Oh Señor de las mentiras,
mendigo de otras vidas,
duque del vicio, príncipe del sexo
y del dolor...
La lascivia que en mí entre,
me corrompa y me reviente
el alma en trozos de placer.
El pentáculo es mi cama,
permite que te laman,
y no sabrás si te acarician
un hombre o mujer.
Violaremos tu inocencia,
orgasmos y decadencia,
alguien se excita en una cruz,
y la brisa de la muerte
pudrirá lo que es decente.
Ven y déjate sodomizar.
Mago de Oz.
Aquelarre (Gaia II La Voz Dormida)
(Fragmento)
Capítulo 10: El Aquelarre
El calor era demasiado fuerte, el sol estaba apenas saliendo pero el calor de sus rayos comenzaban a hacerse casi insoportables, destapó su botella de agua y dio tres grandes tragos, la botella se vació casi a la mitad en tan solo unos segundos. Su enorme mochila cargada de algunos víveres, una tienda de campaña y otro cambio de ropa le estaba comenzando a molestar; iba caminando a un lado de la carretera, a lo lejos veía una torre de agua con las palabras "Gravity Falls" escritas, el siguiente pueblo a recorrer, ahí aprovecharía para acampar, las cosas que había escuchado de ese pueblo eran muy interesantes, desde leyendas urbanas hasta bestias de apariencia horrible, eso no se escuchaba todos los días. Pero sus pies lo estaban matando, llevaba caminando desde antes de que el sol saliera y ningún coche se había dignado en pasar a su lado para recogerlo, a lo lejos escuchó el motor de un auto y volteó con su pulgar arriba para ver si esta vez tenía un poco de suerte, el viejo jeep color verde se detuvo lentamente a su lado y el muchacho dio una sonrisa al ver que alguien se apiadaba de él, después de dar las gracias se subió en el asiento del copiloto, atrás habían tres mujeres que dormían tranquilamente. Se acomodó su gorra que decía "I Love NY" de la cabeza y se quitó unas gotas de sudor de la frente, le dio las gracias a la conductora y ella se puso en marcha, el muchacho le dio una pequeña mirada y pudo ver que ella era bastante guapa, de cabello lacio y completamente negro, con sus labios pintados con labial negro, de piel pálida. Después de una breve charla la chica le ofreció algo de una botella, una bebida de color rojo que olía extrañamente bien, no como a Jamaica o algún otro saborizante, era un olor peculiar y extraño pero muy agradable al olfato. Bebió algunos tragos y al cabo de un rato se empezó a sentir demasiado cansado, lo último que pudo ver antes de quedarse dormido fue a la chica sonreír de una manera muy extraña. Este turista no sabía de los peligros de viajar haciendo auto-stop, pero estaba a punto de averiguarlo.
Liz estaba comenzando a preocuparse, no de los gemelos, sino de ella misma. Las brujas y hechiceros que antaño fueran sus compañeros buscaban destruirla todos los años en fechas diferentes del calendario; mientras para la mayoría de las personas los días como año nuevo, la noche de Halloween, navidad, el mismo súper Halloween que se celebraba en ese pueblo eran fechas de alegría y diversión, para ella eran los días que tenía que ocultarse y defender bien su casa, era atacada por diversos hechizos y magia negra, debía cuidarse de lo que se encontraba por el suelo o de lo que alguien le pudiera regalar, pues muchos de esos supuestos regalos eran productos cargados de maldiciones y de la magia más negra que se pudiera encontrar, todo traído directo de Akodessawa*, una de las puertas del infierno en la tierra. Muchos se habían enfrentado a ella directamente pero eran vencidos después de una larga pelea, Liz tenía muchas cicatrices alrededor de todo su cuerpo, y muchas otras más en las partes de su anatomía que era cubierta por su vestimenta que básicamente consistía en vestidos de sus colores favoritos.
Bill tampoco había hecho acto de presencia en los últimos días y empezaba a preocuparse, de verdad era para ella casi un esposo y ella una novia que se preocupa demasiado a pesar de saber que se puede defender solo; Bill era el único espectro en el que ella podía confiar, a pesar de saber que la mayoría lo consideraba como un antagonista traidor. La amistad que habían hecho a lo largo de los años significaba mucho para ella, todos los años durante los desmanes de sus antiguos compañeros él llegaba para hacerle compañía durante las largas y fatídicas noches que su casa soportaba todo el ruido y ataques de los brujos, platicando durante toda la noche de sus pasados, y de lo que alguna vez había sido su vida. Bill era su amigo, y si no fuera un demonio seguramente estuviera con él como algo más que simples amigos, admitía que el carismático triángulo hubiera sido todo un rompecorazones; y aunque nada le impedía tener algo más con Bill, el estar con un demonio, espectro o como quieras llamarlo, era demasiado problemático para un humano, más para ella, algún día su vida llegaría a su fin y ni el miso Bill la podría sacar de las fosas del Hades. Era ese mismo motivo por el que Bill le había dicho que nunca se acercaría a Mabel para arreglar los daños del pasado, temía encariñarse con ella.
La mirada de Pacifica estaba puesta en el cielo desde el marco de su ventana, otra vez había regresado a los viejos hábitos de su infancia, Tony empezaba a preocuparse. A través del jardín miraba el triste aspecto de su hija, aunque esto sólo fuera un decir, la chica se metió de nuevo a su habitación y no pudo sino sentirse mal por ella, por ambos. Estaba haciendo un mal trabajo, Pacifica todavía no le tenía la suficiente confianza para decirle qué era lo que la ponía así de triste; Pacifica sólo lo veía como lo que era, un mayordomo y ya, alguien a quien sus padres o ella misma podía remplazar. Fue a la casa y subió las escaleras para tocar a su puerta y hablar con ella, la puerta fue abierta casi al instante y ella lo dejó pasar con una sonrisa que se desvaneció tan pronto como había aparecido.
– ¿Qué pasa?
–Me gustaría hablar contigo.
– ¿Sobre qué?
–No me gusta verte así, hija, ¿Hay algo que pueda hacer por ti?
–Estoy bien, no necesito nada, estoy un poco desanimada, es todo.
–Pacifica, no te veía así desde hace años. Me preocupas.
–Está bien, mira, sí es algo que pasó por aquellos días, pero no quiero hablar de eso, es demasiado enfermizo y quiero olvidarlo.
–Bueno, yo sé que no es mi deber siendo quien soy el preguntarte por eso, pero estoy…
–Eres más que un simple empleado, Tony. Te preocupas más por mí que mis torpes padres, es que de verdad quiero dejar eso atrás.
