EXPERIMENTO N°10: PREMIO AL ESFUERZO

Aquella mañana en el Laboratorio N°2, se hallaban trabajando arduamente dos científicos tan disímiles como el día y la noche. El menor de ellos estaba concentrado cotejando los resultados de un estudio que formaba parte de un experimento que su profesor les había encomendado la semana anterior. Su compañero, sentado a su izquierda, movía la cabeza de un lado a otro en signo de desaprobación.

– ¡Toda esta parte está mal! ¿Quién ha sido el imbécil que escribió estas cifras erradas?

– No lo sé, pero seguro fue un descuido.

– No te atrevas a defender a los novatos, Morinaga. – amenazó indignado – Esos descuidos no se pueden cometer en un laboratorio. ¿Qué habría pasado si no lo revisábamos de nuevo? Por suerte, tú siempre estás atento a todos los detalles.

La expresión en el rostro del muchacho se suavizó y de sus labios escapó un pequeño suspiro como cada vez que su amado Senpai le hacía un cumplido, por más sencillo que fuera. Le alegraba en demasía que el amor de su vida depositara toda su confianza en él en cualquier aspecto de su vida. Él se aseguraría de jamás traicionar dicha confianza.

– Gracias por confiar tanto en mí, Senpai.

– S-Solo digo la verdad, que no se te suban los halagos a la cabeza. Ahora, ¡corrige esos datos!

– ¡Sí, señor!

El sonrojado tirano se dirigió a su mesa de trabajo y volvió los ojos al microscopio a fin de intentar olvidar las palabras siempre bochornosas de su tonto ayudante. ¿No le daba vergüenza siquiera pensarlas? Tetsuhiro soltó una pequeña risa y se dijo a sí mismo, una vez más, que ese hombre era demasiado encantador para ser real.

– Senpai, creo que en unas horas estarán publicando las notas del examen de Ecofisiología de Cultivos que dimos la semana pasada.

– Oh, sí, me contaste que este año estuvo muy difícil, ¿cierto? Cuando yo lo di, recuerdo que la mayoría desaprobó y que yo lo pasé con la mejor nota.

– Increíble, Senpai, eres el único alumno de esta universidad que ha obtenido un 96 en ese examen. ¡Casi la perfección!

– Bueno, todo es cuestión de estudiar y practicar. – aseveró orgulloso – Tú también te esforzaste mucho, ¿no? Empezaste a prepararte para el examen desde inicios de año, no como los vagos de tus compañeros que prefirieron irse de viaje o de fiesta y solamente comenzaron a dizque estudiar hace un par de semanas o incluso menos. ¿Se piensan que una maestría es un juego o qué?

A Tetsuhiro se le iluminó la sonrisa. No era nada habitual que su Senpai le hiciera dos cumplidos seguidos en un mismo día. Estaba tan acostumbrado a sus puños de acero, que sus halagos le venían como flores recién bañadas por la lluvia. ¿Debería empezar a ilusionarse?

– Tienes razón; por eso mismo, es considerado uno de los cursos más complicados de la maestría, ¿verdad? Por cierto, Senpai, me gustaría preguntarte algo…

Souichi detuvo lo que estaba haciendo a fin de que el otro tomara su silencio como una invitación para que continuara hablando. Presentía, de alguna forma, que esa pregunta le traería problemas en un futuro no muy lejano. No se giró, mas sí aguzó el oído en medio de un ambiente de expectativa.

– Si obtengo una buena calificación, ¿harías algo por mí?

Sus ojos se abrieron de par en par a causa de la inesperada pregunta, de cuya respuesta dependería la estabilidad emocional de su asistente. Sabía muy bien que si contestaba de manera negativa, lastimaría un corazón que lo adoraba con devoción. Antes de poder siquiera pronunciar una palabra, la puerta del laboratorio se abrió de golpe. Sus ocupantes se alarmaron al ver a alguien conocido que permanecía de pie bajo el umbral, casi sin aliento, con una expresión de alegría y estupefacción al mismo tiempo.

– Morinaga, sabía que estarías aquí.

– Yamaguchi, ¿qué es lo que sucede?

– ¡Acaban de publicar las notas del examen!

– ¿Eh? ¿Tan pronto? Pensé que…

– ¡Solo ven conmigo ahora mismo! – ordenó jalándolo del brazo sin darle chance a reaccionar.

Al presenciar cómo ambos estudiantes desaparecían del laboratorio, Souichi se apresuró a dejar todo en orden y seguirlos hacia el mural de publicaciones oficiales de la universidad. Los ahí presentes comentaban aliviados si habían aprobado o, en todo caso, frustrados si no habían conseguido una puntuación satisfactoria. El alto científico clavó la vista en cada nombre y su corazón se estrujó al no encontrar el suyo por ningún lado.

– ¿Dónde está el mío? – susurró con pánico.

– Creo que deberías buscar más arriba, no más abajo. – aconsejó Yamaguchi sonriente.

Imposible. No, más que imposible, quimérico. Seguramente era un error, tenía que tratarse de un equivocación. Él no podía haber…

– ¿C-Có-Cómo es q-que yo…?

