Los personajes de Twilight no me pertenecen, yo sólo los tomo prestado para hecer esta muy, muy lo ca historia.
1.-
—¡Por Dios, Bella! ¡Al fin te encuentro!
La sangre de Bella fue drenada de sus venas y su piel simuló una hoja en blanco al ver a Tania acercándose justo cuando ella salía del baño con la cabeza y los sentimientos hechos un remolino, con ganas de salir corriendo de esa fiesta, y pedir que en el proceso la atropellara un carro, a ver si así dejaba de sentir.
»Llevo rato buscándote. Ven, quiero presentarte a unas personas antes de comenzar con la subasta —Tania continuó al tiempo que la tomaba de la mano, obligándola a que sus pies se movieran, siguiéndola.
Bella se dejó arrastrar agradeciendo que Tania no se diera cuenta en el estado en el que ella se hallaba, del olor que impregnaba todo su cuerpo, y que no le hiciera ningún comentario por el hecho de que mano estuviera fría y húmeda.
2.-
Edward abrió la puerta del baño cuando escucho las voces alejándose de éste, y asomó la cabeza con lo dedos cruzados, pidiendo que la conclusión a la que había llegado segundos antes, fuera una mentira. Hasta había pensando en una buena explicación para lo que había oído: Swan estaba de camino hacia al baño justo en el momento en el que su diosa iba saliendo. Ésta siguió de largo mientras que Tania entraba en escena, buscando a Swan, hallándola y nombrándola. ¿Verdad que era una buena explicación?
Lo era hasta que Edward vio la cabellera color caoba bailando de lado a lado, mientras se alejaba por el pasillo acompañada de una mujer rubia que él sabía perfectamente que era su esposa.
Edward metió la cabeza de nuevo y cerró la puerta para después golpear su frente en ésta -con bastante fuerza, cabe decir-, esperando que el golpe lo despertara o lo sacara de la dimensión desconocida en la que parecía estar. Pero sabía de sobra que no estaba soñando y que la realidad no era otra más que su diosa era Swan, es decir, Isabella, o sea, Bella.
—Bella... —dijo al tiempo que se daba cuenta que era la primera vez que lo pronunciaba en voz alta y decidió que le gustaba cómo sonaba el nombre de ella en sus labios.
¿Pero qué mierdas estoy pensando? Se preguntó. Sí, ya sabía quién era su diosa, pero el saberlo no arreglaba nada, al contrario, lo hundía irremediablemente a un abismo al cual no sabía si iba a poder escapar. Por Dios: ella era Swan, la misma a la que él tantas veces había calificado cómo un ser amorfo, carente de algún atractivo físico que se pudiera apreciar. Edward empalideció sintiendo que el suelo se movía bajo sus pies, porque, esto no sólo se había quedado en sus pensamientos, sino que, además de haberlo comentado con Jasper en más de una ocasión, en una de éstas Swan lo había escuchado refiriéndose a ella despectivamente.
Se pasó la mano por la cara y la cabeza, incrédulo. En su mente se hallaban imágenes de dos mujeres completamente distintas, que lo hacían incapaz de terminar de creerse que éstas eran la misma persona. Soltó una maldición cuando su cerebro comenzó a trabajar de nuevo, atando cabos, poniendo cada pieza en su lugar para que él no le quedara ninguna sola duda de esto. En primer lugar estaba el hecho de haber encontrado alguien desconocido en su oficina aquél bendito día de la secretaria... ¡Bendito un carajo! Desde hoy odiaba ése estúpido día. Pero, a lo que iba era, que nadie aparte de él y Swan, tenía llave de su oficina. Lo que era fácil deducir que la persona, que él creyó en aquel entonces desconocida, era ésta última. Edward tragó grueso: era fácil deducirlo ahora, sí, pero lo que no se le hacía para nada fácil, era digerirlo. Y en segundo lugar estaba el que las cámaras no habían mostrado a otra persona que hubiera salido de su empresa aquella mañana, aparte de Swan y él.