Con un gesto solemne Tony asintió. En ese momento llamaron al timbre, ambos bajaron para ver por una de las cámaras de seguridad de quién se trataba, para sorpresa de Pacifica, era nada más y nada menos que Gideon, que esperaba que alguien le abriera o le gritara para que se fuera, sin pensarlo dos veces Pacifica accionó el mecanismo de la puerta para dejarlo pasar. Tony vio de nuevo a Pacifica, esta vez sonreía de una forma que pocas veces la había visto hacerlo, ahora comprendía un par de cosas. La rubia abrió la puerta y Gideon casi corrió con los brazos abiertos para abrazarla y ella estaba a punto de hacer lo mismo pero ambos cayeron en cuenta de eso y sólo atinaron a sonreír nerviosos viendo a otro lado, Tony veía toda la escena mientras negaba con la cabeza a punto de reírse. Se vieron otra vez, esta vez más repuestos por fin pudieron articular palabra.
–Volviste muy rápido. –dijo ella en un tono de sorpresa.
–Sí, bueno, estuve pensando en lo que dijiste. La carta puede esperar.
– ¿Y por qué volviste? Pensé que te irías del país.
–Bueno, a decir verdad creo que huir de mi pasado es poco valiente, sólo tengo que olvidarlo y seguir con mi vida.
Ella sonrió aún más, era lo mismo que ella estaba tratando de hacer desde hace mucho y aunque sabía que era difícil hacerlo solo, quizás las palabras de Dipper tenían mucha razón, arreglaría las cosas con las chicas y apoyaría a Gideon a olvidar su pasado. Y trataría de hacerlo ahora.
– ¿Te gustaría ir a una fiesta?–le preguntó mientras Gideon le sonreía un poco confundido.
Por otro lado Mabel estaba pensando en que llevarían puesto ella y Dipper, una fiesta de disfraces en la que figurarían el alcohol y las drogas seguramente tendría buenos atuendos. Quería que se disfrazaran en pareja como lo hacían todos los años, pero esta vez lo haría con una temática de un par de chicos maduros. Se trataba de concentrar en algo mientras pensaba en cómo se las arreglaría para mantener alejado a su hermano de las bebidas y de las otras chicas que se le acercaran, en especial de Wendy, habían pasado ya unos pocos años pero se seguía sintiendo celosa de ella, a pesar de que su hermano ya no babeara cada vez que la veía. Al verse un poco falta de inspiración decidió que lo mejor sería ir al centro comercial o a la tienda del súper Halloween para ver los disfraces y darse una idea, después de tomar su bolso y algo de dinero terminó por hacer que Dipper la acompañara, claro que después de unos besos él no opuso mucha resistencia. Al llegar al centro comercial vieron que estaba un poco concurrido, turistas por aquí y por allá, Stan seguramente tendría mucho trabajo también, los pobres empleados de los locales estaban vueltos locos tratando de no perder un solo cliente, lo cual era casi imposible; trataron de buscar a Melody pero no la vieron por ninguna parte. Fueron hasta el tercer piso y se metieron a la única tienda que vendía disfraces para la ocasión, su sorpresa fue mayúscula cuando vieron a Pacifica revolviendo los aparadores acompañada de Gideon, que iba con su gabardina y una gorra junto con unos lentes oscuros que cubrían sus ojos, a comparación de los días anteriores esta vez Gideon se veía más aseado y mas ¿contento? Ambos reían mientras se probaban unos disfraces de color rosa por encima de la ropa; los gemelos, que iban tomados de la mano, se vieron un poco confundidos ante la escena que estaba frente a ellos. Se aproximaron para saludarlos y ellos casi sueltan un grito del susto que les dieron.
–Hola Pacifica, Gideon. –saludó Mabel a la pareja que se mostraba un tanto nerviosa todavía, Mabel dio una sonrisa al presentir algo entre ellos.
–Hola, Mabel ¿Qué hacen aquí?–respondió la rubia.
–Vinimos a ver los disfraces, tal vez compremos algo.
–Pensé que te habías ido, Gideon. –la voz de Dipper sacó de su trance al muchacho.
– ¿Cómo lo supiste?–inquirió Gideon un tanto confundido.
–Pacifica me lo dijo anoche.
– ¿Anoche?–le cuestionó entonces su hermana que lo vio casi con enojo.
–Sí, me la encontré en el lago cuando salí a caminar. Nos encontramos a Robbie y nos invitó a la fiesta.
–Yo no diría que lo encontramos. –se metió Pacifica. –más bien le estaban dando una paliza y tú corriste a ayudarlo. Eres un héroe, Dipper.
–Bueno, entonces, supongo que irás a la fiesta ¿no?
–Sí, y voy a llevar a Gideon a que se divierta un rato, sólo que no encontramos unos disfraces que no sean infantiles, todos son, bueno ya sabes, muy bobos todavía.
–Deja que yo me encargue de eso. –le dijo Mabel con su sonrisa característica. –que las demás estén comprando sus disfraces en un sex-shop no dice que tú y yo también debamos hacerlo, podemos disfrazarnos de una manera no infantil sin llegar al atuendo de una "chica fácil". Y creo que ya encontré los disfraces para nosotros, Dipi-dy. –le sonrió a su hermano mostrándole dos gorras de colores verde y rojo, con una M y una L.
La noche llegó demasiado pronto, decidieron no cambiarse en la cabaña y fueron invitados a la mansión de Pacifica, Mabel se estaba sorprendiendo de la actitud tan cambiada de la rubia y en más de una ocasión se lo hizo saber a Dipper con miradas de incredulidad, su hermano solo sonreía ante su actitud, a veces Mabel todavía era muy infantil; Pacifica parecía estar haciendo el esfuerzo de enmendar sus errores y a pesar de que Dipper se sentía feliz por el gran paso que su nueva amiga acababa de dar, se sintió preocupado al no saber el motivo por el que ella lloraba anoche en el lago. Dipper se había disfrazado del fontanero favorito de los gamers veteranos, su atuendo de tirantes y camisa roja lo tenía muy conforme y lo mejor era la gorra, pues así no tenía que hacer algo tan molesto como peinarse, además tenía estilo, Gideon por otra parte se estaba poniendo el sombrero de copa color verde en la cabeza, habían decidido disfrazarse en pareja los cuatro. Dipper y Mabel de los conocidos Mario y Luigi, Pacifica y Gideon de Alicia y el Sombrerero; los disfraces según Mabel, eran demasiado simples, pero fue persuadida por Pacifica de no hacerles modificaciones diciéndole que ya muy entrado el bullicio a nadie le importaría si lo que llevaban puesto todavía era algo infantil o no, aunque ambas decidieron hacerle unos cambios a sus vestuarios para verse un poco más "bonitas" para sus parejas, Pacifica no lo admitió por supuesto.
