Notas de Mayumi: Después del mega-parón vacacional que se me ha juntado con motivos varios… aquí estoy de vuelta ^^ Intentaré actualizar semana sí semana no como mucho. Tengo pendientes de contestar los revis, ahora me pongo con ellos. Mientras, podéis ir leyendo el capítulo, espero que sea de vuestro agrado.
Basado en Naruto
Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto
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Entre el pasado y el presente
-¡Maldita Tsunade!- refunfuñaba Naruto mientras comprobaba en la agenda la ingente cantidad de deberes que les había mandado su tutora.
De hecho, hacía más de una semana que el rubio sabía que tenía que entregar los trabajos, pero entre unas cosas y otras se le había ido de la cabeza, y le había quedado todo para última hora. Así que tenía que hacer el trabajo de documentación de la época y mirar la película, todo para el día siguiente, ya que tenía un control parcial sobre el movimiento literario del realismo en el siglo XIX. Odiaba los finales de trimestre, todo el mundo andaba super agobiado con los trabajos finales y los últimos controles parciales. Sólo Sasuke parecía ajeno a todo aquello, y a Naruto no dejaba de repatearle el absoluto control que era capaz de llevar sobre todo, reflejado siempre en sus impecables notas. Miró ceñudo al Uchiha.
-Por favor- rogaba Hinata con voz angelical a su primo, al otro lado de la mesa.
Sasuke se llevó las manos a la frente, cubriéndose el rostro con aspecto cansado. ¿Era necesario que aquellos dos fueran tan pesados? Se iba a comprar tapones para las orejas, o mejor aún, los iba a echar de su casa a patadas.
-No- se negó con rotundidad el moreno.
-Pero si no te cuesta nada- insistió la Hyouga.
-Que te ayude Naruto- replicó Sasuke con cara de aburrimiento.
La chica miró a su mejor amigo e hizo una mueca, negando con la cabeza.
-Pero si tiene un montón de deberes- le excusó, mientras el rubio asentía con gruesos lagrimones en los ojos.
Al final Sasuke acabó accediendo sólo por dejar de escuchar a la chica. Se levantó con pesadez y retiró el sofá para que les quedara más espacio.
-Tienes que sujetarme de la barriga y un poco más arriba de la rodilla- explicó Hinata.
El Uchiha resopló y alzó a su prima, levantándola con facilidad por encima de su cabeza. La chica se esforzó por mantenerse recta y elegante en la postura que tanto le estaba costando de las clases de clásico.
-Si te matas diré que ha sido culpa del dobe- advirtió Sasuke con fingida seriedad. Ladeó un poco la cabeza para esquivar la bola de papel que le acababa de tirar Naruto, quien afortunadamente no había tenido una puntería muy exacta.
Media hora más tarde, Hinata se dio por satisfecha y dejó tranquilo al pobre Sasuke.
-¿Ahora te gusta bailar de verdad, no?- inquirió de pronto Naruto.
Hinata se sorprendió ante la pregunta. Ya casi ni se acordaba del motivo por el que había decidido ser bailarina. Cuando supo que Neji se iría a estudiar a Konoha, a la Academia de Artes, decidió que quería ir allí para estar junto a él. No quería pasar cinco años alejada de su hermano, pero ella no era buena escribiendo ni dibujando, y era demasiado tímida para ser actriz, que a veces requería escenas demasiado subidas de tono. Así que, tras descartar la música al convencerse de que su hermano no la apoyaría en eso, optó por empezar a tomar clases de baile.
-Sí, es muy divertido, y es lo único que se me da bien…- susurró un tanto triste, al recordar la facilidad que tenía su hermano mayor para recordarle que era una inútil- Quizás si me esfuerzo mucho y Neji forma algún día un grupo de música, me deje bailar en él.
-Seguro que sí- la animó Naruto.
-Los deberes dobe, que no pienso hacértelos yo- le recordó Sasuke, y el rubio se apresuró en seguir escribiendo el pesado informe.
Hinata no tardó en irse a casa, y los dos chicos se quedaron a solas.
-Sasuke… ¿Quieres ver la película conmigo? No será tan aburrida si me haces compañía- propuso Naruto, mientras recogían los platos de la cena.
