FINAL MISSION STATUS
Por Mizaya y Zapenstap
Traducido por Inuhanya
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Capítulo 10 - Estado de la Misión: Hora Cero
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Relena abrió sus ojos mientras la luz del sol caía sobre su rostro. Las cortinas de su habitación colgaban levemente abiertas y rozaban levemente los paneles de vidrio de su ventana—un delgado rayo dorado subía lentamente por las revueltas cobijas de la cama con el ascenso del sol.
Relena retiró su cabeza de la luz y encontró el hombro de Heero con su nariz. El olor de su piel la bañó, un dulce y almizclado aroma que inhaló profundamente. Se movió hacia él y sintió los nudos en su cabello, enredado del rudo tratamiento entre los dedos de Heero y las sábanas.
Era de mañana, la mañana en que debía decidir entre Heero y Cole—teóricamente. En realidad, era el último día de la misión; el último día que pasaría como la "esposa" de Heero.
Ella giró su cabeza en la almohada. Heero yacía con su rostro hacia el techo. Se veía descansado, una mano aún en su pecho y la otra extendida entre sus cuerpos, dedos curvados levemente en descanso.
Había parecido tan… amoroso anoche, pero supuso que fue natural. No podía confiar en lo que significaba, no con todas las cosas inesperadas que habían pasado. Habían tantas variables, y el corazón de Heero era el más difícil de tocar. Su propio corazón se sentía frágil, como vidrio, o la carcasa de un globo de papel maché.
"Heero," susurró ella en su oído, y lo tocó gentilmente en el hombro.
Ella tuvo que sacudirlo para despertarlo. Abrió sus ojos pesadamente. Estaban pesados con sueño, y los cerró inmediatamente contra el sol. Hizo una mueca ante la luz que caía sobre su rostro y casi pudo escuchar sus músculos gruñir en protesta mientras le daba la espalda a la ventana y se giraba hacia ella.
Abrió sus ojos.
"Tenemos que levantarnos," susurró Heero. Sus ojos eran tan azules. "Voy a llevarte al aeropuerto."
"A cuál aeropuerto?" preguntó ella.
"Al militar. Un jet privado."
Ella quería decir más. Sentía que había mucho más por decir, pero antes de tener el tiempo para procesar, él se levantó de la cama.
"Vístete," dijo él. "Haré café mientras tomas una ducha."
Así lo hizo, dejó a Relena sola para alistarse para el día de su "boda". Por unos minutos no se movió. La cama que era suya y de Heero era muy cómoda, y una vez que la dejara, nunca sería lo mismo. Sufrió la pérdida por unos minutos. Luego retiró las cobijas y se levantó. Los juegos habían terminado. Esto lo estaba.
Después de bañarse, permaneció de pie por un tiempo en su vestidor con sólo una toalla alrededor de su cuerpo, su húmedo cabello cepillado, incapaz de decidir qué usar. Cómo debía lucir el día que elegiría entre Heero Yuy y un terrorista psicópata como su amante y esposo? Profesional? Dulce? Sofisticada? Seductora?
Optó por una mezcla. Eligió vestir en un par de pantalones de vestir, zapatos planos y una chaqueta de cuello blanco con un corte de estilo alto. Debajo de la chaqueta usaba una blusa de seda sin mangas en un verde pálido que resaltaba el color en sus ojos y se ajustaba a su piel cuando se movía.
Heero entró mientras arreglaba su cabello en frente del tocador. Le ofreció un humeante café negro en una taza. Ella lo recibió sin hablar, aún no teniendo palabras que decir y deseaba conservar sus emociones tanto como fuera posible. Él se suspendió cerca al respaldar de su silla, observándola pasar la plancha por su cabello, pero no la tocó. Tan pronto como bajó la plancha y levantó la taza de café para beber, él asintió y se removió de su presencia para usar la ducha.
De su breve tiempo viviendo juntos, Relena predijo que Heero estaría bañado y vestido antes de haber terminado su cabello.
Tuvo razón, pero la sorprendió en cómo se vistió para el día. Heero emergió de su compartido vestidor en un par de pantalones y una franela de manga larga negra sin solapas o cuello. Mientras Relena sujetaba su cabello y observaba a través del espejo, Heero se arrodilló en la alfombra y sacó un cofre debajo de la cama. Lo abrió en medio del piso, revelando un juego de armas que Relena no había tenido idea estaba en su casa. Detuvo lo que estaba haciendo y miró mientras Heero sacaba un pesado chaleco gris del cofre y lo colocaba alrededor de sus hombros—asumió que era a prueba de balas—y luego empacó un arma, seguros, una caja de balas, y varias otras cosas que no miró lo suficiente para reconocer en varios bolsillos y lugares escondidos alrededor de su persona. Dejó de última la chaqueta de cuero de los Preventivos, oscureciendo el resto de su vestimenta.
Cuando Relena terminó de acomodar el último mechón de su dorado cabello, pasó sus brazos a través del blanco abrigo de diseñador y lo cerró alrededor de su cintura con un lazo de seda.
Miraba expectante a Heero. Él la miró. Eran una pareja desigual.
"Lista?" le preguntó Heero.
Ella lo miró por casi un minuto sin responder. Lo que la sorprendió no fue la sensación de alarma o incomodidad, sino una profunda urgencia de invitarlo de nuevo a la cama. Se veía tan… peligroso, y aún era su control lo que le fascinaba. Sabía cómo era, había sentido lo gentil que podía ser su caricia, y también lo ruda, pero siempre controlada, aún cuando era febril. Ella se sacudió, como si despertara de un sueño, y asintió.
Era momento de partir.
Heero condujo a Relena hacia la pista en un auto que había sido rentado para la ocasión. Una vez que estuvieron solos en el auto y se dirigían hacia la pista, Heero le habló. No había cámaras.
"Relena, sobre anoche."
Su corazón casi se detiene.
"No fue mi intención tomar ventaja de ti," dijo él. Mantenía sus ojos en el camino. Su tono era completamente neutral.
"No lo hiciste," dijo ella apresuradamente. "Yo… fue placentero."
"Sí, pero ese no es mi punto. Pude haberme dejado llevar. Ayer fue un día emocional para mi."
Ella no supo qué interpretar de eso. Emocional? Ella lo había sentido, aún si no lo mostrara o hablara de eso, pero no pensaba que quisiera decir el tiempo que pasó con ella. Mirándolo, casi podía verlo en sus ojos. Estaban todos esos reporteros, seguidos por la traición de Dorothy, y luego había estado llorando y con el día de hoy siendo tan importante…
"Qué estás diciendo?" preguntó ella.
"No quiero que te hagas una idea equivocada. No quiero lastimarte. Nuestra relación es una profesional, y en este momento estoy concentrado en nuestros objetivos. Anoche… fue lo correcto dadas las circunstancias. Une lo aprobó. Y aún, estuve un poco atrapado en el momento. Parecías dispuesta, pero se me ocurrió esta mañana que tal vez no fue justo."
