Tarde, pero seguro.
Sigue siendo sábado y no me asesinen, por favor D:
Bueh, me confieso culpable. Sé que en el capitulo anterior no respondí reviews, pero si les soy sincera... Con costos y tuve tiempo de escribir el capitulo y subirlo hoy. Tuve que quedarme varios días hasta tarde en el colegio, estudiando. Así que mil perdones, a todas D:
Me alegro que les haya gustado, y lamento decirles que este es el penúltimo capitulo de esta historia *snif snif* Pero todo tiene su final.
Mil gracias por el apoyo que me han brindado, por esos hermosos 101 reviews que no siento merecer al durar tanto actualizando D:
Sin más que decir...
Disclaimer. Los personajes de InuYasha y co. No me pertenecen. Son de Rumiko Takahashi. Historia hecha sin fines de lucro.
Mi Amigo Gay.
Por Alice Moonlight B.
Capitulo 9
InuYasha P.O.V
Han pasado dos semanas desde que Giselle y yo estamos acá, y no en Japón. Con la fría, autoritaria, demandante, patética y molesta compañía de Sesshomaru. Y cada día que pasaba, anhelaba más la presencia de Kagome. Aparte de estar convencido que ella, Sango y cada persona de la faz de la Tierra me odiaba por tomar la decisión que tomé, sólo podía deprimirme en compañía de mi hermana menor y el amargado de Sesshomaru.
–Nii-chan–me llamó Giselle–. ¿Estás bien?
–Estaría mejor en Japón y lo sabes.
Ella frunció los labios.
– ¡Te dije que te quedaras con ella, baka!
Suspiré, a sabiendas de que era cierto.
Pero si me quedaba, sólo lograría lastimarla más.
Y la obligaría a darme una respuesta antes de tiempo. No quería obligarla a nada, a pesar de que fui yo el culpable de que todo esto sucediera. No deseaba que ella sufriera, no quería que ella llorara… Solamente anhelaba que ella fuera feliz.
Conmigo o sin mí.
Pero que sonriera.
Y mi presencia sólo estaba logrando lágrimas y disgustos en ella.
Me odiaba en demasía. Y sabía que ella también me detestaba. Todos me odiaban.
Por idiota, por ignorante… Por cobarde.
Porque huí de mi problema y solución.
Bufé, regresando a la realidad.
–Lo sé, pero… Kagome está mejor sin mí.
–Ya, claro–dijo incrédula–. Ni tú te la crees.
– ¿Por qué no ha de ser así?
Jugó con sus manos, inquieta. Encarné una ceja.
–Hey, par de mocosos–gruñó Sesshomaru, entrando a la habitación–. InuYasha, tienes una carta. Giselle, a tu habitación.
Mi hermana le sacó la lengua, y refunfuñando obedeció. Salió de la habitación con un portazo, y luego de carcajearme, tomé el sobre que Sesshomaru me ofrecía.
–Es de Japón.
No necesité saber más, y la abrí con desespero.
La letra me era conocida, y aunque deseé con intensidad que fuera de Kagome, no lo era. Era de Sango. Aquello me sorprendió, pero supe de inmediato que era algo serio. Ella jamás me hablaría a no ser que algo grave hubiera pasado. Y eso me inquietó.
Comencé a leer, con parsimonia, asimilando cada palabra:
"Lamento tener que contactarte de esta manera, pero si te llamaba ella se daría cuenta. Aparte de que no tenía ni la más mínima idea de adónde llamar. Miroku me ayudó a enviar la carta, y espero que Kagome no lo note. Acá todo está mal. Desde ella, hasta el mismísimo Koga.
Te extraña.
Y se ha encerrado de nuevo en su habitación. No quiere hablar con nadie, ni siquiera con su madre. Todos sabemos muy bien la razón. Además de saber que solamente en dos ocasiones se ha comportado de esta manera.
No te pido que vuelvas, porque sería ilógico. Si te fuiste, es porque nunca la quisiste. Y lo entiendo, ella puede llegar a ser berrinchosa, bipolar, rara… Pero sabes mejor que nadie que es la persona más auténtica sobre la faz de la tierra. Y también la más cerrada.
Sólo te pido que me ayudes a que vuelva a sonreír.
Sango.
Me pasé una mano por el rostro, asimilando todo lo que decía la carta. ¿Sería todo cierto? ¿Habré tomado la decisión incorrecta? Sacudí la cabeza. Si ella no me siguió, si no me buscó… si no lo impidió, significa que nunca lo sintió.
Eso era.
– ¿Qué harás, idiota?
– ¿Y tú qué me cuentas?–reclamé–. No tenías por qué leer esta carta.
–No la leí–replicó–. Sé lo que pasa con Kagome.
Refunfuñé, y le saqué el dedo medio.
Estaba frustrado y no sabía qué mierda hacer.
Tenía varias opciones; como llamar a Kate, o a Sango, a Miroku… Pero me daba temor hacerlo.
No quería decepcionar a nadie, y mucho menos lastimar. Solamente quería solucionar todo. Que con sólo decir lo siento, todo volviera a comenzar. Que el tiempo se devolviera, y no seguirle la corriente a Miroku con aquella estúpida broma, y presentarme ante ella como realmente he sido toda mi vida.
Quería olvidar todo.
Quería olvidarme.
Y olvidarla.
Pero no, mi pendejo corazón seguía como idiota latiendo por ella.
Miré a Sesshomaru, que seguía mirándome con indiferencia, y volví a sacarle el dedo medio. Me devolvió el gesto y salió de la habitación. Agradecí estar en silencio y soledad. Tomé mi notebook y la encendí, me metí directo al chat, buscando alguna señal divina que me sacara de apuros.
Y como por arte de magia, Kagome se conectó.
Mi respiración se agitó, y me sentí como un maldito adolescente con hormonas hasta la nuca. La manos me sudaron, y tuve que secarlas en mi pantalón, antes de poder abrir la ventanilla para hablar con ella… Tecleé con habilidad y rapidez impropia de mí un saludo tímido, y lo envíe.
"¿Cómo estás?"
Esperé, impaciente.
"¿Y eso que me hables?"
Mierda. Mierda. Mierda.
Tecleé lo primero que se me vino a la mente.
"Te extrañaba"
Respuesta inmediata.
"No seas mentiroso. Mejor deja de joder la vida un rato"
Y se desconectó.
¿No podías meter más la pata?, me regañé.
Tenía que volver a Japón de una u otra forma, pero no podía en ese momento. No cuando ella me detestaba tanto. Y reiterarlo, me dolió más. Suspiré, a sabiendas de que debía quedarme en este continente durante al menos un mes más. Y en un mes más, estaba seguro de que la perdería.
Tocaron a la puerta, y supe que era Giselle.
–Pasa.
Entró, y con cara de niña regañada, se quedó frente a mí.
– ¿Qué quieres?
–No seas grosero, nii-chan.
–Entonces no molestes, Giselle–gruñí–. No estoy de ánimo.
–No es mi culpa que seas un idiota y no sepas arreglar las cosas con Kagome.
–Gracias por recordármelo.
–Arréglate con ella ¿Sí?
–Vete.
–Pero…
–Vete.
–Nii-chan…
– ¡Que te vayas, dije!
– ¡Eres peor que Sesshomaru!
Y cerró dando un portazo.
Mierda, tal vez tenía razón.
Y no me importaba que Sesshomaru o mi padre se enfadaran…
Kagome era más importante que ellos.
Siempre ha sido así.
Y así lo sería siempre.
Toda mi vida.
