Bien aquí el motivo de toda mi inspiración, espero que sea de su agrado y nuevamente espero contestar los comentarios en el siguiente capítulo porque ya casi cierran el café-internet y el dueño me está viendo feo como diciendo ¿a ver si ya termina? Entonces nos leemos en el siguiente cap.

Atte: Ciel Phantomhive.

Capítulo 9 Baila conmigo.

Hiccup dio vueltas por la habitación dejando que la capa negra se elevar en el aire dibujando ondas. El traje en si lucia bastante elegante, muy diferente a su atuendo diario y sin embargo lo sentía tan natural como si lo llevara puesto desde siempre.

—¿Qué tal, como me veo? —Pregunto con algo de timidez, su padre lo observaba con cierto recelo ante lo aquel ropaje podría significar, su curiosidad siendo incentivada por la ausencia del Dragón en la estancia.

—Te queda bien. ¿A dónde piensas ir vestido de esa forma?

—Eso es un secreto. —Y no dijo más, con rapidez subió las escaleras de madera en cuatro patas para cambiarse de ropa guardando en un lugar especial el atuendo. Lo estrenaría antes de pasado mañana.

Estoico miro la escena y meneo la cabeza, por un momento creyó ver a un Furia Nocturna, un tanto más pequeño pero un Dragón negro a fin de cuentas.

[…]

Hiccup meneo entre sus manos el hacha cual si fuera una pluma un segundo antes dar un firme y certero golpe que desarmo a Patán. Los gemelos silbaron impresionados listos para tomar el lugar de su amigo caído sin lograr ser rivales para el castaño que con una sonrisa cínica dejo caer el arma y dio un paso atrás haciendo que ambos hermanos chocaran entre ellos. Con tres fuera de combate ya solo quedan Patapez que con inteligencia clamo por una estratégica retirada y Astrid.

La rubia sujeto firmemente el arma para con solo una mano soltar el primer golpe. Hiccup lo vio venir haciéndose a un lado escapando del filo por un par de milímetros. La chica no estaba bromeando y esto había dejado de ser entrenamiento en cuanto ella se vio a solas con él.

Astrid sentía tanto desasosiego carcomiéndola por dentro, desde el incidente de la Nube en Coma Hiccup la evitaba y ya casi nunca hablaban, no es que antes lo hicieran mucho, porque el puesto de confidente y paño de lagrimas del hijo del jefe ya estaba ocupado por cierto reptil ébano eso claro si dejaban de lado a Bocón, porque entonces y muy a su pesar la convertía en la tercera de la lista.

Ni aun con los entrenamientos logro acercarse a él, muy por el contrario consiguió un par de frases hirientes que para su desgracia ella había pronunciado primero, y que jamás pensó llegaría a escuchar en forma de reproches. Y precisamente eso era lo que más molesta la tenia, con cada día, hora, minuto veía alejarse a Hiccup, era como el agua que se le iba entre los dedos sin importar cuanto apretara las palmas de las manos en un intento desesperado por retenerla.

Se estaba tragando un bocado de su propio jarabe, cuantas veces ella vio aquel cariño dibujado en sus bonitos ojos verdes y sin embargo simplemente pasaba por su lado ignorándolo por completo.

Como cuando era más pequeña e ingenua y deseaba ganarse la simpatía de sus amigos haciendo una mueca de asco, creyendo igual que todos los demás que el enclenque Haddock era un desperdicio de alimento y espacio, llegando hasta el punto de odiarlo debido a que por ser el hijo del jefe no podían hacer nada en su contra.

—Maldito niño mimado.—Remilgaba al verlo pasearse sin preocupaciones por la aldea mientras ella y los demás debían trabajar duro para ganarse un puesto entre su gente.

El día que lo encontró con el dragón, cuando ese flacucho muchacho la acusó de haber asustado al Furia Nocturna ella despotrico, la estaba poniendo a ella, a Astrid Hofferson la chica más popular de todo Berk; porque aunque no lo demostrara sentía orgullo al saberse la mejor entre todas, el mejor partido, sí, a ella después de un estúpido animal y no cualquiera sino ¡un Dragón! uno de sus peores enemigos. Pero no se quedaría así, daría la alarma y todo el pueblo machacaría al reptil ese y a Hiccup con él sin importar que tan hijo del jefe fuera.

