Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y son utilizados por mí para crear esta historia.

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Gimió al sentirlo de nuevo golpeando su trasero con su erección mañanera. Era su despertador personal desde la primera vez que hicieron el amor.

Llevaba viviendo con él casi un mes y sentía que el excesivo esfuerzo físico le estaba pasando factura. Tomo su almohada y la puso sobre su cabeza tratando de ignorarlo. Dejo de sentir el constante golpeteo lo cual la extraño, trato de dormir otra vez sintiéndose agotada. Había dormido unas cuatro horas contadas en toda la noche, Edward la había despertado otra vez a medianoche por otra ronda más que terminaron siendo dos rondas más.

-Bells despierta se te hará tarde. –la voz ronca provenía de su lado derecho.

Quito la almohada de su cabeza y la voltio para encontrarse con el rostro del causante de su cansancio. Lo vio sonreír divertido seguramente por la expresión molesta que tenía en el rostro. Se sintió deslumbrada por unos segundos. Él era el único privilegiado con el don de verse increíble en todo momento, aunque su cabello apuntara a todas las direcciones, gracias a los jalones que ella le dio la noche pasada, se veía increíblemente guapo. No quiso mirar el resto de su cuerpo porque verlo completamente desnudo era demasiado para su salud mental.

-¿Qué hora es? –le pregunto ella tratando de ignorar su mirada, sabía lo que significaba esa mirada.

-Ehmm… las seis de la mañana. –le contesto luego de darle un vistazo al reloj a su costado.

-Entonces aun puedo dormir un poco más. –le declaro con una nota advertencia en la voz.

-Si… supongo que puedes hacerlo. –le concedió. Satisfecha le dio la espalda buscando una posición cómoda.

Su cuerpo no tardo en relajarse, sobre todo sus muslos adoloridos. Estaba a punto de caer en un sueño profundo cuando sintió claramente un par de labios sobre su cuello y trato de ignorarlos lo máximo posible. Sintió como cada una de sus curvas eran ajustadas a las de él y su miembro filtrarse entre sus piernas cerradas. La fricción con su coño sensible logro arrancarle un gemido que él aprovecho para voltearla y apoderarse de sus labios.

-Ed… -gimió y quejo a la vez sobre sus labios.

Edward sabía sus puntos débiles porque había explorado cada rincón de su cuerpo. Sus pechos eran su parte favorita, podía tenerlo succionando sus pechos por horas. Se alejó de sus labios muy pronto y subió su camiseta removerse buscando sus pezones de bajo de esta. Gimió con fuerza cuando lo sintió mordisquearla. Sus pechos estaban extra sensibles por la constante estimulación. No tardo en abrirle las piernas y meterse entre ellas, dormía desnudo así que solo necesito hacer a un lado sus braguitas para entrar en contacto con su coño. Se restregó por toda la extensión de su raja y en el momento menos pensado se empujó dentro con fuerza. Un quejido salió de sus labios al sentir la invasión, su coño estaba completamente invadido otra vez. Las embestidas no tardaron en llegar elevándola al límite, entre besos trataba de aferrarse a algo ya que sentía su cuerpo iba a romperse en mil pedazos. Lo sentía respirar con fuerza en su oído y sus músculos contraerse debajo de sus dedos.

-Ed… ya casi… -gimió cerca de su rostro desesperada.

-Aguanta… un poco más… -le pidió aumentando la velocidad de sus embestidas.

Su cuerpo no soporto por mucho más cuando el comenzó a mover sus caderas con más rapidez y exploto dejándose llevar por un placer que solo este hombre había logrado darle. Edward al sentirla atraparlo con sus paredes no pudo evitar dejarse llevar luego de un par de embestidas más. Su esencia caliente se derramo en su interior llenándola. Colapso encima de ella tratando de recuperar la respiración. Con esfuerzo salió acostándose a su lado y atrayéndola otra vez a sus brazos.

