Capitulo 9
Cuando Kagome abrió sus ojos, y tuvo conciencia de lo que estaba pasando, el sol ya estaba bien alto en el cielo, y sus calurosos rayos se precipitaban sobre su tersa piel.
Al elevar su mirada hacia el rostro que se encontraba frente al de ella; abrió desmesuradamente sus ojos, y pegó el grito del siglo.
Se apresuró a alejarse lo más posible de Inuyasha, y cubrirse lo que le fue posible con la sábana de la cama.
Sus mejillas estaban encendidas, y no por la ira que debía de sentir en ese momento, sino porque estaba desnuda y en la misma cama que el hombre con quien había soñado anoche. Y por si fuera poco todo lo anterior, el sujeto la tenía abrazada y desde su punto de vista, él no llevaba ropa.
Al ver que Inuyasha se despertaba de un brinco al oírla gritar, agarró inconscientemente la almohada que estaba junto a ella y le pegó de lleno en el rostro, haciendo que éste cayera de cara, y golpearse la cabeza con la mesita de noche.
— ¡Pero qué demoni...! — pero no terminó la frase, ya que sus bellos ojos dorados se fijaron en los de Kagome, quien parecía prepararse para asestarle otro golpe en la cara.
— Oh Oh... — pensó Inuyasha, al momento que alguien abría la puerta y éste se daba la vuelta para ver cómo la persona quedaba parada en el marco de la puerta de la habitación, boquiabierta.
— Dios santísimo, pero qué rayos está pasando aquí — exigió Kaede, quien llevaba una camisola blanca que le llegaba hasta los pies y el pelo totalmente enmarañado.
Al verla, Inuyasha se levantó del piso y la miró con el ceño fruncido y una mirada reprobatoria.
— La pregunta sería, porqué rayos dejaste a Kagome en mí habitación en ves de dejarla en una habitación para huéspedes
La pregunta pareció incomodar algo a Kaede, ya que hizo una mueca con la boca y se apoyó sobre su pie derecho.
— Bueno, yo... — hizo un carraspeo y miró hacia el techo, tratando de evadir la mirada de las dos victimas de su jueguito.
— Bien, mejor aclaramos esto de una buena vez. Tú Inuyasha; ya estoy harta de que lleves a casa tus "conquistas". Perdona mi franqueza, pero todas esas son unas pobres zorras que solo buscan tu dinero. Nunca jamás vas a encontrar una mujer que te quiera en ese... basural. Y bueno... yo pensé que ésta hermosa joven podría llegar a formar parte de tu corazón, para enamorarte de ella, y luego casaros. Por eso la metí en tu habitación, para... bueno muchachos, ustedes ya saben... —
Y los ojos de ambos jóvenes se agrandaron como platos y sus mejillas se tornaron de un color carmín.
— ¡Oh, por favor! Pero qué pensamientos tan torcidos tienen los jóvenes de ahora. Los junté en una sola habitación, para que se conocieran y dieran el paso.
Los dos muchachos le dieron una mirada interrogativa a la anciana, quien soltó un bufido y se tapaba la cara con las manos.
— No me digan ahora que no saben de qué estoy hablando.
Y los dos se miraron confundidos.
— Que den el paso para formalizar, por dios. ¡Sí que son lentos! Desde mil leguas se nota que los dos están enamorados, y no me repliquen porque no les voy a creer nada. Solo falta que comiencen a babear cuando aparezca uno para que sea más obvio de lo que ya es. Pero qué digo, si ya alguien a comenzado a hacerlo, o me equivoco? — y miró con una sonrisa pícara a Kagome, quien se sonrojó al saberse descubierta.
— Ya, ahora si. Los voy a dejar solos, para que mediten sobre los hechos y reaccionen de una vez por todas. Adiós chicos. Y cualquier conclusión, me pegan otro grito¿vale?
Y con un último ademán, salió de la habitación, dando un portazo que seguramente resonaría hasta 2 kilómetros hasta el pueblo.
Cuando la anciana dejó la habitación, el silencio reinó por unos cuantos momentos, para luego ser cortado por la penetrante y profunda voz de Inuyasha.
— Creo que...
— ¡Qué rayos hacía en la misma cama que yo! — explotó Kagome, antes de que Inuyasha pudiera terminar de hablar.
— ¿Perdón? Ésta es mí habitación y tengo todo el derecho de quedarme en ella cuanto me plazca.
— ¡Si, pero no cuando ve que hay una dama durmiendo en la misma cama!
— ¡Oh por favor, una dama dice usted¡Lo que encontré en mi cama anoche no era una dama; era un a morsa con cabello! — pero inmediatamente se arrepintió de sus palabras, cuando sintió un golpe en la mejilla y que caía nuevamente al suelo.
Cuando intentó levantarse, no le fue posible, ya que Kagome lo sacó a empujones de la habitación, para luego cerrar la puerta de un portazo, solo para darle de lleno en las narices.
