Hypnos recuerda el primer resfrío grave de Phantasos mientras es atendida. Por fortuna la crisis está bajo control y fue atendida, pero esto es solo el comienzo. Huitzi por su parte, en un afán de buscar información de forma más eficiente, ordena a sus guerreros ocelopipiltin que lo ayuden.


¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon. O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo. ¡No intenten nada de esto en casa!


Capítulo 9: Memorias y Favores

Flashback.

Giudecca. Habitaciones de Hypnos y Pasitea.

Dos mil años antes. 2:57 horas.

"COFCOF. COFCOFCOFCOFCOFCOF."

Era difícil despertarlo, pero de alguna manera algo lo obligaba a flotar hacia la conciencia: lo atraía hacia la realidad de manera insistente y casi cruel. Hypnos abrió los ojos y se quedó mirando al dosel de la cama que compartía con su esposa, recostado y sumido en la oscuridad. Se sentía vacío, y todavía no podía sacudirse del pecho toda la tensión y angustia del último año.

"COFCOF. COFCOFCOF COFCOFCOF. COFCOF. COFCOFCOF COFCOFCOF. COFCOF. COFCOFCOF ¡COFCOFCOF!"

Se sentía casi decepcionado por despertar y encontrarse en la misma situación, con tanto centenar de hijo muerto. Era una desolación tan grande la que le carcomía las entrañas que parecía corroerle los sentimientos y su corazón, todavía débil tras el horroroso infarto que había sufrido cuando Gala expiró tras esa espantosa agonía, latía extraño. Su neutral rostro, quizás por el amparo de la oscuridad, se permitió una leve contorsión y se transformó en una pena indescriptible, que solo han sentido quienes han perdido un hijo. Ahí, cobijado por la soledad y en la intimidad de su mente, comenzó a derramar lágrimas de duelo.

"COFCOF. COFCOFCOFCOFCOFCOF."

Con una mano y de golpe se limpió los ojos. Se tragó las ganas de llorar y embotelló (no sin dificultad) todas esas emociones. Inspiró y exhaló varias veces sendas bocanadas de aire. Giró la cabeza y se fijó en el bulto que dormía junto a él: Pasitea dormía casi tan profundo como él, y se percibía en su presencia un agotamiento y dolor como pocos. Su esposa estaba exhausta y todavía débil tras haberse recuperado de la sofocación. Esa niña le drenaba la poca energía que tenía como si fuera una sanguijuela, ¡nunca la había visto tener tantos problemas para cuidar de un bebé antes!

¡Esa pequeña intrusa!

Hypnos no tenía idea qué diantres pasaba con él, pero no lograba conectar con la pequeña. ¡Una Niña! Era la segunda vez que con Pasi engendraban una nena. ¡Con rasgos tan parecidos a los suyos que hasta llegaba a doler! Tanto que había ansiado una segunda pequeña a la que consentir y ahora que la tenía… simplemente no podía acercársele sin sentirse asqueado. No conectaba, algo dentro de sí la rechazaba y no quería verla. Le molestaba su pequeña presencia como molestaban las garrapatas. ¡Era una cosa tan débil e insignificante! ¿Cómo podía ser tan demandante?

"COFCOF. COFCOFCOFCOFCOFCOF."

Pasitea tuvo un embarazo difícil con esto de la Sofocación y de verdad nadie creyó que sobreviviría. Incluso había intentado hacerse la idea de tener que criar él a la pequeña, por si su madre fallecía, pensamiento que le causó un rechazo notable. ¡Y qué hablar del parto! Su preciosa Gracia prácticamente no había necesitado ayuda para dar a luz cientos de veces, pero con esa chiquilla hasta Artemisa e Ilítia habían tenido que intervenir, solo para sacarle de las entrañas a una criatura que no pesó más de dos kilos con cincuenta gramos, que tuvo muchísimas dificultades para respirar por si sola, sin mencionar su inmensa fragilidad: daba la sensación que en cualquier momento se le iban a quebrar los huesos.

Si se hubiera sofocado, ni siquiera la habría echado de menos. Entre tanto hijo muerto, ¿qué más daba uno más? Algo le habían dicho que la chiquilla era un regalo por tanta muerte. ¡Él no quería premios de consuelo! Quería a sus hijos de vuelta, no a otro que nunca iba a ser como ellos ni que daba tantos problemas.

Pasitea dedicaba cada minuto del día al bienestar de la niña. No pensaba en otra cosa, la trataba entre algodones… ya no conversaba con él. Era como si se hubiera olvidado de sus hijos, como si sus muertes no le importasen nada.

"COFCOF. COFCOFCOFCOFCOFCOF."

Hypnos entrecerró los ojos y se incorporó un poco, apoyándose en los codos. Con desdén miró hacia la cuna, desde donde provenía esa tos. Hmpf. ¿Cómo era que se llamaba la chiquilla? No le interesaba, no quería tener nada que ver con ella. ¿Por qué tosía? En esos tres meses, si algo había apreciado, era que la pequeña parásito dormía de corrido durante las noches, nunca hacía ruido. Primera vez que la escuchaba a esas horas.