Ahora que Edward estaba siendo obligado a pensarlo detenidamente, empezaba a recordar detalles de aquella conversación que había mantenido con su secretaria ése mismo día, y que antes no le había tomado ni la más mínima importancia: Su cara risueña cuando lo vio y que él había creído que era porque ella se estaba burlando de su desesperación; y la ganas de explicarle algo que él no le permitió por ciego; y la manera tan mal que la trató sólo por él andar interesado en una sola respuesta. Había sido tan estúpido de no darse cuenta que la tuvo todo el tiempo frente a sus narices.
Edward sonrió sin ninguna gracia: Ahora ya sabía por qué la ropa interior que había encontrado encima del mueble, debajo del cojín, era un modelo antiquísimo. No podía ser de otra manera si la dueña siempre se vestía con ropa de otra época. Como tampoco podía ser de otra manera que ésta fuera virgen... No, no que fuera, que haya sido virgen, porque ya no lo era, y él había sido el culpable de esto. Pero, ¿por qué? ¿Por qué Isabella Swan le había entregado a él algo tan importante para una mujer como lo era la virginidad? A menos que...
Edward volvió a empalidecer al tiempo que volvía abrir la puerta para salir e ir en busca de un trago que le ayudara asimilar todo lo que estaba descubriendo esa noche, antes de que terminara desmayado en aquel baño.
Tal vez le haría falta algo más que un trago, quizá alguien con quien hablar y mirara el asunto desde fuera, pero no quería ir en busca de Jasper, porque si le contaba todo esto, la burla que le montaría sería para toda la vida... Edward chascó la lengua: Ya qué, igual terminaría por contárselo.
Y Japer que creía que Swan era lesbiana. Pensó, ahora sí, riendo cómo si le hubieran contando el mejor de los chistes.
3.-
Buscar un trago no le había parecido tan difícil en la vida cómo ahora: Edward llevaba largo rato intentando cruzar el salón para llegar a área del bar, pero desde que había salido del baño, no hacía más que detenerse, obligatoriamente, a saludar a las personas conocidas. Hubiera querido no hacerles el menor de los casos a los, "¡Edward, qué milagro¡" o los, "¿De verdad eres tú, Edward?" o también a, "¿Tania sabe que estás aquí, Edward?" pero no se puede ser tan maleducado cuando se tiene una reputación que cuidar. Así que saludaba y luego se excusaba para continuar su infructuosa búsqueda, la cual Edward había tenido que dar por fallida cuando se le acercó la única persona a la que no se le podía escapar tan fácilmente.
—Ya era hora que empezaras a pagar cada centavo que gasté para salvar tu pellejo y el de tu padre.
Sí, había sido su queridísimo suegro, Humbert Denali, el que lo interceptó y a él no le había quedado de otra que plantarse a escuchar, sin prestarle la más mínima atención a sea lo que que sea que le estaba hablando. Aunque estaba seguro de que se trataba de lo mismo de siempre: Que él era un bueno para nada al igual que su padre, y que no se le olvidara que, si todavía el apellido Cullen seguía figurando en el gran mercado, era porque él se había apiadado de su desgracia, brindándole ayuda cuándo lo necesitaba. Ah, pero que tampoco se le fuera olvidar que nada era gratis en esta vida, y que ya sabía cuál era el precio a pagar por su generoso corazón. Maldito viejo carroñero y oportunista, pensó Edward con ganas de mandarlo al mismísimo demonio, pero sabía que no podía; como tampoco podía quitar los ojos de encima de su secretaria, a la que hace tan sólo un segundo había divisado cerca del escenario, junto con Tania, Alice..., una chica rubia -que él le hubiera parecido bastante atractiva en otros tiempos- que no conocía, a Jasper y un a muñequito de torta, a el que Edward le estaba empezando a caer mal, al ver que éste, descaradamente, se comía con la mirada a su diosa.
