GRAN ESPÍRITU

X: VISITA APRESURADA

Sala del Trono, Olimpo

Tan pronto como amaneció al día siguiente, Athena iba cruzando los largos pasillos del Olimpo con pasos confiados, pero iba seguida de Liliwen y de Camus, la chica no estaba tan segura de que fuera buena idea estar ahí. No olvidaba que su tía, Artemisa, la había usado como diana de prácticas por poco más de la mitad de su vida. Y la diosa a la que iban a ver en esta ocasión no le daba muy buena espina que digamos.

-Tranquila, Liliwen- dijo Athena al notar su nerviosismo, volviéndose hacia atrás y sonriendo- todo va a estar bien-

-¿Está segura de que esto es sensato, honorable tía?- dijo Liliwen nerviosamente.

-¿Qué? Claro que sí estoy segura- dijo Athena, encogiéndose de hombros y deteniéndose por unos segundos para darle oportunidad a la chica pelirroja para alcanzarla- tranquila. No eres tú quien debe preocuparse por ella. Es Hades quien no la va a pasar nada bien. Tú estás completamente a salvo aquí-

Liliwen tenía serias dudas de que eso fuera cierto, pero no dijo nada. Solo apretó la mano de Camus, quien le dedicó una sonrisa para ayudarla a tranquilizarse. No pasó mucho tiempo cuando ambos fueron alcanzados por Hades, dios del Inframundo.

-Bienvenido, Hades- sonrió Athena.

-Athena…- dijo Hades, visiblemente incómodo- quizá sea mejor que pasen ustedes primero. Mi absolutamente encantadora suegra no va a estar muy contenta de verme, y se puede negar a ayudarnos-

Athena le dio un par de palmaditas en la espalda. Sí, sabía que Demeter detestaba a Hades, sobre todo por haberse llevado a Perséfone al Inframundo. Pero también sabía muy bien que a Deméter no le gustaba ni un poco que se metieran en su jurisdicción, y eso quizá podría hacer que la diosa los escuchara.

La diosa llamó un par de veces a la puerta.

-Pasen- dijo la voz femenina, en un tono fastidiado. Athena se volvió y sonrió a Liliwen antes de abrir la puerta. La pelirroja estaba muy preocupada, pero entró detrás de Athena.

-Ah, Athena- dijo Deméter sin muchas ganas- la hija favorita del gran hombre. ¿Qué quieres conmigo, mocosa?-

-Lamento mucho molestarte, tía- dijo Athena amablemente, como si Demeter la hubiera tratado con la misma amabilidad- no te habría molestado si no necesitara preguntarte algo muy importante. Yo sé que eres la única que sabe esto-

Deméter miró a Athena con los ojos entrecerrados. Sí, sabía que su sobrina era muy astuta, pero al mismo tiempo claro que le encantaba ser halagada. Miró detrás de Athena, y entrecerró los ojos. Los brillantes cabellos rojos de Liliwen no podían ser ignorados.

-¿Y quien es ella?- dijo Deméter- no me digas que es la…-

-Es Liliwen, hija de Apolo- dijo Athena- ella vive con nosotros en el Santuario-

Deméter entrecerró los ojos. Iba a decir algo más, pero pronto se rindió. No teníaa nada en contra de Apolo o de su hija. Volvió la mirada hacia Athena de nuevo.

-¿Qué es lo que quieren, Athena?- dijo la diosa por fin.

Athena le contó brevemente todo lo que Hades le había contado del chico al que habían rescatado en el territorio Sioux de Wyoming y todo lo que les había contado del poder que los enemigos estaban buscando. Los ojos de Demeter brillaron.

-Sé de qué poder extraño están hablando- dijo Deméter, una vez que Athena terminó su relato- estás hablando de Nahimana-

-¿Qué es eso?- preguntó Liliwen antes de poderse contener.

-Nahimana es un poder mistico que los sioux llaman "El Corazón del Cielo"- dijo Deméter- es un poder de la naturaleza. Uno de los sioux, o mejor dicho, de los Lakotas de cada generación posee ese poder. Quien lo posee, puede hablar con espíritus animales y de la tierra, y si lo desea, usar los poderes de la naturaleza a su favor para proteger a su tribu-

-Tía- dijo Athena- ¿y que pasaría si Phobos y Deimos logran obtener ese poder de Nahimana?-

Deméter entrecerró los ojos, y por primera vez entendiendo la preocupación de su sobrina.