Y su mundo cambio cuando Hiccup le mostro un mundo diferente, SU MUNDO, que era incomparable y mucho más allá de cualquier ensoñación que ella hubiera tenido.

Ella se encandilo con las proezas del joven y su corazón comenzó a sentir algo desconocido, admiración y luego cariño. Sin embargo ya no estaba tratando con aquel muchachito deslumbrado de antaño, Hiccup ya no la veía con tanta adoración como antes porque ahora sus ojos verdes brillaban ante la presencia de otro ser, esa sonrisa tonta aparecía debido a otra figura.

Dio un grito de guerra que salió directo de su estomagó haciendo vibrar su pecho con aquel malestar antes de intentar asestar un golpe mortífero contra el abdomen del su contrincante. Escucho la voz algo lejana del jinete del Furia Nocturna el cual levantaba las manos intentando frenarla. Un gruñido colérico y casi animal nació de la garganta de la chica porque era ella quien lo besaba sin a veces o la mayor parte del tiempo recibir respuesta, él era amable y la trataba con delicadeza pero tenía gestos similares con varias chicas de la aldea y si no fuera porque ELLA era la mejor guerrera y la más temida, muchas por no decir todas la chicas de Berk estarían detrás del joven vikingo. Aunque primero tendrían que bajarlo de las nubes, cuestión en la que les llevaba ventaja gracias a Tormenta.

Astrid chillido con furia y desconsuelo de solo recordarlo sintiéndose completamente inútil para retener a ese pequeño despojo de hombre que no era ni por asomo lo que ella tanto soñó seria su futuro esposo, pero al que ahora quería de forma sincera y real.

¿Qué era lo que le hacía falta? ¿Por qué Hiccup ya no la veía con tanto ensueño como antes? ¿Por qué se habían intercambiado los papeles?

—Astrid.— Grito el chico apenas logrando desviar un golpe que seguro le abría cercenado el brazo, si Hiccup hubiera respondido de verdad al ataque la rubia no tendría los dedos de la mano completa, una maniobra de verdad muy peligrosa a la que le siguieron otras más haciéndolo retroceder hasta que se quedó atrapado contra la pared. Astrid no escucho el llamado y levanto nuevamente el arma reaccionando hasta que un potente bramido la mando al suelo azotando con fuerza sobre su trasero.

Chimuelo la observaba con odio mientras con su cuerpo cubría a Hiccup y en su hocico comenzaba a formarse una bola de plasma.

—No, Chimuelo, no. Fue un accidente. —El jinete se había colocado apresurado en medio de los dos cerrando rápidamente la distancia con su Dragón, lo abrazo con dulzura calmándolo.

—¡Un accidente!¡Ella estuvo a punto de…!—Grito el Furia Nocturna, reclamo que solo Hiccup escucho, porque para todos los demás el reptil soltó un tremendo gruñido mientras afilaba la mirada y pelaba los dientes en forma de amenaza.—Te juro que si llega a hacerte daño, sea o no un accidente no vivirá para contarlo.

Con los ojos desorbitados y la respiración jadeante Astrid trago disimuladamente saliva, ¿Qué había estado a punto de hacer? ¿Hasta dónde podrían conducirla ese sentimiento? Había planeado hablar con Hiccup después del entrenamiento, pero ahora no se veía con la fuerza de pararse delante de él para exigir respuesta a su comportamiento cuando se sentía culpable de casi haberlo lastimado.

Se sentía tan fuera de sí, esa no era su usual yo, pero es que con cada nuevo discernimiento no podía alejar la idea de que Chimuelo era algo más que un amigo para Hiccup, alguien más importante e indispensable, alguien que le había robado, no, el Dragón no le robo nada porque ella no lo quiso cuando se le ofreció y no lo tuvo porque ya era de otro cuando ella lo reclamo.