—Espero que esa cara de querer asesinar a alguien sea por mi hija —Edward fue obligado a desviar la mirada al escuchar el comentario insidioso de su suegro. Se dio cuenta luego que el viejo tenía sus ojos de reptil, fijos en la misma dirección en donde el estuvo mirando hacía un momento.
»Una niña muy bonita la que acompaña a mi hija ésta noche ¿Quién es?
Edward no le contestó. ¿Por qué en esa fiesta no era cómo en todas las fiestas de sociedad de algunas películas que él había visto, donde habían camareros por doquier, con bandejas repletas de diferentes tragos? No, en la puñetera fiesta no había mi un sólo puñetero camarero, que la alcanzara una sola puñetera gota de alcohol, que le ayudara a quitarse el sabor amargo de la bilis que se había tenido que tragar, a causa de la cara de lascivia que tenía el viejo verde Denali, y no había que ser un mago para saber a quién se refería con su pregunta. Edward quería golpearlo para que dejara de ver lo que le pertenecía.
»Olvidalo: Ya lo averiguaré yo —El viejo continuó a la vez que se alejaba de él, caminando hacía donde se encontraba su diosa, que no se había percatado que Edward estaba a poco distancia de ella.
La que tampoco lo notó fue Tania, pero ya no sería por más tiempo, ya que Edward había comenzado a seguir los pasos de su suegro. Ésta, en cuanto lo vio, dibujó una expresión de sorpresa en su rostro, causando que Edward rodara los ojos internamente: ¿De verdad era tan difícil de creer que el hubiera decidido ir a esa fiesta? Pues al parecer sí, porque Alice y hasta el mismo Jasper lo miraron con ceño fruncido.
Tania salió a su encuentro antes de que él llegara a su destino sin siquiera saludar a su padre, y le dio un beso en la boca, el cual Edward evitó profundizar al recordar en donde estuvo su lengua hace algún momento. Recuerdo que ya estaba provocando que él se excitara, pero que logró manejar gracias al asco que le provocaba ver que el depravado de su suegro era presentado con su diosa, y ella, muy tímida, le ofrecía la mano, el cual éste besaba más tiempo de lo políticamente correcto.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Tania con un susurro, logrando que el desviara la mirada hacia ella—. Me dijiste que no vendrías.
—Vine hacerte compañía —Edward respondió lacónicamente, pero al ver la mirada suspicaz de su esposa, añadió—: Estaba aburrido en la casa —No que es Tania se creyera esto último, pero al menos fue más convincente que lo primero que dijo, lo suficiente para que ella decidiera creerle, tomarlo del brazo y guiarlo hacia donde estaban los demás. Justo en el instante que su diosa le decía algo a su suegro, éste dejaba a la vista sus afilados dientes de caníbal y hacía un ademán para que ella caminara primero y él después seguirla.
Edward se olvidó de cómo respirar: ¿Es que acaso nadie iba hacer nada para impedir que el mal nacido de Denali se llevara a su diosa, quién sabe a dónde, con intensiones -no le cabía ninguna duda- bastante asquerosas? Él estuvo a punto de hacer algo, pero la voz de Tania se alzó para presentarlo con la rubia que había visto antes, la cual se llamaba Rasalia, o algo así, y el hermano de ésta, que era el muñequito de torta que estuvo morboseando a su diosa. Edward le dio un apretón de manos bastante fuerte, pero éste no se amilanó y se lo devolvió con la misma fuerza. Su nombre era James y él y su hermana eran algún familiar de Alice. Edward saludó a ésta última que no se aguantó y le preguntó que cómo es que había asistido cuando él mismo había dejado en claro que no vendría a la fiesta, y que no fue muy difícil creerle porque después de todo él nunca iba ningun evento social. Edward se dio cuenta de la expresión reprobatoria que le dedicó Jasper por su comentario venenoso y la cara de pena que de Tania.
Edward no acababa de entender, como era que su esposa, que tenía una lengua viperina para la demás personas -incluyendolo a él, que no se salvaba cuando ella perdía le paciencia- excepto para el duende malvado que tenía como amiga.