– ¡Obtuviste un 98, Morinaga! Nadie nunca antes había sacado esa calificación en este curso. ¡Felicitaciones! Yo tuve un 82, pero considerando el grado de dificultad del examen, creo que no está nada mal. Oh, estabas aquí, Tatsumi senpai, ¿qué opinas del logro de Morinaga?

El kouhai se dio la vuelta sorprendido para encontrarse con la esbelta figura de su superior que ya escaneaba la publicación atentamente. Sus ojos aterrizaron justo donde decía Morinaga Tetsuhiro en kanji y, a su costado, el número noventa y ocho como calificación final.

– Senpai…

El aludido se quedó observándolo con cuidado y sus labios se abrieron con lentitud como tratando de decir algo. El otro no pudo evitar perderse en su mirada y anhelar sus posibles palabras, rogando al cielo que su siempre adorado Senpai le regalara, por lo menos, un "Buen trabajo, Morinaga". Eso tendría mucho más valor que las miles de felicitaciones que sus compañeros le estaban expresando en ese instante, a los cuales solo sonreía lo necesario a fin de no perder de vista a quien realmente le importaba.

Haciendo caso omiso a las voces de los demás estudiantes que ahora lo separaban, sin querer, de la persona más importante de su vida, y con el alma llena de ilusión, esperó, esperó y esperó y, en una pequeña distracción, al volver a centrar su visión en su único objetivo, su sonrisa se perdió en medio de ovaciones.

Souichi había desaparecido.


Apenas hubieron llegado a casa tras culminar una larga jornada laboral, el mayor se dejó caer en el sillón. Su fiel mejor amigo tampoco había sido capaz de preguntarle nada en el camino hacia el departamento, pero era consciente de que no podría evadir el tema por mucho tiempo. Además, estaba pendiente aquella pregunta previa a la irrupción de Yamaguchi. Después de unos breves segundos, se instaló a su lado y cuestionó con un tono melancólico.

– Senpai, ¿estás enojado conmigo? Quizá te molestó lo del examen, pero quiero que sepas que en realidad me esforcé porque quería que estuvieras orgulloso de mí. No era mi intención superar tu nota, te lo juro.

La inesperada confesión sí que sorprendió al mayor de los científicos. Por un lado, era lógico que el de cabello corto hubiese malinterpretado su mutismo, pues apenas hubieron visto la lista de nombres y notas, este último se había quedado atónito y hasta se había marchado del lugar. Incluso, camino a casa, no había hecho ningún comentario al respecto. Fue justamente tras esa revelación que se dio cuenta de que su actitud había creado un malentendido. Ah, en verdad, la honestidad y fidelidad de su subordinado siempre lograban despertar un sentimiento extraño en su pecho, aunque fuera incapaz de manifestarlo de forma verbal.

– No seas idiota. ¿No es acaso normal que un kouhai supere a su senpai? No tendría sentido que fuera de otra manera.

– ¿En serio? – dijo recuperando la sonrisa – Me alegra escuchar eso. Pero, entonces, ¿por qué te fuiste tan de repente?

– ¿Eh? Bueno, yo…

– Además, has estado muy callado desde que salimos de la universidad.

– L-Lo que sucede es que no sabía exactamente cómo d-decirte que…

– Dime lo que piensas, Senpai. – pidió tomando sus manos entre las suyas sin previo aviso – Quiero saber lo que piensas y lo que sientes. Para mí, tu opinión es la más importante de todas.

– Y-Yo solo quería decirte que… que t-te has esforzado mucho y que te mereces este t-triunfo…

A lo lejos, se escuchó el canto agudo de un pajarillo que combinaba a la perfección con la encantadora escena de un hermoso hombre con las mejillas rojas de vergüenza. Sin duda, su querido superior había estado pensando mucho más en él esos últimos meses, y eso lo hacía demasiado dichoso. Por lo general, el tirano consideraba una molestia tener que pensar tan detenidamente las cosas y eso él lo sabía muy bien; no obstante, cada día se sorprendía más de la creciente empatía en la personalidad de Souichi, quien ahora incluso hasta buscaba las frases exactas para no lastimarlo al brindarle su opinión. Tetsuhiro sentía que podría ahogarse en el mar de su ternura.

– Muchas gracias, Senpai. Sin ti, no habría podido lograrlo.

– N-No es verdad, el m-mérito es todo tuyo.

Odiaba que su voz temblara de ese modo cuando lo único que estaba manifestando era una sencilla felicitación. El alto ayudante bajó sus manos con lentitud, sin soltarlas, y buscó sus ojos miel.

– Senpai, respecto a lo que te pregunté en el laboratorio…

– Ah, eso. ¿Qué es lo que quieres que haga?

De acuerdo, quizá esa no había sido la mejor manera de presentar la pregunta; si bien había tratado de que esta surgiera natural y despreocupada, al final falló terriblemente por culpa de sus nervios. Su voz había salido con una entonación extraña que mezclaba el miedo y la duda.

– Yo…

La vacilación de Tetsuhiro lo puso aun más nervioso, y sus músculos se habían tensado tanto que temió no poder moverse en un buen rato. Por otra parte, la respiración del joven de ojos verdes se agitó visiblemente mientras anunciaba su descabellada propuesta.

– ¿Aceptarías tener una cita conmigo?