Por unos segundos se quedaron en silencio recuperando el ritmo normal de sus agitados corazones. Se acurrucaron buscando el calor del otro. Bella miro sobre el hombro de su novio el reloj, solo tenía unos cuantos minutos para relajarse y luego tendría que volver al mundo real.

-Tengo que levantarme. –le informo a un Edward que la aprisionaba de la cintura cuando trato de levantarse.

-Cinco minutos más. –le pidió tomando su pecho entre su mano y apretujándolo como si fuera lo más normal del mundo.

-¿Qué obsesión tienes con mis pechos? –pregunto curiosa.

-Mmm son… perfectos–le explico apretándolos delicadamente. Sonrió divertida por su expresión.

-Bueno lamento decirte que tengo que irme, así que diles adiós. –se burló de él.

Suspiro dramáticamente mirándola y luego bajo la mirada. –Adiós, las extrañare. –se despido solemne para luego besar sus pezones. Le robo un par de gemidos y luego volteó a verla sonriente. Parecía un niño travieso. Suspiró rodando los ojos y se acercó a besarlo de nuevo.

-Estás loco Edward Masen.

-Loco por ti Isabella Swan. –le aseguro entre sus labios.

Se alejaron antes que se dejaran llevar de nuevo.

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Bella no puedo evitar sonreír como una tonta todo el camino hasta la escuela. Aún tenía el sabor de sus labios en la boca y sus piernas aun temblaban al recordar como la había poseído. Era el amante más vigoroso y creativo que había tenido, ahora entendía porque la mitad de la población femenina de Forks la miraba de pies a cabeza cuando caminaban de la mano. Sonrió engreída cuando se dio cuenta que la envidia de otras alimentaba su ego, Edward era suyo y no pensaba dejarlo ir… nunca. Ese pensamiento hizo que su ceño se frunciera, ella no se consideraba una persona posesiva pero últimamente la idea de que su novio tuviera una pierna rota le agradaba más de lo que debería ya que eso significaba que dependía de ella y… sobre todo no podía salir todos los fines de semana como estaba acostumbrado. Recordó que dentro de unas semanas el yeso se iría y otra vez sin duda volvería a sus andadas, preocupada se prometió que lo acompañaría a todos lados o lo seguiría sin que se dé cuenta a donde sea… Paro sus pensamientos enfermizos en ese instante. Ella no podía hacer eso, Edward podía salir con sus amigos cuando quiera al igual que ella lo hacía con Rose y Leah a veces… pero él tenía algunas amiguitas que aún lo llamaban, había contestado ella misma un par de veces, y parecía no importarles el hecho de que tenía novia, y estaba más que segura que apenas lo vieran devuelta en el bar se le tirarían encima.

Molesta llego a la escuela encontrándose con todos los buses cargados aun de niños. La comprensión llego a su mente un segundo después de ver a todas las maestras agrupando a los niños que iban llegando. Gimió internamente al recordar el motivo de toda la algarabía de los niños y la pesadez de las maestras. La visita al Aserradero de Forks.

Bajo de su auto y se apresuró hacia sus niños que gracias a Dios Rosalie tenía agrupados. Le sonrió a su amiga agradeciéndole con la miraba.

-Sabía que lo olvidarías. –se burló su amiga y luego le indico se abrochara su blusa. Bella bajo la miraba notando una marca rojiza sobre su pecho izquierdo que sonrojada tapo. –Tienes otra en el cuello.

-Mierda, maldito Masen. –gruño tratando de tapar inútilmente la marca con el cuello de su blusa.

Rosalie rio divertida pero al levantar la mirada toda diversión se fue de su cara. Bella extrañada siguió la dirección de su mirada encontrándose con un par de ojos azules que a la distancia parecían negros. Incomoda levanto un mano saludando al rubio que la miraba fijamente, él sonrió en respuesta para luego seguir conversando con el director de la escuela.

