Uchiha Corporation

.-.

- ¿Mi jefe? Es un cerdo machista licenciado, un precoz espécimen de macho ególatra y subdesarrollado con necesidad de adulación constante, ¿Qué puede tener de atractivo?

-Saku, es obvio, su tra...

-¡Ino-cerda!

Sasusaku

Sin más preámbulo, los personajes pertenecen a Kishimoto-sama, por supuesto y muy a mi pesar

.-.

Capítulo anterior: Volvió a buscar sus labios con fiereza tras entender que su nombre dicho por sus labios lo hacía delirar.

Mierda, ahora se daba cuenta.

Recién ahora lo sabía.

Demonios, y es que el causante de tantas incoherencias juntas…

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.

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No era el sake… era amor.


Agridulce

Dio una vuelta y otra más, sintiendo bajo su cuerpo la suave delicadeza de las sábanas. Se aferró con fuerza a la almohada en su afán de seguir durmiendo e intentó escaparse de los rayos solares que se filtraban por la ventana y daban de lleno en su rostro.

Abrió un ojo al comprender que ya era de día y que debía, irremediablemente, levantarse.

Pero cuál fue su sorpresa al encontrar a un lado de la cama al cuerpo dormido de cierta muchacha que lo hacía delirar.

De cierta muchacha que hacía que sus sentidos vacilaran y su pulso se debatiera entre detenerse y delirar taquicardias; que redoblaba sin mayores esfuerzos hasta el más mínimo de sus caprichos… ella.

Y ahora lo entendía, lo entendía mejor que nunca. La amaba.

Era cierto, y ya nadie podía negarlo… no lo negaría ella entre saladas lágrimas que perforaban sin darse cuenta el corazón de él, no lo negarían sus amigos y mucho menos podría negarlo la prensa.

Ya no habría más separaciones, no habría más distancias ni más viajes al exterior… ahora entendía que su felicidad era con ella, con ella y con nadie más.

-Naruto –susurró la muchacha.

El joven se limitó a sonreír y a acariciar con delicadeza las suaves facciones del rostro de Hinata. En sus mejillas aun había un leve tinte escarlata que denotaba que todavía no se acostumbraba del todo a aquella situación, mientras que sus labios estaban curvados en una sonrisa.

- ¿Cómo dormiste? –preguntó el rubio.

-Muy bien –contestó ella.

- ¿Qué quieres desayunar? –volvió a preguntar.

-Creo que café estará bien… pero dime, ¿No tenías hoy una entrevista?

-Sí –respondió, mientras se levantaba-. Pero hoy no habrá nada que no sea nosotros…

La joven sonrió mientras lo seguía.

- ¿Y a dónde iremos? –indagó con curiosidad, mientras llegaban a la suerte de living de aquel lujoso hotel donde el Uzumaki se hospedaba.

-A ningún lado –contestó, avanzando hasta ella-. Hoy podríamos quedarnos aquí… los dos… -susurró, para luego asaltar los desprevenidos labios de la joven Hyuga.

OoOoOoOoOoO

- ¡Lo besaste!, ¡Lo sabía! Sí, lo supe desde un principio, ¡Te gusta Uchiha!

Y en aquel preciso momento, los gritos de una rubia fueron acallados por el choque de un mullido almohadón sobre su rostro.

-Sí, dilo en cadena nacional y te ahorras el esfuerzo –la interrumpió la pelirrosada-. Además te dije ya que no me gusta.

-Pero Sakura, ¿Te oyes lo que dices? Besaste a Sasuke Uchiha, el soltero más codiciado de todo Japón.

-No, besé a un cerdo machista con complejo de taxy-boy que piensa que puede tener a todas las mujeres babeando desesperadas por él.

-Y tendría razón de creer eso –continuó sonriendo, volviendo a ser interrumpida por otro almohadón.

-Estoy hablando en serio, no me hagas arrepentirme de haberte contado.

La de ojos zafiro se acomodó en el sillón.

-No entiendo por qué ése mal humor, deberías estar de lo más feliz.

Hundió aquel destello jade en la profundidad del suelo.

Debía admitirlo, le había gustado ese beso. De acuerdo, también admitía que aún sentía la calidez del azabachado posada sobre sus labios, inundando su cuerpo de extrañas sensaciones.