Por su súbita reacción, era evidente que su interlocutor no se esperaba tal petición. Se levantó del sofá con suma lentitud y, en esta ocasión, sí lo observó con detenimiento, por temor a haber escuchado erróneamente.

– ¡¿Q-Qué d-dijiste?!

– Senpai, yo…

– Morinaga, sabes que eso es imposible.

– No, no te estoy pidiendo nada radical. – negó con ambas manos – Mira, tómalo como una simple celebración por lo de mi examen.

– ¿Por qué dijiste cita, entonces?

– Porque para mí lo será, pero no para ti ni para el resto. Nadie lo notará, creerán que somos simples amigos saliendo a pasear.

– ¿Eso es… todo? – cuestionó con desconfianza.

– Sí, Senpai. Por favor, todo lo que deseo es que pasemos tiempo juntos. ¿Está mal?

El tirano guardó silencio al toparse con la dulce y encandilada expresión en el rostro ajeno. Después de todo, no tenía idea de qué era correcto decir en una situación como esa. Prefería dejárselo todo a él y, a la vez, dejarse llevar por él, como cada vez que sus sentimientos fluían y lo desconcertaban al punto de no ser consecuente con sus propios actos.

– Como estos días hemos avanzado los experimentos, no habrá mucho trabajo pendiente en la semana, así que podría ser el próximo sábado tal vez. ¿Qué dices?

– S-Supongo que está bien. Ah, pero si intentas algo, te juro que…

– Descuida, te prometo que no lo haré. – aseguró con la mano al pecho – Muy bien, empezaré a preparar todo para el próximo sábado. Ya verás que nos divertiremos mucho. Veamos, necesitaré unas cuantas cosas para… Oh, debo consultar en Internet eso primero. Además…

– O-Oi, ¿qué tanto murmuras?

– Déjalo todo en mis manos, Senpai. – indicó con la mano en la frente cual soldadito de plomo – ¡Me aseguraré de que tengamos la mejor cita del mundo!

– Salida, idiota, es una simple salida, nada más. No sé por qué te pones así.

– Voy a preparar la comida antes de comenzar los planes. – canturreó camino a la cocina.

– ¡¿Planes?! ¡Oye, Morinaga! – exclamó persiguiéndolo mientras el canto se intensificaba – ¡Idiota, no me ignores!


Souichi se levantó bastante nervioso esa mañana. Había tenido unos sueños tan extraños como aterradores en los que iba con su asistente a un karaoke en la playa y que lo habían elegido a él para cantar una serie de temas de anime. Si no lo hacía, un grupo de homosexuales, con Tetsuhiro a la cabeza, lo lanzaría al mar a la cuenta de diez. Como era de esperarse, se había despertado gritando empapado en sudor.

Qué escenario tan perturbador.

Luego de tomar una ducha, el joven científico se dirigió a la sala para ver si ya estaba listo el desayuno. Hasta ese instante, no había visto señales de que el otro chico estuviera por ahí. ¿Dónde podría haberse metido justamente el día de su cita? Al llegar a la sala, divisó una especie de agenda que descansaba sobre la mesa de centro. De inmediato, un muy ruborizado Tetsuhiro entró en escena y le arrebató de las manos el pequeño diario, colocándolo delante de su pecho a manera de escudo. El chico de grandes anteojos arqueó una ceja.

– Oye, ¿por qué no puedo ver esa cosa?

– Porque es una sorpresa. – justificó apenado.

– Idiota, dime ahora mismo qué demonios es eso o voy a golpearte.

– No te enojes, es tan solo un itinerario para la cita de hoy.

La tan habitual poker face se hizo presente en el tirano y ni siquiera se sintió culpable de no ocultarla. Rayos, en verdad nunca había conocido a un tipo como él. De acuerdo, no conocía a mucha gente, pero de todas formas dudaba que existiera en alguna parte del planeta un hombre tan infantil, cursi y exagerado como el que tenía enfrente.

Todo un espécimen raro.

Por si fuera poco, el chico portaba una mochila enorme con diversos bolsillos que más bien podrían considerarse compartimentos de un clóset portátil. Más que un científico, parecía un alpinista.

– ¿Qué tanta vaina traes ahí, boy scout? – preguntó ofuscado – ¿Te mudarás a otro continente?

– ¡Claro que no! Son solo unas cuantas cosas necesarias para nuestra cita.

– Y dale con esa palabra. ¡Quedamos en que sería una salida!

– Está bien, para nuestra salida.

El ceño fruncido de Souichi se pronunció repentinamente justo cuando empezaron a colocarse las zapatillas. Su olfato se aguzó para detectar una posible fuga de gas en el edificio, ya que parecía ser un olor de ese calibre.

– Oi, ¿qué es ese olor?

El muchachito se emocionó al comprobar que el hombre de su vida había notado su pequeña pretensión de joven enamorado. Sonrió como un niño al que le daban un obsequio de Navidad por haberse portado bien durante todo el año.

– Lo que pasa es que me puse la colonia que uso solamente para momentos especiales. ¿Te gusta?

– Apestas.

– ¡Qué malo eres, Senpai!

– No sé qué tanto pretendes, pero ya vámonos.

Todavía con un puchero de infante berrinchudo, el chico de cabello corto siguió a su amargado tirano y aseguró bien la puerta antes de partir.

