

Hehe sí. —Sonrió juguetón, yendo donde su pequeño hijo para abrazarlo. —Pero le agradas a Tetsu. —Volvió a mirar a Hiro junto a su hijo, que afirmo con felicidad desde su cabeza.

Me agrada Hiro-san, cuida de mi papá.

A la edad de cinco años, Kuroko ya sabía el tipo de gustos de su padre, y quien era su pareja en ese momento, un muchacho que a pesar de ser menor, era más alto que su padre. Nunca le incomodo esa relación, la veía normal, como si fuera una relación heterosexual.

Tú también me agradas. —El rubio acaricio los cabellos del pequeño pelo celeste.

Pero le tengo celos, yo quería ser el único de papá. —Dio un tierno puchero, aferrándose al pecho de su progenitor, y sintiendo a la vez el olor de su dulce perfume.

Aw. Eres tan bello mi Tetsu. —Un beso paro en su mejilla por parte de su padre, que estaba levemente ruborizado por lo que decía su pequeño niño.

Se parece más a Tetsuna que a ti. — Comento Hiro, sin tener nada que ver con el tema que hablaban padre e hijo.

Es verdad. —Fingió un llanto en el hombro de su primogénito, sintiendo como la manita de su hijo acariciaba su cabellera negra.

Si quieres que me parezca a ti, de grande tinturare mi cabello de negro, y me pondré lentes de contacto para imitar tus ojos plateados. —Dijo con inocencia y esa parte infantil que tanto caracterizaba a los niños.

¡Ñu! —Negó su padre. —Quédate así, estas lindo. —Nuevamente revolvió su cabellera celeste, y lo dejo al fin en el suelo.

La puerta se abrió de golpe, entrando seguido su madre junto a esa aura de cansancio que llevaba a casa la mayoría de veces que llegaba del trabajo pesado. Su padre inmediatamente se dirigió a ella, con su cara de "enojo", aunque todos sabían que en realidad no lo estaba, era como su máscara.

¿Por qué te demoraste tanto? —Kail se dirigió a la mujer con la que había salido hace un largo tiempo, y con la que había tenido a Tetsuya.

Amor~ —La mujer, sin dar respuesta, se lanzó en el hombre de cabello negro, tirándolo al suelo, al ser más pesada.

Tetsuna, estas pesada. —Gimió el hombre mayor bajo el cuerpo de su mujer, intentando sacarse del agarre de esta, era muy fuerte para ser mujer, seguro de tanto trabajo saco músculos con los que se aprovechaba de Kail, que era un poco más pequeño.

Tetsu, vámonos. —El rubio que al parecer pasaba desapercibido de la pareja, cogió la mano del pequeño, y salió del apartamento junto a él.

Así era la mayor parte de veces: su madre llegaba cansada de día, jugueteaba con su padre mientras este intentaba reprenderla, y Kuroko iba a una cancha de baloncesto cercana a su apartamento acompañado del novio de su padre, que ya de tantos años conocía la extraña relación y vida del pequeño niño.

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El balón driblaba con velocidad, pasando en medio de las piernas de uno de los jugadores, esquivando al otro, y así logrando encestar en la cancha que debía.

—Bien. ¿Quién va ganando? —Pregunto Kagami, al caer el balón en el suelo nuevamente. Volvió a mirar a su pareja, la cual no encontraba con su vista, dando vueltas tal como un perro a su cola.

—Acá, idiota. —Insulto, dándole un zape en la cabeza, mientras se ocultaba tras del pelirrojo, no dejándose ver de este.

—Grr. —Gruño enojado por el insulto, además de que se ocultaba tras él, ¿cómo esperaba que lo viera? — ¡Tramposo!

— ¿Acaso estamos jugando? — Dijo burlón, refiriéndose a un juego de niños, infantil; agarrando al pelirrojo desde la espalda, alzándolo un poco del suelo.

— ¡Bájame! —Le grito, intentando dar la vuelta, para caer al suelo, amortiguando el golpe con sus manos que cayeron de una forma paralela, y dolorosa.

