Notas de la traductora: Aquí lo tienen, el episodio 10 de este fanfic ^^ muchas gracias por sus comentarios. Como nadie ha dicho nada al respecto de como traduzco lo tomaré como que voy bien jajaja =D los días se me han hecho un tanto complicados, tengo mucho que hacer y entre esto, un nuevo one-shot que estoy escribiendo (Inuyasha) y búsqueda de trabajo, casi olvidaba traducir el episodio de hoy martes xDU en fin espero sus mensajes y ¡hasta el próximo viernes! ^^

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Notas del Autor: Este es un capítulo inusualmente corto. Lo lamento. Para compensarlo, el siguiente capítulo será más largo.


El Quinto Acto

Capítulo 10

Por Sinnatious


El chocobo galopaba incansablemente bajo sus pies. Con un suspiro, Cloud desmontó de él y canceló el Atrae Chocobo. El ave escapó inmediatamente. Los chocobos salvajes se mostraban muy nerviosos cuando eran montados, aún bajo su mano experimentada.

Midgar se alzaba en el horizonte, con una bruma producto de la contaminación que impedía definirla del todo. Cloud rascó la tierra con su bota. Por muchos años, la Espada Mortal había marcado la tumba de Zack en este mismo punto.

Tal vez era un poco morboso hacer esta parada a su regreso, pero el recuerdo le hacía sentirse bien. Si todo salía de acuerdo al plan, este punto en las colinas permanecería como nada más que un aburrido acantilado, indistinguible entre los kilómetros de roca que rodean la cordillera.

Al final, Zack no había sido capaz de girar su cabeza para ver la metrópolis por la cual había trabajado muy duro para regresar. Le tomó a Cloud más de un día para arrastrarse a sí mismo ahí, con su cabeza inundada por una afluencia de recuerdos foráneos, tirando de la Espada Mortal tras él. A Zack pudo haberle tomado solo horas el hacer el mismo viaje.

Lanzó otro suspiro y Cloud comenzó a dirigirse penosamente hacia las puertas de la ciudad. En el centro de esa metrópolis se encontraban los cuarteles centrales de ShinRa, por lo tanto también Hojou y Sephiroth estarían ahí; con suerte Jenova también. Aún no sabía cómo enfrentarse a eso. Hojou probablemente se encontraba en lo profundo del Departamento Científico. Podía encargarse de la infantería, pero si tenía que enfrentarse a un completo escuadrón de SOLDADOs, y además al General... Necesitaba encontrar un modo de infiltrarse al edificio. ¿Tal vez algo similar al plan que Avalancha había usado cuando habían acudido a rescatar a Aerith? Eso involucraría algunos empinados sobornos para obtener las cartas y disfraces necesarios, pero tenía pocos gils a su nombre ahora, obtenido gracias a un par de días corriendo chocobos en el Gold Saucer. Ese gil estaba destinado para alojamiento y comida, pero probablemente podría reunir suficiente y dejar los límites de la ciudad de nuevo, para matar algunos monstruos si se quedaba corto de fondos. Lo que fuera para llegar a Hojou.

Entonces, una vez dentro, cierta cabeza del Departamento Científico descubriría que su carrera había llegado a un abrupto final.

ShinRa no se iba a enterar de qué los golpeó.

Pero primero, había un lugar que necesitaba ver.


Zack observó hacia arriba, al nuevo y reparado techo. "¿Qué es lo que opinas? Muy bueno, ¿verdad?"

Aerith giró su cabeza de un lado a otro, con un dedo sobre su mejilla "Hmmm... funcionará."

"¿Qué? ¡Está muchísimo mejor de lo que estaba antes!"

"Los colores no combinan."

"Pero de esa forma es más interesante, ¿verdad?"

Ella soltó una pequeña risita. "Supongo."

Zack rió de lado y se dejó caer en el suelo, extendiéndose en el piso de madera. Aerith se arrodilló a un lado de las flores. "Ya lo ves, ¡Te dije que tenía práctica usando el martillo! Solía hacer todo tipo de reparaciones en mi hogar en Gongaga. La próxima vez te construiré un carrito para tus flores, ¿está bien?"

"¿Midgar llena de flores, mi billetera llena de dinero?" bromeó ella.

"¡Tú si sabes!"

Se rió otra vez y atendió las flores tranquilamente, mientras Zack tomaba un respiro, dándose un merecido descanso luego de haber estado trepado por todo el techo. El aire en Midgar olía mal comparado con el de Gongaga, pero dentro de la iglesia, la fragancia de la tierra removida y las flores casi podían engañarlo y hacerle creer que estaba de vuelta en el campo, bajo los cielos abiertos y el cálido sol.