— ¡Maldita sean todas las mujeres de ahora! — Pensó molestó.
¡Qué mujer no habría dado cualquier cosa al saberse en su cama. Y junto a él!
Bueno, estaba claro que Kagome no. Y a regañadientes bajó las escaleras hasta llegar a la cocina y tomarse una cerveza bien fría.
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Cuando hubo echado a Inuyasha de su habitación, se sintió más aliviada, y se recostó sobre la puerta de roble, con la que anteriormente había azotado las narices de Inuyasha.
Pero al momento que vino el recuerdo de Inuyasha en la cama con ella, su rostro se volvió rojo, y se tiró a la cama, sintiéndose la más tonta de las personas en ese momento.
— ¡¿Porqué a mí?! — Se preguntó, muy frustrada por lo ocurrido. Y para colmo de todo, Kaede la había delatado enfrente de Inuyasha!
Soltó un gruñido y se tapó la cara con la almohada, pensando que con ese se arreglaría todo.
Pero no pasó mucho tiempo para que se destapara la cara, al recordar que tenía cita con la notaria a las tres.
Miró el reloj de la mesita de noche, y éste marcaba las 2:45 de la tarde. Muy bien, tenía solo 15 minutos para arreglarse, bajar a tomar desayuno, y llegar a la notaria.
Se levantó de la cama y fue lo más rápido que pudo al baño para lavarse la cara y ponerse el vestido negro que había dejado en el baño la noche anterior.
Bajó a la cocina, solo para encontrar a Kaede preparando las tostadas y a Inuyasha sentado en una silla, con un café humeante a su lado izquierdo y el periódico a su lado derecho. Aparentemente todavía estaba enojado por lo sucedido, ya que cuando dio los buenos días, él no le había respondido. Claro, si consideras tú un gruñido como saludo…
Se sentó lo más lejos que pudo de Inuyasha. O sea, solo una silla lejos de él.
Y cuando Kagome subió la vista hacía su compañero de mesa, notó que éste ya se había vestido y peinado. Su traje consistía en unos vaqueros y camisa azul, junto con otra chaqueta negra, diferente a la que le ofreció ayer. Llevaba botas con espuelas, y su sombrero negro estaba junto a él.
Cuando Kaede llegó para servirle las tostadas y los huevos, el perfume de Inuyasha la asaltó, haciendo que cerrara los ojos inconscientemente, maravillándose con la sensual fragancia, cosa que no pasó desapercibido para Kaede, ni mucho menos para Inuyasha.
Pero al darse cuenta del error que había cometido, aspiró el aroma de su desayuno y dijo a Kaede que olía delicioso.
— Muy inteligente — pensó Inuyasha— pero no lo suficiente como para restarle importancia a lo sucedido.
Los dos comieron su desayuno, cosa que no les tomó más de cinco minutos. Cuando Kagome hubo terminado, miró a Inuyasha quien seguía leyendo el diario.
Tomando una bocanada de aire, Kagome se preparó para una inminente pelea.
— Hoy día es la cita con la notaria, para leer el testamento del General. Creo que usted debe de estar enterado ya que es el Presidente de la municipalidad del pueblo. ¿Me podría decir a qué hora se supone llegará el Capitán Kouga para llevarme a la notaria?
— El Capitán no llegará, cariño
— ¿Como que no llegará¿No se suponía que él era el encargado de llevarme a la cita y hacerse responsable de mí y de mi hermano?
— Como tú dices, se suponía. Ahora yo soy el encargado del bienestar de tu hermano y el tuyo. Lo que implica que yo voy a llevarte a la notaria, linda.
A Kagome no le gustó el tono meloso de su voz, y mucho menos que le dijera cariño y linda.
Quiso decirle algo acerca de no llamarla así, pero se arrepintió. No quería pelearse más con él. Algo en su interior le dijo que ya no le dijera más comentarios ofensivos, y que dejara que él le enseñara su forma de ser.
Se levantó de la silla y llevó su plato hacia el fregadero, en donde Kaede estaba limpiando algunos vasos.
— Déjalos aquí querida. Yo los limpiaré luego.
Y dándole una sonrisa a Kaede, se volvió hacia la mesa. Justo para ver cómo Inuyasha también se levantaba y se ponía el sombrero.
Al ver a Inuyasha con su sombrero negro y su camisa abierta hasta el pecho, Kagome sintió un hormigueo en el vientre y pensó que se
iba a caer cuando Inuyasha le regaló la más hermosa y sensual sonrisa que jamás le había dado nadie.
Hola a todos!
Aqui está mi nuevo cap, espero que lo hayan disfrutado mucho x3
Bueno, trate lo mejor que pude de alargar el cap, como lo me pidio twindpd1
Weno, los dejo porque necesito seguir con el proximo cap xD
Adois a todos, besos y un gran abrazo :3
P.S: como siempre, review? x3 jeje
Kamy