No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que, definitivamente, aquella sería la cita más anormal del mundo.


El despejado cielo matutino, acompañado de un resplandeciente sol primaveral, se manifestaba como la señal de que la tan ansiada cita se iniciaría de una forma románticamente perfecta. Excepto porque, apenas pusieron un pie en el tren, fueron interceptados por unos guardias que se encontraban buscando a un criminal. Debido al grosero tamaño del equipaje de Tetsuhiro, ambos tuvieron que ser registrados exhaustivamente, pues podría tratarse del hombre que estaban buscando. Souichi, harto hasta la médula, había arrastrado a su ayudante de vuelta a casa para obligarlo a dejar todo su equipaje, con excepción de su billetera, sus llaves y una casaca, ya que no pensaba pasar por semejante humillación otra vez. Por consiguiente, habían perdido varios trenes y recién ahora se encontraban a bordo del tren del mediodía.

– ¡Te lo dije!

– Ya, Senpai, ¿cómo iba a saber que estaban buscando a un asaltante?

– Pues por culpa de tu equipaje de esquimal te confundieron con uno. Maldición, creo que debí dejar que te llevaran.

– ¡Qué malo eres!

– Es que en serio, ¿para qué diablos necesitaríamos un kit de primeros auxilios, un set de picnic y una caja de herramientas? – espetó malhumorado.

– Solo soy una persona precavida.

– Ya, ya, cállate. En fin, ¿dónde iremos primero?

– ¡Espera un poco y lo sabrás!

Un bramido fue su única respuesta.

A medida que iban acercándose a su primer destino, el aura de Souichi se oscurecía más y más. Tenía un mal presentimiento de todo aquello, así como la convicción de que su compañero de piso le había ocultado información vital con respecto a esa inusual salida, y no tardaría demasiado en comprobarlo.

En efecto, un par de horas más tarde, el inmenso parque de diversiones Nagoya Spa Land se exponía orgulloso frente a ellos, al ritmo de los gruñidos y blasfemias del homofóbico sujeto como música de fondo. El mencionado tomó del cuello de la camiseta a su atrevido asistente y lo aniquiló con mirada de fuego.

– Morinaga, explícame esto antes de que te tire a los rieles del tren.

– Y-Yo, bueno, v-verás…

– Ahora ya sé por qué no querías mostrarme la maldita libreta. – acusó mientras forcejeaba con él para obtenerla – ¡Dámela ahora mismo!

– ¡No!

Cuando por fin se la pudo arrebatar, buscó una banca cercana para sentarse y, con lapicero en mano, comenzó a tachar uno tras otro los lugares escritos hasta casi rasgar las hojas, a una velocidad tan increíble que el mismísimo Kira de Death Note lo habría envidiado. Tetsuhiro lo contemplaba aterrado y lloriqueaba cómicamente como una criatura.

– ¡Senpai, qué cruel!

– ¡No me hables!

Una vez que culminó su despiadada labor, el de cabello oscuro quedose de una pieza al recibir de las manos del otro la pequeña agenda. Sus ojos se iluminaron con gran esperanza, ya que solo ahí se percató de que no todos los lugares habían sido tachados. Una sonrisa dulce apareció en su rostro y suspiró fascinado, mientras contemplaba a su Senpai que se había girado para que no notara sus enrojecidos pómulos. Realmente era adorable. El tirano se puso de pie de un salto y avanzó a paso raudo hacia la entrada del parque temático.

– ¡Senpai, espera! – pidió mientras corría para alcanzarlo.

En la planta baja del parque, había un moderno cine 3D inaugurado casi cuatro meses atrás; y precisamente la actividad número uno en la agenda era ir al cine. Souichi lanzaba maldiciones por lo bajo, pues había jurado que primero se arrojaría a los cocodrilos antes que ir al cine con otro hombre. Se arrepentía totalmente de no haber tachado eso de la lista; es más, ¿por qué no había tachado todo? Tal vez era porque la mirada ilusionada y suplicante de su compañero le impedía decidirse a olvidar toda esa tontería, girarse sobre sus talones y dirigirse hacia la seguridad de la habitación de su departamento. Únicamente se cruzó de brazos frente a la cartelera, confirmando que, como ya lo suponía, ninguna de esas películas le atraía en lo más mínimo.

– Senpai, ¿qué te parece si vemos "La Sirenita"?

– ¡¿Estás demente?!

– Pero es nuestra infancia.

– ¡Tenemos más de veinte!

– ¡Somos niños en el corazón!

– Veremos esa y punto. – ordenó señalando un cartel rojo y negro.

– ¡¿Ehhh?! Senpai, no tiene nada de romántico ver una de terror en la primera cita.

– ¿Qué diablos estás diciendo? ¿No dijiste tú mismo que sería una simple salida de amigos? Pues los amigos ven películas de terror.

– S-Senpai, creo que ya se me quitaron las ganas de…

– ¿Cine querías? ¡Cine tendrás!

El insensible científico lo llevó a rastras a la sala indicada y, casi dos horas de gritos después, el menor escapó despavorido ante la expresión sarcástica del que lo había obligado a visualizar tremenda oda al horror. Una pequeña sonrisa mordaz se asomó en su rostro, una que le hizo saber que, tal vez, esa salida había valido la pena tan solo para contemplar la cara de pánico de ese mocoso malcriado.

