CAP IX

"Un fantasma"

30 de marzo de 1988

Granada

Templeton y Rodolfo pidieron perdón por vigésima vez a Walter pero el moreno les miró con desprecio y no les hizo caso como las otras diecinueve veces. Se apoyó en el alféizar que el más pequeño se había apropiado.

- Se te va a quedar el culo helado Principito – como el niño le ignorara cambió de táctica - ¿estás bien Dean?

- Si

Si los otros dos se sentían mal por él, él se sentía fatal por el rubito, sobre todo después de presenciar el rapapolvo que le había echado su padre. El chico mayor llevaba en ese colegio tres años, y cuando llegó era tan poco sociable como el chiquillo sentado en la ventana. Hasta que Zuo Jung se convirtió en algo así como su hermano mayor, de él y de todos los de la habitación 7.

Dos semanas encerrados les esperaban. "Vaya, voy a desear que haya educación física para poder respirar aire libre". Y después una más para el pequeño ¿por qué le prendería fuego a la tabla? No lograba entenderlo, pero se había asustado un montón cuando vio aquellas palabras escritas con la sal que el niño había lanzado a puñados.

El pequeño se estremeció de frío, aún hacía sol fuera pero el estar todo el día encerrados debía pasar factura. Le dio una de sus chaquetas, una vaquera que ya le estaba pequeña. Era su forma de disculparse, y el niño aceptó su disculpa.

- Pues no hace frío aquí ni nada – otra vuelta de los dos avergonzados compañeros que no eran capaces de divertirse sin el moreno.

- Oye, ¿Por qué no os vais a freír monas y nos dejáis tranquilos? – Walter empezaba a mosquearse ya en serio.

- ¿no nos vas a perdonar? – insistió Rod

- ¿Te ha perdonado tu hermano? – fue una pregunta cruel, pero es que estaba de un pesadito

- No

El pequeño saltó de la ventana y se acercó a Raúl que con los brazos cruzados miraba el techo tumbado en su litera. Trepó y se sentó junto al chico que le miró planteándose el mandar a la mierda al pequeño o esperar a ver qué quería.

- Tu hermano no entiende que los fantasmas son reales – los cuatro chavales se quedaron de piedra al oír al rubito.

- Por favor – Rodolfo se acercó a la litera – los fantasmas son sólo historias para asustar a los críos.

- Cállate Rod, tú mejor que nadie sabías que era peligroso jugar con esas cosas – Raúl aguantaba a duras penas las lágrimas.

- Fue una casualidad Raúl, tú no tuviste la culpa, ni yo, ni nadie.

- No fue casualidad hermano, invocamos aquel espíritu, le dijimos que queríamos estar solos para hacer lo que nos diera la gana. Y nos hizo caso.

- No lo sabías – el más pequeño le dio una palmada en la pierna – no tiene caso que te atormentes por ello. Deberías perdonarte tú y perdonar a tu hermano.

- Joder, mierda, coño, me cago en tó… - el mayor de los Aldana empezó a darse cabezazos contra la pared – soy un idiota.

Walter y Temp lo sujetaron y se sentaron con el chico en el suelo. "No existen, no existen" lloraba el otro entre los dos. Una ráfaga helada recorrió la habitación. El chico más pequeño saltó de la cama de Raúl y se volvió a la ventana, pero esta vez no se sentó. En los cristales empañados y con la misma letra que el día anterior las palabras "Hola pequeño" destacaban contra los rayos de sol.

Los otros cuatro niños se levantaron y se colocaron tras el pecoso la curiosidad era más poderosa que el miedo. Jung llegó a tiempo de escuchar la pregunta del pequeño Winchester.

- ¿Quién eres?

Y de ver la respuesta nuevamente escrita en el cristal de la ventana: "FS"

Blue Earth

Sam insistió de nuevo. Llevaba toda la tarde diciendo que quería ver a su hermano, el niño no se acostumbraba a estar sin el pecoso, podía pasar sin su padre pero sin Dean… John no podía llevarlo hoy, si lo hacía sería como si no estuviese de acuerdo con el castigo, pero tampoco podía dejar aquello sin hablar con el mayor, al parecer había espíritus en el colegio y el juego de los chicos los había vuelto activos ¿y si alguno era un polstergeits?

Pero había otra cosa, debía saber más acerca de la mujer que se había tomado la confianza de hacer los caprichos del pequeño.

- ¿Qué me puedes decir de Bridget Thomas, Jim?

- Pues lo primero que no es Thomas, es viuda y el apellido de su marido era Segura

- Suena español

- Era español, aunque había conseguido la doble nacionalidad

- ¿Es de fiar?

- John, ¿crees que dejaría a tu chico con alguien en quién no confiara?

- Me recibió bastante regular cuando recogía a Sam, como si se pensara el dejarme llevármelo.

- Bridget es una persona algo rara, muy introvertida, pero es muy buena gente. Puede que tu aspecto no le agradara.

- Pues no soy lo que se dice feo

- No es eso, esa chica ha sufrido mucho, deberías entenderla. Lo de su marido fue algo espantoso, "vudú". Si no fuera por su hermana a la que también conociste y por esa guardería cualquiera sabe que hubiese ocurrido.

John no pudo evitar recordar su propio infierno personal, quizás James tenía razón, quizás él se había vuelto algo paranoico a causa de su trabajo. Pero esa mujer, de cabello pardo y corto, ojos enormes y castaños, nariz chata, que apenas le llegaba al hombro, que le había observado por encima de sus gafas con una seriedad amenazante, no le inspiraba ninguna confianza.

- No me gustó que llevara a Sam a ver a Dean, eso tenía que hacerlo yo y no ella… - no aguardó a que su amigo le replicara, se merecía la respuesta que podía darle a aquello.