Después de un tiempo te acostumbrabas a los suburbios – tenían un tipo de encanto propio, aunque en su caso, el encanto tenía el nombre de Aerith. Se encontró vagando hacia el Sector 5 siempre que no tenía alguna misión durante estos días. A veces iba al parque o hacía alguna parada en el Mercado del Muro, pero Zack prefería por mucho los tranquilos momentos como este donde se sentaban en la iglesia como ahora. Nunca se cansaría de observar a Aerith atendiendo las flores.

Ella se detuvo, con su mirada perdida por un momento, como si estuviera escuchando algo que Zack no podía oír. Aerith hacía eso a veces. "Ah..." Se puso de pie y sacudió la tierra del dobladillo de su falda, observando hacia las puertas. "Alguien interesante se aproxima."

"¿Interesante?" Preguntó Zack con curiosidad aún recostado en el piso de la iglesia.

"Así es. ¿Cómo lo debería decir?" Golpeó un dedo contra su mejilla. "Es un acertijo."

"Oye, ¿de quién estás hablando? No tendrás otro novio que hayas estado ocultando de mí, ¿verdad?" se burló Zack.

Ella sonrió desvergonzadamente. "Tal vez tenga un centenar de novios."

"Sin duda eres lo suficientemente bonita para eso."

Otra pequeña risa. "Eres dulce. Es por eso que los dejé a todos por ti."

La puerta crujió mientras se abría antes de que Zack pudiera contestar. "¡Hola!" Llamó Aerith, con su voz haciendo un eco suave en el espacio cavernoso. "Nunca te había visto por aquí antes. ¿Estás perdido?"

Los pasos – pesados, de botas – se detuvieron abruptamente.

"Olvidé que..." farfulló el extraño, y después se corrigió rápidamente. "No pensé que nadie estaría aquí."

Zack se rió, poniéndose de pie en un movimiento practicado que nunca fallaba en impresionar a su chica. Al menos, cuando lo hacía sobre suelo resistente. "El lugar está un poco deteriorado. Probablemente tampoco le ayuda cuando la gente llega estrellándose a través del techo."

El desconocido se sobresaltó al escuchar su voz y Zack estaba similarmente sorprendido por su apariencia. Las palabras habían sido dichas con suavidad, así que había esperado a algún perdido y nervioso mercante. En su lugar, se encontraba frente a un guerrero. Cubierto de polvo y suciedad, con gran poder contenido, una tranquila confianza, una espada en su espalda y...

"Ojos de mako," susurró Zack, con su mano dirigiéndose a su espada. "Apártate, Aerith."

Ella inclinó su cabeza hacia él. "¿Mmm? ¿Por qué?"

El desconocido lucía igual de conmocionado. "... ¿Zack?" graznó.

Ya que Aerith no parecía tener intenciones de moverse, en su lugar Zack se colocó al frente de ella. "¿Cómo sabes mi nombre?"

El hombre levantó sus manos en un gesto de inocencia, con sus ojos azules abiertos ampliamente. "¿No eres un SOLDADO?"

"Lo soy, pero no recuerdo haberte visto antes." SOLDADO no era tan grande – luego de las pérdidas en Wutai, quizá había unos setenta en las tres clases y, a la mayoría de ellos, él los conocía al menos de vista.

"¿Qué? No es-oh. Yo no estoy en SOLDADO. Yo solo soy..." En ese momento el extraño lucía de hecho avergonzado. "He escuchado de ti, es todo."

Zack no lucía convencido. "¿Escuchado de mí?"

"... ¿Todas las cosas buenas?" Las palabras fueron dichas lentamente e inseguras.

"Zack, detente, estás asustando al pobre hombre," le reprendió Aerith.

"¡Él es peligroso!"

"No lo es, tonto, ni siquiera le hemos preguntado quién es." Ella salió de detrás de Zack y preguntó, "¿Cuál es tu nombre?"

El rubio les había estado observando en una especie de trance mientras discutían y saltó ante la pregunta. "Cloud."

"Es un placer conocerte, Cloud. Yo soy Aerith y parece que ya conoces a este gran tonto de Zack."

"¡No soy tonto! ¡Aerith, deberías de ser más precavida!" replicó Zack.

