Viktorique escuchó atenta. Desde que Remus abrió la boca para dar su respuesta, la chica no le quitó el ojo de encima. Remus hubiera preferido que la mirada de Viktorique no estuviera posada directamente en la suya. Pero como pudo, ser armó de valor y respondió:
–Viktorique, no se desde cuándo o por cuanto tiempo has sentido eso por mí. De antemano te agradezco que me quieras de esa manera. Yo lo cierto es que yo no merezco ese cariño. Tal vez solo le estoy echando la culpa a esto, pero tengo un secreto y eso me impide el poder estar contigo. No. Seré completamente sincero. El secreto que tengo no es la única razón por la cual no pueda aceptar tu petición. Me gustas. Me gustas como persona, como el buen ser humano que eres. Pero no puedo quererte de la misma manera que tú me quieres. Viktorique, estoy seguro que pronto encontrarás a alguien que valga la pena y que te quiera mucho, porque te lo mereces. Solo espero que puedas comprenderme y realmente lo siento. – Remus habló sin tomar aire. No hizo interrupciones y no dejó que Viktorique dijera algo. La chica tenía una mirada de sorpresa sorprendente y, después de unos segundos, suavizó el gesto. Unas sonoras carcajadas inundaron el silencio del jardín y Remus comenzó a preocuparse.
–Remus, si te niegas de esa manera solo harás que me gustes más. – Viktorique sonreía ampliamente. Remus pensó que ella lo había asimilado mejor de lo que pensaba, pero solo bastó con mirarla a los ojos por unos instantes para darse cuenta que estaba rota por dentro.
–Viktorique, en verdad lo siento. Yo… – Ella lo calló negando con la cabeza. Dio un paso al frente y abrazó a Remus con mucha suavidad, como si este se fuera a romper con cualquier movimiento.
–Remus, me gustaría ser capaz de poder saber tu secreto y ayudarte en lo que estuviera a mi alcance. – El calor de Viktorique llenó a Remus de una tranquilidad abrumadora. Aspiró su ligero aroma a cacao y hundió sus manos en su espeso cabello castaño claro. A Remus le agradaba sentir el cuerpo de Viktorique cerca del suyo. Durante unos segundos se imaginó su vida a lado de aquella mujer de ojos grandes y honestos. Pero algo le hacía falta. Una sonrisa perruna y una mirada penetrante y gamberra; olor a tabaco y a loción de madera. Nada se podía comparar con eso. Una vida sin Sirius no era vida, o a lo mejor ¿quería pasar su vida a lado de la de Sirius? Y no solo Sirius, James y Peter también. Remus nunca había sido bueno para hacer amigos. Y tampoco se sentía con la habilidad de atender una relación cuando se tiene amigos como ellos. Además, Viktorique podría llegar a ser una gran amiga, aunque eso probablemente sería un insulto para ella.
–Gracias, Viktorique. – Remus alejó a Viktorique con sumo cuidado. Los ojos de la chica estaban vidriosos y Remus quería hacer algo para que ella no estuviera tan triste.
–Remus. – Susurró en voz baja. – Me gustaría pedirte algo.
–Claro, lo que quieras.
–Bésame. – Remus se tensó un poco y miró a Viktorique confundido. Ella bajó la mirada y se sonrojó con ligereza. – Sé que no tengo derecho a pedirte algo como esto, pero por favor bésame. Y no te pediré nada nuca más. – El aire que corría revolvió sus cabellos. Ninguno de los dos se movió. ¿Besarla? ¿Él? ¿Cómo? ¿Estaría bien? Nunca había besado a nadie en su vida. Aunque eso no importaba mucho. Si con ese beso Remus lograría que Viktorique se sintiera un poquito mejor, ¿por qué no hacerlo? Dentro de su ser, Remus sabía que la culpa era tan grande que haría lo que fuera por esa chica. Así que, con manos temblorosas, agarró su rostro y se acercó a ella. Los labios de Viktorique eran suaves. Muy suaves. La tristeza y el dolor eran palpables en su boca y el beso se tornó húmedo y salado. Sobre las manos que se encontraban en el rostro de Viktorique, Remus pudo sentir las lágrimas resbalar por entres sus dedos. "¿Por qué papá ya no viene a casa? ¿Acaso ya no me quiere porque me transformo en lobo? ¿Regresará?" las respuestas de esas preguntas nunca llegaron a Remus. Y tampoco supo las respuestas de las preguntas que lo asaltaban en ese momento.