Los vio alejarse el Furia Nocturna aun refunfuñaba e Hiccup intentaba cambiar su humor a base de caricias y palabras que eran suavemente susurradas contra las orejas negras.

—Tú nunca me trataste con tanta dulzura. —Susurro sintiendo las palmas de sus manos cerrarse en puños y a su cuerpo temblar levemente.

[…]

Los colores del ocaso ya pintaban el cielo de naranjas y dorados cuando Hiccup se dejó caer sobre su cama, Chimuelo seguía molesto con él por no dejarle rostizar a Astrid y se negaba a subir manteniéndose junto a la fojata de comedor contentándose con mirar las llamas crepitar. He Hiccup y por muy seguro que estuviera que hizo lo correcto al no dejarle chamuscar a la chica aun no lograba sacarse del pecho ese dolor punzante que sintió su Dragón al verlo en peligro.

—¿Así que esto es lo que tú sientes cuando me ves en apuros? —Se dijo mientras apretaba con su mano esa parte del pecho donde palpitaba su corazón. —Duele. Duele mucho porque de verdad te asusto ver el filo del arma acercándose…

Mucho no es ni por asomo una milésima parte de lo que sentí.— El Furia Nocturna había entrado al cuarto con la cabeza gacha y habiendo escuchado claramente lo que el joven decía asombrándose cuando vio en sus ojos verdes lagrimas. —Esto está mal, si seguimos de este modo terminaremos desquiciándonos. —Suspiro el reptil ébano.

—En pasado mañana todo se resolverá. —Comento Hiccup limpiándose las lágrimas y yendo a abrazar a su dragón, sintiendo como con ese solo gesto ambos se relajaban.

¿Como lo sabes?

El vikingo negó y levanto los hombros restándole importancia. —Ni idea, solo lo sé, confía en mí.

En dos días era el equinoccio de otoño, la fecha con mayor magia en todo el año, el día en que se realizaban los milagros según su sabiduría dragona, pero ese dato era imposible que Hiccup lo supiera ¿o sí?

[…]

La fiesta de la cosecha siempre fue una celebración moderada, muy distinta a Snoggletog, pero una celebración a fin de cuentas, se vestían con sus mejores ropas y comían cosas que normalmente no tenían el privilegio de tocar como pastel de frutas. Pero este año Hiccup en discrepancia de los demás aldeanos estaba preparando una ceremonia diferente.

Chimuelo miro con interés varios objetos envueltos entre una manta que pequeño vikingo se cargo sobre el hombro muy dispuesto a salir.

Puedo llevarte.—Ofreció el dragón —O te ayudo con...

—No. —Hiccup bajo la vista avergonzado, seguramente Chimuelo percibía claramente su inquietud y entusiasmo. —No es que no quiera tu ayuda pero… confía en mí, vendré por ti en un rato, solo dame eso, unas horas. ¿Sí?

Le gustara o no el Furia Nocturna acepto. Nunca podría negarle nada a Hiccup.

Los primeros gritos y rugidos entusiastas se escucharon por toda la aldea cubierta de antorchas que esperaban por ser encendidas, dando el inicio de la celebración en la plaza central. Chimuelo dio un resoplido molesto era un poco más de medio día y aun no sabía nada de su jinete.

No debí dejarlo ir solo.— Se reprochaba mirando cada dos por tres hacia la pequeña puerta que daba hacia la vereda en dirección al bosque.

La voz del motivo de sus desvelo lo puso en alerta saliendo de inmediato muy por el contrario de por donde lo esperaba lo encontró frente a la puerta principal de la casa sosteniendo un objeto.

—Voy a ponerte esto. —Comunico.—Tranquilo es algo necesario y…

No me digas que es "ESA" cosa que me permite volar sin ti.—Dijo demostrado inconformidad

—Pues sí, no seas berrinchudo y deja...

—No. Creí que ya habías entendido que no la quiero.— Aseguro retirando su cola para evitar que le colocaran el artefacto.

—Chimuelo, quédate quieto.

—¡No!

—Pero es necesario.

¿Por qué?

—Por que hoy necesito que vueles sin mí.

