Hola, sé que prometí que actualizaría en "unos días", pero a medida que editaba el capítulo se me hacía tonto lo que había escrito. Así que lo borré y volví a empezar. Perdón, de veras… jajaja Y de hecho, este capítulo salió tan largo que tendré que volver a dividirlo XDDDD Así jamás terminaré la historia (quiero llorar y reír).

Yo sólo espero que disfruten este capítulo tanto como me gustó y costó escribirlo.

"CDA: El pequeño demonio llamado Shippo (parte 6)"

Repentinamente el cielo se tiñó de un color oscuro, parecido al negro. La preocupación llegó hasta mi de un sopetón que me hizo preguntarme en qué clase de problemas nos meteríamos ahora.

Mi instinto natural hizo girarme para ver el rostro de Inuyasha sólo para descubrir que, pese a que también observaba la sombría atmósfera, apretaba los puños a la espera de que algo monstruoso apareciera.

En aquel momento hicimos contacto visual. La forma en la que me miró sólo hizo que me incomodara. Lo sabía, me estaba retando con la mirada.

"A esto me refería", parecía decir fulminándome con los ojos.

Con que sí soy un imán para los problemas…

—El cielo… —alcancé a decir—, ¿por qué…?

—Forasteros… —dijo de pronto una voz, pero no sabíamos quién era.

Me puse en guardia de inmediato.

Una luz apareció entonces, nos deslumbró transformándose en un gran espiral de fuego azul mientras el ente siguió hablando en ecos.

—Ustedes tienen la lágrima perlada…

—Pero… ¿qué…? —Pregunté— ¿Un espíritu?

¿Sabía acaso el ente que la buscábamos? ¿Tenía pensado que la tendríamos? No, imposible… ¿cómo habría de enterarse?

—No lo sé —masculló con la mandíbula apretada el híbrido— ¡Argh! —Gruñó de pronto, al borde de explotar en un enojo—. ¡Deja de esconderte y muéstrate, ser!

—Entréguenmela…—arrastró las palabras, para sonar "amenazante"— ¡…O los mataré! —advirtió gritando el ente cuando el fuego delante de nosotros se consumió, de pronto, apareció entonces una especie de esfera con los ojos desorbitados, se acercó flotando muy lentamente hasta llegar a Inuyasha y abrió su pequeña boca, para comérselo.

Sin embargo, apenas le había tocado un pelo cuando, supe por la forma en la que miraba Inuyasha a la gran pelota, que las bromas de mal gusto no eran lo suyo; se rascó molesto la frente con unos de sus dedos haciendo una grotesca mueca de enojo.

—¡Ya deja de estar jugando, mocoso! —gruñó al darle un golpe a palma abierta a la esfera.

Enseguida se oyó un ¡Puf!, y descubrimos, muy extrañamente que aquel que nos amenazaba con matarnos no era más que un…

—¡Un niño! —exclamé sorprendida.

Ahora era Inuyasha quien lo amenazaba con la mirada mientras lo agarraba de la pomposa cola rubia antes de que este pudiese escapar.

—¡Ay! —se quejó con los ojos vidriosos—. ¡¿Por qué me hiciste eso, hereje?!

"¿Hereje?" Que palabras más rebuscada… ¿de qué era este niño?

Justo cuando pensaba en preguntárselo Inuyasha volvió a darle no solo uno o dos, sino tres golpes más.

—¡Ay, ay, ay!

—Inuyasha, cuidado, tan solo es un niño…

—¡Es un mapache! —me interrumpió con los dientes apretados, sin mirarme a la cara todavía.

—¡Soy un zorrito! —nos corrigió con cuatro chichones en su cabecita mientras se retorcía para escapar, sin poder hacerlo, en realidad.

La cola y las patitas de animal lo demostraron. Sin embargo, sus ropajes, también tradicionales volvieron a embargarme con más preguntas.

Usaba unos pantalones azules anchos amarrados en un lazo y fruncidos al final de tal manera que dejaba sus patas al descubierto, tal como la ropa de Inuyasha. Traía puesta una camisa tradicional celeste con motivos de hojas y llevaba una chaquetita sin mangas de piel café clara.

Su pelo marrón y desordenado amarrado también con una cinta azul enmarcaba su pequeño y tierno rostro de ojos verdes.

—¿Un zorrito? ¡Qué lindo! —pensé en voz alta sin medirme—. ¡Yo quiero cargarlo! —me apresuré a llegar donde ellos y me puse detrás de Inuyasha, esperando mi turno.

—¡Esto no es un juguete, Kagome! —Me recordó cortante Inuyasha, quitándome de mi pequeña ensoñación—. ¡Y no te formes detrás de mí!

—¡Ugh! ¡Déjenme ir, tontotes! —se quejó el zorrito.

—¡No!

—Inuyasha —le calmé—, ya, déjalo. Es un niño —le recordé.

—Es un demonio, ¿Qué no ves?

—¡Al menos soy algo a lo que jamás podrás aspirar, tonto! —dijo rebuscando rápidamente algo en su camisa, sacó de este lo que pareció ser una pequeña canica y, de alguna forma, antes de que Inuyasha pudiese darle otro golpe, el peso de la transformación de una estatua pesada que apareció inesperadamente hizo que la mano del hibrido quedara en el suelo debajo de este.