El moreno estiro su mano hasta su novio, para ayudarlo a levantarse del suelo frio en el que se encontraba. Este la recibió, pero en vez de dejar que su pareja lo ayudase a parar, jalo su brazo, para tirarlo al suelo, sin darse cuenta que caería encima de él. Ambos quedaron uno encima del otro, agachados en el suelo, mirando los ojos del contrario.

— ¿Qué? ¿Le gusto? —Le pregunto burlón Kagami, aun así incomodo con la mirada que le dedicaba el moreno encima de él.

—Si. —Dijo con sinceridad, dando a sus labios una forma curva, y riendo con discreción, acercándose aún más al rostro de Kagami, para darle un beso encima de sus dulces belfos. Comenzó como un simple beso, algo cortante para no llevar a cabo la práctica de "exhibicionismo" en medio de toda la cancha publica, aunque ya fuese de noche y nadie pasara seguro a esa hora.

Está bien, continuaron besándose, cada vez con más firmeza por parte de ambos. El pelirrojo pasó sus brazos por la nuca del moreno, quedando sostenido de ella, para no caer de alguna manera brusca en el pavimento. Aomine mantuvo sus brazos firmes, de forma paralela a su cuerpo y al de Kagami, uniendo aún más el nexo de sus labios, deseando por parte de ambos él no estar en público, pero también divago en lo dicho al moreno por la mañana, tenían partido al día siguiente, no podían quedar perjudicados por sus deseos sexuales, bueno, más que nada por parte del pelirrojo que era el receptor de la relación.

Sus oídos percibieron un lejano sonido que provoco que se separaran de inmediato, el balón que ellos hace un momento usaba estaba driblando, no de una manera muy violenta, pero de una que ambos reconocieron sin necesidad de decir de quien era.

— ¿Aun se besan en la calle? —El olor de galletas de café afirmo su pensamiento.

_2_

Siempre salía con Hiro al parque más cercano a su apartamento, ya que para cuando volviesen la discusión de sus padres hubiese terminado como siempre: Su madre dormida en el sofá, y su papá con una sonrisa victoriosa por derrotar a la mujer.

Llegaron a una cafetería, como parada en dirección al parque, donde vendían unas galletas hechas de café que tanto amaba el pequeño, además de un batido de vainilla, algo que si era común de él tomar a diario.

Luego de la corta parada, salieron del lugar, Kuroko con la comida en las manos, mientras el rubio lo sostenía de la manita, para dirigirlo hasta la cancha, donde el muchacho, novio de su padre, practicaba baloncesto con alegría.

Le gustaba observarlo jugar, en primer lugar eso fue lo que hizo que su padre y el muchacho se conocieran:

«Kuroko y su padre iban caminando por la calle; en un momento su padre dejo de mirarlo, y este, como el infante que es, se separó de Kail, asustándolo como neurótico.

El pequeño se había alejado a una cancha que observó cerca de donde pasaba con su padre; allí jugaba un bello muchacho, de cabello rubio y ojos verdes limón, con gran emoción y unas técnicas que le habían atraído. En un momento el balón le llego, golpeando suave su manita, haciendo que unas lágrimas comenzaran a salir de sus ojos, atrayendo a la vez la mirada preocupada del muchacho.

¿Estas bien, pequeño? —El rubio tomo su manita, acariciándola para desaparecer el dolor. Los ojitos celestes del niño lo habían atraído, pareciéndole un dulce pequeño. —Pronto sanara, dulzura. —Hiro sonrió, besándole con suavidad la mano a Kuroko, quien, inmediatamente, enrojeció, dejando de lagrimear.

¡Aléjate de mi hijito, pedófilo! —El balón de baloncesto, que había desaparecido por los arbustos tras el niño, se dirigió de forma violenta a la cabeza del muchacho rubio, que cayó al suelo por el brutal golpe. ¡¿Cómo alguien tiene tanta fuerza bruta?!

Auch. No le hacía nada, hombre. —Sobo su cabeza, reincorporándose con los ojos cerrados, sintiendo como una masa se formaba en su cráneo debido a ambos golpes: el caer al suelo y el golpe del violento hombre que llego por su hijo. ¡Padre más sobre protector no conocía!

Papi. —El niño salto a los brazos del mayor de los tres, siendo recibido por estos, subiéndolo hasta su pecho.

