Apocalipsis, Parte 1. Capítulo X

Rafael se fue al baño, sólo para perder un poco de clase. Ya estaba cansado de escuchar que le llamaran la atención, y tener que oír a ese viejo que ni siquiera sabía enseñar. El baño de ese colegio era una porquería, todo lleno de manchas repugnantes, malos olores, y rayados típicos con chistes de mal gusto, ofensas al profesorado o a chicos que no simpatizaban. Pero en realidad a Rafael eso no parecía importarle, el sólo meaba sin preocuparse de nada. Mientras se lavaba las manos, vio que a su lado ese chico con aspecto introvertido y silencioso estaba dispuesto a atacarlo con un tubo metálico. Rafael no pudo alcanzar a defenderse, de un momento a otro Absalón lo había dejado en el suelo. El chico descargaba toda su furia, dándole golpes sin preocuparse ningún momento sobre la gravedad de lo que estaba haciendo. De pronto se detuvo, borró sus huellas dactilares del arma lo mejor posible, y se desmayó, golpeándose fuertemente al caer.

-Hey! Wake up, we almost arrive. – Absalón tenía la cabeza apoyada a la ventana del coche. Parpadeó, y luego le devolvió una sonrisa a su amigo que iba sentado en la parte de atrás, junto a él. –Parece que no dormiste muy bien anoche, has ido babeando en la ventana todo el viaje. Ya no tengo ganas de hablar con estos dos, me aburrieron, podrías comentarles algo tú ahora. – Una pareja se había ofrecido a llevarlos amablemente a Silent Hill, ya que ellos casualmente se dirigían allá. Era una grata coincidencia, aunque le pareció extraño a Absalón de que quisieran ir a ese lugar tan desagradable. Después de haber estado hablando todo el rato con ellos, Felipe quería un pequeño descanso.

-Ehhmm… Thanks for all this; we don't know what we could have had to do if you hadn't helped us. Thank you very much… but… I have a doubt. Why do you two want to go to Silent Hill? I heard that town is a ghost place, a really creepy hell. – Absalón había querido hacer la pregunta antes, pero se quedó dormido sin darse cuenta. Ahora su duda por fin tendría respuesta, después de todo, ¿quién no se extrañaría con tal viaje? Absalón recordaba frescamente que a ese pueblo se le consideraba cuna de extraños fenómenos, y que tenía reputación de estar embrujado. Muchas muertes habían afectado a la población: prisioneros ejecutados en el periodo de la Guerra Civil Americana, personas muertas por una epidemia, desapariciones en el lago Toluca; todo eso debió haber afectado negativamente en el ambiente. También estaba la existencia de ese culto, que no podía traer nada bueno al pueblo.

-Creepy Hell? Ghosts? – Preguntó la señora Dunkelberg, que miraba incrédula. – That's bullshit; Silent Hill is the perfect place to relax. Some crazy people said that the town is damned. But these are rumours, nothing else. Just is a quiet and normal tourist place, with normal people.

-OK, I just…

Absalón estaba realmente confundido. Silent Hill era conocido como centro turístico, lo sabía por las páginas en Internet, pero había pensado que eso era parte del pasado, que Silent Hill fue abandonado debido a esa maldición que traía consigo, y que nadie más iba para allá al menos que buscara la muerte. Pero al parecer seguían llegando turistas, y… ¿acaso el pueblo seguía funcionando igual a pesar de la niebla, esos seres anormales, y el ambiente fantasmagórico? No tenía sentido…

Pero así era. Al llegar, y bajarse del auto, Absalón no pudo dar crédito a la que veía. Un pueblo común y corriente, simplemente eso. Los Dunkelberg siguieron avanzando en su coche por Bachman Rd., Absalón, en cambio, prefirió bajarse en la entrada del pueblo para recorrerlo por completo, y Felipe tuvo que seguirlo. La gente transitaba tranquilamente, no había ninguna espesa niebla, el día estaba nublado de todas formas, pero no parecía que el lugar fuese maldito.

-No puede ser…

-Absalón… ¿éste es el pueblo del que hablabas? ¿El de tus pesadillas? – Felipe observó ampliamente el lugar en busca de algo fuera de lo normal, pero sólo veía personas que caminaban mientras conversaban amenamente. – Yo creí que este era un viaje importante, dijiste que era un lugar maldito, y yo sólo veo un lugar completamente normal. Qué decepción… esperaba ver muertos que caminan, o fantasmas, qué se yo, algo así.

-Yo también estoy decepcionado… éste lugar… se ve tan tranquilo. Pero estoy seguro que algo no anda bien, yo sé que recibí ese llamado por una razón. Debo estar aquí, así que nos vamos a hospedar en algún lugar.

-La mujer nos habló de que se iban a quedar en el Jack's Inn… pero se nos va a acabar la plata muy rápido. Podríamos alojarnos en la casa de alguien que nos cobre menos.

-¿Estás loco? No podemos confiar en nadie de este lugar, cualquiera puede ser parte del culto, quizás todos actúen con normalidad pero seguramente están ocultando algo. Vamos a comer algo, y después nos vamos al Jack's Inn. – Absalón revisó su bolso de viaje. Unas ropas interiores se revelaron al exterior mientras buscaba el mapa de Silent Hill, y el inhalador contra los ataques asmáticos cayó al suelo. Felipe lo recogió y se lo pasó.

-Gracias. Mira, acá está el Jack's Inn. Después de pedir cuartos, vamos a caminar por los alrededores. Vamos a preguntarle a la gente si ha pasado algo extraño últimamente.

-OK, como digas…

Absalón y Felipe comieron algo en el Quenn Burger. El lugar estaba casi vacío, faltaba tiempo como para que fuera la hora de almuerzo, y los que desayunan ahí seguramente ya se habían marchado. Entre las pocas personas, la que más llamó la atención de Absalón fue una mujer gorda que tenía un peinado ridículo que la hacía ver mucho más vieja de lo que podía ser. A su lado había una mujer más joven, con cabello negro y un cuerpo para nada espectacular, que conversaba con ella sobre asuntos familiares. Felipe pidió unas hamburguesas simples con pocos ingredientes, papas fritas, y bebidas con sabores que dejaban mucho que desear, para ambos. Luego de seleccionar una mesa, los dos se sentaron y comenzaron a devorar lo que había en las bandejas. Felipe parecía disfrutar lo que ingería, mientras que Absalón comía sólo por la ansiedad que llevaba. Recordó cuando se había tenido que ocultar en ese lugar, porque afuera acechaban criaturas que lo querían asesinar. Recordó también el primer encuentro con Ximena, y como la había sentido morir.

-¿En qué piensas? Pareces muy concentrado. – Dijo Felipe, después de haberle dado un gran mordisco a la hamburguesa y haberse manchado la ropa con mostaza. Absalón despertó de su ensimismamiento.

-Pienso… en el pasado. – Absalón se dio cuenta de que un sujeto de unos cincuenta años, calvo, y vestido de forma muy extraña lo estaba observando fijamente. Después de unos segundos, el hombre se levantó de su asiento y se fue del restaurant.

-No pienses en el pasado, eso es una tortura, porque siempre recordamos cosas malas primero. Vive el presente. – Felipe dio un largo sorbo a su bebida. Luego se puso serio, como decidido a decir algo importante. – Hay algo de lo que no te he hablado Absalón…

-¿Qué cosa? – Absalón seguía sintiendo que lo observaban. Al voltear su mirada, pudo ver que afuera el hombre misterioso seguía vigilándolo.

