Chances are
Alemania, Konvikt strasse, apartamento N° 45, piso 6.
Sin darme cuenta el fin de semana se había ido volando, a diferencia de muchas otras personas, a mí no me molestaba el hecho de que el fin de semana fuera tan corto; ya que a mí no me molestaba ir a la escuela, porque el arte era algo que verdaderamente me apasionaba demasiado, además, cada vez que llegaba el lunes podía ver a Eren y eso era algo bueno. Podría decirse que de alguna manera extremadamente rara, yo odiaba los fines de semana. No tenía nada que hacer, más que limpiar, pero al final terminaba demasiado pronto porque mi mamá también era una loca de la limpieza, así que no había mucho por hacer en el pequeño departamento en donde vivíamos.
Tenía muchas razones para esperar el lunes con ansías cada vez que el viernes llegaba. Y me sentía bien con esa nueva rutina que incluía ver a Eren por pequeños ratos durante toda la semana.
—Últimamente te ves de mejor humor.— Comentó de pronto mi mamá y enseguida se llevo una bolita deforme de sandía a la boca.
—Hm...
Encogí los hombros y continué picoteando el trocito de piña en mi plato con el tenedor. Siempre había odiado la piña y mi mamá siempre se había empeñado a que la comiera, pues según ella, tenía demasiados beneficios para la salud, además, ella había dicho que mientras viviera en su casa, comería lo que ella preparaba, tan sencillo como eso.
—¿Sucedió algo que te tenga así?— Se sirvió un poco de café y después le puso dos cucharadas de azúcar, levanté la vista, pero no respondí, así que ella continuó insistiendo.— No sé, ¿en la escuela?
—No lo creo— Hice una mueca con los labios y opté por dejar a la pobre piña en paz, clavando ahora el tenedor en un pedazo de melón.— Lo mismo que te dije el otro día, acerca de los dibujos en 3D. Nada nuevo.
—¡Ya sé!— Soltó en un pequeño grito que a mí me hizo respingar sobre la silla.— Por fin te llegó tu carta de Hogwarts.
Dejo salir una pequeña risita llena de burla por recordarme mi niñez y lo obsesionado que estaba con la idea de ir a Hogwarts y montarme sobre un dragón, ante ese comentario, sólo puse los ojos en blanco mientras me dedicaba a masticar el pedazo de melón.
—Mamá— Dije una vez que me terminé el bocado.— Era pequeño, tonto e inocente y realmente creía que todo era posible, como que me llegaría mi carta de Hogwarts algún día.
Ella volvió a reír y después le dio un pequeño sorbo a su café caliente. Cuando retiró la taza de sus labios, me miró por un largo rato, achinando los ojos en el proceso, ahora sentía lo que Eren debía sentir al ser objeto de mi mirada por largos periodos de tiempo. Luego sus ojos se pusieron vidriosos y supe lo que estuvo pensando todo este tiempo.
—Estabas muy pequeñito, más pequeñito que ahora — Volvió a reír y yo fruncí el ceño, después dejó la taza de café sobre la mesa, dibujando una sonrisa melancólica en su rostro.— Eras mi bebé y siempre lo seguirás siendo. Al final tengo algo que agradecerle a tu padre.
—Él no es mi padre— Apreté los labios por varios segundos, antes de continuar.— Un tipo que nunca conocí y que ni siquiera se hizo cargo de mí, no merece el titulo de "padre".
—Fue un idiota, pero me dio un hermoso niño— Me aventó un beso con los dedos y yo sólo negué con la cabeza.— Tendré hermosos nietos, seguro que sí.
—Mamá, ¿te das cuenta de lo qué estás diciendo?— Levanté una ceja y ella pareció reaccionar, soltó una risita nerviosa y apenada.
—Tienes razón, lo siento. Bueno, podrías adoptar, o alquilar un vientre, ya sabes..
—A Erwin no le gustan los niños— Frunció el ceño, haciendo evidente su molestia ante mi comentario.— Y yo tampoco tengo mucho entusiasmo de tener hijos.
—¿Y tú de verdad piensas que para ese entonces vas a seguir con él?— Sabía que más que una pregunta, era una afirmación. No dije nada, simplemente encogí los hombros, ella soltó un suspiro y se puso de pie.— En fin... apurate, que ya se te hace tarde.
Se acercó a mí y beso mi mejilla derecha mientras recogía los platos sucios y los llevaba a la cocina. Yo también solté un suspiro, había incluido a Erwin en todos mis planes que ahora se me hacía ridículamente natural decir que estaríamos juntos para siempre, pero lo cierto era que ya no quería a Erwin dentro de esos planes, porque ahora todo el diagrama de sueños y metas a futuro, extrañamente había cambiado.
Y en ninguno de ellos parecía figurar Erwin, porque todos los planes que tenía antes, los habíamos hecho juntos, pero ahora las cosas habían cambiado. Yo hice mis propios planes, en donde el plan principal era no incluir a nadie en mis otros planes, porque todos se terminaban yendo. Estaba con Erwin, porque sentía que se lo debía, porque sentía que debía seguir siendo su apoyo, porque de otra forma, pensaba con demasiado ego, que sin mí él no podría lograrlo. Era muy diferente estar con él, a querer estar con él.
No estaba seguro de si le volvería a tener confianza, o si el amor que antes sentí por él volvería a nacer, no lo sabía. Como tampoco sabía hasta a qué limite llegaría en caso de que ni la confianza perdida, ni el amor perdido pudieran ser recuperados.
Como ya venía siendo una vieja rutina, salí de mis clases a la una y media en punto y Erwin pasó a recogerme. Pero ahora las cosas realmente parecían ser distintas, pues el rubio que siempre solía ser tan impuntual, estaba ahí justo antes de que yo saliera. Estaba poniendo de su parte, así que yo también comencé a poner de la mía: dejaba que me abrazara sin sentido, o que me tomara la mano por un largo tiempo, aunque después de un rato, nos terminaran sudando las manos y yo terminara asqueado. También lo dejaba darme besos en cualquier momento que él quisiera, ya no le limitaba nada.
Pero aunque eso lo hacía feliz a él, lo cierto era que a mí no.
Apenas bajamos del colectivo, caminamos las dos calles que nos faltaban para llegar al parque de siempre. Y claro, sentía que mi mano era una asquerosa masa de sudor y gérmenes, pero no aparté la mano, seguí dejando que Erwin sostuviera mi mano con la suya hasta que él por fin me soltara primero.
—Hay una cosa que desde hace mucho tiempo quería preguntarte— El más alto se apegó un poco más a mí y me miró con ojos suplicantes.
—Pregunta.
—Antes odiabas venir a nuestras "bobas reuniones de niñitos de primaria" en el parque, pero ahora vienes todo el tiempo— Hizo una pausa larga y levantó una de sus espesas cejas— ¿Qué cambio?, ¿qué es lo que te hace querer regresar?, ¿acaso pasó algo que deba saber?