Relena tragó duro y giró su cabeza para mirar el camino. No dijo nada al principio, ni por varios largos momentos. Le tomó toda su fuerza de voluntad contener las lágrimas. "Está bien," dijo ella. Su voz salió tranquila, pero tuvo que apretar su quijada antes de que pudiera escapar más. Observó las llantas comerse el camino, contando las líneas divisorias que destellaban bajo ellos en la autopista.
No hablaron de nuevo hasta que llegaron a la pista desierta donde un avión los esperaba. Parquearon el auto y caminaron hacia las escaleras. Relena caminaba unos pies adelante de Heero, reuniendo su compostura y envolviéndola alrededor como un chal. Desde este momento en adelante tenía que mantener su juicio para ella y concentrarse en lo que era importante. Igual que en todos sus asuntos. Era personal—todo—pero no podía arriesgar hacerlo personal para ella. Afortunadamente, tenía experiencia encerrando sus emociones cuando se refería al trabajo. Para cuando alcanzaron el avión, estaba en su modo diplomático: amable pero profesional.
Relena abordó el jet privado con Heero detrás. Fueron recibidos por Zechs y Wufei Chang.
"Quién vuela el avión?" preguntó Relena mientras subía las escaleras y entraba en la cabina principal tras la cabina del piloto.
"Yo," respondió Zechs. "Cole fue muy claro sobre este intercambio. Te están permitidos tres guardaespaldas—para protegerte de las "masas" como lo puso—y nadie más. Tendremos comunicación con la base hasta el aterrizaje, pero tan pronto como nos unamos a la gente de Cole estaremos solos."
Relena se sentó en una de las sillas en la cabina de pasajeros. Estaba comenzando a sentir el peligro inmediato en todo esto, y lo horrible que sería si algo salía mal. Contra eso, casi fue fácil hacer a un lado lo que Heero le había dicho en el auto.
Zechs desapareció en la cabina del piloto. Heero se sentó a su lado. Wufei Chang miraba a Heero desde el otro lado del angosto corredor, brazos cruzados y cabello hacia atrás para mantenerlo en posición durante la duración de la misión. Relena se preguntó en un momento de sonrojada timidez si Wufei había presenciado algo del momento de intimidad de Heero y ella.
"Dónde está mi moto?" demandó Wufei enojado.
Heero lo miró, casi vacío de expresión. "La devolví esta mañana."
El frunce de Wufei subsidió ligeramente.
Relena parpadeó. "Esta mañana? Cuándo?"
"Antes de que despertaras."
Ella no se había dado cuenta. No la había despertado.
"Pero…"
"Tenía que ser visto dejando la casa," le dijo Heero. "Igual tú."
"No notaste que todos los reporteros se fueron?" dijo Wufei.
No lo había notado. Lo ordinario nunca parecía fuera de lugar. "Entonces…?"
"Tenemos una doble pretendiendo ser tú," le dijo Wufei. "Y otro pretendiendo ser Heero en un lugar aparte. Tu secretaría está consciente del cambio, y obviamente tus citas han sido canceladas. Citamos a los paparazzi como la razón. En lo que se refiere al mundo, hoy estás encerrada en tu oficina. Debiste ver tu edificio. Hay una gran multitud. Fue difícil ponerla en posición y sacar a Heero."
"Debía haber ido a trabajar temprano esta mañana," dijo Relena vagamente.
"A las cinco en punto," le dijo Heero.
Ella hizo un rápido cálculo. Ella y Heero realmente no se habían dormido hasta la una o dos de la mañana. Eso le daba a Heero menos de tres horas de sueño. Ella había tenido muchos días así. No era de extrañar que hubiese tenido dificultad para despertar.
"Necesitamos irnos," la voz de Zechs los alertó a través del intercomunicador. "Abróchense los cinturones. No es un vuelo corto, pero gracias al cambio de zonas horarias, aún habrá un poco de luz de día para cuando alcancemos Nevada. Heero, Wufei, necesitarán darle instrucciones a Relena antes de aterrizar."
Los motores del avión reverberaron y encendieron. El tremor bajo el asiento de Relena se acompasó con la agradable sensación en su estómago. Había estado temiéndole a este momento desde la primera vez que la llamaron a la base de los Preventivos y supo que un psicópata que había conocido alguna vez quería obligarla a casarse con él… a cambio de no saturar al continente Norteamericano con peligrosa radiación nuclear, por supuesto. Había maniobrado a través de muchas negociaciones durante su carrera; algunas de ellas habían sido peligrosas con humores envenenados para provocar violencia, pero usualmente un pensamiento racional y una voz calmada era suficiente para incentivar el diálogo y el compromiso. Sin embargo, los dementes no eran racionales, y juzgando lo que sabía de Cole, no pensaba que el mantenerse calmada lo detendría de hacer algo loco.
"Te sugiero que comas algo y descanses tanto como sea posible," le dijo Heero a Relena.
Relena asintió distraída. Podría comer. Podría no saborear nada, pero se obligaría a ingerir unos pocos mordiscos. Sería un largo vuelo después de todo.
Heero se sentó inmóvil en su asiento a su lado mientras el avión ganaba velocidad por la pista. Relena miró por la ventana, observando el escenario pasar y luego quedar abajo mientras se elevaban en el aire. Gradualmente, después de varios minutos de continuo ascenso, el avión se niveló y el rugido de los propulsores bajó a un gentil zumbido.
"Cuál es el plan?" preguntó Relena. "Mi hermano les pidió instruirme. Me gustaría saber qué esperar."
"Vamos a aterrizar en el territorio Yucca," le dijo Heero. "Cole ha sido instruido para proveernos con un vehículo, el cual usaremos para alcanzar el complejo de Cole en las montañas. Sus campos dan hacia el lugar donde el desecho nuclear es guardado. Aunque preferiríamos no estar tan cerca a Duo, no puede evitarse. Cole construyó su hogar ahí a propósito, y no aceptó una locación neutral. Estamos apoyándonos en el trabajo de Duo."
"Un hombre que construye la casa de sus sueños encima de una pila de desperdicio nuclear para 'guardarlo' es un hombre especial," intervino Wufei. "Te dice poco sobre el estado de su cordura, no es así?"
"Somos afortunados de que nos permitiera traer guardias armados para protegerte," continuó Heero con Relena, ignorando los comentarios de Wufei. "Nos encontrará en las puertas, y de ahí en adelante se supone que debes tomar tu decisión."
Relena sintió una peculiar sensación en su estómago mientras Heero hablaba de su "decisión" entre él y Cole.
"Probablemente intentará persuadirte," añadió Heero. "Enfatizará su poder y todo lo demás que crea atraerá tu atención. Aceptaremos cualquier oferta que haga para intentar impresionarte. Dentro de la razón, por supuesto."
"Qué se supone que debo decir cuando me pida decidir?" preguntó Relena.
"Lo elegirás," respondió Heero.
La boca de Relena se secó.