-Mira, yo sé que esto no es fácil… y creo que debí habértelo dicho antes, pero… no me atrevía, tú eres mi amigo y no quisiera que dejaras de serlo. Bueno… la cosa es que…

-Oye, ¿ves a ese hombre allá afuera? – Preguntó, interrumpiendo, Absalón. –Estoy seguro de que quiere decirme algo. –Felipe miró hacia donde señaló disimuladamente su amigo.

-¿Un hombre? Yo no lo veo… hay una mujer con un bebé…

-No… al lado de esa mujer.

-No hay nadie al lado Absalón. ¿Estás imaginando cosas de nuevo? – La radio que tenía el establecimiento dejó de funcionar. En lugar de la música pop que estaba sonando, un ruido como de interferencia interrumpió la tranquilidad. La gente se vio incómoda.

Los turistas siguieron descendiendo por Bachman Rd., para llegar a la Resort Area de Silent Hill. Allí Absalón pudo ver el Faro del lago Toluca nuevamente. También pudo apreciar el lago, ya que la vez pasada que había estado en ese lugar la niebla no le dejó ver nada. Contempló la melancolía del paisaje, incluso la poesía que parecía estar en el aire, flotando. Se preguntó si acaso los habitantes eran felices viviendo en ese lugar. Si acaso no era todo eso una ilusión, y en realidad el pueblo estaba vacío, como en sus pesadillas. Absalón ni siquiera podía confiar en su propia mente en esos instantes. Pero esa gente, esas personas que caminaban con sus propias preocupaciones en sus cabezas, no parecían ser distintas a las personas de cualquier pueblo. Prefirió dejar de preocuparse, ya más tarde encontraría alguna explicación que le diera a entender por qué había tenido que viajar.

Felipe caminaba callado también, pensando en quizás qué cosa. Absalón imaginó que lo que había intentado decirle antes, en ese restaurante de comida rápida, era sobre su relación con Alicia. Por alguna razón, Absalón no estaba molesto. Quizás era un mecanismo de defensa, pero sabía que si escuchaba la verdad en boca de su amigo, todo sería distinto. Prefería sentir que no tenía idea, después de todo, no podía estar tan seguro ya que nunca los vio, sólo los escuchó mientras tenían relaciones sexuales. O quizás era otra cosa la que le iba a decir… Más tarde le preguntaría, en ese instante quería disfrutar del silencio.

Para llegar al Jack's Inn tuvieron que caminar mucho, rodeando el lago por Sandford St., y luego por Nathan Ave, para así llegar a South Vale, al lado sur del Toluca Lake. En el hostal pidieron dos cuartos. Acomodaron sus cosas, descansaron un poco. Luego fueron al parque Rosewater para charlar y disfrutar del paisaje. El lugar tenía gran presencia de personas, varios turistas entre ellas. Ambos observaron las estatuas que conmemoraban personajes históricos de la localidad, y también la estatua que conmemoraba la tragedia de "los sesenta y siete que murieron por enfermedad". Cuando se sentaron en una banca, Felipe comentó que había encontrado una guía turística de Silent Hill en el cuarto que le había tocado.

-…Pero tiene varias hojas arrancadas, y la única que está intacta es la que trata sobre la historia del pueblo. – Felipe sacó la revista que había guardado en su chaqueta, y se la pasó a su amigo. Luego siguió observando el lago, el cual parecía transmitirle algo especial.

"…The Native Americans believed that the terrain was a sacred place, where they could communicate with their ancestors. They called it "The Place of the Silenced Spirits". Later, the settlers came and invaded the lands. However, the first settlement was abandoned for unknown reasons…" Absalón dejó de leer el texto, ya sabía lo suficiente sobre la historia del pueblo.

-Oye, ¿qué me ibas a decir cuando estábamos en el restaurante?

Entró agitado. No recordaba nada de lo que había hecho. Tenía fragmentos en su mente, pequeños flashbacks que lo llevaban a su reciente encuentro con Paula. Se la había topado en la calle, mientras él se dirigía a hacer unas pequeñas compras. Al final no había comprado nada. Al observar sus manos, Absalón se sintió terriblemente mal. Sabía que algo debió haber sucedido, ese lapsus de tiempo perdido era importante. Seguramente perdió el control y… todo se arrancó de su alcance. Todo, tan rápido. Absalón francamente tenía un rostro de maniático en ese minuto, se veía fuertemente alterado, nervioso. Tenía ganas de irse a dormir de inmediato, pero algo lo motivó a acercarse al dormitorio de su amigo Felipe. Juró escuchar la voz de Alicia, más bien, eran gemidos de placer de Alicia. Ella se había ido de la casa tiempo atrás, se mudó a un lugar donde habían cuartos para universitarios. Absalón se había quedado solamente con la compañía de Felipe y de Margaret, teniendo que pagar mucho más cada uno por el arriendo de la casa. Allí estaba la razón por la que Alicia había querido terminar la relación, quería estar tranquila con Felipe, ¡era todo un cruento engaño! Simplemente se debió haber ido de la casa para no levantar sospechas, para que Absalón no se diera cuenta de quién era el que había conseguido robarle el corazón a la que fue su novia por un corto tiempo. Absalón no quiso entrar violentamente al dormitorio de su amigo para descubrirlo con Alicia. Con su imaginación en funcionamiento, era suficiente como para sentir la fuerte puñalada en su espalda. Se fue a acostar a su cama, vencido, derrotado por demonios internos y traiciones externas. Lo que le había dicho Margaret era verdad, las que creía que eran "Suposiciones ridículas y absurdas" resultaron ser ciertas. Pero esa revelación no le restaba importancia a lo que había sucedido hace una hora atrás.

A la lista de muertos por el nuevo psicópata que había en el puerto, se agregaría una prostituta. Como no estaba trabajando en el momento que fue asesinada, nadie podía saber con quien pudo haber estado por última vez. Ninguna de sus amigos ni conocidos sabía, nadie tenía idea de que se había topado con Absalón Guerra cuando estaba oscureciendo, y que él se había comportado muy amable, hasta que repentinamente, simplemente le dio un disparo cuando ambos bebían un trago en la casa de ella.

La niebla comenzó a cubrir todo. El ambiente se comenzó a sentir más frío.

-Yo te iba a hablar de Alicia. Lo que pasa es que… bueno, yo… – La voz de Felipe se escuchaba cada vez más lejana. Casi como si estuviera perdiendo la capacidad auditiva, Absalón no podía escuchar ningún ruido de su entorno, todo se volvió silencioso y solitario. Lo único que sí podía oír, era el sonido de su propia respiración que se volvía cada vez más irregular. Veía como Felipe seguía y seguía hablando, y él no podía entender lo que decía, absolutamente nada. El ahogamiento de Absalón le provocó mareos, se palpó el estomago como si eso sirviera de algo, y no pudo evitarlo, comenzó a vomitar frenéticamente. En el suelo terminó todo lo que había comido tiempo atrás. Levantó la vista, aún extenuado por la dificultad que tenía para llevar a cabo el importante proceso de respirar, y se percató de que ya no había nadie a su alrededor, todos los que había visto por allí se habían ido. Incluso Felipe ya no estaba, habían pasado segundos apenas, imposible que se haya marchado a propósito. Eso era obra del pueblo…

Absalón salió del parque, unos pasos más adelante estaba el Jack's Inn y necesitaba llegar rápido para medicarse con su inhalador. Pero al oír que alguien lo estaba llamando atrás, tuvo que devolverse obligadamente.