—Dijiste una pregunta, esas fueron tres— Puse los ojos en blanco y él rió un poco, entre nervioso e incomodo.— Nada cambió, sigo creyendo que sus reuniones de niñitos de primaria son bobas. Lo que me hace regresar es que ya no tengo libros que leer en mi casa y me aburro mucho. Y no... ha pasado nada que debas saber.
Erwin simplemente asintió satisfecho con la respuesta que había recibido, yo sabía que algún día me ahogaría en toda mi bola de mentiras, porque no hacía nada más que mentirme a mí mismo y de paso a él. Que qué había cambiado... en realidad todo, ¿qué es lo que me hacía querer regresar?, no era precisamente la falta de libros y el aburrimiento, por el contrario, yo diría que lo que me hacía querer regresar tenía nombre y un apellido. ¿Había algo que debía saber? Sí, que tenía esta fuerte atracción por el idiota de los ojos verdes, mientras él andaba por ahí pasándola bien en Francia.
Al final de todo, yo también le había traicionado y le seguía traicionando justo ahora, y probablemente lo seguiría haciendo, hasta que dejara de ver a Eren, o hasta que él se terminara cansando de esta farsa. Lo que ocurriera primero. Como ya venía siendo una vieja rutina, llegamos al mismo sitio de siempre y todos nos recibieron con saludos. Erwin enseguida se sentó a un lado de Mike y comenzaron a platicar de la estructura del nuevo centro comercial que iban a inaugurar para el próximo año. Ambos estudiaban arquitectura, no era de extrañarse que tuvieran demasiadas cosas en común. Hanji seguía bastante molesta con el cejón, así que ahora se la pasaba pegada con Isabel y Petra.
Por mi parte, hacía lo mismo de siempre, excluirme de los demás, sacar mi libro de dibujo y esperar a que Eren hiciera su tan famoso acto de presencia. Lo esperé pacientemente, pero dieron las tres y media y él seguía sin venir. Dieron las cuatro cuarenta y nada. El reloj de mi celular decía que eran las cinco con veinte minutos, entonces supe que este día no vendría.
No me extrañaba en lo absoluto, cualquier persona se enferma y falta al colegio un día, o dos.
Al final tuve que guardar el cuaderno de dibujos e irme de ahí, hoy Eren no vendría y yo no tendría nada más que hacer en un lugar así. Sin embargo, había una cosa que me tenía un poco inquieto y eso era la última vez que lo había visto y lo mal que parecía estar, a caso, ¿algo realmente malo había pasado? Sacudí ligeramente la cabeza de un lado a otro, intentando que todo pensamiento negativo saliera por ms oídos. Eren tenía que estar bien, estaba bien en estos momentos, no quería, ni podía pensar mal. Mañana vendría y todo volvería a la normalidad, era todo lo que sabía que debía pasar.
Pero al otro día, Eren tampoco había venido. Ni tampoco el día que le siguió, ni el día después del día que le siguió, ni el día después de ese, mucho menos después de eso. Una semana entera y él no había ni asomado la nariz al parque, ni por error y como era de esperarse, sus amigos tampoco vinieron. Tantas veces me descubrí a mí mismo mirando fijamente aquella entrada de barrotes blancos, esperando a que él apareciera con aquella sonrisa luminosa y esa revoltosa cabellera café.
Pero nada, Eren no venía por más que deseara verlo atravesar esa entrada, con el sol iluminando su rostro. Varias veces Hanji me atrapó con la mirada clavada por donde se suponía que Eren vendría, al principio era una mirada burlona, como queriendo decir "¿qué harás ahora, enano?", pero con el paso del tiempo, aquella profunda mirada color chocolate, cambió a una llena de comprensión, que intentaba decirme que él vendría en cualquier momento.
Las primeras semanas puse todo de mí para borrar a Eren del mapa, de la forma en como él había decidido desaparecer, así, sin más, sin dejar pista alguna de si volvería algún día. En mi falacia me convencí a mí mismo de que esto sucedería algún día, que ese muchacho y yo nos dejaríamos de ver. Lo sabía, esto tendría que pasar en algún momento. Pero en el fondo me sentía furioso, enojado con Eren por desaparecer, por irse, pero también conmigo, por sentirme tan enojado con él cuando sabía que no teníamos algún acuerdo, al menos no en realidad, no era culpa de Eren que me hubiera hecho tantas ilusiones, en donde él venía y me sonreía, donde estaba interesado en conocerme tanto como yo a él, ¿entonces por qué no te acercaste tú? Me regañaba mi propia mente, cada vez que terminaba culpándolo de que me sintiera tan desorientado.
Esta sólo fue la primera fase: la negación.
Sí, porque al principio negaba a Eren, lo hacía pasar por un ser imaginario que mi cabeza había inventado por todo lo que había ocurrido con Erwin. Me negaba y le negaba a Hanji que iba todos los días a ese parque sólo para verle, que compartíamos miradas; algunas intensas, otras retadoras y de a ratos, otras que no sabíamos como interpretar. Y negar esos recuerdos empezaba a doler. Comenzaba a dejarme un sabor amargo en la boca y un vacío en el estómago. Sonaba irreal decir que el misterioso caballero de negro se había ganado un lugar importante en mi vida, pero era cierto. Cuando las cosas estuvieron mal, de una u otra forma, Eren estuvo ahí. Lo sabía por las miradas llenas de preocupación que solía regalarme cada vez que parecía notar que algo andaba mal.
Y era reconfortante tenerlo cerca, porque a pesar de tener a un montón de gente a mi alrededor, me seguía sintiendo solo, Eren lo había cambiado, porque aunque no me hablará, ni yo a él, sentía que nos entendíamos. Aquella verdosa mirada era un constante recordatorio de que alguien me observaba lo suficiente como para darse cuenta de mi estado de ánimo.
"Te estoy observando", parecían decirme sus ojos cuando mi ánimo estaba rozando con el subsuelo, cada vez que Erwin volvía a fallarme. En el fondo, pensaba que del otro lado del parque había una persona que no me conocía y que sin embargo se preocupaba, me notaba, sabía y se daba cuenta. Esa idea de que tenía una relación especial con él, fue lo que llenó mis espacios vacíos. Casi todo un año de conocer y al mismo tiempo, de no saber nada de Eren. De hablarnos con miradas y también de recibir apoyo emocional con una sola de ellas, o al menos me sucedía a mí. Tal vez sólo buscaba en qué apoyarme para salir del bache, igual y todo esto lo inventé yo y al final, no existía ningún vinculo especial que nos uniera.
3 meses después...
Mayo, junio y julio se fueron en un parpadeo, al menos eso dijo mamá. A mí extrañamente se me habían hecho eternos, volví a la misma rutina tediosa de antes, ir a la escuela, pasar tiempo a solas con Erwin de vez en cuando, llegar a casa y leer mucho, todo lo que podía. Ya tenía tantos libros que estaba pensando seriamente en exigirle a mamá que nos mudáramos a una casa grande, con chimeneas, enormes libreros y un jardín con rosas, de esas que tanto me gustaban.