"Entre más engañes y agonices sobre eso, más tiempo tendrán los grupos de Duo y Sally y Noin para asegurar el área," añadió Wufei. "Necesitaremos ese tiempo, pero no puedes titubear demasiado sin hacerlo parecer sospechoso. Si es necesario, te pondremos en un vestido blanco y continuarás con las preparaciones para una ceremonia."
"No voy a casarme con Cole!" jadeó Relena. "Cómo voy a salir de ahí?"
"Esperamos que al menos tenga dos guardias armados con él también," le dijo Wufei. "Haremos tanto tiempo como sea posible para que Duo y Sally aseguren los contenedores. El equipo de Noin cercará el perímetro y esperará por una señal de Duo."
"Una luz de bengala," le informó Heero. "Ya debe estar lista."
"Duo no estará en comunicación directa con Noin?" preguntó Relena.
"No. El equipo de Duo tendrá comunicación interna, pero ningunas señales que puedan ser captadas por el enemigo. La luz de bengala puede ser detonada por un gatillo de acceso remoto en la persona de Duo. Hay dos, una para indicar la terminación del trabajo, y otra para dejar a Noin saber que algo ha salido mal."
"Una vez que Duo haya completado su misión, el equipo de Noin asumirá el comando del complejo y el distrito de Cole," continuó Wufei. "Tampoco estaremos en comunicación con ellos directamente. Si todo va bien, Noin cercará, dominará el complejo y aprehenderá a Cole y sus hombres antes de que sepan que algo falta. Si algo más pasa, Zechs, Heero y yo aseguraremos tu bienestar y te sacaremos de aquí si lo necesitamos. Tu trabajo es entretener a Cole tanto como sea posible y seguir cualquier orden que te demos."
"Entendido." Relena no podía pensar en nada más que decir. Cuando Heero se desabrochó de su asiento y le trajo a Relena un refrigerio y un jugo de naranja del refrigerador, ella los aceptó y comió sin resistencia. Él la observó consumir cada mordisco. No se le escapó que él no comió nada.
Horas después (ella durmió la mayor parte de ellas), el avión aterrizó en un abandonado aeropuerto militar en Nevada. No había nada que ver por millas a la redonda excepto terreno desierto, pasto seco, cactus y montañas. Cuando Relena salió del avión, una brisa seca y caliente movió su cabello en su rostro y sacudió su ropa.
Un abandonado auto los esperaba en el campo con llaves en la ignición. Era un lujoso sedán negro con un interior de cuero. Wufei condujo. Zechs se sentó al frente. Heero se sentó con Relena en la parte trasera con sus brazos cruzados. El viaje fue mayormente silencioso, pero la tranquilidad no era relajante, y Relena encontró difícil disfrutar la belleza cobriza del desierto.
Los terrenos de Cole eran extensos. Aparentemente había logrado comprar toda la tierra en Nevada que alguna vez le perteneció al gobierno de USA. Desde el momento que entraron a su territorio, Relena sintió el cambio. Nadie vivía aquí. Solía ser un lugar de pruebas nucleares y aún había una turbulencia colgando de las secas rocas. Ella no pudo evitar contar las millas de camino desierto que tuvieron que viajar sólo para llegar a la residencia de Cole. Si por alguna razón necesitaban escapar de este lugar, no podrían hacerlo corriendo. Vieron otros pocos vehículos en el camino, y las casas que pasaron antes eran singulares en naturaleza, algunas abandonadas, y el resto probablemente propiedad de hombres bajo órdenes de Cole. Todo lo demás era desierto de roca roja.
Eventualmente, salieron de la autopista y siguieron una carretera más angosta en las montañas. Era una extraña locación para una residencia, y Relena comenzó a sentirse un poco como una oveja siendo conducida al borde de un precipicio, al menos hasta que las llantas del auto encontraron concreto e hicieron el ascenso final hacia la cima. Entonces se sintió más como una oveja conducida a un altar para ser sacrificada.
"Este es su lugar?" preguntó Zechs.
"Parece," murmuró Wufei.
El estado de Cole era un condominio instalado contra la montaña como el nido de un águila. Había costado mucho formar la superficie de la cima para ajustar sus necesidades estructurales. Adiciones estéticas también habían sido hechas. Palmeras del desierto habían sido importadas a un jardín que también tenía un campo verde, una cancha privada de golf y una fuente con peces decorativos. Además de la mansión, no había otras estructuras hechas por el hombre por millas.
La vista del desierto era asombrosa. Se extendía en todas direcciones en planicies infinitas de roca, arbustos, y depresiones huecas y acantilados que grababan la tierra. Rojas montañas irrumpían el cielo azul en todos lados y parecían incubarse en el calor del sol. Si no fuera por el conocimiento de que este complejo había sido construido encima de reservas de desperdicios nucleares como el hogar de un terrorista demente, Relena podría haberlo encontrado tranquilo, incluso inspirador, aunque no un lugar que escogería para vivir.
El auto subió hacia las puertas de hierro negras que rodeaban el condominio y bloqueaban su entrada de la carretera. Dos mercenarios estaban estacionados a cada lado de la entrada, cada uno sosteniendo un arma automática en dos manos.
"Me pregunto si eso se supone que nos haga sentir mejor sobre la seguridad de Relena," murmuró Wufei. Zechs tosió. Heero no dijo nada.
Los guardias parecieron estar esperándolos. Wufei detuvo el auto y bajó la ventana para hablar con ellos. Uno de los guardias miró el asiento trasero. Pareció reconocer a Relena. Ella se mantuvo muy tranquila, esperando que su expresión fuera ilegible, y correspondió su mirada fríamente.
El guardia les indicó seguir y las puertas se abrieron para admitirlos. Pasaron lentamente, siguiendo el pavimento a una calle donde seis o siete autos—todos costosos modelos europeos—estaban parqueados en un terreno vacío. Wufei parqueó el auto a un lado y se giró para mirar a Heero y a Relena.
"Estás lista, princesa?"
Relena asintió. Heero estaba revisando sus armas. Ella escuchó el clic del metal y se rehusó a mirar en su dirección. Sabía que podría haber violencia, en tanto como esperaba lo contrario. Cole estaba loco, y aún si aseguraban completamente este lugar, podría aún no rendirse. No quería ver a Heero matar a nadie, pero tenía que asumir que podría tener que hacerlo. Sus manos se sentían frías.
"Estamos aislados de todos, verdad?" susurró Relena. "Sin intercomunicadores? Cómo sabremos cuándo…?"
Heero la calló con un gesto. "No te preocupes. Me aseguraré que nada te pase."
Mirando sus ojos, notando la seriedad en su voz, quería decirle lo que realmente pensaba, pero las palabras no salían. No había tiempo. Este no era el lugar para una demostración emocional, y no quería romper la concentración de Heero. Su relación era profesional. Tenía que concentrarse en su parte en todo esto.
"Estoy lista," dijo ella.