Después de mandarle un mensaje a Wendy para ver si sus amigos también podían ir ahora todos estaban en la mansión Northwest. Pacífica y Mabel se habían cambiado en la habitación de la rubia, pero las demás decidieron hacerlo en un cuarto diferente, no querían ver a Pacifica, Candy se había disfrazado de la muerte, Grenda de una bruja, Johnny y Chris iban disfrazados de un vampiro y el conocido asesino de la máscara de hockey. Dipper y Gideon estaban afinando los últimos detalles de sus atuendos en un cuarto al lado de la habitación de Pacifica mientras sus amigos los esperaban abajo viendo lo lujoso del hogar de la rubia, el silencio que ambos guardaban se estaba haciendo demasiado incómodo y Dipper decidió romper el hielo, haría caso de las palabras de Mabel "hay que saber perdonar" y de las propias palabras que le había dicho a Pacifica la noche anterior "todos podemos redimirnos de nuestras acciones".
–Entonces… Tú y Pacifica, no me lo esperaba. –decía Dipper mientras se acomodaba el bigote frente a un espejo. –pero admito que hacen buena pareja.
–No seas tonto, Dipper, sólo nos volvimos buenos amigos, eso es todo.
–No trates de mentirme, Gideon, tantas veces he escuchado a Mabel hablar de parejas que ya hasta sé identificarlas, no tienes que estar avergonzado.
–Ok, admito que me siento atraído a ella de cierta forma, pero no sé si ella piense lo mismo de mí.
–Saber cómo piensa una chica ha sido el reto de todo hombre desde las cavernas. Te recomiendo que trates de ver qué cosas tienen en común, puedes usar eso a tu favor.
–No te ofendas, Dipper, pero creo que de quien debería recibir un consejo no es precisamente de alguien que no tiene novia.
–Muy cierto, pero te apuesto veinte dólares a que he tenido más parejas que tú.
–Muy bien, Dipper, ríete del pobre que ahora no tiene donde caerse muerto. Sabes que ganarías esa apuesta en un abrir y cerrar de ojos, no es como si en un hospital mental puedas encontrar pareja.
Se quedaron en silencio otros segundos, Dipper se imaginaba cómo reaccionaría Gideon si se enterara de que su novia era su propia hermana, mientras el rubio sonreía al pensar en cómo reaccionaría Dipper si supiera que se saltó toda la parte del romanticismo y el cortejo con Pacifica.
El atuendo de las chicas era un poco sencillo pero muy bueno, Mabel iba con una falda de color azul con tirantes y una camisa de manga larga color verde debajo junto con su gorra, llevaba unas medias que le llegaban a las rodillas de color blanco e iba con sus converse de color negro; El disfraz de Alicia de Pacifica estaba compuesto por el típico vestido azul pero más corto, el delantal que hacia juego con los dibujos de las cartas de los naipes como el corazón y los diamantes bordados en la parte inferior, junto con unas medias que le cubrían toda la pierna, había pensado en ponerse zapatillas de tacón pero decidió no hacerlo pues no quería que Gideon se sintiera más bajo de lo que ya era, aunque ya se estaba riendo de cómo lo provocaría con el escote algo pronunciado de su vestido. Ya habiéndose puesto un poco de maquillaje ambas frente al espejo Mabel comenzó a reírse y poco a poco la rubia fue contagiándose de su risa, como suele suceder cuando alguien cerca de ti comienza a reírse sin ninguna razón, pero entre risas le preguntó a Mabel que era lo que le hacía tanta gracia, recuperándose un poco le pudo responder.
–Es que por un momento me pregunté cómo le podría llamar a tu relación con Gideon. –la sonrisa se borró del rostro de Pacifica siendo remplazada por un sonrojo que iba en aumento. – ¿Qué te gusta más? ¿Pacideon o Gideonífica?
– ¿De qué hablas?
–Vamos, Pacifica, no puedes engañarme, en todo el tiempo que llevamos viniendo a Gravity Falls nunca te vi sonreírle a alguien más así como a Gideon.
– ¿Pero de que sonrisas hablas Mabel? Estás loca.
–Ay, Pacifica. –decía Mabel mientras le pasaba un brazo por el hombro. –hablo de las sonrisas como la de la tienda de disfraces, todas las sonrisas de cuando paseamos por todo el centro comercial y la sonrisa que tienes ahora mismo que te cuento esto. –Pacifica se dio cuenta de que sonreía y borró su sonrisa de inmediato de su rostro. – ¿Te gusta Gideon, verdad?
– ¿Es muy obvio? No pensé en decírselo a alguien.
–Bueno, ya me lo dijiste a mí y como tu amiga me gustaría ayudarte con este asunto.
–Gracias, Mabel, pero creo que también le gusto a Gideon, puedo arreglármelas yo sola.
Ambas salieron de la habitación de Pacifica para ir a ver los chicos en cuarto de al lado, cuando entraron ambos se quedaron con la boca abierta al ver vestidas así a sus chicas y ellas no podían estar más satisfechas, se dieron una sonrisa cómplice y les hicieron una señal para que las siguieran. Ya estando abajo esperaron a que Wendy llegara, eran las diez de la noche y todo pintaba para ser una noche larga. Wendy llegó cinco minutos después, iba en la camioneta de su padre, una Ford de doble cabina color negro, los gemelos, Pacifica y Gideon se sentaron al frente con Wendy y los demás en la parte de atrás; Wendy iba disfrazada de una de las tantas posibilidades que Dipper había previsto la noche pasada, gatita; llevaba unas orejas de peluche en la cabeza con un vestido de color negro bastante ceñido y corto acompañado de unas medias de liguero del mismo color, llevaba pintados unos bigotes en las mejillas, Dipper no tuvo el valor de siquiera ver otra cosa que no fuera su rostro pero ese valor fue muy breve, y Mabel pudo verlo, se sintió un poco enojada pero no le diría nada.
–Me da mucho gusto verlos chicos, ¿Cómo están?
–Muy bien ¿Cómo te trata la vida de universitaria?–le preguntó Dipper muy animado.
–Bastante bien, no me puedo quejar. Dejando fuera las toneladas de tarea que no entrego me la paso muy bien, hay mucha gente interesante por todos lados, por cierto, no te ofendas Pacifica pero ¿Desde cuándo son amigos?
–No te preocupes, somos amigos desde anoche.