Insomnio volvió a atacar de una noche para otra, no me molestaba, en realidad, había pasado antes por esto y de cierta forma, estaba acostumbrado, lo recibí con afecto. Y con insomnio vino su fiel amante: la ansiedad, sólo esperaba que su hija la depresión no se hiciera presente. Cuando dejamos Francia, recuerdo que había pasado por esto, primero vino la depresión, era algo natural, un nuevo país, nuevas personas, un idioma extraño. Después apareció la ansiedad, esa que viene a cualquier hora del día y ataca cuando estas en medio de una carcajada feliz. Y por último, cuando cumplí los quince, llegó mi mejor amigo: el señor insomnio.
Ese mismo año, mamá se había dado cuenta y de inmediato me llevó con un psicólogo, fueron dos años de terapias innecesarias. Al final, la depresión no desapareció, simplemente se anestesió por un lapso de tiempo muy pequeño, a la ansiedad solía reprimirla con pastillas y un buen día, simplemente descubrí que ya no necesitaba de las ellas. El insomnio, sin embargo, se había quedado fielmente a mi lado, hasta que él apareció. Todo empezaba con el verde de sus ojos y terminaba en la oscuridad de un momento a otro. Eren también había enamorado a insomnio, estaba seguro.
¿Cómo no se iba a enamorar? Si todas las noches le hablaba de ese par de ojos verdes y de lo bien que le quedaba ser tan oscuro, con aquella aura de misterio envolviéndolo. Hanji dice que la causa real de que me hayan regresado los bajones, no es el estrés de la escuela, sino Eren, esta vez pensaba que realmente sí era su culpa. La cuatro ojos me había sugerido más de una vez que volviera con el psicólogo y le hablara sobre mi obsesión que casi rayaba con lo enfermizo; que debía desintoxicarme de Eren. Mamá no se daba cuenta de que otra vez mi lienzo iba perdiendo color, que se estaba llenando de polvo y telarañas. Isabel siempre intentaba por todos los medios evitar hablar de Eren, bueno, no era como si ella supiera la gran cosa del primo con el que llevaba años sin hablar, supongo que al final ella también pensaba que debía superarlo. Erwin se daba cuenta de que algo sucedía, pero nunca hacía preguntas del "por qué", sólo se quedaba callado, en espera de que yo me abriera y le diera las respuestas.
Esta parecía ser la segunda fase, en donde me comenzaba a dar cuenta de que algo faltaba. Pero tristemente caía en la cuenta de que, ese algo no era mío y que de alguna forma, lo había perdido.
7 Siete meses después.
Friburgo de Brisgovia, Alemania.
27 de octubre, 3:42 p.m
Las nubes grises del cielo otoñal se movían lentamente, el viento las empujaba suavemente, como si tuviera miedo de que de pronto, estas se pusieran a llorar. Por fin, después de un largo mes regresaba a aquel parque, había regresado porque esta vez mis viejas excusas se hicieron realidad, no tenía ningún libro por leer y los días de verdad que pasaban muy lento. No tenía nada mejor que hacer. Hanji no había ido porque tenía un importante examen, el último para por fin librarse de la universidad y graduarse. Mike tampoco estaba y de hecho, sólo estábamos Erwin y yo.
Él estaba recostado sobre la misma banca de siempre, su cabeza recargada sobre mi regazo. Yo intentaba peinar sus cabellos y hundir mis dedos en su dorada melena, cosa que era casi imposible considerando que Erwin exageraba a la hora de ponerse gel. Miraba de reojo aquella banca vacía que estaba al otro extremo, la blanca pintura que antes la había cubierto ahora se estaba volviendo gris. El enorme árbol que en primavera solía ser verde, ahora estaba muriendo poco a poco, se había vuelto anaranjado, con algunos tonos muy claritos de café. Sus hojas habían caído sobre el lecho de la banca en donde solía sentarse la contradicción en persona.
Había llegado a la conclusión de que eso era Eren, una preciosa contradicción. Él tan oscuro y misterioso, pero al mismo tiempo tan reluciente y transparente. Él, tan aniñado, con aquellos hoyuelos en sus mejillas simulando un par de cráteres lunares, pero también tan hombre, con ese porte y ese caminar tan despreocupado. Él, tan conocido para mí, pero al mismo tiempo tan desconocido. Él, que estaba tan cerca y al mismo tiempo, a una infinidad lejos de mi alcance.
Y ahora él ya no estaba ahí, ya no iba más a sentarse en esa banca que esta debajo de ese árbol, no estaba él, ni sus labios regalando sonrisas frecuentemente, ni su respingada nariz, tampoco su cabello bailando con el viento, mucho menos su dos preciosos ojos, a veces tan bosque, a veces tan agua, en los que me había perdido incontables veces.
Tal vez por eso las hojas del árbol caían ligeras, tocando suavemente el fierro oxidado. Tal vez por eso el árbol comenzaba a morir poco a poco. Porque ya nadie se acercaba para levantar la verde mirada y observar con fascinación su copa llena de ramas frondosas y hojas de diferentes tonos de verde. Las blancas florecillas que solían colgar de sus ramas, cayeron todas en septiembre, como si ellas también estuvieran tristes de ya no ser admiradas.
Entrecerré los ojos por un momento, claro que no, el árbol no estaba triste. Simplemente el otoño había llegado y debía morir para renacer nuevamente en primavera, más hermoso que antes. Definitivamente, el árbol no era el triste, el triste era yo.
—Ahora tendremos más tiempo juntos— Afirmó de pronto Erwin, llevé la mirada a donde estaba su rostro, sus dos enormes ojos azules me miraban con expectación, levanté una ceja y él sonrió.— Acabo de graduarme, en mi trabajo me darán un horario normal y podré organizarme mejor para pasar más tiempo contigo.
—Creí que nunca te graduarías, ni que tampoco escucharía algo así.— Murmuré suavemente, para al final simplemente apretar un poco su nariz entre mis dedos.
—Levi, ¿recuerdas lo de Francia?
Habló con aquel tono serio que casi nunca usaba conmigo, ni con Hanji, ni mucho menos con Mike. Fruncí el ceño ante el recuerdo de lo que Francia significaba para ambos.
—Cómo olvidarlo.— Escupí en un siseo, apresurando en quitar las manos de su cabellera y rostro.
—No eso, Levi— Soltó un suspiro y pareció arrepentido de nueva cuenta, lo miré con curiosidad.—Aquella vez fui por parte de mi trabajo. Me dijeron que cuando me graduara y trabajara ahí de tiempo completo, tal vez me mandarían de nuevo a Francia, a vivir... claro, pero antes tendría que cumplir un año trabajando para ellos.
—Veo que te gustó Francia, antes decías que querías irte a América— Volví a colocar una de mis manos sobre su cabello, e hice una mueca al recordar como me había hecho a un lado.
—Sí, ahora entiendo porque quieres regresarte a vivir allá, es un lugar hermoso— Sonrío y yo asentí, no recordaba mucho como era Francia, pero lo tenía como un recuerdo bello y luminoso de los días de mi niñez.— Levi, si me mandan a vivir allá alguna vez, ¿te gustaría venir a vivir conmigo?
