Nota: ¡Hello my lions! ¡Espero que estén tan emocionados como yo por la actualización! :D Hoy no tengo clases y aproveché para escribir lo más rápido que pude el capítulo :) Se van a resolver algunas cosas, pero va a haber algo nuevo que va a empezar a torturar a Blaine ;) ¡Muuuuuuuuuuuuchas gracias por su comentarios y por la paciencia! ¡Espero que lleguemos a los 200 reviews! ¿Si? *ojos de cachorrito* Háganlo como regalo de cumpleaños :D (Cumplo el 17)

¡Que disfruten la lectura!


CAPITULO 10: Slytherin contra Gryffindor.

Blaine tomó asiento en una de las butacas y se pasó la mano por el pelo de forma mecánica, un gesto que había copiado de su abuelo y significaba creciente desesperación.

Sus ojos se posaron en el crepitante fuego que ardía en la chimenea por varios minutos, hasta que estos dolieron de tanto mirar la brillante luz. Tenía que hablar con alguien de forma urgente. Albus no era una opción, ya que estaba seguro de que su tío lo molestaría y en eso momento no estaba de humor. Jeff se moriría de un paro cardíaco si le contaba que le pasaba; Nick probablemente lo habría ayudado en otra ocasión, y también hubiera sido más comprensivo que el rubio pero ahora no tenía idea de cómo estaban las cosas entre ellos debido a su creencia de que estaba saliendo con Jeff, y Teddy no era para nada bueno dando concejos.

Solo le quedaba una opción.

Se puso de rodillas frente al fuego, tomando un pequeño puñado de Polvos Flú y echándolos a las brazas.

- Número Doce de Grimmauld Place. – Murmuró y sumergió la cabeza en las llamas verdes, sintiendo como esta daba vueltas y vueltas sin parar. Lo primero que vio fueron las patas de las sillas y la mesa de la cocina. Recorrió el lugar con la mirada, sonriendo al encontrar a su abuelo batallando con una cacerola con salsa borboteando al fuego. - ¡Harry!

El auror se sobresaltó y estuvo a punto de derribar la comida.

- ¡Oh, mierda! – Volteó, con los anteojos ladeados y una sonrisa cálida en el rostro. Blaine aún seguía sorprendiéndole un poco el hecho de que a pesar de que el salvador del mundo mágico tenía sesenta y un años, aún lucía de cuarenta. El hecho de ser magos, y envejecer a un ritmo más lento que los muggles definitivamente tenía ventaja. - ¡Blaine! – El hombre se acercó a la chimenea y se arrodilló frente a ella. - ¿Estás bien? ¿Sucedió algo?

- No te preocupes, todo va bien. Es solo… - Se mordió el labio, sintiéndose algo estúpido por haber llamado a su abuelo a esa hora de la noche solo por un problema como aquel.

- Sabes que puedes decirme lo que sea. – El menor asintió levemente y soltó un suspiro.

- Es acerca de… Bueno… Creo que me… atrae alguien. – Harry alzó las cejas con curiosidad y asintió. – Un chico. – El hombre sonrió cálidamente y volvió a asentir. – Es extraño. Estamos en casas distintas, y es muy… complicado.

- ¿De qué casa es él? – Blaine se mordisqueó el labio y sacó su mirada de los ojos verdes de su abuelo por unos segundos.

- Slytherin.

Harry abrió la boca con sorpresa y miró profundamente a Blaine, pasándose la mano por la nuca y esforzándose para pensar.

- Oh, sí, definitivamente es complicado. – Estuvieron unos segundos en silencio. - ¿Y este chico… también se siente atraído hacia ti?

Blaine abrió la boca para contestar un amargo "no", cuando recordó su último encuentro; La forma en que Hummel había pegado su cuerpo al suyo, en el que le había susurrado roncamente mientras observaba sus labios con ojos voraces.

- No lo sé. Puede que un poco… O tal vez solo lo esté imaginando. – Soltó un suspiro y negó con la cabeza con pesadumbre. – Pero incluso si él se siente atraído hacia mí, no nos veo caminando de la mano o yendo de picnic a los jardines. Por Merlín, hasta pensarlo es incómodo e incorrecto.