Ahora el zorrillo ya no estaba.

¿Cómo había hecho eso? ¿Era acaso magia?

¿A dónde se había ido?

Y entonces, en la quietud, se oyó un chasquido, como una rama que se rompe al torcerse. Me giré y ahí lo vi, a menos de un metro de distancia de nosotros. Un arbusto con una cola se alejaba del lugar.

Antes de que siquiera pudiera apuntarlo, Inuyasha fue más rápido, empujó la estatua y tomó el arbusto de la cola, en una de sus manos. Lo zamarreo, hasta que este hizo un "puf" y se convirtió de nuevo en el zorrito.

El animalito se volvió a quejar una vez que Inuyasha le encestó otros tres golpes más.

—¡Repite lo que dijiste una vez mas y te corto esa estúpida cola de animal que traes! —amenazó sin titubear el hanyou.

—Inuyasha, bájalo ahora mismo —le ordené.

Demasiada violencia contra los menores.

—¡Sí, tonto, hazle caso a tu noviecita! —Exclamó con coraje el pequeño demonio— ¡¿Entendiste?!

—¡Ah! ¡Ya me hartaste, bestia inmunda! —le golpeó otra vez.

—¡Ay, ay, ay, ay! ¡Mi cabecita! —Se quejó en un alarido—. Ya veras, tonto, ¡Conseguiré esas lágrimas que tienen y los mataré a todos ustedes!

—¿A todos... ustedes? —pregunté sorprendida. Era demasiado inquietante oír eso de un pequeño niño como él.

—¡Me vengaré, lo juro, de ustedes y todos los demás que osaron en burlarse de mí y mi familia!

—¡Hah! Sí, cómo no —se burló ácidamente el híbrido con una sonrisa de suficiencia.

—¿A qué te refieres? —pregunto preocupada.

—¡A esos zorros que mataron a mi padre…! ¿A quién crees, mujer?

—¿Te refieres a aquellos que roban comida?

—¡Bah! Con una tunda basta —dijo Inuyasha, restándole importancia al asunto.

—¡Tú no entiendes, idiota! —le gritó el zorrillo, quien todavía seguía sostenido de la cola. Pronto advertí que comenzaban a brotar lágrimas de sus ojos—. ¡Él era mi única familia! ¡No lo entiendes! ¡Nadie entiende!

Y, antes de poder agregar cualquier cosa, darle palabras de ánimo, de apoyo o preocupación, sacó rápidamente de entre los pliegues de su ropa una pelotita negra, la lanzó al piso y, en el acto, se esparció un humo con un olor desagradable que se coló por nuestra boca y narices, haciéndonos toser.

Cuando el humo se disipó, el pequeño demonio ya no estaba con nosotros.

—¿Qué fue eso? —preguntó Inuyasha haciendo una mueca de disgusto.

—Ha sido sorpresivo —dije una vez que deje de toser y me aclaré la garganta—. Pensé que era parte del grupo de los otros niños en el parque.

—Con lo llorón que es y lo que dijo no creo que sea así.

—Habló de una venganza.

"¿No es eso lo verdaderamente preocupante?", pensé para mis adentros.

—Pues que se atreva a hacerlo y madure un poco.

—Es un niño —le recordé con los labios apretados.

¿Cuántas veces tendré que repetirlo para que capte la idea?

—Entonces que crezca de una vez.

Suspiré.

—No tiene que ser necesariamente así…

—Es la única forma —Ni se inmutó al decirlo.

—¡No, no lo es!

—¡Si lo es!

—¡Que no!

—¡Que si!

—¡No es correcta la violencia por violencia, así sin más!

—Es una venganza, ¡Tonta! —exclamó de brazos cruzados—. Ya lo entenderá cuando los acabe a todos.

—¡Es un niño, Inuyasha! ¡No debiese tener esos pensamientos en su cabeza!

—¿Y cuáles debiese tener, según tú?

Me lo pensé… pero hablé antes de haberlo hecho siquiera.

—Debería pensar… en jugar… ¡O yo que sé!

—¡Bah! ¡Tonterías! ¿Quién tendría tiempo para eso?

—¿Qué? No me digas que tú no jugaste de pequeño.

¿Acaso fuiste violento toda tu vida?

—No, no lo hice —afirmó sin más—. Soy un hanyou, ¿recuerdas?

Me estremecí ante tal aseveración.

¿Qué tiene que ver esto con que sea un hanyou? Apuesto que solo lo dice por decir.

—¡Sí, sí recuerdo! —exclamé sin dar mi brazo a torcer.

—¡Entonces comprende de una vez! —gritó de pronto, viéndome a la cara.

¿Qué comprenda qué, Dios mío?

Apreté los labios, enojada.

Oh, no. Otra vez echábamos chispas.

Detente, Kagome.

Aparté la vista tras dar una bocada al aire.

—Como sea… —murmuré todavía un poco molesta—. Hay que encontrar una manera de salir de aquí.

—…bien —refunfuñó.

Se giró y comenzó a caminar. Ignorándome.