-¡Hermano! – Era una niña con cabello negro, que tenía la ropa rasgada y llena de sangre. Parecía que la habían maltratado, debido a que parte de su vestimenta había sido arrancada con violencia se podían ver numerosos moretones, en sus brazos, y en su cara. Tenía 11 o 12 años de edad. – ¡Qué bueno que viniste! Yo creí que no te ibas a atrever…

-¿Eres tú Cris? ¿La verdadera?

-Pero claro que soy yo… ¿qué acaso existe una Cris falsa? –Absalón esbozó una sonrisa en su rostro. Aún sentía los pulmones un poco oprimidos, pero dentro de sí, la presencia de su hermana lo calmó un poco. Esta vez no era como el encuentro en el Faro, era la verdadera Cris, de eso estaba seguro. Se acercó a ella para darle un abrazo. –Tranquilo… ¿Recuerdas que una vez te dije que estaría contigo? Tal vez no pude ayudarte antes, pero este es el mejor momento.

-Pero hermana, ¿por qué quieres ayudarme? Es mi culpa que tú… te hayas tenido que ir…

-Eso no es verdad, tú no tuviste la culpa Absalón. Esas son cosas que pasan… No te preocupes, ya sé que te dije que tenías la culpa cuando te hice ese llamado esa vez, pero fue sólo una estrategia para que vinieras acá. Yo me siento horrible por haberte atormentado de esa manera. – Lo que dijo su hermana hizo que Absalón sintiera que un gran peso se desvaneciera. Aún quedaba más culpa de todos modos. –Pero no hablemos de eso. Yo te iba a hablar de tu enemigo, el que te ha hecho la vida imposible todo este tiempo. Todo está conectado a este lugar Absalón… Debes tener cuidado, dentro de ti mismo está tu problema. Eres la reencarnación de alguien que albergaba mucho odio en su corazón, y desea practicar su venganza manejándote.

-Así que también hablas de reencarnaciones… – Dijo con un seguro tono de incredulidad, Absalón.

-Lo que te digo es verdad. Hoy tu destino está en juego. Tienes dos caminos que puedes elegir, quizás un tercero pero no creo que lo encuentres. Ten cuidado. – Ambos se quedaron en silencio un rato.

-¿Eso era lo que querías decirme? Al final no me dejaste claro nada. ¿Me llamaste a Silent Hill sólo por eso?

-Llegar acá es algo que no podías evitar. Quieras o no, estás unido a este pueblo. Yo sólo te llamé para que vinieras lo más pronto posible, y evitaras conflictos con los deseos de venganza que tiene tu alma. Es raro… es parte de ti, son tus deseos también. Pero te demoraste mucho, igual hubieron muertes de personas inocentes, asesinadas por tus propias manos. – Absalón no entendía cómo su hermana podía saber sobre los asesinatos, los recientes asesinatos. ¿Acaso ella se enteraba de todo? –Y también necesitaba pedirte algo… Quiero irme de este mundo de niebla, debes dejarme ir Absalón. He estado atrapada, andando errante por este plano durante tantos años… Al culparte, y sentir que me debes algo por no haberme ayudado, no puedo irme en paz, estoy atrapada en este sufrimiento. Debemos dejar todo atrás, yo ahora sé que tú no tenías posibilidad de ayudarme ese día.

-Cristina… – Absalón sintió mucha pena en su corazón. Tenía ganas de llorar.

-Debes irte… quizás debas ir a buscar la pistola que tienes en tu bolso. O puedes quedarte acá mirando el lago. – Absalón pensó rápidamente en su pistola. Seguramente iba a necesitarla pronto.

Absalón se despidió de su hermana, ésta vez de forma definitiva. La despedida fue muy rápida, él no quiso mostrarse para nada débil. Aunque siempre había estado acostumbrado a dejar salir sus sentimientos y emociones, las despedidas no las consideraba como el momento ideal para hacer eso. Una lágrima te provoca dos efectos opuestos, por un lado te dice que la persona te quiere mucho, y te va a extrañar; pero también te aumentan las ganas de no irte, y quedarte a su lado. Aún así, no existía posibilidad de que Cris se quedara con él. Luego de que le diera un beso, a pesar de que su cara estuviera con rastros de sangre fresca, se marchó hacia el hostal. Cruzó la calle, y presenció como el pueblo se sumergía en la oscuridad. Se hizo de noche radicalmente. Absalón utilizó, como acostumbraba cuando no tenía linterna, la luz del teléfono móvil para alumbrar aunque fuera un poco. Avanzó con un poco de temor, siempre la falta de visibilidad ha provocado terror en el ser humano. Es parte de sus temores de animal que puede ser fácilmente cazado, ¿qué más inofensivo que un ser humano sin arma? Presa fácil para un depredador apto. En cualquier instante, una de esas figuras monstruosas que habitaban la oscuridad del pueblo, podía salir a atacarlo y asesinarlo en segundos. Así que con gran precaución, Absalón daba pasos lentos, vacilantes, que lo acercaban cada segundo más a su pistola. Revisó si traía la llave de su cuarto en los bolsillos. Afortunadamente sí, allí estaba. Atravesó el estacionamiento, donde había gran variedad de vehículos que demostraban que el lugar tenía gente dentro, aunque en realidad no hubiese nadie, al menos en esa dimensión. Claro, era todo ocasionado por dimensiones distintas. Quizás en ese momento, en el plano normal, había gente descansando en los cuartos del Jack's Inn, pero allí donde estaba Absalón en ese momento, no había nadie más que él. O eso creía al menos, no tenía idea si acaso otro ser humano estaba también caminando en la oscuridad, venciendo demonios o siendo derrotado por ellos.

Al llegar a la puerta de la habitación, introdujo la llave en la cerradura. Pudo entrar. Encendió la luz, la cual afortunadamente funcionó… pero por unos segundos. Absalón se desesperó al no poder encontrar la pistola, sólo halló la linterna al interior del bolso.

-Absalón. – Era la voz de Felipe. Absalón se sobresaltó bruscamente. Felipe lo había llamado, pero él no estaba en ningún lugar del cuarto. Buscó en cada rincón de la habitación, sólo para estar más seguro de su ausencia. Luego de recobrar la calma, se preocupó de seguir buscando el arma. Quizás la había sacado del bolso inconscientemente, pero entonces… ¿dónde la había dejado?

La puerta se abrió de improviso. Como un acto reflejo, Absalón alumbró para ver quién había entrado de esa forma. Una criatura con forma humana, pero con la piel gris, y sin rostro. Sus brazos eran largos, y en sus manos tenía un hacha. Vestía una ropa gastada y manchada con suciedad, que parecía ser como de sacerdote. Era la vestimenta de un sacerdote no cristiano, específicamente, la misma que vestía George el día que murió.