Y eso le encantaba… pero por otro lado…

-Gaara –susurró, desgarrando su voz en la tristeza-…. Yo… lo… traicioné.

Exacto, ése era el sabor que se mezclaba en sus papilas, la traición. Y no sólo eso, su orgullo recriminando el ser juguete del Uchiha. ¿Qué si volvería a besarlo? Quizás sirva de algo decir que su cuerpo clamaba a gritos la presencia de aquel hombre, pero que mientras su mente lo domine… sus labios no volverán a rozarse con los del Uchiha.

Era como un sabor…

-Sakura –la llamó, tomando su mentón-. Tú y Gaara terminaron ya hace mucho tiempo, y ambos tienen el derecho de encontrar a alguien más y ser felices.

-Te conté lo que pasó con la otra noche, y el peluche de ayer… Además –dibujó una sonrisa sarcástica-. ¿Vas a decirme que crees que el Todopoderoso y autosuficiente Sasuke Uchiha se enamoró de mi? Y que por eso me besó y ahora va a pedirme para que vivamos felices para siempre en un lejano castillo… ¡Ja! Y siempre dijiste que la ilusa era yo.

- ¿Y por qué no? Eres una de las mejores personas que conocí en toda mi vida, ¡Sería un estúpido de no verlo!

-Mira, él ya tiene su viejo amor universitario, y para estos momentos deben de estar juntos –soltó-, mientras yo estoy lastimando a una de las personas más importantes de mi vida por el maldito capricho de seguir el juego de mi jefe.

-Ellos son enemigos –dejó escapar la rubia.

- ¿Qué dijiste? –inquirió desentendida.

-No, nada, nada –continuó, reconsiderando la inoportunidad de sus palabras-. Mira Sakura, es tiempo para que empieces a pensar un poquito en ti, ¿Vale? Ya deja de torturarte y, por una vez en tu vida, dile que no al masoquismo y concéntrate en tu felicidad. Es muy bonito el peluche que te dio Gaara, y se ve hermoso en tu habitación, pero eso no significa que ustedes ahora estén casados ni nada por el estilo… solo haz lo que te haga feliz, ¿De acuerdo?

-Sí, puede que tengas razón –sonrió-. Sí, eso haré… quizás, y sólo quizás, Sasuke no sea un idiota licenciado y en el fondo sí tenga algún que otro sentimiento…

OoOoOoOoOoO

Algo andaba mal. Mejor dicho, algo seguía andando mal.

Más precisamente, algo andaba condenadamente mal desde hacía ya nueve malditos días, cuando aceptó como secretaria a cierta pelirrosada insoportable.

Nueve días…

El azabache de su mirada voló hasta el techo de su habitación, y volvió a maldecir por lo bajo.

Nueve días atrás, siquiera hubiera pensado en no ir a la empresa sin motivos aparentes, nueve días atrás no se hubiese ni imaginado tan vulnerable, ni mucho menos sintiendo.

Sí, un mar de cruentas y traicioneras sensaciones dominaba su cuerpo sin pedir mayores permisos. Sensaciones que, precisamente, había evitado y encerrado los últimos veinticinco años, ¿Para qué? Para que llegara una mujer con delirios de perfección que pusiera su mundo de cabeza sin a penas proponérselo.

Y ahí estaba él, escondido en algún rincón de aquella excéntrica alcoba, sin poder hacer nada al respecto y con un millón de interrogantes que aparentemente morirían sin respuesta, morirían sin sentido, morirían sin ella.

Ya que ahora, no era Sakura Haruno… era ella.

Ahora ese pronombre tan general sólo servía para evocar su nombre.

¿Y en qué momento ocurrió tal error?, ¿En qué momento sus barreras flaquearon de forma tal que aquella muchacha tenía ahora el poder de quedarse en sus sentimientos? Ya que, aquel pequeño error técnico estaba teniendo ahora sus notables consecuencias… Ahora que por primera vez en su vida le preguntarían sobre su ausencia en la empresa… y el gruñiría, no tenía por qué dar explicaciones a nadie.

Y de hecho, ni él mismo las tenía.

TOC TOC

Frunció el ceño, no esperaba a nadie.

-Adelante –dijo, sentándose sobre el colchón.

-Sasuke-kun –saludó la voz de la rubia.