– Cobarde.

En vista de que habían arribado con algo de retraso (y habían invertido dos horas en esa horrible película), solo les sería posible ir a una atracción, lo cual Tetsuhiro lamentó profundamente. Tras una acalorada discusión adornada por unas caras de cachorro moribundo, que Souichi solo pudo calificar como chantaje nivel Dios, decidieron por mutuo acuerdo, nada más y nada menos que subir a la noria.

– No sé por qué demonios te hago caso.

– Confía en mí, Senpai, tengo todo fríamente calculado.

Y claro que así era, porque la brillante historia que se había inventado era tan o más absurda que la actual relación de ambos. Y es que, mientras subían al famoso juego, repitió varias veces en voz alta que lo hacían como castigo al haber perdido una apuesta con sus amigos de la universidad. La gente igualmente no le dio gran importancia al extraño dúo, excepto por algunas fujoshis que pasaban cerca de ahí y los observaban de reojo. Souichi no tuvo más remedio que empujarlo, y él mismo se apresuró a ingresar al cubículo para sentarse con rapidez, escuchando la puertecilla cerrarse con un pequeño clic.

– ¡¿Tenías que demorarte tanto?! ¡Esas chicas nos estaban viendo rarísimo!

– No, si yo creo que lo estaban disfrutando bastante. – murmuró para sí mismo.

Dentro del pequeño compartimento de la enorme rueda de la fortuna, los dos científicos, finalmente, cayeron en cuenta de lo que estaban haciendo y, por ello, no se atrevieron a mirarse siquiera. Tetsuhiro no dejaba de tragar saliva, al mismo tiempo en que intentaba, en vano, calmar su acelerado corazón. Y es que esa era la primera vez que hacía algo tan romántico con la persona que amaba. No podía terminar de creerse que estuviera compartiendo con Tatsumi Souichi, aka Senpai, el amor de su vida, un momento tan íntimo, tan tierno, tan especial.

Como si fueran una pareja de verdad.

Por su parte, Souichi no se sentía muy diferente. Su mirada estaba clavada en la ventana, por la que divisaba a las personas diminutas debido a la altura a la que se encontraban. No entendía por qué había accedido a hacer algo tan bochornoso. Haberle seguido la corriente a ese niño malcriado en sus disparatados caprichos seguro le pasaría factura al final del día, del año y de la vida. Y por favor, si lo que quería su bobo amigo era un momento de tamaña naturaleza, ¿por qué no estaba diciendo nada? Si ese había sido su plan desde el inicio, ¿por qué estaba tan callado y hasta lucía distante? Como leyéndole los pensamientos, el más joven habló con voz queda.

– Esta no fue una buena idea, ¿cierto, Senpai?

– ¿Y lo dices justo ahora que estamos a treinta metros de altura? – contestó sin despegar la vista del cristal.

– Es que sé que esto te parece un poco infantil. – alcanzó a susurrar.

– ¿Y acaso no siempre eres infantil?

– Es verdad, pero…

Aprovechando que su superior no estaba viéndolo, Tetsuhiro se concentró en sus hermosos labios. Sabía que estaban solos y que con un pequeño acercamiento, sería muy sencillo robarle un beso, pero le había prometido que no intentaría nada y no pensaba faltar a su solemne juramento. Ya bastante había sido que este aceptara subir con él a la noria sin un golpe de por medio.

– ¿Morinaga?

El jovencito enamorado dio un salto al escuchar su nombre; al parecer, no había estado prestando la debida atención por culpa de esos labios que tanto le costaba dejar de contemplar.

– ¿Qué te pasa?

– N-Nada, Senpai. – negó nerviosamente con las manos – Mira, ya casi estamos abajo.

Apenas Souichi notó que estaban en tierra, sintió una especie de nudo en la garganta y no comprendió por qué. Antes de poder reflexionar a detalle, ya debían descender de la noria. Tetsuhiro tomó su mano con intención de ayudarlo a bajar, y ese simple roce hizo que añorara regresar en el tiempo para repetir esa hermosa experiencia en las alturas con el hombre de sus sueños.

Pero ya era tarde.

El mágico momento había terminado y el silencio compartido no hizo más que confirmarlo.


Definitivamente, la siguiente actividad sería la que Souichi más disfrutaría esa noche. Una reserva los esperaba en un restaurante peruano de nombre Incameshi. Ambos científicos eran fanáticos de probar nuevas comidas cada vez que tenían la oportunidad; en consecuencia, el primero de ellos había estado investigando en diversas páginas web qué gastronomía sería del agrado de su Senpai, hasta que se topó con dicho restaurante y, sin pensarlo dos veces, se dispuso a hacer una reservación. De hecho, la presente cita era la ocasión ideal para invitarlo a disfrutar de un exquisito banquete nocturno.

El amable camarero los llevó hasta su mesa ubicada en la parte externa, ya que, secretamente, Tetsuhiro siempre había tenido la fantasía de una cena romántica bajo la luna. Una vez instalados, ordenaron sus respectivos platillos: un exquisito lomo saltado y un delicioso ají de gallina, acompañados de un pisco sour y una algarrobina para beber.