-Había olvidado que Garret estaría aquí… -la voz de Rose tenía un matiz de preocupación – ¿Se lo dijiste a Edward?

-Ehmm… no, lo olvide por completo. –le conto sin entender su preocupación.

No pudieron hablar más ya que era hora de comenzar a embarcar a todos los niños. El viaje de 40 minutos se acabó demasiado, Bella no quería encontrarse aun con el mayor de los Masen. No después de haberlo plantado sin ninguna explicación valedera.

El aserradero de Forks era la principal fuente de empleo, así que la mayoría de los alumnos tenían a sus padres trabajando ahí y estaban más que emocionados por verlos en acción. El recorrido de los alumnos era planificado tomando las medidas de seguridad requeridas, los alumnos veían el proceso que recorría la madera hasta ser convertida. La parte emocionante y por la que los niños esperaban esta excursión anual era porque el aserradero le entregaba a cada niño un árbol para que lo plante en alguna de las parcelas vacías de los alrededores, cada niño podía poner una marca en su árbol y regresar el año siguiente a ver como creció. Este evento era uno de los más esperados en todo el año.

Bella entrego a cada niño un pequeño tarro de pintura y los vigilo mientras marcaban sus árboles, Rosalie y ella tenían la suerte de enseñarles a niños lo suficientemente grandes como para no necesitar su ayuda. Uno de los alumnos de Rosalie se le ocurro la idea de marcar con pintura a su compañero así que no tuvo más remedio que apartarlo del grupo dejando a Bella unos minutos sola. Camino alrededor del terreno lleno de árboles con nombres diferentes, estos estaban repoblando los terrenos utilizados por el aserradero, esta iniciativa empezó hace casi veinte años y si caminaba un par de kilómetros encontraría los primeros árboles que fueron plantados. Curiosa examino los nombres más curiosos escritos en las cortezas y las letras infantiles adornadas con algunas estrellas o flores le parecieron lo más dulce que había visto. Rio divertida por un árbol que tenía escrito ¨Este árbol es MIO¨ simplemente y con una firma ridículamente larga a un costado.

-Su nombre era Steven pero se negó a solo poner su nombre. –le explico una voz a sus espaldas. –Al parecer su padre era abogado y le explico la importancia de poner su firma.

Bella sintió su cuerpo tensarse automáticamente. No pensó que él la seguiría ya que estuvo evitándola, al igual que ella, toda la mañana. Cuando se animó a voltearse se encontró con un par de ojos azules que la observaban con esa expresión que antes le parecía enigmática ahora le daba un poco de nervios.

-Hola Garret. - Sonrió nerviosa en modo de saludo.

-Hola Bella. –su voz ronca era un componente más de su apariencia extremadamente varonil. Su rostro era anguloso y no pudo evitar compararlo con el de su… hermano. El parecido entre ambos existía, tenían los mismos labios, nariz y barbilla, pero también las diferencias, los ojos, los pómulos y el cabello. Lo innegable era que ambos eran guapos. Edward tenía los músculos más notorios y su cuerpo estaba muy bien desarrollado pero Garret no se quedaba atrás, a simple vista podías notar los músculos muy bien definidos debajo de la camisa que llevaba.

-Hace tiempo que no te veo. –le comento él mientras se rascaba la nuca distraído, flexionando y mostrando los músculos de sus brazos. Bella no pudo evitar tragar fuerte ante la imagen.

Cuando lo llamo para cancelar la cita tuvo que poner de excusa el exceso de trabajo que tenía que entregar y prometió compensarlo otro día, cosa que no tenía planeado hacer sobre todo por un cobrizo que se encargaba de no darle ningún momento libre desocupado.

-Ehmm sí creo que he estado un poco ocupada…

-¿Ocupada? –le pregunto.

-Sí, ya sabes la escuela y los niños me dejan muy cansada. –se excusó evitando su mirada.

-Si supongo que tienes razón. –le concedió pero no sonó honesto.