Me quedé por un momento a la espera de que sucediese algo, no sé qué, pero nada pasó. Incluso una parte de mi quería verlo desaparecer por siempre entre la hierba y los arboles, no por un simple capricho, sino que porque de un modo u otro, me sentí amenazada ante el profundo interés que comenzaba a tener por él emergiendo peligrosamente desde el centro de mi pecho.

No, me dije. No vayas ahí…Recuerda que estás enojada.

Sin embargo, la parte más consciente de mí misma había sabido ver que no tenía nadie a parte de él conmigo, que mis amigas habían desaparecido llevándose el mapa consigo y que yo, estaba muchísimo más perdida que otras personas en este bosque… por lo que, incluso antes verlo desaparecer, me permití tomar un impulso y alcanzarlo a prisa.

Pese a que él en ningún momento se giró a verme, ni siquiera a comprobar si estaba bien o no, supe que sabía que lo estaba siguiendo.

¿Extraño, no?

Sin embargo, una vez que sentí que la tensión se calmó, tuve el maldito instinto de seguir discutiendo lo que ya parecía haberse olvidado.

—Yo no afirmo que todos los niños debiese jugar, digo que no es normal ir por el mundo teniendo esos pensamientos…

Inuyasha exhaló, estando delante de mí, deteniéndose precipitadamente.

—Está bien para ti. No conoces nada acerca de la realidad, no más de la que has vivido por ti misma… ¿o sí?

Qué cruel comentario…

—¿Entonces crees que es bueno asesinar a aquellos que matan a tu familia?

—Si se lo merecen…

¡¿Qué?! ¿De verdad piensa así?

—No —se interrumpió inesperadamente.

—¿Entonces…? —indagué, confundida.

¿Por qué no se pone de acuerdo de una vez con lo que va a decir?

—Es un niño —me recordó él esta vez.

Pero… ¡Pero si eso es lo que he estado tratando de decirle todo este tiempo!

—No tiene a sus padres —agregó mirando al cielo—. Está solo.

Solo.

Solo, me repetí y abrí los ojos, sorprendida.

Oh… entonces a esto se refería…

—Los suyos no solo lo rechazan, sino que también mataron a su padre.

Bajé la vista.

—Y los humanos rechazan a los demonios por lo que son…

La pregunta apareció súbitamente en mi mente cuando por fin se volteó a verme, ahora totalmente serio.

"¿Qué hubieses hecho tú si lo único que mas importaba en tu vida se te fuese arrebatado por quienes conoces? ¿Acaso querrías seguir jugando?", pareció preguntarme. "¿Qué hubieses hecho?"

Huí instintivamente de sus ojos penetrantes apartando la vista, pero volviendo a verlo a la cara segundos después.

—No enfrenta una buena vida, ese zorro —dijo entonces, extrañamente melancólico—. Una vez que estás solo… jugar ya no tiene ningún sentido.

Se giró, retomando camino.

Tenía razón. Él…

Y yo…

Soy una tonta…

—Lo siento —me disculpe, demasiado avergonzada de pronto por todo lo que había dicho.

Inuyasha sí tenía razón. Si yo perdiese a mi familia… a mi hermano pequeño, a mi cariñosa madre y a mi muy terco abuelo…

¿Querría seguir viviendo esta realidad tal cual como la vivo ahora?

¿Tendría la fortaleza para seguir adelante y enfocarme en lo que se supone que todos ven normal a mi edad?

Estudios, escuela, una carrera y un trabajo… inclusive el amor.

¿Vería con los mismos ojos ese tipo de cosas si mi familia dejase de existir?

O en cambio… ¿me aferraría a los recuerdos que formamos juntos?

Si fuese una niña… y no tuviese a mi familia…

Es cierto, no querría jugar.

E incluso, si mi corazón se aferrase demasiado a los recuerdos de mi familia y obscureciera mi corazón, ni mi madre ni mi abuelo estarían ahí para decirme que no es correcto estar así…

De alguna forma… tendría que arreglármelas por mí misma. Tendría que aprenderlo por mí misma.

Estaría sola.

Los recuerdos emergen lentamente…

Oh, ahora recuerdo…

Las palabras de la diosa Kaede.

"Él es un híbrido —había dicho entonces—. No sabe comportarse con los humanos debido a que tuvo una infancia dura. Fue rechazado y temido, además siempre ha tenido una terrible personalidad".

Me preguntó por qué simplemente lo pasé por alto.

Quizás… solo quizás… pensaba que era demasiado obvio…

No, solo lo ignoré.

Un chico así, como Inuyasha, no es sólo así porque quiere…

Alcé la vista.

—No lo pensé de la forma que tú dices, lo siento —volví a disculparme, esta vez con mas ahínco que antes.

Inuyasha hizo una mueca, haciéndome notar, que la repentina disculpa de mi parte lo había tomado de imprevisto. Sin meditarlo, chasqueó su lengua y apartó su vista de mí.

—Bueno, ¡¿y qué me importa a mí?! —Bufó alto—. Es un zorrillo, después de todo, no debemos fiarnos de los zorros, quizás sólo estaba mintiendo.

Ah… ahí va de nuevo, con esas crueles palabras… evitando una conversación seria…

Suspiré hondo, pausado.