"Entonces vamos a encontrarnos con tu futuro esposo," dijo Wufei.
Ellos salieron del auto.
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William Cole fue informado de la llegada de Relena al minuto que su jet privado tocó la base aérea. Cumpliendo con el arreglo que había hecho con el jefe de los Preventivos, había enviado un auto a la locación con llaves en la ignición, pero sin personal. El trato que había acordado con la mujer Une era que le daría a su futura novia su privacidad hasta que llegara a su residencia. Le sería permitido tres guardias armados para protegerla, y se aseguraría de comportarse en forma caballerosa. Cole no objetó en esto, porque sentía que tenía sentido que una mujer de la belleza y altura de Relena estuviera protegida por personal armado todo el tiempo. Una vez que se volviera su esposa, se aseguraría de continuar proporcionando tal servicio. Después de todo, tampoco quería que nadie la lastimara.
Cuando el auto llegó a su condominio, Cole estaba en su estudio, fumando un cigarrillo y calmándose con un vaso de escocés. Estaba vestido muy elegante (lo sentía) y ya había revisado su apariencia una docena de veces en un largo espejo enmarcado en plata. Aún tenía una cabeza llena de cabello, y aunque fuera gris, sentía que mantenía una apariencia joven. Su cuerpo también estaba bien tonificado. Desde que decidió que quería casarse con la Srta. Relena, había entrenado cada mañana. Quería asegurarse de poder seguirle el ritmo. Había escuchado que las mujeres jóvenes de estos días eran muy amorosas, y aunque era un caballero de los más finos calibres, tenía cada intención de ver que sus necesidades fueran satisfechas.
Especialmente desde que ese hombre de nuevo la había tocado. Cole tuvo que admitir que el tipo debía estar casado con Relena. Después de pensar con cuidado determinó que una flor tan dulce como ella nunca se ensuciaría antes del matrimonio… especialmente con un soldado común. Le molestaba que ese hombre hubiese logrado convencer a su frágil y joven corazón que era digno de sus afectos. Claramente, estaba por debajo de ella, pero a las mujeres jóvenes había que perdonarles sus pobres juicios. Después de todo, eran criaturas tan delicadas; si no tenían hombres que pensaran por ellas, naturalmente se meterían en todo tipo de problemas.
Cole la rescataría de ese destino. Quería ser una figura paterna para ella… o algo así. Había escuchado que las mujeres jóvenes deseaban hombres así, especialmente las jóvenes que habían perdido a sus padres en forma trágica. Él sería su protector y proveedor.
Por tanto fue con gran placer que recibió su llegada. Observaba desde la ventana mientras un alto hombre con largo cabello rubio dejaba salir a Relena de la silla trasera. El rubio parecía extrañamente conocido, pero Cole no podía recordar dónde lo había visto antes. Al chino, lo ignoró completamente. Pero cuando ese hombre salió del auto, Cole se encontró tocando el mango de su arma. Razonó que si todo lo demás fallaba, no tomaría mucho dejar viuda a la Srta. Relena.
Los hombres de Cole encontraron a Relena y a sus escoltas afuera y los llevaron adentro. Cole observaba desde su estudio mientras a la escolta de Relena le pedían desarmarse uno a la vez y ser requisados por cualquier aparato de comunicación que pudieran usar para traicionarlo. También era un método para asegurarse que ningún arma no autorizada entrara en su casa. Después de todo, tenía que ser prudente. Una vez que cada hombre fue requisado, les devolvieron sus armas y los recibieron adentro. Ahora sabía lo que cargaba cada hombre.
Uno de los sirvientes de Cole golpeó la puerta del estudio. "Señor, ahora están listos para usted. Qué quiere que hagamos?"
"Asegúrense que el sacerdote esté listo," dijo Cole. "Cuando ella me elija, quiero estar preparado. No quiero esperar un momento. La suite para la luna de miel está preparada para mi novia?"
"Sí, señor."
Él juntó sus manos y rió sinceramente. "Ya bajo."
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Wufei no estaba seguro de qué había estado esperando de Cole. Había estado observando cintas de Relena y Heero por días con una detallada comprensión de quién era este hombre y cómo podría interpretar los mismos eventos. Sin embargo, el conocimiento y la experiencia eran dos cosas diferentes.
Puesto simplemente, Cole era un demente.
Andaba en su estudio portando una sonrisa como un estudiante. Usaba mocasines, una polo y pantalones de golf. Parecía estar en forma para su edad, pero su cabello era gris.
Entró en su sala de estar rodeado por dos guardias armados, del tipo que eran contratados de la prisión y pagados para hacer cualquier cosa. Cargaban sus armas como si supieran cómo usarlas, pero era la forma como un niño manipulaba un martillo—descuidadamente, y con apenas alegría contenida. Wufei no tenía duda que alguno de ellos podría disparar a la orden y sin vacilar… tal vez incluso antes de una orden.
Él mantuvo su mirada en los guardias mientras Cole entraba por la puerta. Mientras tanto, también miraba a Relena. Permanecía al lado de Heero, muy apropiado desde que se supone que debía estar casada con él. Heero colocó una mano en su hombro cuando Cole entró en la habitación. Cuando Heero le susurró algo en su oído, los ojos de Relena se abrieron momentáneamente, luego se relajó.
Wufei asumió que Heero le había dicho algo "marital" que la había asustado momentáneamente. Últimamente había estado haciendo mucho de eso para la cámara. Wufei sospechaba que Heero tomaba su rol como esposo de Relena muy seriamente y asumía la apariencia de un momento a otro a pesar de si estaba en cámara o no, como lo hacían los actores algunas veces para las películas. Wufei se preguntó si toda esa actuación estaba arruinando toda la visión del mundo de Heero.
Después de todo, no había rechazado a Relena la noche anterior. Zechs se había puesto lívido cuando Wufei lo reportó, y sólo Une había sido capaz de calmarlo lo suficiente para detenerlo de irrumpir en el hogar de Relena y lanzar a Heero a la calle. Todos querían saber lo que Heero estaba pensando. Une reportó eso cuando Heero se reunió con Zechs esta mañana después de poner a los dobles en posición, le había dicho a Zechs que discutirían el tema después, pero que no había olvidado lo que Zechs le había dicho. Wufei no sabía de qué estaban hablando, pero asumió que tenía algo que ver con Relena. Heero explicó sus acciones al declarar que la situación parecía "bien" pero no elaboraría si estaba bien para Relena o por la cámara. Zechs había estado rechinando sus dientes toda la mañana.
Ahora, Relena y Heero se comportaban casi como extraños. Relena permanecía a su lado, pero había una distancia en sus ojos, y aunque la tocara familiarmente y hablara en su oído, no parecía que todo estuviera bien entre ellos.
