Capítulo 10: Araña

-Creo que lo primero que tenemos que hacer es juntar todas las piezas que tenemos para ver si tienen relación –propuso Rachel cogiendo un papel y un bolígrafo.

Quinn la miró mientras comenzaba a meditar sobre todo lo que había pasado y recordando cada detalle que pudiera resultar útil aunque no lo pareciera.

-Ahora que lo dices –dijo confusa la rubia- Cuando te dije los números de mi taquilla te sorprendiste, ¿Por qué? –frunció levemente el ceño mientras la miraba.

A Rachel se le iluminó el rostro, seguramente porque se le había olvidado aquel detalle o quizás es que al menos tenía respuesta a una de aquellas preguntas que pasaban por la cabeza de ambas.

Con rapidez cogió su teléfono y se lo acercó a la rubia mostrándole el teclado.

-Mira –dijo y aunque Quinn miraba aquello con detenimiento no entendía que es lo que tenía que mirar exactamente así que su ceño se acentuó aun más.

-¿Qué tengo que mirar? –dijo cada vez mas confundida.

-¿No lo ves? –preguntó incrédula.

-¿El que Rachel? –comenzaba a desesperarse, no le gustaba parecer tonta y mucho menos que siguiese insistiendo con aquello.

-Repite el número de tu taquilla y la clave –le dijo aun enseñándole el teléfono.

Quinn la miró durante unos segundos y ya cansada de todo aquello le hizo caso.

-2648 y 1973 –murmuró.

Rachel sonrió suavemente y sin decir nada comenzó a marcar cada uno de aquellos números en el teclado y luego alzó la cabeza con un halo de esperanza en su rostro.

-¿Y que pasa? –gruñó Quinn.

La morena suspiró cansada y por fin comenzó a explicarse.

-¿No lo ves? La clave utiliza los números de las esquinas del teclado formando un cuadrado, aunque estén desordenados, mientras que los de la taquilla forman otro cuadrado en este caso inclinado 45º - mientras hablaba empezó a garabatear en la hoja y después se calló esperando que por fin se le encendiese la bombilla a la otra, pero por el ceño aun mas fruncido de Quinn parecía no llegar a un acuerdo con sus pensamientos así que prosiguió- La estrella de ocho puntas está formada por dos cuadrados y uno está inclinado 45º -le enseñó la hoja con los números colocados de la misma manera que en el teclado y unidos por dos líneas que efectivamente formaban la estrella.

Quinn abrió la boca sorprendida y miró la hoja con detenimiento, la morena tenía razón, aquellos números unidos formaban la estrella de ocho puntas, la misma estrella que tenía en esos mismos instantes colgando de su cuello.

-Oh… -fue lo único que salió de su boca después de unos segundos mientras su cabeza seguía funcionando intentando averiguar por qué su taquilla era una especie de estrella de protección- ¿Y eso que significa exactamente?

-Pues… -Rachel se mordió el labio levemente- no sé lo que significa, pero por lo menos sabemos que tu taquilla tiene una especie de relación con lo que está pasando.

-Eso tiene sentido… -murmuró pensativa- todo empezó con mi antigua taquilla después de todo.

-¿Por qué te cambiaste de taquilla? –preguntó algo confundida.

-¿No te enteraste de lo que pasó? –dijo aun mas sorprendida mirando a la otra con los ojos abiertos.

-A pesar de lo que pueda parecer, normalmente me mantengo bastante alejada de los rumores esparcidos por el instituto porque no es algo que me interese si no tiene que ver con mi prometedor futuro en Nueva York o alguna posible audición, además estos últimos días no he dejado de pensar en el diario por tanto mi atención con los temas sociales se ha visto reducida drásticamente, así que no, no sé lo que pasó –dijo con determinación mientras la miraba.

Quinn la miró frunciendo el ceño mientras la otra soltaba todo aquello sin inmutarse, después parpadeó varias veces y sacudió la cabeza formándose una pequeña sonrisa en su rostro, aquella era la Rachel que recordaba, la que hablaba sin parar y que para responder una simple cuestión te soltaba un discurso explicando cada mínimo detalle. Esa era la Rachel que le gustaba ver, a pesar de a veces exasperarla, no aquella a la que había visto los últimos días, ocultándose de todo, sin apenas hablar y con temor a todo lo que le rodeaba.