Sin saber cuándo o por qué, tal vez en el momento en que la calidez de la lengua de Viktorique invadió su boca, las lágrimas salieron de Remus. Si Sirius hubiera estado en ese momento, seguramente habría dicho algo como "que nenaza eres." Pero aun así, Remus no habría sabido responder por qué estaba llorando. Nadie lo sabía, ni él mismo.
La sangre corría por sus venas. Corría tan rápido que sentía que se le iba a salir. Sentía como desaparecía todo a su alrededor y solo quedaba esa imagen que se grabó en su cerebro. Era lo único que veía y vería por un tiempo. Chillido de dolor llegaban a sus oídos, pero su propio dolor y la furia, la ira que lo llenaban en ese momento callaron cualquier sonido. Estaba maldito. Él y toda su especie. El odio heredado de generación en generación por fin brotó en él y salió de golpe. En esos momentos el olor de la sangre era el perfume más hermoso que había olido jamás. Y su ser estaba muerto. Había sido dominado por la bestia y él era el verdadero monstruo. Porque lo que más le gustaba era matar. Y sentirse menos desdichado con el sufrimiento de los demás.
–James, ¿has visto a Sirius? – El solo estaba por ocultarse detrás de las montañas. La luz que se extinguía de manera lenta y constante iluminaba una parte de la sala común de Gryffindor, la cual se encontraba casi vacía a excepción de unos chicos de primero y James, Remus y Peter.
–Dijo que había olvidado algo en la torre de Astronomía. – Respondió James restándole importancia. Remus frunció ligeramente el ceño y James volvió a intentar concentrarse en su tarea. Pero en lo único que podía pensar era en esos labios delgados y en esos dientes perforando su piel. Aun podía sentir el calor de Severus sobre su cuerpo y parecía que cada vez que movía la rodilla, volvía a frotar esa pequeña rigidez en la entrepierna de Snape. James leía palabras sin sentido mientras su mente vagaba y fantaseaba.
–James. – Una vez más sus pensamientos fueron interrumpidos por Remus. – ¿Estás seguro que Sirius te dijo que iba a la torre de astronomía? – ¿Por qué de repente Remus estaba tan preocupado acerca de donde se encontraba Sirius? Desde hace un par de días que esos dos estaban raros y se comportaban de una manera misteriosa. James estaba seguro que se traían algo entre manos. Pero no había pensado mucho en eso puesto que tenía asuntos más importantes que atender. Como por ejemplo, descubrir que sonidos hacía Severus Snape cada vez que se masturbaba o que expresiones ponía cuando llegaba al orgasmo.
–Pues eso fue lo que me dijo. – La expresión ceñuda de Remus no cambió y James hizo un esfuerzo para que el calor no se le subiera a las mejillas.
–Tal vez esta con una chica. – La vocecilla de Peter sonó baja pero fue suficiente para que James pudiera pensar en algo más que Snape a la hora de masturbarse.
–¡Tal vez está con esa chica!
–¿Esa chica?
–¡Si! ¿No sabían? – Peter dejó de escribir en su pergamino y miró a James impaciente. Remus no relajó la expresión pero pareció interesarse en el tema.
–¡A canuto el gusta una chica! – James habló bajo y con emoción en la voz. El chico esperaba que sus amigos se soprendieran al igual que él, pero ninguno de los dos hizo movimiento alguno. Parecía como si les hubiera lanzado un hechizo petrificus totales a ambos. – ¿Chicos?
–¿Qué broma es esa, James? – Preguntó Peter en un susurro apenas audible. Remus seguía exactamente igual a como había estado antes de escuchar la noticia y James se preguntó por qué la reacción de sus amigos era tan exagerada. Si, vale. A Sirius Black le gustaba alguien. Hasta Sirius Black podía sentir ese cosquilleo en el estómago por una persona en específico. Sirius Black también era humano al igual que ellos tres. Entonces, ¿Por qué tanta conmoción por el asunto?