¿Por qué?

—No lo sé.

Eso no es una respuesta.

—Vas a arruinar la sorpresa. —Hiccup dio un suspiro profundo. —Mira, hagamos un trato; si después de mi sorpresa aun te disgusta este aparato lo retiro y yo mismo lo rompo, pero si te gusta entonces tu tendrás que hacer todo lo que yo diga durante….

Hiccup. ¡Ya hago todo lo que tu deseas!—Rio divertido. —No hay palabra que salga de tus labios,que no se convierta en una petición que yo desee cumplir. —Sus palabras siendo reafirmadas por una delicada caricia entre sus rostros.

El vikingo enrojeció hasta las orejas asintiendo juntando sus frentes deseando que aquel sentimiento que inundaba cálidamente todo su ser lo acompañara para siempre, ambos pares de ojos verdes se miraron e Hiccup abrazo a su amigo, últimamente había muchos de esos gestos cariñosos.

Jinete y dragón levantaron el vuelo y aunque el Furia Nocturna termino por aceptar llevar puesta la nueva aleta artificial, insistió en también portar la silla de montar.

El cielo ya tenía estrellas que se imponían ante los aun persistentes rayos de un sol en agonía cuando llegaron hasta el lago, ese lugar tan especial que vio nacer su amistad y que ahora para sorpresa del Dragón estaba adornado con farolitos de diversos colores, los listones de colores danzaban bajo el compas de la brisa otoñal, mientras junto al árbol muerto donde él solía dormir boca abajo se podía ver una mesita llena de pescado. El majestuoso Furia no sabía cómo agradecer el presente, tampoco se imaginaba el trabajo que le costó al muchacho llevar todo eso hasta ahí.

—¿Y bien? ¿Te gusta?—Pregunto desmontando —Esta será una celebración privada. —Seguía hablando mientras le retiraba la silla de montar.

Es fascinante.

—Que gusto, porque hoy celebraremos algo más que la cosecha.

Chimuelo lo miro dudoso, sentía su corazón palpitarle a mil por hora y sabia que esa ansiedad no era suya, le partencia a Hiccup pero ¿Por qué estaba tan alterado? De un segundo a otro el joven había desaparecido de su vista mientras él estaba tan meditabundo. Con cautela avanzo hacia la mesa esperando ver aparecer de cualquier lugar a su humano favorito.

—Chimuelo.— Llamo Hiccup a su espalda, el Dragón dio media vuelta para toparse con que el joven se había cambiado sus usuales ropas por un traje negro que le hacía lucir irreal. —Mírame. —Pidió el castaño con las mejillas rojas.

Con gracia sin igual acentuada por la capa que ondeaba por el suave viento se coloco cerca del lago. Primero dio paso a su costado derecho seguido de dos un giros, dos pasos de espalda y nuevamente otra vuelta, paso y un giro quedando de esta forma de frente al dragón en busca de aprobación.

Chimuelo contuvo el aliento, ahora comprendía, pero… esto no podía estar pasando, era demasiado bueno para ser verdad. Y sin embargo ahí estaba Hiccup preguntando con la mirada ¿Qué sigue?

La primera vez que lo vio dibujando en el suelo pensó que quizás así lograrían comunicarse.

Él ya había aceptado para ese entonces que esa pequeña y frágil cría de humano era su destino, primero por una deuda y después porque sin resistirse mucho su corazón bombeo enloquecido al tenerle cerca, su aroma a dulce flor de canela le golpe de forma tan sublime que de un segundo para otro se encontraba a si mismo pensando que ese siempre había sido su esencia favorita. Y aunque deseaba parecer orgulloso y nada interesado la máscara de indiferencia cayó sin esfuerzo cuando recibió si mayor problema el primer obsequio, el pescado era de buena calidad y estaba recién pescado, así que como era costumbre entre ellos ofreció la mitad como muestra de aceptación y deseos de convivencia cercana.

Al muchacho no pareció gustarle pero de todos modos comió correspondiendo luego con aquella mueca extraña que ahora sabia era una sonrisa. La primera sonrisa dedicada a él.

