Capítulo 10.

Una de las fechas más importantes de una mujer enamorada, es el día de su boda. Y Kotoko estaba más que emocionada; ansiosa porque ya llegara el día sería poco decir.

Estaba entusiasmada con la idea de pasar toda su vida con el único hombre al que había amado. Tenía nervios, y el temor inundaba su mente en ocasiones, pues la fecha de parto se acercaba y no podía negar que tenía las mismas inquietudes que su prometido.

A Naoki nada le calmaba, a pesar de su semblante sereno, por dentro era un manojo de nervios. Le causaba estrés el ir y venir de cosas y arreglos. Sobretodo, el cansancio de Kotoko; quien se veía cada día más agotada, en ocasiones parecía que se esforzaba demasiado en aparentar que estaba bien. Así que justo en el momento en que su mamá estaba dispuesta a presionarla de nuevo para que escogiera el vals. Naoki se adelantó y tomó las listas que extendía su madre.

—¡Onii chan, esto es algo que debe escoger la novia!

—Por si no lo recuerdas madre, igual es mi boda y también tengo derecho a decidir. — Miró rápidamente las hojas. — Será la pista tres.

—¡Pero onii chan! No creo que esta canción sea tan alegre como para que sea un buen vals.

Naoki rodó los ojos, se sentó a lado de donde su futura esposa estaba. No quería discutir con su madre pero la conocía tan bien que podía adivinar que prácticamente la boda estaba siendo tal y cual como ella quería.

—Obasama, creo que es lo mejor. Esta canción es muy bella y lenta para nosotros, no puedo moverme demasiado en estos momentos — añadió Kotoko mientras acariciaba el cabello de Naoki, quien se encontraba escuchando a sus bebés.

—Hija pero...

—Ya escuchaste mamá, y no hay más que decir. Si nos permites, ella tiene que descansar.

—Pero todavía hay muchos pendientes y ¡queda solo un día!.

—En ese caso, te las arreglarás.

Ayudó a Kotoko a incorporarse y caminaron hacia la habitación. Abrió la puerta, le ayudó a sentarse en la cama. Vio que sus pies estaban hinchados, eso no le agradó. Sabía que a esas alturas de su embarazo podía retener líquidos, por lo tanto acomodó a Kotoko de tal manera que quedaran sus pies en alto.

—No necesito descansar Irie kun — protestó

—Debes hacerlo, por tu bien y el de nuestros bebés — respondió Naoki mientras acomodaba una almohada en su espalda.

—Pero me siento bien, no hay problema si tengo que acompañar a tu madre a dar unas vueltas para supervisar la boda.

Naoki la miró con dureza. Estaba muy embarazada, no era conveniente que se esforzara de más. No le gustaba dictar su vida pero si eso tenía que hacer para que ella se cuidara, tendría que obligar a que entrara en razón.

—Piensa en nuestros hijos Kotoko. Si te quieres arriesgar adelante.

Lo miró, sabía que tenía razón. Ya no estaba en condiciones para moverse mucho, de por sí la boda era un riesgo; caminar y sobre exigirse era imprudente para ella.

—Kotoko — le dijo mientras se acostaba a su lado — sé que estás emocionada con la boda, pero no es bueno que te esfuerces.

—Lo sé Irie kun pero...

—Ese día — le interrumpió — si sientes algún malestar quiero que me lo digas inmediatamente. Me importa un bledo la boda si se te llegara a romper la fuente, tengas contracciones o cualquier síntoma, me dices y nos vamos al hospital ¿Entendido?

—Sí...

—Si algo pasa por alguna imprudencia tuya, no te lo perdonaré.

Kotoko miró sorprendida a Naoki, su semblante era serio pero sus ojos le transmitían el temor que tenía por dentro. Se dio cuenta que tal vez tenía razón en cuanto a la boda, pero era tarde para cancelarlo.


El gran día llegó. Noriko despertó a Kotoko muy temprano en la mañana, la llevó a un salón para que la peinaran y maquillaran de acuerdo al vestido que usaría. El cual estaba hecho a la medida, de color perla. Tenía escote en forma de corazón, hecho de satén y chifón. La falda caía elegantemente a pesar de que sobresalía su abultado abdomen.

Le recogieron el cabello, dejando algunos mechones sueltos enmarcando su rostro. Se veía hermosa con su velo y vestido. Era el día más feliz de su vida y no podía con tanto. Acarició su vientre feliz, sintiendo un pequeño dolor en su espalda.

