La furia podía verse en sus ojos, Jun Pyo apenas reconoció al que había sido su amigo no hace mucho tiempo.
Como un toro embestido se acercó a él aprisionándolo en la pared, tomando el cuello de su camisa con el puño, con tanta fuerza que a Jun Pyo le faltaba la respiración. Ese no era el amigo que había conocido. Sin duda había encendido la furia de Yoon Ji Hoo.
-Te lo advertí, te advertí que no te acercaras a ella. ¡¿Lo recuerdas?!
-¿Y qué? ¿Qué vas a hacer ahora?
Ji Hoo le contestó con un golpe, lanzándolo al piso casi quebrándole la quijada al joven.
-¿Qué es esto? Vamos Ji Ho, por una chica se va a quebrar nuestra amistad de años, ¿por qué simplemente no renuncias a ella y me dejas a mí el camino libre? Lo hiciste una vez, lo puedes volver a hacer.
Ji Hoo no contestó, se abalanzo a él entre golpes y jaloneos, los dos revolcándose en el piso como dos bestias furiosas, sobre todo Ji Hoo quien le estaba propinando buenos golpes a su ex -amigo. Ahora ex -amigo.
-¡Basta! –gritó Jan Di desde la cama viendo como los dos hombre se descontaban a golpes.
La chica bajó de la cama y tomó el brazo de Ji Hoo quien estaba a punto de destrozar a Goo Jun Pyo con su puño.
-¡Sunbae, basta!
El joven se detuvo por un momento y se puso de pie, su mirada irradiaba una ira tal que a Jan Di le dio miedo, miedo de que pudiera de verdad matar a Goo Jun Pyo.
Jun Pyo se levantó tambaleante, con la cara ensangrentada.
-Estás loco, Ji Hoo –
-Quiero que te largues de aquí y no vuelvas a acercarte a ella ¡¿me oíste?!
-Sí, claro, el chico protector, pero ¿sabes qué? Ella me ama solo a mí, y lo sabes.
-¡Lárgate!
-¡Esto no se va a quedar así, me las vas a pagar Yoon Ji Hoo! – gritó el joven mientras salía de la habitación.
Todo se quedó en silencio, solo ellos dos, una joven asustada y un joven enfurecido. Lo único que podía escuchar eran los fuertes latidos de su corazón y la respiración acelerada de Ji Hoo.
-Sunbae…sunbae, no es lo que piensas.
-¡¿Entonces qué es?! - ¡¿Que me vas a decir cuando te vi recostada en esa cama con él?! ¡¿Qué hubiera pasado si no hubiera llegado a tiempo?! ¿¡Te hubieras acostado con él?!
-¡Estaba siendo forzada!
-¡¿Hubieras sido capaz de entregarte a él solo por sus amenazas?!
Jan Di abrió los ojos como platos.
-¿Cómo sabes eso…?
Ji Hoo la aprisionó contra la pared, casi lastimándola. A pesar de que la amaba y siempre la iba a amar, sentía tanta rabia. Rabia de que ella no pensara en él, rabia de que no le tuviera la confianza para contarle todo y rabia de que casi se entregaba a Goo Jun Pyo en aquella misma habitación.
-¡¿Crees que soy idiota?! ¡¿Crees que soy un niño pequeño al que debes proteger?!
Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la chica.
-Sunbae
-¡¿Por qué no confías en mí una vez en tu vida, maldición?!
-Lo siento, lo siento sunbae – dijo ella al borde del llanto.
- ¡Tú eres mi mujer! ¿me escuchaste? ¡Solo mía! ¡No quiero que te vayas con otro tipo solo porque te amenaza con destruirme!
Jan Di asintió y lo abrazó, tan fuerte como si no quisiera dejarlo ir, aferrándose a el más que a ninguna otra cosa.
-Lo sé, lo se…te amo sunbae.
Jan Di lloraba a mares. Ji Hoo calmó su ira y la abrazó también, las lágrimas salieron de sus ojos al igual que ella. No quería dejarla ir tampoco, no quería que volviera a ocurrir algo como eso. Solo quería protegerla, en vez de que fuera ella la que lo protegiera a él. Quería estar a su lado para siempre.
El sentado sobre la cama, ella de pie controlando la situación, necesitaba compensar todo lo que lo había hecho sufrir y ahora era ese momento, en esa habitación de hotel donde hace unos instantes había estado con Goo Jun Pyo, donde su bombero la había salvado de un destino terrible.
Se detuvo frente a él y comenzó a besarlo tiernamente, digno de una dulce chica que apenas empieza a conocer el amor.
El tomó su cintura haciendo que se acercara más a él, levantando su cabeza para alcanzar sus labios. Luego con sus manos sacó la bata de baño fuera del cuerpo de Jan Di y la hizo sentarse sobre él.
Bajó desde sus labios hasta su pecho acariciando con un ligero roce de sus labios la parte superior de su pecho. Jan Di rodeaba su cuello con sus brazos pasando sus dedos por su pelo. Bajó delicadamente el tirante de su blusón y comenzó a besar sus hombros.
Se tumbaron los dos sobre la cama y rodaron hasta que Jan Di quedó debajo de él.