-No- la perspectiva de ver una película que mandaban a los de otra facultad para un trabajo de clase tenía pinta de ser bastante aburrida.
-Y haré la cena durante toda una semana- intentó chantajearle el rubio.
-No- se negó con más rotundidad el Uchiha.
Naruto se dio cuenta de que amenazarle con cenar ramen pre-cocinado toda una semana no era una buena táctica, así que intentó probar suerte con otras tareas domésticas.
-Me encargaré de la ropa durante dos semanas- ofreció, mientras metía los platos en el lavavajillas- Y barreré y limpiaré yo solo la casa- añadió, al ver que Sasuke no decía palabra- Haré la compra…
-Pon la dichosa película- accedió al fin Sasuke, preguntándose desde cuando él cedía tanto.
Naruto sonrió feliz y, tras volver a colocar el sofá en su sitio, puso el DVD y le dio al botón del play. Consiguió aguantar el tostón de película entera a duras penas. Se le había hecho la hora y media más pesada que recordaba en su vida. Apagó el aparato con el mando a distancia y miró a Sasuke, que se había quedado dormido junto a él. No podía culparle, él también lo hubiese hecho si al día siguiente no tuviese el maldito examen. Se dio cuenta de que era la primera vez que veía a su compañero durmiendo. Subió los pies al sofá y se giró para poder contemplarle mejor.
Sasuke tenía la cabeza apoyada en el respaldo, ligeramente reclinada hacia el lado en que se encontraba Naruto. Su pecho subía y bajaba bajo la ajustada camiseta azul marino, al ritmo acompasado de su respiración. Sus facciones, normalmente duras y altivas, se habían suavizado un poco. Uno de los mechones azabache de su flequillo le cubría el ojo derecho.
Naruto extendió una mano para apartarlo con cariño. No le sorprendió lo suave y sedoso que era su cabello, ya se notaba a simple vista. Dejó que sus dedos se enredaran en las hebras oscuras, deslizándose entre ellas de manera juguetona.
-Así hasta pareces buena persona- susurró con cariño. Cada vez estaba más convencido de que Sasuke tenía un corazón más grande de lo que estaba dispuesto a admitir.
Naruto se mordió el labio inferior, indeciso. Su curiosidad le decía que tocase aquella nívea piel, que comprobase si era tan suave y agradable al tacto como parecía, pero su sentido común le decía que no era buena idea. Finalmente la curiosidad ganó la batalla, a fin de cuentas el Uchiha también le manoseaba cuando le apetecía.
Dejó que sus dedos hicieran contacto con la mejilla de Sasuke, sonriendo al encontrar la tersura que esperaba. Delineó la pequeña y elegante nariz, y se detuvo tembloroso al llegar a los delicados labios del moreno. El corazón le palpitaba muy fuerte dentro del pecho. Quizás no volvería a tener a Sasuke así, quizás nunca podría volver a tocarle. Se inclinó un poco más hacia el moreno. Sentía la boca seca y torpe por los nervios. Sabía que aquello no estaba bien, pero aquellos labios parecían llamarle, instándole a probarlos. Se humedeció los propios, que estaban resecos por la emoción, con la puntita de la lengua. Se acercó un poquito más. La tranquila respiración del Uchiha chocaba contra sus labios, sumergiéndolo en la sugerente humedad del aliento que escapaba de su boca entreabierta. Tragó saliva silenciosamente.
-Asegúrate que eso es lo que quieres hacer, porque estoy despierto- susurró de pronto Sasuke, haciendo que a Naruto casi se le detuviera el corazón del susto.
El Uchiha no se movió ni apartó al rubio de él, simplemente entreabrió los ojos, contemplándole vagamente a través de su mirada soñolienta. Se había despertado cuando el rubio se acercó a él, haciendo rebotar estrepitosamente todo el sofá.
Naruto intentó decir algo, pedirle perdón le parecía la reacción más coherente, sin embargo continuó, callado e inmóvil, en la misma posición. Contra toda lógica, que le decía que no fuera a más y aprovechara el aletargamiento de Sasuke para dejar el tema con dignidad, continuó absorto en la tentadora llamada de la atracción que sentía por el moreno. No tuvo muy claro cuando salvó la escasa distancia que les separaba, sólo fue consciente del delicioso tacto de aquella boca sobre la delicada piel de sus labios.