Harry entrecerró los ojos, con una chispa de diversión en ellos. Diversión y nostalgia.

- ¿Y qué crees que quiera él de ti?

- ¿Humillarme? Es un Slytherin. – Su abuelo sonrió y rodó los ojos. – Tal vez él solo quiera… Hmmm… algo… Ya sabes, físico. – Sintió como se sonrojaba y por un instante se preguntó si Harry podía ver como sus mejillas se habían vuelto más rojas que el resto de su cara.

- ¿Y tú no quieres?

El morocho más pequeño se quedó en silencio, cavilando la idea. Era por eso que le gustaba tanto hablar con Harry; su abuelo no era muy bueno para dar concejos la mayoría del tiempo, pero te conducía hacia las respuestas con sus preguntas.

- Tal vez. Pero no soy de ese tipo de personas que solo quieren tener una aventura. Realmente quiero a alguien al cual amar, y que me ame de vuelta. – Soltó un suspiro. – Si en algún milagroso momento empiezo una aventura con él… Tengo miedo de enamorarme y que él no lo haga.

- Puede que no te enamores. Tú lo dijiste, es un Slytherin y la mayoría de ellos son conocidos por tener buen cuerpo y mala actitud. Tal vez solo te atraiga su físico, pero te repela su personalidad.

- Eso era lo que pensaba, pero… - recordó la forma en que sus ojos se habían conectado en la clase de adivinación, en como Hummel acariciaba su lechuza con cariño, en como las lágrimas habían caído por su rostro de forma copiosa mientras las notas del piano resonaban con desesperación en sus oídos. – Creo que hay algo más que estupidez y arrogancia debajo de la superficie. Y ya sabes… Me encantan los misterios.

Blaine vio con curiosidad como los ojos de Harry se aguaban, y este tenía que parpadear varias veces para no derramar una lágrima. ¿Qué habría provocado eso?

- La primera y única vez que me enamoré, pensé que estaba loco por creer si quiera un segundo en que se iba a fijar en mí. Pero al final, lo hizo. Y valió la pena haber pasado por esa angustia solo para poder ver cómo me miraba. Y si pudiera retroceder en el tiempo, lo volvería hacer. Una y otra vez. De la misma persona. - Blaine tragó duro y se quedó unos segundos en silencio. - ¿Puedo saber quién es el afortunado Slytherin?

El menor bajó la vista a las rodillas de Harry.

- Hummel. Kurt Hummel. – Escuchó como su abuelo soltaba una exclamación.

-Oh, sí. Va a ser complicado. Jodidamente complicado. – Blaine soltó una risita y asintió. En ese momento la salsa empezó a burbujear y derramarse por los costados de la cacerola, haciendo que Harry saltara con espanto y corriera a detener el desastre. Blaine rió y observó con diversión como el auror quedaba cubierto del líquido rojo por todas partes. – Creo que mejor me haré un sándwich.

Blaine estaba a punto de sacar su cabeza del fuego, cuando un pensamiento fugaz cruzó por su mente.

- Harry… Cuando hablaste de la única vez que te enamoraste ¿te referías a la abuela Ginny?

Harry le sonrió, guiñándole un ojo.

- Que duermas bien, Blaine.


- ¿Saben? No puedo soportarlo más. – Dejó caer sus manos fuertemente sobre la mesa de Gryffindor, haciendo sobresaltar a sus amigos. – Nick, Jeff y yo no estamos saliendo y no lo haremos nunca. El solo pensamiento es patético y no entiendo cómo se te pasó por la cabeza que era verdad. – Nick abrió los ojos como platos y miró a Jeff de reojo. – Jeffrey, si no hablas con él y aclaras las cosas, lo haré yo. – El rubio se mordió el labio y clavó su mirada en el plato. – Y Nick… - Fulminó a su amigo con la mirada. – ¿Qué necesitas para darte cuenta de que no eres muy heterosexual?

Nick lo miró con las mejillas rojas.