-¿Y tú como has estado? –le pregunto tratando de sonar amable.

-Estuve fuera de la ciudad unas semanas y acabo de llegar, recién me estoy poniendo al corriente con todo.

-No ha pasado mucho. –le aseguro sintiéndose incomoda.

-Me parece que si me he perdido de algunas cosas.

-¿Así?

La miro unos segundos para luego sonreír, el sonido de su teléfono interrumpió lo que sea que iba a decir. Lo vio sacarlo y le hizo una seña de disculpa mientras se alejaba para contestar.

Respiro hondo tratando de tranquilizarse, era una reacción tonta la suya, nunca tuvo una relación con él y no tenía por qué darle explicaciones. Pero aun así la incomodidad no se iba. Sentía que había jugado con él al darle alas y luego cortárselas sin miramientos al fijarse en su hermano. Miró su espalda musculosa y el aura de poder que proyectaba. No podía negar que Garret despertó algo en ella pero lo que sentía por Edward era infinitamente superior. Garret no tardo en volver mirándola con esa expresión indescifrable que le puso los nervios de punta.

-Lo siento, era una llamada del trabajo. –se disculpó rascando su nuca nervioso.

-No te preocupes. –le contesto incomoda.

-Mmm mira Bella no quiero que las cosas entre nosotros sean así, no tengo idea de lo que te dijo mi hermano pero estoy seguro que no me deja bien parado. No tratare de justificar nada de lo que hice, sé que me equivoque mucho y es por eso que perdí… muchas cosas. –la miro a los ojos -Entiendo totalmente que quieras mantenerte alejada de mí. Solo quería decirte que… cuentas conmigo para lo que sea y de verdad estoy seguro que mi hermano está muy arrepentido por lo que te hizo.

Su voz solemne y seria era muy distinta a la de su hermano. Bella no pudo evitar creer cada una de sus palabras hasta que la última frase reboto en su mente confundiéndola.

-Edward no me ha hecho nada. –le aseguro confundida por su acusación. El gesto de asombro de Garret logro que un pequeño estremecimiento la recorriera, algo malo había pasado.

El rubio sonrió falsamente y rasco su nuca incómodo.

-¿Qué sucede? –le exigió.

-Mira Bella no quiero más problemas con mi…

-Dime que es lo que se supone que Edward me hizo. –su voz molesta lo hizo retroceder.

-Yo sé lo que me contaron y no quiero decirlo si no estoy seguro si es cierto. Pensé que ya lo sabias por eso lo mencione.

-Dime ahora mismo que es.

Su voz estaba tensa y nerviosa, algo dentro de ella estaba temblando.

-No lo hare Bella, lo siento. –el rubio la miro seriamente y antes que ella pudiera replicar su rubia amiga hizo su aparición.

-¡Bella! ¡Al fin te encuentro! Pensé que te habías perdido en el bosque. –Rosalie llego con voz agitada pero tensa. Bella ni por un segundo le creyó su argumento.

-Las dejo, me necesitan en la oficina. Adiós Bella, lo siento. –se despidió de ambas y camino lejos rápidamente.

-¿Estas bien? ¿Te molestó o algo? –le pregunto Rosalie al ver su expresión.

-Me dijo algo. –le conto.

-¿Así? ¿Qué te dijo? –su voz sonaba curiosa pero había cierta tensión de su voz.

-¿Rose sabes algo que yo no? –le pregunto seriamente.

La rubia abrió la boca para refutar pero las palabras no salieron, su mirada se perdió en el suelo. Culpable.

-Rosalie… dime la verdad… ¿Qué es lo que no se? –su voz tembló ligeramente.

-Bells… yo… no soy la indicada para decírtelo. –la mirada culpable de su amiga solo logro hacerla sentirse más enferma.