–Ja, eso no me lo esperaba ¿Pero desde cuando son amigos de Gideon?–todos se sorprendieron un poco, Gideon llevaba puesta una máscara de antifaz de color plata para no ser descubierto.
–No sé de qué hab…
–No me quieras ver la cara de tonta, Pacifica. Puede que en este pueblo todos sean unos descuidados pero yo soy uno de los pocos casos aislados. –Dipper y Mabel asintieron viéndola mientras le aseguraban a ambos rubios que la pelirroja era de fiar.
–Bueno, tú sabes, Wendy, muchas cosas pasan con el tiempo. –le dijo Mabel maquillando su enojo.
Todos conversaron durante algunos minutos hasta que la camioneta fue internándose en el bosque, la pelirroja maniobraba como toda una experta, mientras más se acercaba al lugar de la fiesta comenzaron a ver más y más autos que pasaban a su lado con la música a todo volumen y algunos llevaban humo saliendo por las ventanas, Dipper dio un suspiro casi de cansancio, no era que no le gustara asistir a una que otra fiesta pero terminaba hartándose de todo el ruido en un momento dado de la noche, la tranquilidad era su fuerte y el estar escuchando tanto a personas que no conocía y música que no le gustaba sin duda era bastante frustrante. Muchas veces había querido entablar conversación con alguien más que no fuera de sus amigos pero todos tenían esa característica de ser unos completos repelentes, que no te respondían con otra cosa que no fuera SI o NO, no le daban conversación y todos se incluían en su propio grupo de amigos, nadie socializaba con otras personas y le parecía increíble que él, quien actualmente seguía siendo casi un nerd en toda la extensión de la palabra, tuviera más apuro por socializar con otras personas que aquellos que parecían "normales", por eso se había forjado su propio código para esas situaciones "Quien no da conversación, no merece tu atención" aplicable tanto para hombres y mujeres. Mientras seguían avanzando vieron la camioneta de Robbie que se juntaba más a la de ellos, Tambry saludó de buen modo a Wendy a través de la ventana y ella hizo lo mismo, ya no había rencores entre ellas por el chico gótico, Dipper sabía muy bien que su pelirroja amiga se lo tenía más que merecido, jugar así con un hombre es igual de cruel que cuando lo hace él, aunque ese hombre fuera alguien como Robbie.
Estacionaron los autos uno al lado del otro, cuando se bajaron todos se elogiaron sus disfraces, incluso los amigos de Wendy, se habían vuelto más blandos y menos idiotas desde que Dipper les dio algo de razón en aquel primer verano. Todos caminaban con sus respectivas parejas pero cuando Dipper trató de abrazar a Mabel por un hombro esta se mostró reacia y quitó su brazo de ella para caminar un poco más despacio, el chico estaba confundido y fue a aclarar las cosas.
– ¿Sucede algo? ¿Qué tienes?
–No sé, tú sabrás.
"El apocalipsis, capitulo uno" pensó Dipper con una risa que estaba a punto de salir de su boca pero se contuvo.
–Es enserio, Mabs, ¿Qué te pasa?
Mabel vio por encima del hombro de Dipper haciéndole notar que Pacifica y Gideon los estaban viendo con un gesto de desconcierto, por lo menos Gideon que no sabía que pasaba porque la rubia también notó como veía Dipper a Wendy hace unos minutos, eso significaban problemas y pensaba en jugar lo mismo con Gideon si se le ocurría dejarla a la mitad de una conversación por irse con otra.
–Cariño, ¿Puedes adelantarte y traerme algo de beber?–le dijo Pacifica a Gideon sonriéndole y obviamente el chico no puso ningún pretexto, se adelantó con una sonrisa creciente en el rostro ante cómo lo había llamado ella. –Descuiden, yo vigilo.
– ¿Acaso ella…?
–No quieras cambiar el tema, Mabs, dime qué te pasa.
–No creas que no vi cómo se te iban los ojos con Wendy.
– ¿Ese es todo el problema?
–No, ¿Cómo crees que era un problema? Deberías ir con ella y pedirle una cita, ahora que eres mayor puede que quiera salir contigo, ¡Adelante, ve!
Pacifica trataba de hacer oídos sordos viendo hacia el cielo pero la verdad era que escuchaba la discusión y le provocaba un poco de risa imaginarse a ella y Gideon en una situación parecida, el tono sarcástico de Mabel era lo que le provocaba tanta gracia, y la voz de Dipper que luchaba por no trabarse o ahogarse en el griterío sarcástico en el que lo hundía su hermana era muy hilarante.
–Está bien, lo siento. –dijo Dipper finalmente, dándole la razón a su hermana, esta vez porque de verdad la tenía.
–No te disculpes, es que… cuando la viste así me hiciste pensar que no soy bonita. –le respondió ella un poco cabizbaja. Dipper se aproximó a ella y le dio un abrazo seguido de un beso en los labios que ella correspondió de inmediato.
–Mabs, de verdad lo siento, no tengo excusa. Pero no pienses eso, eres la única chica para mí, sabes que te amo.
– ¿De verdad?–le preguntó ella con su típica mirada tierna, a Dipper le encantaba esa mirada, tan tierna, tan dulce, tan Mabel.
–Más de lo que imaginas, cariño.
Pacifica volteó al escuchar que ya todo se había calmado y no pudo sino sonreír viendo que los gemelos se daban un beso entre pequeñas risas, era una escena muy romántica y ella nunca pensó en ver algo parecido, se sentía feliz por ellos dos en parte porque sabía que llegaría el momento en el que ella tendría que verse a escondidas con Gideon, si sus padres la veían saliendo con un chico que literalmente no tenía dinero u hogar seguramente la mandarían lejos para que no manchara el nombre de su "perfecta" familia.
– ¿Qué sucede aquí?–era Gideon que había regresado y se encontró con la escena de los gemelos dándose una pequeña muestra de cariño, Pacifica se turbó al instante y en un santiamén ya había capturado los labios de Gideon en un beso desesperado y fuerte, haciendo que este tirara lo que llevaba de beber al suelo, Mabel vio el líquido desparramado por el suelo, brillaba de un verde fosforescente.
–Vamos Gideon, llévame a conseguir uno así para Mabel.
–Sí, claro. –decía bastante confundido mientras se alejaba con el castaño, Mabel se puso a un lado de Pacifica con una gran sonrisa marcada en su rostro.
– ¿Qué?
– ¿Fue para distraerlo o porque de verdad querías hacerlo?
–Ambas, pero de verdad tenía sed.