Era una tos rara, nunca antes había escuchado eso en una criatura tan pequeña. Fijó la mirada en la cuna, como escaneando la presencia de su hija, a quien percibió asustada y adolorida… sofocada quizás…

Eso lo desperezó. Abrió los ojos como platos y se sentó de lleno en la cama, con los pies sobre el piso. Miró hacia atrás: Pasitea dormía inquieta, pero profundo. Iba a sacudirla para despertarla cuando un nuevo acceso de tos y unos sonidos, como de quien intenta tragar aire, le activaron un instinto en su corazón que le soltó un torrente de adrenalina a su sistema. En segundos Hypnos estuvo junto a la cuna, ordenando que se encendiera una luz que le permitiera ver qué pasaba con la beba.

¡Por todo el Olimpo! La criatura era tan… fea. Bueno, algo de encanto tenía. Solo tenía la nariz más regordeta de lo normal.

Y estaba azul. Sus labios estaban azules y sus ojos abiertos como platos, vidriosos y asustados. Era evidente que estaba luchando por respirar. Cruzaron miradas y hasta pudo sentir el cosmo de la pequeña… ¡un pequeño cosmo que se alegraba de verlo! Como si en medio de los terrores que estaba sintiendo, por fin se encontraba con alguien en quien confiar, que podría ayudarla… y con esos ojos lo miró desesperada, aterrada, buscando consuelo… luchando contra su propia descoordinación para estirarle los brazos en una clara súplica por ayuda.

"COFCOF. COFCOFCOFCOFCOFCOF."

Todo el esfuerzo de la pequeña se vio truncado por el nuevo y terrorífico acceso de tos.Esta vez fue el turno de Hypnos de abrir sus ojos a más no poder, al tiempo que sus pupilas se retraían hasta casi desaparecer. Vio a la pequeña criatura toser sin control, poniéndose de varias tonalidades de azul y quizás negro, si eso era aún posible. Su pequeño cuerpecito, tan frágil, se sacudía y tensaba con furia y hasta parecía que se iba a quebrar la espalda por el mero esfuerzo. ¡La niña se sofocaba! ¡La peque se moría delante de sus ojos! ¡NO! ¡No de nuevo! ¡NO DE NUEVO!

Sin pensarlo metió los brazos a la cuna con la intención de tomar a la pequeña, acunarla y envolverla con su cosmo, como si eso pudiese alejar todo mal de ella, pero ni bien la tocó notó que, por si fuera poco, tenía fiebre. Decidido se mordió el labio, levantó a su pequeña y la acunó contra su pecho. Buscó con la mirada hacia el tocador, en donde siempre había una jarra con agua y con su cosmo la calentó hasta que estuviera tibia.

"¡PASITEA!" La llamó de nuevo, sin éxito.

Nadie le dijo a Hypnos que el agua calientita era mejor para bajar la fiebre, su instinto le gritaba que usara el agua más helada posible, pero su sentido común, y quizás ese nervio en su corazón que hacía de él un padre consentidor, pesaron más. No: no iba a meter a la beba al agua fría, eso habría sido cruel. ¡Mejor agua tibia!

"COFCOF. COFCOFCOFCOFCOFCOF."

"¡PASITEA! DESPIERTA."La llamó de nuevo, mientras le quitaba el pijama a la niña para así poder refrescarla.

Por lo visto esta vez resultó, pero no le prestó atención. Pasitea se abalanzó sobre él para ver a la niña, pero él no dejó que se la quitaran de los brazos, reaccionando incluso mal. Se limitó a tomar un trapo y mojarlo en el agua para poder refrescar a su hija…

¿Cómo era que se llamaba?

Fin del Flashback.


Giudecca. Habitación de Phantasos.

23 de julio. 4:37 hora local.

"Phantasos. ¡Te llamas Phantasos!"

Hypnos apretó la mandíbula mientras observaba desde la puerta del baño como dos sirvientas remojaban a su hija en la bañera. Había tenido suerte: Pillín había tomado de nuevo la iniciativa de ir por más ayuda y, aunque su plan era traer a alguno de los otros sueños, se topó con Myu, quien hacía su ronda nocturna al palacio. El espectro estaba acostumbrado a lidiar con fauna especial y entendió en seguida que era una emergencia: tuvo el tino de invocar a dos sirvientas que se dieron a la tarea de ayudar a Hypnos con Phantasos, antes de seguir con su ronda.

El dios del sueño apretaba tanto la mandíbula que bien pudo haberse quebrado el hueso. Irguió la espalda cuando las dos mujeres sacaron a su hija de la bañera y la envolvieron en una toalla para secarla, antes de proceder a vestirla con un nuevo pijama. Cuando estuvo lista, Hypnos se acercó y la tomó en brazos y la llevó a su cama, sorprendiéndose de ver a Oneiros e Icelos, quienes se afanaban en cambiar las sábanas.