Detuve las caricias sobre su cabello y lo vi fijamente con lo ojos bien abiertos, de pronto se formó un incomodo silencio, me había planteado la idea de regresarme un montón de veces. Incluso Erwin y yo ya habíamos hablado de irnos a vivir juntos allá. Pero eso se había ido, lo había desechado a la papelera de reciclaje y ahora aquella idea sólo era una bola de papel, perdida entre tantas otras.
Comencé a sentirme asfixiado de pronto, esto no era muy diferente de aceptar casarme con él. Claro que quería regresar a Francia, pero Erwin ya no estaba incluido en ese plan, había asumido que terminaríamos por separarnos, y tomaríamos caminos diferentes, él se ira a Estados Unidos y yo regresaría al pequeño pueblo francés del que venía.
—Claro campeón, primero asegurate de que te darán el trabajo y luego si quieres, puedes venir a hacerme esta clase de proposiciones de manera correcta.
Fue todo lo que dije cuando Erwin pareció demasiado desesperado por una respuesta.
—Sí, tienes razón.
Dejo salir una pequeñita carcajada y yo únicamente me limité a sonreírle casi de forma forzada. En el fondo esperaba que si sucedía que le daban el trabajo en Francia, no me tuviera incluido en sus planes, porque no estaba seguro de que fuera aceptar. El sonido de la llamada entrante del celular de Erwin sonó y me sacó de mis pensamientos.
—Oh, es Mike— Comentó, una vez que se fijó en la pantalla y casi de forma automática se enderezó sobre la banca, para después colocarse de pie.— Iré a atenderlo, en seguida vuelvo.
Asentí y él rápidamente caminó por el verde césped perfectamente podado, mis ojos lo siguieron hasta que lo vieron entrar en el pequeño pabellón que estaba a varios metros alejado de donde estaba yo. En ese momento fue que mis oídos captaron unas lejanas carcajadas, que se me hacían tan familiares. Con urgencia llevé la mirada a donde provenían esas risas, las manos me temblaron de pronto al reconocer a ese grupo de negro que se acercaba cada vez más y más. Pero así como la presión arterial se me había alterado y el fuerte golpeteo de mi corazón contra mi pecho se hizo presente, había desaparecido con la decepción, dejando un hueco aún más grande que el anterior. Eran ellos, los amigos de Eren, venían hablando y riendo como solía recordarlos, pero el chico de los ojos verdes no estaba ahí, con ellos. En medio de ellos, donde se suponía que debía de estar él, estaba aquel muchacho llamado Jean, incluso lo recordaba a él como parte importante, pues siempre peleaba con Eren.
Caminando atrás, estaban la chica de cabello de negro, noté que se había dejado crecer el cabello ya que ahora lo llevaba amarrado en una cola alta. En medio estaba la rubia que siempre coqueteaba con Eren —al menos daba esa impresión—, ella seguía igual. Al otro lado venía el rubio que parecía estar enamorado de Eren, casi no lo reconozco cuando lo vi, él se caracterizaba por destacar gracias a que era el único que vestía con colores llamativos, a diferencia de los demás, quienes siempre llevaban ropas negras.
Pero ahora era uno más del montón, al igual que los demás iba completamente de negro, pronto sus curiosos ojos azules chocaron con los míos, él también parecía reconocerme. Al principio, me miró con molestia, como si estuviera reprochándome algo con la mirada y luego, simplemente me dio su mejor mirada de indiferencia y siguió con su camino.
Esta vez, a diferencia de cuando solían venir con Eren, no se sentaron en la solitaria banca de siempre, caminaron por el sendero de grava y pavimento hasta la parte trasera del parque, nunca había ido más allá del pabellón donde Erwin seguía hablando por teléfono, pero sabía que debía de haber algo más allá. Suspiré y baje la mirada a donde estaban mis manos que habían dejado de temblar en algún momento, comenzaban a enrojecerse debido al frío que apenas amenazaba con llegar.
Supuse que ese año no vería a Eren hundir la nariz en la enorme bufanda roja que solía llevar cuando hacía frío. Él había desaparecido de mi vida tiempo atrás y yo me rehusaba a pensar que tal vez no lo volvería a ver. Sabía y era consciente de que tarde o temprano sucedería, pero esperaba que fuera más tarde que temprano.
10 meses después.
Creí verle hoy, pero no era él, así como creí verle ayer, y creí verle todos estos malditos días... pero ninguno era él.
Hanji levantó la mirada del enorme libro de biología que llevaba tiempo leyendo. Yo mantuve la mía clavada en uno de los tantos dibujos que había hecho de Eren, comenzaba a creer que de todos los que había hecho, este era mi favorito: había dibujado el rostro de Eren cubriéndose los labios y la nariz con ambas manos, resaltando sus enormes y expresivos ojos verdes. La castaña cerró su grueso libro y dejó salir un suspiro cuando notó lo deprimido que parecía estar.
—Comienza a preocuparme el estado en el que estás— Quité la mirada del Eren de lápiz y papel y la enfoqué en Hanji.— No es normal, ¡vamos! Nunca hablaste con él.
—Y sigo esperando a que me lo digas.— Murmuré tranquilamente, Hanji parpadeó confundida.
—¿Decirte qué, enano?
—"Te lo dije".
Apreté los labios y volví a llevar los ojos al dibujo plasmado en aquel libro que ahora parecía ser mi mejor amigo. Ella hizo una mueca con los labios y después se quitó los elegantes lentes de armazón negro, en cuanto termino de limpiarnos se los volvió a colocar. No dijo nada durante largos segundos, era como si estuviera debatiéndose internamente, entre decírmelo o no. Finalmente habló.
—¿Sirve de algo que te lo diga?— Me miró expectante, no dije nada, ella tenía razón. Ya no servía de nada, sólo bajé la mirada a mi regazo— Exacto— Se acercó a mí, sin llegar a hostigar mi espacio personal.— A estás alturas, no tiene caso que te tortures con esa frase... sin embargo, espero que esto te sirva de lección para escuchar mis sabios consejos más seguido.
Sonrió y me palmeó la espalda sin fuerza en un acto de total comprensión y camaradería, yo también sonreí un poco y luego puse los ojos en blanco, haciendo énfasis con este gesto de que no estaba de acuerdo del todo en lo que acaba de decir.
—No habrá próxima vez— Ahora fue mi turno de hacer una mueca con los labios.— No volveré a prendarme de un desconocido, ni siquiera he podido superar a Eren. Estoy tratando de recordar como me sentía antes de que él desapareciera, pero lo único que tengo son los malditos recuerdos borrosos en mi cabeza y un libro de dibujos como única prueba de que existe alguien llamado Eren, en alguna parte.
—No todo esta perdido, enanín— Volvió a sonreír ampliamente.— Conoces a su prima, ¿no? Podrías pedirle que intente averiguar algo, si esta bien, si sigue viviendo en Friburgo o... si se regresó a Turquía...
—Se lo pedí hace tiempo, me dijo que me avisaría si se enteraba de algo, pero no me ha dicho nada— Encogí los hombros y fruncí el ceño.— Es mejor dejar las cosas así.