Las dos chicas caminaron con dirección a la fiesta entre risas, cuando se aproximaron un poco más vieron que un claro en el bosque estaba totalmente iluminado por la luz de pequeñas lámparas que colgaban por entre los pinos junto a cinco grandes hogueras que rodeaban casi todas las esquinas del lugar, estaba estratégicamente decorado para parecer una especie de recinto al aire libre, había pequeñas chozas de madera un poco lejos de donde era la fiesta, la entrada le dio la impresión a Mabel de que estuviera entrando a las fauces de un monstruo, de repente un temor invadió todo su cuerpo y por un instante se preguntó como es que había decidido ir a una fiesta; Stan y Sally estarían fuera casi toda la noche, ella iba a aprovechar para estar con Dipper en la cama nuevamente. Algo que la hizo ponerse alerta fue un extraño símbolo a los lados de la entrada, una cabeza de cabra en medio de tres triángulos rodeados en círculos; vieron por todos lados buscando a sus parejas mientras veían de reojo los disfraces de las chicas, todos eran demasiado reveladores y más de uno se preguntaba en voz alta que estaban haciendo ahí un par de chicas que acababan de salir de la secundaria pero ellas no hicieron caso, al fin y al cabo ellas iban a pasar un buen rato; la música también era muy extraña, jamás había escuchado algo parecido y no podía distinguir los instrumentos usados para interpretar tan extraña melodía.
Por otra parte Dipper y Gideon estaban consiguiendo las bebidas para sus damas, esta vez nadie llevaba los barriles de cerveza o six-pack, había más de uno que estaba dando unos cálices transparentes con líquidos de diferentes colores, eso era nuevo, aún en la media luz que había en el lugar se podía ver que esos líquidos brillaban, había de distintos colores, verde, rojo, azul y amarillo; había valientes que pedían un coctel de todos los colores. Ya con las copas en mano fueron a buscar a sus chicas, Wendy ya se encontraba platicando con un sujeto que Dipper jamás había visto pero ya hablaría con ella más tarde, algo que lo sorprendió un poco fue verla bebiendo del líquido rojo que ofrecían, Gideon lo había persuadido de hacerse los valientes y quedarse con unos cocteles multicolor que no eran para ellos y así lo hicieron, cuando encontraron a sus parejas les entregaron una copa y Mabel la alzó en el aire para decir unas palabras.
–Propongo un pequeño brindis, por estar con buenos amigos y que las diferencias hayan sido olvidadas.
– ¡Salud!–gritaron los tres ante las palabras de la artista y apresuraron el líquido hasta vaciar la copa, se iba por su garganta y ellos ignoraban la explosión de sabor en sus bocas; ardía, sabía a dulce, les durmió la boca y por último sus sentidos se adormilaron. Después de unas cuantas copas más, todo se volvió borroso.
Liz y Bill estaban disfrutando de una taza de café a la luz de la chimenea de la bruja entre risas, a pesar de que ya era de noche no habían recibido ningún ataque por parte de los hechiceros pero ambos estaban alerta, Bill se preguntaba por qué su amiga siempre servía bebidas calientes aún a pesar del calor de verano.
–Oye, Liz, me sorprende no haber recibido un ataque todavía, normalmente todo esto empieza temprano.
–Deben estar muy entretenidos con su aquelarre*, mientras más se tarden en atacar mejor para nosotros.
– ¿Ya no has recibido monerías de Akodessawa?
–Este año ha sido demasiado tranquilo, ninguna bruja se ha atrevido a atacarme todavía.
–Quizás ya se dieron cuenta de que no son rival para ti.
–Eso espero pero son demasiado persistentes, es muy molesto y cansado, qué bueno que dejé esa vida atrás. Por necesidad, claro, pero igual pensaba en dejar la sociedad, no me gustaba lo que hacían y siento vergüenza de las cosas que hice estando ahí.
–No te preocupes, un pequeño entrometido con gorra dijo una vez "todos podemos redimirnos de nuestras acciones, no importa que tan malas hayan sido".
–Hablando de él ¿Sabes dónde está?
–Probablemente por ahí poniéndose borracho o haciéndolo con su hermana.
–Cuidado con tus palabras, Cipher. Recuerda que yo también tuve algo con mi hermano, eso es irrespetuoso.
–Lo siento, pero yo lo decía por la envidia, Mabel de verdad me gusta.
– ¿Y por qué no apropiarte de sus pensamientos para que te corresponda? Como lo haría el viejo Bill Cipher, aunque si el Guardián la atrapa te va a durar muy poco el gusto.
–Me temo que el viejo Bill murió cuando supo la verdad.
–Entonces ¿Por qué aceptas el trabajo de invadir la mente de las personas cada vez que alguien te invoca?
–Es mi naturaleza, todos pueden redimirse de sus acciones menos yo, cometí el grave error de renunciar a mi humanidad y viviré así por toda la eternidad. Es una tortura infinita. Todos cometimos ese error pero los demás parecen disfrutarlo.
–No a todos les queda una pizca de humanidad, Bill, por eso te sientes mejor en este plano existencial y te sientes atraído por una mortal, tu humanidad sigue ahí aunque no puedas verla.
–Bueno, eso ya no importa. ¿Cuántos desaparecidos crees que haya para mañana?
–No lo sé, a veces se sobrepasan y terminan matando a más de cincuenta. Espero que esos niños estén bien.
–Qué extraño, no puedo sentir sus mentes, es como si…
– ¡Ni siquiera lo intentes, Cipher, ellos son míos!–la voz de Sara llenó toda la casa de Liz y les sacó un buen susto a ambos, aunque Bill más que asustado estaba impresionado.
– ¿Sara? ¿Qué diablos pretendes, ellos no…? ¡Maldita seas! Ya se me hacía raro que estuvieras tan calmada últimamente.
–Ellos están conmigo, y si se te ocurre venir, o a esa estúpida bruja, sólo encontrarán la muerte antes de tiempo, una vez que acabe con estos niños ustedes dos serán los siguientes.
La voz de Sara se dejó de escuchar y ellos dos solo atinaron a verse confundidos, el Guardián había jugado sucio, entre las sombras, con una de sus extensiones iba a tratar de matarlos, ambos salieron de la casa a toda prisa con rumbo a donde se celebraba el aquelarre, pero al salir se encontraron con unas siniestras sombras de aspecto cadavérico, eran los "espectros", los hechiceros convertidos en una forma demoniaca de vapor color negro, sus cabezas se habían deformado hasta solo dejar el cráneo y todos iban armados con hachas, la escopeta de Liz sería inútil esta vez.