"Myu nos avisó, junto con Pillín." Dijo Oneiros compungido. "Entramos hace poco y… no sabíamos qué hacer…"

"Cambiamos las sábanas." Se apresuró en decir Icelos. "No sabemos dónde anda Morpheus."

Ambos sueños se quedaron mirando a su aletargada hermana. La última vez que la habían visto así había sido el año anterior, cuando tuvo meningitis. Hypnos se la acomodó un poco y la dejó sobre la cama recién hecha, arropándola de manera tal que no se acalorase mucho o tuviera frío. Phantasos tuvo la suficiente presencia de mente para acurrucarse sobre su costado y no se quejó cuando le pusieron de nuevo el termómetro.

"Papá… ¿Qué pasó?" Preguntó Oneiros, bajando las luces.

"Pillín me fue a buscar. Phantasos estaba a medio camino entre su cama y el baño, ardiendo en fiebre." Hypnos explicó con voz muy seria, antes de volverse hacia las sirvientas, que esperaban pacientes. "Necesito agua fresca y paracetamol, por favor."

Las sirvientas asintieron en silencio y salieron del cuarto a cumplir la misión. Icelos se acercó a su padre, quien fijaba su mirada en su hija.

"¿Tienes las instrucciones de mamá a mano?"

"Están en mi mesita de noche…"

"Iré por ellas. Yo…"

"Todavía no." Hypnos miró a sus dos hijos. "Necesito avisarle a Hades: Phantasos necesita un médico y me gustaría que dejara pasar a Apolo al Inframundo. Me gustaría que uno de ustedes se quedara con su hermana y que el otro vaya a buscar a Morpheus."

Tanto Oneiros como Icelos estaban a punto de asentir cuando sonó la alarma del termómetro. Hypnos se tardó un suspiro en tomarlo… suspirando de alivio al leer la pequeña pantalla digital.

"39,9°C…"

"¡Eso no es bajo ni de chiste, papá!" Exclamó Icelos espantado.

"Estuvo con 41,3°…"

"Retiro lo dicho." Dijo Icelos, pálido, al tiempo que Pillín aterrizaba sobre su cabeza. "Yo me quedo con Phanti."

"Yo voy por Morpheus. Tengo una idea de donde puede estar." Oneiros tragó saliva. Se notaba que estaba preocupado. "¿Estarás bien, papá?"

"Claro que sí." Dijo con mucha calma y seriedad. "Andando, no perdamos tiempo."

En el más completo de los silencio, los tres dioses se abocaron a sus tareas. Icelos acercó un sillón cercano en donde se acomodó, tras asegurarse que Phantasos estaba cómoda, con Pillín volando de un extremo a otro. Hypnos y Oneiros, tras mirar una última vez a la menor de los sueños, salieron de aquellas habitaciones a paso rápido y tomaron distintas direcciones luego de que hubieran intercambiado preocupadas miradas. Uno se encaminó derecho hacia la salida del Inframundo, el otro fue hacia el ala del palacio que Hades y Perséfone usaban.

Tragó saliva… ¡Por todo el Olimpo! Necesitaba a Apolo. ¿Hades querría dejarlo pasar? Aunque esa no era la única duda que tenía…

¿Cómo le avisaba a Pasitea sin matarla del susto?


Museo del Templo Mayor. Ciudad de México

22 de julio. 20:30 hora local.

Esto de los cambios de hora era cosa extraña. En Grecia ya debían ser prácticamente cerca de las cuatro de la mañana del día siguiente y aquí estaba él, para quien el día aún no terminaba. Sabía que en esos momentos su Sueñito no debía estar nada bien, y justamente eso era lo que lo motivaba a no esperar al día siguiente para pedir ayuda. Hasta tenía la sensación que estaba retrasado y con el tiempo jugándole en contra. Huitzilopochtli entró en aquella sala del museo, la que estaba dedicada a él, como si fuera el dueño de casa (técnicamente lo era), pero sin manifestarse de lleno.

Se acercó al pequeño grupo de gente, cuatro personas, que se encontraba al fondo de la Sala Huitzilopochtli, revisando los objetos de unas vitrinas. No sabía bien qué estaban haciendo, pero sea lo que hubiera sido, ya habían terminado. El grupo se despedía agitando las manos y golpeando las espaldas y dejaba solo a un hombre, quien centraba su atención en las piezas de una vitrina, con ojo crítico, como evaluando una mejor manera de configurarla. Huitzi, sin dejarse en evidencia, se acercó hasta llegar a unos tres metros del concentrado hombre. Un tipo chaparro y de aspecto serio y solemne, pero de aquellos que al mismo tiempo sabía divertirse: era Roberto Fariña, curador de aquella sala, además de antropólogo experto en historia precolombina, un académico muy respetado. La mayor parte del tiempo se le veía muy grave y concentrado, pero era una simple fachada. Cierto de que Roberto tenía un carácter espantoso, pero era buena persona y simplemente amaba lo que hacía. Era muy simpático cuando quería y tenía tendencia a fangirlear sobre su trabajo cuando le daban un poco de espacio.