El Dragón observo atentamente aquello que la cría de humano pintaba, sorprendiéndose de ver que era él. Su emoción fue tal que sin reparos tomo una rama para dibujar en la tierra lo que para entonces Hiccup considero solo garabatos, cuando intento salir de aquel dibujo y piso una línea el Furia Nocturna se molesto porque al parecer los humanos no eran tan inteligentes. El chico entendió después de dos gruñidos, cuando lo vio dar el primer paso a su costado derecho se sintió feliz, seguido a ese dio dos giros, dos pasos de espalda y nuevamente otra vuelta, paso y giro y la magia se terminó cuando su espalda choco contra el pecho del Furia Nocturna y en su rostro se dibujó el miedo. Él levanto las orejas entusiasmando solo para comprobar que a pesar de que había escrito correctamente los movimientos de una danza que los vincularía de por vida el chico no lo vio de la misma forma. Decepcionante.

No volvió a insistir para enseñarle ese baile que era una promesa entre los de su especie y ahora, ahora lo tenía ahí repitiendo esos movimientos que eran el inicio de una ceremonia tan antigua como el mismo tiempo.

Se inclinó hacia adelante permitiéndole como en aquella ocasión acariciar todo de su rostro, ambos se ladearon juntando sus frentes con tanto sentimiento, diciendo con ese solo gesto más de lo que cualquier palabra pudiera expresar. Estaban destinados a intimar, a ser la compañía uno del otro en este tortuoso sendero de espinas afiladas que llamaban vida.

Dos pasos al frente, giras dos veces, tres hacia atrás y comienzas otra vez. —Dijo algo temeroso de que su propio entusiasmo le hicieran mal interpretar la situación.

El joven obedeció y mientras se movía la capa hondeaba imitando el movimiento de alas.

Ahora entendía porque necesitaba su cola completa, aquel ritual culminaba con ambas partes volando en sincronía pero…

—¿Así está bien?—Volvió a cuestionar el castaño volviendo a repetir los pasos para no equivocarse.

El dragón asintió al tiempo en que soltaba un potente rugido descargando de ese modo una minúscula parte de todo el amasijo de sensaciones que lo asaltaba, no pensaría más y se dejaría llevar por lo que sucedía esperando que no fuera un sueño que se diluiría con los primero rayos de la mañana.

Hiccup ahora con los pasos memorizados comenzó a imprimirle ritmo, era ahora o nunca, el ritual debía ser realizado justo antes de la muerte del sol y antes de que reinara la noche. Cuando el sol y la luna se reunieran en el cielo como los amantes deseosos que eran y que ellos representarían en aquel ritual.

Cerró los ojos esperando por Chimuelo, de nada serviría estar bailando si no había música y esa melodía era exclusiva del corazón del dragón. Cada especie de dragón tenía su propia litúrgica, pero el del Furia Nocturna era único, porque cada miembro desde que nacía tenia grabada la mitad de una melodía que únicamente seria completada por su pareja predestinada.

Como el sol apareció entre las montañas

Tu amor llego a mi llenado mis entrañas

Noches de soledad murieron con tu luz

Destellos de fe, ilusión, sueños y esperanzas

Hiccup casi suspiro al escucharlo cantar, su voz era sublime.

Chimuelo cantaría la primera parte, su mitad, mientras Hiccup bailaba dejándolo sin aliento, aquel traje negro acentuaba los finos miembros del joven que a pesar de la prótesis no perdía elegancia, mientras la capa se levaba haciendo la imitación perfecta de alas negras.

Hoy no existe un lugar lejos de mi haber

Todo el cielo remonte sin usar mis alas

Nuestros corazones bailan esta danza

Encontrando en el otro lo que les faltaba

El Dragón silencio su voz esperando por la contestación. Hiccup le sonrió agitado pero feliz, dio un suspiro antes de entonar la respuesta tan anhelada.