Él se tumbó sobre ella besándola dulcemente en la boca, luego bajando por su cuello depositando dulces besos en todo su cuerpo. Introdujo su mano por debajo del blusón sintiendo su cálida piel, aquella que había extrañado tanto tocar y luego con un ligero movimiento alcanzó su prenda interior, pero antes de que pudiera bajarla, puso más atención en sus pechos casi rígidos por el contacto. Ji Hoo tomó uno de ellos, y como si fuera una fuente de oro, comenzó a besarlos apasionadamente, mientras jugaba con ellos con su mano.
Jan Di quería recordar aquella noche en que la había tomado por primera vez y tímida acercó su mano a los botones de su camisa, aunque no se atrevía a hacerlo. Ji Hoo adivinó su acción y tomó su mano dándole un cálido beso para después ponerla en su pecho invitándola a despojarlo de su vestimenta.
Así lo hizo, y con las manos temblorosas comenzó a desabrochar uno a uno los botones mientras el la besaba más y más vehemente.
Él se quitó la camisa por fin y ella pudo pasar sus manos por su pecho hasta llegar a su masculino cuello. Lo acercó a ella para besarlo nuevamente.
Su respiración se aceleraba entre cada beso y el recorría cada parte de su cuerpo con sus labios y sus manos acariciando sus piernas y luego sus rígidos pechos sobre la tela. Apartando un poco la tela encontró lo que buscaba, comenzó a besar sus puntas cálida y tiernamente haciendo que la chica gimiera casi inaudible, de forma que solo él podía escucharla y eso lo hacia el hombre más feliz del mundo.
Con delicadeza se deshizó del pequeño calzoncillo que le impedía estar dentro de ella y luego el mismo se despojó de sus pantalones entrando en ella completamente de una vez por todas.
No con rudeza, cada embestida era delicada tal como él siempre había sido con ella. Sin forzar pero con un ardiente deseo interno, tan cálido, por el que habían estado esperando mucho tiempo y que ninguno de los esperaba volver a tener.
-¿Cómo supiste que estaba aquí – le preguntó ella recostada encima de él, tenía un brazo sobre su rostro, pero ella sabía que no estaba dormido. –El jefe te lo contó todo ¿verdad?
-¿Sabes la calamidad que tuve que pasar para encontrarte? ¿No tienes ni un poquito de culpabilidad? – le reprochó el joven destapándose la cara y viéndola fijamente.
-Lo siento. Es solo que no quería que te hicieran daño.
-Prométeme algo – le dijo tomando su rostro entre sus manos – prométeme que siempre vas a confiar en mí, no importa lo que suceda.
La chica asintió.
-Soy tu pareja, quiero saber todo lo que te pasa, todo lo que pasa por tu mente, todo lo que te molesta o te deprime… - decía él mientras apartaba el pelo de su frente y la acercaba para besarla dulcemente. - ¿Aun vas a casarte conmigo verdad?
La chica asintió de nuevo con una sonrisa en su rostro, luego se recargó sobre su pecho sintiendo el latir de su corazón.
-¿Qué vamos a hacer si destruyen la fundación y la clínica de tu abuelo?
-Ya te dije que no soy tan débil, yo también tengo medidas que tomar en su contra, no te preocupes por eso.
El chico besó la frente de Jan Di, pensando en cómo iba a enfrentar ahora a Goo Jun Pyo.
Entró al gran edificio, no era un obstáculo para él, después de todo, desde niño había merodeado por los alrededores de la compañía Shinwa, todos recibían con una reverencia al joven Yoon Ji Hoo.
El muchacho tomó el ascensor hasta el tercer piso hacia el área de las oficinas principales, él debía estar ahí.
La oficina principal era la de la directora, su madre, y después seguía la de él, un poco más pequeña pero no menos importante.
Preguntó a la recepcionista por Jun Pyo, pero ella lo negó.
-Está en una asamblea – le dijo.
Pero eso a Ji Hoo no le importó. Caminó hasta el lugar indicado y haciendo caso omiso de las secretarias que resguardaban la entrada por fuera.
El heredero de Seung-Ah entró decidido, y ahí estaba, entre la directora y otros altos ejecutivos. Llevaba lentes oscuros tratando de ocultar las marcas dejadas por sus golpes la noche anterior.
Todos lo vieron extraño, como quien interrumpe un negocio casi internacional.
-¿Tienes un minuto? Tenemos que hablar.
El joven parecía cohibirse entre las personas que lo rodeaban. Susurró algo casi inaudible y salió de la oficina cauteloso.
-¿Qué haces aquí?¿No me golpeaste ayer lo suficiente y vienes por más? Idiota.
-¿Qué quieres? ¿Qué tengo que hacer para que dejes en paz a Jan Di? – le dijo su amigo, sorprendiéndolo de golpe.
-¿Qué estás diciendo?
-¿No querías destruir la compañía si ella no accedía a quedarte contigo? Aunque es no puedo dártelo, dime que es lo que tengo que hacer para que nos dejes en paz.
-Lo único que podrías hacer es morirte – bromeó el chico –pero eso no puede ser, aun si murieras ella no dejaría de amarte.
-¿Morirme? – Ji Hoo reflexiono por un momento – muy bien, entonces enfrentémonos a muerte.
-¿Qué?
-Un enfrentamiento a muerta por Geum Jan Di.
No saben que difícil se me hizo escribir este capítulo, la inspiración no llegaba a mí, odio cuando eso pasa, pero bien o mal aquí esta, espero les guste, y por fin se acabó el sufrimiento de nuestro sunbae, jejeje.