De pronto la cordura pareció abrirse de nuevo paso hasta sus turbados pensamientos y se apartó bruscamente del Uchiha, para mirarle con preocupación.
-Lo… lo siento Sasuke- se disculpó azorado.
Sasuke se incorporó, completamente inexpresivo. Cerró los ojos y movió la cabeza hacia ambos lados, con calma, en un intento de desentumecer el cuello de la incómoda postura en la que se había pasado tanto rato.
Naruto aguardaba como si fuera a recibir una sentencia de muerte, con las manos sudorosas retorciendo con nerviosismo su camiseta y sin saber exactamente que era lo que debía hacer. Se retiró un poco hacia atrás de manera involuntaria cuando el moreno le encaró con seriedad.
Sasuke tomó la barbilla de Naruto y, para sorpresa de este, volvió a juntar sus bocas, depositándose con tranquilidad sobre la de su compañero. Dejó que sus labios se fundieran con los de Naruto, intentando cazarlos entre los suyos, tirando con suavidad del inferior, lentamente, hasta romper el contacto.
-Dobe- refunfuñó en cuanto se separaron, y se puso en pie, dirigiéndose a las escaleras.
Naruto necesitó unos segundos para procesar lo que acababa de ocurrir. Sólo tras convencerse de que Sasuke realmente le había besado fue capaz de saltar del sofá y correr tras él.
-¡Espera Sasuke!- le llamó, justo antes de que el moreno se encerrara en su habitación- ¿Por qué has hecho eso?- le preguntó. El Uchiha sabía que le gustaba, no tenía derecho a besarle y no darle ninguna explicación.
-Porque ya eres bastante molesto sin necesidad de que te andes disculpando mil veces por una tontería- aclaró Sasuke- Ahora estamos en paz, así que no quiero que me vuelvas a pedir perdón- indicó, antes de desaparecer tras la puerta.
Naruto se llevó una mano al pecho, confundido. El Uchiha no se había enfadado con él por besarle, es más, incluso le había correspondido con otro beso, pero después de ello se había encerrado en su dormitorio, "su refugio", el único lugar al que Naruto no tenía permitido acceder. ¿Qué esperaba que pensara? ¿Qué quería de él? De nuevo, estrujó con fuerza la camiseta entre sus manos, sin lograr comprenderle, mientras se dirigía a su cuarto y se desplomaba sobre la cama, confuso y agotado. Y entre medio de toda aquella confusión se abrió paso un nuevo sentimiento: la sensación de estar traicionando a su príncipe. Naruto cerró los ojos y dejó que los recuerdos afloraran, tan nítidos como si los estuviese viendo pasar ante él.
Naruto se puso en pie con la mayor dignidad posible y se secó las lágrimas. Sintió un escalofrío al sentir el tacto de sus marcas en la yema de los dedos, las pequeñas hendiduras que surcaban sus mejillas. Las odiaba, ellas eran las culpables de que ninguno de sus compañeros de parvulario quisiera jugar con él. Salió corriendo del parque, sin mirar atrás. Seguro que su madre le regañaría por volver a alejarse de su niñera, pero no le importaba, sólo quería alejarse de aquellas risas y aquellos desprecios inmerecidos. Escuchó la voz de Ino a sus espaldas, llamándole, pidiéndole que se quedara, pero no le hizo el menor caso. Su hermana no podía entender como se sentía.
Cuando sus pequeñas piernecitas no podían más, se detuvo a coger aire, respirando escandalosamente. Miró a su alrededor, y sólo entonces se dio cuenta de que había vuelto a parar en aquellos edificios abandonados. Sabía que debía tener miedo a aquella zona tan alejada de su barrio, pero la soledad y el aspecto desolado de los bloques de pisos deshabitados le daba una extraña sensación de paz. Allí nadie se metía con él, nadie le llamaba monstruo, ni se reía de él, ni le rechazaba.
-A vosotros también os han dejado solos, ¿verdad?- preguntó Naruto con cariño, acariciando los toscos ladrillos y mirando hacia arriba.
Entonces algo captó su atención. De una de las ventanas salió volando un pequeño papel, que danzó revoltoso por el aire mientras caía hacia el suelo. Le pareció que por la ventana del segundo piso asomaba durante unos segundos una pequeña cabecita, pero desapareció tan rápido que no estaba seguro de si había sido real o lo había imaginado.