Wufei supuso que estaba bien, considerando lo importante que era para Cole sentirse motivado. Cuando el hombre entró, Wufei estuvo levemente impresionado por la forma en que Relena sonrió cuando lo vio. Todo su rostro se iluminó como una lámpara, y avanzó—fuera del alcance de Heero—para saludarlo. Levantó una de sus delicadas manos para que la tomara y la besó como si estuvieran atendiendo una especie de fiesta antigua. De alguna forma, Relena logró no mostrar miedo o disgusto. Heero mantuvo sus brazos cruzados y no interrumpió.
"Querida mía, es encantador verte de nuevo," dijo William Cole mientras Relena recuperaba su mano. "Supongo que estás al corriente de todo?"
"Ciertamente," respondió Relena.
"He sido informado de que ya estás casada," dijo Cole. Sonó un poco como un niño haciendo puchero.
Relena aclaró su garganta. "Sí," dijo ella. "Recientemente, pero he venido a escuchar lo que tienes que decir. Cuando escuche tu propuesta, creo… Bueno, pienso que debes tener algo extraordinario que mostrarme."
"Sin duda!" rió William Cole. Él tomó de nuevo la mano de Relena y la colocó bajo su brazo para ser forzada a caminar a su lado. Palpó su mano como un adorable abuelo. Relena miró sobre su hombro mientras la conducía hacia el pasillo.
Su expresión irradió leve alarma, lo cual significaba que ciertamente entendía el peligro de la situación y estaba actuando de acuerdo a su rol. Wufei tuvo que darle un poco de crédito mientras él, Heero y Zechs seguían a Cole y a Relena fuera del estar y al corredor.
"Tengo un gran trato que mostrarte, mi lady." Dijo Cole feliz. "Tengo preparado un recorrido. Espero que no te importe?"
"En lo absoluto," respondió Relena. "Me encantaría ver los campos."
"Que maravilloso. Me complace que estés pensando adelantada. Naturalmente, querrías ser relacionada con tu nuevo hogar. También tengo preparada una capilla." Él le sonrió como alguien senil. Relena le sonrió un poco insegura. "Traje un sacerdote católico de la ciudad para ejecutar la ceremonia," continuó él. "Eres católica?"
"Um."
"Si no lo eres, podemos bautizarte. El sacerdote estaría dispuesto, estoy seguro. Supongo que querrás darle un vistazo al altar?"
"Bueno, yo… sí," dijo Relena suavemente.
"Y a la suite para la luna de miel?"
"Hmm," respondió ella.
Wufei siguió al par, escuchando la conversación con un frunce apenas contenido. Zechs flanqueaba el otro lado de Cole, manteniendo un ojo en sus dos guardias.
Heero flanqueaba a Relena a su izquierda, ocasionalmente disparándole a Cole miradas peligrosas, las cuales no pareció notar el anciano. Wufei notó a Cole mirar a Heero sólo una vez, sonriendo en triunfo.
Cole les dio un gran tour por las premisas. Su condominio constaba de 100 habitaciones, declaró, pero de lo que vieron, la mayoría de ellas estaban vacías de todo menos de muebles inútiles y obras de arte de variadas tendencias. Había muchos muebles raros y más que unas cuantas antigüedades francesas. Subieron y bajaron cuatro vuelos de escaleras hasta que Relena dijo que estaba cansada y tuvo que rogar por un momento de descanso. Cole aceptó su "delicadeza femenina." Wufei se preguntó si Relena realmente estaba cansada o si simplemente pretendía estarlo por el bien de hacer un poco más de tiempo. De cualquier forma, funcionó para su ventaja. Duo y Sally debían estar desarmando los detonadores en este mismo momento.
Eventualmente, llegaron a la capilla. Era una vista grotesca. Cole había vuelto un conservatorio en el piso más alto de su condominio una pequeña iglesia, completa con seis filas de asientos. En frente del salón había un pequeño y feo escenario con una figura crucificada aún más fea asegurada a la pared tras el altar. A la figura de bronce de un Jesús crucificado le faltaba lo piadoso. Estaba hecha muy pobremente, y parecía un testigo obsceno para una boda.
Relena sólo decía "ohh" y "ahh" por eso. Tocó el espaldar de las bancas con una mano y exclamó por la belleza de las ventanas (las cuales en realidad eran muy bonitas). Se deshizo en atenciones con la alfombra roja entre los asientos. Preguntó sobre la historia de la capilla.
Un delgado y calvo hombrecillo permanecía en el rincón, encorvado en una silla como un saco de patatas. Wufei tuvo que mirar dos veces antes de darse cuenta que el sujeto era un sacerdote, sólo evidente por su cuello blanco. Sus ropas estaban arrugadas y manchadas, y tenía una mirada nerviosa en sus ojos como un conejo cazado. Wufei se preguntó de dónde había sacado Cole esta excusa de líder religioso y qué había usado para convencer al hombre para presidir esta demente ceremonia.
"Y bien?" Cole le preguntó a Relena después de haber respondido sus preguntas y que ella hubiese hecho un lento y lánguido recorrido por el salón. "Estás lista, mi amor?"
Él señaló hacia el sacerdote.
Wufei pensó que la sonrisa de Relena podría haberse desvanecido, pero se recuperó momentáneamente y echó hacia atrás su cabello.
"Oh, no todavía. Primero me gustaría ver la…um… suite de la luna de miel. Si está bien."
"Por supuesto!" dijo Cole con un tono que casi era como una indulgencia paternal. Relena le destelló sus dientes y encogió sus hombros en un gesto de femenina sumisión.
Wufei no podía esperar para ver la suite. Ya podía imaginarla.
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Duo estaba sudando en su puesto.
Él y su grupo de cinco usaban uniformes de trabajadores en colores de desierto con cascos para protegerlos del sol y esconder sus rostros. Todos usaban chalecos a prueba de balas bajo sus chaquetas, y cada hombre al menos cargaba un arma en una funda. Cada hombre o mujer. Sally era la única mujer, pero cargaba las armas más grandes colgadas en ambos hombros: dos rifles automáticos, uno para ella y uno para Duo cuando el tiempo estuviera llegando a su fin y fuera momento de defender sus posiciones o hacer un escape. Duo esperaba por la última.
Sally caminaba al lado de Duo en el túnel, su cabello dividido en dos trenzas, una detrás de cada oreja. Tierra ensuciaba su rostro, pero sus ojos eran brillantes y observaban alerta en la oscuridad mientras descendían. Duo recordó cuando ella era más alta que él, pero ahora él era el más alto, no es que eso hiciera mucha diferencia si eran descubiertos.
Entrar en los túneles bajo la montaña de Cole había sido una de las más engañosas maniobras que hubiesen sido hechas. Primero él, Sally y su grupo de cuatro hombres adicionales—dos soldados de asalto y dos especialistas en bombas de la unidad de EOD de los Preventivos—tuvieron que hacer su camino desapercibido desde la base por el desierto usando imágenes satelitales y apoyarse fuertemente en sus equipos para encubrirlos y detectar entidades hostiles. Una vez que alcanzaron las montañas, fue todo lo que pudieron hacer para cuidarse de ser descubiertos.