No era mal tipo. Y lo más importante… Era el Heraldo de Huitzilopochtli, su sumo sacerdote. Por eso el dios estaba ahí, esperando llamar su atención. Aunque bien difícil que eso ocurriera si no hacía evidente su presencia. Huitzi se llevó las manos a las caderas, con el rostro muy grave, y elevó un poco su cosmo.

Roberto, quien hasta ese momento estaba de lo más embelesado observando la vitrina, sintió un escalofrío en la espalda y al girar sobre sus talones, se arrodilló e hizo la más solemne de las reverencias al notar al dios.

"¡Señor Huitzilopochtli!" Exclamó Roberto. "Qué sorpresa verlo. ¿A qué debo vuestra visita?"

"Ya deja las formalidades, Roberto, llevo prisa." Dijo Huitzi algo impaciente. Roberto se puso de pie.

"¡Y luego te quejas que hemos perdido las formas!" Se burló Roberto, aunque sin perder esa aura de respeto. "¿En qué andas que vienes a mi humilde lugar de trabajo?"

"¿Humilde? ¡Templo Mayor, Roberto! De humilde no tiene nada. ¡No seas falto de respeto!"

"¿Entonces como quedamos? ¿Conservamos los respetos o los relajamos?"

Huitzi rodó los ojos y esbozó una sonrisa. Comenzó a caminar por la sala a paso calmo, siendo seguido de cerca por Roberto. Éste supo en seguida que algo no andaba bien con el dios: lo conocía bien (o eso creía) y algo en su caminar le indicaba que había venido con una misión que darle, que le pesaba en el corazón.

"Supongo que a estas alturas ya sabes de Phantasos."

"Sería un tonto si no lo supiera. Usted no ha ocultado su interés y eso nos tiene muy contentos." Comentó Roberto con alegre sinceridad. "Sí reconozco que no sabía el nombre de la señorita."

"Jejeje, ¿Cómo supieron?"

"Cosmonet. Desde que el señor Quetzalcóatl comenzó a cortejar a la señora Hestia ha estado activa como nunca." El hombre se llevó las manos a la espalda. "Permíteme decirte que este interés tuyo nos tiene muy contentos a todos. Mi esposa y las demás hasta ya están arreglando todo por si hay fiesta."

"Jejejejeje, no se apuren, falta mucho para eso y todavía tengo que terminar de conquistar a mi Sueñito." Confesó Huitzi algo cohibido.

"Aaah, pero para allá va. Ni se va a dar cuenta cuando se estén aceptando mutuamente. Mi esposa dice que es cosa de tiempo y que tiene buena vibra al respecto." Dijo Roberto muy alegre. Entonces ladeó la cabeza. "¿Sucede algo, señor?"

"Sí." Huitzi se detuvo y enfrentó a Roberto. "Mi Sueñito no tiene buena salud: es una secuela de una enfermedad a la que sobrevivió estando en el vientre materno."

"Sofocación." Intervino Roberto. "Algo escuché al respecto de que provocó muchos estragos."

"Por decirlo de manera elegante." Huitzi suspiró y se pasó los dedos por el cabello, como intentando sacudirse el estrés. "Roberto… necesito que movilices a los guerreros jaguar."

"¿Ocelopipiltin?" Murmuró Roberto desconcertado, pero se puso grave en el acto. "¿A quién hay que matar?"

"A Nadie. Pero necesito las habilidades de los ocelopipiltin." Huitzi entrecerró los ojos. "Mi Sueñito se contagió de sarampión…"

"¡¿QUÉ?!… me lleva la chin…"

"… en algún lugar de los que visitamos. ¡Evidentemente no tenía la vacuna! Pero si mi sueño bonito se contagió, otros también. Alguien está repartiendo esos malditos bichos. Necesito que encuentren el origen… y que averigüen cuando nos cruzamos con esta plaga para poder tratar mejor a mi Sueñito."

"¿Sin muertos? Cuando les diga a los jaguares, van a querer arrancar corazones. ¡Nadie lastima a su enamorada sin enfrentar nuestra ira!" Afirmó con ojos peligrosos.

"No. Ganas no me faltan, pero todavía no." Huitzi suspiró, agradecido por la devoción que le mostraban, y le pasó un papel con una lista. "Aquí están todos los sitios a los que fuimos."

"¿Qué hacemos con el paciente cero?"

"Evitar que siga contagiando." Huitzi apretó los dientes. "Y si hay algún anti vacuna cerca que no esté vacunado, ¡Que se contagie a ver si le gusta!"

"Considérelo hecho. Hmpf." Roberto leyó la lista. "Tengo una idea por donde comenzar." El hombre miró a Huitzi con decisión. "¿Qué más ordenas, señor?"