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Las llaves entre sus dedos se sentían pesadas, no quería girarlas. Respiro hondo mirando la puerta de madera roja delante de ella. La sensación de vacío en el estómago no la había abandonado en todo el día. Su ritmo cardiaco estaba acelerado y sentía como su corazón quería salirse de su pecho. Era miedo. Decidió que tal vez lo mejor era tomarse unos minutos para meditar que diría cuando se encontrara cara a cara con Edward pero eso no fue necesario porque la puerta se abrió de improvisto mostrándole a su novio completamente erguido sin ninguna venda o yeso en la pierna.

-¡Bella! –la saludo alegre mientras la tomaba entre sus brazos. –Jared me llevo al doctor hoy y me quito el yeso. Quería darte la sorpresa de ir a recogerte pero veo que me ganaste. –su sonrisa torcida y feliz logro aturdirla por unos minutos.

-Ya veo. –le contesto cortésmente con una sonrisa falsa en la cara. Edward frunció el ceño al escucharla.

-¿Pasa algo? –le pregunto preocupado.

-No lo sé, dímelo tú. ¿Pasó algo? –su voz fue cortante.

-No… no entiendo de que hablas. –su voz tembló un poco y solo eso bastó para que ella sepa que algo pasaba.

-Ya lo sé todo Edward no tiene caso que te hagas el desentendido. –le mintió. La expresión de su rostro cambio a una de pura culpabilidad, bajo la mirada luciendo derrotado.

-¿Quién… como te enteraste? –susurró.

-Eso no importa ahora…

-Lo siento. –susurró. –Soy un idiota lo sé. Te juro que nunca quise que… te lo juro Bella yo no envié nada. Aún no he descubierto quien fue pero lo matare cuando lo sepa. Perdóname amor, no debí guardarlas sin decirte.

Bella sintió que su cuerpo recibía una descarga eléctrica. ¿Él no lo envió? ¿Qué no envió? La miró a los ojos con la culpa escrita en ellos. Alejo la mirada de él. Lo sintió moverse pero aún seguía en shock, no reacciono cuando sus brazos la atraparon.

-Perdóname amor, fue una estupidez, ya le dije a Jared que saque el equipo de mi auto. Yo… lo siento tanto cariño. Te compensare de todas las maneras posibles. Te quiero Bella te juro que te adoro, no sé qué haría sin ti, lo que hice fue un estúpido error, soy un inmaduro lo sé pero soy un idiota que… está enamorado de ti.

Sus palabras desesperadas se atropellaban entre sí, sus brazos la tenían acorralada pero sus últimas palabras lograron que el tiempo se detuviera por unos segundos. No sabía cuál era la razón de sus disculpas pero está segura que posiblemente le rompería el corazón.

-No me digas que me amas solo porque quieres que te perdone. –hablo taciturna.

-No es por eso, de verdad lo hago. –le aseguro rápidamente. –Eres la mujer perfecta y yo un idiota poca cosa, sé que ahora me odias pero si me das otra oportunidad hare hasta lo imposible porque llegues a amarme algún día como yo te amo a ti.

Aturdida aún se dejó abrazar, lo sentía vulnerable y desesperado. Una parte de ella no quería saber qué era eso de lo que era culpable y que todos lo sabían menos ella. Pero Jared, Garret, Rosalie y quien sabe quien más lo sabían y eso significaba que era algo grande. De repente recordó que en taller había sido despedidos algunos de los chicos nuevos y que estos la miraban extraño. También los amigos de Edward actuaban así, incomodos y sin mirarla a los ojos. Jared no se aparecía por el departamento cuando ella estaba. Algo había pasado y era algo bastante serio.

-¿Qué me hiciste Edward? –preguntó quebrándose por completo. -¡¿Qué me hiciste?!

-Yo… -confundido la soltó y la comprensión llego a él. Su voz tembló y si antes le pareció vulnerable ahora parecía apunto de enloquecer. Ella se liberó de sus brazos con fuertes sacudidas mirándolo acusadoramente. Cerró los ojos mientras se jalaba los cabellos y Bella no soporto más.