– Espero que no te moleste que te haya traído aquí. ¿Te sorprendí?

– A ver, si consideramos que ya lo había leído en tu maldita libreta, pues, no, no me sorprendiste. Ah, y precisamente porque se trata de comida es que no la taché. Es más, creo que es la única actividad que me gustará de este día. – confesó con irónica honestidad.

– Me lo imaginé. – aseveró fingiendo enojo.

Ciertamente, para él, sería difícil elegir la mejor memoria de esa extraordinaria cita, puesto que cada una había sido más preciada que la anterior. Sin embargo, en ese preciso instante en el que el único amor de su vida se encontraba frente a él con aquella expresión de ensueño, podía sentir que todo lo que había vivido hasta ese día, por más doloroso y trágico que fuera, bien valía la pena.

Tetsuhiro llevó la mirada al cielo solo para descubrir el vasto firmamento adornado por millones de estrellas. Enseguida, posó la vista sobre el semblante de su Senpai, quien ahora engullía animadamente su apetecible cena. Ser testigo de esa disimulada y cautivadora sonrisa, que únicamente mostraba cuando estaba con su familia o cuando saboreaba una comida de su agrado, era su exclusivo privilegio. La luz de la luna se reflejaba en sus ojos miel y, al mismo tiempo, bañaba su pálida piel y su larga cabellera. El chico quedose encandilado contemplando al ser que, ahora más que nunca, le quitaba el aliento. Era tan…, tan…

– Perfecto…

– Tienes razón, Morinaga, este platillo está perfecto.

El aludido parpadeó varias veces sin captar del todo lo que había dicho Souichi; pasados unos pocos segundos, sonrió para sí mismo al percatarse de la tierna confusión. Agitó la cabeza para terminar de despertar de su ensoñación y levantó su copa muy en alto, invitando al hombre de enfrente a imitarlo.

– Senpai, ¿te parece si brindamos?

– ¿Eh? Oh, oh, claro. A ver… Yo brindo para que sigan los éxitos académicos, tanto tuyos como míos.

– Gracias, Senpai. ¡Y yo brindaré por nuestra relación!

– Morinaga, no te pases de listo. – sentenció en tono amenazador.

– Lo sé, solo bromeaba. – lloriqueó fingiendo un puchero.

El fresco aire primaveral agitó sus cabellos, al mismo tiempo en que sus cuerpos se estremecían ligeramente a causa de la brisa serena. Sus miradas se conectaron en una de esas tantas que, entre ellos, valían y expresaban más que mil palabras.

– Senpai, esta noche quiero que brindemos también para que, pase lo que pase de aquí en adelante, tengamos salud y felicidad.

– Vaya, eso suena muy bien.

El tintineo de ambas copas resonó en medio de la noche tibia como reafirmando su sincera petición. Souichi dejó su copa a un lado y siguió disfrutando de su cena, mientras que Tetsuhiro, dentro de su corazón colmado de amor, deseó algo mucho más profundo.

Y brindo para que este amor viva eternamente.


Tetsuhiro consideró un milagro que estuvieran justo en primavera, pues obviamente la última parada, como para cerrar con broche de oro su maravillosa cita, sería el famoso Tsuruma Koen, el parque más popular de Nagoya para contemplar las sakuras. Ciertamente, fue el lugar al que más reacio se encontraba Souichi a pisar, ya que era bien sabido que muchas parejas paseaban por ese sitio para contemplar las flores de sakura en esa cálida estación. Efectivamente, al observar de reojo al amo y señor de sus sentimientos, su corazón se afligió. Estaba pidiendo demasiado, ¿no es así? No soportaba ver el gesto de molestia de su Senpai; no resistía sentir su rechazo en cada una de las actividades que habían realizado a lo largo del día. No podía seguir arrastrándolo a sus infantiles fantasías por lo que, con todo el dolor de su alma herida, habló fingiendo una sonrisa.

– Senpai, si deseas, podemos retirarnos.

El detector de mentiras de Souichi se activó de inmediato. Estuvo a punto de decir "Sí, claro, larguémonos de aquí ahora mismo", pero la falsa sonrisa de Tetsuhiro movió algo en su interior. Sin lugar a dudas, su asistente era el peor de los chantajistas.

– Y-Ya estamos aquí, así que no interesa.

El chiquillo se sintió aliviado por las palabras sinceras y reconfortantes de su superior; tanto que, a partir de aquí, todo se tornó natural, como si estuvieran transitando una calle cualquiera sin ninguna restricción de por medio. Caminaban uno al lado del otro contemplando con asombro las bellísimas flores de cerezo. Verdaderamente era una de las más sublimes experiencias que recordarían en el futuro.

– ¿Ya habías venido aquí antes, Senpai?

– Una vez vine con Kanako y Matsuda-san.

– ¿Eh? No lo sabía.

– La verdad es que yo me quedé en una banca redactando un informe en la laptop mientras ellas paseaban.

– Qué típico de Senpai. – dijo divertido.

– Y… ¿tú? – preguntó con timidez, pero al instante se arrepintió por la posible respuesta.

– No, es mi primera vez aquí.