-Podrán manejar las fuerzas de la naturaleza a su antojo- dijo Demeter con una expresión seria- quizá Perséfone, o yo, podríamos detenerlos momentáneamente, pero…-

-Entonces no podemos dejarlos, honorable tía- dijo Liliwen, dirigiéndose a Athena, pero al mismo tiempo apretando la mano de Camus.

-Gracias, tía- dijo Athena, inclinándose levemente para agradecer a Deméter- tenemos muchas cosas que hacer…-

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Casa de la familia du Vallon, Normandía

Bianca fue a desayunar ese día con su madre. Sabía que la visita no iba a ser tan placentera como siempre, ya que la chica estaba decidida a decirle que había conocido a su hermana en Grecia, y ya se imaginaba que se iba a enojar.

Suspiró cuando saludó a su madre y se sentó a la mesa.

-Menos mal que ya regresaron, hija- dijo la señora du Vallon- siempre me preocupo cuando llevas a los niños a tus viajes de trabajo. ¿Cómo está Margot?¿Porqué no la trajiste?-

-Se quedó en casa a terminar la tarea de los días de escuela que perdió- dijo Bianca, poniendo a Rémy en el suelo para que se pusiera a jugar. El pequeño abrazó a su abuela y se puso a jugar con unos cubos que habían dejado en el suelo.

-Pobrecita, tan dedicada que es ella con las cosas de la escuela- dijo la señora du Vallon- ¿y bien?¿qué novedades?-

-Te trajimos esto- dijo Bianca, sacando una taza de su bolso. Su madre coleccionaba tazas de todos los sitios que su hija y su yerno habían visitado desde que se casaron, y tenía toda una repisa llena de ellos. ¡Le encantaba coleccionarlas!- y… algo pasó cuando estábamos en Grecia. Conocí a alguien-

-¿A quién?- dijo la señora du Vallon, distraída con Rémy.

-A Sofi- dijo Bianca, y al ver que su madre alzaba las cejas sin entender, la chica repitió- a Sofía. Mi hermana-

La señora du Vallon frunció el entrecejo.

-No tienes hermanas, cariño- dijo su madre con una expresión fastidiada. Respiró hondo para tranquilizarse- te refieres a la otra hija de su padre y esa…-

-Mamá…- dijo Biancia en tono de advertencia para evitar que dijera una mala palabra. La mujer se contuvo.

-¿Y bien?¿cómo está tu media hermana?- dijo la señora du Vallon- la pobre a estas alturas debe estar ciega, o peor. Pobre mocosa, aunque la verdad no tuvo la culpa de que tu padre sea un irresponsable y que su madre fuera una…-

-Mamá…- volvió a advertirle Bianca, molesta- no hables así de ella. Está muy bien de salud, muchas gracias. Se casó hace un año, y tiene unos mellizos hermosos. Y antes de que digas algo más de ella, es la chica más dulce y buena que he conocido en mi vida. No puedo creer todas las cosas horrendas que dijiste de ella-

-No eran de ella, hija, eran de su madre- dijo la señora du Vallon- me alegro que te hayas reconciliado con ella, pero no creas que eso cambia en algo lo que pienso de ella o de su madre-

Bianca se frotó la frente. No, a su madre no le iba a ganar nunca. Suspiró derrotada, y apuró la taza de café que tenía enfrente. No tenía caso seguir anatomizando a su madre. Ya sabía que nunca iba a aceptar que su hermana era una buena persona, o que su familia, a pesar de todos los problemas que había tenido, valía la pena proteger.

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Templo de Géminis

Horas antes

Esa mañana, sábado, Cecy no había podido dormirse hasta tarde como hubiera querido. En vista de que estaba con insomnio, se vistió y se fue a la cocina a preparar el desayuno. Desde aquel ataque en su apartamento, Saga no había consentido que Cecy regresara a casa, y se había quedado en esos meses en la habitación de aprendices del templo de Géminis.

-Ah, ¡basta!- dijo ella en voz alta, volviéndose a Canuto- no puedo dormir. ¿Qué te parece si preparamos algo rico para desayunar? Creo que a Kostas le gustan los hotcakes con chocolate-

-Ruufff rufff- dijo Canuto, moviendo la cola de contento, apoyando la moción.