-Tania –contestó él.

-Pasé a buscarte a la empresa y me han dicho que no estabas, por lo que decidí venir a verte ¿Todo está bien?

La joven tomó asiento a un lado del azabachado.

-Sí, todo está bien –contestó-. ¿Y tú?

-Sí, podría decirse… mi orgullo aún sigue algo dañado, pero va a recuperarse, no te preocupes por él.

-Entonces son dos los egos con daños –agregó, con una sonrisa torcida.

- ¿Uchiha Sasuke con el ego dañado? No, algo en la frase me suena incoherente.

-Tsk, yo pensaba lo mismo –dejó escapar.

-Mph, ya veo… así que después de todo sí han ocupado mi lugar en estos años. Qué pena, he de admitir que tenía la ilusión de tener algo contigo otra vez, no he encontrado mejores –agregó, con la incitación signando sus palabras.

-No me quedó claro si debería agradecerte el reconocimiento o gritarte por tu cinismo…

-Vamos, no vas a gritar a tu invitada, ¿Verdad Sasuke-kun? Además olvidas el factor de que aún me quieres y que yo sepa eso me da el poder de simplemente no escucharte.

-Eres increíble –comentó sonriendo, tras lo dicho por la joven.

-Lo sé, muchas gracias –sonrió-. Vamos, Uchiha, arriba el ánimo… jamás te vi tan decaído.

-Mph…

-Hay cierto pelirrojo que encontró un lugar donde dormir que no es el departamento de la tal Haruno, ¿Eso sirve de algo a tu mal humor?

- ¿Y cómo sabes eso? –interrogó, enfrentado el destello zafiro de su mirada.

-Me lo contó Gaara-kun… lo que no significa que las cosas entre ellos no estén bien –agregó.

-Ya veo… ¿Y por qué crees que eso debería importarme?

-Solo digamos que acerté por instinto.

El Uchiha alzó una ceja.

-Además el día está demasiado lindo como para desperdiciarlo mirando el techo, pequeño osito. Mira, tengo entradas para un parque de diversiones, estoy en Japón y quiero divertirme en mi estadía. Sinceramente, si te buscaba es porque no imaginé mejor persona para que me acompañara.

-Sabes que no me gustan esas cosas, Tania. Además, ¿Por qué no vas con tu Gaara-kun?

-Porque sé que él está demasiado ocupado con asuntos de Lups…

- ¿Y qué te hace pensar que Uchiha Corporation no necesitará de mi en las siguientes horas?

-Es que Fugaku me ha dicho que él mismo se encargaría de tus pendientes… y además, hace mucho tiempo que no salimos juntos, pequeño osito.

-Creo haberte mencionado que no me digas así –protestó, sumamente resignado.

-De acuerdo, intentaré recordarlo. Bien, voy a cambiarme y pasarás por mi en una hora… nos vemos, Sasuke-kun.

Y entonces el azabachado sintió el leve calor de los labios de la muchacha sobre los suyos por unos cortos segundos, luego la joven se levantó y desapareció tras dibujar una sonrisa.

Sí, algo definidamente andaba mal.

Él estaba mal…

OoOoOoOoOoO

- ¿Podrías volver a explicarme por qué acepté venir? –indagó, resignada.

-Veo que el estar con el Uchiha definitivamente te está contagiando, ya cállate y come el helado –sonrió su amiga, a un lado de ella.

La pelirrosada observó el color chocolate característico de aquel sabor, que reposaba sobre un pequeño cucurucho. Y es que uno de los pequeños secretos de la joven Haruno, es que le gustaba el chocolate. Perdón, amaba el chocolate… era total y completamente adicta a aquel sabor.

Chocolate amargo, chocolate con nueces, con almendras, chocolate nevado… chocolate.

Sin embargo, y por primera vez en su vida, no era el puro sabor a chocolate que ella tanto amaba.

Había algo que no le dejaba disfrutar aquel hermoso atardecer bajo el cielo primaveral del tan conocido parque de atracciones. Algo como un vacío en su estómago, algo que la desestabilizaba, algo que llevaba sus pensamientos a un único destino…

Sasuke Uchiha.

Lo había dicho, él no pretendía dejarlo todo por ella, él no la buscaría para escaparse juntos y comer perdices, él no la haría su reina ni sus futuros Uchihitas tendrías ojos verdes…

…serían zafiro.