—Levicillo, no tienes remedio— Guardó el grueso libro en su viejo bolso de estilo hippie que tenía desde la preparatoria y se colocó de pie, sacudiendo sus jeans azul marino. La imité y caminamos directo a la salida del pequeño pero lujoso centro comercial— ¿Sabes?, a veces pienso que en realidad no desapareció... simplemente se esconde de ti.
—¿Por qué querría esconderse de mí?— Coloqué un rostro de total confusión y Hanji encogió los hombros.
—No lo sé, pequeñín... tal vez se dio cuenta de que lo desnudabas con la mirada y que lo violabas imaginariamente— Su clásica y histérica risa llamó la atención de la gente que pasaba a nuestro lado; me sonrojé y estoy seguro de que en ese momento le hacía competencia a un tomate maduro.— ¡No puedo creerlo! ¡En realidad pensabas en eso!
—¡Cállate, maldita loca!— Me sonrojé más —si es que eso era posible— y fruncí el ceño, mientras apresuraba el paso para alejarme de ella— ¡Eres una enferma de mierda!
Escuché como Hanji seguía riendo a lo lejos, huía porque sabía que ella tenía razón. No era como si siempre tuviera pensamientos puros y cursis acerca de Eren, a veces tenía una que otra fantasía erótica con él, pero era algo que esa loca no debía saber bajo ninguna circunstancia.
Continué yendo al parque porque aún conservaba una pequeña esperanza de un día llegar y verlo ahí. Porque no tenía nada que perder, y porque ya no podía desilusionarme más de lo que ya estaba, no había nada que perder, pero quizá si continuaba yendo, él aparecería por ahí, algún día... y me gustaba pensar que faltaba un día menos para que "algún día" llegara. Algunas veces, me plantaba frente a su escuela, pero nunca me quedaba demasiado tiempo como para averiguar si seguía yendo a esa preparatoria. Otras tantas, pasaba frente a la dulcería, muchas de esas veces, tomaba la resolución de entrar y sólo Dios sabía cuantas veces me había topado cara a cara con el rubio de enormes ojos azules, pero nunca cruzábamos palabra alguna, nada más nos mirábamos por breves segundos y él terminaba por pasar de mí. En una de todas esas ocasiones, lo había visto sosteniendo una bolsa con esos dulces de panditas que recordaba que Eren amaba tanto.
Sin darme cuenta, terminaba llegando a los lugares en donde con frecuencia solía toparme a Eren por casualidad. Pero él nunca estaba ahí.
Estampé suavemente mi cabeza contra la ventana de la habitación de Erwin cuando me di cuenta de que otra vez estaba pensando en ese idiota de los ojos verdes. El atardecer estaba a punto de llegar y las casas vecinas empezaban a encender las luces. Últimamente me había obsesionado con la idea de que me encontraría a Eren en cualquier momento, y lo demás me empezaban a parecer señales. Me estaba volviendo loco de desesperación, quería verlo, aunque fuera una última vez, aunque sólo fueran veinte, diez o cinco segundos, no importaba realmente.
Los pasos de Erwin se hicieron más cercanos y un fuerte olor a té negro inundó la habitación, no volteé a verlo, me mantuve con la cabeza contra la ventana. Oí que colocaba el par de tazas de té sobre su pequeño, pero ordenado escritorio, de dos zancadas llegó hasta donde estaba yo y me abrazó por la espalda, rodeando mi cintura.
—¿Qué sucede, Levi? De un tiempo para acá te ves... desanimado, bastante— Plantó un pequeño beso en mi cuello y un escalofrío atravesó mi espalda.— ¿La ansiedad?, ¿el insomnio?
—Ambos, creo.
—¿Mh?— Comenzó a repartir varios besos sobre mi cuello, mientras colaba una de sus manos debajo de mi camisa.— En ese caso, déjame hacerte sentir bien un rato.
Su mano continuó subiendo, me quedé tieso, sin mover ni un sólo musculo. No tenía ánimos para este tipo de cosas y sin embargo no me negué, cerré los ojos mientras me dejaba llevar por él, sus besos indecentes y sus caricias desesperadas por mi cuerpo. Todo eso desapareció de un instante a otro, Eren volvía a ocupar mis pensamientos con aquel recuerdo luminoso que tenía de él. Y entonces... los labios de Erwin sobre mi piel, ya no eran sus labios, ni las manos que me manoseaban a gusto, tampoco la respiración pesada cerca de mi oído. Erwin no existía en ese momento.
El cabello rubio perfectamente peinado hacia atrás era reemplazado por una cabellera café, revoltosa y despeinada, el par de pronunciadas cejas rubias tomaban una forma más delgada, estilizada, no eran rubias, eran café oscuro. La pálida piel de su abdomen ahora era acanelada y el fibroso cuerpo se transformaba en uno más delgado, pero lo suficientemente fuerte para sostenerme y los ojos color azul, se enverdecían poco a poco pasando del verde agua al verde pasto, completamente oscurecidos por el deseo.
Era Eren quien estaba a punto de reclamarme como suyo.
Fue entonces que mi cuerpo se relajo, aceptando el cuerpo de Eren y creyendo también en este falso espejismo. Deje que siguiera entrando, a sabiendas de que cuando la burbuja -puf- explotara y tuviera que enfrentarme a la realidad, Eren no iba a estar ahí y que quizá, terminara odiándole por eso. Pero nada de eso importaba justo ahora, porque era Eren, era él en este momento. Sólo eso importaba, porque éramos él y yo, flotando ligeros, como dos hojas que eran arrastradas con el paso del viento. Eso éramos ahora, sin importar que en realidad él estuviera tan fuera de mi alcance. Éramos, juntos, unidos, pegados, conectados, eramos; un Eren con un Levi y un Levi con un Eren, eso éramos ahora y aunque sabía que no era real, me sentía bien con eso.
Tomé del suelo mi camiseta y la sacudí en el aire varias veces para quitarle el polvo que se le había impregnado del piso. Me la coloqué de un rápido movimiento, inmediatamente busqué el suéter gris de franela que llevaba puesto ese día, en cuanto lo localicé, hice lo mismo que había con la camiseta blanca. Erwin estaba asomado en la ventana, entre sus labios tenía un cigarro que se iba consumiendo poco a poco.
Había estado muy serio durante este tiempo, no había dicho ninguna de esas palabras cursis y morbosas que sin falta solía decirme después de haber terminado. Lo miré fijamente, pero él ni se inmutó, siguió con la mirada clavada en los altos edificios alumbrando la pequeña ciudad. Esto me hacía sentir nervioso, lo conocía tan bien que sabía que cuando estaba así de callado, era porque algo le había molestado, pero ¿qué era?, acabábamos de tener sexo, ¿y estaba enojado?
No tenía sentido, pero tampoco me importaba, había cumplido con mi parte y eso debería haber bastado. Le di la espalda y me coloqué mi suéter y fui directo a donde estaba mi bolso "carísimo", según Kenny. Revisé la hora en mi celular, eran las siete y media, si me apuraba en irme, con suerte alcanzaría el colectivo de las ocho, enredé la bufanda negra en mi cuello y me colgué el bolso al hombro.
