1—

Draco sonrió con superioridad mirando desde la ventana de su cuarto. En cinco minutos, o quizás menos, Harry Potter vendría a su cuarto a aprender oclumancia. ¿Cómo iba a enseñarle? Bien, qué importaba eso ahora. Con lo que Harry había dicho hacía un rato parecía quedar claro que él no le iba a traicionar y, con su propuesta para que aprendiera oclumancia, Draco pretendía dejar claro también que podían confiar en él. No esperaba que le contaran sus secretos más íntimos ni nada por el estilo, sólo que dejaran de pensar que él era un traidor, que les iba a traicionar.

Sin embargo, Draco también sabía que tardaría bastante tiempo antes de conseguir su confianza plena. Y las sesiones de oclumancia eran, sin lugar a dudas, el primer paso para forma parte del grupo de salvación del Mundo Mágico. Sonrió un poco más, aguantando las ganas de reírse: ¿Para qué quería estar en ese grupo de paletos y panolis? Él no era ningún gryffindor con aires de héroe, él no estaba hecho de esa pasta.

Pero aquello le había tocado a suertes: había traicionado al Lord, por tanto, ahora era un gryffindor valiente y noble. No había vuelta atrás. Estaba hundido en esos pensamientos cuando Potter llamó a su puerta, pasando inmediatamente después. Draco se giró y le miró mientras el salvador se colocaba bien las gafas. Parecía confuso y desconfiado. Draco suspiró y dijo:

— Muy bien, siéntate. — Harry se sentó automáticamente en la cama. Draco le cogió del hombro y se lo llevó al suelo mientras cerraba la puerta. Luego, se sentó delante de él. — ¿Sabes lo que es la oclumancia? Es la habilidad de defenderte de ataques mentales. Para esto se necesita mucha concentración, Potter, así que deja de pensar en nada. — Harry asintió con determinación y frunció el ceño. Cerró los ojos y comenzó a inspirar y espirar cuando Malfoy le decía. Cuando se sintió preparado, volvió a abrir los ojos: había una paz serena en ellos. Justo lo que Draco buscaba.

— Ya estoy.

— Bien, ahora… Concéntrate en un único pensamiento. — Draco miró a su alrededor, como buscando algo, y luego le explicó. — Algo que no te produzca ninguna sensación… Algo como…. ¿La pata de la cama? — Harry y Draco miraron a la vez la pata de la cama y Harry se esforzó por concentrarse en su forma, su color, ese diminuto nudo que había en el centro… — Vale, ¿lo tienes? — preguntó. Potter asintió con la cabeza. Draco levantó la varita, dispuesto a lanzar el legeremens y Potter se tensó: su mirada se volvió turbia, amenazante como la de un animal herido. — Relájate; no te voy a hacer daño, Potter.

Potter asintió, Draco susurró legeremens y, de repente, su mente estaba dentro de Potter. No había resistencia apenas: era como caminar con el agua por la cintura, costaba pero era fácil. Y ahí venía el torrente de recuerdos y pensamientos de Potter: miles de cartas cayendo del cielo en un casa muggle, Hagrid y Potter con la lechuza blanca del segundo, Potter y Dobby hablando en las cocinas, la pelea de cuarto curso , Potter riéndose mientras Draco se convertía en un hurón…. Salió rápidamente, cayendo hacia atrás.

— No ha resultado, Malfoy. — dijo con cierto resentimiento Potter, también tumbado en el suelo. Draco sintió una punzada de dolor en la sien: nunca antes había utilizado la legeremancia, y resultaba ser bastante agotador, a no ser que estuviera haciendo algo mal en el procedimiento. Draco sonrió con el ceño fruncido y comentó:

— En realidad sí que ha habido una resistencia por tu parte. Se sentía… Complicado y difícil el avanzar. — Potter bufó con los ojos cerrados y después de varios intentos más, lo dejaron.