Naoki estaba realmente inquieto. Portaba un traje hecho a la medida color blanco, estaba adornado con una flor en una de las solapas del esmoquin. Trató de peinarse elegante. Se veía guapísimo ataviado con ese atuendo. Estaba curioso de ver a su futura esposa, sin embargo, por tradición, no le dejaron ver a la novia, su madre insistía que sería de mala suerte.

Todo estaba listo en la iglesia para la ceremonia. El padre, los invitados. Debía reconocer Naoki que el gusto de su madre era exquisito. La iglesia estaba adornada con flores hermosas que embellecía el pasillo por donde entraría Kotoko junto a su padre.

Se acercaba la hora de la ceremonia y ella aún no aparecía. El padre lo tranquilizó. Le dijo que era costumbre que la novia se retrasara unos minutos simplemente para crear expectativa, o para arreglar uno que otro detalle en su vestido. Naoki miró su reloj y se dio cuenta que faltaban dos minutos para que comenzara la ceremonia.

La gente comenzaba a mirarse incómoda entre sí. Noriko, a quien las damas de honor habían logrado alejar del salón donde se encontraba Kotoko, tenía los nervios de punta. Naoki volvió a fijar su mirada en el reloj y habían pasado diez minutos. El ministro lo miró con indulgencia, como dando a entender que tal vez lo dejarían plantado frente al altar.

Noriko se levantó de su lugar para calmar a los invitados que estaban un poco desesperados por la tardanza de la novia. La ceremonia llevaba veinte minutos de atraso.

Naoki sintió que su corazón se detenía cuando escuchó que las puertas de la entrada principal de la iglesia eran abiertas de par en par. Esperaba ver a Kotoko con su traje de novia pero a quien vio corriendo y agitada era a Satomi, quien corría hacia él con una cara de preocupación.

Una sonrisa iluminó su rostro. Por su mente pasó una idea, la cual fue confirmada cuando entre jadeos, Satomi consiguió hablar:

—I... Irie... Kotoko... está teniendo contracciones

—¿Qué?

—Se la acaba de llevar la ambulancia al hospital, por eso nos tardamos en avisarte. Probablemente se le haya roto la fuente.

El público entero se sorprendió ante la noticia. Naoki corrió instintivamente hacia la salida, tratando de encontrar sus llaves en los bolsillos, pero estaba tan nervioso que se le olvidó que no había llevado auto. Matsumoto lo jaló del brazo, él la miró sorprendido.

—Te llevaré al hospital Naoki — le dijo mientras lo guiaba a su carro que se encontraba cerca de donde estaba — Creo que podremos llegar a tiempo para que recibas a tus hijos.

Naoki asintió y se subió al coche con Matsumoto. Estaba feliz, emocionado y a la vez temeroso. No podía describir cuantas sensaciones le provocaba el darse cuenta que pronto tendría a sus hijos entre sus brazos, sin importarle obviamente la boda y el dinero invertido. Podrían casarse ellos después, en una capilla con una sencilla recepción o en el registro civil. Eso era irrelevante para él en ese mismo momento.

Para su mala fortuna, el tráfico estaba en su contra ese día. Pues la avenida principal estaba congestionada y avanzaban a paso lento. Se dio cuenta que no se encontraba muy lejos del hospital donde le habían informado que se encontraba ella. Le agradeció a Matsumoto y corrió con todas sus fuerzas en dirección al nosocomio, sentía que los músculos ardían por el esfuerzo, pero no le importaba. Necesitaba saber que su esposa e hijos se encontraban bien.

Con poco aire en los pulmones, llegó a la recepción. Preguntó por Kotoko y con una sonrisa le informó la enfermera donde se encontraba. Llegó al piso de obstetricia y preguntó ahí en la pequeña sala de informes.

—Aihara Kotoko... ah la que venía vestida de novia — dijo con alegría la enfermera — veo que no pudieron casarse hoy.

—No... — trató de parecer amable — ¿Sabe en qué cuarto está?

—Su novia señor se encuentra en labor de parto. Llegó con la fuente rota y la dilatación suficiente para que nacieran sus hijos. Si gusta sentarse en nuestra sala de espera. Ahí con gusto el médico en cuanto termine le informará sobre el estado tanto de su esposa como de los bebés. Por cierto, felicidades.