Edward le dedicó una sonrisa a Alice y rodeó la cintura de Tania con naturalidad.
—Es que últimamente me he dado cuenta que me he comportado cómo un asno —comenzó a decir, lo que era cierto y que curiosamente se estaba empezando a dar cuenta precisamente esa noche—, y he decido que ya es tiempo que eso cambie.
Si Edward hubiese tenido una cámara en ese momento, no hubiera aguantado la tentación de grabar el día en que Alice se quedó sin palabras, aparte de que Tania lo miraba con cara de "¿Quién eres tú y que han hecho con él idiota de mi esposo?" Porque tenía que aceptar que también era un idiota, lo cual lo llevaba razonar que cabía una muy grande posibilidad de que fuera por esto que Swan cambió tan abruptamente con él, cuando le preguntó su nombre, justo antes de que se adentrara completamente en su diosa...
Edward no sabía por qué seguía empeñado en pensar en su secretaria y en su diosa cómo si fueran personas distintas, cuando hace rato le había quedado en claro que se trataba de una sola persona, pero, el caso era que se le hacía bastante extraña y, hasta bizarra, la situación. De repente recordó que necesitaba un trago con carácter de urgencia y no tuvo que molestarse en inventar nada para excusarse, porque Jasper dijo que necesitaba tomar algo y le pidió a Edward que lo acompañara. Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de los demás, Jasper le dijo:
—¿Has visto a Swan? —¿Que si la había visto? Si estuvo apunto de hacerla suya en el baño, pensó Edward pero no se lo dijo a su amigo, el cual continuó—: Yo me quedé pasmado cuando me saludó y pude reconocer su voz. Todavía no me creo que sea ella. Hasta se lo pregunté a Alice para estar seguro.
»¿Y tú que tienes? —Le preguntó Jasper al ver que él no le hacía ningún comentario al respecto. Pero Edward no podía contestarle cuando estaba ocupado mirando en rededor para saber en dónde se había llevado el viejo verde a su diosa. Ninguno de los dos se veían por ninguna parte.
Cuando Edward siguió sin decirle una palabra a su amigo, éste lo haló del brazo haciendo que él dejara de caminar.
—¿Se puede saber qué te pasa? —le volvió a preguntar esta vez obteniendo algo de atención por parte de Edward.
—No lo entenderías —le dijo al tiempo que hacía ademán de alejarse e ir a revisar si su diosa estaba en uno de los pequeños salones, y así salvarla del vampiro de su suegro. Pero Jasper se lo impidió.
—Prueba —demandó—. Además, no te dejaré ir a ninguna parte hasta que digas la verdad de que es lo haces aquí, porque eso que le dijiste a Alice hace un momento, no te lo creo —luego agregó en tono burlón—: excepto la parte de que eres un asno y un idiota. Eso sí que no te lo discuto.
Sorprendentemente Edward no se molestó por la burla de su amigo, y suspiró dándose por vencido. Después de todo necesitaba calmarse un poco, pensar bien las cosas, y ahí sí decidiría qué haría con lo que había descubierto. Aunque no se quedaba tranquilo sabiendo que su diosa estaba con el viejo Denali, confiaba en que Swan pudiera manejar la situación si éste quería pasarse de listo. Swan no era cómo la mayoría de las mujeres que él conocía.
—Está bien. —dijo con resignación y caminó en dirección hacia el bar con Jasper siguiéndolo.
Cuando llegaron a la barra y vieron la gente que estaban alrededor de ésta, ambos se miraron y asintieron en acuerdo a que ése no era el mejor lugar para conversar.
Jasper pidió un whiskey en las rocas, mientras que Edward pidió dos del mismo pero seco, se tomó uno en el acto ante la cara de estupefacción de su amigo y el otro lo dejó para ir tomándoselo de a poco.