Cecy cruzó el pasillo principal y entró a la cocina. Kostas iría esa mañana a desayunar con Saga antes de irse a entrenar, y la chica quería prepararle algo que le gustara. Desde que se había mudado con ellos a Géminis, cada día que pasaba se encariñaba más con el hijo de Saga. En esos meses, cada vez más sentía como si fuera suyo. Hubo una ocasión en la que, entrenando con Aioria, resbaló y se hirió la rodilla, y al verlo Cecy sintió como si el corazón se le encogiera. Que ella recordara, no había sentido nada parecido hacia un niño, ni siquiera hacia su sobrino.

-Grrrr…- gruñó Canuto, mirándola fijamente con una expresión de reproche. Cecy entrecerró los ojos y sacudió la cabeza.

-No me mires así, Canuto- dijo ella.

-Rufff…- dijo el maltés.

-Oh, no empieces- dijo Cecy, cruzando los brazos- sabes que no puedo decirle nada. No quiero hacerlo enojar, o peor, que se sienta triste-

La chica terminó de cocinar y puso la mesa. Mientras lo hacía, se puso a pensar en lo mucho que le tenía cariño al pequeño. Pero no, no podía decir nada. La verdad tenía miedo de mencionarlo a Saga, y terror de decirle algo al respecto a Kostas. ¡Seguramente se iba a enojar! Claro que ella no podía sustituir a su mamá, y no era lo que estaba intentando hacer, pero… no sabía exactamente qué era. Lo quería.

-Rufff…-

-Claro que sí lo quiero, Canuto- dijo ella- sinceramente. Es el hijo de Saga-

-Grrrr…. rufff…-

-No sé que tienes en esa retorcida mente tuya- dijo Cecy- pero estás equivocado-

-Rufff… ruff rufff-

Cecy se llevó las manos a la cara y sacudió la cabeza. Respiró hondo.

De pronto, Cecy escuchó los pasos del pequeño cruzando el pasillo principal del templo de Géminis y no pudo evitar sonreír. El chico cruzó corriendo la cocina y sonrió, abrazando a Cecy por la cintura. La chica se sorprendió por un momento, pero sonrió y lo abrazó también.

-No puedo creerlo, hiciste hotcakes con chocolates- dijo Kostas, mirando ilusionado el plato que la chica había puesto en la mesa- ¡son mis favoritos!-

-Buenos días a ti también- sonrió Cecy- y no son tus únicos favoritos. Te gusta también las crepas, las tostadas con mermelada y…-

Se interrumpió al ver a Saga caminando hacia la cocina en medio de un bostezo y se tallaba los ojos. Las miradas de Kostas y de Cecy se cruzaron, y ambos se echaron a reír. Saga sonrió también al verlos, y se acercó a besar a Cecy en la mejilla, y sacudir los cabellos de Kostas, justo antes de que cada uno de ellos se sentaban a la mesa

-Buenos días a los dos- dijo Saga perezosamente, sentándose junto a Cecy y rodeándola con su brazo. Un gruñido y un ladrido hizo que recordara que aún le faltaba alguien- y buenos días a ti también, Canuto-

-Ruuffff…-

Los tres se echaron a reír, y procedieron a disfrutar su desayuno. Cecy sonrió al ver a Saga y a Kostas comiéndose los hotcakes de manera casi idéntica. Adoraba a esos dos.

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Templo de Aries, Santuario de Athena

Kiki terminó de limpiar y pulir al menos la mitad de las armaduras doradas. Sufrió mucho con la armadura de Sagitario, y estuvo tentado a maldecir el nombre del primer lemuriano que había hecho las armaduras. ¿Cómo se le ocurrió ponerle alas? Y no solo eso, tuvo que limpiar, embellecer y pulir todas y cada una de las plumas de las alas de la armadura.

Respiró hondo y se dejó caer en el suelo del taller. ¡Cómo deseaba que su maestro por fin le levantara el castigo! Pero secretamente se sentía algo orgulloso de haber pulido casi todas las armaduras en un par de días. Sonrió levemente.

¡Estaba tan feliz! La noche anterior había charlado con Margot por varias horas, y ese día no parecía ser la excepción. Esa mañana la chica lo había saludado, justo antes de que Kiki tuviera que meterse a trabajar al taller.

Kiki se incorporó de nuevo, devolvió una por una las piezas de la armadura de Sagitario. Seguramente Aioros estaría orgulloso y satisfecho.

-No te quedó nada mal- dijo una voz masculina detrás de él.

Kiki dio un respingo de sorpresa, y se volvió hacia atrás, y se dio cuenta de que Mu lo había estado observando los últimos minutos de su trabajo.