2—

Draco se arrepintió en seguida de haberle ofrecido su ayuda a Potter: no tenía paciencia y, por parte del gryffindor, tampoco parecía que hubiera mucha colaboración. O, si la había, Potter era un absoluto negado para la oclumancia. Por el momento, lo único que habían conseguido en esas semanas de entrenamiento había sido que Potter confiara en él. Ya no se tensaba cuando levantaba la varita, lo que era un avance, pero perdía la concentración al instante.

Pero ese día, Draco había decidido dar un paso adelante. No más estúpidos intentos que fracasarían antes de que hubiera empezado siquiera a recitar el conjuro; no más respiraciones pausadas para relajarse; no más nada. Draco miró por la ventana, decidido: la nieve se estaba derritiendo ante los primeros rayos de sol y la llegada inminente de la primavera, quedaba poco tiempo, lo presentía. Potter y Weasley estaban afuera batiéndose en un duelo amistoso mientras Hermione, tumbada encima de una manta en el suelo para no mojarse, miraba el cielo, como si pudiera encontrar la verdad y el conocimiento verdadero allí. Quedaba poco para que Potter llegara a su cuarto, levemente sudado y de un apacible buen humor. Saldría de allí de mal humor, con la cabeza pulsante y los hombros cargados de tensión, si todo seguía como había sido hasta ahora.

Pero Draco pensaba cambiar eso. Sí, Potter seguramente saldría con dolor de cabeza y de mal humor, pero conseguirían algún avance, seguro. Sólo si él accedía, y Draco podía llevar a cabo su plan. El chico se tumbó en la cama, cerró los ojos y esperó hasta que escuchó los pasos de Potter retumbar en las escaleras de madera vieja. Se levantó, se acercó hasta su escritorio y se sentó en la silla, dispuesto a largar su plan y persuadir a Potter de que era lo mejor que podían hacer.

Llamó a la puerta; Draco le contestó con su habitual 'Pasa, Potter' y el chico moreno pasó. Como había predicho, Potter tenía la frente sudada, estaba en camiseta corta a pesar de que todavía hacía frío y parecía a punto de desnudarse entero y meterse en hielo para calmar el calor del entrenamiento. Cerró la puerta cuando entró e hizo amago de sentarse en el suelo. No llegó a hacerlo, puesto que al ver a Draco inmóvil se echó hacia atrás. Le miró y Malfoy le devolvió la mirada antes de indicarle con un gesto altanero que se sentara en la cama.

— Escucha, Potter. Tengo un plan. — Harry le miró con cierta extrañeza y, en el fondo de su mirada, con miedo. Los planes de Malfoy solían ser retorcidos y malévolos; formar parte de uno de ellos no era algo que enorgulleciera a Harry. — Dado que todo este entrenamiento lo estamos haciendo para llegar a la conexión con el Señor Tenebroso y discernir la verdad de la mentira, había pensado que… — dejó la frase en suspenso, esperando que Potter se sintiese inquieto. Y así pasó:

— ¿Qué?

— Había pensado que podríamos intentarlo de otra forma: yo entro en tu mente, tú me guías hasta la conexión y buscamos lo que queremos. Se supone que el Señor Tenebroso no hará un contraataque directo hacia nosotros, porque tiene miedo de tu conexión, así que no podrá averiguar dónde estamos.

— No creo que… — empezó Potter y Draco le cortó de inmediato, argumentando:

— Mira, esto lo estamos haciendo para llegar al Señor Tenebroso; qué más te da que vaya yo a que vayas tú.

— Es arriesgado, Malfoy. Y puede salir mal. — enumeró Harry Potter, desviando la vista.

— Y puede salir bien. Si no nos arriesgamos, no lo sabremos. — Potter frunció definitivamente el ceño y le miró interrogante y con sospechas.

— ¿Qué te traes entre manos, Malfoy? — Draco no contestó, intentando hacerse el inocente, y Potter continuó. — Tú no eres así de normal. — se quedaron un rato en silencio, Potter esperando que Draco hablara y Draco esperando que Potter desestimara sus absurdas ideas. Finalmente, Potter se fue con un — Lo hablaré con Ron y Hermione y cuando lo haya decidido vendré a hablar contigo, ¿vale?