Así que sí estuvo solo durante su infancia…

Sólo que… ¿Qué tan solo, exactamente?

—De nuevo con esa cara de idiota —escuché decirle para mi sorpresa, parecía fruncir levemente su cara al verme el rostro—. No lo pienses demasiado, no vale la pena.

Reflexioné sus palabras un poco.

¿Lo dirá por él? ¿O por el pequeño demonio? No, no, por el zorrito, obviamente; no ha podido leer mis pensamientos como para saber que pensaba en él… ¿o sí?

Después de todo, él también es un demonio… en parte.

O quizás yo soy demasiado transparente.

Me llevé las manos a la cara, tapando mis mejillas.

No, lo que pasa es que soy un libro abierto. Es por eso que todos pueden ver a través de mí, quien me conoce lo sabe…

Ay, qué mal…

—Oye —se crispó el hanyou—, ¿e-e-estás bien? —se oía nervioso—. ¿Tienes fiebre o algo?

—No —respondí—. Solo estaba pensando en que estamos perdidos… —mentí.

—¡Já! Habla por ti…

—Bien… —mascullé bajito, evitando armar alguna discusión por el repentino comentario burlesco. Me quité las manos de la cara y miré el cielo.

La brisa y olor a bosque me evocaron una extraña sensación de deja vú. ¿Qué era lo que me pasaba? Sacudí mi cabeza y fijé mi vista en el hombre que estaba delante de mí, retomando el paso.

—Yo… ¡Ay! —me interrumpí al sentir que algo me había picado en la mejilla izquierda.

Me toqué la picadura en cuanto sentí dolor, sin embargo, mi sorpresa no se quedaba atrás luego de que tuviese la sensación de que un liquido cálido emergía de éste.

Era sangre.

¿Eso no había sido un mosquito?

Entonces me había equivocado…

El hanyou se detiene y se gira. Pero antes de acercárseme se pone en guardia.

—¿Estás bien?

—Creo que sí —hago presión sobre la herida y con mis dedos dibujo la inflamación, averiguando qué tipo de corte es. Parece ser fino y superficial, casi como un rasguño, aun así, no hay nada más molesto que tener algo así en el rostro.

De pronto se oye un grito ahogado de una mujer, a lo lejos, aunque no sé cuanto exactamente.

—Límpiate —me dice de pronto, rápido y preocupado—. Huelo la sangre de otro humano, espérame aquí —ordena así sin más.

Antes de dar media vuelta le sujeto por la manga, mis dedos tiran sin querer de los listones que adornan su traje. Le miro, seria.

—Déjame ir —pido sin reparos.

Él hace una mueca de desagrado.

—¡Bah! Mírate, tus heridas todavía no sanan.

—No importa —Niego con la cabeza—. Si es una chica con un perla, tú no serás capaz de verla.

Me observa por un momento, con más exactitud la herida que tengo en la mejilla. Alza su mano y me limpia, ya que yo todavía no lo he hecho. Finalmente, suspira, derrotado.

—…Como quieras… —espeta—. Vamos.

Se agacha frente a mí, mostrando su espalda, espera paciente hasta que me doy cuenta de que quiere que me suba. Al principio me muestro avergonzada, por la repentina forma en la pone sus manos bajo mis piernas para sujetarme, pero una vez que estoy bien acomodada, trato de no darle demasiada importancia.

Después de todo, estoy con la ropa de gimnasia.

En cuando se levanta vuelve a acomodarme en su espalda y, por un momento, pienso que va a hacer alguna broma con respecto a mi peso o algo por el estilo, sin embargo, comienza de inmediato a correr.

Avanzamos al doble o triple de la velocidad normal, al menos de lo que yo podría intentar si recorriese el mismo camino que él.

"Así que este tipo de fuerza tiene", pienso de él. "Bueno, es un mitad demonio después de todo".

Cuando se detiene, abruptamente, hago paso a mi rostro entre su larga y platinada cabellera y fijo mi vista sobre su hombro. Todavía no hay nada, pero me basta con percibir que algo se acerca.

—Esos demonios… —gruñe Inuyasha con la mandíbula apretada, sus colmillos sobresalen de sus comisuras.

¿Por qué está tan enojado?

—¡Whaaa! —gritan unos niños cuando estos aparecen entre la hierba, son los zorrillos.

Identifico a uno, dos y luego un pequeño grupo que corre de forma contraria a nosotros. Parecen correr de algo, pero no sabemos qué.

—¡Hermano mayor! —grita uno y se nos acerca apresuradamente, tiene la apariencia de un niño de diez años aproximadamente y viste de igual forma que el zorrito solitario que nos "atacó" antes.

Inuyasha no se hace esperar mientras libera una de sus manos que sujetaban mis piernas, me aferro con más fuerza a él cuando siento que le ha dado un golpe al niño frente a nosotros.

—¡Que no me llames hermano! —Le grita sin ninguna pizca de compasión.

—¡Ay, ay, ay! —se queja el menor cubriéndose la herida.

—¿Lo conoces? —pregunto interesada.

—Era parte del grupo que estaba molestándome antes…

¿Antes de que yo te descubriera?

Miro al zorro con curiosidad.