-Estaba lleno de arañas –comenzó a explicar ante la atenta mirada de la otra- De la noche a la mañana aparecieron un montón de arañas obsesionadas conmigo, no dejaban de perseguirme e intentar meterse por mi ropa –Rachel fue abriendo la boca mientras seguía escuchando y cuando terminó una expresión de asombro y de miedo apareció en su rostro.

-¿Así empezó todo? –preguntó incrédula.

Quinn asintió lentamente, no entendía esa reacción por parte de la otra, alguien normal pondría cara de asco o algo parecido, no esa extraña expresión. Y todavía se confundió más cuando de repente Rachel se lanzó a por el diario cogiéndolo con fuerza y comenzar a buscar entre las hojas con rapidez. Después de unos pocos segundos, cuando ya había encontrado la página que buscaba, se lo tendió a Quinn con determinación.

-Lee –le ordenó.

Quinn la miró durante unos segundos frunciendo el ceño y después sin rechistar cogió el diario comenzando a leer lo que le indicaba la otra.

-15 de Octubre de 1972. Hace frio… -leyó en voz alta haciendo que las palabras envolvieran todo a su alrededor.

"…demasiado frio entre estas paredes como para soportarlo. El exterior está completamente nevado y la caldera ha vuelto a estropearse, o por lo menos eso es lo que nos han dicho, aunque ni Sadie ni yo creemos una palabra de lo que nos dicen, ya no. Las demás chicas son mas ingenuas, creen que sus padres conseguirán arreglar cada problema que tengan, lo que no se dan cuenta es que el problema son ellas, ¿sino porque las habrían metido aquí? Si de verdad les importase estarían en sus casas con su familia y no en este internado que se cae a pedazos.

En estos momentos la oscuridad envuelve todo a nuestro alrededor, las luces fueron apagadas hace ya tiempo y el resto de mis compañeras están ya completamente dormidas, nada parece perturbar su sueño, no como a mi que todo me atormenta y mi mente es una constante bola de miedo que aumenta a cada día que pasa. Mi insomnio es cada vez peor, apenas puedo conciliar el sueño cada noche pero sé que es lo que él pretende, le gusta que esté despierta cuando él llega a por mí.

Hablando del diablo, oigo sus tintineantes pasos al fondo del pasillo, lentos, pausados, como si no tuviese prisa por nada y en el fondo no la tiene, lo sé. El eco de sus llaves balanceándose en su cinturón es lo único que se escucha en esta apagada noche. Eco que aumenta a cada paso que da acercándose cada vez más a mi habitación, su destino. Ese ha sido su destino demasiadas noches como para recordarlo, un destino del que no puedo escapar mucho que lo he intentado.

Los pasos se detienen frente a mi puerta, tomándose unos segundos para que la tensión aumente en mi cuerpo que ya está temblando anticipándose a lo que va a venir a continuación. La abre con lentitud y solo puedo ver su sombra recortada contra la tenue luz del pasillo, su rostro está bañado de oscuridad al igual que el resto de su cuerpo, es como un fantasma al cual puedes ver pero que no puedes hacer nada contra él.

Hace un gesto con su mano, el mismo gesto de siempre y yo no puedo hacer nada más que levantarme de la cama y seguirlo hacia el exterior. Es una rutina, la cual odio y quiero evitar a toda costa pero que sé que todavía no puedo luchar contra él. ¿Quién me creería? ¿Quién me ayudaría?

Sadie hace tiempo que ha empezado a sospechar que algo me pasa. Intento ocultárselo a toda costa, no quiero que llegue a ver esa parte de mí, no quiero ver su expresión cuando se entere, su decepción en su mirada, sería demasiado duro para mí, mucho más que cada una de estas noches que tengo que vivir.

Caminamos en silencio por el oscuro pasillo, yo siempre dos pasos por detrás de él, con la mirada dirigida al suelo y sin permiso para hablar. Nunca lo tengo en realidad.

El frio aumenta a cada paso que damos mientras descendemos las escaleras. A veces me parece que estoy descendiendo al mismísimo infierno, pero creo que el infierno sería mucho mejor que lo que me va a ocurrir en unos minutos.