Continuará…

Apocalipsis, Parte 1I. Capítulo X

-Estoy embarazada. – Felipe quedó impactado, sin saber qué decir. Sólo miró a Alicia esperando que ella se pusiera a reír y que dijera "¡Es una broma!". Pero la espera se tornó interminable, e inevitablemente comenzó a pensar en todas las consecuencias que traería tener un hijo, algo totalmente fuera de sus planes. –Y no sé quién es el padre. No sé si eres tú, o si es…

-¡Absalón! Él debe ser el papá, hace poco que terminaste con él, perfectamente pudiste quedar embarazada. – Agregó Felipe, con todas las esperanzas puestas en que lo dicho fuese real. Mientras la relación de Alicia y Absalón se estaba desarrollando, Felipe ya estaba metido en el medio. Durante los cuatro meses en que su amigo había comenzado a tener un noviazgo, el primero del cual se enterara, Felipe no había encontrado nada mejor que acostarse con la novia de él, y enamorarse de ella además.

-También pensé lo mismo. – Alicia se veía preocupada, el nerviosismo se intuía por sus gestos. –Pero existe la posibilidad de que tú seas también. Y yo no quiero decirle nada a Absalón, no quiero que se entere. Si el hijo fuera de él… sería una tortura…

-Pero merece enterarse…

-Él no merece nada. Tú vas a ser el padre de mi hijo, sí o sí. –Felipe quedó petrificado. Ahora ni importaba quién era el padre biológico, Alicia lo estaba obligando a asumir la paternidad de todos modos. – Si tú me amas tanto como lo has dicho varias veces, entonces no veo cuál es el problema. – Felipe tardó en responder…

-No hay problema. Claro, yo no esperaba tener un hijo… Pero si quieres que yo sea el papá, entonces lo seré. – Sellaron el pacto con un beso.

Felipe salió del cuarto, con la mente llena de problemas y posibles formas de solucionarlos. Inmediatamente vio que estaba estacionado el coche de los Dunkelberg cerca, y se preguntó a sí mismo por qué habrían decidido ellos hospedarse en ese hostal, siendo que había un Hotel que se veía un lugar mucho más cómodo que ese. Rápidamente sacó de su mente esa duda tan trivial, y siguió repasando lo que debía hacer. Se dirigió al cuarto donde estaba Absalón, y golpeó tres veces la puerta.

-¿Estás listo? ¿Tan rápido ordenaste todas tus cosas? – le preguntó Absalón luego de dejarlo entrar.

-Dejé todo así no más. Nos vamos a ir luego, no hay necesidad de sacar las cosas de los bolsos.

-Es que a ti no te gusta tanto el orden como a mí. – Absalón siguió sacando la ropa y utensilios personales que tenía en una mochila. Felipe recordó que entre las cosas que molestaban a Absalón estaban la suciedad, el desorden, y que se burlaran de él. A veces de verdad parecía que estuviese un poco loco, como decía Alicia.

-Apúrate, tengo ganas de ir al Rosewater Park. – Dijo Felipe, mientras disimuladamente revisaba las cosas que tenía el bolso que Absalón había dejado apartado, encima de la cama.

-¿Rosewater Park? Te aprendiste los nombres de los lugares de Silent Hill bastante rápido. –Felipe se inquietó un poco con lo que dijo Absalón.

-Es que tengo memoria fotográfica. Me aprendí todo el mapa de Silent Hill desde que me lo mostraste. – Añadió Felipe, para despistar a su supuesto amigo. Absalón ordenaba la ropa con delicadeza, no se percataba de que Felipe seguía revisando el bolso mientras hablaba con él.

-¿Memoria fotográfica? Eso no lo sabía. – Finalmente, Felipe encontró lo que estaba buscando. Se guardó la pistola rápidamente sin que Absalón se diera cuenta.

-Cada día conocemos mejor a las personas. – Felipe se aproximó hacia la puerta, la abrió, y antes de irse, agregó: –Voy a descansar un poco. Me vas a avisar cuando termines de ordenar todas las güeas. Voy a estar en mi cuarto, ya sabes cuál es.

-Sí, sí sé. – Felipe se fue a dormir un poco. Absalón dejó de sacar las cosas que llevaba en su equipaje, y prefirió acostarse a descansar un rato.

Absalón necesitaría, horas después, la pistola que Felipe se había llevado. Una criatura con aspecto sacerdotal se acercaba amenazadoramente hacia él, exhibiendo el hacha con rápidos movimientos que buscaban intimidarlo. Absalón pensó que la única forma de salir vivo de allí, era luchando de alguna forma con el monstruo. Así que se lanzó sobre él para intentar quitarle el hacha y agredirlo con su propia arma. Pero olvidó un pequeño detalle… No tenía la suficiente fuerza como para poder arrebatarle el hacha, así que salió desfavorecido en la lucha. El monstruo gris empujó a Absalón a la pared, le dio una bofetada en el rostro, y luego levanto el hacha para que el golpe letal que le iba a dar tuviera aún más impulso. Absalón cerró los ojos y dio un grito de horror al momento de que el frío metal penetrara su cuerpo, en la altura de su estómago. El dolor se hizo insoportable… Pero luego… todo cesó. Cuando Absalón abrió los ojos ya no había ningún monstruo en la habitación. No entendía que había pasado, "Quizás otra alucinación", pensó. Pero de lo que estaba seguro, es que debía irse rápidamente de allí. Recogió la linterna que se le había caído al momento de ser atacado, y salió del cuarto. Al salir, lo primero que vio fue que su pistola estaba en el suelo. La recogió, y sin preocuparse mucho de lo que había sucedido, pensó en dirigirse al Rosewater Park. Tal vez Cris aparecería allí, y le daría algún consejo sobre lo que debía hacer. Comenzó a caminar precavidamente, guiándose con la luz de la linterna, y apuntando con la pistola hacia cualquier lugar de donde viniera un ruido. Y ruidos habían por todos lados. Repentinamente, Absalón comenzó a sentir nuevamente un dolor de cabeza, pero este era infernal comparado con los otros. También se dificultó su respiración aún más de lo que estaba, y el pecho le ardía como si tuviera algo por dentro que le estuviera haciendo un terrible daño. Comenzó a sentir algo raro, un odio inmenso, y un montón de imágenes se vinieron a su mente.

-Una niña inocente… van a maltratar a una niña inocente. – Repetía incansablemente. –El ritual… El nacimiento de Dios… debo evitarlo… – Todo a su alrededor comenzó a cambiar. El sonido de una sirena alertando por una emergencia atravesó todo el pueblo, presagiando que nada bueno podría venir a continuación. El suelo se llenó de sangre, y se volvió una rejilla inmunda. Las paredes se vieron tapadas de mugre y sangre también, pero en mayor cantidad que todas las otras veces, mucho más. Ésta vez la sangre era fresca, y las paredes, además de ser metálicas, en algunas partes estaban cubiertas con bolsas negras de basura. El ambiente apestaba a putrefacción, y por primera vez, a humo. Había un incendio en alguna parte.