—Despues de lo que te diga, desearás tener algo más fuerte que beber para asimilarlo. —le dijo al ver que Jasper seguía mirándolo interrogante.
Luego los dos caminaron dirigiéndose a unos de los jardines en las afueras del salón, consiguieron un lugar con poca gente y tan pronto se detuvieron, cerca de un muro Jasper demandó:
—Desembucha.
—Swan es mi diosa —soltó sin anestesia y deseó haber pensando una mejor manera de decirlo, porque seguía sin poder aceptar que esto fuera así. Y decirlo en voz alta no ayudaba en lo absoluto, al contrario, hacía que él quisiera era volver a golpearse la cabeza con algo.
—¿Qué? Creo que no oí bien. —Jasper le dijo incrédulo a la vez que le arrebataba su bebida y se la llevaba a la boca.
—¡Hey! —exclamó Edward recuperando el vaso antes de que Jasper lo dejara sin nada que le ayudara a seguir hablando. Se tomó lo que que pudo salvar del contenido y después de que medio se anestesiara un poco más, continuó—: Has oído bien y tienes que creerlo, porque necesito que alguien me ayude a mí a terminar de aceptarlo.
Jasper miró a Edward cómo esperando que le dijera que todo se trataba de una broma, pero al ver que éste seguía serio, pidió:
—Empieza desde el principio.
Edward le contó todo, desde porqué había asistido a la fiesta, cómo fue que se encontró a su diosa cuándo menos lo esperaba, a la cual había seguido hasta el baño. Omitió lo que ocurrido en éste, pero le dijo que cuando él le había preguntado por su nombre, ella -ahora lo sabía- se ofendió y salió del baño, y ahí fue cuando había escuchado a Tania nombrándola, por lo que así fue que se dio cuenta que Swan y su diosa eran la misma persona.
—¿Y ahora qué piensas hacer? —Jasper le preguntó luego de que él hubo terminado con el relato.
Esa era una muy buena pregunta a la cual Edward no tenía respuesta, porque antes tenía claro lo que haría en el momento que se hiciera el milagro y encontrara a su diosa. Todos sus pensamientos giraban siempre en torno a un plano sexual, es decir, imaginaba que él y ella podrían mantener una relación en donde ambos disfrutaran, por tiempo indefinido, del buen sexo que habían tenido aquella primera vez. Nada más.
Pero ahora que la realidad lo había golpeado dejándolo prácticamente tendido en la lona, todo esto cambiaba.
—No sé... —respondió finalmente en un suspiro después de una larga pausa.
Jasper lo miró pensativo. Edward odiaba esa mirada porque sabía lo que significaba: que estaba procesando todo lo que había dicho para salir luego con una de esas conclusiones que en la mayoría de los casos a él no le gustaban para nada.
—Imagino que sí te habrás dado cuenta de Swan está enamorada de ti ¿Cierto?
Edward no se equivocó. Y, precisamente por esto, a lo que él también había concluido, sólo que estaba evitando pensarlo, era por lo que las cosas cambiaban: Swan no aceptaría ser nada más su amante... Edward se estremeció de sólo pensar en las palabras, Swan y amante en la misma oración, y que, además, él estuviera encerrada en ésta. Porque, sinceramente, él no se veía envuelto en ningún tipo de relación, que no fuera trabajo, con su secretaria. Con su diosa, sí, pero aún no podía pesar éstas dos cómo lo que eran: una sola persona.
—Estás fregado. —afirmó Jasper y él no se lo discutió.
Tal vez sería mejo que Edward comenzara a pensar seriamente en divorciarse de Tania y luego buscar una seminario si iba a ser obligado seguir en el celibato.
¡Hello, Nenas! ¿Cómo están? Espero que bien, yo no mucho, porque tengo a uno de mis bebés enfermito, pero ya está mejor, gracias al Dios.
En fin, aquí ya está el capítulo, espero que les haya gustado y que quieran tirar a Edward a una piscina llena de tiburones. Yo ayudo quitándole la ropa para que ésta no se vaya estropear.