¿Te hizo daño ese sujeto malo? — ¿Sujeto malo? Vamos, no es como si le gustaran los infantes, no llegaba a tal desesperación, pero el niño era lindo, seguro lo había sacado de su mamá, porque su padre, tal vez, era otro machista que sobraba en este mundo, con nada de físico, y sin cuidado en su salud, ¿acaso los hombres de esta época no se cuidan? Y luego por qué el dicho: Los hombres hermosos son gays. Claro, él estaba incluido.

Se dice: Lo lamen-... —Al final Haru volvió a donde se encontraba el bello azulejo, notando al padre de este, que llamo su atención por completo: pelinegro, ojos grises y con este toque tan infantil que diferencio en el rostro al mirar al hijito. Tenía todas sus expectativas.

Tú lo tocaste. —Kail miro al "violador" de su niño, logrando también diferenciar sus rasgos perfectos, pero aun divagando en el "casi se lleva a mi hijo" que para él, era su todo.

Desde ahí, el resto fue historia, llegando a conocerse el uno al otro.»

De alguna forma fue la causa de que estos dos se conocieran, y sí que estaba feliz de ese día.

Cada vez que iba a ese parque, fuera con su mamá, papá o Haru; llegaban recuerdos, que plasmo en ese lugar desde que era niño.

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Divago por las calles de la ciudad, solo iluminadas con los faroles que aún seguían encendidos, además de las tiendas que aun habría a esas horas de la noche. Suspiro profundo, no había pensado hacer algo tan estúpido como salir, y más a esa hora, y aun más que su mansión quedaba a "quien sabe cuántos" kilómetros de la ciudad. Había recorrido tanto a pie, corriendo a gran velocidad, para ir a la casa de Kuroko, que como si fuera parte del Karma, había salido al igual que el de su casa. Colerizó con el recuerdo.

¿Aka-chan? ¿Qué haces a esta hora acá? — pregunto Tetsuna, madre de Kuroko, recibiéndolo en la puerta del apartamento.

Vine a ver a Tetsuya, ¿Me lo podría llamar? —Noto como la mujer ladeaba la cabeza, intentando esconder esa sonrisa traviesa que se asomaba en sus labios. Se estaba riendo, reía de él, de su cara de cansancio, del sudor que caía por su frente. Pero no le importaba, solo quería verlo y decirle la respuesta del mensaje, decírselo frente a frente. ¿Por qué no espero? Por su afán de besarlo, de tenerlo, sin importarle que la madre de este estuviera en casa.

Bueno, veras, Tetsu-chan salió hace unos minutos. — ¿Lo estaba jodiendo, no? Díganle que si, por favor. Al parecer si era karma, el mundo se vengaba de lo que pensaba hacer.

Una seña de enojo apareció en su frente llena de sudor que antes limpio con la manga de su chaqueta, la primera que encontró en su armario. Decidió caminar un poco, observando una cafetería abierta a tal hora de la noche, bueno, algo de suerte al fin tenia.

Entro con su fachada de cansancio, llenando el cálido lugar con un poco de aire frio de la noche que entro tras él. Aparto un lugar en la fila de una persona, de inmediato siendo atendido por una bella muchacha, que seguramente ligaría, claro, pero ahora ya eso no le importaba, estaba cansado, y no sabía dónde demonios Tetsuya se escapó.

—Dame un capuchino. —Le dijo, observando como la mujer fue a prepararlo, antes pidiéndole el nombre para llamarlo cuando su pedido estuviese listo.

—Son $2.90 —Le comento la mujer de la caja, ya con su bebida lista luego de no más de un minuto.

El pelirrojo registro en sus bolsillos para sacar su billetera, sin tener nada más que la tela de su pantalón. Hizo lo mismo con su chaqueta sin resultado, observando como la mujer lo miraba expectante a la espera del dinero que debía pagar. ¡No! ¡No podía creer que era tan de malas! ¡Dejo la billetera!

—Esto… —Sonrió a la muchacha, intentando cautivarla con su sonrisa, a ver si era menos severo el golpe. —Veras… —Dio una risita algo nerviosa, poco común de él, mientras la muchacha solo lo veía con serenidad.