—¡Oye, Jin! ¡Vayámonos antes de que nos atrape! —Otro se le acerca tirando de su brazo.

—¡No! —Se libera—, hermano mayor la detendrá.

—¡Ya viste lo que el demonio le hizo al resto! —insiste nervioso, vuelve a tirar de su brazo, parece ansioso por irse.

—Ugh, estos mocosos… —masculló Inuyasha molesto.

—¡Él la detendrá! Estoy seguro.

—Oye, engendro. No me metas en tus asuntos, ¿quieres? Estoy ocupado.

—¡No, no! Hermano…

—¡Que no soy tu hermano!

—Es un demonio muy fuerte, secuestró y manipuló a más de la mitad del clan para que mataran a nuestro jefe y su hijo. Hemos tratado de sobrevivir desde entonces…

—Ese no es mi problema.

—Tú eres muy fuerte. Por favor, hermano mayor. Venga a nuestro clan.

—No.

—Pero…

—¡Jin! No va a ayudarte… ¡Tan solo vámonos! —finalmente empujó su amigo, haciendo que este se moviera pero sin despegar su cara de tristeza de Inuyasha—. ¡Whaaa! ¡Cuidado! —grita y se agacha cuando algo invisible corta un árbol cerca de nosotros.

Inuyasha esquiva el repentino ataque y se pone desde una distancia prudente.

—Oigan, enanos—espeta el platinado, piensa antes de volver a hablar, pero no tiene de otra—. Busquen un lugar donde esconderse…

—Hermano… —dijo Jin, mas esperanzado que nunca cuando se levantó del suelo.

—¡Ya lo oíste! ¡Vamos! —Volvió a tirar de él el otro niño, juntos desaparecieron por el bosque hasta que ya no los pude ver más.

—¿Esos no eran los niños que robaban cosas en el parque donde estaban las bancas? —pregunté nerviosa.

No pensé que Inuyasha me respondiese porque parecía estar esperando volver a ser atacado.

—Sí… —respondió después de un momento—, querían acercarse para robarte tu comida, así que les di su merecido.

No pude evitar sonreír, pero justo cuando pensaba abrir la boca para hablar y darle las gracias. Inuyasha flexionó rápidamente las rodillas y pareció esquivar algo que hizo un ruido sordo.

Giré mi cabeza viendo ahí una pequeña arma, un cuchillo, estampado contra un árbol.

—¿Quién…?

—Estos otros mocosos… —me interrumpió, lanzó un gruñido cuando supe que nos rodeaban—. Huelen a sangre de demonio…

¿Los mismos? No, ¿la otra parte del clan de esos zorrillos?

—¿Qué haremos? Nos rodean… —dije al presentir que se nos acercaban.

—¡Já! Son niños, Kagome, acabarlos será muy fácil —Sonrió de lado, con suficiencia.

Apreté los labios, preocupada.

¿"Acabar" significaba "matar", cierto? Porque si era así yo…

Quienes nos rodeaban se elevaron por el cielo, lentamente, y levantaron sus armas, Inuyasha los miraba de soslayo, a cada uno, sin que se le escapara nadie; así cuando fue preciso liberó una mano que sujetaba una de mis piernas y dijo altaneramente:

—¿Acaso saben a quién se enfrentan? —Tensó los dedos en garra de su mano, dispuesto a atacar en cualquier momento.

Los zorros no respondieron, ninguno de ellos lo hizo.

Al principio me sentí muy extraña porque presentí que algo raro pasaba entonces. Me acomodé y fijé mi vista en uno de ellos, así cuando entrecerré mis ojos y vi los suyos, la idea de que estaban siendo severamente manipulados se reforzó en mi mente.

—¡Espera! —le dije al híbrido—. No los mates, es como dijo el pequeño Jin, están siendo manipulados.

—Bueno, ¿Y qué esperas que haga? —gruñó cuando uno de ellos decidió atacar y él lo esquivó tomándome por sorpresa.

Tendría que sujetarme de él mejor.

—¿Hay algún tipo de solución no violenta? —pregunté entonces.

Inuyasha volvió a esquivar a otro zorrillo que quería atacarle.

—¿Tú qué crees? —bufó molesto.

Otro niño volvió a acercársele peligrosamente así que Inuyasha en vez de esquivarlo prefirió golpearlo en el rostro, el zorro cayó al suelo y, por un instante pensé que esa era la solución correcta. Pero volvió a levantarse, aun teniendo la cara magullada.

"Algo malo pasa aquí", pensé desconfiada.

Y lo vi.

Hilos.

—¡Inuyasha! —le llamé—. Corta esos hilos —apunté a uno de ellos por encima de su cabeza.

Eran casi invisibles, habían pasado por completo imperceptibles si no hubiese afinado la vista.

—¿Cuáles hilo? —casi exclamó.

—¿Qué no los ves?

—No…

—Entonces… solo… ¡Ah! —grité de pronto.

Inuyasha saltó hacia atrás lo suficientemente alto como para pararse en la rama de un árbol que estaba cerca. Ahora un trompo gigante se desenvolvía donde antes nosotros estábamos y atacaba sin pudor a todos los niños.