- No sé de qué…

- ¡Alto! ¿Qué? – Exclamó Jeff, mirando a Nick con los ojos abiertos como platos.

- ¡No lo sé! Estoy confundido. – Se defendió el otro.

- ¿No estás enamorado de esa chica Ravenclaw?

- ¿Britt? No, claro que no. Es mi amiga y la quiero. Pero ella está tras alguien más que parece no querer admitir que le gusta y solo le doy ánimos para que no renuncie.

Se quedaron mirando fijamente el uno al otro de manera tan intensa que Blaine empezó a sentirse incómodo y fuera de lugar.

- Este es el momento en que se besan para romper la tensión y dejan de comportarse como idiotas.

Blaine rió ante el comentario de Thad, disfrutando especialmente cuando los rostros de ambos se pusieron escarlatas.

- Tal vez luego. – Susurró Nick, mirando a todos lados menos a Jeff, quien parecía a punto de explotar de la emoción.

Blaine sonrió con cariño al verle los ojos brillantes y una sonrisa que podría partirle el rostro en dos en cualquier momento. Sus ojos recorrieron el Gran Comedor, que en ese momento estaba decorado con calabazas repletas de caramelos, murciélagos, serpientes de agua y toda clase de adornos relacionados con Halloween. Los fantasmas se paseaban por entre las mesas, preparando su próxima actuación, mientras los estudiantes reían y hablaban.

El banquete de Hallowen siempre había sido genial, aunque a Blaine le gustaba más el de Navidad, que tampoco estaba muy lejos de llegar. Además el primer partido de Quidditch estaba a la vuelta de la esquina, y ya podía sentir la sensación de nervios y adrenalina corriendo por sus venas. Y el hecho de que fueran contra Slytherin lo emocionaba más.

Iba a poder saborear el gusto de ganarle a Hummel una vez más.


El día estaba extrañamente despejado, con alguna que otra nube oscura acechando desde el horizonte. En cuanto el equipo de Quidditch de Gryffindor en pleno entró al Gran Comedor, fue inmediatamente recibido con gritos de ánimo de su mesa, al igual que la de los tejones y las águilas, mientras que los Slytherins los abucheaban.

Blaine miró de reojo como tres serpientes vestidas con el verde uniforme de Quidditch se levantaban de su mesa y se acercaban a ellos. De forma mecánica se detuvo, y Jeff y Nick hicieron lo mismo tras él, fulminando el avance de Hummel, López y Smythe.

El castaño llegó hasta ellos y sonrió. Una sonrisa arrogante que hacía que Blaine tuviera ganas de borrársela de un bes… puñetazo.

- ¿Listo para morder el polvo, Anderson?

- Tú deberías estarlo, Hummel. – Atacó Jeff. - ¿O es que todavía no te pudiste sacar el sabor de la derrota de la última vez que Blaine te ganó?

Los ojos azules revolotearon hasta Jeff y lo fulminó con la mirada.

- No te metas en lo que no te incumbe, imbécil.

- ¡No lo llames así! – Exclamó Nick, sus puños apretados.

El Slytherin sonrió aún más y pasó sus ojos del rubio a Nick.

- ¿Ustedes también? ¡Por Salazar! – Se rió con maldad, alzando su barbilla. - ¿Y los llaman el Nuevo Trío de Oro? ¡Deberían decirles el Trío de los Maricones!

- Baja la voz, Hummel, si no quieres que todo el colegio se entere que dos de ustedes son tan maricones como nosotros. – Susurró amenazadoramente Blaine, pasando su mirada envenenada de Hummel a Smythe.

- Tres, en realidad. – Agregó Nick con la mandíbula apretada, fulminando con sus ojos a López. – Britt te manda saludos.

El castaño agarró a la chica del brazo justo a tiempo para que no se lanzara sobre Nick.

- ¡Ahora no, Santana! – Mandó una mirada de odio al joven Duval. – Espera al campo de Quidditch.

