IX
Katsuki Bakugo
Niddhog chilló entorno a la aurora en tonos rojizos para darle muerte al último de los monstruos alados, convirtiéndolo en la última caída de cenizas que se esparció por la ciudad y volvió su mirada al suelo tras escuchar el familiar silbido de su amo, aterrizando con fuerza en la plaza donde se encontraba junto con otros de sus hombres y el príncipe heredero.
—Bien hecho, Nidhogg — Murmuró Katsuki, acariciando la punta de la nariz del dragón y recibiendo a cambio, un sonido gutural suave por parte de este.
— Será mejor que se vayan — Expresó Shoto al observar las ruinas que los rodeaban.
El líder del clan Falkor lo fulminó con la mirada — ¿A qué viene eso, bicolor?— Preguntó con voz rasposa y pesada.
El príncipe rodó los ojos— Conozco a mi padre.
Katsuki sonrió con sarcasmo— Ese viejo rey ni siquiera pudo defender a su pueblo, lo mínimo que podría hacer es agradecer la ayuda.
El joven rubio era orgulloso y pecaba de soberbia, dos actitudes que para desfortunio de Shoto, le parecían, por demás, familiares. Decidió pues callar ante sus palabras, pero en ese momento una larga nota emitida trompeta retumbó en los escombros y ruinas de alrededor; el príncipe reconoció de inmediato el sonido, poniéndose tenso; no pasó mucho tiempo para que los estandartes reales comenzaran a desfilar rumbo a ellos cargados por la guardia real, siendo liderados por un caballero de largos y sedosos cabellos dorados montado en un formidable corcel color crema. Este tenía una mezcla de preocupación y enojo contenida en sus grandes ojos verdes únicamente mostrada en el delicado temblar de su peculiar bigote.
—Sir Yamada—Saludó con cortesía el príncipe, sabiendo que esto comenzaría a empeorar.
—El Rey no está para nada contento con su escape, su alteza—Expresó el caballero rubio, cortando el protocolo con el cual el príncipe buscaba salirse con la suya—Y el estarlo buscando entre la catástrofe ha sido una situación por la cual ahora usted casi cae de mi gracia— Se llevó una mano a la sien para masajearla— pensé que sería alguien con mejor sentido común ante el peligro.
Shoto apretó los puños y se paró con seguridad frente al jinete— Es deber de un futuro rey el de poner el ejemplo cu-
— ¡SILENCIO!— Vociferó el hombre rubio, haciendo a los presentes taparse los oídos y dejarlos aturdidos—Sus explicaciones son invalidas y deberá regresar a palacio junto con el líder del clan—Dirigió una mirada fugaz pero amenazante al muchacho del dragón, quien parecía estar a punto de lanzársele encima— en cuando a sus compañeros y mascotas escupe-fuego, deberán evacuar la ciudad en este instante o habrá consecuencias severas. Así lo ha dictado su majestad.
Katsuki frunció el ceño ante la amenaza. "Maldito cobarde", pensó; el rey lo convencía cada vez más de lo repugnante que era la clase noble. No obstante, y para sorpresa de los presentes, este solo hizo una seña a sus hombres y estos asintieron antes de montar sus bestias escamadas para salir del lugar; Nidhogg se quedó, gruñendo y enseñándole los dientes a la comitiva detrás de su amo, quienes no comentaron nada al respecto.
...
El salón del trono estaba en un silencio sepulcral, expectante, donde cada individuo buscaba por todo medio evitar la mirada del rey, sentado en la magnífica silla de oro engarzada con innumerables piedras preciosas y recubierta con fina seda brocada tanto en el imponente respaldo como en el asiento bajo. Podían escuchar el crepitar de las llamas emanando de su cuerpo, incapaces de quemar los ropajes encantados que traía puestos; era por su carácter difícil, entre otras habladurías esparcidas por las serpientes más astutas de la corte, que le llamaban Enji el Terrible a sus espaldas, algunos con temor y otros, a modo de burla.
Se escuchó entonces a las pesadas puertas de madera abrirse de par en par, conmocionando a los presentes. Un sequito pequeño de guardias acompañaba al príncipe Shoto y al líder del clan Falkor con la ropa ennegrecida y hecha jirones tras la batalla encabezados por Sir Yamada, quien intentaba mantener una buena actitud ante el iracundo gobernante.
—Su majestad— Dijo antes de hacer una dramática reverencia.
El rey alzó una mano e hizo un ademán para que se hiciera a un lado y luego la dejó caer con rudeza en el descansabrazos. De inmediato sus brillantes ojos azules se clavaron en el príncipe cuya actitud hizo que el fuego en sus hombros subiera de intensidad—Me decepcionas.
—Jamás he querido tu aprobación, padre.
— ¡Cuida tus palabras Shoto!— Amenazó el rey Enji, temblando de furia.
El suave cuchicheo recorría la sala se desvaneció con la estrepitosa voz del monarca haciendo eco contra las frías paredes de mármol. Shoto no se inmutó ni por un centímetro, alzando la mirada en respuesta al rey.
— ¿Acaso te da miedo escuchar la verdad?— Cuestionó el joven, caminando con seguridad hacia el frente, subiendo los escalones que conducían hacia el trono.
— Te dije que-
—Un buen rey está en el campo de batalla con sus hombres, aún si es el último en pie— Recitó— ¿O me equivoco?
El pecho del rey Enji se inflamaba con la ira, parándose en ese instante para propiciarle una bofetada con tanta fuerza que derrumbó al muchacho. Shoto puso la mano sobre su mejilla; estaba tibia y palpitaba. Al elevar la vista, pudo percatarse de las reacciones de preocupación e impotencia en los rostros de los miembros de la corte; odiaba sentirse tan vulnerable.
— ¡¿CÓMO TE ATREVES?!—Gritó Katsuki, yendo a paso rápido en dirección al rey— Te diré una cosa, noble de mierda y espero te quede claro: el príncipe bicolor sin ser coronado tiene más madera de rey que la que tú llegarás a tener al ocaso de tu reinado—Sin dudarlo, ofreció una mano para que Shoto pudiese levantarse.
Tal acto de solidaridad (o estupidez, según pudiese considerarse) asombró a los presentes, aún temerosos de la próxima acción explosivo monarca. El príncipe, a sabiendas de que le aguardaba una reprimenda como ninguna otra, aceptó la ayuda y se incorporó, sorprendiéndose ante la fuerza del joven líder.
—Gracias— Murmuró Shoto al deshacer el agarre.
Katsuki le sonrió, pero justo antes de que pudiese hacer algo más, seis guardias reales se abalanzaron contra él, tirándolo al suelo mientras lo amordazaban.
— Suficiente espectáculo por hoy— Dijo el rey, mirando con desdén al líder del clan Falkor gritando e intentando defenderse, pero le era imposible al estar atado con una cadena especial que le impedía utilizar su don, dejándolo desarmado— ¡Llévenlo al calabozo!— Sir Yamada asintió de inmediato, llevándose junto con los demás guardias a Katsuki— Su insolencia será agregada a los cargos que tiene como enemigo de la corona de Ionad.
Shoto quedó pálido como un pergamino y casi pudo oír, en la lejanía, el silbar de la hoja de un hacha cortando el aire al arrebatar una vida.