Absalón se dio cuenta de que no podía salir del Jack's Inn, no había calle, si daba un paso más caería a un oscuro vacío. Incoherentemente, parecía que el lugar se mantenía flotando sobre la nada. Regresó hacia su cuarto, sin idea alguna sobre lo que debía hacer. Se quedó un rato sentado en la cama, la cual estaba cubierta de insectos muertos y secos que Absalón tuvo que apartar. Estaba desconcertado, toda esa gran locura era demasiado para él. Miró su pistola de una manera diferente, nunca había sido amante de las armas ni les había dado importancia alguna, pero esa pistola que había conseguido ilegalmente días antes de irse de viaje a Estados Unidos le transmitía paz ahora, una paz inimaginable, casi como si no se tratara de un instrumento para hacer daño a los demás, que quita la vida en segundos, destruye vidas en segundos; sino que se trataba del objeto que le podía proporcionar una rápida vía de escape, tan rápida, que no se enteraría de que ya estaba muerto, y al fin podría terminar con toda aquella absurda pesadilla donde habitaban demonios, monstruos, miedos y desilusiones que transformaban la realidad en algo terrorífico. Los deseos de morir le invadieron su cuerpo entero, abrió su boca y colocó la pistola dentro. Pero no pudo disparar, no se atrevió, pensó en como sería estar muerto y se horrorizó aún más. Si estaba muerto definitivamente no podría escapar, y estaría atormentado por ese sufrimiento eterno con el que estaba maldito, sin forma de cambiar su destino, sería aceptar la derrota sin luchas. Dejó los impulsos suicidas a un lado, pensó que tal vez debía hallar algo que le diera una pista sobre lo que debía hacer. Se le ocurrió ir a ver si podía entrar a los otros cuartos del hostal. Al único que pudo acceder, fue uno de los que estaba cerca del suyo, dos puertas más a la izquierda, el que le había tocado a Felipe. No entró simplemente porque la puerta estaba abierta, sino que alguien la abrió después de que él golpeara. Alguien la abrió, pero no había nadie dentro. Se sorprendió al encontrar un pequeño altar que tenía varias velas encendidas, y que adoraba a una imagen femenina que él desconocía. No había cama en ese cuarto, y la puerta que conducía al baño no abría. Gracias a la luz de la linterna, pudo encontrar en el suelo un trozo de un periódico que estaba un poco carbonizado en las orillas, y que tenía una gran mancha de sangre en el centro, que impedía ver el texto sobre la noticia. Pero el título, que estaba en español, al igual que el otro periódico que había encontrado en el cuarto del motel en el que se había hospedado el día anterior, sí era legible.

Absalón iba a llegar atrasado al colegio, faltaban pocos segundos y no alcanzaría a llegar a tiempo. Dejó de correr y comenzó a andar lentamente, compró una golosina en un kiosco, y leyó las portadas de los periódicos. Le gustaba hacer eso, consideraba que era la mejor forma de estar enterado de las noticias importantes. Una le llamó la atención, y le agradó lo que comunicaba. Semanas atrás se había marchado del pueblo en el que vivía, debido a su problema con la muerte de George. Claro que no se había alejado mucho, simplemente vivía en Valparaíso con un tío, hermano de su padre, ya que su abuela había muerto y no tenía con quién más quedarse. Por suerte el tipo no era tan desgraciado como creía, resultó ser buena persona. Lo que le había agradado de la noticia que leyó fue que habían encontrado a un supuesto sospechoso de la muerte del sacerdote del culto que había sido asesinado. Una vez más, Absalón había salido libre ante otro asesinato. Así podría seguir su vida tranquilamente. Con las pastillas que le había dado el psiquiatra ya no tenía esos "viajes" extraños a Silent Hill, ni alucinaciones, y se sentía mucho más calmado gracias a eso. Por supuesto que la culpa aún existía, un sujeto que no tenía nada que ver con la muerte de George podía ser declarado culpable por un crimen que no cometió, ¡pero qué importaba! Absalón podría iniciar una nueva vida. La esperanza más grande que tenía en esos tiempos…

Luego de comprar el periódico donde aparecía la noticia, se fue a tomar el bus que lo dejaría cerca del colegio. Pero en el camino se encontró con alguien conocido, Felipe.

-¡Absalón! O Alí… como prefieras. ¿Cómo te ha ido? Supe que te viniste a vivir a Valpo. Lo siento por tu abuela… – Absalón no había visto a Felipe desde que había ocurrido la última muerte vinculada con él, la de George precisamente.

-Sí, me tuve que vivir a Valpo después de eso. Aunque ya lo superé, sé que debe estar en un mejor lugar ahora. ¿Y tú? También lo has pasado mal con la muerte de tu abuelo. Que mal que haya muerto de esa forma tan trágica, a golpes… pero creo que han encontrado un posible culpable ahora. – Seguramente no se preocupó por seguir compartiendo una amistad con él por lo mal que se sentía al haber asesinado a una de las personas a quién más aprecio le tenía.

Julio Orozco, el acusado de haber asesinado a golpes a un anciano en un templo de una secta hereje, es hallado culpable.

Nunca se imaginó que George era el abuelo del que había hablado Felipe, pero cuando se enteró, se horrorizó con lo que había hecho. Evitó un tiempo volver a hablar con él, pero después volvieron a ser tan buenos amigos como lo eran antes. De todos modos, Felipe no tenía forma de enterarse de la verdad, así que Absalón no veía problema alguno que dificultara la amistad. Pero el trozo de periódico que estaba en el suelo indicaba algo, debía tener un significado. ¿Un reflejo de la culpabilidad? No… eso ya estaba demasiado repetido. Debía ser algo más, podría ser que… ¿Felipe en realidad sí sabía la verdad? Eso sería terrible…

Absalón botó el pedazo del periódico al suelo, y siguió examinando el cuarto. Un maullido insistente le llamó la atención, no tenía idea de dónde podía haber un gato pero con seguridad era importante y debía encontrarlo. El maullido parecía venir del cuarto de al lado. Absalón salió de la habitación y trató de abrir la otra puerta, pero por más que forcejeó, no consiguió nada. El gato seguía maullando cada vez más fuerte, el estridente sonido ya se volvía molesto. También se podía oír como el gato trataba de abrir la puerta con sus garras, sin lograr nada por supuesto. En esas circunstancias fue que Absalón escuchó pasos detrás de sí, y al voltearse, se encontró con el mismo misterioso sujeto que había visto cuando estaba en el restaurante de comida rápida. Ésta vez tenía un sombrero café sobre su cabeza (podía ser un intento para tapar su calva) el cual combinaba con el traje que llevaba.

-¿Quién eres tú? ¿Y cómo llegaste aquí si no hay… forma de llegar? No hay calle por la que caminar, este hostal está flotando. – Dijo Absalón, viéndose un poco dificultado para explicar bien lo que quería decir. Simplemente no había forma de explicar una incoherencia. El viejo sonrió, como si lo que Absalón había dicho fuera gracioso.

-¿Qué no hay forma de llegar? No sé a que te refieres exactamente, ya que yo vengo caminando desde hace rato y pude entrar a este lugar sin dificultad. – Absalón quedó aún más intrigado con lo que dijo el viejo. –Bueno, deja presentarme, mi nombre es Jacob Miles Hunt.

-¿Jacob Miles Hunt? Oh, y hablas español… recién me doy cuenta. Yo me llamo…

-Ya sé como te llamas. Es más, creo que te conozco más de lo que crees. – Cuando el viejo dijo eso Absalón se sintió fuertemente intimidado. ¿Quién era ese tal Jacob? ¿Un enemigo más? –Tal vez puedas considerarme tu enemigo, pero no es tan cierto eso… Si no fuera por mí, si no fuera por mi intervención, habrías terminado muerto en varias ocasiones. Aunque, claro, nadie es perfecto… – El viejo sacó de su bolsillo un habano, lo encendió, y se puso a fumar.