–A ver Pete. Dije que a Sirius le gustaba una chica, no que se había muerto alguien. ¿Por qué esas caras, chicos? – Ninguno de los respondió. – ¿No se alegran por nuestro pulgoso amigo? – Remus pareció salir de un trance y carraspeó un poco.
–¿Una chica?
–Sí, lunático. A menos que esa chica tenga pene y no me haya dicho nada.
–Vaya. Pues bien por él.
–¿Bien por él? – James sacudió la cabeza incrédulo. "Algo muy serio está pasando entre ellos." ¿Desde cuándo Remus respondía un "bien por él" para una situación como esa? NUNCA. A James le habían cambiado a su Remus. Ni siquiera Peter estaba así. La estupefacción se había alejado de él y ya se veía más animado, puesto que asimiló que Sirius también podía querer a alguien de esa manera.
–Pues si. Si está interesado en alguien, felicidades. Tal vez algún día nos lo diga. – Raro, raro, raro. MUY raro. ¿Quién era esa persona que veía al piso con el ceño fruncido y los labios apretados mientras salían palabras de su boca que no cuadraban con su personalidad? ¿Y qué pasaba con ese tono de enojo reprimido que se asomaba por la voz de Remus? ¿Acaso eso se debía a los vestigios que la luna dejaba sobre él?
–Lunático, hermano, ¿estás bien? – Preguntó James preocupado. Remus lo miró y se perdió durante unos instantes en los ojos de James. "¿Qué te pasa, Remus? Puedes contar conmigo."
–Lo siento. Estoy un poco cansado. Creo que aún no me recupero del todo de lo de ayer. – Peter movió la cabeza de manera comprensiva, creyendo las palabras que Remus les había dicho. Pero James no las creyó del todo. A pesar de eso, dejó que su amigo se fuera a descansar un rato y trató de despejar su mente de pensamientos raros y no sanos sobre cierta persona. Habló de quidditch y como sería la chica que traía babeando a Sirius con Peter. Ambos dialogaron cobre el tema hasta que llegó la hora de la cena. Subieron al cuarto de los chicos por Remus y los tres bajaron al Gran Comedor. James estaba seguro que ahí encontrarían a Sirus sentado en la mesa de Gryffindor, con diez bollitos de mantequilla en su plato; pero la sorpresa fue tan grane que la preocupación y la inquietud comenzaron a crecer dentro de él. De los casi seis años de que Sirius había sido su mejor amigo, ni una sola vez se había saltado la cena o alguna otra comida. Ni en esa ocasión en la que estuvieron entrenando para la final contra Slytherin, y tampoco en aquella vez que lo castigaron hasta tarde. Para Sirius la comida era algo sagrado. Fue por eso que, evitando que Remus lo escuchara, le dijo a Peter:
–Terminando de aquí, vamos a buscar a Sirius.
Las actividades de prefecto siempre habían sido algo fácil. Evitar que los alumnos hicieran mucho alboroto y tener una voz fuerte y autoritaria. A Lily se le daba muy bien. Todos sabían que cuando ponía los brazos en jarras era porque iba en serio y tenías que obedecer lo que te estaba diciendo. Ella se sentía orgullosa y le gustaba dar órdenes, aunque no lo admitiera del todo. Pero Remus era harina de otro costal.
–Remus, ¿Te encuentras bien hoy? – La chica sabía que Remus era un chico responsable y extremadamente amable. Remus era una persona tan tranquila que Lily no podía entender cómo demonios era posible que fuera amigo del idiota de Potter y el estúpido de Black. Era tan diferente a ellos que no lograba concebir una escena en donde Remus se encontrara con ellos mientras realizaban sus travesuras. Y otra cosa que lo diferenciaba también de esos dos era que Remus era muy fácil de leer. Bueno, resultaba fácil poder leerlo si se le conocía lo suficientemente bien. Y Lily llevaba conociendo a Remus desde hace ya un tiempo. Todo empezó en segundo año, cuando Lily fue a la biblioteca para encontrar algo bueno que leer y se encontró con Remus. Al principio Lily no pudo creer que un amigo de esos dos se encontrara en un lugar como ese, pero resultó que ambos querían el mismo libro y la perspectiva que tenía Lily sobre Remus cambio totalmente. Fue a partir de ese momento en el que comenzó a acercarse a él y, con el paso de los años, logró comprender más sobre su tranquilo amigo.