Sus respiraciones eran agitadas, Dipper le estaba haciendo el amor a Mabel otra vez, las chozas que había a los lados de donde se celebraba el aquelarre eran en realidad pequeños cuartos para que las parejas tuvieran un momento íntimo y ellos aprovecharon la ocasión. Le estaba dando sexo oral a su hermana, el día anterior no pudo probar bien su pastel de cereza y ahora se estaba dando un gran bocado de él, el sabor de su hermana era exquisito y tan prohibido que terminaba excitándolo más, ella no podía contener el temblor de sus piernas, esa sensación le estaba dando placer como ninguna otra y sentía que si se llegaba a venir terminaría orinándose sobre la cama; ambos sentían fuego arder en su interior, Mabel sujetaba de los cabellos a su hermano mientras gemía y pegaba más la boca de Dipper a su vagina, él no se detenía, el aire de sus pulmones parecía haberse triplicado para que le pudiera dar placer a su gemela, se sentiría muy cansado mañana pero valía la pena por provocar esas sensaciones en ella, ver gemir y gritar de placer a su pequeña súcubo*.
– ¡Ah, ah Dipper! ¡Dipper!–en exasperados gemidos y sus pulmones elevando sus pechos tuvo un orgasmo y a diferencia de lo que pensaba, no se orinó. Su boca estaba seca, los cálices tirados en el suelo junto a sus disfraces.
Dipper fue más arriba besando a Mabel desde su vientre hasta sus pechos, los cuales besaba y acariciaba con bastante desesperación, lamía con suma delicadeza los pezones de su hermana y con la punta de su lengua jugaba con ellos, le hizo más marcas en el cuello y finalmente quedaron frente a frente, se vieron por largos segundos cargados de excitación y se unieron en un largo beso de lengua, era la segunda vez que Mabel probaba su propia esencia pero esta vez era más suculenta, la lengua de su hermano recorriendo toda su boca hasta querer llegar a su garganta le daba un toque especial, después de besarse Dipper la penetró y comenzó un desesperado movimiento que les arrancaba a ambos gemidos que casi rozaban en los gritos, ella rodeó y juntó más a su hermano con sus piernas, ambos podrían jurar que las sensaciones eran más intensas que en días pasados, que su sensibilidad se había aumentado, en medio del vaivén volvieron a juntar sus bocas. Pasados ya casi veinte minutos Dipper comenzó llegar al clímax y aumentando su velocidad se vino dentro de su hermana, pero no habían acabado todavía, ese fuego seguía ardiendo y no tenía intenciones de apagarse en un muy largo rato.
En la choza de junto la situación del "Pacideon" era muy parecida, el ano de la rubia fue lleno de lubricante y la saliva de Gideon, con sumo cuidado pero con mucha insistencia logró penetrarla por esa parte que seguía siendo virgen, el dolor parecía no existir, la excitación lo había nublado todo y Pacifica sentía el miembro de su ahora novio moverse con una lentitud moderada pero impaciente que la llenaba de un placer indescriptible, el fuego ardía con mucha intensidad y con sus gemidos llenado todo el cuarto era imposible no sentirse cargado de pasión, la dulce sensación, tan exquisita… Gideon se vino en abundantes chorros dentro de ella, llenando su apretada cavidad.
Afuera el paisaje no era distinto, Wendy, al no encontrar una choza libre se fue a detrás de unos pinos con sus dos acompañantes, en medio de ambos sentía sus besos por todo el cuerpo, los dos metían su miembro dentro de ella, en su ano y vagina. Su disfraz estaba lleno de manchas secas de semen al igual que su cara y parte de su cabello, su ropa interior se había perdido desde hace tres horas.
Robbie disfrutaba de una felación hecha por Tambry y una chica de cabello rojo, ambas se turnaban para lamer el miembro del gótico, quien apenas podía sostenerse, una chica lo besaba desde atrás mientras sus amigos estaban perdidos de borrachos.
Candy y Johnny habían tenido suerte, la asiática se encontró con un chico que tenía cierto fetiche con las orientales. Johnny por otra parte estaba en uno de los pocos cuartos disponibles acompañado de una chica y su novia, haciendo su primer trio. Chris se divertía con una universitaria bastante vulgar con la que realizaba un 69, Grenda era masturbada por tres muchachos con un crucifijo en medio de todo el alboroto.
Y en medio de aquella orgía sin pudor o decencia nadie notaba que cuando las bebidas de colores de los barriles se terminaban, eran remplazados por unos nuevos, pero antes de seguir sirviendo los abrían y dejaban caer el cuerpo en descomposición de un bebé, los gusanos recorrían el cadáver del pequeño y, sin que ellos lo supieran, esos gusanos asquerosos le daban el sabor tan peculiar a las bebidas. Las hogueras que iluminaban el claro ardían gracias a los huesos que usaron como combustible para iniciar el fuego.
El viajero que hacía auto-stop a la orilla de la carretera fue traído junto con las mujeres que creía dormidas esa misma mañana, fueron puestos en un altar en el que figuraban una anciana de aspecto repugnante y sin varios dientes al lado de un siniestro hombre vestido de verdugo, cubría su cara con una máscara de cuero y llevaba puesto una tanga del mismo material, su piel era gris pero dejaba salir una asquerosa sonrisa amarillenta. Uno a uno fueron degollados por los filosos cuchillos del verdugo y mientras se desangraban muchos llegaron a beber directo de las cortadas hechas en su cuello, tanto brujos como adolecentes demasiado drogados y ebrios, sentían las lenguas asquerosas de sus captores en su garganta antes de que los últimos latidos de su corazón se detuvieran. Una vez habiendo saciado su sed, con un hacha gigantesca comenzaron a desmembrarlos y repartirlos entre el público que gritaba enardecido ante el sangriento espectáculo, sus torsos fueron abiertos y sus órganos internos expuestos, muchos llegaron a tomarlos como si de dinero se tratara. El resto de los cadáveres fueron pasados a alguien que comenzó a cocinarlos en una de las hogueras y muchos de los que se apropiaron de una mano o pierna los devoraban en grandes mordidas llenas de júbilo, arrancaban los dedos de las extremidades mientras sentían su saliva mezclarse con la sangre de su víctima.
