Capítulo 10
Mu y Milo dijeron que las chicas se subieran a la tarima y que se imaginaran que estaban en una habitación llena de hombres para quienes iban a hacer el strip-tease más sensual de su vida. Las amigas de la otra chica que estaba con June se alarmaron al oír al hipnotizador particularmente cuando la música comenzó a sonar y las chicas a moverse.
Primero se acariciaban el vientre y las caderas algo sugerentemente a través de la ropa pero cuando la chica desconocida estaba a punto de quitarse la camiseta, una amiga suya (que estaba algo bebida) salió como una exhalación al escenario e intentó pararla. Milo se interpuso y le dijo que se sentara inmediatamente que a su amiga no le pasaría nada. Esa fue la señal para que Mu detuviera a ambas muchachas antes de que se quitaran prenda alguna.
Las dos chicas se encontraban algo despistadas cuando se despertaron gracias al griterio ensordecedor y los aplausos, sobretodo cuando vieron las marcas del rotulador en sus cuerpos y parte de su ropa desordenada.
Cuando June volvió a su grupo preguntó a sus amigas qué había ocurrido porque en verdad no recordaba nada y se sorprendió muchísimo al ver la escritura en su escote y aquella sorpresa fue mayúscula al ver el pequeño vídeo que las chicas le habían grabado. La pobre se puso como un tomate debido a las tomaduras de pelo que estaba recibiendo, pero por suerte, estas amigas se conocían lo suficientemente bien como para saber que lo que había ahí quedaría entre ellas.
Una vez que Mu salió del escenario en medio de aplausos ensordecedores, Milo volvió brevemente para anunciar que los strippers saldrían de nuevo para realizar su último número, que sería muchísimo más picante que el anterior. Camus también se aseguró de que sus porteros estuvieran listos en caso de que alguna de las mujeres intentara propasarse con los muchachos pues sabía que los dueños de los clubs normalmente tenían mayores problemas con esta clase de espectáculos que con los hombres que venían a ver a chicas strippers. El motivo principal era que los hombres, legalmente, no tenían permitido tan siquiera tocarlas y si alguno lo intentaba podían echarlo del club inmediatamente, mientras que con los strippers masculinos éste no era el caso y de hecho, como parte de su actuación, los muchachos incitaban a las damas de la audiencia a que los tocaran.
El primero en salir fue de nuevo "Rebel" que esta vez iba vestido de gladiador romano y llevaba unas botas negras de piel que cubrían los vendajes que llevaba puestos. A pesar del dolor que sentía porque los calmantes aún no habían surtido un efecto completo y Aioros no había querido darle nada demasiado fuerte, a las chicas se les caían las babas mirándolo moverse tan sensual y provocadoramente. El número que hizo fue muy similar al anterior, sólo que esta vez dejó su bello y escultural cuerpo completamente desnudo a la vista de aquella audiencia. Tal como hizo anteriormente, se mezcló entre las mujeres con el aceite de bebés para que lo acariciaran de nuevo, al igual que hicieron los gemelos que salieron a continuación vestidos de oficiales de marina para cerrar el espectáculo.
Marin y las otras estaban en el séptimo cielo disfrutando de aquel entretenimiento tan inusual para ellas y bromeaban acerca de las ideas que tenían para los maridos de Marin y June.
Algo más tarde, Aioros dio por concluido su trabajo y se despidió de Camus, Hyoga y Milo. Unos minutos antes había recibido una llamada en el móvil de parte de su hermano que queria verlo en persona y Aioros aceptó. Se dirigió hacia su casa con un semblante preocupadisimo pues sabía que el escorpiniano no era ningún angelito pero el verle tratar de seducir como a Hyoga a espaldas de Camus no le gustó nada.
El intentar quitar la pareja a un amigo a Aioros le parecía de lo más bajo, en particular cuando el resultado de este "asalto" muy seguramente sería solamente la conquista de una noche o como mucho alguien a quien vería esporádicamente y con tan sólo una intención. Por ese motivo decidió que tal vez lo mejor sería romper su relación con Milo ya que si seguían por ese camino acabaría con el corazón destrozado.
Camus se encontraba en la oficina contando el dinero recaudado y lo separó en varios montones para poder pagar a los chicos, a Mu y Milo. El resto lo dejó en la caja fuerte para llevarlo al banco a la mañana siguiente.
Hyoga no se encontraba con él puesto que lo que ocurría allí era confidencial, de nuevo estaba sin nada que hacer y la cabeza le daba vueltas al pensar en qué hacer con la situación que se le había presentado con Milo. Tenía que reconocer, por mucho que le pesara, que el griego representaba el sabor de lo prohibido y que la tentación era muy fuerte. Aunque amaba a Camus no podía suprimir el recuerdo de Milo acariciando su cuerpo tan impúdicamente la noche que lo llevó a casa de Marin y Aioria y aquello le suponía un terrible dilema.