Se fue. Y Draco se tumbó en la cama, después de cerrar la puerta. ¿Qué era lo que le estaba impulsando a presionar y presionar? Todavía tenían tiempo, aún no estaban preparados, ¿Por qué esa prisa desmesurada? Bueno, se contestó a sí mismo, quizás porque añoraba a su familia, porque adoraba su inmensa casa en comparación con la asquerosa choza en la que vivía ahora junto a esos indeseables, porque no quería seguir siendo un prófugo traidor toda la vida, porque estaba cansado de esconderse, porque no soportaba la incertidumbre de no saber qué pasaba en realidad allí afuera, porque, en cierto modo, añoraba el colegio y meterse con Potter y hacer niñerías, o, quizás, porque Granger movería ficha cuando terminara todo.

Era arrogante y petulante por su parte decir semejante frasecita, pero en el fondo, Draco entendía sus razones: si tenía que elegir en ese momento, el que no saliera elegido se enfadaría y se iría seguramente. Y eso se traduciría en que Ron Weasley se marcharía de la choza y Potter se quedaría sin su fiel compañero, porque era obvio que Hermione le escogería a él.

Draco giró en la cama, se quedó boca abajo, con la cara pegada a la almohada, y gimió larga y dolorosamente. Habían pasado muchas cosas con fuerte carga emocional entre Granger y él y, cuando por fin se había lanzado a dar el primer paso, casi sin pensarlo, ella lo había rechazado de plano. Sin embargo, lo más importante era su futuro: ¿Qué pasaría cuando todo volviera a la normalidad, si es que Potter vencía al Señor Tenebroso? Sus padres volverían, los viejos prejuicios saldrían de nuevo, las apariencias volverían a predominar en su vida y acabaría alejando a Granger de él, queriéndolo o no.

Gimió una vez más, con los puños cerrados y las mandíbulas apretadas. Cómo odiaba a Granger. Cómo la quería. ¡Maldita sea! ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado?

3—

Y, finalmente, como Draco había esperado, a los cuatro días de exponer su plan Potter estaba en su cuarto, con una respuesta por fin en la boca. Durante esos días, en los que no había habido oclumancia ni clases particulares ni nada por el estilo, Draco había estado pendiente todo el tiempo de lo que pasaba en la casa. Granger les miraba alternativamente a Weasley y a él, como si estuviera viendo dos piezas de carne en el mercado y no supiera cuál era mejor partido; Weasley, ajeno a las miraditas disimuladas de Granger, se pasaba el día sin hacer absolutamente nada, salvo jugar con su juego de naipes y su desiluminador, lo que era realmente irritante; y Potter pasaba los días dando vueltas por la casa, mesándose el pelo, mirando mal a Ron cuando le quitaba la luz de la habitación en la que estaba, y murmurando cosas ininteligibles.

Pero eso ya no importaba, porque Potter estaba allí, parado en el dintel de la puerta, y con sólo ver su mirada expresiva, Draco sabía que ya había ganado. Le inclinó la cabeza levemente y le indicó que se sentara en la cama, mientras él, sentado en la silla, se reclinaba hacia atrás, quedando sentado en dos patas, haciendo equilibrios. Potter se sentó y finalmente abrió la boca:

— Bien, lo haremos a tu manera. — hubo un momento de tenso silencio hasta que Potter volvió a abrir la boca. — Pero en cuanto algo vaya mal, lo dejamos. No quiero arriesgarme a que Él descubra donde estamos.

— Bien. Comenzamos ya, entonces. — afirmó, o más bien preguntó, Draco. Harry asintió con la cabeza, nervioso. Draco, por su parte, se frotó las manos disimuladamente: oh, sí, el plan era bueno, casi perfecto, pero él también estaba nervioso. De hecho, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho de sólo pensar que aquello pudiera salir mal, y, si salía mal, sería completa y enteramente su culpa.