"Que se alisten para una Xochiyáoyotl." Ordenó con solemnidad.

Roberto abrió los ojos un poco más, pero pronto asintió con decisión.

"Se hará como desees, señor Huitzilopochtli."


Inframundo. Giudecca, Habitaciones de Phantasos.

23 de julio. 7:00 hora local.

Phantasos se sentía, con justa razón y fundamentos de peso, como si la hubieran apaleado entre varios. Estaba prácticamente varada en la cama, desparramada y espantosa, sintiéndose horrible, agotada y adolorida. Le picaba todo, aunque no sabía si era por sugestión o porque en verdad tenía comezón. No se quería mover, tenía frío, tenía calor, sentía la piel pegajosa y la cabeza le seguía pulsando. Porque sí, seguía con fiebre, pero no tanta como durante la noche.

Hablando de eso, la alarma de termómetro sonó en ese instante y Apolo le quitó el aparato. Phantasos rodó los ojos, se tapó con la manta y se hizo bola.

"38.1°C… vamos mejorando."

"… no te hagas el lindo."

Apolo sonrió torcido y dejó el aparato a un lado. Hacía por lo menos dos horas que Hades lo había dejado entrar, en virtud de la emergencia. El dios comenzó a atender en seguida a Phantasos, confirmando el diagnóstico de sarampión y aplicando el tratamiento adecuado. A ojos de Hypnos y sus hijos, parecía que Apolo estaba haciendo brujería con la diosa, pero en honor a la verdad no era nada del otro mundo.

"¿Sigues enojada conmigo?"

"Sí… aunque estás haciendo méritos." Phantasos se destapó la cara, resoplando. "¿En verdad tengo sarampión?"

"Sí. Lo que me extraña: dices que eres rigurosa con las vacunas."

"Lo soy… pero no siempre fui así." Phantasos tomó una buena bocanada de aire y se incorporó en la cama, buscando un vaso de agua. Una de las sirvientas la ayudó. "Al principio no era muy metódica."

"Explícate."

"Nunca he estado en contra de las vacunas, conste." Phantasos tragó el líquido con dificultad. "… puede que haya olvidado la del sarampión. Recuerdo haber ido al vacunatorio a que me la pusieran, pero… parece que me distraje y me fui… no sé." La diosa apartó el vaso y agradeció a la sirvienta. "… no me acuerdo bien. ¿Cómo me contagié?"

"Como todos nada más. Huitzilopochtli está buscando el origen del contagio." Dijo con un tono algo lúgubre. Como que ese fugaz brillito en los ojos de la diosa al nombrar al Colibrí del Sur le confirmó que no solo era su amiga, sino que también lo quería más que a él. "Tú de eso no te preocupes. Tienes otros problemas."

"¿Ah sí? ¿Peores que estar enferma?" Gruñó la diosa de mal humor.

"Phantasos… el sarampión no tiene cura. Puedo tratar tus síntomas, pero contigo tengo que tener mucho cuidado: tu sistema inmune se va a huelga cada vez que algo ataca tu organismo y aunque no te vas a morir, vas a sufrir. ¿O no te acuerdas cuando te dio meningitis el año pasado?"

Otro brillito decoró los ojos de Phantasos, pero esta vez era miedo. En aquella ocasión esa dolencia casi le había licuado los sesos y le había tomado algunos meses recuperarse por completo. Hasta caminar se le hizo complicado. Cuando había comenzado la guerra contra los Señores de Xibalbá apenas se había recuperado. Se palmeó la cara frustrada consigo misma. ¿Cómo fue tan IDIOTA de no vacunarse? ¿Cómo fue tan irresponsable que lo dejó pasar así no más? ¿Cómo no tuvo más cuidado? Claro, se descuidó del asunto y se confió en que, al estar todos inmunizados, a ella no le pasaría nada. Por décadas eso fue así, por lo que salía a sus anchas sin temor alguno. Antes simplemente ni se acercaba a los lugares en donde había contagios (el tío Thanatos le avisaba donde). ¡Nunca más volvía a confiarse!

¡Por todo el averno! ¿Cómo diantres se había roto la inmunidad de rebaño?

"No es la forma más bonita de adquirir inmunidad natural." Se quejó irritada y asustada. "¿Qué me va a pasar?"

"Lo menos posible, si puedo asegurarme de ello. Eventualmente tu sistema inmune va a atacar al bicho este, pero no antes que cause todos los estragos que pueda." Apolo entrecerró los ojos. "No dejaré que eso pase."

"¿Será como el año pasado?" Preguntó en un susurro. "No fue lindo… tener meningitis."

"No si puedo evitarlo." Apolo se acercó y la arropó un poco. "Descansa Phantasos. Tuviste una noche muy difícil y necesitas recuperar fuerza."