Mientras Hyoga estaba sumido en aquellos pensamientos Milo había vuelto al escenario desde donde volvió a hablar a la audiencia.
—Mis bellas damas, ¿habéis disfrutado del espectáculo de esta noche? —preguntó Milo a través de un micrófono.
Un "sí" ensordecedor llenó la sala.
—¿Qué decís que no os oigo? —preguntó en tono juguetón.
—¡SI! —respondieron ellas a grito pelado.
—Bueno, chicas, ya que habéis sido un público tan apreciativo aún tengo otra sorpresa para vosotras.
El griterío que se formó fue aún más ensordecedor y creció el ambiente de expectación entre la audiencia. Milo no se hizo de rogar más y les anunció que dos de los chicos que habían estado sirviendo bebidas habían decidido hacer un strip-tease. También les pidió que como esto era enteramente voluntario que les dieran dinero generosamente.
Los chicos se lanzaron a quitarse las pocas prendas que llevaban al ritmo de la canción que sonaba por los altavoces mientras que Milo recogía sus bártulos y se dirigía hacia la oficina de Camus.
Marin y sus amigas decidieron que era hora de retirarse de allí puesto que no podían ver nada de los chicos entre el mar de mujeres que se habían lanzado a la pista y que parecían una jauría de lobos dispuesta a devorar a un par de corderitos. ¡Pobres chicos!, no sabían a lo que se habían expuesto...
Las cinco se dirigieron a casa de Shaina puesto que iban a pasar allí el fin de semana entero. Marin conducía pues era la única de entre ellas que no había tomado nada de alcohol, tal como ya echaron a suertes antes de salir. Por el camino no cesaban de hablar de las ocurrencias de aquella noche y de lo mucho que habían disfrutado, aunque les pareció una lástima que su puja en la subasta no hubiera sido la más alta porque habría sido el broche de oro tener a uno de aquellos guapos porteros de discoteca como "esclavo" durante unas horas aquel fin de semana.
Poco antes de que terminara el espectáculo Milo tuvo la oportunidad de encontrarse a solas con Hyoga ya que no había hecho más que entrar por la puerta de la oficina cuando Camus recibió una llamada de Aioria por el otro teléfono para confirmar la hora a la que debería ir a su casa para la reunión del día siguiente. Durante el tiempo en el que Camus se ausentó de la habitación Milo aprovechó para de nuevo proponer al chico que se vieran justo después de que terminara de trabajar.
A decir verdad, Hyoga ya estaba algo harto de aquellas atenciones aunque no se atreviera a decirle nada pero en aquellos momentos simplemente no parecía tener voluntad propia porque aquellos labios y manos parecían mágicos para el rubio y lo tenían completamente cautivado. Sin embargo, era tanta la insistencia de Milo que a pesar de que no siempre estuvieran en la misma habitación, Hyoga se sentía acosado y que debía hacer algo antes de que la situación se saliera de su control.
Cuando lo vio recogiendo todo su material, Hyoga decidió que aquel era el momento de salir. Fue a ver a Camus y le dijo que se volvía a su pisito.
—¿No puedes esperarte un poquito? —le preguntó en una sensual voz con un deje de acento francés.
—Lo siento Camus, pero no me encuentro muy bien, tengo un terrible dolor de cabeza.
Camus atribuyó esto al ruido ensordecedor del público, la música proveniente de los altavoces y el humo del tabaco reinantes.
—¿Quieres que uno de mis porteros te acompañe?, lo haría yo mismo pero debo quedarme hasta que todos se vayan.
—Lo entiendo, Camus —le interrumpió— y no te preocupes, el piso está cerca de aquí.
—¿Estás seguro de que no quieres que nadie te acompañe?; creo que a Milo no le importaría llevarte.
—No, no, no, gracias —dijo tratando de no sonar demasiado alarmado —creo que un poquito de aire fresco y una buena ducha me harán sentir mejor.
—Está bien, te veré cuanto antes —le aseguró tras darle un corto beso.
Hyoga salió del club por la puerta trasera antes de que Milo terminara de recoger su material y se despidiera de Camus. Milo se sorprendió mucho al no ver verlo pero trató de ocultarlo delante de su amigo. Camus no sabía exactamente lo que estaba ocurriendo pero se imaginaba que el griego se traía algo entre manos, algo que quizás no depararía nada bueno. Tal vez se debiera simplemente al atractivo físico del chico ruso pero Camus vio que había algo más que admiración en aquellas miradas y sabía de sobras de qué pie cojeaba Milo. Además, la nota de preocupación en la voz de Hyoga cuando sugirió que Milo lo acompañara a casa no le había pasado en absoluto desapercibida. Sin embargo, al no tener pruebas absolutas decidió actuar como si no hubiera pasado nada. No valía la pena organizar una trifulca sin saber si estaba en lo cierto.