Sebastian tomó a Santana por el brazo y la arrastró de vuelta a la mesa de Slytherin, tratando de tranquilizarla y evitar que volviera a partirle la cara a Nick. Jeff le sacó la lengua a Hummel y se dirigió a la mesa de Gryffindor, seguido de cerca por Nick, y dejando a el león y la serpiente solos.

Ambos se midieron con la mirada por unos instantes. Blaine alzó las cejas con leve sorpresa al ver que los ojos de Hummel pasaban de mostrar arrogancia a deseo. El castaño avanzó unos pocos pasos, posicionándose tan cerca de él que Blaine podía contar sin equivocación las casi invisibles pecas que había sobre su nariz.

- Te veo luego, león.

El morocho tragó duro y trató de que su cara no expresara sus profundas ganas de estrellarlo contra una pared y comérselo. Kurt dio media vuelta y volvió a su mes,a bamboleando las caderas de una manera en que el Gryffindor estaba seguro debería ser ilegal.

Con las rodillas como gelatina se fue a reunir con sus amigos, sentándose a un lado de su primo.

- El Trío de los Maricones deberían llamarse ellos. – refunfuñó Jeff, con las mejillas rojas. – Los odio. A los tres. Estúpidas serpientes rastreras. – Levantó la vista cuando Blaine se unió a ellos. - ¿Sabías todo este tiempo que Hummel y Smythe eran gays y no nos contaste?

Blaine se encogió de hombros, restándole importancia.

- Me olvidé.

Sí, claro. Como si pudiera.

En ese momento apareció Brittany y se hizo un espacio al lado de Nick, recibiendo una mirada molesta de Jeff.

- No sabía que nos llamaban el Nuevo Trío de Oro. – apuntó Nick, sonriendo orgullosamente.

- Pues nos dejarán de llamar así en cuanto Hummel corra la voz. – se quejó Jeff, apuñalando una salchicha con su tenedor.

- Deberíamos ponerles un nombre nosotros. – Sonrió Sam con entusiasmo, y el resto del equipo estuvo de acuerdo. - ¿Qué tal "El Trío de Inútiles"?

- ¿Qué tal si te vuelvo a colgar de los tobillos? – Lo amenazó Blaine.

- ¿Los Leoncitos? – Agregó Thad con una sonrisa.

- ¿Los Tórtolos y Blaine? – Cooperó Jeremiah.

- ¿El Trío Unicornio? – Todos se volvieron hacia Brittany, quien sonreía sin darse cuenta de las miradas espantadas que le mandaban Nick, Jeff y Blaine.

- ¡Por las barbas de Merlín, eres una genio! - Exclamó Thad.

Blaine observó con espanto como sus compañeros de Quidditch pasaban el nombre por el resto de los Gryffindors.

- Creo que prefería El Trío de Maricones. – murmuró Jeff con el mismo grado de horror de Blaine. – Era más varonil.


El morocho cerró la ducha y salió de ella, envolviéndose la cadera con una toalla. El partido había sido extenuante. Cuatro horas completas sobre la escoba, tratando de esquivar las bludgers de Smythe, mientras Hummel se paseaba a su alrededor con altanería y le mandaba miradas lascivas. Y, aunque le había costado un alto grado de concentración, había logrado atrapar la snitch. Aunque por muy poco. Definitivamente Hummel debería de haber entrenado ese verano.

Como si el solo hecho de pensar en el Slytherin funcionara como Accio, Hummel atravesó la puerta de los camerinos de Gryffindor y la cerró detrás de él con un movimiento de varita. Blaine se paralizó al instante al darse cuenta de la situación. Se encontraba solo, con solo una toalla atada a sus caderas, en la misma habitación que Kurt Hummel.

Algo iba a terminar mal.

Pasó la saliva con dificultad, sintiéndose extremadamente vulnerable bajo esos resplandecientes ojos azules.

- Hola, León. – Murmuró el castaño y un escalofrío involuntario le recorrió de arriba abajo.

- ¿Qué haces aquí? Son los vestuarios de Gryffindor.

- Quiero hablar contigo. – Lo repasó de arriba a abajo con la mirada, pasándose la lengua por los labios. – A solas.

Blaine apretó la mandíbula.