—¿Qué mierda es eso? —se preguntó al bajar del árbol, indicó que me bajara de su espalda y entrecerró los ojos.

Cuando cayeron todos al suelo, el mismo pequeño y solitario zorro que habíamos visto antes, salió de entre las hierbas y recogió el trompo que ahora era marchosísimo más pequeño. Un juguete inerte.

—Esto es por la muerte de mi padre… —dijo ceñudo, serio y tranquilo.

Sin embargo, inesperadamente los zorros se levantaron y comenzaron a girar en torno a él. Yo sabía lo que iba a pasar, los hilos me lo decían todo.

—¡Inuyasha, salva al…!

—¡Ugh, cómo molestas! —me interrumpió.

Y de un salto llegó hasta donde estaba el pequeño demonio, lo tomó violentamente de la ropa y lo levantó; cuando Inuyasha quedó prisionero de los hilos que lo aprisionaban el hanyou le gritó, sin soltarlo aún:

—¡Tonto!, ¡¿No ves que era una trampa?!

—¡Cállate! ¡Ellos mataron a mi padre! —se removió inquieto, pero sin poder salirse de las garras del híbrido.

—¡Ugh! —se quejó—, ¡Cómo aprietan! —se forzó y tensó.

Finalmente, los hilos cedieron y otros se rompieron. Me acerqué a ellos en cuanto vi a los zorros, que eran manipulados, cayendo al suelo, inmóviles.

—¿Estás bien? ¿Por qué no te hicieron daño? —pregunté confundida.

Esos hilos fueron capaz de cortar un árbol, me dañaron a mí inclusive… pero a él…

—Tengo la piel más resistente que cualquier otro humano, ¿entiendes?—respondió tranquilamente—. Eso me recuerda… —miró al zorrito.

Lo golpeó.

—¡Ay, ay, ay! ¿Por qué eres tan violento, bestia? —chilló el pequeño niño.

—Calla, mapache, estoy ocupado —ordenó sin mirarlo.

—¡Soy Shippo, tontote!

—Estos… —dije mirando al suelo al inspeccionar las hebras— no son hilos. Son… ¡cabellos! —Tomé uno de ellos en mis manos y lo observé con más atención.

Mis ojos se abrieron como platos cuando el pelo se aferró a una de mis manos y apretó con fuerza. Me estaba saliendo sangre.

—Tooonta —Se me acercó Inuyasha—, ¿por qué te la pasas hiriéndote?

Negué, todavía preocupada. Con mi mano libre, la vendada, tomé la hebra de cabello y tiré hasta que dejó de apretar, finalmente lo dejé caer al suelo, donde cayó inerte.

Miré a Inuyasha pero otro gritó volvió a sonar, muchísimo más cerca. La mujer, de nuevo, estaba pidiendo ayuda.

—El demonio que los controlaba —dije sin más—, puede estar allá.

—Entonces vamos —respondió Inuyasha con una sonrisa de suficiencia.

—¡Oigan, no me ignoren! —pidió Shippo. El platinado todavía lo tenía agarrado de la cola.

—A callar, mocoso —dijo una vez Inuyasha comenzó a correr, le seguí tratando de igualarlo, así que él en respuesta desaceleró un poco para esperarme.

—¡No me calles, bestia! Lo mejor que puedes hacer frente a un demonio es esconderte.

—¿Qué?

—Puedo oler la sangre de híbrido que corre por tus venas, ¿acaso pensaste que yo no lo sabía?

—¿Y? —respondió con otra pregunta, como si no importara en lo mas mínimo.

—¡Que podrían matarte, tonto! Deberías dejar este asunto a los verdaderos demonios.

Inuyasha se detuvo y se volteó esperando a que llegara. Cuando lo hice, Inuyasha miró a Shippo de manera indiferente y volvió a darle otro golpe en la cabeza.

Me acerqué a Shippo con una sonrisa nerviosa.

—Shippo, aunque no lo creas, Inuyasha es muy fuerte —le conté.

—Ay, ay… —se quejaba entre lágrimas.

—Kagome, cuida al mapache —me pidió luego de entregármelo entre las manos—. No dejes que se acerque y haga alguna bobería.

—Tú aquí eres el único baboso —dijo el pequeño.

Inuyasha le lanzó una mirada asesina haciendo que Shippo inmediatamente se escondiera tras mi espalda, asustado.

—Si haces algo que me entorpezca, ya lo sabes, no volveré a salvarte.

Shippo no respondió, pero sentía cómo lo miraba con furia tras de mí.

A continuación observamos escondidos tras la hierba lo que sucedía. Un hombre con un cuchillo agarraba del pelo a una mujer mientras amenazaba con cortarle el cuello. La mujer gritaba, pero callaba una vez el hombre apretaba más el arma contra ella. Un grupo de gente, que estaba en el lugar, miraba con caras preocupadas lo que estaba a punto de suceder.

Algunos se debatían entre actuar o no, acercándose lentamente y con cautela pero sin lograr nada, otros incluso estaban hablándole tratando de hacerlo entrar en razón, pero el hombre no escuchaba…

—Kagome, quédate aquí. No vaya a ser que te vuelvan a herir —me pidió el hanyou sin mirarme.

Asentí.