"Él tiene razón," añadió Cloud, con su voz suave, pero de alguna manera llevada sin esfuerzo a través de la distancia. "Deberías tener más cuidado. ¿Qué si alguien intenta secuestrarte?"

Aerith se abrazó del brazo de Zack, dirigiéndole una mirada triunfadora. "¿Acaso no vez a este grande y fuerte SOLDADO que tengo aquí para protegerme?"

Zack no pudo evitar sentir cómo su pecho se inflaba ante eso, pero la mirada en el rostro de Cloud le hizo sentirse mal. Tenía una expresión tan triste y melancólica...

Está bien, quizá el tipo no era peligroso después de todo. Realmente parecía como si solo se hubiera tropezado con la iglesia por casualidad. "Entonces, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Eres nuevo en la ciudad? ¿Y por qué estás vestido como un SOLDADO?"

Le tomó un largo rato al rubio para responder – no parecía ser del tipo de persona que soliera hablar naturalmente. "SOLDADO no tiene uso exclusivo de trajes de color negro. Siempre he usado esto."

Zack tenía que darle crédito por eso. Y no era como si su uniforme fuera una copia exacta – solo portaba una hombrera, y la que tenía no era una de las regulares. Y los trajes de SOLDADO tampoco tenían un cierre al frente. Diablos, había trajes de imitación que se vendían para fiestas de disfraces que eran más realistas que esto. Pero teniendo en cuenta que la mayoría de los Primera Clase solían brincarse la regulación de los uniformes abiertamente, se le podía perdonar por haber asumido que él también lo era, ¿verdad?

"Es práctico," agregó el rubio, luego de una pausa, con un aire de haber pasado por esa conversación ya muchas veces. Ahora que lo pensaba, probablemente así había sido.

"Está bien, está bien, no eres un SOLDADO, aún y cuando vistes como uno y tienes ojos de mako. Aún no has contestado mi primer pregunta."

Cloud parpadeó, pareciendo confundido por un momento.

"¿Qué te trae por aquí?" Le solicitó Aerith.

Ambos esperaron mientras la pregunta era procesada "... El día de hoy acabo de llegar a Midgar. Estaba buscando un lugar para descansar por un tiempo. Lo lamento. La iglesia parecía..." Se quedó callado y la frase permaneció en el aire incómodamente.

"Está bien," Le aseguró Aerith, sonriente. "Puedes descansar aquí, siempre y cuando no dañes las flores."

La expresión de Cloud se relajó notoriamente al observar el jardín. "Son hermosas," le concedió.

Su sonrisa se ensanchó ante el cumplido. "¿Lo ves? Midgar puede ser un lugar lindo. Apuesto que amaras este sitio. ¿Tienes alguna familia o amigos por aquí cerca?"

El rubio negó con la cabeza, tensándose otra vez. "No, ellos están... ya no están aquí."

Zack sintió un impulso de simpatía hacia el sujeto. Por su postura incómoda, no parecía ser del tipo de persona que tuviera una larga lista de amigos para empezar, y el perder los lazos que tenías... Era otro caso de algún mercenario solitario que venía a Midgar para tener un nuevo inicio, solo para llegar aquí sin un solo gil a su nombre y descubriendo que la ciudad de los sueños era más que nada mentiras. "Lamento escuchar eso, hombre. ¿Has conseguido ya algún trabajo?

Se encogió de hombros, haciendo un gesto hacia sus ojos. "Ha sido difícil por culpa de esto. La mayoría de la gente piensa que soy un ex-SOLDADO."

"Sí, hablando de eso... ¿estás seguro de que no lo eres?" Estaba de acuerdo en que Cloud no parecía un mal tipo, pero Zack simplemente no podía ignorar los ojos de mako o el gran pedazo de metal en su espalda.

Aerith lo codeó. "Zack, ¡deja de estarlo molestando!"

"¡Ay, ay, lo siento! ¿Pero no tienes al menos un poco de curiosidad?"

Cloud sonrió por sus travesuras, aunque era solo algo pequeño y tentativo el SOLDADO Segunda Clase inmediatamente se sintió acosado por las ganas de hacer crecer esa sonrisa.

"Oye – ay - ¿sabes? ShinRa es casi el único lugar con trabajo en la ciudad," Ofreció Zack mientras Aerith terminaba de lastimar la última de sus costillas. "Deberías aplicar para ingresar al ejército."

No tuvo el efecto esperado – la sonrisa se había desvanecido tan rápido como había aparecido, siendo reemplazada nuevamente por la distanciada y fría máscara de un guerrero indiferente. Algo sobre eso se le hacía familiar. ¿Dónde había visto antes esa mirada?