—Gracias. — respondió con una sonrisa

Se acercó a donde le indicaron. Se sentó en uno de los sillones irritado, no quería perderse el nacimiento de sus hijos. Descansó su rostro sobre sus manos, necesitaba estar tranquilo para cualquier emergencia. En eso, reparó que no llevaba nada con él. Habían preparado una maleta para emergencias, pero se confió tanto que no la había llevado consigo ese día. Él que todo lo tenía calculado, por primera vez se sintió inútil.

Miró que sus padres y su suegro se acercaban, observó que estaban igual de desesperados que él. Vio en seguida que su madre traía consigo una pañalera color rosa. Ella lo miró con temor.

—No intentes nada extraño con mis hijos mamá — advirtió Naoki.

—Ah no hijo, para nada — comenzó a explicar Noriko con nerviosismo — esta mañana vi a Kotoko algo extraña y me di cuenta que probablemente daría a luz, así que preparé esta maleta por si acaso. Era lo que tenía a la mano. No son vestidos. Lo juro.

La expresión de su madre lo divirtió un momento. Haciendo que olvidara por un instante la desesperación que sentía.

Se paró del asiento, caminó de un lado a otro, volvía a sentarse, caminaba de nuevo. En fin, Naoki parecía un león enjaulado en aquella sala de espera. Si no le daban información, el tendría que ir a buscarla.

Habían pasado al rededor de dos horas. Estaba al borde de la desesperación cuando un médico se acercó preguntando por los familiares de Kotoko. Él fue el primero en acercarse, preguntándole al galeno sobre el estado de salud de sus hijos y su novia.

—Usted es el padre, debo adivinar — Naoki asintió — Primero que todo, muchas felicidades. Ahora bien, debo explicarles algo. Sucedió algo imprevisto en el parto.

—¿Mi hija está bien? — preguntó Shigeo preocupado.

El médico asintió, estaba a punto de continuar cuando por impulso Naoki le interrumpió:

—¿Qué ocurrió entonces doctor? — preguntó desesperado

—Necesito que se mantengan tranquilos, es algo difícil de decir...

—¿Qué le sucedió a Kotoko? — interrumpió Naoki

—A ella nada, solo que hubo una pequeña complicación. Bueno, mejor dicho, una sorpresa.

Nadie en la sala comprendía a lo que el doctor se refería, él comenzó a sonreírle a Naoki y le tendió la mano, por reflejo le devolvió el gesto sin entender nada.

—Felicidades, usted no solo tuvo un par de gemelos muy sanos, su esposa dio a luz a una niña que no nos esperábamos.

—¡Una niña!

Naoki comenzó a hiperventilar. ¡Había tenido trillizos!. Si dos había sido una sorpresa muy grande, saber que eran tres, le sacaban de su ritmo totalmente y era algo común de Kotoko, uno nunca sabía que esperar con ella.

Un grito de emoción inundó el lugar, sacando de su sorpresa a Naoki. Miró al médico sin poder decir nada.

—¿Pero como puede suceder eso? — preguntó Shigeki — En los ultrasonidos...

—A veces la tecnología falla señor, pero la naturaleza raras veces...

—¿Puedo ver a mi esposa? — preguntó Naoki

—Bueno, aún se encuentra sedada pues tuvimos que practicarle una cesárea para prevenir cualquier situación durante el parto. Pero no se preocupe, puede pasar a verla. Está en la habitación dos.

Naoki sin esperar, caminó apresurado para llegar pronto en donde estaba Kotoko. Abrió la puerta del cuarto y la miró dormida. Sonrió para sí mismo, sintiéndose dichoso de tenerla a su lado. Acomodó una silla a un costado de la camilla donde se encontraba durmiendo y se quedó ahí, en silencio, solo admirando su tranquilidad.

No supo cuanto tiempo pasó, pero notó que ella comenzaba a despertar poco a poco. Su cara reflejó dolor al momento de querer moverse. Él de inmediato la auxilió para acomodar mejor la camilla y que ella pudiera estar más cómoda.

Él le sonrió y le dio un beso en los labios.

—Fueron tres amor... — dijo naoki, pronunciando por primera vez esa palabra dirigida a ella

Kotoko le sonrió con mucho esfuerzo, le extendió una mano para que se acercara, él lo hizo de inmediato, entrelazó sus dedos junto con los suyos.