-Señor Mu…- dijo el aprendiz en voz baja- lo lamento mucho-

-Está bien- dijo Mu, manteniendo aún su mirada severa y molesta hacia su aprendiz. Kiki bajó la mirada tristemente. ¡Sentía horrible que su maestro lo mirara así de decepcionado! Hubiera preferido que lo siguiera regañando- creo que ya fue suficiente por hoy. Puedes descansar el día de hoy. Y tienes permiso de salir a la ciudad a comprar lo que necesites-

Kiki parpadeó, sorprendido de que Mu le hubiera dicho eso.

-De acuerdo. Gracias, maestro- dijo Kiki sin sonreír.

El chico pelirrojo salió del taller del templo de Aries y, tras lavarse la cara y las manos, decidió dirigirse hacia la ciudad. No le dijo nada a Christoffer o a Arthur, pues quería estar solo.

El chico bajó por los terrenos del Santuario hacia la ciudad, y se adentró entre las calles de Atenas. Dio un par de vueltas en la ciudad, y de pronto tuvo una idea. Sonrió y usó sus poderes de telequinesia para desaparecer.

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Orilla del arroyo junto a la estación de tren, Normandía

Margot se dejó caer en el pasto junto al arroyo y cerró los ojos, suspirando sonoramente. Era la parte del día que más le gustaba. Estar sola en la tarde, descansar disfrutando el aire fresco de la tarde, con los espíritus animales a su alrededor, aunque eso no duró por mucho tiempo. Sintió a alguien tumbándose a su lado, y se volvió perezosamente hacia la persona que acababa de llevar.

-Salut, mon amie- le dijo la recién llegada.

-No estoy de humor hoy, Lou- dijo Margot aburrida, poniendo los ojos en blanco.

-Ah, que raro de ti, Margot- dijo Louise, apoyando su espalda también en el pasto y suspirando tras ponerse las manos sobre el abdomen. Volvió su rostro hacia su amiga- ¿que te pasa hoy? Sueles estar mucho más alegre-

-Tú sabes que pasó ayer- dijo ella.

-¿Todavía no le has dicho a tus papás?- dijo Louise, y ella sacudió la cabeza- ¿porqué no? Margot, sabes que puede volver a hacerlo. Ese tipo no está bien de la cabeza…-

Margot sacudió la cabeza de nuevo con una expresión exasperada.

-Porque si se entera, mi papá va a ir a matarlo- dijo Margot- y si no, mi mamá va a hacer un escándalo. Y además…-

-¿Además?- dijo Louise, alzando las cejas.

Margot cerró los ojos. No quería decirlo en voz alta, pero no quería meter en problemas a Kiki. Si su maestro se llegaba a enterar que se habían besado, quien sabe si se enojaría con él. O ella misma, si su papá se enteraba que había besado a Kiki… ¡por supuesto que se iba a enojar con ella!

-No puedo- dijo Margot simplemente- va a causar muchos problemas, y…-

-Esa basura de persona no debió haberte levantado la mano- dijo Louise entrecerrando los ojos- en serio, si tú no te decides a decirles, yo les voy a decir-

-¡No!- dijo Margot, incorporándose sobre el pasto- por favor, ni se te ocurra…-

Louise miró a su amiga. Se imaginaba lo que estaba pasando por su mente, y sabía que tenía miedo de que sus padres o los santos en el Santuario se molestaran con lo que había pasado accidentalmente entre ellos. Sonrió al ver a su querida amiga tocándose los labios con los dedos índice y medio, pues se imaginaba que era lo que estaba pasando por su mente.

-Está bien, amiga- dijo Louise- pero cometes un error-

Margot la miró y suspiró de nuevo, dejándose caer sobre el pasto. Los espíritus animales, que aún la estaban rodeando, asintieron en apoyo a Louise.

-Tu amiga tiene razón, Margot- le dijo Chanteloup en un susurro- deberías decirle a tus padres. Esto no puede volver a pasar…-

-Calla- dijo Margot distraídamente.

-¿Uh?- dijo Louise, volviendo su rostro hacia ella- ¿dijiste algo?-

-No, nada- dijo Margot, suspirando.

De pronto, una luz apareció frente a ellos. Primero Margot pensó que se trataba de uno de los espíritus animales, pero pronto se dio cuenta que no podía ser, pues Louise también lo veía. Las dos chicas se incorporaron sentadas sobre el pasto.

-¿Qué rayos…?- dijo Louise.