"No quiero dormir…"

"Te puse algo en las medicinas que te acabo de dar para que duermas. ¡Órdenes del doctor!" Le dijo Apolo guiñándole un ojo y sin darle tiempo a retrucar. En protesta, Phantasos se acurrucó mejor en su cama, dándole a espalda. El dios se volvió hacia la sirvienta, recordándose a sí mismo que la muchacha no era enfermera. "Vigila que descanse, que se hidrate bien y que coma aunque sea un par de bocados. No la obligues ni la fuerces, pero pendiente a eso."

"Sí, señor Apolo."

Apolo le hizo una seña de despedida a Phantasos y se alejó en dirección de la puerta. Sin mucha ceremonia salió del cuarto y se dispuso en seguir su camino hasta una cercana sala de estar que por lo visto solía ocupar la familia onírica en su día a día. Ni bien entró a esta habitación se encontró con que estaba lleno. Hypnos, sus hijos, Hades, Perséfone y Huitzilopochtli le miraron expectantes y con urgencia. Todo su inesperado público estaba muy preocupado. Frunció el ceño.

"Dejé a Phantasos durmiendo. Le bajó mucho la fiebre, pero no cantaría victoria aún. Hay que mantenerla vigilada de cerca." Apolo levantó las manos. "Vienen un par de días en los que va a estar muy delicada, esto apenas comienza, por eso hay que estar muy atentos. El sarampión no tiene cura, pero es tratable."

"¿No es Sofocación, verdad?" Preguntó Hypnos con temor.

"No. No lo es. Phantasos no se va a morir por esto. Solo va a pasar por una horrible experiencia en lo que su sistema inmune se decide a atacar al bicho." Apolo suspiró preocupado.

"¡Me lleva la #$%$&%#∑¥Ω!" Reclamó Huitzilopochtli, pateando el suelo. "¡Eso no es justo!"

"¿Cuánto tardará en recuperarse?" Preguntó Hades inquieto. "¿Va a pasarle lo mismo que cuando le dio meningitis?"

"Lo más probable. Por eso hay que vigilarla de cerca: temo algunas complicaciones que se puedan derivar de esto. La fiebre de anoche fue gravísima: nunca subestimen un cuadro así. Con 42ºC los mortales tienen un riesgo altísimo de morir. Phantasos tuvo 41,3ºC." Apolo miró de reojo a Hypnos, cuyos ojos parecían chillar una pregunta que no se atrevía a hacer. "Se intervino a tiempo, la ayudaron justo cuando debían. Insisto, ella es inmortal, no se va a morir. Pero hay que tener paciencia."

"Yo tomo el primer turno para cuidarla." Susurró Oneiros.

"Apolo… ¿esto es contagioso para los demás?" Preguntó Perséfone doblemente preocupada. No solo por Phantasos, sino también por sus hijas y Benito.

"No creo que nosotros, dioses, nos contagiemos de esto, pero en el caso de las gemelas… no me arriesgaría: son diosas, pero muy pequeñas y prefiero exagerar. Las cosas han cambiado mucho los últimos siglos, preferiría que las sacaras de Giudecca, solo para estar seguros. En cuanto a Benito…" Apolo entrecerró los ojos, muy serio. "Me consta que sus niveles están bien, pero no quiero que se exponga. No tendría por qué contagiarse si se toman las precauciones, pero soy aprensivo." El dios se mesó el mentón pensativo. "Quisiera revisar a Benito, y a las niñas para aprovechar el impulso, para descartar cualquier cosa de todos modos."

Hades no se demoró ni medio hipo en tomar una decisión. Asintió con la cabeza y se volvió hacia Perséfone, con una mirada que no admitiría discusión alguna.

"Llévate a las niñas al Olimpo hasta que todo pase. Que Aiacos y Violate, junto con Benito, vayan contigo como guardaespaldas." El dios hinchó el pecho de aire. "Morpheus se encargará del papeleo para que puedan entrar, en lo que revisan a los enanos."

Perséfone hubiera querido discutirle a Hades con toda su alma, pero no pudo. Reprimió un sollozo: de alguna manera estaba de acuerdo con su esposo, pero eso de dejarlo solo unos días no le sentaba del todo bien, sobre todo tomando en cuenta los precedentes. Mejor se aplicaba ella también a dejar todo a punto en el castillo. Morpheus intercambió una mirada con Hypnos, quien le hizo una seña para que obedeciera. Icelos miraba nervioso hacia la puerta. Huitzi se sentía algo mareado de lo preocupado que estaba.

"¿Puedo verla?" Preguntó de pronto casi en un susurro.

"Le di una medicina para que durmiera." Gruñó Apolo. "Quizás cuando despierte."

"Hasta entonces no podemos hacer nada." Dijo Hypnos, sintiéndose inútil. "Hijo de Zeus… ¿estás seguro que mi hija no se va a morir?"

"No. No morirá."

"¿Y si le consigo sacrificios?"