El aludido giró su rostro bruscamente hacia Lily y sonrió de manera forzada.
–¿Por qué no habría de estarlo? – Lily entrecerró los ojos y lo miró incrédula.
–No te creo nadita. Tú tienes algo. – Remus evitó la mirada dela chica con el pretexto de recoger un libro olvidado cerca de donde se encontraban.
–Ya te dije que estoy bien, Lily. – Respondió Remus de una forma muy poco convincente. Lily pudo observar como su amigo apretaba los labios hasta formar una fina línea con ellos y sus cejas bajaban en una expresión algo triste. Entonces Lily recordó que Black no se había mostrado en todo la tarde. Y vaya que se notó su ausencia ya que normalmente siempre se encontraba ladrando estupideces y riendo como idiota. Así que Lily decidió cambiar su estrategia. Tal vez el extraño ánimo de Remus se debía a la repentina desaparición de Black.
–Lo que digas. Por cierto, Black no se ha mostrado en toda la tarde. – Lily esperó a que sus palabras hicieran efecto. Al principio fue un poco difícil puesto que Remus no era una persona muy abierta, pero con el tiempo Lily aprendió a leer sus miradas y a entender sus expresiones y en momento como ese ponía en prueba su habilidad.
–¿Sirius? – Las manos de Remus se tensaron y Lily observó una expresión nueva en su amigo. – No me había fijado.
–Eres un pésimo mentiroso, Remus. – Remus desvió la mirada de su amiga y la luz de su varita se comenzó a opacar. Probablemente Remus no sabía en donde estaba Sirius, pero si sabía el porqué de su ausencia tal vez Lily no lograría sacarle esa información, pero siempre podía servir de ayuda en algo.
–Remus. – Habló en voz baja y suave. – Si te peleaste con Black y necesitas hablar con alguien, sabes que puedes contar conmigo. – El chico no respondió, pero agradeció con un gesto. Al igual que Severus, Remus prefería pensar las cosas y tomar una decisión por ellos mismos. Ella sabía que contaba con la confianza de Remus y que en algún momento este le diría que problema tenía.
Caminaron en silencio, recorriendo los largos pasillos del colegio. La ronda de prefectos estaba por terminar cuando Remus decidió desahogarse un poco.
–Lily.
–¿Si?
–¿Alguna vez te has peleado con tu mejor amigo? – Sin poder evitarlo, Lily sonrió.
–Sí. – Remus guardo silencio y meditó sobre el asunto. Lily sabía de antemano que Remus era una persona insegura, y había oído rumores sobre que una chica de Ravenclaw se le había declarado. Todo eso sumado a la "desaparición" de Black, hizo que Lily pudiera comprender un poco mejor el asunto. – ¿Te has peleado con Black por esa chica, Remus?
–No lo sé. – La voz de Remus sonó desanimada y sus hombros se cayeron un poco. El corazón de Lily latió por la ternura de ver a su amigo así. Parecía realmente afligido y preocupado por Black. Lily aun no podía creer lo mucho que Remus quería a ese descerebrado. – Últimamente ha estado actuando muy extraño; desde lo ocurrido con Viktorique. Y hace rato él… – Remus se mordió la lengua y Lily reprimió sus ganas de apremiarlo a que prosiguiera. Sabía que lo mejor era no presionar a Remus, pero su mirada estaba llena de confusión y Lily no pudo evitarlo.
–¿Él?
–Actuó raro. – Lily frunció el ceño no muy a gusto con la respuesta pero no insistió. Lily meditó durante unos segundos sobre el problema y la respuesta le llegó tan rápido que se sorprendió de no haberla sabido antes.
–Black esta celoso. – Remus bajó la varita y su rostro quedó ligeramente escondido en la obscuridad. Lily no podía ver muy bien su expresión pero sabía que Remus la miraba consternado.
–Ya.