Fue el turno de los niños, varios de las edades de seis a ocho años fueron puestos en el altar, atados de manos y piernas, muchos brujos llegaron y después de quemarlos con las puntas de sus cuchillos anteriormente puestos en las hogueras comenzaron a violarlos despiadadamente, sus gritos de dolor y agonía se perdían entre los gritos, risas y gemidos de la orgía. Muchos de los niños fueron cruelmente masacrados a golpes hasta la muerte mientras eran violados por los hechiceros, una vez muertos pasaban a manos de quienes disfrutaban de los actos de necrofilia y sus cuerpos muertos eran profanados por hasta doce malvados brujos en menos de veinte minutos mientras estos seguían bebiendo y continuaban con sus actos de perversión. Había ancianas que se besaban de lengua y se hacían sexo oral entre ellas, sus pechos arrugados y caídos eran succionados por sus compañeros y en un arrebato de mórbida pasión, defecaban y orinaban sobre la boca de sus compañeras envueltas en sus orgasmos mientras disfrutaban de los asquerosos deshechos engulléndolos y pasándoselos de una boca a otra mientras recibían el semen de los más ancianos con la boca abierta, esparciéndolo sobre su cara llena de arrugas y pústulas de colores negruzcos.
Los gemelos salieron de su cuarto bastante satisfechos, una hora más había pasado y sin que ellos lo supieran ya eran las tres y media de la madrugada, el cuarto fue ocupado casi al instante por mas adolecentes hambrientos de sexo, se daban besos bastante atrevidos y largos mientras reían y sentían todo girar a su alrededor, no se enteraban de nada de lo que sucedía, sólo existían ellos dos y nadie más, se besaban sin temor a ser vistos por alguien que ya los conociera.
– ¡Despierta!–la voz de Bill resonó por unos breves segundos en la cabeza de Mabel, ella no le prestó atención.
Mas cuerpos fueron traídos, las ofrendas traídas por los brujos iban desde animales muertos hasta los bebés secuestrados de parejas que los buscaban sin cesar. Eran abiertos y mutilados con el hacha para disfrute de todos los presentes.
– ¡Despierta, Mabel! ¡Salgan de ahí!–volvió a escuchar la voz del triángulo esta vez un poco más cerca, más nítida y fuerte.
Los pedófilos se daban un festín con los niños, literalmente, mientras los violaban les arrancaban grandes pedazos de carne con sus dientes y los devoraban con sumo apetito, con un bestial y aterrador apetito, los llantos de los niños se perdían entre la multitud que disfrutaba estar envuelto en los pecados y actos carnales más bajos y viles.
– ¡Tienen que salvarse! ¡Salgan antes de que sea tarde!
–Te amo, Mabs, te amo.
Su mente fue apaciguada, las palabras de su hermano la hicieron despertar para ver que la realidad era un paisaje envuelto en los más bajos horrores de las parafilias más enfermas. De la nada habían aparecido siniestros perros de color negro y ojos rojos que copulaban con varias de las chicas que habían llegado a la fiesta y muchos ancianos que las sodomizaban brutalmente hasta sacarles sangre del recto. Fue pasando su vista por todo el aterrador y asqueroso lugar que se había cubierto de sangre y fluidos corporales, pudo ver que Robbie era complacido por otra chica además de su novia pero esa chica era un monstruo, tenía alas de murciélago color negro, alcanzaba a ver los cuernos que salían de su frente y tenía una cola que terminaba en punta. Pero no era la única, muchas de esas abominables criaturas estaban por todo el lugar, una de ellas incluso se acercó a Dipper para robarle un beso, pudo ver que sus ojos eran de serpiente y su dentadura estaba compuesta por varios colmillos, ella lo retiró a tiempo antes de ser besado por esa espantosa entidad, a lo lejos pudo ver a Wendy que era penetrada por dos horrendos seres a la vez, bastante similares pero estos eran de aspecto barbado y con una cornamenta más grande. Fue buscando a sus amigos con su mirada cargada de espanto y no los pudo ver por ningún lado, cuando quiso ver si Gideon o Pacifica estaban cerca vio con suma claridad una cuchilla en que se aproximaba hasta ella, antes de que pudiera reaccionar fue empujada por Bill y la cuchilla se perdió en su cuerpo amarillo para ser devuelta con la misma rapidez a quien la había lanzado, Sara esquivó con facilidad la hoja afilada con forma de cruz, al cual fue a cortar por la mitad la cabeza de un brujo, los necrófilos y caníbales llegaron rápidamente para usar el cuerpo.
–Busca a tus amigos, Liz llegará pronto.
Mabel se fue rápido, lo más que podía mientras cargaba con Dipper, sus movimientos todavía eran muy torpes, los de ella también pero hacía su mejor esfuerzo por mantenerse en pie. Bill se volvió rojo y su ojo de color negro, Sara hizo brillar sus ojos de rojo y sus manos se transformaron en horrendas garras de reptil color negro, su lengua se deformó y se transformó en una lengua bífida de un color rosado grotesco.
–Te dije que no vinieras, Bill, pero qué bueno que lo hiciste, me has evitado la molestia de ir a buscarte.
–Me sorprende ver que después de tanto tiempo no hayas abierto los ojos, me das lástima, Sara.
–Guárdatela para alguien más, Bill, tus días llegan a su fin esta noche.
–Ven aquí, Sara, muéstrame de qué es capaz alguien que asesina a los de su propia sangre.
Con esa provocación Sara corrió hasta donde estaba Bill, se arrojó con sus garras por delante pero en ese momento Bill se volvió negro y desapareció del lugar, la multitud no se daba cuenta de todo esto, seguían atrapados en la repulsiva ilusión de que todo era una fiesta común y corriente; Bill apareció varios metros lejos de Sara, quien lo buscaba por todos lados.
–No tengo tiempo para estas tonterías ¿Dónde estás, Mabel? ¡Ah, ahí estas!
Mientras esto ocurría, Liz corría lo más rápido que sus pies le permitían, su frente sangraba y le cegaban temporalmente, llevaba un brazo herido y varias cortadas por todo el cuerpo, más cicatrices que le recordarían su triste vida, al llegar al aquelarre se quiso meter esquivando a varios jóvenes que fumaban marihuana y bebían esas cosas de colores, pero la muralla de fuego se hizo presente frente a ella y no la dejaría pasar por ningún medio, esta vez la muralla llevaba un detalle extra, la cara del Guardián.
–No volverás a interferir. –le dijo antes de desaparecer en las llamas del muro ¿Acaso ya se había vuelto más fuerte?