Camino hacia el cuarto que compartían y se dispuso a buscar su maleta. Desesperado Edward no paraba de pedirle perdón mientras ella aventaba sus cosas en ella. Cuando estuvo llena el cobrizo la empujo lejos de la cama y tomo a la morena entre sus brazos. Ella pataleo tratando de liberarse pero él era más fuerte, la aventó sobre la cama y se puso encima de ella.

-No te vayas. –le pidió buscando sus labios pero ella luchaba para mantenerlos lejos de él.

-¡Suéltame Edward! –le grito golpeando su pecho.

-Perdóname amor. –le rogo abrazándola.

-¿Qué me hiciste? –le pregunto con la voz rota. Lo miro a los ojos largamente hasta que el alejo su mirada, rodo hasta acostarse a su lado.

-Yo… -lo vio respirar hondo y la miro a los ojos – Yo hice una apuesta con Jared sobre cuando lograría acostarme contigo.

El golpe llego a ella con fuerza. De pronto sintió que el piso se movía desestabilizándola.

-¿Apuesta? –rio ella pero sonó como un chillido. – ¿Eso fui para ti? –su voz rota sonaba asqueada.

-No lo fuiste. –le aseguro de inmediato. –Yo… yo fui un idiota lo sé, me equivoque al apostar algo tan importante para nosotros…. Ya le dije a Jared que saque su equipo de música de mi auto, eso apostamos…

-¡¿Un equipo de música?! ¡Tan poco significo para ti! –le grito iracunda. Lo empujo con fuerza cuando el trato de sostenerla.

-¡No! ¡Tú lo eres todo para mí! –la persiguió mientras ella con maleta en mano se dirigía a la puerta del apartamento.

Su relación fue un juego para él, quería un equipo de música en su auto y la manera más fácil de conseguirlo era acostándose con ella, se llenó de asco mientras se alejaba de él. De pronto recordó sus palabras anteriores yo no las envié había dicho en medio de sus explicaciones. Para abruptamente y volteo a verlo.

-¿Qué no enviaste? –le pregunto con voz monocorde.

Lo vio cerrar los ojos con fuerza y luego mirarla derrotado por completo.

-Fotos… fotos tuyas y mías. –le explico jalándose los cabellos con fuerza. –Alguien tomo mi celular y las envió.

Un escalofrió la recorrió por completo y su corazón se saltó un latido. Ellos tenían fotos normales, como toda pareja tiene… hasta donde ella sabía eran normales.

-¿Qué clase de fotos? –le pregunto sin aliento.

-Yo tome algunas que tú no has visto. –le conto sin mirarla a los ojos. –Fotos de nosotros… haciendo el amor.

-¡¿Qué?! –le grito acercándose peligrosamente a él. -¡¿Cómo has podido tomarlas sin que yo me dé cuenta?!

-No estas mirando a la cámara en ninguna, son fotos enfocadas…

-Eres un cerdo.

-Lo sé. Lo siento.

-¿Por qué nunca me dijiste nada sobre esas fotos? –le pregunto indignada.

-Yo… -no sabía que responder y eso la hizo rodar los ojos. Parecía un adolescente avergonzado.

-Y esas fotos… -respiro hondo contralando las arcadas -¿Quién las ha visto?

-Las enviaron a todos los chicos del taller, solo ellos las han visto. –su voz derrotada no logro calmar en lo más mínimo su enojo.

-¡¿Solo ellos?! –Grito furiosa – ¡Una docena de hombres me han visto desnuda en sus celulares!

-No dirán nada, ya me encargue de eso. –le aseguro.

-Da lo mismo Edward. Ellos ya me vieron.