A pesar de que dicha contestación lo intrigó, no creyó conveniente hacer más preguntas. Cuando se dieron la vuelta, se encontraron con parejas alrededor que lucían felices y enamoradas, como si se encontraran en su propio mundo de fantasía. Tetsuhiro no podía evitar observarlos con un poco de envidia y nostalgia al sentir que eran la única pareja que no encajaba del todo en aquel escenario tan hermoso creado para olvidarse de la realidad e ingresar a un lugar en el que todo sobra y nada falta, mientras estés con la persona que más amas.

Estaban tan absortos en el paisaje que, sin darse cuenta, sus dedos rozaron de casualidad. Los de Souichi estaban un poco fríos y saltó cuando sintió el efímero pero cálido toque de los dedos ajenos. Del mismo modo, el menor lo miró con sorpresa y, al notar su sonrojo, se detuvo súbitamente con unas ganas feroces de tomar su mano y no soltarla jamás. ¿Se enojaría su Senpai si rompía la promesa con ese pequeño gesto? Probablemente sí, y lo que menos deseaba esa noche era perder su confianza de nuevo; así que prefirió sacrificarse y callar lo que su corazón le pedía a gritos. Haría lo que fuere por el bienestar y la felicidad de esa persona llamada Tatsumi Souichi.

– ¿S-Sucede algo?

– No, Senpai, solo iba a decirte que ya deberíamos ir a casa.

– Tienes razón, ya es tarde.

– Regresemos entonces.

El camino a casa fue pausado y silencioso. Aunque cada cual tenía pensamientos distintos en la mente, al final estos siempre estaban conectados a todo lo que había ocurrido ese día. La noche se había tornado un tanto fría, pero la luna brillaba intensamente como marcando el derrotero que solo ellos debían recorrer por capricho del destino.

Ya una vez dentro de la seguridad de su hogar, el menor tuvo el atrevimiento de pedirle una foto de recuerdo para inmortalizar ese tan asombroso día. El chico de larga cabellera torció la mirada y, entre bramidos, se vio obligado a darle un coscorrón demasiado suave para su gusto.

– No te emociones, idiota. Sabes que no me gustan las fotos y menos de esa clase.

– Vamos, Senpai, es solamente para recordar que el día de hoy fue especial. – rogó acariciando la zona afectada.

Ahí iba otra vez el descarado chantajista. Souichi notaba, con irónica amargura, que cada vez accedía más y más a los caprichos de su mejor amigo, y aquella cita era la prueba irrefutable de su inusual condescendencia. ¿Por qué siempre terminaba cediendo? Pasaron unos cuantos segundos interminables para el chiquillo de ojos verdes antes de que el otro hombre se dejara caer en el sofá como muestra muda de su aceptación. Y, como era de esperarse, el resultado final fue un rostro feliz al lado de uno amargado, registrados en el smartphone del más joven.

– Pobre de ti que alguien más la vea. – advirtió amenazador.

– Te juro que haré como con la foto con HoneyGreen y la tendré en mi habitación. Eh, Senpai, ¿puedo pedirte una última cosa?

El iracundo tirano estuvo a punto de gritar "¡¿Otra más?!", pero se sentía un poco extraño al escuchar el tono de voz de Tetsuhiro, entre suplicante y esperanzado. Eso sí, se juró a sí mismo, internamente, que nunca más se dejaría convencer para realizar cosas vergonzosas como las de aquel día. Por eso mismo, pensó que ya ninguna petición que viniera de él sería peor que todas las que ya había aceptado a regañadientes.

Qué equivocado estaba.

– ¿Dormirías conmigo esta noche?

Y se juró también que, al día siguiente a primera hora, buscaría al profesor que había corregido el examen de Morinaga Tetsuhiro para darle una buena paliza.


– Senpai, muchas gracias.

– ¿Eh? ¿Por qué?

– Por haberme regalado el mejor día de mi vida.

Como de costumbre, Souichi esquivó la mirada, agradeciendo que la obscuridad de la habitación impidiera que se distinguiesen sus mejillas ruborizadas. No tenía ni la más mínima idea de cómo responder a una confesión tan directa y sincera. Quería golpear a su amigo por ser tan cursi, pero sus fuerzas se habían ido muy lejos y amenazaban con no regresar, por lo menos, esa noche. Su carácter indomable corría grave peligro cuando estaba junto a él.

– Creo que ya es medianoche, Senpai. Nuestra cita ha terminado. Si deseas, puedes volver a tu habitación.

El tirano se sintió un poco decepcionado al escuchar esas palabras, sobre todo porque el tono en que las había pronunciado su compañero era muy melancólico. Se sentía como un maldito ingrato al recordar que, en algunos pasajes de la supuesta cita, había lanzado comentarios nada bonitos. A pesar de ser simplemente reacciones típicas de su naturaleza tímida y vergonzosa, por ratos la expresión del muchachito se había llenado de tristeza. Debía ser cuidadoso con lo que diría a continuación o echaría a perder lo que habían construido con tanto esfuerzo en esos cinco años.

– N-No tiene importancia. – titubeó avergonzado – Después de todo, mañana es domingo y no hay mucho que hacer.