Con ayuda de Bill, Mabel pudo encontrar y sacar a sus amigos de ese espantoso lugar, fueron de alguna manera ayudados a salir porque Bill, con mucho esfuerzo pudo deshacer la muralla en un punto, ella subió a sus amigos lo mejor que pudo a la camioneta de la pelirroja, todos iban casi desmayados y estaban tan pálidos que casi parecía que estuvieran muertos, la única con un poco de conciencia era Pacifica, que se frotaba las sienes por el intenso dolor de cabeza. Después de eso el triángulo fue en busca de su amiga herida, sin imaginarse que ella también lo buscaba, cuando se encontraron fueron directo a la camioneta para emprender la huida. Le quitaron a Wendy las llaves del cuello y Liz condujo lejos de ahí con mucha velocidad, Sara, quien vio como la camioneta se iba del lugar llamó a tres espectros más y comenzaron a perseguirlos, los espectros por aire y ella corriendo a gran velocidad tras de ellos.
–Tenemos compañía, Liz. –le avisó el triángulo al ver cómo eran perseguidos por los espectros desde el aire. –voy a encargarme de ellos.
– ¿Y a donde se supone que vayamos?–le preguntó ella.
–Llévalos a la mansión de Pacifica, los veré allá.
Liz se puso en marcha por indicaciones de Mabel, que ya estaba comenzando a pensar lucidamente. Bill se puso frente a los espectros, ellos lo atacaron nuevamente con esas cuchillas en forma de cruz, las contrarrestó en un resplandor dorado dejándolos cegados por unos segundos y les devolvió el ataque, dos de ellos pudieron esquivarla pero el tercero no y fue cortado con su propia arma, lo único capaz de cortarlo. Después de que se evaporara en el aire el cuerpo de uno de los brujos se precipitó hacia el suelo y cayó haciendo un ruido atroz mientras se despedazaba en la tierra, sus compañeros volvieron a atacar a Bill esta vez lanzándole una especie de flecha de color verde, las pudo esquivar a tiempo pero sólo habían sido una distracción para que ellos pudieran acercarse y atinarle un golpe, lo cual no pudieron hacer, se desvaneció a pocos milímetros de que ambos impactaran contra él, los dos impactaron contra el otro y Bill aprovechó que estaban juntos para sacar fuego azul en sus manos y dispararlo junto con el rayo, la mirada de su ojo, ambos poderes se combinaron y desintegraron a los brujos convertidos en espectro, volvió a ver hacia abajo y pudo ver que Sara ya casi alcanzaba al Liz y los demás, fue volando lo más rápido que pudo hasta quedar cerca de Sara y arrojarle bolas de fuego para apartarla de ellos, lo cual consiguió con éxito.
–Sabes que yo soy tu oponente, Sara.
–No tengo tiempo para esto, debo encargarme de ellos primero.
–Abre los ojos, no tienes por qué hacerlo, el Guardián te engaña, por la amistad que alguna vez llegamos a tener ¡Debes creerme!
–No voy a confiar en un maldito traidor como tú, Bill, ¡Acabaré contigo ahora!
Ella se arrojó nuevamente sobre Bill pero esta vez él no se desvaneció, aceptó el ataque de ella volviéndose rojo, estaba enojado, por más golpes que ella le quería dar a Bill, este permanecía ahí flotando frente a ella, no podía darle un golpe y eso la frustraba, parecía ser que golpeaba el aire.
– ¡No entiendo! ¡¿Qué se supone que significa esto?!
–Que eres más débil que yo, ¿Sabes por qué era de tanta confianza para él?
Ella permaneció agitada y furiosa sin moverse.
–Porque nunca esperó que su propia sabiduría le diera la espalda, recuerda eso cuando lo veas otra vez y entrégale mis saludos.
El ojo de Bill comenzó a emanar fuego negro junto con sus manos, envolvió el cuerpo de Sara con esas flamas y en un gigantesco resplandor la mandó lejos de ahí.
Comenzaba a amanecer, el cielo se pintaba de ese azul típico mientras todos dormían en una de las habitaciones de la mansión, su sueño era tan profundo que no se despertarían en varias horas, quizás hasta que el sol estuviera a punto de ponerse otra vez, Tony se llevó una desagradable sorpresa al ver en ese estado a Pacifica y después de regañarla un poco dejó que se acomodaran en una de las tantas habitaciones en su casa. Liz y Bill estaban afuera, a punto de marcharse.
–Entonces no la mataste.
–No, tengo la esperanza de que abra los ojos algún día.
–No sé si haya sido lo mejor pero no voy a cuestionarte, necesito dormir.
–Sí claro, yo tengo otros asuntos, nos vemos después.
Los dos tomaron caminos distintos, su vida era complicada pero de algún modo que el Guardián mandara a monstruos, demonios y a una de sus propias extensiones estaba resultando más peligroso que su propia presencia frente a ellos, nunca había ocurrido algo similar; sin lugar a dudas, Dipper, no, toda la familia Pines era una de las más interesantes con las que Bill se haya topado.
Siempre curiosos, siempre fuertes, siempre enfrentándose a sus adversarios. Esa curiosidad había acabado lentamente con ellos a través de los años. Pero la sola idea de que los futuros alternos que Bill comenzaba a ver pudieran ser reales era demasiado peligroso, una sola interferencia de su parte hubiera podido cambiar toda la historia; una interferencia que acababa de hacer, los gemelos ya no deberían estar vivos, con haber empujado a Mabel y salvarla de morir había destruido toda una línea de tiempo y cambiado el destino.
Ahora era cuestión de tiempo para que ellas hagan acto de presencia.
Aquelarre: Se le llama así a una reunión de brujos, normalmente se reúnen para hacer los actos aquí descritos incluyendo la orgía, pero detalles como lo de los bebés en los barriles de bebida y el canibalismo es cosa mía. Si te preguntas como es que ellos pueden hacer este tipo de reuniones es porque se supone que los "satanistas" son una sociedad muy grande, y pueden tener comprado a quien quieran, de esa manera quedan impunes.
Akodessawa: El mercado de los fetiches de Akodessawa (entiéndase como fetiche un objeto de vudú) se encuentra en una región de Lome, en Togo; se supone que en este lugar puedes encontrar objetos cargados de magia negra, todo lo que necesitas para maldecir a alguien, curar o provocar una enfermedad entre muchas cosas más y todo con la garantía de los mejores magos y maestros de la magia negra.
Súcubo: Estos demonios se alimentan de la energía de los seres humanos a través de las relaciones sexuales, de los hombres para ser mas específico, su aspecto es igual al que describí a aquí, a su contraparte se le llama íncubo y se alimenta de la energía de las mujeres en el acto sexual, pueden provocar sueños húmedos e incluso dejar embarazada a una humana.
Azazel: Es el portaestandarte de los ejércitos infernales, Dios de los hechiceros, por eso esta sociedad comandada por Sara le rinden culto, se alimenta de semen y la sangre menstrual.