Como el sol pareció entre las montañas

Tu amor llego a mi llenado mis entrañas

Días de tormento, remplazados fueron

Con la libertad, aceptación y amor sincero

El hijo del relámpago y la muerte misma no cupo de felicidad, porque eso que entonaba tan deliciosamente el vikingo era sin duda la otra mitad, ese chico era la otra parte de su alma. Con alegría sin igual se levanto en sus dos patas extendiendo sus alas en toda su extensión para realizar los mismos movimientos que anterior mente el chico hizo mientras Hiccup cantaba.

Hoy no existe un lugar lejos de mi haber

Todo el cielo remonte sobres tus alas

Nuestros corazones bailan esta danza.

Encontrando en el otro lo que les faltaba

Apenas terminar la estrofa Hiccup dio un paso al frente gustoso de bailar junto a Chimuelo. Ambos, humano y Dragón se miraban perdiéndose en los ojos del otro, verde vivo chocando contra verde toxico, explorando, adentrándose, compenetrándose de una forma jamás imaginada mientras sus gargantas seguían gorjeando aquella canción que los volvía un solo ser. Elevándose a la bóveda celeste, en un cielo que solo por ese día y por escasos segundos era compartido por el sol y la luna. Una combinación inverosímil igual a ellos, un eclipse, día y noche, cielo e infierno, humano y dragón.

Ya no hay soledad, el tiempo de las lágrimas Yo veo el futuro lleno de sonrisas

A quedado muy atrás, borrado, es pasado. Un milagro que llego con tu presencia

Hoy mis ojos solo ven el amor de tu ser En cada palabra, suspiro y anhelo

El cálido corazón que late en tu pecho Encuentro tu voz siempre respondiendo

Te entrego mi cuerpo, alma y corazón. Te entrego mi cuerpo, alma y corazón

Has de ellos lo que te plazca tuyos al fin son Has de ellos tu voluntad sin remordimientos.

Era tanta la euforia y el íntimo contacto que sin comprender del todo él ¿Cómo? Se encontraron rodeados de un cielo despejado que no era aun territorio de la noche pero en el que la luna ya hacia acto de presencia. Para ellos todo eso no importaba solo podían escuchar sus voces que mescladas compartían un mismo sentimiento y afecto, un mismo cantar.

Como el sol pareció entre las montañas

Tu amor llego a mi llenado mis entrañas

Te entrego mi cuerpo, alma y corazón. Te entrego mi cuerpo, alma y corazón

As de ellos lo que te plazca tuyos al fin son Has de ellos tu voluntad sin remordimientos.

Sus cuerpos se enredaban, sus alas se batían en tan perfecta sintonía que incluso por más cerca que estuviera jamás chocaban. Piruetas, clavados, giros y miles de acrobacias que hacían de ese momento algo mágico, un halo de fuego azul los envolvía proclamando ante todos su unión.

Como el sol pareció entre las montañas

Tu amor llego a mi llenado mis entrañas

Y el último estribillo fue cantado al unisonó justo cuando el sol desaprecio en el horizonte. Hiccup elevo sus brazos buscando cerrarlos alrededor del cuello de su pareja.

—Ahora no existirá nada que nos separe.

El Furia Nocturna soltó un jadeo ahogado, de tanta emoción jamás se percató de que en realidad Hiccup si estaba volando, que la capa era ahora dos enormes y majestuosas alas iguales a las suyas, y que poco a poco sus facciones humanas desaparecían siendo remplazadas por unas draconianas tan negras como las propias.

¿Pero qué has hecho?—Pregunto completamente asustado por lo que aquello representaba.

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Continuara…

Notas importantes: La canción en si es mi autoría, y si le quieren imprimir ritmo pues les recomiendo que vean el príncipe de Egipto cuando Moises es desterrado y se encuentra con la que será su futra esposa, mi sobrino la estaba viendo y cuando comenzó la música yo comencé a cantar esta, tanto fue mi euforia que termine bailando, y a raíz de eso decidí escribir este fic solo para publicar esta canción, si razón tonta.

Que más, que más…. Así letras en negrita canta Chimuelo, subrayadas Hiccup y subrayadas negritas ambos al unísono.

Creo que eso es todo nos leemos.

Atte: Ciel Phantomhive.