La pregunta de Huitzi fue tan sincera como repentina. Todos los dioses se lo quedaron viendo por momentos perplejos. Hypnos frunció el ceño, pero no pudo enojarse: el pobre Colibrí del Sur se veía miserable y solo quería ayudar. ¡Pobre diablo! Debía estar pasándolo horrible y sin saber cómo ayudar. ¡Empatizaba tanto con él como no tienen idea! También se sentía inútil.

Apolo y Hades estaban por responderle la pregunta con algo de sano sarcasmo cuando en eso se abrió la puerta de la salita de estar de par en par. Thanatos, aun con su bata puesta, con bastante mejor aspecto y un estupendo humor, entró al recinto como si no tuviera preocupación alguna en su vida. Cierto, seguía con bronquitis, pero la mejora era notoria y hasta había podido descansar bastante bien. Se sentía fresco como lechuga. El dios de la muerte parpadeó perplejo unos instantes: no se explicaba la presencia de tanta deidad junta, menos el lúgubre ambiente. La noche anterior había dormido muy profundo y no se había percatado en absoluto de la emergencia. No tenía idea que su sobrina estaba mal de salud.

"¡BUENOS DÍAS!" Saludó con energía, pero al ver que no causaba el efecto deseado, le bajó la intensidad a su buen humor. "Err… ¿Me perdí de algo?"

Todos los presentes suspiraron al mismo tiempo.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Sustos de Muerte

"… La miraba muy serio, quizás con algo de rubor en las mejillas. Lucía ese hábito negro suyo que tan bien le quedaba. Le faltaba solamente el perfume.

Estúpido, desaliñado y sensual Giannis.

"¿Giannis?" Por instinto, Rea retrocedió. Si Giannis se sorprendió por haber sido visto por Rea, o que ésta le dirigiera la palabra, no lo demostró más que levantando ambas cejas, pero no respondió.

Solo dio un paso adelante y tras estirar su brazo, lo hundió en el pecho de Rea, como quien busca el corazón. La expresión de la mujer dio paso al asombro y terror…"


Nota Mental: Nunca subestimen una buena fiebre. El año pasado mi papá pasó unos días en la UCI por culpa de una (bordeó los 41,6º y la glucosa se le fue a la estratósfera por culpa de un cálculo renal del averno que se le ocurrió bajar en el peor momento posible) y por lejos ha sido de los peores sustos que me he llevado en la vida (casi se me murió). No es para que exageren, pero nunca subestimen una fiebre. Ahora está bien, como si nunca le hubiera pasado nada. ._. Y una con canas por su culpa, pero bueno, supongo que es karma por todas las rabias que le he hecho pasar. XD En fin. Lo de Phan apenas comienza, pero tanto Apolo como Huitzi tienen una oportunidad dorada para componer relaciones. Sobre Thanatos… está a un capítulo de meter épicamente las patas. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡GRACIAS POR LEER!


Sin duda Pillín fue el héroe del capítulo, Dasha. Pobre pajarillo, se llevó un buen susto, pero actuó acorde a las circunstancias. Y sin duda que Hypnos estuvo a punto de convertirse en un estorbo más que en ayuda, pero eso habría sido totalmente contraproducente, considerando que era el único que podía hacer algo en ese momento. Ya tendrá sus cinco minutos de pánico. Sobre tu pregunta, no. Decidí que Huitzi y Phan debían quedarse juntitos cuando esos dos se conocieron en el fic Nemo Me Impune Lacessit. Siempre publico fics completos, así que cambiar de opinión mientras lo actualizo es muy, muy raro (pues tendría que hacer demasiados ajustes). ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!

Eres de las mías, Lina, también caigo en coma cuando duermo y creo que dormir es lo mejor que le puede pasar a una en el día. Phan va a sufrir bastante los efectos del sarampión, su sistema inmune no es el mejor de todos, pero al menos tendrá toda la ayuda médica del mundo. Es la oportunidad de Apolo para compensarle el mal rato, igual para Huitzi. Al menos Hypnos recobró el título de papá por parte de Phan. Sobre Pillín, ese colibrí se lució: merece que le regalen todo el néctar del mundo. Apolo es buleable, sin duda, sin mencionar que está saladísimo el pobre. A estas alturas del partido ya deberían dejarlo en paz. Ya le voy a compensar los malos ratos. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO!


BRÚJULA CULTURAL

Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda.

Guerreros Jaguar y Guerreros Águila: Dentro del ejército mexica, los mayores combatientes fueron los guerreros águila (cuauhpipiltin, en singular cuauhpilli) y los guerreros jaguar (ocelopipiltin, en singular ocelopilli). Ambos vestían como el animal del que tomaban su nombre, algunos vistiendo pieles de grandes felinos y otros adornados con plumas de águila. Muchos de estos guerreros fueron representados en estatuas y en códices. La poesía mexica también usa con frecuencia la expresión in cuauhtli, in ocelotl (las águilas, los jaguares) para referirse a los nobles en la guerra. El cuartel de los guerreros águila y los guerreros jaguar fue el quauhcalli, la casa de las águilas, situado en el recinto ceremonial en Tenochtitlán. Era el grupo de élite de las fuerzas armadas; algunos códices recogen la leyenda de que entraban en un profundo estado de meditación y podían permanecer en un sitio de cuclillas y sin moverse, sin comer ni beber durante al menos dos semanas, simplemente esperando el momento oportuno para atacar y matar de un golpe (como era usual) a su enemigo. Se estima que los guerreros águila y los guerreros jaguar causaron aproximadamente el 80% de las bajas españolas, antes, durante y después de la conquista.