Procederé a responder los comentarios.
brigittr: Bueno, ahí tienes la reacción de Edward. En cuanto a la de Bella, habrá que esperar al siguiente cap.
Cullen's niky: Eh, bueno, no creo que te haya gustado la reacción de Edward, que, cómo habrás leído, es lo contrario a lo que esperabas. Pero, vamos, tampoco es que Edward va a dejar de ser un idiota de la noche a la mañana.
Guest: Bueno, Nena, la verdad es que no sé por qué las/los demás autores se tardan a la hora de publicar. Lo que sí sé es porque yo lo hago: Una es la más común, que es la vida personal, y los diferentes inconvenientes que pueden surgir a lo largo de ésta, que nos impiden hacer lo que más nos gusta. En mi caso, escribir, pero también aplica para los demás. Ahora, el segundo, es que yo tengo que esperar que se cocine bien el capítulo en mi cabeza, me explico, yo puedo saber qué sigue en la historia, pero, a veces, que es lo que me ha estado ocurriendo últimamente, no sé cómo proyectarlo. Y ya no hago eso de querer obligarlo a que salga sí o sí, porque agarro un dolor de cabeza tremendo y el resultado es fatal. Por eso ahora me lo tomo con calmita, y cuando siento que ya estoy lista, lo dejo fluir y es mejor porque escribo sin parar. Es por eso que subí tres capítulos en menos de una semana.
Ahora, no seguí subiendo más capítulos durante estas dos semanas (?) porque no sólo tengo ésta historia y he estado escribiendo sobre las demás.
Espero haber aclarado tu duda, y no lo tomes cómo si me molestara tu pregunta ni nada, al contrario, te entiendo perfectamente: Yo también, antes de comenzar a escribir, me quejaba de por qué se tardaban tanto en actualizar. Esto era porque las historias eran muy buenas y siempre quedaba con ganas de más, por lo que, y no quiero pecar de presumida (?), podría concluir que mi historia te gusta un montón y no puedes esperar hasta el siguiente capi... Ok, creo que sí soné presumida (?)
HysteriaMyHysteria: ¿Tú crees que estamos mal porque nos gusta éste Edward? Porque me confieso culpable.
Me alegro de que te haya gustado el capítulo y también por haberte hecho gritar de emoción por mi respuesta ¿por qué no iba a responderte? Espero ques éste cap también haya sido de tu agrado.
Y saluditos para ti también ;-)
P.D.: La vez pasada se me olvidó comentarte que me gusta mucho tu nick.
Ale74: Vamos a ver cómo sigue, pero imagino que ta te habrás dado cuenta que Edward está muy confundido en cuánto a Swan y su diosa, porque aunque que él sabe, porque lo vio no porque lo acepte-, son la misma persona. O sea que ahora que él vea a su secretaria vestida de otra manera a cómo acostumbra, no influirá mucho a que él la empiece a ver con otros ojos, porque siempre tendrá a su subconsciente recordándole que es Swan, lo que inmediatamente hará que a su cabeza le venga la imagen de ese ser sin atractivo que es su secretaria. ¡Qué confusión! ¿cierto? Pero espero que me haya sabido explicar medianamente.
Por otro lado, te diré que lo que sí hará que Edward cambie la su manera de ver a Bella, es ella misma ¿Cómo? Bueno, tendrás que esperar al siguiente ¿A poco creías que te iba ser spoilers?
Maleja twihard: Me alegro que te haya parecido espectacular el capitulo anterior, uno de mis favoritos, hasta ahora, cabe decir. Y sí, empezó su castigo, algo karmatico diría yo, porque ahora que él sabe quién es su diosa, al no esperarse que fuera precisamente su secretaria, no sabe qué hará para evitar que le termine por salir ampollas en sus manos.
Bueno, chicas es todo por ahora, espero volver más tardar en una semana. Gracias por leer, comentar, seguir y agregar la historia a favorito.
Nos leemos luego.