¿Por qué eso sonaba muy parecido a un pretexto para quedarse? Intentó distinguir, en medio de la penumbra, la reacción de Tetsuhiro ante su respuesta; aunque no era necesario ser adivino para saber que una bella sonrisa se había dibujado en su rostro juvenil. Era evidente que estaba muy feliz sabiendo que su Senpai dormiría a su lado esa noche; sin embargo, lo que lo hacía mucho más dichoso era que Souichi estuviera confiando plenamente en él y creyendo en su promesa hasta el punto de dormir en la misma cama sin ningún temor.

– Senpai, ¿sabes qué es lo que me parece maravilloso?

– ¿Qué cosa?

– Que en este preciso instante no quiera hacer nada más que estar así contigo.

Ah, ¿qué tonterías estaba diciendo ese mocoso malcriado? Cuando soltaba ese tipo de frases melosas, luchaba contra sus ganas de enfadarse, de golpearlo o al menos de exigirle que se detuviera. Sin embargo, en ese momento, su corazón estaba haciendo todo un escándalo para silenciar a su cerebro.

– Esta cita fue lo más hermoso que me ha pasado después de conocerte.

Tetsuhiro se acercó un poco más hacia él para envolverlo entre sus brazos; no lo hizo de manera posesiva, sino de una forma tan tierna que automáticamente su cuerpo se amoldó al contrario como si fueran piezas perfectas de un rompecabezas. La frente del tirano quedó a la altura de su cuello y, por un segundo, este deseó sumergirse en la calidez que seguramente ese pecho irradiaba por montones. Su parte racional se lo impidió, mas su subconsciente rogó que el chiquillo tomara, como siempre, la iniciativa de atraerlo un poco más, solo un poquito más…

– Senpai, ¿te divertiste?

– ¿E-Eh?

– Quiero saber si te divertiste hoy.

¿Diversión? ¿Qué significaba exactamente esa palabra?

Repasando en su mente todo lo que habían hecho desde la mañana, se percató de que cada situación había sido más embarazosa que la anterior: el cine, el parque de diversiones, la cena bajo la luna, el paseo por el parque de sakuras… Las horas habían pasado tan velozmente que en un momento hasta se molestó con las agujas del reloj por correr tan deprisa. Claro que ni su propio yo interno lo admitiría.

– N-No estuvo mal.

La simple respuesta le causó un sonrojo más intenso que el que ya experimentaba por el hecho de estar aprisionado entre unos cálidos brazos. Levantó ligeramente la cabeza para comprobar en qué grado habían afectado sus palabras al jovencito.

– ¿Morinaga?

Su respiración estable le hizo entender que acababa de quedarse dormido. Tantas emociones lo habían hecho tan feliz que el sueño lo había vencido por más que batallase contra este para seguir disfrutando de ese pequeño momento tan íntimo. ¿Habría escuchado su respuesta? Esperaba que sí, pues al amanecer, no se sentiría capaz de hablar más del tema.

Cuando tuvo la certeza de que estaba bien dormido, se atrevió a alzar la mano para tocar su mejilla que se sentía tibia al tacto. De pronto, notó cierta humedad en el camino. Ese chiquillo sí que era un tonto. En el más profundo silencio, secó la gota de agua salada con el pulgar, mientras aspiraba el olor natural de Tetsuhiro que quedaría impregnado también en sus ropas.

Recapitulando un poco, parecía irónico que ambos hubieran tenido su primera cita de verdad; no como amigos ni compañeros de piso ni mucho menos como simples senpai y kouhai, sino como algo más que no conseguía comprender del todo. No obstante, a estas alturas, ni siquiera su lado más tsundere podría negar lo natural que se había sentido ese tiempo juntos creando preciadas memorias que compartirían en secreto para siempre.

Sus cavilaciones empezaron a ceder ante el agotamiento y, antes de caer en el sueño profundo, pasó por su mente un pensamiento ya inconsciente que, desde luego, no recordaría cuando arribara la mañana.

Me pregunto cuándo será el próximo examen de Morinaga…


Jane is finally back!

Lo lamento, sé que ha pasado año y medio desde la última actualización, pero no había podido publicar por diversas razones. Awww, sí que extrañaba mis bellos experimentos y este, en particular, lo tenía planeado desde hace muchísimo tiempo. Todos sabemos que Morinaga es un chico muy inteligente y estudioso, así que aproveché para crear una situación de una "cita" entre nuestros chicos, una muy especial. ¡Hasta los hice probar comida peruana! Sin querer, algunos acontecimientos coincidieron con los de los últimos capítulos del manga y eso me hizo demasiado feliz. Realmente espero que este experimento los haya hecho suspirar como a mí mientras lo redactaba.

Ahora, bien, ¿qué creen? En efecto, ¡hemos llegado, nada más y nada menos, que a los 10 experimentos! Y eso, obviamente, merece una celebración. Desearía que me dijeran cuál o cuáles han sido sus experimentos favoritos hasta el momento y, dependiendo del resultado, quizá prepare una pequeña sorpresa. Gracias de antemano a los que se animen a participar.

Espero que hayan pasado una linda Navidad con sus seres queridos y les deseo un excelente Año Nuevo lleno de amor, salud, felicidad y éxitos.

¡Hasta el próximo experimento que sería el primero del año 2018!

じゃねぇ❣

**Jane Ko**