Ah, si. En el General Sephiroth.

"...En realidad no estoy seguro de estar hecho para la armada."

Zack no se estaba creyendo nada de eso. "¿Estás bromeando? Tienes que ser un decente luchador. Esas materias parecen estar en nivel maestro." También quería preguntar por ellas, pero Aerith se mantenía lanzándole miradas.

"Sí se luchar," Se defendió Cloud. "Es el resto de la armada de lo que no se."

¿Inseguridad? A primera vista nunca se habría imaginado eso del sujeto, pero bien, las apariencias podían ser engañosas. "¿Estás preocupado por no saber si te adaptarás? ¡No te preocupes mucho por eso! ¡Si le agradas a Aerith, te irá bien!" La pareja compartió una sonrisa atrevida y Zack casi se descarriló ¡por lo increíblemente linda que era su novia! Había encontrado a la mejor chica del planeta, definitivamente. "¡Quizá hasta puedas encontrar a algunas personas que conozcas! Todos vienen a Midgar por estos días. ¿De dónde eres tú?"

"Nibelheim." Tan pronto como la palabra salió de su boca, los ojos del rubio se abrieron en pánico y Zack supuso que debería de haber estado avergonzado. Pero en eso, al menos, ya tenía experiencia.

"¡Nibelheim! ¡Eso suena tan alejado de la civilización!"

Incómodo, Cloud le contestó, "¿Ah sí? Entonces, ¿tú de dónde eres?"

Zack brincó sobre las puntas de sus pies. "Gongaga."

"Y eso no suena alejado de la civilización en lo absoluto."

Se rió, con el sonido haciendo eco placenteramente en el interior de la iglesia. "¡Me atrapaste! Déjame adivinar, hay un reactor cerca y absolutamente-"

"Nada más en el lugar," finalizaron al unísono.

"Hombres," declaró Aerith con una fuerte sacudida de su cabeza.

Sonriendo, Zack no podía recordar siquiera cuando había soltado su espada. Eso lo explicaba todo confortablemente. Algunas veces los niños que crecían cerca de reactores rurales podían obtener un débil brillo de mako en sus ojos, aunque normalmente se desvanecía cuando se volvían adultos o se mudaban a otro lugar. Y cualquiera que se atreviera a vagar más allá de los límites de la ciudad en estos días se arriesgaba a encontrarse con algunos asquerosos monstruos, así que la espada y las materias en nivel maestro no eran gran cosa. Contento con sus conjeturas que lo explicaban todo, se relajó por algunos minutos mientras compartían historias sobre las pequeñas ciudades con Aerith haciendo de vez en cuando alguna pregunta extraña. Cloud tomó la sorpresa de su protegida vista de la ciudad con mucha más calma que la primera vez que Zack había sido expuesto a ella, pero bueno, el hombre tenía una cara de póker. Tal vez solo estaba siendo cortés.

Eventualmente hubo una breve pausa en la conversación y Aerith observó a través de las ventanas. "Se está poniendo oscuro. Mi tía podría empezar a preocuparse. Debería regresar."

Tenía razón – la poca luz natural que se filtraba por debajo de la placa estaba desapareciendo rápidamente. "Te encaminaré," Ofreció Zack "Ah, pero escucha, Cloud – solo en caso de que cambies tu mente-" Y estaba seguro de que lo haría tan pronto como viera la falta de algún otro tipo de trabajo en Midgar. "-tengo una misión yo solo el día de mañana, por la mañana para ir a eliminar una infestación de monstruos en un almacén del Sector 8. ¿Por qué no te me unes?"

El rubio lucía sorprendido por la oferta, así que el SOLDADO Segunda Clase continuó antes de que pudiera protestar. "No me molestaría tener algo de refuerzos ¡y tú podrías recibir una prueba del tipo de trabajo que podrías terminar haciendo! Quiero decir, tienes que pasar un examen y otras cosas para ingresar a SOLDADO pero si eres un especialista en espadas, ahí es a donde aspirarías a entrar, ¿estoy en lo cierto?"

"Yo-"

"¡Estupendo!" Zack le dio un amistoso y fuerte golpe en el hombro. "Te veré afuera del Mercado del Muro las cero novecientas horas, ¿de acuerdo?"

"Pero-" Intentó decir Cloud de nuevo.

"No te molestes," Le susurró Aerith cuando pasó por su lado. "Ya lo ha decidido. No tienes ya ninguna posibilidad."