Un silencio se instauro en la habitación. Las respiraciones aceleradas continuaban sin descanso y las mirandas dolorosas batallaban entre sí. La lluvia afuera solo empeoraba más el cuadro. A ella le parecía bizarro como todo había cambiado en unas horas. Lo miro largamente sintiendo la decepción y el corazón triste. Tomo la maleta entre sus manos.

-Lamento haber tomado esas fotos sin que lo supieras. No sé qué decirte Bella solo que lo siento y que estoy completamente arrepentido.

-Ojala eso fuera suficiente. –le respondió dolida mientras salía del departamento entre lágrimas.

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Rosalie rio divertida cuando su hijo gritó lleno de júbilo cuando logro encestar la pelota en la canasta, que Jared tenía en su patio trasero. El pequeño rubio fue alcanzado por Jared que lo lanzo por el aire.

-¡Muy bien campeón! Ya estas a un paso de entrar a la NBA. –lo motivo orgulloso de su logro.

El pequeño rio aún más y se abrazó a su cuello.

-¿Pero irás conmigo verdad? –le pregunto preocupado, aun no entendía lo que era la NBA.

-Por supuesto. –le aseguro enternecido.

-Hola chicos. –los saludo saliendo de su escondite.

-¡Mamá! –grito el pequeño bajándose de los brazos de Jared para correr a abrazarla.

-Hola cariño. –se acercó el castaño a besarla suavemente. -¿Cómo te fue en la escuela?

-Fue un día difícil. –le conto sincera y luego le dedico una mirada llena de significado.

-¿Qué pasó?

-Luke, cariño ya te prepare el baño ve a bañarte que comeremos pronto.-le ordeno cariñosa a su pequeño.

El niño suspiro abatido pero no refuto la orden. Voltio a ver a Jared ofreciéndole su puño en señal de despedida, los golpearon suavemente para luego mover los dedos. Rose no pudo evitar sonreír al ver a su pequeño tan desenvuelto. Cuando el pequeño desapareció dentro se encontró con los labios de su novio insistentes sobre los suyos.

-Ahora si nos saludamos como se debe. -Le susurró sobre los labios.

-Te extrañe. –le confeso abrazándolo.

-Yo más princesa. –la tomo entre sus brazos apoyándola contra la pared. Subió sus manos debajo de su blusa acariciándola suavemente.

-Jar… espera cariño. –le pidió entre besos.

-¿Quieres ir a dentro? –le pregunto amasando sus pechos.

-No podemos con Luke cerca, nos puede ver. –se disculpó tratando de alejarse. Lo sintió respirar hondo tratando de tranquilizarse. -Más tarde te recompensare cariño. –le prometió acariciando su mejilla.

-Uff esto de tener niños en casa es difícil. –le comento. –No tendremos otro en un buen tiempo.

Rose rio sorprendida por su comentario.

-¿Otro? –le pregunto conmocionada.

-Uhmm claro… ¿o solo quieres que tengamos a Luke? –le pregunto en un estado de confusión que a ella le pareció muy tierno.

-Por supuesto que quiero más hijos y aún más si son tuyos. –le contesto emocionada abrazándolo.

-Eso pensé. –le sonrió arrogante pero feliz. La beso largamente con una promesa siendo sellada en el acto.

-Pero esta vez tendremos una niña. –le advirtió la rubia viéndolo palidecer.

-¿Niña? No, no, no. ¿Te imaginas que salga igualita a ti? Tendría que asesinar a muchos muchachos.

-Amor, no te preocupes. Todo saldrá bien. Veras que te amara tanto que no le importara rechazar a unos cuantos solo para verte feliz. –le aseguro risueña.

-Oh no Rosalie Hale. Tendremos solo niños y es mi última palabra. –le refunfuño.

-Cariño te recuerdo que no existe una manera de escoger el sexo del bebe.

-Eso no lo sabemos, lo buscare en internet más tarde. –le aseguro mientras ella reía divertida.

-Bien señor suerte en su búsqueda. –lo beso suavemente ilusionada y de repente recordó lo que tenía que decirle. -¡Casi olvido contarte! Hoy Bella se encontró con Garret.