La luz se convirtió en una persona conocida y sonriente frente a ellos. Lowe y Chanteloup se incorporaron y gruñeron levemente.

-Buenas tardes, señoritas- dijo el recién llegado, inclinándose levemente.

-Kiki- dijo Margot, llevándose las manos a la boca, sorprendida de verlo ahí, pero sintiendo que su corazón dio un bonito vuelco al volverlo a ver. Claro que no se esperaba verlo de nuevo tan pronto, pero no le fue nada desagradable su presencia- ¿qué haces aquí?-

Louise sonrió ampliamente, un poco emocionada de volver a ver al pelirrojo. No tenía idea como había llegado ahí, pero poco importaba. Lo único que la hubiera puesto más feliz aún hubiera sido que Kiki llegara a tumbarle los dientes a Hugo por su atrevimiento.

-Oh, mi maestro me dejó salir del Santuario, y aproveché la oportunidad para venir a saludar- dijo el pelorrojo- no me puedo quedar mucho tiempo, me temo-

-Entonces hay que aprovechar el tiempo- dijo Louise, aunque parecía que ninguno de los dos chicos parecía estarla escuchando- lástima que no trajiste contigo al chico de cabello largo. En fin…-

Y Louise comenzó a caminar, alejándose de ellos, y caminando hacia el interior del pueblo. Una vez que su amiga se perdió en la distancia, Margot se volvió a Kiki.

-No debiste haber venido- dijo la chica- te vas a meter en problemas-

Kiki sonrió levemente.

-Por lo que escuché anoche, pensé que te sentirías mejor si venía un momento a saludarte- dijo el chico- a menos de que te moleste…-

-No, claro que no me molesta- sonrió Margot en voz baja.

Kiki acentuó su sonrisa y se sentó sobre el pasto junto a ella, donde antes había estado sentada Louise. Margot se volvió hacia él y apoyó sus codos sobre sus rodillas para mirarlo fijamente.

-¿Qué pasó?-

-Me doy cuenta de que eres algo extraordinario- dijo ella- ¿todos los santos de Athena pueden aparecer y desaparecer como tú?-

-No, para nada- dijo Kiki, riendo- creo que solo mi maestro y yo tenemos este poder. Se llama psicokinesis. Puedo teletransportarme, y también mover objetos sin tocarlos- y le mostró, tomando tomando una flor que estaba a unos pasos de ellos y haciéndola flotar hacia Margot. La chica la tomó riendo.

-Vaya, esto es impresionante- dijo Margot sin dejar de sonreír, y Kiki se irguió, orgulloso- mi vida suena aburrida comparada con la tuya-

-No, por supuesto que no- dijo el pelirrojo- ¡tu has viajado a casi todos los países del mundo!-

-Tú podrías hacerlo con solo pensarlo, ¿no?- dijo Margot, y se echó a reír. Kiki sacudió la cabeza.

-Quizá, pero mis poderes no deben ser usados para cosas personales- dijo Kiki, y bajó la mirada, ruborizándose un poco. Margot sonrió- lo sé, eso suena muy hipócrita, ¿no?-

-Tranquilo- dijo Margot, poniendo la mano sobre el hombro de Kiki- yo realmente agradezco que hayas venido a verme, en serio-

Kiki asintió levemente, aún algo sonrojado y se volvió hacia ella. Entrecerró los ojos al notarlo. Una de sus mejillas estaba horriblemente enrojecida. El chico extendió su mano hacia su mejilla, en un intento de acariciarla, y la chica retiró su rostro levemente porque le dolió el contacto con su mano. La expresión del chico se ensombreció.

-Lo voy a asesinar por hacerte esto- siseó Kiki en voz baja. Margot tomó su mano.

-No, Kiki, lo prometiste- dijo ella- por favor, ya no lo he visto, y ya no me va a volver a molestar-

Kiki no estaba nada contento con no hacer nada al respecto, pero no tuvo opción más que hacer lo que la chica decía, y asintió gravemente. Al verla sonreír, el chico se olvidó por un momento de su molestia, y se acercó a ella para besarla en la mejilla, justo donde tenía el golpe del día anterior, aceptando que tendría que cumplir su promesa, pero si se enteraba que Hugo volvía a siquiera mirarla mal, lo colgaría de las orejas y le tumbaría los dientes de un golpe.