Draco arrastró su silla hasta ponerla delante de la cama, donde Harry estaba sentado. Para ser un valiente gryffindor, Harry Potter no parecía tan valiente y temerario como debía ser, quizás por los riesgos que estaban tomando, o, quizás, porque todo aquel asunto dependía demasiado de Draco Malfoy. Pero de cualquier forma llegarían al final del asunto, fuera como fuera.

Draco sacó la varita, la puso delante de la cara de Potter y, tras unos segundos de vacilación, dijo la palabra: 'legeremens'. Se sintió sumergirse en la mente de Potter: veía a Potter y Chang besándose bajo el muérdago, luego a Umbridge amenazándolo, a Potter lanzando el sectumsempra que casi había acabado con su vida en sexto y de repente, un torbellino que le sumergió completamente.

En sus oídos retumbó el siseo de la serpiente de Voldemort mientras mataba a un jardinero muggle, luego varios recuerdos sobre una serpiente arrastrándose por lo que seguramente era el Departamento de Misterios, la misma serpiente atacando al padre de Weasley y un remolino de emociones: odio, ira, satisfacción….

Escuchó a Potter gemir desde lejos, como si estuviera a millas de distancia, a pesar de que se encontraban a menos de un metro. Y luego, ya no escuchó más. Ya no era la cabeza de Potter, no podía encontrar ni un solo recuerdo que lo verificase: sólo veía al Señor Tenebroso matando, torturando, haciendo cosas inimaginables. Bien, había llegado, no era momento de echarse atrás.

Navegó rápidamente por los recuerdos, sin prestarles atención, hasta que llegó a lo que quería ver: el Señor Tenebroso tenía una copa pequeña y dorada entre las manos. Hacía que rodara entre sus dedos una y otra vez, pensativo. Podía sentir cierta duda en ese momento, aplacada por el dulce sabor de la victoria. Luego, un chirrido y el Señor Tenebroso mirando la puerta que se acababa de abrir: ahí estaba Bellatrix Lestrange, más joven, más bella y no tan loca como lo estaba en esos momentos.

El recuerdo empezó a difuminarse, como si estuviera siendo olvidado. La voz del Señor Tenebroso, joven y aún así, aterrador e inhumano, se perdió, al igual que la de su tía Bella. El recuerdo se esfumó, como si se convirtiera en humo y, segundos después, sólo escuchó la voz de Bellatrix mientras la imagen se rearmaba: ahora ella tenía la copa y él la escuchaba:

—… En Gringotts, los duendes no preguntarán y no dejarán pasar a nadie, mi Señor. — Draco se dejó llevar de vuelta a su ser. Fue como soltarse del borde del precipicio y dejarse caer al abismo sabiendo que allí estaría mejor. Su estómago dio un vuelco, escuchó una risa tenebrosa, sintió satisfacción por un momento, la satisfacción del Señor Tenebroso y de nuevo estaba en la mente de Potter, viendo cómo un pequeño niño subía a un árbol para escapar del perro de su tía. Bajó la varita despacio y, lo último que vio, fueron los ojos verdes de Harry Potter, antes de cerrar los suyos propios.


Nota: Bueno, bueno, para que vean que Draco sigue siendo un capullo irreverente, sólo miren cómo piensa. Para mí, Draco es una de esas personas que me hacen gracia al mirarlas, pero que me dan ganas de asesinar cuando me vienen de arrogantes. O sea, que para mí, Draco mejor lo dejamos lejos jeje

Y, por una vez, Draco ha colaborado demasiado activamente en la busqueda de Horrocruxes. Ya veremos cómo termina esta desagradable experiencia, porque entrar en la mente de Voldemort no es algo que pueda hacer cualquiera y Draco, para nuestra desgracia, no es tan bueno en legeremancia como para salir impune. ¡Es sólo un adolescente! XD

En fin, así para terminar, pregunto (aunque ya me sé las respuestas de seguro): ¿Ustedes que opinan de Draco? ¿Serían capaces de hablar con él sin intentar matarlo por ser tan arrogante? Una última cosa: no se vale quedarse embobado admirando la belleza de Malfoy XD