—Es tarde, Erwin. Debo irme.
Giré un poco el rostro sobre mi hombro, para verlo de reojo, él simplemente asintió y sacó otro cigarro del paquete que ya estaba a la mitad. Solté un suspiro muy bajito y me encaminé hasta la enorme puerta de madera, giré la perilla y la puerta se abrió acompañada de un chirrido, pero ni siquiera puse un pie afuera cuando el rubio volvió a hablar.
—Antes de que te vayas, ¿puedo preguntarte algo?— No hacía falta voltear para saber que él tenía la mirada azul clavada en mi espalda, sin embargo, su voz se escuchaba fría y lejana.
—Ya lo estás haciendo.
No volteé, me quedé en mi misma posición, con la mirada clavada en los vans perfectamente blancos que llevaba puestos. Erwin ignoró mi comentario un tanto sarcástico.
—Cuando estuve en Francia...— Hizo una pausa, como si estuviera dudando, me recargué un poco más contra la puerta entreabierta y me mordí los labios, otra vez venía el tema de Francia, ¿cómo esperaba que yo lo superara, si él no dejaba de recordármelo cada que podía?— ¿Tú estuviste con alguien más?
—¿A que viene esa pregunta?
Esta vez lo encaré y estoy seguro que tenía el ceño fruncido, estaba sumamente indignado y me sentía insultado, ¿cómo podría siquiera pensar en eso? Pero este hecho no afectó en lo absoluto al rubio que parecía inspeccionarme con la mirada en espera de que algún gesto me delatara, eso me hizo sentir aún más enojado, yo no tenía nada que esconder.
—Responde— Fue su turno de fruncir el ceño y de darme su mirada más amenazadora. Rodé los ojos y me di media vuelta, dando esos dos pasos que me faltaban para salir de la habitación.
—No, Erwin— Dije con voz tranquila y relajada mientras tomaba el picaporte de la puerta y comenzaba a cerrar esta con lentitud, pero antes de cerrarla completamente volví a hablar.— El único que al parecer la pasó bien, fuiste tú.
Cerré la puerta con suavidad, ocultando la enorme y evidente furia que sentía, ¿este idiota por quién me tomaba? Caminé por el largo pasillo hasta llegar a las escaleras y las baje a toda prisa, no quería estar ni un segundo más ahí. Erwin me estaba dando más razones y excusas para mandarlo a volar.
14 meses después.
Friburgo de Brisgovia, Alemania.
29 de Mayo, 5:01 p.m
Observé como poco a poco el sol se iba poniendo, pintando el antes cielo azul, con un anaranjado muy suave y algunas franjas rojas que atravesaban las nubes. Y las nubes eran empujadas por el suave viento, había visto pasar como diez aviones, con todas esas lucesitas parpadeantes, todos haciendo el mismo sonido al profanar el cielo. Los edificios a lo lejos, empezaron a encender las luces, todo era hermoso, la vista era realmente hermosa en este lugar, ¿por qué no había venido por acá antes?
Nadie venía a este lado del parque, lo que era peor es que este lugar de verdad era hermoso, parecía un enorme jardín estilo victoriano, incluso había una fuente en medio, con el mármol desgastado y el agua un poco sucia, con varias hojas y ramas flotando sobre ella. Yo estaba sentado en una enorme banca de madera, era la más aislada del pequeño jardín y resultaba que el lugar en el que se encontraba, tenía una preciosa vista de la pequeña ciudad.
Era una lastima que no tuviera con quién compartirlo.
—¡Aniki!, ¡te encontré!— Di un pequeño respingo sobre la banca, cuando giré el rostro, Isabel ya estaba tomando asiento a un lado de mí.— Te estuve buscando por todas partes, ¡no sabía que el parque fuera tan grande! Luce pequeño desde afuera.
—Sí, es bastante grande— Fruncí un poco el ceño y volví a relajarme sobre mi asiento.— Por eso me sorprende que dieras conmigo, sobre todo porque este lugar esta demasiado escondido.
—Es hermoso — Dijo, mientras su mirada viajaba de un lugar a otro, ella también parecía maravillada con lo que veía.— ¡Deberíamos decirle a los demás que hagamos nuestras reuniones aquí!
—No— Arrugué la nariz e Isabel me miró con duda— Es mi lugar secreto— Expliqué volviendo a fijar la mirada en los edificios que estaban a lo lejos.— Es tranquilo y si traes a Hanji por aquí, eso se arruinará.
"Tienes razón", susurró con una pequeña sonrisa y nuevamente se quedó todo en silencio, sólo se escuchaba a una que otra persona que daba la vuelta por el lugar. Isabel estaba tan callada que hasta parecía que otra vez estaba solo, no dejaba de ser raro, considerando lo parlanchina y risueña que era. Cuando llevé la mirada a ella, ella estaba mirando con insistencia el libro de dibujos que estaba sobre la banca. Isabel levantó la mirada, con ojos suplicantes que morían por la curiosidad de saber qué había en él, rodé los ojos y encogí los hombros, para después simplemente asentir. La chica sonrió ampliamente y tomó el libro entre sus manos, empezando a hojearlo.
"Oh", fue lo único que salió de sus labios cuando se dio cuenta de quién era la persona retratada una y otra vez en ese libro. Siguió hojeándolo y en mi cabeza se reproducía el sonido de las hojas al pasar.
—Es hermoso— Volvió a sonreír y cerró el libro con mucha delicadeza, como si tuviera miedo de romperlo.— Esto le gustaría a Eren... bueno, eso creo, hace mucho que no le veo, mucho menos hablarle, simplemente estoy suponiendo.
Asentí sin saber que más decir, otra vez volvió a quedar todo en silencio. Isabel miraba fijamente los enormes edificios que se levantaban en lo alto, el viento golpeaba su rostro y mecía los mechones de cabello que estaban sueltos, al mirar esa escena en donde ella parecía divertida mientras el aire la despeinaba, no pude evitar pensar en Eren. No había duda alguna, ambos eran primos, casi podía decir que medios hermanos.
Eran tan parecidos que, al mirar a Isabel, no pude evitar ver en ella a Eren.
—Isabel— El viento se calmó y sólo entonces Isabel llevó su verde mirada a mí, diciéndome en silencio que continuara, abracé mis piernas contra mi pecho y volví a enfocar la mirada al frente.— Háblame de Eren.
—Aniki... no sé que decirte, él se fue cuando era un niño, no sé nada del Eren actual.
—En ese caso, háblame del Eren que recuerdas.
Mis suplicantes ojos se enfocaron en los suyos, ella resopló pareciendo derrotada y luego hizo una mueca, como si tratara de recordar algo.
—Te sorprendería...— Sonrió con ternura y al mismo tiempo con nostalgia— Eren... bueno, él era un niño especial, ya sabes, un geniecito con patitas y manitas. Pero por eso mismo era muy aislado, no le gustaba hacer amigos, que yo recuerde... sólo tenía un amigo llamado Armin, algo así— Hizo una breve pausa para tomar un poco de aire.— Los dos se entendían bastante bien porque ambos eran prodigios... ¿sabes?, mi tío odiaba que yo me le acercara a Eren.