—Inuyasha —le llamé agarrándolo de la manga, tragué saliva preocupada, y finalmente dije—: No lo mates, por favor.

No tardó en hacer una mueca, incómodo.

—…Bien —masculló y caminó tras el hombre.

A continuación, el hombre previniendo el acercamiento de Inuyasha, hace una herida, que parece desde aquí peligrosa, en el cuello de la chica.

Me pregunto por qué este hombre puede ver a Inuyasha, pero no los otros.

El resto presente grita conmocionada, incluso hay alguien entre ellos que cae desmayado.

Alguien que no tolera ver sangre, pienso con los labios apretados. Es sangre después de todo.

Inuyasha sin inmutarse, se acerca y da un golpe al hombre en la cara, que lo hace volar por los aires y hace que caiga a unos metros del lugar. La mujer chilla, sin ver a Inuyasha, y corre por ayuda.

Hay quienes graban la escena, otros se detienen para llamar a la policía y una ambulancia. Otra chiquilla se acerca con un pañuelo y hace presión en la herida que le han hecho a la mujer mientras esta llora, desesperada.

Siento a Shippo preocuparse y decir:

—¡Se levantó! —susurra sorprendido.

Yo no tengo palabras, el hombre vuelve a levantarse y se dirige a atacar a Inuyasha. Pero el híbrido lo esquiva y le da otro golpe más.

—Inuyasha es muy rápido —comenta Shippo sorprendido.

Pero ser rápido no es suficiente. El hombre vuelve a levantarse y vuelve a atacarlo.

Será… quizás será…

—¡Inuyasha! ¡Corta los hilos! —grito sin pensármelo dos veces.

El hibrido aprieta los labios.

—¡¿Cuáles hilos?!

Es cierto, él no los puede ver.

¿Qué hago? ¿Voy?

No, pero él me dijo…

No, pero yo no tengo por qué hacerle caso.

Aprieto los labios yo también.

¡Decídete, Kagome! Antes de que Inuyasha decida que lo mejor es matarlo.

Cuando considero la idea de correr hasta allá oigo una voz tras de mí que no es la de Shippo.

—Hum… Puedes verla —dice con una voz suave, noto que está pensando—. Me refiero a mi hermosa creación.

Me giro, sorprendida.

Es ella quien puede manipular a la gente, pienso rápidamente.

Este demonio, contrario a los otros que he visto, tiene la apariencia de una mujer muy hermosa. Trae el pelo corto y decorado con un lazo rojo, además de otro color negro atado a su cuello como un collar, viste un corto vestido con un prominente escote y un cinturón de tela amarilla que acentúa su cintura.

Me observa desde arriba, parándose encima de otros cabellos negros. Está descalza, pero trae una tela que cubre sus piernas, casi como unas medias, que le llegan a la rodilla y se unen en los dedos del medio de sus pies. Noto que al mover sus manos, estas también están enguantadas.

Trago saliva, nerviosa.

—Pero de nada te sirve sólo verlos —comienza a reír.

Risa que me causa escalofríos, Shippo se esconde tras de mí.

—Mi nombre es Yura Sakasagami. No es necesario que lo recuerdes… ¡Porque este será tu final! —Mueve sus manos, acción suficiente para unos finos cabellos reboten contra mí, cortando mi ropa y parte de las vendas que protegen mi piel ya herida, lastimándome otra vez.

Inuyasha apenas logra verme, pero oigo cómo es nuevamente interceptado por el hombre que tiene en frente mientras yo protejo mi cara y Shippo está a mis espaldas dando grititos de ayuda.

—Pienso quedarme con tu lagrima perlada, ¡¿Dónde la tienes?! —miro por encima de mis brazos que atrae hacia ella una espada samurái que parece flotar por los aires, pero son solo sus cabellos que lo manipulan.

—¡Yo no tengo tal cosa! —declaro una vez que deja de atracarme. Tomo aire, exhausta de ser siempre la herida.

—Ya veo… —comprende finalmente, me mira insatisfecha después reflexionar mi mirada por un momento—. Entonces —empuña el arma— ¡Prepárate porque te destruiré! —se dirige a atacarme.

Por un momento creo que es mi final, pero algo roza mi mano y siento que algo me atrae violentamente. No tengo tiempo de respirar cuando me doy cuenta de que es Inuyasha, él me ha salvado de nuevo.

Me toma en sus brazos.

—¡Tonta! ¡Te dije que te escondieras! —Dio un salto hacia atrás.

—¡Ella me encontró primero!

—¡Y eso qué importa! —me lanzó una mirada, enojado.

—¡Que no es mi culpa!

—Uy, ustedes pelean incluso en un momento como este —se quejó Shippo escalando mi hombro.

—¡Tú, calla, mocoso! ¿No eres un demonio? ¿Por qué no la protegiste antes?

—¡Soy un niño!

—¿Y dónde dejaste esa palabrería de la que tanto te jactabas antes? ¡Bah, eres un cobarde como to…! —Se interrumpió cuando una mata de cabello lo agarró por el cuello, obligándolo a detenerse y, por consiguiente, a soltarnos en el acto.