—Lo siento, traje más a la familia. — dijo con esfuerzo

—Mi madre está fascinada con la noticia, si antes te adoraba, ahora que le diste una nieta de seguro te venera. — él le acarició la mejilla

—¿Cómo le haremos? Son tres Irie kun...

Naoki le dio un beso en la mejilla, miró el rostro cansado de su mujer y le dio un otro en la frente.

—No te preocupes, ya veremos sobre la marcha — le sonrió — Gracias amor, de verdad muchas gracias. Me has hecho muy feliz.

Iba a agregar algo pero vio como un par de enfermeras llevaban tres cunas al cuarto. Una de ellas, miró a los nuevos padres y cargó a uno de los bebés para dárselo a la madre.

—Les presento a sus hijos. — le dio a Kotoko al niño que había cargado. — Necesitan comer, espero que puedan organizarse como alimentarnos. De cualquier forma, si necesitan ayuda pueden tocar aquel interruptor y vengo en seguida.

—Es hermoso Kotoko — dijo mientras besaba la pequeña frente de uno de sus hijos.

Se acercó a las otras cunas y vio a un niño similar al que había dado a Kotoko, los dos tenían apenas cabello en sus cabezas, estaban arrugados y sus rasgos aún no se definían totalmente; pero podía ver que se parecían más a ella. El que estaba en la cuna bostezó y se le marcaron unos pequeños hoyuelos que reconoció como los suyos. En seguida miró a su hija y le pareció la criatura más hermosa que había visto en todo ese tiempo. Era igual pequeña, con diminutos mechones adornando su rostro. Se enamoró de los tres niños en ese instante. Se dio cuenta que todo había valido la pena y que lucharía contra lo que fuera para que su propia familia estuviera bien.

—Irie kun, Kyouya ya se durmió, creo que debo alimentar a mi otro pequeño.

Con temor, recibió uno de los bebés y lo acomodó en su cuna, en seguida, tomó en sus manos a Kiyoshi y se lo dio a Kotoko. Ella lo acunó en sus brazos para amamantarlo. Era una imagen de fotografía, se veía hermosa sosteniendo a uno de sus hijos. Sintió tal vez, lo que significaba realmente la felicidad.

—¿Cómo llamaremos a la niña? — preguntó Kotoko curiosa

—Kotomi — respondió mientras caminaba hacia la cuna, la cargó mientras le decía: — Un hermoso nombre para una linda señorita como tú.

—Eres muy tierno.

—¿Lo soy? — la miró feliz — Vaya, supongo que ellos han sacado lo mejor de mí.

—Tenemos que trazar algún plan — dijo en un susurro — estoy muy adolorida y alimentar a los tres será complicado. ¿Qué haremos Irie kun?

—Por mi parte... iré a hablar con el médico en seguida para que me programe para hacerme una vasectomía.

Kotoko comenzó a reírse, al instante se quejó de dolor, pues la risa hacía que le doliera la herida. Naoki le sonrió y sintió que entre ellos existía algo más que amor. Era una confianza que nunca se imaginó que pudiese tener con alguien. Eran tan diferentes y se complementaban tan bien a la vez. Kotoko trató de disfrutar el momento, a pesar de estar adolorida. Naoki, solo miraba con amor a la madre de sus hijos.

Era tan hermoso y tan inesperada la forma en que concibió a sus pequeños que le hacían sentir pleno. Estaba completo a partir de ese momento.


No me gusta llegar a este momento en que una historia termina pero supongo que esto es así. De verdad muchas gracias por su apoyo y sus comentarios que me dieron algunas ideas para terminar esto.

Le agradezco a cada uno de ustedes por tomarse el tiempo y poder leer esta historia, tal vez algo corta pero bueno.

Cuéntenme, ¿Qué les pareció? ¿Les gustó el final? jejeje no sé si haya epílogo... tal vez... jajajajajaja

Lalaland: Muchísimas gracias linda por haberme apoyado y comentado jejeje, de verdad muchas gracias por tus palabras de aliento. Espero sigas apoyándome en mis próximos proyectos.

caro: Muchas gracias, me da mucho gusto que te agradó esta historia.

Bueno, no me despido, nos seguiremos leyendo tal vez muy pronto. No dejen de apoyar Travieso Destino jejeje muchas sopresas se vienen jeje.

Un beso y un abrazo para todos.

Melina Tolentino.