La montaña no estaba desprotegida. Cole tenía guardias en cada entrada del túnel, todos armados con armas automáticas y semi-automáticas. Algunos eran mercenarios profesionales a quienes Cole probablemente les había pagado extremadamente bien para vigilar el lugar. Duo había contado al menos una docena de guardias, más alto que el número de un día atrás. Era más que suficiente para mantenerlos en sus puestos, pero no lo suficiente que podían esperar para impresionarlos sin ser descubiertos. Esos hombres vivían solos aquí y todos se conocían mutuamente. El grupo de Duo no podía arriesgar ser visto.
Sally y Duo habían rodeado el perímetro dos veces antes de decidir un plan. Sally descubrió una entrada más pequeña que debía haber sido usada por excavadores cuando el túnel fue hecho originalmente. Ellos estudiaron el cambio de los guardias y las comunicaciones entre ellos cuidadosamente para saber cuánto tiempo tendrían entre turnos. A lo sumo, era un par de horas.
Para el momento en el que Relena debía llegar al condominio de Cole, el grupo de Duo y Sally hicieron su movimiento. Sacaron a los guardias por la entrada de la excavación, los drogaron con cloroformo, y los despojaron de sus aparatos de comunicación y armas. Duo les ordenó a sus soldados de asalto quedarse atrás para cuidar su ruta de escape y suplantar a los hombres en el intercomunicador si surgía la necesidad. El plan estaba resultando, pero ahora llegaba la parte real.
Duo no había pasado mucho tiempo de su vida bajo tierra. Los túneles estaban oscuros, iluminados sólo por una antorcha eléctrica ocasional y sus propias lámparas. Incluso en el desierto, las paredes sudaban bajo la superficie. El asentamiento nuclear al menos estaba a mil pies bajo tierra. Se movían lenta y tranquilamente por los túneles, siguiendo los túneles de la excavación y esperando no toparse con un patrullero inesperado. Cada sonido hacía un alarmante eco, y pausaban a intervalos para revisar los esquemas y reconocer sus alrededores. Lo último que quería Duo era hacer perder a su grupo bajo tierra mientras Relena estaba en negociaciones con un demente sobre sus cabezas.
Entre más profundo iban, más sofocante comenzaba a sentirse la montaña. Duo imaginó que los miles de pies de roca y tierra se apilaban sobre su cabeza. Le tomó un truco psicológico detenerlo de preguntarse qué pasaría si esa montaña colapsaba encima de ellos. Si Cole no se salía con la suya, fácilmente podría volar esos túneles en pedazos, y el desperdicio nuclear se esparciría en el desierto y bañaría la tierra—sin mencionar las fuentes de agua—con radiación letal.
"Mira," susurró Sally. "Creo que aquí estamos."
Habían salido del túnel de excavación a lo que parecía ser el túnel principal. Era mucho más amplio, con hileras de barandas sobre el suelo. Los rastros terminaban donde emergieron. Justo más allá del final de los rastros había una baranda de hierro separando el actual túnel de un repentino descenso en un pozo negro. Cerca al pozo había un complicado equipo que Duo supuso era usado para bajar a control remoto los contenedores nucleares en la cavidad.
"También hay una escalera," dijo Sally, notando la mirada de Duo y levantando su lámpara para señalar una escalera de aluminio que descendía a lo largo de la pared en la oscuridad abajo.
"Genial," respiró Duo. "Supongo que nadie más quiere descender primero?"
"No me mires," sonrió Sally. "Tú eres el experto en asalto."
Gruñendo, Duo tomó el liderazgo. Era trabajo de Sally conservar las armas y montar vigilancia. Era su trabajo asegurarse que sus especialistas pudieran hacer los suyos sin encontrar resistencia. Si había guardias escondidos en el pozo, sería responsabilidad de Duo neutralizarlos. Descendió las escaleras con la velocidad y el sigilo de un ratón.
Una vez en el pozo, Duo levantó su lámpara y evaluó la situación. Como Une había predicho, había diecisiete contenedores de desecho nuclear en posesión de Cole. Cada contenedor era de veinte pies de ancho y lo mismo de alto. Se extendían en la oscuridad en una silenciosa y mortal fila. Todos los contenedores estaban empacados en contenedores hechos por el hombre y sellados para prevenir la corrosión, pero aún asentados ahí, se veían inestables. Infortunadamente, sólo no estaban asentados ahí. Cada uno estaba provisto con un detonador visto claramente a la luz de la lámpara de Duo.
"Maravilloso," dijo Duo. Cuánto tiempo tomaría desmantelar diecisiete bombas? Si sólo fuera una… No importaba. Tenían que hacerlo tan rápido como fuera posible.
Hizo una completa exploración del área, mirando en cada sombra en la que alguien pudiera pensar esconderse. Era sorprendente dónde podía esconderse un hombre si supiera qué buscar, y Duo era adepto a encontrar todos los lugares. Afortunadamente, parecía que nadie había sido asignado a cuidar el pozo. Sin embargo, eso significaba que habían patrullajes frecuentes en el área, especialmente hoy de todos los días. No tenían mucho tiempo.
Alertó a sus especialistas en bombas que era seguro bajar. Bajaron uno a la vez, cada uno cargando un paquete de equipos que usarían para desmantelar los explosivos de cualquier gatillo exterior. Duo mismo no era un experto en bombas. Aunque era familiar con la unidad EOD, no confiaría en sí mismo para hacer su trabajo.
"Cuánto tiempo creen que tomará esto?" les preguntó él.
"Hasta que la última esté terminada," el mayor de los dos respondió. "Nos mantendremos trabajando en ellas, una la vez, pero no podemos apresurarnos. Así es como ocurren los errores."
Duo asintió. "Comiencen ahora y continúen. Voy a subir con Sally. Cuidaremos sus espaldas y mantendremos ocupado al enemigo si aparece. Una vez que comiencen, supongo que no pueden detenerse, así que continúen trabajando, sin importar qué. El trabajo más importante en este momento es el que están haciendo."
Él los dejó abajo y subió las escaleras para detenerse junto a Sally. Ella continuó escaneando el túnel de un lado al otro, sus dedos jugueteaban inciertos cerca al mango de su arma.
"Sugiero que nos escondamos," dijo Duo, "y continuemos vigilando por patrullajes. Si alguien se acerca a nuestros hombres, podremos hacer más y por más tiempo desde las sombras."
Ella le sonrió cansadamente. "Ya he ubicado un lugar."
Sally le alcanzó a Duo uno de sus rifles automáticos. Lo tomó con un gruñido y le permitió a Sally mostrarle la posición que había encontrado para ella en uno de los túneles. Duo encontró una similar al otro lado, un rincón escondido protegido por una leve protuberancia de la pared al costado del túnel. Podían verse desde sus respectivas posiciones, y aunque Duo no podía ver directamente el túnel abajo de su lado, podía ver a alguien que pudiera aproximarse a la posición de Sally y viceversa.