Xochiyáoyotl: También llamada guerras floridas. Este tipo de guerra se practicó con pequeños ejércitos y previo acuerdo entre las partes involucradas. No estaban encaminadas a conquistar el altépetl enemigo, sino que sirvió a otros fines. Uno era la toma de cautivos para el sacrificio, y esta fue sin duda una parte importante de la mayoría de las guerras mexicas. Fray Diego Durán afirma en sus crónicas que el Xochiyáoyotl fue instituido por Tlacaélel durante la gran hambruna de Mesoamérica (1450–1454) bajo el reinado de Moctezuma Ilhuicamina. Estas fuentes afirman que Tlacaelel organizó con los dirigentes de Tlaxcala, Cholula y Huexotzingo, para participar en batallas rituales que proporcionasen a todas las partes suficientes víctimas para apaciguar a los dioses. Ross Hassig, en 1988, planteó que el xochiyáoyotl tenía otros propósitos más políticos que religiosos, entre los cuales estarían:

1. Demostrar la superioridad militar mexica.

2. Debilitar gradualmente a otros altépetl.

3. Someter a enemigos difíciles como los tlaxcaltecas, sin entorpecer otras actividades del imperio.

4. Convencer a la gente, tanto a los propios mexicas como a otros pueblos, de que era mejor no desobedecer al imperio, cosa que reafirmaba con los sacrificios hechos en el Templo Mayor de Tenochtitlán.

Sarampión: Es una enfermedad infecciosa exantemática como la rubeola o la varicela, bastante frecuente, especialmente en niños, causada por un virus, específicamente un paramixovirus del género Morbillivirus. Se caracteriza por típicas manchas en la piel de color rojo (eccemas, exantema) así como fiebre y un estado general debilitado. En algunos casos de complicaciones el sarampión, causa inflamación en los pulmones y el cerebro que amenazan la vida del paciente.

El período de incubación del sarampión usualmente dura de cuatro a doce días, durante los cuales no hay síntomas. Las personas infectadas permanecen contagiosas desde la aparición de los primeros síntomas hasta los tres y cinco días después de la aparición del sarpullido.

El diagnóstico se hace por el cuadro clínico y la detección de anticuerpos en la sangre. No existe terapia específica para el tratamiento de la enfermedad, sin embargo, se puede prevenir la enfermedad mediante la administración de la vacuna contra el sarampión. La vacuna triple vírica (también conocida como SPR) ha reducido el número de infecciones en el pasado. En la mayoría de los países, la enfermedad es de declaración obligatoria a las autoridades de salud social.

La vacuna contra el sarampión es muy eficaz para prevenir esta enfermedad y segura para la población, que suele entregarse en dos dosis. Se introdujo por primera vez en 1963 y desde entonces su utilización ha aumentado progresivamente a nivel mundial. En 2008 al menos 192 países ofrecían la administración de dos dosis a través de sus sistemas de salud. En el año 2014 aproximadamente el 85 % de los niños del mundo habían recibido una dosis de esta vacuna en sus primeros años de vida. Está incluida en la lista de Medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud que incluye las medicaciones más importantes de un sistema de asistencia sanitaria. La vacuna es suficientemente barata, con un precio mayorista de aproximadamente $ 0.70 USD por dosis a partir de 2014. (tratar los síntomas sale más caro, conste)

Inmunidad de Grupo (o de Rebaño): Describe un tipo de inmunidad que se produce cuando al vacunar a una parte de la población se proporciona protección indirecta a los individuos no vacunados. En las enfermedades que se transmiten de persona a persona, es más difícil mantener una cadena de infección cuando una gran parte de la población es inmune. Cuanta mayor es la proporción de individuos inmunes, menor es la probabilidad de que una persona susceptible entre en contacto con un individuo infectado.

La vacunación actúa como una especie de cortafuegos para la diseminación de la enfermedad, ralentizando o evitando la transmisión de la enfermedad a otros individuos. Así, quienes no están vacunados quedan protegidos de manera indirecta gracias a los individuos vacunados, ya que estos últimos no contraerán la enfermedad ni la transmitirán a los susceptibles. Así se puede asumir una política de salud pública de inmunidad de grupo para reducir la difusión de una enfermedad y proporcionar un nivel de protección a un subgrupo vulnerable y no vacunado, como son aquellas personas con condiciones médicas especiales, tales como alergias, pacientes inmunodeprimidos, receptores de trasplantes o quienes por su edad aún no pueden recibir la vacuna.