-¿A qué te refieres? – Quizás el sujeto tendría las respuestas definitivas que Absalón tanto había anhelado. De pronto, el viejo se puso a toser insistentemente.

-Cierto… el asma… lo había olvidado. –Arrojó el habano. – ¿Quieres respuestas? Creo que puedo dártelas, ya es tiempo de que sepas la verdad sobre todo. –Volvió a toser y soltó un esputo al suelo. – ¿Recuerdas lo que te dijo tu hermana? Bueno, dejemos como que era tu hermana, porque perfectamente pudiste haber sido tú mismo el que creo esa imagen sólo para sentir que te perdonaban. – Ese fue un duro golpe para Absalón. El alivio que había sentido con el perdón de su hermana desapareció, y en su lugar, volvió a aparecer la culpa que tenía desde el principio. –Ella te habló de que eras la reencarnación de alguien que tenía mucho odio en su corazón… Bien, ese soy yo. ¿Entiendes? Tu eres yo, yo soy tú.

-¿De qué mierda estás hablando? ¿Yo soy tú? ¡Habla claro! ¡Ya estoy chato de que todos me digan las cosas a medias!

-No pude ser más claro. Ya sé que no crees en la reencarnación, pero lo único que te puedo decir es que es cierto. Lo que es extraño es que yo pueda recordar todo lo que me hicieron esos putos cobardes que me asesinaron, ¡no puedo dejar que esto se quede así! –El viejo se alteró un poco, tosió nuevamente, y esta vez casi comienza a vomitar. –No dejaré que se termine ese maldito ritual. Quise detenerlos, intenté detenerlos, cuando usaron a esa pobre de Alessa para sus planes de hacer renacer a Dios… me detuvieron, morí en medio de las llamas… Por suerte los planes de La Orden se vieron frustrados de todos modos… Pero ahora, nadie puede evitar que lleven a cabo el renacimiento de Dios. Tienen a una chica nueva Absalón, una nueva Madre Sagrada. Un espíritu oscuro se ha apoderado del cuerpo de una adolescente, un espíritu lleno de deseos de que Samael pueda liberar de todo sufrimiento a la humanidad. Una vez te usaron para que decidieras un cuerpo para ese espíritu, por suerte no lo hiciste, aunque estuviste cerca de cumplir su petición. Aún así, tiempo después usaron a otro chico como tú para apoderarse de un nuevo cuerpo. ¿Estoy diciendo todo muy rápido? Hace demasiado calor aquí… Siento que me falta el aire. – El viejo parecía sufrir los mismos ataques de asma que Absalón, en ese momento tenía serios problemas para respirar.

-Todo fue como un revoltijo de cosas, no te entendí nada. ¿No puedes explicarme todo detalladamente? – Absalón observaba con indiferencia como el viejo seguía tosiendo. Lo único que necesitaba, era comprender. Si el viejo terminaba muerto después de dar las respuestas a sus interrogantes no le importaba en lo más mínimo.

-Ya te dije todo lo que necesitas saber… Debes evitar que la nueva Madre Sagrada dé a luz. Si no lo logras, nuestra existencia no será más que una falsedad. Una vida sin sufrimiento dejaría de ser una vida Absalón, pasaría a ser una mentira. Todas las experiencias que nos dejan una enseñanza se basan en cuan mal lo pasamos, es así como hay un perfecto equilibrio ¡Detén a La Orden en su intento de finalizar el Paraíso! – El viejo comenzó a alejarse, caminando débilmente, como si se fuera a desmayar en cualquier instante. Entonces Absalón dijo algo que él no se esperaba.

-¿Qué te hace pensar que yo haría eso? Tú me has manipulado todo este tiempo, eres parte de mí, pero yo no soy Jacob Miles no-sé-cuánto. Yo tengo mi propia personalidad, y yo decido qué es lo que voy a hacer. ¿Qué tan malo puede ser el Paraíso? ¡Quizás así se acaban todos mis problemas, y toda la gente alcance la felicidad que tanto ansían! – Exclamó, lleno de una gran cuota de esperanza por un futuro esplendoroso. El viejo se horrorizó con su pensamiento, se acercó a Absalón, y lo agarró amenazadoramente.

-¿Acaso eres imbécil? Nunca creí que fueras tan débil… Pero ya había pensado en esa posibilidad. Mi alma, al irse de mi cuerpo, por alguna razón logró reencarnarse conservando recuerdos frescos, y grandes deseos de venganza. Esa oscuridad que traía tu alma, nuestra alma, se fortaleció con la muerte de tu hermana, porque sentías que era tu culpa. Gracias a eso, pude tener acceso a tu cuerpo de forma independiente, podía manejarte. Esa oscuridad permitió que el pueblo de Silent Hill te escogiera, ya era suficiente como para transportarte a la dimensión donde Dios gobierna, donde tú subconsciente modifica el entorno como si se tratara de una pesadilla, y Dios puede fortalecerse gracias a tus pecados. Pero yo me aseguré de que la oscuridad dentro de ti se incrementara mucho más, ¡te convertí en un asesino Absalón! ¡No hay forma de que puedas ver el Paraíso! Estás condenado, los nuevos líderes no van a permitir que personas como tú puedan salvarse… De todos modos, no creas que yo tuve toda la culpa. Yo sólo cumplí algunos de tus deseos inconscientes…

-No puede ser… – Fue lo único que pudo decir Absalón, al percatarse de que de todas formas estaba perdido. Los asesinatos lo habían convertido en una de las personas más despreciables, ¡un verdadero Vladimir Krebs! No existía posibilidad alguna de que fuera perdonado.

-Espero que tomes la decisión correcta esta vez… – Jacob se alejó lentamente, hasta desaparecer. Absalón quedó sumido en la confusión, y no pudo evitar sentirse más perdido que nunca.

Un hacha había aparecido al lado de la puerta del cuarto donde se encontraba el gato. Absalón la tomó, y la usó para conseguir entrar. Debido a que la puerta era vieja, y estaba bastante maltratada a priori, Absalón consiguió derribarla sin mayor dificultad. El cuarto tenía un aspecto muy raro, comparándolo con el resto del lugar. Parecía ser un sótano, y no tenía nada que ver con el diseño metálico y frío, además de que no había sangre en exceso, sólo había un poco en el suelo, donde yacía un gato negro con su barriga abierta. Las paredes eran de ladrillos, pero en el fondo había una abertura, como si alguien hubiese sacado los ladrillos de ahí y los había dejado desparramados. Absalón revisó al gato, el cual parecía estar muerto desde unos cuantos minutos atrás, aún su cuerpo estaba un poco tibio. Al mover el cadáver, se dio cuenta de que tenía algo incrustado dentro de donde estaba el tajo. Un poco asqueado, introdujo su mano dentro de la herida, y sacó del interior del gato una llave. La llave tenía una inscripción: "The Blackcat Key". La guardó. Salió de ese cuarto, y se fue de nuevo al suyo, para ir a tomar un poco de agua. Se encontró con que todo había cambiado en la habitación. Donde se hallaba la cama, ahora había una inmensa puerta, y lamentablemente no tenía forma de llegar al baño para poder refrescarse, pues no existía acceso alguno que condujera allí. Absalón consiguió abrir la gran puerta con la llave del gato negro. Tuvo que caminar por un pasillo, que lo condujo hacia una escalera de caracol que descendía. Las paredes seguían siendo rejas, y el suelo era una superficie metálica oxidada que podía romperse en cualquier momento. La escalera se veía frágil también, así que Absalón bajó con cuidado tratando de pisar en partes donde el metal no se viera tan débil. Mientras más descendía, más frío sentía, y el temor latía junto a su corazón, cada vez más acelerado.