Caí de espaldas contra el piso mientras levantaba rápidamente la vista para comprobar que Inuyasha tenía agarrada con cabellos cada extremidad de él. Yura apareció desde la sombras con una sonrisa.

—¡Oh, he atrapado a una estupenda presa! —rió.

El híbrido en cambio gruñía.

—Tú debes ser Inuyasha.

—¿Cómo es que me conoces? —demandó saber.

— ¿Ah, no lo sabías? —Preguntó al saltar entre unos hilos que soportaron perfectamente su cuerpo, se deslizaba a través de ellos con gran perfección—. Un hombre mitad bestia revivido que trabaja para una sacerdotisa reencarnada, juntos recolectan las lagrimas perladas de sangre... ¿no te suena?

—¿Que yo trabajo para esa mujer torpe? ¡Já, tonterías!

—¡Sí, ambos son unos tontos! —exclamó la mujer— ¡Ya que no tienen en su poder la valiosa lágrima!

Yura miró de reojo cómo la gente comenzaba a alejarse, por tanto, movió ligeramente sus dedos haciendo que el hombre con el cuchillo, que estaba en el suelo desmayado, se levantara; entrelazando nuevamente sus cabellos a su cuerpo.

La gente volvió a removerse incomoda, ya que no tenían idea de la presencia de Yura o Inuyasha, pero se habían percatado del hombre que había vuelto a erguirse.

—Gracias a ti, Inuyasha, nada ha estado saliendo cómo lo planeé —se quejó cruzándose de brazos—. ¿Cómo piensas que voy a divertirme de ahora en adelante? Tendré que darle a esta gente un buen espectáculo.

—¡Ugh! —se removió inquieto el hibrido, haciendo uso de su fuerza para tratar de liberarse de las hebras que lo tenían atado.

Cuando por fin pudo liberar una mano, con sus garras se ocupó de romper los hilos que ataban su cuello y que ya estaban dejando marcha de lo apretados que estaban.

Tomé a Shippo en mis brazos y me acerqué a Inuyasha.

Yura en tanto levantó una mano, con hilos apareciendo entre sus dedos. Al principio pensé que era para volver a atrapar a Inuyasha, pero al girar la vista llevé con suerte mis manos a la cara porque sabía bien lo que iba a suceder.

Lo tenía más que claro.

Yura había enlazado uno de sus cabellos al cuello del hombre con el arma, justo cuando él se dirigía a atacar al grupo de personas, y había hecho rodar su cabeza por el piso.

Lo sabía, por eso no quería mirar la escena.

Me volteé con el corazón latiéndome a mil. Sintiendo cómo los escalofríos recorrían mi cuerpo.

La gente chilló y, los gritos. Oh, los gritos…

No se detuvieron.

Hasta que…

.

.

.

Silencio.

El repentino frio erizó mi piel y mis heridas expuestas.

Temblé al apretar mis labios.

Quité las manos de mi cara, lentamente, nerviosa.

—¡No te voltees, Kagome! —me gritó el hanyou.

Respiré rápido.

No, no quería pero…

¿Y Shippo?

¿Dónde estaba Shippo?

Es un niño, me recordé.

Lo sentí hecho una bolita, aferrándose a mi cuello. Ahí estaba. Suspiré en parte aliviada.

Pero volví a tensarme ante las preguntabas que se formulaban de pronto en mi mente.

¿Lo habría visto? ¿Habría visto esa escena?, me pregunté. Ojalá no lo haya visto.

Le miré de reojo.

El alma me había vuelto al cuerpo.

No, no lo había visto.

—Shippo —lo llamé, bajito.

Shippo temblaba, shockeado.

Tomé aire para decir algo, pero nada salía.

¿Qué decir… en un momento como este?

Finalmente, decidí que lo mejor que podía hacer era darle contención. Le abracé y escondí su cara en mi pecho. Ahora él lloraba.

—Huele a sangre… Kagome —me susurró sorbiendo su nariz.

—Sí… yo… —me interrumpí.

La tierra bajo nuestros pies había comenzado a temblar.

De pronto lo presentí, sabía lo que venía.

—¡Hmph! Los humanos son tan débiles, tan asustadizos… pero sus hermosas cabelleras… —comenzó a decir Yura, sin tener idea de lo que se avecinaba, pero se detuvo, asustada— ¡Oh, pero…! ¡¿Qué sucede?!

—Oh, no —alcancé a decir. Miré a Inuyasha, leyendo en su mirada que esto tan sólo estaba a punto de comenzar…

—Aquí vamos —masculló indiferente.

.

.

.

El pórtico al mundo de los muertos emergió del suelo.

.

.

.

.

¿Y? ¿Qué les pareció? ¿Qué piensan de lo que dijo Inuyasha? ¿De la aparición de Yura? ¿De la historia de Shippo? Déjenmelo saber en sus comentarios, ¡porque me encantan!

Yo sé que no he recibido muchos, pero cuando releo todos los reviews me dan muchísimos ánimos para continuar y apresurarme a escribir esta historia.

Volveré en dos semanas más, creo. Porque el siguiente capítulo ya me está causando dolores de cabeza sobre cómo escribirlo. No daré adelantos, pero creo que la mayoría sabe lo que se viene ;) ¡Bye!