Exacto, ella ya había dicho eso… y de verdad quisiera creerlo.

De verdad quisiera que aquella tontera no fuera real, que sus sentidos no se obnubilaran ante la ínfima posibilidad de pensar que quizás, quizás y sólo quizás… Sasuke la haya besado porque la quería.

La quería a ella, la sombra de una familia que a penas lleva cinco años de historia propia.

Pero fue un beso.

Y ella, con sus muy bien puestos veintidós años, entendía que un beso era simple y llanamente eso, un beso.

Un rose con delirios de lujuria desesperado.

Eso era un beso.

Eso era Sasuke Uchiha.

Lo que hacía que ni siquiera pudiese disfrutar de su sabor preferido.

Era como un sabor…

-Además –continuó Ino, distraída-, tu jefe nos ha regalado las entradas y tanto Hinata como Naruto estaban ocupados esta tarde… ¿Dime, no ha sido muy amable de parte de Fugaku?

-Sí, aparentemente le he caído bien –dibujó una sonrisa.

-Me gusta tu forma de vestir, Haruno –bromeó entonces la Yamanaka.

Y es que en aquella tarde, Sakura llevaba puesto unos short de jean con zapatillas, y una remera blanca detallada en rosado que le quedaba de lo mejor, además de una pequeña mochila que hacía juego con su atuendo.

-Oye, ¿qué sabes de Shikamaru?

- ¿Mi mejor amiga preguntando por mi ex? Debe ser algún tipo de advertencia… ja, ja, mira, hace unos días que no hablamos, estaba de lo más concentrado en sus estudios… cambiando de tema ¿Te parece subir a la noria? Está por anochecer y dicen que la ciudad se ve hermosa desde allí.

-De acuerdo, además estoy extenuada, y la vista desde la rueda de la fortuna es alucinante.

Ambas muchachas se encaminaron hacia aquel lugar, definitivamente ése había sido un hermoso día.

Subieron a todas las atracciones, comieron y rieron como nunca.

Hubiese querido ir con Gaara… pero algo en su conciencia hizo ruido ante la simple mención de aquel nombre.

- ¿Ése no es Uchiha? –la voz de Ino la sacó de sus cavilaciones.

- ¿Qué?

-Aquel de allá –señaló la rubia.

Llevó su brillo jade hacia el lugar que la Yamanaka señalaba y sintió a su estómago contraerse en el momento en que aquellas orbes oscuras se giraron y encontraron las de ella.

Y es que a escasos metros de ellas estaba, efectivamente, Sasuke.

Su ajeno Sasuke Uchiha.

-Vamos, acerquémonos a saludar –sonrió la rubia pícaramente arrastrando a su amiga hasta su jefe.

Pero, a unos pasos de él, ambas se detuvieron.

Se detuvieron en el instante en que otra figura se acercó al azabachado.

Se detuvieron cuando una melena rubia abrazó la figura de aquel hombre.

Se detuvieron estáticas cuando aquella acción fue secundada por la unión de sus labios.

-Sasuke-kun, si nos tardamos va a comenzar la vuelta y son de quince minutos… sabes que no me gusta esperar –se quejó, sin notar la presencia de las jóvenes.

-Tania Smith –escupió Ino.

La aludida se giró y enfrentó los ojos de la Yamanaka.

-Tanto tiempo –contestó, filosa.

- ¿Se conocen? –intervino indiferente el Uchiha.

-Sí, es una vieja amiga, pequeño Osito.

-Ino Yamanaka, mi mejor amiga –presentó la pelirrosada-. Ino, él es Uchiha Sasuke mi… mi jefe.

-Mucho gusto –dijeron ambos, ante la atenta mirada de la rubia.

-Pequeño osito, mejor nos apuramos a llegar a la noria o empezará sin nosotros.

- ¿No querías pasar antes por el baño, Tania?

La joven les dedicó una mirada a las otras muchachas.

-Oh, claro –continuó-. Sí, mejor paso antes por el tocador…

Claro que había que admitir que la historia que compartían aquellas rubias era un tanto peculiar, y Tania no abandonaría la escena sin antes frenarse justo enfrente de la rubia y dejar en el aire un susurro que sólo ella pudo oír.