Al final de la escalera, se dio cuenta de que había llegado a algo parecido a un infierno. El suelo era rocoso, y el fuego surgía por algunas grietas que existían en el camino. Ríos de lava, hombres y mujeres gritando, castigados por demonios que Absalón creía imposibles. Corrió desesperado para evitar que alguna de las criaturas lo atrapara. Al final de esa extraña caverna había una puerta común y corriente, de madera, que se veía fuera de lugar. Absalón alcanzó a abrirla y cruzar al otro lado, sin que los demonios lo alcanzaran. Es importante mencionar que el pomo de la puerta no estaba caliente, y que Absalón corría a pesar de que ninguno de los demonios lo había seguido.

Absalón encontró a Felipe al otro lado, en la habitación tras la puerta. El cuarto era similar al que tenía en el Jack's Inn, pero al de la realidad, por alguna razón no tenía señales de haber sido manipulado por la oscuridad. Era el cuarto de Felipe, sin duda, ya que los bolsos de viaje de él estaban tirados en el suelo. Había una iluminación adecuada, por las ventanas entraba luz solar.

-¡Absalón! ¿Qué… qué haces aquí? Tú… Seguramente quieres vengarte. Pero no importa, yo ya voy a ser castigado, de alguna forma voy a ser castigado… – Felipe estaba sentado en la cama, con un cuchillo en sus manos. Había estado llorando hacía poco, se podía intuir por los rastros que quedaban en su cara. Lágrimas que no se había podido sacar, y sus ojos, los delatores de siempre, que pueden decir en breves segundos lo que sentimos, estaban un poco hinchados.

-¿De qué hablas? ¿Por qué querría vengarme? – Absalón se sentó al lado de Felipe. Parecía que estaba sufriendo mucho, algo muy extraño, porque nunca lo había visto en ese estado. Siempre lo conoció como una persona muy alegre, pero hasta las personas más felices tienen sus instantes de depresión en algún momento de sus vidas. Felipe se quedó observando un tanto extrañado a Absalón, luego se atrevió a hablar.

-No… de nada. – Pero lo dijo de forma tal que claramente dejaba ver que estaba ocultando algo.

-¿Acaso crees que me voy a vengar por que te acostaste con Alicia? – Felipe quedó atónito.

-¡¿Cómo te enteraste de eso?! Yo… no sé que decir. – Cogió el cuchillo con más fuerza, lo apretaba, reprimiéndose.

-Tendré cara de imbécil, pero no lo soy. Al menos debiste haber tenido la decencia de decírmelo, no que me tuviera que enterar de otra forma. –Dijo Absalón, mientras miraba severamente a su supuesto amigo. –Pero ya no me interesa… Increíble, a veces ocurren cosas en nuestras vidas tan impactantes, que le restan importancia a estos sucesos tan habituales, como es la traición. Pero todos hemos cometido errores, y prácticamente ya no me importa. Si Alicia y tú se aman me da lo mismo… –Podía decir cualquier cosa, pero la realidad seguía siendo otra, claro que era doloroso para él. Absalón sentía odio y resentimiento contra Felipe, lo había dejado de considerar su amigo desde el momento en que había descubierto todo sobre el amorío. Pero dentro de sí, Absalón también sentía que él se había merecido eso, que fue simplemente un ajuste de cuentas. Era el Karma que cumplía su trabajo.

-Hay algo más que deberías saber Absalón… –Felipe se detuvo. Meditó un poco, se armó de valor. Después, añadió: –Alicia está esperando un hijo. Y hay posibilidades de que sea tuyo. –Silencio.

-¿Qué? – Fue lo único que acertó a decir Absalón. Luego movió la boca como si fuera a decir algo, pero no emitió sonido alguno. – ¿Voy a ser padre?

-Hay posibilidades. – Felipe sollozó un poco. –Lástima que ninguno de los dos pueda ver algún día a ese niño o niña. –Un ruido muy conocido vino del exterior, varios coches de policía llegaron al lugar, llenando el ambiente con el ruido de las sirenas. Felipe se levantó, se acercó a la ventana, y soltó el cuchillo que tenía en la mano.

-¿Qué está pasando Felipe?

-Creo que llegó el momento de que te vayas. Yo debo entregarme.

-Pero… – Absalón no alcanzó a terminar la oración. Felipe se alejó hacia la puerta, y luego desapareció. Absalón trató de salir del cuarto por la misma puerta, pero simplemente no abría. Miró por la ventana, y vio el exterior tal y como lo había visto al estar fuera, transformado en una porquería. No había ningún auto policial, ni rastros de Felipe. Absalón volvió al "otro mundo". Se quedó un rato pensativo, tratando de comprender lo que había sucedido. Después recogió el cuchillo que Felipe había botado.

Al entrar al baño del cuarto en que se encontraba Felipe, Absalón percibió inmediatamente que no era un baño a lo que había llegado. Era una sala terriblemente asfixiante y deprimente, sin luz alguna, rodeada totalmente de metal por todos lados. Había muertos, algunos ahorcados y otros terriblemente mutilados. En una mesa que se encontraba al centro había un casco muy extraño, que tenía forma de pirámide, y una hoja que tenía algo escrito…

"Querido Absalón:

Aún recuerdo el dolor que sentí cuando me asesinaste. Fue todo tan rápido, que aún no me puedo despegar de ese lugar. Gracias a ti, ahora no hay puertas abiertas, todas se cerraron. Lo único que puedo aspirar a hacer para sentirme mejor, es oír tu risa, porque aunque no lo creas, a pesar de que seas quien me quitó la vida, sigues siendo importante para mí.

Me he enterado de que no lo estás pasando muy bien. Recuerda que tienes las fuerzas suficientes como para soportar cualquier cosa, enfrentarte a cualquier problema. Si consigues una victoria, siéntete orgulloso de ello, podrás así dejar todo lo malo atrás, y empezar una nueva vida. Si no lo logras, y te ves derrotado, trata de que esa derrota te dé un aprendizaje. Así habrás ganado algo de igual forma.

No comprendo por qué lo hiciste, acá las cosas no están más claras. Y aunque no pueda encontrar la luz, no te preocupes, podré soportarlo. Algún día nos volveremos a ver."

Al terminar de leer la carta, Absalón se sintió un tanto melancólico. Arrugó el papel y lo soltó. Lleno de furia, comenzó a golpear la mesa, totalmente descontrolado. El casco piramidal cayó al suelo. Las paredes se llenaron de mensajes escritos con sangre: "Quiero salir de aquí", "¿Por qué Dios no nos ayuda?", "Tengo miedo de que me hagan daño, ya no quiero más dolor", "No puedo encontrar el camino al Paraíso. Parece que no existe", "Aún puedo escuchar que se burlan de mí", "Creí que sería la solución más fácil, pero acá es peor que lo que me imaginaba", "Mami, ¿por qué me haces esto? Odio quemarme, ¡duele mucho!". Absalón leyó los mensajes, cansado, hastiado, horrorizado por tanto sufrimiento. Siempre había creído que existía un descanso, que al final del camino al fin habría un lugar donde detenerse, y que no hubiera nada más adelante. Que la eternidad no existía, que sólo era el miedo humano al fin. Absalón ahora dudaba sobre su destino post mortem.