Ambos se presionaron contra las sombras para esperar, Sally de pie y Duo agachado para alternar sus niveles. El silencio era interrumpido casualmente por los movimientos y murmuraciones de los especialistas trabajando en el pozo. Duo podía escuchar las conversaciones de los hombres a través de la unidad de comunicación en su oído, pero no se atrevía a hablarles mientras hacían sus trabajos. De vez en cuando, una retroalimentación llegaba a través del audífono, alertándolo que un contenedor había sido desarmado a salvo. Se mantuvo contando cada logro. Uno. Tres. Cinco. Diecisiete nunca había parecido un número tan alto.
Al noveno, escuchó voces bajando por el túnel.
"Llegan temprano," susurró la voz de Sally en el audífono de Duo. "Muy temprano. El turno no iba a cambiar por otra media hora."
Los sonidos de los especialistas trabajando abajo se detuvieron mientras hablaba.
"Continúen trabajando," les recordó Duo tranquilamente. "Lo que pase aquí, tienen su trabajo. No se detengan por nada."
Él mantuvo sus ojos adelante, enfocándose en su trabajo, esperando que la disciplina del escuadrón se mantuviera.
"Once," escuchó susurrar al especialista cuando otro contenedor era desarmado. Casi encima de él, el otro especialista susurró, "Doce."
"Aquí vienen," susurró Sally.
Duo no quería matar a nadie, pero supuso que tendría que hacerlo. Cerró sus ojos brevemente y obligó a los músculos de sus piernas levantarlo contra la pared. El rifle automático osciló en su tira mientras ajustaba la línea de visión del arma para encontrar el blanco. Miró hacia Sally. El enemigo estaba muy cerca. Tendrían que luchar. Ella asintió.
"Lista para disparar," susurró Sally, tanto para beneficio de los expertos como para Duo.
Las ensombrecidas figuras bajando por el túnel entraron en rango. Definitivamente era un patrullaje, y definitivamente eran los hombres de Cole, pero la patrulla no era pequeña. Había muchos de ellos. Demasiados para contener por mucho tiempo.
"Oigan! Creo que alguien ha estado aquí."
Los hombres en el túnel comenzaron a correr hacia ellos, pistolas desenfundadas. Sally y Duo apuntaron. El color del cabello de Sally atrapó la luz de las lámparas mientras giraba su torso levemente para apuntar al grupo.
Disparos eructaron de ambos lados casi simultáneamente. Ante el primer sonido de armas automáticas siendo disparadas, los hombres de Cole esquivaron para cubrirse, presionándose contra los costados del túnel y agachándose detrás de cualquier cosa que pudiera brindar un poco de protección. Duo intentó controlar sus disparos como para disparar sólo cuando pudiera golpear un blanco. Tenían tantos alrededores, pero aún así, tenían que continuar manteniendo una casi constante barricada para asegurarse que nadie hiciera un intento de pasarlos. Tan pronto como la munición se acabara, Duo sabía que él y Sally serían aplastados. Como iba, sólo los dos podrían contener el túnel, por un tiempo.
Al menos, eso fue lo que pensó hasta que su arma se atascó y su violento intento por destrabar la bala le hizo perder su estabilidad. Resbalándose en las piedritas sueltas, se deslizó momentáneamente en campo abierto. Tambaleó por apoyo, arrastrándose a su segura posición detrás de esa pequeña pared de tierra. Jadeó, aún forcejeando con el gatillo en su arma, y estuvo por pensar en lo afortunado que era cuando un punzante dolor atravesó su muslo izquierdo. Acercó más su pierna, preguntándose si una bala lo había alcanzado o si había rebotado de las paredes. Gruñó con el esfuerzo que le tomó flexionar los músculos en su pierna lo suficiente para acercar su rodilla a su cuerpo y trató de mantener su foco en el blanco a pesar del abrumador dolor.
"Quince."
El rifle de Duo aún estaba atascado. Nada de lo que hacía parecía liberar el mecanismo, y sangre humedecía la pierna de su pantalón. Sally aún estaba disparando, pero no pasaría mucho antes de que sus asaltantes se tornaran más agresivos. Haciendo a un lado el rifle, sacó la semi-automática de su funda. Su cabeza le daba vueltas del dolor en su pierna mientras luchaba por ponerse en posición donde pudiera apuntar. La sangre estaba humedeciendo los pantalones kaki con una mancha marrón, pero no tenía tiempo para preocuparse por eso.
Duo respiró profundamente, dedos apretados alrededor del mango del arma y un dedo posicionado en el gatillo. Salió y disparó una vez. Dos veces. Otra vez. Dada su posición, apuntar era casi secundario. Sería afortunado golpear a alguien, pero era más importante mantenerlos lejos tanto como fuera posible. Dos contenedores más, y entonces podía alertar a Noin que el trabajo estaba completo.
Tenía listo el gatillo para la bengala. Estaba programado para activarse remotamente. Y luego su grupo entraría. Para entonces debían tener cercado el perímetro, pero una vez que pudieran avanzar… Su mano libre palpó en su bolsillo.
Sally gritó. Él escuchó su rifle caer al suelo y lo vio deslizarse por la tierra entre ellos por el rabillo de su ojo. Duo giró su cabeza para mirar, apretando sus dientes.
Sally había sido comprometida. En algún momento entre el tiempo que había sido herido y el tiempo que le tomó cambiar de su automática al revólver, el enemigo se había movido. Un bruto con gruesos brazos tenía a la compañera de Duo por el cabello, sus brazos cerrados atrás para que su cuerpo se viera dolorosamente sujeto en la oscuridad. Se veía tan salvaje como un tejón, pero no uno en posición para morder.
Los pensamientos de Duo se fragmentaron. Pensó brevemente en Hilde, y luego en el arma aún en su mano.
"Baja el arma, Duo Maxwell," llamó una voz femenina desde las sombras. "O mataremos a Sally Po."
Apretando sus dientes, Duo apuntó el captor de Sally, justo entre los ojos, y apretó el gatillo. Aire muerto. No le quedaban balas.
Realmente era el hijo de perra más desafortunado en el universo.
Un rostro apareció para complementar la voz que había hablado. Dorothy Catalonia salió a la luz naranja de las antorchas eléctricas, vestida en un uniforme militar bordado con la insignia de Romefeller y el escudo de su familia. Su rubio cabello brillaba como oro en la luz de las lámparas, e incluso en traje militar se manejaba con un grado de gracia y sutileza que hacía a la Comandante Une lucir a salvo. Por la forma como le sonrió a Duo, debió haberlos estado esperando.
"Me encargaré desde aquí," dijo Dorothy. Había una malvada sonrisa en su rostro y un predador brillo en su ojo. "Tengo unas cuantas preguntas para el Sr. Maxwell y la Srta. Po."
"Diecisiete."
Duo exhibió su mejor sonrisa. "Me atrapaste, señorita," dijo él desarmador. Levantó sus manos lentamente, pero no antes de liberar la luz de bengala. A millas, una señal fue encendida, alertando a Noin que la misión había sido completada. Sonrió más fuerte. Casi era divertido. "Adelante, mátame."