-Han triunfado tus colecciones antes que tu nombre, pero después de todo ya has visto que no son del todo buenas… de otra forma sería conocida alrededor del mundo.

Ino sintió entonces una pequeña punzada, tras el veneno de aquellas palabras.

-Ya ves como sí, Rose es reconocido alrededor del mundo –escupió en otro murmullo, y luego la joven desapareció.

-No sabía que la conocieras –dejó escapar Sakura.

-Sí… -y una sonrisa ambigua cruzó los labios de Ino-. Somos viejas amigas, tenemos nuestros propios códigos con Tani-chan. Oye, Sakura… disculpa, pero me ha dicho si hablábamos un rato, para rememorar estos años, ¿Te molestaría si…?

-Oh, no te preocupes… de todos modos ya estábamos por irnos –sonrió la Haruno.

-No, de ninguna manera, sé que amas la rueda de la fortuna y no quiero que te pierdas de conocer ésta por mi culpa. Además, estamos en presencia de un caballero.

El Uchiha alzó la ceja.

-Vamos, ya debe estar por comenzar –sonrío la rubia, tomando y uniendo las manos de ambos.

Acto que, por cierto, precipitó toda la sangre de la joven Haruno. Ya que ahora, en pleno contacto con su mano derecha, se encontraba la calidez de Sasuke, de Sasuke-kun.

De Uchiha-sama

El camino no era largo, a penas unos pocos metros.

Pero le supieron a eternidad.

Ya que ni uno ni otro retiró su mano de aquel tierno contacto.

Hasta que llegaron a la noria.

Hasta que un atisbo de lucidez asomó en Sakura, e hizo que lograra recuperar la razón, por lo que se alejó bruscamente de la cercanía del Uchiha.

Se adelantó entonces unos pasos y entró en la pequeña cabina de cristal, ignorándolo. Luego se sentó y dirigió su mirada lejos del cruce con aquellos azabaches.

El joven, desentendido, tomó asiento frente a ella, y perdió en la mismísima nada su gélida mirada.

El artefacto comenzó con sus movimientos, y, poco a poco, la ciudad fue quedando bajo sus pies.

- ¿Qué te sucede? –la para nada sutil pregunta de Sasuke tensó más el ambiente.

La mirada de Sakura perforó el tangible cuerpo del muchacho.

- ¿Nunca piensas sonreír en mi presencia?

-No soy yo la que se ríe de ésta situación –escupió, volviendo hacia la ciudad su mirada.

- ¿Y qué quieres decir con eso? –interrogó, extrañado y con cierto deje de irritación.

- ¿Sabes? Cuando te conocí pensé inmediatamente que eras un cerdo, un vil espécimen machista con la soberbia y el egoísmo tatuados en la piel… pero nunca pensé que me sorprendiera tanto el comprobar que era cierto.

-Debo agradecerte por la flores, supongo –dejó escapar irónico, conteniendo la impotencia.

-No, debo agradecerte yo el demostrarme que sólo hay un hombre que es diferente en este maldito planeta.

Y esta vez, las palabras de Sakura salieron estranguladas.

Pero no se quebraría ante el Uchiha.

No le demostraría a aquel hombre su debilidad, no le demostraría sus sentimientos.

Su realidad.

-Y debo pensar que ese hombre es tu ex prometido –soltó, riendo torcidamente.

-Y pensarías bien.

- ¿Y puedo saber a qué se debe este desliz de sinceridad en la siempre sonriente Sakura Haruno?

-A que a la siempre sonriente Sakura Haruno no le gusta que se rían de ella.

Y entonces tomó el valor de mantener la mirada de Sasuke.

Un Sasuke con el ceño fruncido, desentendido… un Sasuke ininteligiblemente irascible.

- ¿Y puedo saber qué mierda hice yo para ameritar este discurso de mi secretaria? –gritó, parándose frente a la joven.

- ¡Ja! Me gustaría saber qué no habrá hecho mi jefe con aquella zorra rubia –estalló, parándose frente a él.

Y entonces asomó en Uchiha un gesto que heló en un segundo la agitada sangre de la pelirrosada.

Era una sonrisa. Sonrisa de satisfacción.

-Así que son solo celos, Ha-ru-no –siseó, acercándose.