Posteriormente, en el sendero de las incoherencias, quizás coherentes, por el que avanzaba, Absalón arribó al pasillo de un hospital. Estaba en muy mal estado, no había color blanco por ninguna parte, todo estaba corrompido, sucio, oxidado, maloliente. Pudo intuir que era un hospital porque en algún lugar de su mente se encontraba un recuerdo de su infancia, que le indicó rápidamente que ese lugar lo recordaba. Muchas veces tuvo que acudir allí por crisis asmáticas, algunos días debía quedarse hospitalizado bastante tiempo por la gravedad con la que llegaba. Era sólo un mal recuerdo… Caminó por el pasillo hasta la puerta que había al fondo. Tuvo que apartar una silla de ruedas que estorbaba el paso para poder llegar. Antes de abrir la puerta, escuchó unos susurros detrás de sí. Pero prefirió ignorarlos, quería llegar pronto hasta el final del asunto. Todo eso sobre el ritual de la Orden, y de una Madre Sagrada que tendría un hijo divino, lo tenían desconcertado. Quería que de una vez por todas, la pesadilla terminara al fin.

La puerta lo condujo a una Iglesia. Había cuadros en las paredes, parecían ser cristianos, pero seguramente pertenecían a la ideología de "La Orden". Había un símbolo brillando en el suelo, en la parte central, el mismo que alguna vez Absalón vio en el suelo del bosque en el que despertó la primera vez que "viajó" a Silent Hill, y el mismo que Felipe hizo en la pared del colegio en el que estudiaban juntos, el "Halo of the Sun". Había una persona cerca del altar, una chica, posiblemente quinceañera, que observó a Absalón como si fuera una amenaza. Tenía el cabello oscuro, negro, corto, algo descuidado. Su cara, bastante inexpresiva, indicaba que últimamente no dormía muy bien, o simplemente no dormía. Sus ojos eran de color miel, y su tez, blanquecina. Su aspecto mostraba que ciertamente ella no se preocupaba mucho de su apariencia. Estaba embarazada, lo demostraba el tamaño de su vientre.

-Who are you? Oh, I remembered you. You're Absalón. El que creyó que yo era su hermana. Por tu culpa tardamos aún más en encontrar un nuevo cuerpo para mí. Ahora tengo este cuerpo ¿te gusta? Se llamaba Coleen. –Absalón hizo un gesto de extrañeza, tratando de asimilar quién demonios era ella. ¿Acaso fue esa chica la que se hizo pasar por su hermana aquella vez que tuvo que hacer un sacrificio? O tal vez fue él quien vio a su hermana por medio de una manifestación de su subconsciente, siendo que siempre había sido ella la que le daba las instrucciones. La chica hablaba un español neutral, muy entendible y sin la típica pronunciación extranjera.

-Tú debes ser el espíritu oscuro del que habló ese viejo. Te has apoderado del cuerpo de esa chica ¿Significa que ella está muerta? –Absalón tomó la pistola en su bolsillo, dispuesto a sacarla cuando fuese necesario.

-Lamentablemente, sí, está muerta. Pero no tenía gran importancia… sólo era una chica patética que disfrutaba de burlarse de los demás. Ahora sí que va a servir para una causa mayor… ¡Va a ser madre! –La voz de Coleen era muy seria, denotaba fuertemente una gran frialdad. –Es una lástima que yo no pude reencarnar otra vez… así la espera no habría sido tan larga, y no tendríamos que haber asesinado a nadie… Esto de los asesinatos nunca sirvió, como con el ritual de los 21 sacramentos. Pero esta vez fueron menos muertes, y no existe posibilidad de que alguien lo evite. Soon, God is going to be reborn, and the eternal paradise finally will be finished!

-Why do you speak Spanish anyway? – Preguntó Absalón

-¿No es más cómodo para ti? Al cruzar el umbral se aprenden muchas cosas, es una pena que no podamos recordarlas cuando logramos volver al mundo en un nuevo cuerpo. Pero esto no tiene importancia, ¿qué haces aquí, Absalón? –Absalón sacó la pistola y apuntó a Coleen con ella.

-Tengo que matarte, para que toda esta mierda termine. Nada de rituales, nada de dioses ni madres sagradas, ¡por el culo me paso todas sus creencias! –Coleen ni siquiera se inmutó.

-Dije que no existe posibilidad de que alguien lo evite. Vamos, dispara Absalón. –Absalón se armó de valor, y a pesar de que dispararle a una chica de 15 años no resulta muy atractivo, debía hacerlo, no existía otra salida. Pero entonces surgió algo inesperado… ¡La pistola no tenía balas! En ningún segundo Absalón se dedicó a ver si la pistola estaba cargada aún, ¡alguien la debió haber ocupado!

-Asshole! –Exclamó la chica, con un malicioso tono burlón. Absalón botó el arma, sacó el cuchillo que Felipe había soltado antes de irse, y se acercó hacia Coleen para apuñalarla. Alcanzó a herirla, pero el grito que dio alertó a los miembros de "La Orden" que estaban en una sala cercana. La mujer gorda que Absalón había visto en el Queen Burger llegó junto a otras personas, todos vestidos de forma muy rara.

- He's Jacob! Nice try, but obviously your plan didn't finish well. Put him in the room of the silence, hurry! We don't have many time. –Varios tipos golpearon a Absalón, y lo agarraron violentamente para llevárselo. Eran demasiados, no pude defenderse. Antes de que lo condujeran al cuarto del silencio, Coleen le dijo unas cuantas palabras más.

-No te preocupes Absalón, cuando Dios nazca, y el Paraíso rodee al mundo entero, vas a darte cuenta de que esto tiene sentido. Sólo debes tener fe, incluso podrías purgar tus pecados y al menos no andar en el Inframundo. – Absalón forcejeó todo lo que pudo, pero inevitablemente fue a dar al cuarto del silencio. Era un lugar muy encerrado, similar a ese cuarto que era de metal. Por más que gritó para que lo sacaran, allí se quedó. No podía percibir el pasar del tiempo, y cada vez sentía el ambiente más y más asfixiante. Frío, mucho frío. Hambre también.

La luz de la linterna estaba a punto de apagarse, pronto se le acabaría la batería. Desesperado, trató de hacer el máximo ruido para que lo sacaran. Nadie respondía. Se preguntó si acaso simplemente todos se habían ido. Entonces la puerta se abrió lentamente, como por arte de magia. Al salir, Absalón se dio cuenta de que el lugar estaba desierto. La iglesia estaba llena de sangre, y se veía muy tétrica. La sangre chorreaba por las paredes, de forma muy repugnante. Absalón quiso salir de esa iglesia, pero la puerta principal estaba bloqueada. Del cuarto del silencio salieron tres personas. Eran Ximena, Paula y García. Los tres sonreían de una forma inquietante, ¿se estaban burlando, o acaso mostrando compasión?

Krebs se acercó a Absalón.

-¿Crees en Dios? – Le preguntó. –Pues yo no lo he visto por ningún lado.

Continuará…