–Es en serio, Remus. A ver; intenta pensar un poco como el niñato de Black. Él vive en su mundo de fantasías en donde sus amigos lo son todo para él. Le gusta revolotear alrededor de las chicas y subirles las faldas pero no pasa de ahí. El prefiere mil veces estar con ustedes o jugar quidditch que andar en serio con una mujer. Es obvio que cuando una chica linda, que pasa de él, se acerca a ti, uno de sus mejores amigos y el más responsable y con más sentido de la decencia que los otros tres, se ponga celoso. Y ojo, no de ti sino de ella. – Lily puso una expresión que dejaba en claro que lo que había dicho era más que obvio y que cualquiera podría darse cuenta de eso. Pero Remus no respondió y siguió caminando en silencio.
Lily no tenía mucha experiencia con chicos. Ni románticas, ni no románticas. Su mejor amigo era un chico, pero Severus era especial y no era un idiota que pensaba con el pene antes que con el cerebro. Y su otro amigo hombre era igual. Pero aun así, Lily siempre había tenido una mentalidad asombrosa para saber tan siquiera lo básico para entender como actuaba o pensaba una persona y Sirius era un ser humano extremadamente fácil de leer. Si estaba enojado ladraba y gritaba su enojo; si estaba feliz reía y gritaba su alegría. Y al parecer esos eran los únicos estados de ánimo que había conocido hasta ahora. Muy a su pesar, Lily tenía de admitir que Black amaba a sus amigos y daría su vida por ellos; pero Remus siempre había sido tratado diferente. Nadie se podía acercar a él porque Sirius ya estaba ahí para quitarte, y cuidado si le hacías algo porque te las veías con Black. Era innecesario, pero Sirius sobreprotegía a Remus como si no quisiera que nada le pasara. Era más que obvio que quisiera alejar a esa chica de su amigo y posiblemente era la primera vez que sentía algo así. Lo peor todo era que los problemas no solo los acarreaba él y se llevaba a Remus consigo.
Lily echó una ojeado a su amigo y su rostro el indicó que esos chicos tenían que aclarar las cosas lo antes posible.
James y Peter entraron a la sala común de Gryffindor de puntillas. Después de un par de cortejos a la Señora Gorda por parte de James, los chicos pasaron arrastrando la derrota en sus espaldas.
Después de la cena, James cogió su capa de la invisibilidad y él y Peter se fueron a buscar a Sirius por todo el castillo. Evitaron a los prefectos con éxito, aunque Peter tuvo que arrastrar a James para que siguiera caminando cuando pasaron cerca de Lily y Remus; pero a pesar de haber buscado con ahínco, no lo encontraron por ningún lado. James estaba más que preocupado y fue gracias a eso que por fin pudo deshacerse de los pensamientos de Severus, y vaya a qué precio. James sabía que su amigo estaba bien, que nada malo le había ocurrido porque, por Merlín, estaban en el lugar más seguro de toda jodida Gran Bretaña. Pero algo le incomodaba en el estómago cuando habló con él por el espejo, Sirius había estado raro. Su mirada parecía ausente y James notó en su insistencia sobre saber en dónde estaba Remus. Aunque eso no era algo raro en él puesto que Sirius siempre quería meter su nariz cuando se trataba de Remus; pero James sentía que había algo más, algo diferente que Sirius no le había dicho y se maldijo a si mismo por haber descuidado tanto a sus amigos y solo haber estado pensando en él y en el estúpido de quejicus.
–No te preocupes, James. – Trató de tranquilizarlo Peter en voz baja. – Ya verás que Sirius ha de estar haciendo una gran guarrada y por eso no lo hemos visto. – James sonrió son ganas pero seguía sin convencerse. Juraba por Merlín que el problema no solo era Sirius y que había alguien más implicado en él. Y ahora que lo recordaba, Remus había estado muy extraño durante la tarde y ni siquiera les dijo que había pasado con Viktorique. Lo primero que hizo al verlo fue preguntar por Sirius. "vaya". La mente de James se aclaró por unos segundos. Tal vez Remus y Sirius se habían peleado. Sonaba lógico a pesar de que esos dos siempre estuvieran discutiendo, pero ninguno había desaparecido con anterioridad y siempre terminaban reconciliados en menos de una hora; obviamente, Remus disculpándose con Sirius. A lo mejor en esa ocasión la cosa era seria y James volvió a reprocharse por haber sido tan descuidado.