—¿El papá de Eren?— Parpadeé confundido e Isabel asintió— ¿Por qué?
—Uhm.—Pareció pensar lo que diría a continuación y en cambio, encogió los hombros con pesar.— Porque yo siempre fui traviesa e hiperectiva, Eren era educado y obediente. Mi tío no quería que lo mal influenciara. Estoy segura de que él quería convertir a Eren en su propio reflejo, sólo espero que no lo haya logrado.
—¿Tan malo era su padre?
—¿Malo?— Negó suavemente.— El hombre era horrible, una sola mirada suya daba demasiado miedo.
Me quedé en silencio, reflexionando un poco sobre la información recién obtenida. Me daba la impresión de que el Eren del que ella me hablaba era uno completamente diferente al que yo veía pasar todos los días por el parque, tampoco tenía una mirada aterradora, recordaba la mirada de Eren, cálida y expresiva. Pero claro que esos recuerdos se empezaban a hacer borrosos y lejanos en mi cabeza, si no fuera por el libro de dibujos, estoy seguro de que ya no recordaría el rostro de Eren, ya empezaba a olvidar el verde de sus ojos, el café de su cabello, incluso había veces que olvidaba el par de hoyuelos que se le hacían al sonreír.
Suspiré, sintiéndome aún más frustrado. No quería olvidar a Eren, no quería tenerlo en mi mente como un recuerdo lejano, ni quería que el libro de dibujos fuera lo único que tuviera de él.
—En fin— Soltó de repente y se puso de pie, sacudiendo sus ropas en el proceso.— Debemos irnos... Erwin te estaba buscando también, Hanji le pidió que comprara cosas importantes y necesita tu ayuda.
—De acuerdo.
También me puse de pie y caminamos lejos de aquel bello lugar hasta que llegamos a lo que a mi parecer, era la parte fea de ese parque, en donde estaban todos menos Hanji, quien estaba demasiado ocupada con sus investigaciones y conferencias. Más le valía que fueran cosas realmente importantes.
—¿A esto se refería la loca esa, por "cosas importantes"?— Crucé los brazos mientras fruncía el ceño y la cajera pasaba las bolsas de dulces por la registradora.
—Ya sabes como es Hanji— Comentó Erwin, levantando los hombros mientras sacaba de la bolsa trasera de su pantalón de mezclilla, su tarjeta de crédito.— Además tú también terminaste por escoger algo.
Me tendió la bolsa con bombones cubiertos de chocolate, le agradecí por el gesto de habérmelos comprado y enseguida los guardé en mi bolso. Esperé pacientemente a que terminara de pagar, hice una mueca con lo labios, este lugar me traía tantos recuerdos y con los recuerdos venía la nostalgia. Comenzaba a perder las esperanza de volver a verlo y eso no hacía más que dejar vacíos que eran imposibles de llenar, otra vez estaba incompleto.
—También compraste bombones.
Acuse al percatarme de que Erwin cargaba en su mano izquierda una bolsa de bombones mientras que en la derecha llevaba una bolsa de asa con un logotipo de la tienda que decía "Sugar", con letras mayúsculas en blanco y adornos rositas, seguramente ahí venían todas las porquerías que se comería Hanji. Seguía sorprendiéndome que no le diera diabetes por tanto azúcar que ingería.
—Dijiste que eran tus favoritos, quería probarlos.
Sonrío de lado y cogió uno para llevárselo a la boca y hacer un gesto extraño al probarlo.
—¿Y?
—Demasiado chocolate para mi gusto, pero saben bien— Estaba a punto de sermonearlo sobre lo rico que era el chocolate, pero su celular sonó.— Oh, tengo que responder, ¿podrías adelantarte?
Y esa era su manera de decirme "Levi, vete, no quiero que escuches", de una forma más educada, claro. Nunca le tomaba importancia, simplemente le daba su espacio y dejaba que arreglara sus asuntos tan importantes, por eso simplemente le di una afirmación con un suave movimiento de cabeza y empecé a caminar lejos de él y sus cosas misteriosas, que en realidad, poco me importaban.
Caminé tranquilamente, por aquella calle en donde tantas veces me había topado a Eren. La gente pasaba a mi lado y me veían con una expresión extraña al darse cuenta de que sonreía como el estúpido que me había vuelto por culpa de Eren. Tenía la mirada clavada en el suelo, era una extraña costumbre que tenía de mirar mis propios pasos mientras caminaba. Todo era silencioso, sólo el ruido de uno que otro coche al pasar y el murmullo de las personas que hablaban sobre cosas triviales, hasta que...
—¡Jean, mueve el culo! ¡llegaremos tarde!
Escuché ese grito a lo lejos, no levanté la mirada. Pero algo en mí me decía que debía hacerlo, sobre todo por la voz... esa voz, se me hacía tan conocida, sabía que la había escuchado en otro lugar, pero, ¿en dónde?
—¡Ya lo sé, idiota!
Fue en ese momento que la curiosidad me venció y me vi en la necesidad de levantar la mirada. Y la palabra que utilizaría para describir lo que pasó después sería: estúpidamente. Sí, me quedé ahí, estúpidamente parado como idiota, con el pulso acelerado, la respiración agitada y los labios entreabiertos. Corriendo como si su vida dependiera de ello, venía el joven que reconocía como Jean y a su lado derecho... Eren. Ambos estaban discutiendo, vaya Dios a saber por qué, ninguno de los dos se había percatado de que yo estaba en medio del camino, mucho menos de que la gente los esquivaba para no chocar con ellos. Pero, ¿a quién le importaba la gente, Jean o el hecho de que yo parecía pendejo en medio de la acera? Era Eren... realmente Eren, con su ceño fruncido y sus preciosos ojos verdes, enfocados en el otro chico.
—¡Pues parece que no! ¡Todo esto es tu culpa!
Frunció aún más el ceño y podría jurar que aceleró el paso. De nueva cuenta, el otro chico se defendió, poniendo un montón de excusas, una más boba que la anterior sobre su aparente retraso en no sé qué cosa. Se estaban acercando y yo sentía que el corazón se me saldría por la boca en cualquier maldito momento, yo estaba en medio de su camino y sabía que si no me hacía a un lado, Eren terminaría chocando conmigo. No me importó.
Al contrario, me quedé ahí, esperando a que el golpe llegara en cualquier momento. Era una oportunidad de hablar con Eren y debía aprovecharla y mientras ensayaba un monologo interno de lo que le diría una vez que lo tuviera de frente, fue que el empujón llegó. Un jadeo de dolor salió de mis labios y también pude escuchar el quejido que emitió el castaño, el empujón había sido tan fuerte que en cualquier momento saldría volando y caería sobre mi trasero. Cerré los ojos, preparándome para el golpe que nunca llegó, en su lugar un fuerte olor a coco con vainilla inundó mi nariz y despertó mis cinco sentidos, un brazo sosteniendo mi cintura con fuerza y una mano sobre mi hombro fue todo lo que podía sentir en ese momento: Eren había evitado que me fuera de bruces contra el suelo. Me tomé el atrevimiento de hundir más mi nariz en la delgada mascada de cuadros negros y blancos que él llevaba enredada en el cuello.