- ¿Qué quieres?- Kurt alzó las manos en un gesto apaciguador.

- Una pequeña tregua. – El morocho alzó las cejas con incredulidad.- Por un pequeño tiempo.

- ¿Para qué?

El Slytherin se acercó más a él, sonriéndole como un animal lo haría con su presa.

- ¿Sabes? Me he acostado con muchas personas. – Susurró, estirando una mano y pasando un pálido y blanco dedo por el pecho de Blaine. – Serpientes, águilas, incluso algún que otro tejón. Pero nunca… Nunca con un león. – El morocho se estremeció y su piel se erizó allí dónde el toque del castaño lo quemaba. Cosa que no pasó desapercibida para el otro. – Y menos con un león tan… - Se acercó a su rostro de manera que sus alientos chocaron. – sumiso.

- N-no… - Blaine usó toda su fuerza de voluntad para dar un paso hacia atrás. Respiró varias veces de forma profunda. – No.

- ¿No? – Kurt alzó una ceja y sonrió de lado. – Lo deseas. – Dio una cabezada a su entrepierna, y Blaine enrojeció al encontrarse erecto. – Me deseas.

- Te odio.

- Y yo a ti. Eso lo hace más caliente. – Se mordió el labio de forma provocadora.- Ya has visto nuestros duelos, nuestras peleas. Pura rabia, explosión y magia. Imagínate tener eso mientras me entierro en ti. - Blaine cerró los ojos por unos instantes tratando de mantenerse en pie, tratando de escuchar sus pensamientos por encima del latido de su corazón. – Así que… ¿Qué dices, Anderson? – preguntó, acercándose peligrosamente a él, haciéndolo sentir extrañamente pequeño.

- Pero… pero nosotros no… no nos queremos. – balbuceó torpemente, poniendo su más casto lado Gryffindor en cada palabra. Quería saber si Hummel estaba realmente dispuesto a hacer eso con alguien más virgen que un Hufflepuff.

Kurt soltó una sonora carcajada que solo logró hacerlo sentir estúpido.

- Por Salazar, eres tan inocente… - Murmuró mientras lo rodeaba, hasta posicionarse detrás de él. Todo el cuerpo de Blaine tembló al sentir las uñas de Kurt rascarle la espalda desde el final de su nuca hasta la altura de la cintura. Los labios del castaño se acercaron a su oreja, haciendo que su aliento caliente pegara contra la piel sensible del morocho. – Será delicioso corromperte. – Blaine soltó un gemido ahogado al sentir como su lengua lamía su nuca. – No hace falta amor para tener sexo, Anderson. – Susurró, tomándolo de las caderas y apoyándose fuertemente contra su trasero para que notara su excitación. – Solo deseo. – gimió contra su oído haciendo que jadeara. Kurt lo empujó contra la pared, provocando que quedara atrapado entra la piedra y su cuerpo. Blaine jadeó al sentir el frío sobre su pecho en contraste con el ardiente calor que sentía sobre su espalda, producto del abrazo de Kurt. El castaño hundió su rostro en el cuello del morocho, chupando y mordiendo con voracidad en su punto débil, logrando que el león se derritiera en sus brazos. Sonrió con malicia y comenzó a mover las caderas contra el trasero de Blaine, frotando su erección descaradamente. El ojimiel gemía bajito, luchando por no empujarse contra el miembro de Kurt; Pero la verdad era que quería más. Más de ello, más de Hummel, más besos, más mordidas, más de su dura polla apretada contra su culo. – Mmm… Si hubiese sabido que así te tendría en mis manos, hubiese empezado a frotarme contra ti antes.

- Sí… - El rostro de Blaine se volvió escarlata al escuchar el gemido necesitado que había salido de su boca. Kurt sonrió sabiéndose el ganador, le dio una última chupada a su cuello y volvió a acercarse a su oído.

- Piensa en mí oferta. – Le murmuró con lujuria, antes de apartarse y salir caminando de los vestuarios con cierta dificultad.

Blaine gimió de frustración y se cubrió la cara con las manos, completamente avergonzado.


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