—Si no tiene dinero tendré que decirle que se vaya. —Comento la mujer, mirando el capuchino que le iba a entregar al cliente, dejándolo en la basura. ¡Mujer más cruel! ¡Si lo iba a botar, se lo hubiese dado!

Akashi se retiró del lugar, agradeciendo que solo se encontraban dos personas en el café, evitando las miradas severas de estos. Camino otro poco por las calles, ya pareciendo alma en pena, sin rumbo más que algún lugar para descansar. Tenía hambre, sueño y cansancio, para peor Tetsuya aún no aparecía a su vista, y sí que era difícil encontrar a alguien que era como un fantasma, un bello fantasma del que estaba enamorado y quería solo para él.

Logro visibilizar una bella cabellera celeste, parpadeando repetitivas veces para no alucinar del hambre que padecía. Si, era real; comenzó a caminar en dirección a donde estaba yendo los cabellos azulinos, llegando a un parque, lleno de árboles y arbustos, y a la vez, dejando de ver al cabello celeste.

Vacilo en entrar al parque, ya que, pues era de noche, no se veía para nada seguro, y quien sabe si era Kuroko, aunque no conocía a nadie —aparte de Tetsuna y él— que tuvieran el cabello de azul cielo. Aun así, con la mala suerte que estaba teniendo no estaba seguro si ir tras los arbustos.

Escucho unas voces siguiéndolas con algo de oscila en sus piernas, pero cada vez que las escuchaba mejor, yendo de forma veloz. Estaba al momento de escuchar perfectamente la voz de Kuroko, si, era la de él, no estaba alucinando. Salió detrás de los arbustos, atrayendo la mirada de los presentes.

— ¿Akashi-kun? —Era Tetsuya, si era él. Por un momento se emocionó, hasta que decidió ver a donde estaban otros dos personajes que no le agradaban; perfecto, eran los dos jugadores.

— ¿Y este? —Dijo Aomine, de forma incorrecta y ofensiva, pero Akashi lo paso por alto, ahora lo que importaba era Kuroko.

— ¡Tetsuya! —Se acercó al susodicho, abrazándolo como si hubiese estado buscándolo toda la noche, cosa que estuvo haciendo y que no le estaba dando resultado, hasta ahora. Tetsuya no se movió, se quedó estático, bajo sus brazos, bajo su cuerpo, sintiendo el calor, los jadeos, los latidos acelerados y el sudor que mantenía Seijuuro en su cuerpo.

— ¿Cómo...? ¿N-no estabas e-en tu…? —Tartamudeo, avisando con esto a los jugadores que algo estaba mal en el o con ellos.

—Vine a visitarte. Tenía que hablarte y decirte algo. —Soltó el abrazo, quedando fijo en los ojos de Kuroko, esos ojos que normalmente permanecían inexpresivos. —No me respondiste, así que me preocupe… Tenía que verte… —Jadeo de cansancio, dando un suspiro aún más profundo y ahogado. No solo era el cansancio, el hambre lo estaba matando, de una forma literal. —Hueles a café… —Recordó la cafetería en la que hace un rato había estado.

—Te vez pálido, más de lo normal. —Comento Kuroko, llevando su mano a la mejilla del pelirrojo.

—Corrí hasta acá. —Tomo la mano de Tetsuya que permanecía en su mejilla, acariciándose la mejilla con ella. Estaba caliente a diferencia de su cuerpo que parecía hielo de lo frio que se encontraba.

— ¡¿Qué?! —Chillo de sorpresa.

—Tenía que verte. —Le afirmo nuevamente, terminando de conmover al más bajo, que de inmediato lo abrazo, sonriendo con alegría, reafirmando ese amor que nunca creyó que crecería en el por el pelirrojo.

—Tonto. —Bufo, dándole un beso a la mejilla de Akashi, sorprendiendo a los dos jugadores que continuaron expectantes.

¡¿Beso su mejilla a su voluntad?! ¿En realidad estaban saliendo o solo era mentira de Akashi? Bueno, estaban empezando a dudar lo último. No sabían dónde diablos quedaba la casa del pelirrojo, pero pudieron deducir que nada cerca, además que se había tomado ese trabajo de correr hasta donde el… Puede que en realidad lo ame, ¿eh?