El sótano es húmedo, mohoso y sucio, pero a él no le importa, conoce cada uno de esos pasadizos a la perfección y se guía en la absoluta oscuridad sin problemas mientras yo solo me limito a seguirlo, con la piel de gallina y temblando cada vez mas hasta que llegamos a "la sala" como le gusta llamarle.

Él se detiene, colocándose a un lado esperando que yo continué y me coloque de manera adecuada así que yo sigo caminando hasta llegar al centro de la habitación iluminada por una pequeña bombilla que apenas ilumina mi cuerpo, ni siquiera puedo ver las paredes a mi alrededor, aunque lo prefiero, no quiero ver lo que guardan, no quiero ver cada una de las cosas que allí se encuentran, ya bastante es sentirlas sobre mi piel, desgarrándome y golpeándome.

Cojo aire intentando que ese aire se convierta en fuerzas para poder pasar todo aquello, pero sé que es inútil, nunca tendré suficientes fuerzas para esto, es demasiado para mi y sería demasiado para cualquier persona, siempre es demasiado.

Cuando estoy colocada en posición se acerca a mi con lentitud, sus ojos brillan en la oscuridad mirando mi cuerpo de arriba abajo sin pudor seguramente pensando en cada una de las cosas que me va a hacer o a lo mejor se está regodeando por las marcas que aun están en mi cuerpo en recuerdo de la anterior vez que estuve en la misma posición. Su rostro aparece ante mi, lleno de profundas sombras enmarcando cada parte de su rostro debido a la colocación de la bombilla, perfectamente planeado para que su expresión parezca demoniaca. Quiere infundirme el miedo desde el mismísimo instante en que lo veo y lo consigue cada vez. Vive de mi miedo, se alimenta de él y le encanta. Lo saborea en cada una de sus demostraciones y aprovecha cada oportunidad que tiene para que lo sienta, de cualquier manera que nunca fui capaz si quiera de imaginar.

Se prepara para lo que viene a continuación, deseoso de que llegue por fin el momento que tanto espera mientras ata mis pies y mis manos con fuerza a las cadenas que se encuentran allí, ya preparadas para cada una de mis visitas. Le gusta verme retorcerme de dolor y no poder huir, sentirme su presa y él el cazador. Tenerme atrapada y a su entera disposición. Solo de pensarlo mi estomago se encoge amenazando con expulsar todo el contenido que mantiene dentro de él, pero consigo estabilizarlo, no sé muy bien como, ya que sé exactamente lo que viene a continuación y el pánico invade todo mi ser sin poder ya contenerlo.

Cierro los ojos durante unos segundos mientras él se coloca en mi espalda y los abro justo en el momento en el que coloca la venda sobre mis ojos. Lo último que veo antes de que la oscuridad me invada es la gran araña tatuada en su mano, hasta me ha parecido que se mueve pero sé que es imposible, el miedo me hace delirar a veces, lo sé.

La oscuridad es absoluta, no puedo ver nada a mí alrededor y además el silencio reina en la sala, tal como le gusta.

Después de eso, el resto solo es dolor."


La lectura del diario he querido expresarla así pretendiendo que os metáis en el personaje de Estella. Es igual que cuando en una película leen uno y en vez de oir la voz del que lo lee, oyes la voz del que lo escribió mientras ves lo que está contando o le ocurrió. No sé muy bien si he conseguido expresar eso, pero es lo que intentaba hacer.

Todos los capítulos tienen la misma extensión, lo dije al principio y eso no va a cambiar en toda la historia, sé que pueden parecer algo cortos, pero son así por una razón.

También dije al principio que no habrá escenas románticas, no esperéis citas ni nada de eso porque no existen en esta historia. Tendrán un acercamiento, si, de enamoramiento quizas, pero no de la manera que esperais. Si hay algo que las unira de esa manera son todas las cosas que van a pasar.

He pretendido que los personajes sean algo mas fieles a la serie de lo que suelo escribir. Por eso Rachel es así y Quinn es la jefa de animadoras, comportándose como tal, aunque no se haya podido apreciar mucho en un futuro se verá.

Sé que puede resultar un poco difícil entender la historia pero lo que pretendo es que pasen ciertas cosas y luego se expliquen. Estar pendientes de cada uno de los detalles que pasan, porque podrían ser muy importantes en un futuro, es un pequeño consejo.