Lleno de curiosidad, Naruto correteó hasta coger el papel y lo examinó con interés. Era el dibujo de una mujer que tenía en brazos a un niño pequeño. Los dos sonreían, dándole una imagen de ternura que le hizo esbozar una sonrisa. Volvió a mirar hacia arriba. Seguro que a su dueño le apenaba perder un dibujo tan bonito. Armándose de valor, volvió hasta la puerta de aquel edificio y giró el pomo. Esta se abrió con un tenue crujido, dejando ver un largo pasillo sin más luz que la que se colaba del exterior por la pequeña ventana de las escaleras.
Avanzó decidido, subiendo hacia el segundo piso, y allí fue abriendo las puertas de los pequeños apartamentos, una por una. Supo que había hallado lo que buscaba cuando se encontró con un suelo lleno de dibujos esparcidos por todas partes.
-¿Hola?- saludó dudoso, mientras observaba las láminas a su alrededor.
Había toda clase de dibujos, desde niños jugando en el parque a monstruos feroces que surcaban el cielo creando destrucción. Y todos y cada uno de ellos eran capaces de transmitir perfectamente la emoción que había llevado a su autor a hacer aquellos bosquejos.
No obtuvo respuesta, así que se introdujo en el pequeño apartamento. Tenía un poco de miedo, pero estaba seguro de que no podía pasarle nada peor que aquellas horribles marcas que tenía grabadas para siempre en el rostro. No tardó en encontrarlo, tirado en el suelo entre un montón de lápices de colores, garabateando con aspecto concentrado un papel. Era un chico de cabellos oscuros, y debía tener más o menos seis años, igual que él. Naruto estuvo contemplándole un buen rato. Estaba seguro de que había notado su presencia, pero no se molestaba en hablarle o mirarle.
-Creo… que esto es tuyo- dijo tímidamente Naruto, tendiéndole el dibujo que había recogido en la calle.
El chico se dignó al fin a alzar la vista. A Naruto le dio un bote el corazón. Tenía los ojos increíblemente oscuros, nunca había visto un negro tan profundo como aquel, parecía que su mirada fuera a tragárselo en el interior de un pozo sin fondo. El chico se puso en pie con elegancia y tomó el dibujo, dejándolo en la mesa junto a los demás.
Si Naruto esperaba que le diese las gracias, andaba bastante equivocado. El chico se limitó a seguir dibujando sin prestarle la menor atención. El rubio removió uno de sus piececitos contra el suelo, nervioso. Quería que aquel curioso niño le hiciera caso, pero no sabía que decirle.
-Esto… ¿Qué haces aquí?- preguntó de pronto el rubio. Tenía entendido que en aquella zona no vivía nadie, y por el aspecto desastroso del apartamento no parecía que hubiese cambiado la situación.
-Lo mismo podría preguntarte yo- respondió el chico secamente- Y no lo hago.
Naruto juntó los deditos, todavía más nervioso. No había hecho nada para que le hablase de esa manera tan desagradable. Entonces cayó en la cuenta de que no se había presentado. Sus padres decían que las normas de la educación exigían presentarse cuando se empezaba una conversación con alguien, quizás por eso aquel chico había sido tan arisco.
-Yo me llamo Uzumaki Naruto- dijo con una gran sonrisa, mientras se sentaba al lado del chico- ¿Cómo te llamas tú?
-No puedo decírtelo- replicó el chico, con un tono de arrogancia que hizo enfadar a Naruto.
El rubio infló los mofletes en un gesto enfadado, mientras le quitaba el lápiz para obligar al chico a prestarle atención. Pero simplemente le miró con autosuficiencia, sin inmutarse.
-¿Y porque no, eh?- gritó desafiante. Aquel niño definitivamente le sacaba de sus casillas.
-¿Me devuelves mi lápiz?- respondió el moreno, con una calma que exasperó al rubio.
-No hasta que me contestes- se obstinó Naruto.
El chico entrecerró sus ojos oscuros peligrosamente. Por un momento, Naruto pensó que se había enfadado, pero finalmente accedió a responder.