El castaño se tensó mirándola asustado. -¿Qué paso?

-Él le menciono que Edward le había hecho algo. Se lo menciono más no le conto que era. Bella seguramente ahora está enfrentado a Ed.

-¡Demonios! –exclamo. –Ese hijo de puta siempre metiendo sus narices. Estoy seguro que él es quien está detrás de todo.

-No lo sé cariño pero Bella me contó que Garret no quiso decirle que era por lealtad a su hermano.

-¿Lealtad? Ese tipo no sabe ni lo que significa esa palabra.

-Además cuando se lo dijo trato de justificarlo en todo momento.

-Es solo una táctica para quedar bien.

-Han pasado muchos años, tal vez ha cambiado y quiere a su hermano de regreso.

-Puff eso es imposible.

-Garret ahora es un tipo que no se mete con nadie. Quizás maduro y se dio cuenta de sus errores.

-No lo creo.

-Jared no lo juzgues. Tal vez deberías hablar con Edward para que deje de lado la rivalidad, ya han pasado muchos años…

-Y pasaran muchos más.

-Estas siendo infantil.

-No lo estoy, ese tipo no vale nada. Además ¿Por qué lo defiendes tanto?

-No lo estoy defendiendo.

-Sí, si lo estás haciendo.

-No seas infantil Jared solo te estoy sugiriendo algo. Edward y tu son muy rencorosos deberían aprender a perd…

-¿Perdonar? Tú Rosalie Hale de todas las personas eres la menos indicada para decirme eso luego de lo que me hiciste y que yo tuve que perdonar.

-Me perdonaste luego de cinco años. –le replico frunciendo el ceño.

-¿Querías que vuelva contigo a penas terminaste con Emmet?

-No pensé que lo harías, pero al menos lo hubieras meditado antes y no hubiéramos desperdiciado tanto tiempo sin estar juntos.

-A ver si entiendo… ¿Tú piensas que lo que me hiciste no era lo suficientemente importante como para que me demorara tanto en perdonarte? –le pregunto indignado.

-No pienso que no sea suficientemente importante, solo que me dejaste mucho tiempo sola sabiendo que te necesitaba. Sabías que estaba arrepentida pero aun así me guardaste rencor por muchos años. Es por eso que pienso que tal vez Garret está arrepentido pero su hermano no le da una oportunidad.

-Bueno debió pensar eso antes de arruinarlo. –le hablo molesto y con un mensaje subliminar. –Será mejor que vaya a ver a Edward.

-¡No seas inmaduro, tenemos una discusión y sales huyendo! –lo acuso molesta.

-No estoy huyendo, mi amigo me necesita. –le replico alejándose de ella.

-¡Estas comportándote como un niño! No tiene sentido que te molestes.

-¡Claro que lo tiene, tú piensas que soy un rencoroso e inmaduro!

-Es la verdad Jared.

-Bien si tanto te molesta ¿Por qué estás conmigo?

Ella demoro mucho en contestar.

-No te preocupes en contestar. Mis inmadureces no te molestaran más. Esto se acabó.

Ella lo miró estática por el shock. Acababa de terminar con ella. La sintió llamarlo cuando se acercaba a la puerta pero no volteo.

El castaño salió de la casa molesto y decepcionado. Cuando abría la puerta de su camioneta un par de brazos se aferraron a sus piernas. Bajo la mirada encontrándose con unos ojos azules que lo miraban desolados.

-¡No te vayas papá, te prometo que haré más canastas! –le rogo Luke en medio del llanto.

Sintió que su mundo se sacudía al escucharlo.

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Bueno lamento la tardanza. Espero no retrasarme nunca más así. Quiero agradecer los reviews y los favoritos. Me encanta saber que les gusta la historia, son ustedes mi impulso a seguirla, cuídense nos vemos pronto. {*-*}