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Quartier Latin, París

Greta estaba furiosa. Aparentemente la dirección que obtuvieron en Estados Unidos estaba desactualizada. La familia Blanc se había mudado de París hacía al menos cuatro años. La mujer pateó el suelo en un gesto frustrado. ¡Ojalá hubiera alguna manera de rastrearlos! Pero no, se habían ido de su casa en el centro de París, y quien sabe a donde habían ido. Revisar sus entradas y salidas tampoco sirvió de mucho: era menor de edad, y sus datos estaban protegidos en la Unión Europea. Intentaron buscar los datos de su padre, un tal Jérémie Blanc, pero el sujeto parecía haber cambiado de ciudad como si fueran calcetines. No tenían idea donde podía estar.

La mujer se cruzó de brazos y volvió a patear el suelo, cuando por fin llegaron a la dirección indicada.

-Es la última oportunidad- dijo Bellini.

Greta asintió gravemente. Era el domicilio del último casero de los Blanc cuando vivieron en París. No pasó mucho tiempo cuando una ancianita con una sonrisa amable les abrió la puerta.

-Bonsoir- les dijo la ancianita- ¿les puedo ayudar en algo?-

-Sí, por favor- dijo Bellini, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no poner los ojos en blanco. ¡Tenía que ser una viejita! Esperaba realmente que no tuviera Alzheimer, o estarían en graves problemas- estamos buscando a… unos familiares lejanos. La familia Blanc. ¿Los conoció?-

La ancianita se puso a pensar, y finalmente asintió.

-Oh, sí, los conozco- dijo la mujer- ¡son una pareja adorable! Y su hijita, es tan linda y educada. Viajan muchísimo, los dos son reporteros de una revista dedicada al turismo. Me dio mucha pena cuando se tuvieron que ir…-

-¿A dónde se fueron?- preguntó Greta sin poder ocultar su impaciencia en su voz.

-Se mudaron a un pueblo de Normandía- dijo la ancianita- la madre de la señora Blanc enfermó, y toda la familia se mudó allá, para vivir más cerca de ella y poderla cuidar en caso de ser necesario. Además, también una hermana del señor Blanc vive con su familia ahí…-

Greta y Bellini se miraron entre sí. ¿Normandía? Esa región de Francia era enorme. ¿Por donde empezaban? Y lo peor es que Phobos y Deimos ya estaban impacientes.

-¿En que parte de Normandía se encuentran?- preguntó Bellini.

La viejita lo medió unos momentos.

-Si no recuerdo mal, creo que fue en Caen. O Rouen. Uno de los dos- dijo la ancianita.

Bellini y Greta le agradecieron, y se dirigieron al auto que los esperaba a unos pasos en la calle frente a la catedral de Notre Dame.

-Caen o Rouen- dijo Greta- nuestra búsqueda se va estrechando-

-Será mejor separarnos- dijo Bellini- yo iré a Caen. Están relativamente cerca-

Greta asintió gravemente, esperando que pronto encontraran a la mocosa que les había causado tantos problemas. Ambos abordaron el auto, que arrancó a toda velocidad con rumbo desconocido.

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Casa de la familia Blanc, Normandía

Kiki acompañó a Margot a la puerta de su casa. Ambos cruzaron la ciudad charlando animadamente, olvidando en algún punto lo que había pasado antes con Hugo o que la chica había estado molesta con él en algún momento. Kiki miró nerviosamente su reloj. Ya casi era hora de volver a casa, no podía llegar tarde sin arriesgarse a que lo regañaran de nuevo.

El chico sonrió cuando se detuvo.

-Gracias por acompañarme, Kiki- dijo Margot, sonriendo- ha sido uno de los mejores días en mucho tiempo-

-No fue nada- dijo el pelirrojo, sonriendo- es lo menos que podía hacer para disculparme contigo por todas las tonterías que he hecho…-

Margot se echó a reír. Cierto, se había enojado mucho, pero ahora que lo pensaba, ese beso accidental del día anterior no le había desagradado para nada. Kiki se despidió de ella, tomando su mano derecha y besándola. La chica se sonrojó, pero no dejó de sonreír.

-Nos vemos pronto- dijo el pelirrojo, guiñándole un ojo y desapareciendo cuando Margot abrió la puerta. La chica entró a su casa, cerró la puerta y se apoyó en ella con una enorme sonrisa idiótica. Si bien antes el chico le había llamado la atención, ahora estaba segura de que le encantaba.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando mucho esta historia. Como ven, las cosas están comenzando a ponerse pesadas. La advertencia de pelotita anti-estrés permanece. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo.

Abby L.