-No te atrevas a acercarte –determinó, cortante.

- ¿Ah, si?... ¿O qué?

La joven retrocedió y sintió temblar sus piernas al ver el constante acercamiento del Uchiha.

Su cuerpo dio contra el vidrio del lugar.

Sintió vacilar sus sentidos.

Sintió contraer su corazón.

Sintió desfallecer su cordura.

-Vas a besarme, ¿Verdad? –preguntó, en un susurro.

-Adivinaste –susurró contra su rostro, impregnándola de su aroma.

- ¿Para comparar mi sabor con el de ella?, ¿Para saciar tu apetito?, ¿Para matar tus dudas?... ¡Para qué demonios piensas besarme, Uchiha! –explotó, dejando escapar unas furtivas lágrimas.

-Porque quiero besarte –contestó, para luego asaltar los labios de la joven.

Y un ruido seco cesó aquel acto, para que el Uchiha se separara y tocara con cuidado su herida mejilla.

Y es que ella había pasado a ser el nuevo juguete de Sasuke, pero éste juguete se haría respetar.

Y tenía una buena derecha.

-O tendrás tu merecido, Uchiha… o te alejas o tendrás tu merecido –repitió.

Sin embargo, no fue esa la acción del joven.

En cambio, sonrió torcidamente y se acercó de nuevo, con una lentitud exasperante.

Volvió a sentir su cuerpo chocar contra el cristal, para luego notar las manos del Uchiha tomando las suyas, y llevándolas hasta quedar reposadas en el cristal, sobre su cabeza.

Entendió la idea del amarre, y trató vanamente de soltarse.

Sasuke, por su lado, aferró con una única mano los brazos de la joven, quien ahora lucía de lo más indefensa, y acercó nuevamente su rostro.

-Adivina qué… voy a besarte, Haruno.

-Te confundiste, Uchiha, tu zorr… acompañante quedó en el parque –siseó, reteniendo las gotas saladas que se agolpaban en su retina.

Mierda, era débil.

Era impotente y condenadamente vulnerable ante aquel hombre.

-Suéltame –ordenó, al notar el pulgar del muchacho delineando su rostro.

Y amenazando con el delirio eminente de su tacto.

-Dije que voy a besarte, Haruno.

-Ya basta, suéltame Uchiha –soltó, entre una orden y una súplica, forcejeando contra la fuerza de su jefe.

-Y me importa muy poco tu consentimiento –continuó, ignorándola-. Ya nombraste a mi egoísmo y a mi soberbia, ¿Por qué me importaría si no quieres? Ya te lo dije, voy a besarte, y para no entrar en dudas estúpidas… voy a besarte porque te quiero, Sakura.

Y tras éstas últimas palabras, sus hermosas y ahora resplandecientes lunas esmeraldas se abrieron desentendidas, mientras sentía el roce de los labios del Uchiha.

Un roce que la llevaba a la frontera de la adicción.

Dejó de forcejear y cerró los ojos, permitiendo a aquel hombre el libre ingreso a su boca.

A su amor.

Y fue entonces que notó en los labios de Sasuke un extraño sabor que le recordó a aquel sentimiento que dominaba su cuerpo, al gusto del helado de aquella tarde.

Era el bien y el mal fundidos en su paladar.

Blanco y negro, formando el mejor de los grises.

Era la mezcla perfecta del mejor de los venenos.

Era como un sabor…

Agridulce


Justo a tiempo! si, aun es domingo y estoy, increíblemente, en término.

Ahora a la sinceridad sin anestesia, no me gustó del todo el chap. Tuve que hacerlo en tiempo récord y justo ahora vuelve internet (qe espero se mantenga). Y no es qe piense que está bien mandar la primer porquería que escriba por el simple afán de estar a tiempo, pero creo que un pequeño atisbo de esperanza confía un poco en lo que escribí...

¿Pensaban que Sakura reaccionaría así? Sinceramente, yo hubiese esperado más melancolía, pero creo que simplemente no va mucho conmigo en este momento, y así me ha gustado más (y espero compartir con ustedes la opinión)

En fin, voy a subirlo antes de que otro imprevisto me lo impida n.n

Simplemente saludos a Hatake'Fer!! que hace tiempo espero poder contactarme con ella y comenzar a betear sus historias! n.n

-Hanako14-