-Es que me están buscando, y nadie tiene que saber que estoy aquí- confesó.
El enfado se le pasó a Naruto tan pronto como vio la tristeza mal disimulada que había acompañado a aquellas palabras. Le tendió el lápiz, que el chico aceptó y empezó a girar entre sus manitas.
-Ah… ¿Y por qué te están buscando?- inquirió el rubio con curiosidad.
-Me he escapado de casa- respondió con un encogimiento de hombros.
-¿Por qué?
-Haces muchas preguntas- refunfuñó el chico, al parecer molesto.
-Lo siento- se disculpó Naruto con una sonrisa, mientras se frotaba con nerviosismo la nuca. El moreno suspiró, ablandándose ante aquel encantador gesto.
-No importa. Es que… tengo un nuevo hermanito que me odia. No quiero que me odie nadie más en mi casa- respondió, y de nuevo aquella expresión de dolor traspasó fugazmente su intento de indiferencia.
-Los bebés no odian a nadie- corrigió Naruto.
El chico le miró con el ceño fruncido.
-No es un bebé. Mi nuevo hermanito tiene los mismos años que yo- dijo secamente.
Naruto se encogió de hombros. Siempre había pensado que cuando uno tenía un nuevo hermanito, este llegaba a la familia como un bebé, pero tampoco podía asegurarlo. Él sólo tenía una hermana, e Ino estaba en la casa antes que él. Pensó que quizás sería mejor cambiar de tema, el chico no parecía muy contento de hablar de aquello.
-Dibujas muy bien- le halagó Naruto, tomando una de las láminas.
Un sutil rubor cubrió las mejillas del niño, dándole un aspecto encantador.
-Gracias. Cuando sea mayor quiero estudiar dibujo- respondió con un pequeño atisbo de sonrisa en aquel rostro hasta ese momento serio.
Naruto pasó toda la tarde hablando con el niño, hasta que se dio cuenta de que estaba empezando a anochecer. Tenía que volver al parque si no quería preocupar a sus padres, pero prometió que volvería al día siguiente a visitar a su curioso amiguito.
Durante toda una semana, Naruto se escapó cada tarde del parque, sin importar lo mucho que insistiera su niñera en tenerle vigilado, para ir a ver a aquel chico de ojos negros. Ino accedió a ayudarle cuando su hermano le contó el secreto y se encargaba de entretener a la mujer con cualquier excusa, dándole tiempo para escapar.
Naruto siempre llegaba corriendo y sin aliento, le daba a aquel niño parte de su merienda y pasaba la tarde con él, hasta que se iba el sol. El chico no hablaba mucho, pero no le importaba, se sentía bien en su compañía.
-Tienes unas marcas muy extrañas- comentó de pronto el moreno una de aquellas tardes.
Naruto le miró asustado. Hasta ahora no había dicho nada sobre ellas, pero ya le parecía raro que alguien no se riese de sus cicatrices. Desvió la mirada. Le gustaba tanto pasar tiempo con aquel chico porque nunca se metía con él, y tenía miedo de que aquello cambiara. Suspiró con tristeza, ya sabía que él era un bicho raro y aquello era demasiado bonito para durar por siempre. No supo cuando el niño se había acercado tanto, pero de pronto sintió una de sus pequeñas manitas en sus mejillas. Naruto se quedó estático, mientras el chico moreno reseguía tranquilamente todas las cicatrices, una a una. Nunca había sentido su pecho latir con tanta violencia, ni siquiera cuando corría para escapar de las burlas de sus compañeros.
-Son graciosas- comentó, con una de sus inusuales sonrisas- Te dan el aspecto de un pequeño zorrito.
-Un… ¿zorrito?- repitió Naruto. No sabía si debía tomarse aquello bien o mal.
-Sí, son como los bigotitos de un animal- aclaró, mientras volvía a acariciarlos, como si estuviese hipnotizado por ellos- Me… me gustan- confesó, sin dejar de palparlas con mimo.
Naruto llevó su mano sobre la del chico moreno, atrapándola y presionando con más fuerza contra su mejilla. El chico le dejó hacer sin protestar, cosa bastante extraña en él, que solía rehuirle cualquier contacto.
-Gracias- susurró Naruto con voz ahogada.