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Relena miraba vaciamente la suite. Era como ver el interior de un joyero, del tipo que su abuela tenía en la vieja casa de su madre. La cama era tamaño king de cuatro postes con un toldo blanco. Había más almohadas de las que cualquier persona podría saber qué hacer con ellas. No habían menos de cuatro espejos en la habitación, dos en una pared, y en el tocador una variedad de broca gaudianas habían sido talladas como hojas, incluyendo un zafiro del tamaño de un huevo.
Había una ventana en la habitación. Estaba en la pared opuesta a la puerta del corredor y daba hacia el campo de golf. Cuatro barras verticales interrumpían la vista del verde pasto y el cielo azul. Las barras estaban hechas de oro. No sólo pintadas de dorado. Relena estaba muy segura de que eran de verdad, oro sólido.
"Vaya," dijo ella. Hubo un momento de silencio mientras lo asimilaba todo. "No sé qué decir."
"La diseñé especialmente para ti," dijo Cole, y de nuevo tomó sus manos en la suya. Él tenía manos secas, arrugadas y callosas como las de su tátara tío. Pensaba en su tátara tío cuando miraba a Cole. Su tátara tío había ido a prisión por evasión de impuestos.
Cole acariciaba los dedos de Relena mientras le mostraba la habitación. Hicieron una especie de paseo, como algo en un baile country, mientras Cole le explicaba todas las exquisitas propiedades del marfil, los muebles de caoba, el encaje francés y la artesanía en la ventana de la prisión.
Relena comenzó a extrañar el halcón que Duo había puesto en su estudio. Se encontró diciendo cosas como, "Eso es hermoso," y, "qué maravilloso," mientras luchaba internamente con la urgencia de zafarse físicamente de este demente villano y huir hacia el desierto. Preferiría vivir con las serpientes cascabel.
Cuando Cole pareció escaso de cosas por decir, Relena pensó en preguntas para hacer. Se sentía segura de que estuviera esperando por ella para hacer preguntas o aceptar su proposición, pero no podía pensar en nada que decir que no sonara sospechosamente falso.
"Ahora, querida," dijo Cole cálidamente cuando Relena no habló. Señaló para que Relena se sentara a los pies de la cama. Lo hizo incierta, y sólo logró captar la mirada de Heero mientras se acomodaba en el peludo edredón blanco. Estaba observándola intensamente, a unos pasos si algo pasaba. Se relajó y se concentró en lo que decía Cole. "Creo que ambos sabemos a dónde va esto," continuó Cole, aún en ese suave y cálido tono que hizo erizar el cabello en su nuca. "Como has visto, tengo muchas cosas materiales que ofrecerte. Estoy seguro que estás de acuerdo en que una vida aquí sería más placentera e indolora. Todas tus necesidades serían atendidas. No tendrías que levantar un dedo. Nunca tendrías que molestarte con los problemas del mundo."
"Ciertamente," dijo Relena. Trató de imaginar una vida más aterradora y fracasó.
"Ahora, en cuanto a tu antiguo matrimonio," continuó Cole. "Realmente quieres estar casada con un soldado común?" Señaló vagamente en dirección de Heero.
La lengua de Relena se sentía pesada en su boca mientras trataba de formar una respuesta que igualara los sentimientos en su corazón y aún satisficiera la pregunta de Cole. A toda costa, no debía sonar como si estuviera engañándolo. "Quiero la mejor pareja posible," respondió ella. "Ciertamente el hombre más digno sería preferible, alguien que me entienda y pueda protegerme." Su rostro se sintió extrañamente acalorado.
"Estoy tan feliz de que pienses eso también," dijo Cole. Parecía enamorado de su sonrojo. Fue todo lo que pudo hacer para no hacer una mueca cuando acarició su mejilla. "Ahora, si nos entendemos—y creo que sí"—Relena asintió en motivación—"entonces tal vez podamos proceder con los asuntos legales. Un divorcio en frente de testigos, seguido por un matrimonio en la capilla, y luego podemos enviar a esos sujetos a su sitio."
Relena asintió de nuevo, pero se sintió un poco débil. Cole la ayudó a levantar de la cama y la guió fuera de la habitación con una mano en su espalda. Los guardaespaldas de Cole los siguieron al corredor y montaron guardia en la puerta. Zechs, Wufei y Heero los siguieron, siguiéndola como cazadores, rostros tan duros e impasivos como piedras.
Cuando estuvieron en el corredor, el teléfono de Cole sonó.
Zechs le disparó una mirada a Wufei.
"Hola?" dijo Cole en la bocina. Guardó silencio por un momento, y luego la tonta expresión en su rostro colapsó.
Esa fue toda la advertencia que tuvieron. Todo pasó muy rápido para Relena. Para cuando Cole alcanzó por su arma, el cuerpo de Heero se deslizó entre ellos. Agarró a Relena por el antebrazo, lo fuerte suficiente que inhaló un respiro para detenerse de gritar, y la zafó del agarre de Cole.
"Abajo," dijo Heero. Su cuerpo estaba entre ella y todo lo demás, pero rodeando la espalda de Heero, Relena vio a Cole girarse hacia Heero con su arma levantada y una demente mirada en sus ojos. Heero empujó a Relena y ella tambaleó, tropezándose con sus tacones, cayendo de espalda en la suite. Vio los ojos de Heero justo antes de escuchar disparos, y luego la puerta se cerró en su cara, encerrándola en la habitación.
Hubo ruido y confusión general, gritos de "falsos!" y "traidores!" de Cole, una gutural respuesta de Zechs y luego más disparos. Relena ahogó un grito. Permaneció abajo en el suelo como le indicaron y se tumbó para mirar bajo la puerta.
No podía distinguir nada. Botas llenaban el corredor. Había un hombre tirado en la baldosa, bloqueando su vista. Sólo podía ver las suelas de sus zapatos.
Más disparos.
"Heero!" gritó ella, golpeando la palma de su mano en la puerta. "Milliardo! Qué está pasando?"
Hubo un mortal silencio, seguido por el sonido de más botas. Muchos pies. Eran los hombres de Cole? O los de Noin? El corazón de Relena latía como un tambor en su pecho.
"Srta. Relena?"
Era la voz de Cole.
No respondió. No podía responder. Los hombres de Cole. Debían ser. Entonces eso significaba…
"Heero!" gritó ella. "Milliardo! Qué les has hecho?"
"Estás bien, amor," le dijo Cole. "Quédate ahí a salvo. Cálmate. Todo está bien. Nada para preocuparte. Estaré ahí. Estos traidores no pueden lastimarte."
Mientras hablaba, Relena escuchó movimiento de personas. Y luego la voz de Cole se tornó brusca, dirigida a alguien más en el corredor. "No dejen los cuerpos. Llévenlos abajo."
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Continuará…