Los chicos subieron hacia los dormitorios y al entrar se quedaron pasmados. Peter tuvo que taparse la boca para no gritar del asombro y James simplemente se quedó de piedra. Sirius se encontraba en medio de la habitación y su cuerpo desnudo estaba bañado por la luz de la luna que se filtraba por la pequeña ventana del cuarto. Se encontraba de espaldas y James notó las heridas que perforaban su piel. Se veían bastante dolorosas y profundas y James supo de inmediato que Sirius había salido, como animal y no en luna llena.
–Sirius, hermano… – La voz de James sonó queda, casi apagada. Sirius se volteó y James tuvo miedo.
Sirius agradeció que James no le preguntara nada. Tampoco tuvo ningún sentimiento cuando los ojos de su mejor amigo mostraron miedo. En ese momento todo le daba igual. Dentro de él solo reinaba la ira y el odio, y la calma que había logrado después de su arrebato de furia parecía querer romperse. Al parecer no había sido suficiente haber destruido cualquier cosa que se encontrara en su camino y haberse lastimado hasta no sentir dolor. Pero nunca era suficiente. Nunca podría sacar esa sangre maldita que corría por sus venas. Jamás iba a arrancar las heridas no visibles en su piel que su madre y su familia habían ocasionado. Solo tenía quince jodidos años y no creía ser capaz de querer a alguien como lo quería a él. Porque su jodido nombre se enterraba en sus entrañas y sus recuerdos en su alma, y hubiera sido mejor que se hubiera muerto puesto que así no tendría que ver su estúpida y hermosa cara. Pero, ¿era amor lo que sentía hacia él?, ¿o ese sentimiento había sido provocado por el enorme ímpetu de tratar de ser una mejor persona, de eliminar todo lo malo y podrido de su vida y llenarlo con la pureza y humildad que él emanaba? Joder, que difícil era mencionar su nombre.
–Préstame tu capa. – Sonó más como una orden y Peter se estremeció al oír la voz de Sirius. James dudó por unos segundos, pero al final le extendió la capa a su amigo. Sirius la tomó y se acercó a su baúl para coger sus cosas de aseo personal. Siguió impasible y actuó con moderación, pero los ojos de sus amigos sobre su espalda lo molestaban y reprimió las ganas de ladrarles que dejaran de observarlo. Sabía que ellos no tenían la culpa de nada y que su odio hacia todo era en realidad el odio acumulado durante toda su miserable vida, aun así no pudo evitar mirarlos con desagrado cuando pasó junto a ellos y salió de la habitación.
Caminó por los obscuros pasillos del colegio y con la capa puesta. No supo muy bien como pero logró llegar hasta el baño de los hombres. Sin previo aviso el recuerdo de él en ese mismo lugar, con la ropa mojada y la boca a centímetros de la suya, lo asaltó y gruño con ferocidad. Quiso gritar pero ya había gritado lo suficiente y estaba seguro que si lo volvía a hacer no podría emitir sonido alguno al día siguiente. Así que sacudió al cabeza y entró en la regadera más alejada de la entrada. Sirius siempre había disfrutado del baño puesto que era el momento en donde su cuerpo se relajaba por el agua caliente que salía del grifo, pero en esa ocasión lo menos que quería era relajarse. Prefería seguir en el bosque en su forma de perro y no estaba seguro de porque había ido al colegio. Es más, no se sentía seguro de muchas cosas en ese momento y era lo que más le enfurecía. Odiaba no saber lo que sentía, que significaba el calor y los espasmos que llenaban su cuerpo; odiaba haber sido grosero con las únicas personas en el mundo que lo aceptaban como era; odiaba la mirada que James puso al verlo; odiaba a esa chica y por sobre todo se odiaba a sí mismo.
El agua hervía sobre su cuerpo y limpiaba la tierra que se había pegado a este. Sus heridas dolían pero no era algo que no hubiera podido soportar antes. Por sus mejillas corría algo caliente ajeno al agua que azotaba su espalda. Hacía muchos años que no sentía esa sensación, desde que había sido un crio y juro no volver a tenerla nunca.
Sirius Black odiaba llorar y lo peor era que no sabía por qué lo hacía.