El olor a coco volvió a colarse por mis fosas nasales, ya veo, así es como olía Eren, pensé en algún punto mientras era sostenido fuertemente por él. Un aroma fresco y dulce, tan suyo, como todo lo que era relacionado a él, me hubiera quedado ahí para toda la eternidad, con mi nariz olfateando el olor de su cuello para siempre, esto no era uno de esos otros sueños, ¿verdad?
En ese momento reaccioné y me separé un poco para levantar la mirada y asegurarme de que fuera Eren y no otra persona. Y sí, efectivamente, era Eren. Las piernas comenzaron a temblarme en cuanto él bajo su mirada tan profunda y la enfocaba en mí, estábamos demasiado cerca y yo sólo pude sonrojarme al darme cuenta de lo ridículamente guapo que era. Era aún más guapo de lo que recordaba, más guapo de lo que mis dibujos podían mostrar.
Supe entonces que me había reconocido, al admirar sus ojos llenos de sorpresa, aquellos verdes iris que parecían brillar. El tiempo se detuvo en ese instante en el que gris se dejaba empapar por verde, en el que una vez más, verde sometía a su antojo a gris. Eren parpadeó unas cuantas veces y ese gesto se me hizo tan malditamente tierno, podría jurar que estaba igual de nervioso que yo, mis ojos viajaron de los ojos de él, hasta su pequeña nariz y bajaron lentamente hasta sus rosados labios, ellos se abrían y cerraban, como si quisieran decirme algo y después se arrepintieran.
Volví a subir la mirada a los ojos de Eren, de verdad estaba tratando de decirme algo. Yo entreabrí los labios, listo para decirle algo clásico y digno de mí, pero...
—Levi.
Esa era la inconfundible voz de Erwin, chasqueé la lengua por lo bajo y como si estuviéramos en la misma sintonía, Eren y yo giramos el rostro al mismo tiempo, buscando al dueño de aquella voz. El rubio nos miraba a ambos con suspicacia, como si nos hubiera descubierto con las manos en la masa. Su mirada se dirigió a mí y sabía que me estaba reprochando algo con ella, fruncí el ceño, aunque la situación era realmente comprometedora, no tenía derecho de enojarme por aquella mirada, es decir, Eren me sujetaba de la cintura y yo tenía mis manos aferradas a sus hombros, en una situación así, incluso yo hubiera malinterpretado las cosas.
Y como si Erwin pudiera leer mis pensamientos, posó su mirada en los lugares en donde Eren tenía puestas sus manos. Sabía a la perfección que se estaba conteniendo de ser él quien le quitara las manos de encima de mí, supuse que el castaño se había dado cuenta de la mirada de mi novio porque apartó las manos de mí, como si de fuego se tratara o aún peor, como si fuera la suciedad en persona.
Fruncí más el ceño y de nuevo llevé la mirada a él, me sentía molesto porque me había apartado así de él, pero era lo normal. Tal vez esta situación era demasiado rara e incomoda para él.
—Discúlpame— Finalmente habló, con aquella voz cargada de seriedad. Con esa voz tan malditamente atrayente, bueno, ahora tenía toda mi atención.— Todo ha sido mi culpa. No me fije por donde iba.
Iba a decirle que tuviera más cuidado y que se fijara por donde caminaba, pero tan pronto como terminó su oración, apartó la mirada de mí y en cambio, buscó con la mirada al otro chico que venía con él. El otro joven sólo nos miraba con confusión, intentando entender que era lo que estaba pasando, fue en ese momento que Eren tiró de una de sus orejas y lo hizo inclinarse hasta su altura, yo parpadeé ante la escena tan poco común.
—Con permiso.
Murmuró de manera muy educada, tan educada que era asfixiante lo cortante que llegaba a parecer ese gesto. Me hice a un lado y él no tardó en pasar, jalando consigo al otro muchacho, como una madre lo haría con su hijo recién regañado.
—¿Qué fue todo eso, Jaeger?— Preguntó el chico mientras era halado de la oreja por Eren, quien ni siquiera me dedicó otra mirada.
—Cállate, idiota y abstente de seguir haciéndome preguntas estúpidas— El castaño se detuvo por algunos segundos, para regañarlo con la mirada, levanté una ceja ante aquel espectáculo.— Lo que viste, choqué por tu culpa.
—Ya lo sé, bastardo, pero hablo de...— Eren volvió a retomar su camino y tiró con más fuerza de la oreja de Jean, el cual de inmediato se quejó.— ¡Auch! Ya, bueno, tranquilo, esposa.
—¡Ni en tus más salvajes sueños!
El chico de los ojos verdes soltó la oreja de Jean de un rápido movimiento, mientras que el otro chico seguía riendo, a mí tampoco me causaba gracia. Eren apresuró el paso y el otro hacía su mayor esfuerzo por darle alcance, mientras decía cosas como: "Era broma", "qué intenso eres". Negué con la cabeza, esos dos idiotas, parecía que el tiempo no había cambiado la relación de odio-amor que parecían tenerse. Escuché como Erwin se aclaraba la garganta, había olvidado que él estaba aquí.
—¿Qué fue todo eso, Ackerman?— Hizo una pésima imitación de la voz del amigo de Eren, rodé los ojos, estaba rodeado de idiotas.
—No pienso seguirte el juego.
Me di la vuelta y caminé con una media sonrisa en el rostro, obviamente, por culpa de Eren. Después de mucho tiempo por fin lo volvía a ver, por fin era algo real y no sacado de mi imaginación.
—No, es en serio— De un momento a otro, ya estaba caminando a mi lado, otra vez parecía estar molesto.— ¿Por qué él siquiera..?
—Porque iba a caer, él evitó que eso pasara.
Me miró fijamente por varios segundos y luego regresó la mirada al frente, para después asentir sin parecer demasiado convencido. Encogí los hombros y otra media sonrisa apareció en mi rostro al recordar el perfume de Eren —que por cierto se había impregnado en mí—, en lo bien que se sintió estar entre sus brazos y lo seguro que me sentí en ese lugar.
¡Hola a todas/os! Espero que se encuentren muy bien, como se habrán dado cuenta, vengo con la novedad de la nueva actualización de Green eyes, espero que el capitulo de hoy haya sido de su agrado, sí, ya sé que fue un poco triste todo lo que esta pasando con Levi, pero ya pronto (para el siguiente capitulo ejem) hará interacciones reales con Eren y vamos a ver qué pasa con este par. En fin, de antemano, muchísimas gracias por el apoyo que esta recibiendo esta historia, por leerme y sobre todo, por sus bellos reviews, no saben lo mucho que me anima a querer seguir con esto. Sin nada más que agregar, nos estamos leyendo próximamente, ¡saluditos! ✨
All the love, Dragón. 🐉🌹