Su amigo le miró extrañado. No podía saber la de problemas que le daban aquellas marcas con sus compañeros de la escuela. Estaba a punto de preguntarle algo, pero Naruto le soltó repentinamente y le miró como si estuviera a punto de llorar.
-Siempre dices que un día de estos te encontrarán y te obligarán a volver a casa- dijo el rubio. El chico asintió con la cabeza- ¿Y no podremos vernos más?- preguntó, con un poco de desesperación en su voz.
-No lo creo…
-Entonces prométeme algo… Volveremos a encontrarnos algún día- suplicó Naruto.
El chico adquirió una expresión concentrada, como si estuviera pensando en lo que había dicho. Era sorprendente la seriedad que podía adquirir su rostro, no parecía nada acorde con alguien de su edad.
-¿Conoces la Academia de Artes de Konoha?- preguntó al fin el moreno. La mirada de desconcierto de Naruto le dijo que no era así, por lo que continuó hablando- Es una universidad donde se estudian diferentes carreras artísticas… es la mejor del país. Estudiaré allí cuando sea mayor.
El rubio entendió a que se refería el chico y asintió con la cabeza. A su edad, no se había planteado que iba a hacer en el futuro, pero en ese instante lo tuvo muy claro.
-Entonces… nos encontraremos en esa academia. ¿Es una promesa?- preguntó dubitativo, mientras estiraba una mano en dirección al chico moreno.
-Es una promesa entre tú y yo- confirmó, mientras estrechaba la mano de Naruto con la suya.
Naruto sonrió, feliz como no se había sentido nunca en la vida. Abrazó a su amigo de manera efusiva y depositó un inocente beso en su nariz, con una amplia sonrisa zorruna. El moreno se apartó azorado y se cubrió la nariz con una mano, mientras el color carmín teñía sus mejillas dándole un aspecto adorable.
-Dobe- refunfuñó ante el gesto. Desvió la mirada avergonzado, y se dio cuenta de que el sol había empezado a descender considerablemente- Es hora de que vuelvas a casa- le soltó, en una entonación que casi parecía una orden.
Naruto asintió enérgicamente con la cabeza, y volvió a abrazarle con atrevimiento antes de dirigirse a la puerta.
-Hasta mañana- se despidió contento, mientras corría escaleras abajo.
Naruto dejó escapar un prologado suspiro al volver al momento presente.
-Aquella fue la última vez que te vi- recordó con nostalgia.
Se puso el pijama con cansancio, y se metió en la cama. No sabía si aquel chico recordaba su promesa, pero no quería perder la esperanza. Él había tardado un año más de la cuenta en llegar a la academia, quizás su amigo de la infancia también había tenido algún problema y aún no había podido ir. Quizás se encontraba en algún lugar de la facultad de dibujo, con una memoria tan desastrosa como la suya propia que no le dejaba acordarse de cómo era Naruto. Tal vez era que simplemente no habían coincidido entre los miles de estudiantes que atestaban la universidad día tras día. Fuera como fuese, él no iba a darse todavía por vencido.
Aunque ahora había una pequeña parte de él que no estaba tan segura de querer encontrarle. Si daba con él… ¿desaparecerían sus sentimientos por Sasuke? ¿Eran estos un simple reflejo de lo que sentía por el príncipe? No había olvidado a aquel niño, pero Sasuke se había instalado con fuerza en lo más profundo de sus pensamientos. Podría… ¿podría quererle alguno de los dos? Resiguió lentamente los labios con la punta de su lengua, de manera inconsciente, al recordar el beso que le había dado el moreno. Le había dejado un regusto entre dulce y amargo, como el mismo Sasuke, que le hacía desear mucho más. Chasqueó la lengua. El maldito Uchiha le ponía malo con sólo mirarlo, era normal que se olvidara todo lo demás, hasta del príncipe. Dejó escapar un suspiro contrariado. ¿Sentiría su príncipe aquel mismo amor de infancia por él? ¿Le estaba traicionando por querer a Sasuke?
Cerró los ojos con pesadez. Se sentía demasiado confuso para pensar con claridad. No tardó en quedarse dormido, pero tampoco en sus sueños encontró paz. Sasuke y el príncipe se entremezclaban en un extraño e incomprensible barullo. Y él no sabía que hacer.
